Series Terminadas: Finales Felices y La Liga Fantástica

Con las series me pasa como con las novelas, que no me gusta dejarlas a la mitad. A veces estoy con una historia que no me termina de enganchar, que le falta algo, que no le pillo el punto… pero sigo, porque tengo la esperanza de que acabará llegando el momento en que me meta de lleno. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de que he de cambiar de actitud. Me pasó con Breaking Bad que la vi por ver, cada vez con menos ganas y más hartazgo.

Hay tantas series que es lógico que no todas sean buenas o que no sean de mi estilo. En muchas ocasiones lo detecto rápido y me planto en el piloto. También he comenzado a dejar pasar media temporada para ver cómo funciona antes de lanzarme a ver un piloto de una serie que se ha cancelado de mala manera nada más comenzar su emisión. Así, ahora me distancio un poco y espero a ver si tiene renovación o cómo ha ido la acogida.

En otros casos la serie empieza bien, tiene buen ritmo, guion, actores, pero empieza a desinflarse por cambio de guionistas, showrunners o simplemente falta de ideas y querer alargarla más y más, como The Big Bang Theory (que hace temporadas que debería haberla abandonado).

Otra situación es que veo el piloto y me espero a que termine, o al menos ir bastante avanzada, para verla del tirón. Está muy bien porque te metes de lleno en la serie, en la historia de esos personajes; pero por contra a veces me encuentro con que lo que me atrajo del primer capítulo en el pasado, ya no lo hace en la persona que soy en el momento del visionado.

Lo que ha ocurrido con Finales Felices yLa Liga Fantástica –  las dos que acabo de terminar –  es una mezcla de lo arriba expuesto. Por un lado no son muy buenas. No son series que le marquen a una. Son comedias de pasar el rato, de desconectar 22 minutos y ya. Finales Felices comenzó con una temporada corta y después alargaron las dos siguientes a 22 episodios para al final cancelarla por malos datos dejándola con un final abierto. La Liga Fantástica por su lado cuenta con 7 temporadas. Si bien es cierto que son cortas, la serie se hace larga. 7 temporadas son muchas y se acaban las ideas y se pierde el hilo conductor con el que nació. Quizá cuando vi ambos pilotos estaba en un momento de series cómicas, ligeras, pero lo cierto es que viéndolas ahora, me han parecido demasiado chorras. ¿Me estaré haciendo mayor?

La primera temporada de Finales Felices es floja. En el primer capítulo vemos a una pareja que se va a casar, pero que en el último momento ella se echa atrás cuando ve aparecer a un tipo en patines en la iglesia. Bueno, pintaba interesante: una serie sobre una pandilla de amigos que tiene que decidir si se queda con el novio o con la novia.

La serie comienza demasiado rápido, pues no se para a presentar mucho a los personajes, sino se va descubriendo la relación entre ellos a lo largo de los capítulos. Así sabemos que Alex, la novia a la fuga, es la hermana de Jane, que está casada con Brad. Por otro lado, tenemos a Max y Penny, los más locos del grupo, que fueron al colegio con Alex y, por tanto, conocen a Jane desde hace tiempo.

Así a priori, no tiene sentido el conflicto de “cómo repartimos los amigos”, ya que Dave, el novio, es eso, el novio de Alex. Es ella el nexo de conexión del grupo. Pero se supone que tras diez años de relación, está integrado en la pandilla y nadie quiere cortar la amistad. Cogido con pinzas, pero bueno, aceptamos barco.

Los personajes quedan caracterizados desde el inicio. Y aunque hay estereotipos incluyendo a un negro y a un gay para hacer una pandilla heterogénea, lo cierto es que no cumplen con el típico cliché del que se suele abusar.

Por ejemplo, aunque hay algún capítulo en el que se hacen referencias con que Brad sea negro y haga “cosas de negros” como jugar al baloncesto, rapear o juntarse con sus amigos negros; en general gags apuntan más al hecho de que sea un hetero que parece gay (o al menos al cliché del gay).

Por contra, Max, el homosexual del grupo, tiene un carácter totalmente independiente de su condición sexual. Se hace referencia a su orientación, a sus parejas, relaciones o chicos que le gustan, incluso el cómo confesárselo a sus padres. Pero en realidad todo lo que concierne a Max suele girar en torno a que es un egoísta, desordenado, caótico y pasota. Tal y como se representaría a un hetero en cualquier otra sitcom.

Y mucho del juego que puede dar Max en la serie es gracias a Penny, ya que protagonizan juntos muchos enredos. Ella es la drama queen, la soltera que boicotea todas las relaciones, que es estridente y patosa.

El toque serio (por decir algo) lo aporta Jane, un personaje que bebe mucho de Monica Geller, pues es igual de maniática del control y el orden, además de tener un excesivo afán de competición, incluso con su marido.

Por el contrario, Alex y Dave son los más insulsos e interesantes de la comedia. Ella es muy lentita, la rubia tonta de manual, y él torpe e inocente.

Está clara la división en dúos. Por un lado los personajes más prescindibles: la expareja Alex y Dave; por otro los que no lo son sentimentalmente (aunque lo fueron en el pasado) pero que lo son para poner el punto absurdo y loco de la serie: Max y Penny; y finalmente el matrimonio formado por Jane y Brad, sin duda los que aportan el punto cómico, tanto juntos como por separado.

