Vuelo y llegada a Atenas

El sábado 17 de diciembre partimos hacia Barajas para tomar nuestro vuelo de Aegean dirección Atenas. Íbamos con mochila de mano y con nuestra tarjeta de embarque, por lo que no tuvimos que pasar por el mostrador. Como mi hermano tiene acceso a sala VIP y solo puede invitar a una persona más, nos dividimos.

Sala VIP Aegean

Nos volvimos a encontrar de nuevo en la puerta de embarque. Salimos puntuales y el vuelo fue más o menos tranquilo.

Vuelo a Atenas

Al menos en cuanto a turbulencias e incidencias, ya que iba lleno de familias con niños pequeños y había bastante jaleo. Nos sorprendió que hubiera tanto crío, porque en realidad la semana siguiente todavía había colegio. Pero después oímos que hablaban entre varios padres comentando que habían decidido que sus hijos se saltaran las últimas clases para así ahorrarse dinero en los billetes de avión. Prácticamente todos eran familias mixtas (con un progenitor griego y otro español) o griegos que vivían en España y que iban a Grecia a pasar las navidades.

Los asientos más o menos como siempre, con el espacio justo si mides más de 1.80. Si eres como yo, que apenas paso del metro y medio, no lo notas tanto.

Espacio asiento Aegean

Al ser un vuelo de tres horas, nos dieron de comer. A los que elegimos la opción vegetariana nos sirvieron pasta con verduras y queso, un panecillo, mantequilla, un quesito, galletitas saladas y macedonia de fruta. Creo que es la mejor comida de avión que he comido. Al menos en lo que me llega la memoria. La pasta estaba muy rica, y la verdura jugosa, no era para nada plástico.

Comida Ovoláctea Vegetariana

Pasta con verduras

La opción estándar era pasta con carne y cambiando la macedonia por un bollo. Y en la infantil (según vimos a los niños que llevábamos delante) la carne que acompañaba a la pasta era picada y en vez de las galletitas saladas llevaba unas dulces.

Comida infantil

Era nuestra primera vez con Aegean y no tenemos queja alguna. Fueron puntuales, no son muy quisquillosos con el tema de bulto de mano, el personal fue atento, la comida de la mejor que he comido en un avión y los asientos bastante aceptables. La única pega fueron las comunicaciones, ya que cuando hablaban por el altavoz había que afinar mucho el oído para entender el inglés con acento griego. Pero bueno, supongo que ocurre lo mismo cuando eres griego y oyes a un español hablando en inglés.

A medida que nos íbamos acercando a Grecia comenzó a anochecer, por lo que no pudimos ver mucho en el aterrizaje. Viajar al Este y diciembre, una mala combinación para las horas de luz.

Como no llevábamos nada más que equipaje de mano, el desembarque del avión fue bastante rápido. Así que nos dirigimos al metro a coger el M3 que nos llevaría a Sintagma. También podíamos haber cogido el bus X95 que sale cada cuarto de hora y que cuesta 6€, sin embargo, no parecía una buena idea para un sábado a las 6 de la tarde en época navideña ya que con toda probabilidad encontraríamos tráfico.

Plano metro

Así pues, al metro. ¿Qué billete hay que comprar? Pues hay que tirar de matemáticas. El billete sencillo eran 10€, por lo que siendo 4, tendríamos que pagar 40€. Sin embargo, existe una modalidad de “grupo” para 2 y 3 personas. El primero de ellos a 18 y el segundo a 24€. Por tanto, si compráramos dos de 18€, pagaríamos 36€. Bien, ya estamos ahorrando 4€ con respecto a la versión individual. Pero con uno de 3 y uno individual la suma sería 34€. Así que elegimos esta última opción. Una combinación rara, porque podrían hacer también para 4, e incluso 5, personas.

En aproximadamente una hora llegamos a la Plaza Sintagma, que estaba iluminada y había algún puestecillo. Aunque estaba algo desangelada para ser un sábado.

Plaza Sintagma

Apenas a 200 metros teníamos el apartamento de AirBnb. El anfitrión, que ya nos estaba esperando, nos enseñó el piso, nos explicó cómo funcionaba el termo, dónde teníamos las principales calles o lugares de interés, nos dejó las llaves y nos dio las indicaciones para el día de nuestra marcha. Nos había comprado hasta unas peras y naranjas como detalle de bienvenida.

El piso se veía que era antiguo y que había tenido alguna remodelación y posterior decoración tras una visita a Ikea. Teníamos un amplio salón-comedor con una ventana que nos daba visión directa de la cocina.

