Paseando por Sofía II

Nos habíamos quedado en el trayecto hacia el hotel. No fue difícil de encontrar el Easyhotel, pues está a unos cinco minutos de la parada de metro Konstantin Velichkov. Tan solo hay que tomar el Bulevar Todor Alexandrov y es la cuarta calle a la derecha.

Sí, el hotel no estaba céntrico, pero lo elegimos por varios motivos. Uno de ellos la experiencia en los Easyhotel. Hasta ahora nos ha funcionado muy bien para escapadas en las que apenas vas a ducharte y dormir, no necesitas más que una cama y un baño. Otro motivo es el precio, que está bastante bien. Y finalmente por su ubicación, que se encuentra a tan solo dos paradas de Serdika. Había que coger transporte, pero tampoco te vas muy lejos de la zona en donde se encuentran los puntos de interés.

Es bastante nuevo y todas las habitaciones cuentan con ventana. Algo nuevo para nosotros que siempre las habíamos cogido tipo zulo. Como diferencia al de La Haya, Londres o Edimburgo, este sí que llevaba incluido en el precio la televisión e internet.

Nos dieron dos habitaciones consecutivas, así que estábamos pared con pared. Una de las habitaciones estaba al final del pasillo, por lo que tenía un poco más de espacio en la zona de entrada. Por lo demás, en la parte de habitación contábamos con ganchos para colgar la ropa, la cama con sus huecos para el equipaje y la ventana sobre el cabecero, una especie de tocador y la televisión. También teníamos el control del aire acondicionado.

Estilo minimalista, pero muy bien aprovechado.

Por otro lado, el baño sigue el estilo de esta cadena con su habitáculo tipo camarote. Es difícil hacer una foto sin un ojo de pez.

La única pega que le pondría al hotel sería el jabón, cuyo olor es algo peculiar; y el colchón, que para mi gusto era algo fino. La ventana con estor no fue mucho problema dado que era diciembre y los días son cortos en esa época del año. Sin embargo, si hubiéramos ido en verano no habría servido de mucho para evitar la luz exterior. Pero bueno, esto es un tema mío y mi gusto por dormir en modo búnker. Por eso suelo elegir habitaciones (o camarotes) sin ventanas.

Después de acomodar nuestras escasas pertenencias, nos volvimos para el centro para continuar con nuestro recorrido por la capital búlgara.

Retomamos nuestro paseo en el Palacio de Justicia.

Se trata del monumento arquitectónico civil nacional más grande. Conserva su majestuosidad y apenas ha sufrido modificaciones con respecto a su construcción entre 1929 y 1940. Surgió de la necesidad de unir bajo un mismo techo todas las cortes de la ciudad que con anterioridad a la fecha se encontraban dispersas en distintos edificios privados.

Desde allí tomamos el Bulevar Vitosha, la calle comercial de Sofía. Es la arteria en que podemos encontrar las típicas cadenas y franquicias internacionales, las tiendas de lujo, bares, cafeterías, restaurantes. Es el ejemplo de la apertura de Bulgaria al capitalismo, no destacaría mucho de esta avenida, es una típica calle comercial peatonal como la de cualquier ciudad europea.

Esta calle que discurre desde la plaza de Sveta Nedelya hasta el Palacio de Cultura recibe su nombre en honor a la montaña Vitosha. En 1883 cuando se construyó estaba delimitada por casas bajas, pero en el período de entreguerras se convirtió en calle comercial cuando se construyeron grandes edificios públicos.

Si nos metemos por calles aledañas no encontramos, sin embargo, tanto escaparate.

Callejeando llegamos a la Plaza Petko Slaveykov, donde se hay un mercadillo de libros nuevos y usados de todo tipo de géneros y en diferentes idiomas. Esta plaza recibe su nombre de un poeta búlgaro.

Y como habían pasado unas horas desde que nos comimos los trozos de pizza en el mercado, decidimos comer en una cadena búlgara al estilo KFC. No recuerdo el nombre, pero la verdad es que no fue una cosa del otro mundo, aparte de pollo frito, y tampoco especialmente barato. Extrañamente tenían de hilo musical un disco de Marc Anthony. En español. Muy raro todo.

Con el estómago lleno, continuamos dirección al Teatro Nacional Ivan Vazov.

