Atenas en 24 horas I: Acrópolis

Comienza la escala exprés. Nos levantamos bien temprano con intención de aprovechar bien el día y ver lo máximo posible de Atenas. Lo malo que tiene diciembre en esas latitudes es que anochece pronto (a las 17 horas), por lo que cuanto antes empezáramos, mejor.

El día anterior no habíamos localizado ningún supermercado, por lo que no teníamos desayuno en el apartamento, así que salimos de noche, bien abrigados, camino de la Acrópolis en busca de una cafetería. No sé si por la hora, por la zona o por ser domingo, pero el caso es que no nos fue nada fácil.

Al final acabamos en una calle aledaña a la Acrópolis en la terraza de una cafetería que acababa de abrir. Y claro, la zona se paga. No fue especialmente barato. Creo que pagamos unos 20€ por 3 cafés con leche, un té, dos napolitanas y dos croasanes. Eso sí, tanto las tazas como la bollería eran de tamaño considerable.

Desayuno

Justo frente a la cafetería teníamos la estatua de Yannis Makriyannis, un mercader, político y militar griego que luchó por la independencia de Grecia formando parte activa de la primera Constitución del Reino de Grecia. Sin embargo, a pesar de su contribución a la vida política, es conocido sobre todo por sus Memorias, ya que aporta gran información histórica y cultural sobre su época.

Yannis Makriyannis

La Acrópolis abría a las 8 de la mañana, así que ya desayunados, nos fuimos a la puerta a esperar que abrieran. El precio de la entrada eran 20€, pero por ser invierno, que es temporada baja, queda reducido a la mitad. Hay un ticket combinado que incluye la Acrópolis y sus dos laderas, el Ágora y su museo, el Cerámico y su museo, el Liceo, la Biblioteca de Adriano y el Ágora romano por 30€. En principio valoramos comprar este billete conjunto, pero echamos cuentas y como todas las entradas estaban a mitad de precio, no nos compensaba.

Si compras la opción combinada te dan las entradas agrupadas (noviembre 2015):

Entradas Atenas

La Acrópolis de Atenas, a 156 metros del nivel del mar, es sin duda el lugar más conocido de la ciudad y de toda Grecia. Su localización no es gratuita, en la Antigüedad, la mayoría de las ciudades griegas se articulaban en torno a la “ciudad alta” que cumplía su función defensiva. En realidad es algo que se mantuvo durante siglos, no hay más que pensar en esos castillos medievales en lo alto de escarpados riscos dominando la llanura y adelantándose a un posible ataque enemigo. Sin embargo, la Acrópolis no era donde vivían los atenienses, sino que era el recinto sagrado, era lo que consideraban que debía estar más protegido, y también, más cerca del cielo.

Acrópolis

Así pues, la Acrópolis servía como lugar de culto, ya que es donde se agrupaban los principales templos. Los más importantes son el Partenón, el Erecteion y el Templo de Atenea Niké.

Lo que queda hoy en día no es ni sombra de lo que fue. En parte se debe al paso del tiempo; pero sobre todo por haber sido destrozada y saqueada en numerosas ocasiones. Está en continua restauración y aún así hay restos y ruinas apartados en cada rincón esperando a ser utilizadas y devolver un poco del esplendor que tuvo hace siglos.

Acrópolis

Comenzamos pasando por una zona de hierba donde hace años estuvo el Santuario de Dionisio y un poco más adelante la Fundición de Bronce.

Santuario de Dionisios

Fundición de Bronce

Pero nuestra primera parada fue el Teatro de Dioniso, a los pies de la ladera sur. Data del siglo VI a.C. y, como bien se puede deducir por su nombre, estaba dedicado a Dionisio, el dios del vino y del teatro.

Teatro de Dionisios

Teatro de Dioniso

La primera construcción fue en la segunda mitad del siglo VI a. C. Los ciudadanos de la antigua Grecia se sentaban en la colina cuando se realizaban celebraciones en honor al dios. Poco después se colocaron unas plataformas de madera para acomodar a los espectadores y ya a finales del siglo V a.C. se sustituyeron por unas gradas de cemento más seguras.

En la primera fila se pueden ver inscripciones. Estas correspondían a los nombres de los personajes más ilustres de la ciudad, que tenían su sitio reservado. Por supuesto, estas localidades (67) eran cómodos asientos de mármol con su respaldo que nada tenían que ver con las de cemento. Lo que viene a ser tener entradas de palco de la Antigüedad.

