Paseando por Sofía I

Llegamos al aeropuerto de Sofía y enseguida estábamos en la salida, ya que no es muy grande. Pero antes de abandonar la terminal paramos en un cajero para sacar efectivo. Como ya he dicho en otras ocasiones, conlleva menos comisiones. Como ya adelanté en la entrada anterior, el cambio está fijado a 1.95 Lev = 1€.

Con nuestro dinero en el bolsillo nos dirigimos al metro, para lo cual hay que salir al exterior. Es raro que no hayan incorporado la estación a la terminal, sobre todo porque un edificio pega con el otro. Así que nos tocó probar la temperatura exterior. Eran las 10 de la mañana y rondábamos los 0º. Algo normal en el mes de diciembre. El clima de Sofía es templado-continental y tiene unos inviernos fríos y nevados. Los veranos también son frescos, los termómetros apenas superan los 20º.

Teníamos que coger la línea M2, que comienza en el aeropuerto y llega a Serdika.

El billete sencillo costaba 1 BGN, mientras que el billete para todo el día eran 4 BGN. Dado que íbamos a hacer mínimo 4 viajes (aeropuerto al Serdika, del centro al hotel, del hotel al centro y de nuevo la vuelta por la noche), ya teníamos amortizado el del día. Pero como el de 3 días eran 10 BGN, echamos cálculos y de sobra nos compensaba elegirlo. Sin embargo, la señora de la taquilla nos dijo que ella allí solo nos podía vender el de un día. Después leí en la web oficial del metro que el de 3 días conlleva una tarjeta que cuesta 2 BGN, quizá es electrónica y por eso no la podía emitir en el momento la mujer. El caso es que no nos quedó otra que quedarnos con el abono de 24h que es tal que así:

Este abono diario es válido para todas las líneas de metro, tranvías, trolebuses y buses durante el día en que se ha comprado y se pueden realizar viajes iliimitados. Eso sí, había que enseñarlo en taquilla cada vez que queríamos acceder al metro para que nos lo activaran con el lector antes de pasarlo por el torno. Que por cierto, se pica por la izquierda. Es decir, colocado frente a las puertas has de validar a la izquierda. Ni en Londres o Japón que circulan por la izquierda recuerdo que el lector no esté a la derecha. Pero bueno, que funciona igual, simplemente es la inercia del día a día que has de cambiar el chip.

Los billetes también se pueden sacar en máquina, pero como nos pareció más sencillo interactuar con la señora de la taquilla.

Las estaciones son bastante modernas, pero los metros no tanto, quizá como los de la línea 2 de Madrid. Pero cumplen su servicio. Tienen una pantalla led en la que se va indicando la próxima parada tanto en cirílico como en latino. Además, se comunica por megafonía, con lo que no hay pérdida.

Llegamos a Serdika, donde se concentran la mayoría de los puntos de interés. Nada más salir del metro nos encontramos con el Monumento a Santa Sofía.

A 24 metros de altura, esculpida en bronce y cobre, se erige Santa Sofía, mártir de la iglesia ortodoxa y patrona de la ciudad. Lleva en su mano derecha una guirnalda de laurel que representa la fama y sobre hombro izquierdo se posa un búho como símbolo de la sabiduría. Además, está coronada personificando el poder.

Tomamos el Bulevar María Luisa, que recibe el nombre por la princesa consorte de Bulgaria y mujer de Fernando I, María Luisa de Parma. Este Bulevar también es conocido como la calle más fea de Europa. Y bueno, la verdad es que no tiene la majestuosidad de una Gran Vía, una Ringstrasse, una Unter den Linden, una Váci Utca… pero es la que concentra la mayoría de atractivos de Sofía.

Por ejemplo, a mano derecha, nuestra primera parada fue la Mezquita Banya Bashi.

 

Le debe su nombre a los baños termales sobre los que se levantó. Y, de hecho, fue parte de un complejo mayor. Aún se pueden observar las ruinas en un lateral.

Se construyó en 1576 durante la ocupación otomana de Bulgaria lo que la convierte en una de las más antiguas de Europa. Se cree que fue construida por el gran arquitecto Kodja Mimar Sinan-Janissary, que es conocido por haber construido más de 80 mezquitas, entre ellas la del sultán Selim en Edirne y la mezquita de Solimán el Magnífico en Estambul.

En la actualidad es la única que sigue en activo en la ciudad dando servicio a unas 10.000 personas. En Bulgaria hay 8% de población musulmana. Está abierta al público (previo pago y segregación por sexos) excepto en horas del rezo. En su interior puede albergar hasta 700 personas.