Este edificio de principios de siglo XX recibe su nombre en homenaje al novelista, dramaturgo y poeta búlgaro. Su estilo recuerda a otros teatros decimonónicos de Europa, no en vano sus diseñadores eran vieneses. Destaca su fachada neoclásica perfectamente simétrica en la que sus capiteles soportan seis columnas con frisos decorados con alegorías mitológicas. Por ejemplo en el frontón tenemos a Apolo rodeado de musas. En las torres se erigen dos esculturas de unas Niké, la diosa alada.

Es el teatro más antiguo e importante del país. Quedó dañado en 1923 por un incendio y tuvo que ser reconstruido en 1929. Más tarde, durante la II Guerra Mundial, el edificio fue bombardeado, por lo que pasó por otra remodelación en 1945. En 2006 se volvieron a llevar a cabo tareas de restauración.

Dispone de tres escenarios que pueden albergar hasta 1.000 personas. Cuenta con un aforo de 750 butacas en el patio, una planta con 120 y 70 más en la cuarta planta.

El teatro mira hacia el Jardín de la Ciudad, en el que nos adentramos. A pesar de que comenzaba a atardecer, había gente en los bancos, paseando, o en el mercadillo navideño.

Me resultó curioso que se tratara del típico Weihnachtsmarkt germano con su Glühwein, sus casetas de artesanía y villancicos en alemán.

Había un escenario para representaciones y un árbol frente a la Galería Nacional de Arte. El museo se encuentra en lo que en el siglo XIX fue sede de la antigua Oficina Real de Imprenta. Con la llegada de la República se le buscó otro uso. Tuvo que ser reconstruido tras los bombardeos de la II Guerra Mundial.

La exposición cuenta con obras nacionales e internacionales entre las que podemos encontrar trabajos de artistas holandeses y flamencos. También de los españoles Picasso, Goya, Miró y Dalí.

Tomando la calle de la galería hacia la derecha llegamos a la Iglesia Rusa.

Esta pequeña iglesia de tejados verdes también es conocida como Sveti Nikolai. Fue construida entre 1912 y 1914 por trabajadores rusos emigrados a Bulgaria en el lugar donde hubo una mezquita hasta 1882. Permaneció abierta en el período comunista en Bulgaria. Está inspirada en el estilo de las iglesias rusas del siglo XVII, con cinco cúpulas doradas con forma de cebolla que relucen con el sol y azulejos multicolores.

Sus campanas fueron donadas por el Zar Nicolás II, a quien está consagrada.

En su interior se encuentra la cripta del Arzobispo Serafín Sobolev, que falleció en 1950 y es considerado santo por muchos cristianos ortodoxos.

Cabe remarcar que aunque rusos y búlgaros profesan la fe ortodoxa, pertenecen a iglesias distintas.

Girando por la calle Georgi Rakovski llegamos a la Ópera.

La primera compañía de ópera en Bulgaria se fundó en 1890. Un año más tarde, las dos secciones (Compañía de Drama y Ópera) se dividieron en 1891 para formar la compañía teatral Salza i Smyah y la Ópera Búlgara. No obstante, no duró mucho, ya que en 1892 tuvo que ser disuelta por falta de fondos.

En 1908 se creó la Sociedad de la Ópera de Bulgaria, pero la institución no se convirtió en nacional hasta 1922, cuando cambió su nombre por el de Ópera Nacional y se formó una compañía de ballet. Sin embargo, no se vería una representación suya hasta el año 1928.

Tras los bombardeos de la II Guerra Mundial estuvo un tiempo en el que no se llevó a cabo ninguna actividad ya que tuvo que ser restaurado. Su reapertura fue ya en 1953.

Este edificio está un poco escondido para ser uno de los más importantes de la ciudad. En sus bajos tiene su sede el partido Ataka. Buen nombre para una coalición de agrupaciones xenófobas y antisemita.

Frente al local de Ataka paradógicamente se erige la estatua de Aleksandar Strambolyiski, un político de izquierdas que fue primer ministro de Bulgaria entre el 6 de octubre de 1919 y el 9 de junio de 1923.

En 1915 se había opuesto a que Bulgaria entrara en la I Guerra Mundial y criticó la política del zar, lo que le llevó a perder su escaño en las Cortes Búlgaras y a ser condenado a muerte por traición. Sin embargo, acabó en la cárcel con cadena perpetua. No obstante, conseguiría la amnistía del zar en 1918.

En sus años de gobierno comenzó un acercamiento a Yugoslavia que desencadenó un Golpe de Estado de la extrema derecha mientras Strambolyiski se encontraba de vacaciones. Este se ocultó, pero su escondite fue descubierto y él torturado y decapitado.