Asientos Ilustres

Entre estos asientos privilegiados se localizaba un altar consagrado al dios Dionisio.

Había 78 filas de gradas dispuestas en circular ocupando dos tercios de una circunferencia. Tras varias ampliaciones llegó a tener capacidad para unos 17.000 espectadores. En el centro era donde cantaban y bailaban los coros, que acompañaban la acción dramática.

Los actores se colocaban en una plataforma permanente algo estrecha, y tenían una sala interior que les servía de zona de ensayo o camerino.

Teatro de Dionisios

Lo que en un día eran celebraciones en honor al dios, con el paso del tiempo se convirtieron en representaciones teatrales de las tragedias de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes con representaciones que llegaban a durar hasta 6 horas.

Muy cerca se encuentran las ruinas del Santuario de Asclepio, dios de la Medicina en la mitología griega. Hoy en día apenas unas columnas quedan en pie de este lugar al que acudían los enfermos en busca de sanación.

Restos del Templo de Asclepio

Siguiendo el ascenso, lo siguiente que nos encontramos es el impresionante Odeón de Herodes Ático.

Odeón de Herodes Ático

Como se puede ver está reconstruido, sobre todo se aprecia en las gradas, pero es que desde 1957 se utiliza para representaciones teatrales y de danza, así como espectáculos musicales tales como óperas y conciertos. También se celebra en él el Festival de Atenas de mayo a septiembre. La acústica debe ser estupenda.

Tan solo no se reconstruyó el techo de madera de cedro que en su día tenía y que debió elevar su precio de construcción. Y además de caro, parece que no se sostenía en ninguna columna, lo cual era todo un alarde arquitectónico.

Se erigió en el 161 d.C. y continuó en funcionamiento hasta el 267 cuando fue destruido en la invasión de los Hérulos. Con una planta similar a la de un teatro romano, estaba construido con muros revestidos de mármol y una platea para más de 5000 espectadores (más pequeño que el de Dionisio), también de mármol. El suelo estaba cubierto por mosaicos. El escenario contaba con más de 35 metros de ancho y tras él, en la pared había una serie de estatuas decorativas.

No se puede acceder a él (salvo cuando hay algún evento), tan solo se puede visitar desde lo alto. Dejándolo a nuestra espalda, nos encontramos ya ante el acceso a la Acrópolis en sí.

Acrópolis

Acrópolis

El mármol está en un estado tan lamentable que está todo apuntalado, hay carteles de “no tocar”, plataformas de acceso para no resbalar y pasamanos. Una pena.

Tras atravesar el acceso llegamos a la explanada donde nos espera el famoso Partenón.

Partenón

Este edificio de estilo dórico se construyó entre los años 477 y 432 a. C. para consagrar a la diosa Atenea Parthenos, a quienes los griegos consideraban su protectora. En su interior había una escultura de 12 metros de la diosa realizada en madera, marfil y oro. Se comenzó su construcción porque Pericles quería honrar a los dioses por su victoria contra los persas.

El Partenón tiene unas dimensiones que siguen la proporción 4:9. Para dotar de armonía visual a este edificio de 70 metros de largo por 30 de ancho los arquitectos jugaron con las matemáticas y la percepción. Y es que para que las líneas rectas de un edificio lo parezcan, en realidad no han de serlo, por eso en el Partenón se van ensanchando a un tercio de su altura. Como añadido, las de las esquinas son más anchas que el resto. Además, algo que comparten las 8 columnas de las fachadas principales y las 17 de las laterales es que están inclinadas hacia dentro y no son equidistantes entre sí.

Partenón

Está todo tan calculado buscando la perfección, que incluso la base del templo está curvada para corregir el mismo efecto óptico que producirían las columnas si fueran rectas. Además, el hecho de que sea convexo ayuda a la evacuación del agua hacia el exterior.

Tal y como está hoy en día, es complicado imaginar cómo fue en su día con su mármol blanco de las canteras del monte Pentelis decorado con adornos y colores. Los frisos estaban tallados con escenas de la mitología griega con más de 300 figuras esculpidas.

Hoy en día, estas canteras están protegidas por el gobierno y tan solo se puede extraer el material para reconstruir la Acrópolis.

Partenón

Hoy en día se siguen realizando tareas de restauración para intentar recuperar el principal edificio del complejo. Y es un arduo trabajo, ya que la historia no ha facilitado las labores de conservación. En el siglo XIII albergó una iglesia bizantina, en el XV se convirtió en mezquita. Dos siglos más tarde los turcos dejaron de usarlo como edificio religioso convirtiéndolo en polvorín. Y cuando las tropas venecianas en 1687 lanzó un cañonazo, ¡oh, sorpresa!, hubo una explosión que destruyó gran parte de la edificación.