Es una mezquita simple, con una única cúpula de 15 metros de diámetro de forma cúbica y con tambor octogonal. Cuenta con un único minarete que le añade énfasis vertical a la silueta del templo. Su fachada se abre gracias a una soportal de tres arcos cubiertos con tres cúpulas.

Ha pasado por varias reparaciones. La última renovación general tuvo lugar en los años 20 del siglo pasado.

Atravesando la plaza llegamos a los Baños Centrales. En esta plaza hay unas fuentes que son termales, sin embargo, al ser invierno estaban apagadas.

Fueron construidos en 1906 sobre unos antiguos baños turcos con un estilo Secesión, aunque la fachada y el interior también tienen elementos ornamentales bizantinos y ortodoxos. Se cerraron al público en 1986 por encontrarse en estado de abandono. Se remodelaron y ahora es el Museo Histórico de Sofía. Sin embargo, estaba cerrado por ser lunes.

Volviendo sobre nuestros pasos en dirección de nuevo al Bulevar María Luisa y continuamos más allá hasta llegar a la Sinagoga. Fue construida por el arquitecto austriaco Friedrich Grunanger, que se inspiró en la sinagoga sefardí de Viena. Se inauguró y santificó el 9 de septiembre de 1909 en la presencia de la familia del Zar. Es la tercera en tamaño de todas las europeas y la más grande de las sefarditas.

Sigue en funcionamiento con capacidad para 1170 personas, aunque tiene unos horarios peculiares y es complicado encontrarla abierta. En Bulgaria no hay una gran comunidad judía. En parte por las deportaciones del régimen colaboracionista nazi y por otro lado porque muchos hebreos abandonaron el país y marcharon a Israel tras su independencia en 1948.

Es de estilo Romántico Búlgaro. De planta rectangular, llaman la atención su gran cúpula octagonal y sus muros de piedra blanca y ladrillo rojo. Las fachadas están ricamente decoradas con detalles arquitectónicos, ornamentos plásticos y piedras esculpidas.

Destaca en su interior la lámpara de latón de más de 2T, la más grande de Bulgaria. El altar se encuentra en un podio hecho de mármol blanco. La planta está cubierta con un mosaico policromado veneciano y las paredes también están ornamentadas.

En los edificios anexo se puede visitar el Museo de Historia Judía de Sofía.

De camino a la sinagoga nos habíamos saltado el Mercado Central, también conocido como Halite o Tsentralni Hali. Pero volvimos para atrás y entramos en él.

Con una extensión de 3.200 m², fue construido entre 1909 y 1911 siguiendo el diseño del arquitecto Naum Torbov. Es de estilo neo-renacentista con algunos detalles y elementos del neo bizantino y el neo barroco. En su fachada se puede observar el escudo de armas de la ciudad sobre la entrada principal y sobre él una torre del reloj.

El interior recuerda en cierta medida al de Budapest con sus balaustradas y vigas de hierro. Cuenta con dos pisos. En la primera planta se vende pan, frutos secos, frutas, vegetales, carne, pescado, quesos, embutidos, etc.

Además, en el centro hay un restaurante cuya terraza queda iluminada gracias a las claraboyas.

En el superior hay puestos de ropa, joyas, accesorios y recuerdos.

En el sótano además hay restos arqueológicos.

Cuando abrió los alquileres y la calidad de los productos estaban regulados.  Hasta la década de 1940 se permitía que hubiera 170 locales en el mercado.

El edificio tenía cuatro entradas, sin embargo, hoy en día solo se conservan tres tras la reforma de 1988, cuando se cerró para una gran renovación. La remodelación la llevó a cabo una compañía israelí (de ahí la fuente con forma de Estrella de David junto al restaurante) y no se volvió a abrir al público hasta el año 2000.

Dado que era media mañana y teníamos a mano puestos de comida, no nos quedó otra que aprovechar para tomar un tentempié. Nos llamaron la atención unas pizzas, así que no nos lo pensamos mucho. Mientras intentábamos descubrir qué ingrediente llevaba cada cual y decidíamos qué elegir, la vendedora comenzó a hablarnos en español, así que fue fácil traducir.

Las porciones eran bastante grandes, y estaban ricas. Nos sentaron estupendamente, primero por el hambre que ya había, segundo por tomar algo caliente y estar resguardados del frío del exterior, y además teníamos WiFi.