Tomando la calle París pasamos por la Iglesia de Santa Sofía, o Hagia Sofia.

Esta iglesia bizantina de ladrillo rojo y tres naves data del siglo VI y es la más antigua de la ciudad. Además es la que le da nombre a la capital en el siglo XIV. Al igual que la de Estambul, significa Santa Sabiduría.

Se levanta donde se encontraba la necrópolis de Serdika y anteriormente iglesias del siglo IV. Entre los siglos XII y XIV fue la sede del obispado. Más tarde, durante la ocupación otomana se convirtió en mezquita. Para ello se construyeron dos minaretes y se destruyeron algunos murales que decoraban el interior. Así continuó hasta el siglo XIX cuando un terremoto derribó una de las dos torres y se abandonó como templo islámico. A partir de 1900 comenzó a restaurarse como iglesia de rito ortodoxo.

Junto a la iglesia se encuentra el Monumento al soldado desconocido y cerca la tumba del poeta nacional búlgaro Ivan Vazov, el del teatro.

El monumento conmemora los cientos de miles de soldados búlgaros muertos en la I Guerra Mundial. Se inauguró en septiembre de 1981 y como suele ocurrir en este tipo de memoriales no puede fallar la llama eterna. Además, cuenta con símbolos búlgaros significativos. Por un lado turba de Stara Zagora y el Paso de Shipka (donde se celebraron dos batallas de la Guerra Ruso-Turca), por otro la escultura de un léon, que es el símbolo nacional del país; y finalmente un fragmento de un poema de Ivan Vazov.

Frente a la iglesia se encuentra el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa, esto es, el lugar en el que se reúnen los obispos.

Es una construcción peculiar, en un principio yo pensé que se trataba de un edificio judío por sus rayas horizontales, o islámico por su pórtico con cúpulas. Sin embargo, cuando te fijas, encuentras que arriba del todo hay una imagen donde se representa a los patriarcas ortodoxos con su vestimenta típica y sus barbas.

Sin embargo, ni la iglesia (a izquierda) ni el sínodo (a derecha) llaman la atención tanto como lo hace la majestuosa Catedral de Alejandro Nevski.

Al estar en una amplia plaza se puede observar completa desde la distancia mientras la bordeamos, por lo que se puede apreciar más aún lo impresionante que es con su exterior blanco salpicado de cúpulas verdes y doradas de diferentes tamaños y a diversas alturas.

Se construyó entre 1882 y 1912 en honor a los 20.000 soldados rusos que cayeron durante la Guerra de Liberación de Bulgaria frente al Imperio Turco de 1877-1878. Recibe el nombre del Zar Alejandro II de Rusia, clave en la defensa del Cristianismo Ortodoxo frente a los ataques de los católicos, teutones y tártaros.

Esta catedral de estilo bizantino es uno de los edificios más emblemáticos de Sofía y también el principal centro religioso de la capital y del país, ya que es la sede del Patriarcado de Bulgaria. Fue proclamada monumento de la cultura en 1924.

Es una de las catedrales ortodoxas más grandes del mundo con 72 metros de largo, 42 metros de ancho y 52 metros de alto. Estas medidas de excepción conforman una superficie de 3170 m² que son capaces de albergar hasta 5.000 personas. Su campanario de 53 metros cuenta con 12 campanas.

Como muchos edificios de la ciudad, quedó prácticamente destruida durante las dos guerras mundiales, por lo que tuvo que ser reconstruida.

El acceso es gratuito, aunque hay que pagar para hacer fotos. Guardamos la cámara compacta para no llevarla en la mano, pero la reflex colgada del cuello llamaba la atención y, aunque no íbamos a hacer fotos, al vernos con ella, se nos acercaron un par de religiosos a cobrarnos. En cualquier caso, con decirles que no íbamos a fotografiar nada, pudimos seguir con nuestra visita.

El interior es muy sobrio teniendo en cuenta lo impresionante que es por fuera. Está ricamente decorada con frescos, iconostasios, lámparas, murales. Incluso los suelos de mármol tienen ornamentos. Además, como el espacio queda abierto, diáfano, sin bancos, se puede pasear descubriendo los detalles. Sin embargo, la escasa luz da esta sensación de sobriedad, creando una atmósfera muy particular. Aunque habría agradecido un poco más de potencia para poder observar mejor cada rincón.

En la cripta se encuentra una colección de arte antiguo búlgaro que va desde los siglos IV al XIX. Además, posee una galería con una de las mayores (y mejores) colecciones de iconos ortodoxos.