A partir de ahí comenzó su deterioro, y luego a principios del XIX llegaron los ingleses y dijeron “todo esto que ves, todo esto es mío” y expoliaron lo que quisieron y más. Y ahí lo tienen sin ningún complejo expuesto en el British Museum. Allí exhiben buena parte de los frisos y figuras.

Partenón

A finales del mismo siglo, por si lo vivido hasta ahora fuera poco, se vio afectado por un terremoto.

Hay una placa que hace referencia a cuando en el siglo XIV perteneció a la Corona de Aragón.

Corona de Aragón

Nosotros fuimos en 2008 y había grúas por todas partes. En 2016 se ve que había habido avances, aunque es un proceso lento, y más con la crisis en la que está inmerso el país.

Acrópolis 2008

Si continuamos por el perímetro de la Acrópolis podemos ver las partes inferiores de la ladera, como el Odeón o el Teatro de Dionisio que se iban iluminando con el sol de primeras horas del día.

Odeón de Herodes Ático

Teatro de Dionisio

Cambiando de ladera, nos dirigimos al Erecteion, un templo jónico construido entre los años 420 y 406 a.C. también con mármol de Pentelis.

Erecteion

Se encuentra en un lugar importante, ya que se dice que es el punto en el que la diosa Atenea hizo florecer el primer olivo de Grecia. Además, tiene una compleja arquitectura, ya que está erigido sobre una pendiente, estando los lados norte y oeste 3 metros más bajos que los lados sur y este.

Su mayor atractivo es la galería sur, donde se encuentran las seis Cariátides. Aunque en realidad, estas columnas de 2,3 metros de alto con forma femenina son una réplica. Cinco de las originales se encuentran en el Nuevo Museo de la Acrópolis y la sexta en el British Museum. Las cariátides representan un cortejo fúnebre, sostienen el féretro del dios.

Erecteion

Este templo también ha sufrido lo suyo. En el siglo I a. C. se quemó y tuvo que ser reparado. En siglos posteriores ha sido iglesia cristiana y bizantina derribándose algún que otro muro. En 1463, con la llegada de los otomanos se convirtió en un harén y se tapió el pórtico norte.

Erecteion

Al igual que el Partenón, también fue usado como polvorín, y también quedó destruido por los venecianos. Y como el Partenón, también se vio expoliado por los ingleses en el siglo XIX. Pero además, el edificio quedó dañado tras los bombardeos de la Guerra de la Independencia Griega. Tras el final de la contienda se comenzó a restaurar y ha pasado por varios procesos, uno a principios del siglo XX y otro ya a finales, entre 1979 y 1987, siendo el primer monumento de la Acrópolis en ser restaurado.

El edificio justo a continuación es el Propileos, que servía de entrada a la Acrópolis, de hecho, es por donde se accede.

Propileos

Hoy en día está bastante en pie para como estaba en 2008 todo lleno de andamios.

Propileos 2008

Partenón 2008

Levantado entre 437 y 432 a.C., era un edificio con forma rectangular cuyas columnas dóricas delimitaban cinco puertas de acceso y dos alas laterales. Estaba rematado con un techo azul con adornos dorados a modo de estrellas.

Al lado encontramos el Templo de Atenea Niké, que, se construyó en el año 420 a.C. para conmemorar la victoria de los griegos sobre los persas en la Batalla de Salamina. Es un templo pequeño y cuadrangular de una única nave en el que destacan los pórticos con columnas jónicas. En su interior albergaba una estatua de Atenea Niké, símbolo de la victoria. Eso sí, para que no abandonase la ciudad, se le cortaron las alas.

Además de pasear entre templos y restos, la Acrópolis nos permite observar la ciudad desde diferentes puntos gracias a su situación privilegiada.

Vistas desde la Acrópolis

Vistas de Atenas

Con estas vistas nos despedimos de la Acrópolis, que habíamos tenido prácticamente para nosotros solos, y emprendimos la marcha colina abajo por el Monte de Ares. Hay también unas espectaculares vistas desde allí. Entre los tejados de las viviendas destacan diversos edificios y ruinas de la Antigüedad, como por ejemplo el Ágora Antigua o la iglesia del Cerámico.

Vistas desde el Monte de Ares

Este fue nuestro recorrido por el Acrópolis:
acropolis

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