Atenas en 24 horas VII: Monte Licabeto

Después de comer y reposar un rato, emprendimos la subida hacia la colina Licabeto, queríamos ver contemplar la ciudad con el color especial que otorga el atardecer a cualquier paisaje. La colina Licabeto, con 278 metros, es el punto más alto de Atenas y desde donde se obtienen las mejores vistas de la ciudad. Según cuenta la mitología, Atenea iba cargando la roca para cimentar la Acrópolis, pero llegaron dos cuervos y le dieron una mala noticia, así que la dejó caer. El nombre, que significa Colina de los Lobos, se lo debe a la gran cantidad de estos animales que habitaban en la zona.

Durante la época clásica el monte estaba cubierto por una densa vegetación, incluso se construyó un templo dedicado a Zeus. Sin embargo, durante la ocupación turca quedó totalmente despoblado. Posteriormente, entre 1880 y 1915 se volvió a reforestar.

Se puede subir a pie, por un camino serpenteante y algo empinado, en coche, o tomando el funicular. Nosotros elegimos la primera opción. Durante el ascenso vas descubriendo cómo Atenas va quedando a tus pies y a medida que vas bordeando cómo aparecen unos barrios u otros.

 

En el último tramo podemos atravesar o bordear un restaurante. Está en un lugar privilegiado, pero no quiero imaginar lo que deben sufrir los repartidores, porque la última parte de la colina no tiene acceso por coche.

En la cima nos encontramos con la pequeña capilla de San Jorge, una iglesia blanca al puro estilo mediterráneo que se erige donde se levantaba una dedicada al profeta Elías.

En la víspera de la Pascua Ortodoxa tiene lugar una procesión desde esta iglesia. La colina queda iluminada por las velas que portan los fieles en su recorrido.

Frente a la capilla tenemos un mirador para poder contemplar las estupendas vistas de la ciudad, y sobre todo de la Acrópolis.

Esperamos hasta que se ocultó el sol y a continuación iniciamos la bajada. Por un lado porque sin luz iba no íbamos a ver muy bien por dónde caminábamos, y por otro porque allí arriba corría el viento y tras entrar en calor con la subida, nos estábamos empezando a quedar fríos.

Aunque era pronto, como las 6 de la tarde, volvimos al apartamento para preparar las mochilas para el día siguiente, y un picoteo. Probamos unas patatas que habíamos comprado en el supermercado. Unas eran sabor orégano. Muy ricas. Y otras traían un sobrecito que si se lo añadías a un yogur griego obtenías un sucedáneo de salsiki para mojar. No tuvieron tanto éxito como las primeras.

Después, salimos a por la cena, que elegimos un japonés próximo, ducha y a dormir pronto que tendríamos que levantarnos de madrugada para tomar el vuelo a Sofía.

Aquí terminaba nuestra visita exprés a Atenas.

4 comentarios en “Atenas en 24 horas VII: Monte Licabeto

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