Paseando por Sofía III

De nuevo en Serdika, aunque esta vez de noche, nos dirigimos al mercado. En nuestra visita matutina habíamos comido bien, se estaba calentito, teníamos wifi… Y como era pronto para volver al hotel, pero a la vez era tarde para estar en la calle porque no había mucha iluminación y además la temperatura estaba en grados negativos, decidimos que era el mejor sitio donde resguardarse, tomar algo y comprar la cena.

Lo que no nos esperábamos es que hubiera además actuaciones en vivo. Nos sentamos en la terraza del bar de la planta baja a tomarnos unas cervezas locales y de repente apareció un señor con gorro de Papá Noel y fular rojo que nos deleitó con canción melódica.

Después le siguieron un dúo. Él tocaba un timbal y ella bailaba la danza del vientre.

Por último tuvimos un cuerpo de danzas folclórica búlgara.

Resultó interesante conocer un poco más de la cultura a través del baile, de la música, de las vestimentas. Una pena que el escenario fuera tan limitado.

Antes de que cerraran los puestos del mercado nos dimos una vuelta para ver qué nos podíamos llevar para cenar al hotel. La mejor opción que encontramos fue uno en el que vendían comida preparada tipo casera. Además, al ser última hora del día estaban de liquidación con precios rebajados. Aunque de por sí tenía precios bastante asequibles.

El precio lo marcaba el tamaño de la tartera elegida o la cantidad de piezas, como en el caso de las brochetas de pollo. Además de la carne, cogimos unas patatas gajo y dos tipos de arroz. Ambos con verduras, solo que uno era más suave con zanahoria y guisantes; mientras que el otro estaba más especiado y llevaba pimientos. Para completar el menú compramos una barra de pan.

Cerca de la estación de metro del hotel había una especie de ultramarinos, así que allí compramos la bebida. Lo curioso es que las máquinas refrigeradoras estaban en la calle programadas a 5ºC cuando la temperatura ambiente marcaba -4º en las marquesinas.

Otra cosa que me llamó la atención fue la divertida ilustración que tienen los contenedores.

Ya en el hotel preparamos una mesa improvisada en el suelo de la habitación y nos comimos las provisiones que, aunque estaban ya frías, nos supieron a gloria después de la tralla de todo el día.

Mientras cenamos, ultimamos detalles sobre los planes del día siguiente, que nos íbamos a Plovdiv y teníamos que comprobar los horarios de salida del bus.

Para finalizar el día, una ducha y a dormir.