Apartamento

Cocina

Esta apertura resultaba bastante práctica. Por un lado por la proximidad de la mesa, y por otro para abrir la pequeña cocina, que si no, se quedaría un poco claustrofóbica.

Cocina

No cocinamos en ella, pero tenía una cocina eléctrica de cuatro fuegos y un horno. Además, estaba bastante bien equipada en cuanto a vajilla y otros utensilios.

Teníamos un baño de un buen tamaño con ducha, aunque tenía una incidencia con uno de los latiguillos de la cisterna y perdía agua. Además, había un pequeño aseo que constaba de inodoro y un diminuto lavabo. El espacio era tan reducido que si medías más de 1.70 al sentarte en el wc apenas podías cerrar la puerta porque te dabas con las rodillas, y además, el lavabo te hacía estar de lado porque te chocaba con el brazo. Y olvídate de lavarte la cara o los dientes, ya que apenas te podías inclinar. Pero bueno, para dos días nos hizo el apaño cuando había alguien duchándose en el grande. Además, ellos de pie no necesitan mucho espacio.

El piso contaba con dos habitaciones. Una de ellas con cama doble y ¡persianas! Fue muy gracioso cuando el anfitrión nos explicó cómo se hacía para subir y bajarla… Supongo que la costumbre de que nadie sepa qué es ese artilugio colocado en la ventana.

Habitación principal

Y otra con dos camas individuales. Tanto en los dos dormitorios como en el salón contábamos con un aparato de aire acondicionado / bomba de calor. Sin embargo, no sé si por la época del año, por el aislamiento de la vivienda, porque llevaba tiempo cerrada, o por los splits en sí, pero el caso es que no llegamos a caldear el piso del todo. Por suerte apenas estuvimos en él. Apenas para dormir, y teníamos buenos nórdicos y mantas.

Tras acomodar nuestras escasas pertenencias, salimos a dar un paseo y buscar donde cenar. Según íbamos paseando por Psirrí vimos un pequeño local en cuya puerta había muchos jóvenes de apenas veinte años y pensamos “uy, ahí se tiene que comer bien y barato”. Y seguimos paseando descubriendo un ambiente navideño un tanto excesivo en algunas tiendas.

Navidad

En la zona hay mucho restaurante y terracita, pero no vimos nada que nos llamara tanto la atención como el local por el que habíamos pasado. Así que volvimos.

El sitio en cuestión se llama Το Καρότσι του Γιατρού y se encuentra esquinado en una callejuela próxima al metro de Monastiraki. Observamos lo que pedía la gente y parecía que lo que triunfaba más era una especie de perrito pero con las patatas fritas dentro. Después descubrimos que todo llevaba las patatas fritas dentro. Había también hamburguesas o bocadillos. Los dependientes no daban abasto para atender. Uno tomaba las comandas y otro no paraba de rellenar patatas.

Nos decidimos por unos bocadillos. En los que incluían carne abrían el pan, añadían ensalada, un pincho moruno con la carne ya abobada, un buen puñado de patatas, mucho orégano y salsa. La opción vegetariana era similar pero cambiaba la carne por el queso. Ríete de los bocadillos del Subway.

Cena

El resultado es impresionante. La foto no le hace justicia. El pan es muy similar al español, no de este blandurrio; el toque de orégano con las salsas le daba un toque espectacular (si te gusta el orégano, claro. Yo soy muy muy fan) y el añadido de las patatas calientes recién hechas lo terminaba de rematar. Y eso que a priori choca comerse las patatas dentro del bocata, pero es perfecto tratándose de un local para llevar. Puesto que lo llevas todo junto. Además, la presentación está muy cuidada. Primero lo envuelven en papel de aluminio como un dürüm para que quede contenido, y después lo meten en una bolsa de papel. Con muchas servilletas. Sí, señor, estos griegos no te ponen una rácana servilleta que además no seca.

El precio creo recordar que oscilaba entre 1€ los perritos, hasta 5-6€ las hamburguesas. Los bocadillos estaban entre ambas opciones.

En la puerta tenían tres o cuatro mesas altas con unos taburetes, que es donde nos sentamos a comer. Nos supieron a gloria.

Y el día no nos dio mucho más de sí, ya que queríamos madrugar al día siguiente para aprovechar bien la jornada, así que regresamos al apartamento, nos duchamos y a dormir.

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4 comentarios en “Vuelo y llegada a Atenas

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