Con el estómago lleno nos dirigimos de vuelta hacia la parada de metro Serdika. Allí, cruzando a la Plaza Nezavisimost, encontramos la Iglesia Sveta Petka, un pequeño templo medieval de una sola nave en cuyo interior apenas cabe media docena de personas. Además, su interior es algo lúgubre. Pasamos a ver unos antiguos frescos del siglo XVI, pero no alcanzamos a vislumbrarlos.

Está dedicada a Santa Parascheva de los Balcanes, mártir cristiana del siglo III.

La estación de Serdika en realidad cuenta con dos entradas, una para cada línea de metro. Y es que, aunque se puede hacer un trasbordo, es un poco laberíntico. Y en el exterior son dos bocas de metro independientes.

Alrededor y bajo la estación de Serdika II encontramos las antiguas ruinas tracias y romanas de la ciudad. En las exteriores se aprecian por dónde iban las calles y dónde ser erigían edificios. Todo reconstruido, claro.

En los pasillos bajo la estación hay paneles informativos en los que se describen las obras, los restos encontrados y se comparan con fotos de antes y después cómo ha evolucionado la ciudad.

Volviendo al exterior nuestra siguiente parada fue la Catedral de Sveta Nedelya, en la plaza homónima (aunque antes llevaba el nombre de Lenin y acogía una estatua del líder comunista).

Es una de las dos grandes catedrales ortodoxas de Sofía. Se levantó sobre el emplazamiento de una iglesia medieval, pero la que vemos hoy en día no es la original del siglo XIV, sino una reconstrucción de mediados del siglo pasado. En 1927 tuvo que ser remodelada por completo a causa de un atentado. En 1925 mientras se celebraba el funeral de estado del general Konstantin Georgiev, asesinado por los bolqcheviques, la detonación de una bomba hizo que una cúpula se derrumbara sobre los asistentes. Murieron 128 personas, entre ellas políticos y oficiales del ejército.

Cuenta con una única cúpula de 30 metros a diferencia de su predecesora que tenía un conjunto de pequeñas cúpulas. En su interior destacan sus murales bizantinos y su ambiente ortodoxo.

Muy próxima se encuentra la Iglesia Redonda de San Jorge, la construcción que más tiempo lleva en pie en Sofía.

Está un poco escondida en el patio posterior del Palacio Presidencial, donde a cada hora en punto hay un cambio de guardia.

Data del siglo IV, lo que la convierte en una de las iglesias cristianas más antiguas de los Balcanes. Fue mezquita en el siglo XVI con la ocupación otomana, pero hoy en día vuelve a ser un templo católico.

Al igual que pasó en Santa Sofía, los frescos se cubrieron con yeso en la época otomana. Gracias a eso, al volver a ser iglesia se han podido recuperar en muy buen estado. Destaca el Pantocrator de la cúpula y el friso con los retratos de los profetas.

Es muy peculiar su construcción redonda y su interior es muy curioso ya que, fiel al estilo ortodoxo, no tiene bancos. Así pues, entras en una estancia circular cuyas paredes y techo están ornamentados y decorados pero nada más. Alguna silla quizá en los laterales.

Para finalizar esta primera parte del recorrido salimos de nuevo a la Plaza Nezavisimost, la Plaza de la Independencia, donde se encuentran algunos de los edificios institucionales más importantes de la ciudad.

Uno de ellos es La Casa del Pueblo, la antigua sede del Partido Comunista búlgaro.

Hoy en día estos edificios se han mantenido con otra función, aunque conservan ese diseño tan típico comunista e incluso algún que otro ornamento como alusión a la temática del Ministerio que ocupaba el edificio. Por ejemplo telecomunicaciones, agricultura, industria… En muchos casos se pueden apreciar las marcas de donde han retirado tallas de la hoz y el martillo.

Los edificios de la época soviética se basan en un carácter igualitario y práctico. Se pretendía un distanciamiento de la arquitectura típica de los movimientos burgueses en los que se construían palacios o casas señoriales. Además, se buscaba que fueran prácticos y a la vez abaratar costes, por eso predomina el hormigón y cemento, materiales asequibles. Así pues, el resultado son unos edificios con aspecto de bloque, un mazacote.

Ya era la una y algo, por lo que volvimos al metro para tomar la línea azul hasta Konstantin Velichkov, que es la próxima a nuestro alojamiento.

En la próxima entrada os cuento más. Hasta aquí nuestra etapa:

7 comentarios en “Paseando por Sofía I

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