Día 1: Rumbo a Seychelles

Comenzamos un nuevo viaje con una peregrinación hasta el aeropuerto de Barajas. Estaba la línea 8 de metro cortada, por lo que tuvimos que ir en tren. Pero la renfe llega a la T4 y nosotros esta vez salíamos de la T2, por lo que, una vez nos bajamos del tren, necesitamos coger un bus. Llegamos bastante pegados a la hora, pero bueno, como tampoco teníamos que facturar, nos sobraba tiempo para pasar control e irnos hacia la puerta de embarque.

El avión parecía ser bastante nuevo. El espacio entre filas era más o menos el estándar, pero la bandeja contaba con un sujetavaso en la parte de abajo, para poder usarlo cuando está plegada, y el asiento tenía un gancho en un lateral.

Durante el vuelo nos dieron un tentempié. Había donde elegir entre varios tipos de sándwiches, bocadillos y wraps. Directamente las azafatas pasaban con una cesta surtida y cada uno elegía el que quería.

Como el día estaba despejado, pudimos otear París minutos antes del aterrizaje, llegando incluso a ver la famosa Torre Eiffel o el Arco del Triunfo. Pero París tendría que esperar unos días, de momento íbamos de paso.

Llegamos a las 15:00 de la tarde y el siguiente vuelo lo teníamos a las 19:45, así que contábamos con unas horas entre medias para hacer el cambio de terminal, encontrarnos con los escoceses y hacer el embarque de nuestra siguiente escala. Tuvimos un momento de confusión cuando bajamos del avión, porque al tener un segundo vuelo, un miembro del aeropuerto que va canalizando el flujo de pasajeros nos indicó un camino que conducía a una nueva zona de control. Sin embargo, nosotros teníamos que salir a la zona de los mostradores de facturación dado que aún no teníamos las tarjetas de embarque. Y es que Air Seychelles no permite check-in online. Pero bueno, íbamos con tiempo, así que rectificamos y finalmente nos encontramos con mi hermano y su novia.

Tras pasar por el mostrador de facturación y obtener nuestras tarjetas de embarque París – Mahé y Mahé – Bombay, hicimos una parada técnica en el McDonald’s para picar algo. Después, nos dirigimos al control y tras pasarlo buscamos nuestra puerta de embarque. Nos dieron la más alejada, que se encuentra en una especie de satélite circular al final de la terminal 2A donde apenas hay una cafetería, los baños, el acceso a una de las salas VIP, zonas de sillones y, algo que nos sorprendió, una zona recreativa con pantallas planas y PS4.

Nuestro avión recibía el nombre de Vallée de Mai y tenía una disposición de 2-4-2.

Cuando mi hermano reservó los billetes, pudo elegir asientos, y optó por la primera fila después de business. Un lado para ellos, otro para nosotros. Sin embargo, a ellos los movieron un par de filas más atrás para que pudiera sentar una pareja con un bebé. Y es que en la pared que hay frente a esta fila se pueden acoplar las cunas. Nosotros tuvimos la suerte de mantener la reserva, así que teníamos bastante espacio. Lo cual es de agradecer en un vuelo de 11 horas.

En nuestros asientos nos encontramos con la almohada y manta de viaje, así como con los auriculares. En el brazo derecho teníamos el mando para controlar la televisión, y, bajo una tapa, la bandeja plegada. En nuestro brazo izquierdo podíamos encontrar la pantalla. Asimismo, en su parte inferior estaban equipados con toma de enchufe y usb. Muy útil para cargar los aparatos electrónicos durante el vuelo.

Una vez ya sentados, las azafatas repartieron una bolsita de Air Seychelles con un kit que constaba de cepillo de dientes y crema, tapones, antifaz y unos calcetines, por si te quieres descalzar para que no te ensucies los tuyos.

 

Antes del despegue, las azafatas pulverizaron en todo el avión un antiinsectos para evitar que nos llevásemos algún bicho a las islas que se pudiera cargar su ecosistema. Y nos dirigimos hacia la pista y rumbo a las Seychelles.

Aún era pronto para dormir, y como nos iban a servir la cena, empecé a enredar con el sistema multimedia. Sin embargo, aunque había bastante surtido y películas bastante recientes, no encontré nada que me interesara, ni siquiera un mapa de seguimiento del avión para ver el recorrido; así que me puse a leer.

En la cena había para elegir entre carne, pescado o pasta.

 

Para los vegetarianos ovolácteos pasta con verduras y una pequeña ensalada de zanahoria, pimientos y guisantes. De acompañamiento pan, mantequilla y queso de untar. De postre, macedonia de fruta.

La ensalada muy rica, bien aliñada. Por contra, la pasta, aunque estaba bien de sabor, las verduras estaban más bien blandas. Hubiera mejorado el plato si estuvieran un poco crujientes.

Después del servicio de cena bajaron la intensidad de las luces e intenté dormir. Nunca es fácil en un avión, y aunque teníamos espacio para estirar las piernas, yo suelo dormir boca abajo, así que no encontraba postura. Aún así, dormí unas tres horas y media según mi fitbit. Una siestecilla.

Una hora antes del aterrizaje volvieron a subir las luces y repartieron unas toallitas calientes. Algo que se agradece para espabilar un poco. Seguidamente repartieron la documentación para inmigración. No hay rellenar tantos datos como para entrar en EEUU, ni como para la visa de la India. Apenas hay que indicar los datos personales, propósito de la visita y alguna pregunta de dinero y salud (aunque no es necesaria vacuna alguna. Incluso el agua corriente de las principales islas es potable y se puede beber sin precaución adicional).

Además, hay que escribir la dirección del alojamiento. Dado que nosotros íbamos en tránsito, pusimos “Transit“.

A continuación se sirvió el desayuno, un bollo, un croasán, mantequilla, mermelada, un yogur de fresa y, por supuesto, las bebidas.

Para la versión vegetariana cambiaba el yogur por uno bio.y la mantequilla por margarina.

Y mientras desayunamos vemos cómo nos acercamos a las islas. Ya había amanecido por completo y, aunque había algunas nubes, se veía con bastante nitidez el archipiélago.

Nosotros íbamos a Mahé, donde se encuentrea el aeropuerto internacional. En el aterrizaje parecía que tal y como llegábamos a la pista, nos íbamos a salir y acabar en el mar.

Pero no, en un momento dado, el avión gira y aparca. Ni finger ni inventos. Escaleras.

Tocaba desembarcar y pisar suelo Seychellois. ¿Qué nos depararía Mahé?

9 comentarios en “Día 1: Rumbo a Seychelles

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