Aproximación a Sofía

Sofía, en pleno centro de los Balcanes, es la capital de Bulgaria y también la ciudad más grande y poblada del país. Se ubica a una altitud media de 550 metros sobre el nivel del mar en la parte occidental de Bulgaria, en el Valle de Sofía y al pie de la montaña Vitosha.

Su localización la convierte en un lugar estratégico, ya que se encuentra en un cruce de caminos que conecta la Europa Occidental con Oriente Medio. Próximas se encuentran otras capitales balcánicas como Bucarest, Belgrado, Sarajevo, Skopje o Tirana. Algo más lejos quedan Atenas, Zagreb, Ljubljana o Ankara.

Los primeros habitantes de Sofía fueron integrantes de la tribu tracia serdi, que le darían el primer nombre a la ciudad: Serdika. Llegaron atraídos por las aguas termales en el siglo VIII a.C. Más tarde, en el siglo IV a.C. el territorio fue ocupado por los macedonios tras la conquista de Filipo II y fue gobernada por su hijo Alejandro Magno.

En el siglo I d.C. pasó a manos romanas y la ciudad creció en importancia y población convirtiéndose en una de las principales capitales de la provincia romana de Tracia. Tuvo un desarrollo propio del imperio con la construcción de teatros y anfiteatros. Sobre el 175 se levantó una muralla, que sería reforzada posteriormente en los siglos V y VI.

A principios del siglo IX la ciudad se convirtió en parte del Primer Estado Búlgaro pasando a ser conocida por el nombre eslavo Sredets. Poco después, el estado quedó absorbido a principios del siglo XI  por el Imperio Bizantino. Sin embargo, la capital mantuvo su importancia estratégica, económica y cultural.

Entre 1382 y 1878 perteneció al Imperio Otomano y se cambió el nombre por el actual de Sofía tomando como referencia su iglesia principal: La Basílica de Santa Sofía. De esta época se conservan bastantes monumentos, sobre todo varias mezquitas.

El 3 de abril de 1879 fue declarada la capital del nuevo estado liberado búlgaro. Con la ayuda rusa, Bulgaria consigue primero autonomía y, después, independencia como Reino de Bulgaria.

Tras la II Guerra Mundial Bulgaria se convirtió en socialista en el Bloque del Este. El país pasó a ser republicano.

Tras la caída de la Unión Soviética, Bulgaria se abrió más hacia el resto de Europa, aunque sin perder del todo contacto con los países comunistas.

Hoy en día es una democracia parlamentaria que pertenece a la OTAN desde 2004 y a la Unión Europea desde 2007. Sin embargo, no pertenece a la zona Euro, de momento mantienen el Lev. En 1997 se estableció una tasa de cambio fija con el marco alemán donde 1000 BGN equivalían a un marco. Más tarde, en 1999 se revaluó la moneda búlgara estableciendo la paridad entre ambas divisas. Cuando Alemania incorporó el Euro, decidieron mantener el cambio, así pues ahora la tasa está fijada de forma que 1.95 BGN son 1€.

El hecho de que Bulgaria haya sido un territorio conquistado por varios pueblos, hace que tenga una amplia riqueza cultural. Aunque Sofía se encuentra en un proceso continuo de transformación hacia la globalización, se conserva gran parte de su patrimonio cultural, arquitectónico e histórico. A mí personalmente me sorprendió mucho descubrir que quedaban tantas ruinas de otras civilizaciones.

Sin embargo, aunque tenga mucho que descubrir, la gran mayoría de sus puntos de interés se ubican en el centro de la ciudad y se puede ir caminando tranquilamente de unos a otros, en apenas un día se puede ver cómodamente. En caso de que no se quiera caminar tanto, la ciudad cuenta con una extensa red de autobús (comprados a Alemania), tranvía y trolebús.

El metro, bastante nuevo, cuenta con tres líneas. Comenzó a funcionar en 1998 tras la inauguración de la línea 1 que atraviesa Sofía de Noroeste a Sudeste. Por su parte, la línea 2 la cruza de norte a sur y tiene un ramal que va al aeropuerto. La mayoría de las obras han sido financiadas con fondos de la UE.

Prácticamente nos movimos siempre en metro, salvo un viaje en tranvía, y parecía funcionar bastante bien. Eso sí, nos pareció curioso que para subir a él hubiera que atravesar un carril de la calzada.

Claro, el tranvía va por el medio, con un carril de coches a cada lado y la parada está en la acera. Así que cuando llega a ella, se para y tienes que esquivar coches para subir. Otra complicación además son las carteles informativos, ya que solamente están en cirílico.

Pero tiene truco, sobre todo si conoces algo del alfabeto griego. Si a esto le sumas las letras que se parecen al latino, algo podemos deducir y por lo menos saber identificar los letreros y los nombres de las paradas o ciudades. Por ejemplo, Sofía es София.

Son fácilmente identificables la A, B, E, K, M, O y T porque son iguales que en nuestro alfabeto. Eso sí, hay dos tipos de B (б, вy la que se parece más a la nuestra viene a ser un sonido de V.

Por otro lado, su G (г) es claramente una Gamma, la P (п) una Pi, la R (р) una Ro, la F (ф) una Fi y la J (х) una Ji. Incluso se parece la D (д) a la Delta echándole algo de imaginación.

Tenemos que acordarnos que la н es nuestra N y que la с, nuestra S (como en Sofía -София). Además de como ya hemos visto que una р es el sonido de nuestra R.

Así pues, mezclando conocimientos de ambos alfabetos, nos queda identificar algunas letras propiamente eslavas que tienen muchos cruces, marcas, rabillos y patas: з, ж, ц , ш, ч y дж. Si pensáis buscar en un diccionario, olvidaos del orden aprendido, porque siguen otro y por ejemplo la G va antes de la D. Para más lío aún, vaya.

Pero bueno, no se trata de aprender búlgaro, sino por lo menos aproximarnos un poco al entorno que nos rodea. No hay que llegar a hacer una interpretación como nos pasaba en Japón en plan “hay que bajarse en la parada de muñeco con pata a la izquierda más cuadrado con tejado…” Eso era imposible.

Sofía no es una de las capitales europeas más sorprendentes, no está al nivel de Praga, Budapest, Viena, Berlín, París, Madrid… pero tiene mucho que ofrecer. Vamos a darle una oportunidad.

4 comentarios en “Aproximación a Sofía

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