La catedral tiene la particularidad de contar con dos tronos. Normalmente suele haber uno destinado al patriarca, sin embargo aquí se colocó un segundo para el zar que está ricamente ornamentado. Aunque nunca se llegó a sentar ningún monarca.

Volvimos al exterior y la bordeamos para admirar toda su silueta, sus arcos, ventanas y cúpulas.

Nos acercamos al variopinto Mercado de Antigüedades donde había puestos con todo tipo de piezas de segunda mano que nos acercaban a la historia y costumbres búlgaras como placas de calles soviéticas, medallas e insignias, objetos de uso cotidiano, juguetes, cromos, carteles, discos de vinilo, libros… Merece la pena dar un paseo y hablar con los vendedores. Aunque se estaba haciendo de noche y ya estaban prácticamente recogiendo.

Intentamos aprovechar la poca luz que quedaba y nos dirigimos hacia el Monumento al Zar Libertador.

Esta estatua ecuestre de bronce de 14 metros de alto está erigida en honor al Zar ruso Alejandro II, el mismo al que honra la catedral.

El emperador porta en su mano una declaración de guerra en contra del Imperio Otomano. A sus pies, en el pedestal, se puede ver la representación de varias escenas bélicas.

Desde la estatua tenemos frente a nosotros la Asamblea Nacional. Este edificio construido en tres fases entre 1884 y 1928 es el Parlamento de Bulgaria. De estilo neo-renacentista, no tiene nada que ver con el diseño soviético en el que destacaban grandes moles.

Bulgaria es uno de los pocos países que cuenta con cámara única junto con Dinamarca, Portugal, Grecia, Croacia o Nueva Zelanda. Está integrada por 240 diputados elegidos por sufragio universal cada cuatro años.

Sobre la entrada queda grabado el lema “la unión hace la fuerza”.

Tomando el Bulevar Zar Osvoboditel llegamos al magnífico edificio de la Universidad, la institución de educación superior más antigua e importante de Bulgaria.

La Universidad se fundó el 1 de octubre de 1888, pero surgió como institución primaria, no se convertiría en universidad hasta 1904. En sus primeros años de andadura contaba tan solo con tres facultades: Historia y de Filología; Matemáticas y de Física; y una tercera de Ley. Pero los años siguientes se fueron abriendo nuevas. En 1917 fue la de Medicina, en 1921 Veterinaria y en 1923 la de Teología.

El edificio que vemos hoy en día se comenzó a construir el 30 de junio de 1924 en estilo neo-barroco siguiendo el diseño de un arquitecto francés que había ganado un concurso. La apertura oficial tardaría en llegar diez años, el 16 de diciembre de 1934.

En 1944 con la República Búlgara se produjeron cambios en el sistema universitario. Llegaron profesores comunistas para sustituir a otros próximos a las ideas de la monarquía, se cambiaron los planes de estudio siguiendo el esquema soviético y aumentaron en un 1.000% las matrículas. En 1947 se abrieron tres facultades más: Silvicultura, Zoología y Economía.

Hoy en día la universidad alberga 15 facultades y unos 14.000 estudiantes. En su campus de 18.624 m² podemos encontrar una biblioteca, salas de informática, una imprenta o gimnasios.

Para finalizar la tarde, ya apenas sin luz, llegamos a la Biblioteca de San Cirilo y San Metodio.

La institución se creó en 1878, sin embargo no se mudó a su actual ubicación hasta 1953. En 1882 recibió el estatus de Biblioteca Nacional de Bulgaria y en 1924 absorbió el Archivo Nacional. Alberga manuscritos, libros centenarios, atlas, mapas, retratos, fotografías y una gran colección de partituras, discos de vinilo y cintas antiguas. Todo ello se encuentra repartido y expuesto en diferentes salas como si de un museo se tratara.

Esta biblioteca fue la primera institución que surgió en el país. Nació con el anhelo de cimentar la cultura búlgara tras su independencia del Imperio Otomano. Hoy constituye un importante organismo que contiene gran parte del patrimonio cultural búlgaro.

El edificio neo-clásico construido entre 1940 y 1953 lleva el nombre de Cirilio y Metodio, los creadores del alfabeto cirílico.

Ya se nos había acabado la luz y, aunque nos acercamos a los Jardines Knyazheska, poco pudimos ver del Monumento del Ejército Soviético, así que tomamos el metro y nos fuimos a Serdika.

Este fue el recorrido de nuestra segunda parte del día:

4 comentarios en “Paseando por Sofía II

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