Si la primera temporada se desarrolla bajo la premisa del hecho de que dos de los integrantes hayan roto, la segunda temporada es la de Penny, quizá porque se había ahondado poco en ese personaje en los primeros capítulos, se compra una casa e incluso parece que se va a casar. En la tercera parece que se les acabaron las ideas y volvieron a emparejar a Alex y Dave… un sinsentido que les llevó a la cancelación. Aunque al parecer los guionistas pensaban seguir dándole vueltas a lo mismo, ya que se habían planteado abordar la relación de Penny y Dave una vez que este y Alex han roto. Y este es otro de los errores que cometen la mayoría de comedias con un grupo de amigos con protagonistas, y es que por mucho secundario que aparezca, al final siempre acaban liando a todos con todos perdiendo todo norte. Aunque ellos dicen que es para darles la ruptura que la pareja necesitaba, por las buenas y sin la escenificación de una boda de por medio; lo cierto es que yo creo que ya estaba más que cerrado ese capítulo.

Aunque es una serie ágil, con un ritmo de narración rápido, divertida en algunos momentos y absurda en otros, tiene el lastre de ser más de lo mismo, una mezcla de varias series de pandillas de amigos en las que hay parejas, exparejas, líos y rollos. No hay nada nuevo, son los eternos solteros (incluso estando casados algunos de ellos). Sí que es verdad que no recurre a los estereotipos de los personajes o los chistes típicos de otras sitcom, sino que juega con los disfraces, las referencias a otras series, y los actos absurdos de los protagonistas. Pero resultan cargantes, repelentes y demasiado irreales. Y cuando no te crees a los personajes y sus vivencias, nada tiene sentido.

Lo de la La Liga Fantástica es otro tema totalmente distinto. Es que no hay por dónde cogerla.

También tenemos a un grupo de amigos que se conoce desde sus años escolares. Ninguno parece bajar de los 40 años, pero se comportan como si tuvieran 15. Los integrantes de la pandilla son Pete, que cumple con el papel de divorciado y bromista; Rodney Ruxin, abogado judío casado y con un hijo; Andre, un cirujano plástico que es el blanco de todas las bromas; Kevin, asistente del fiscal del distrito y no muy lumbreras; Jenny, agente inmobiliaria y mujer de este; y Taco, hermano de Kevin, que siempre está fumado.

La serie gira en torno a la rivalidad que suscita la Liga Fantástica. Este tipo de competición da la oportunidad a cualquier aficionado de la NFL (fútbol americano) de convertirse en entrenador haciendo su selección de jugadores. Cada semana los participantes se enfrentan entre ellos y gana el que mejor equipo tenga (basado en el cómputo de puntos derivado de las estadísticas de sus jugadores). Así pues, cada temporada de la serie comienza con la deportiva y la elección del draft por parte de los integrantes y finaliza con dos finales y el reparto de trofeos: una para decidir el ganador de la Shiva Bowl, y otra para el perdedor, que se llevará el Sacko.

Ganar el Shiva es el máximo honor, por lo que los protagonistas no dudan en putear a los demás para conseguirlo. Y lo mismo para no hacerse con el Sacko. Es un todos contra todos y todo vale, sobre todo sacar trapos sucios del pasado. Lo laboral o familiar pasa a un segundo nivel. Lo importante es la liga.

La serie intenta tener un tono gamberro, pero se convierte en un despropósito soez y desagradable. Pero es que además el contenido es difícil de seguir, ya que si no tienen ni idea de fútbol americano o conoces a los jugadores, te pierdes todas las referencias y cameos. Así que no sabes ni de qué están hablando, y lo que entiendes te hace desconectar porque no te crees a los personajes.

No hay ninguno por el que sienta empatía o me haga gracia. Pete es tremendamente cínico e interesado; Ruxin es cruel y desagradable; Sofía, su mujer, es el típico cliché de latina-tía-buena que solo sale para hacer de mujer florero; Andre es un personaje insulso, desdibujado e ingenuo; Kevin pasa sin pena ni gloria; el personaje de Jenny está metido con calzador para que sea la mujer del grupo, pero para que se comporte como uno más (aunque en realidad es de las que más controla sobre la liga y fútbol); y Taco es el clásico fumeta que vive a costa de los demás. Pero la cosa va más allá, ya que a partir de determinado momento, aparece el hermano de Sofía, Rafi, un tipo de psiquiátrico directamente.

Además, la serie cuenta con la particularidad de que los capítulos no tienen unos diálogos escritos, sino que contaba con una especie de esquema o escaleta y a partir de ahí los actores, la mayoría de ellos cómicos, iban improvisando en el rodaje. Lo que quizá también influye en el sinsentido y surrealismo de algunas escenas.

Los actores tenían un contrato por 7 temporadas, sin embargo las dos últimas parecían ir sin rumbo. Alguno de los actores tenía otros compromisos y sus ausencias son incorporadas de una forma extraña. Como extraño es también el final incorporando un trágico suceso que rompe con el hilo argumental de la serie. Sobre todo también por la reacción de los protagonistas. No sé cómo me he tragado las siete temporadas.

Día 4 II Parte. Bombay. Mahalakshmi y Chhatrapati Shivaji Terminus

Continuamos nuestro recorrido bajando por la misma calle por la que veníamos y nos dirigimos hacia Haji Ali Dargah, una mezquita de estilo indoislámico que se encuentra en una isla a 500 metros de la costa en medio de la bahía conectada por una pasarela de un kilómetro.

Se construyó en 1431 en honor al mercader Sayyed Peer Haji Ali Shah Bukhari, que había prometido todas sus posesiones antes de peregrinar a la Meca. Este hombre había pedido antes de morir que no le enterraran en un cementerio, sino que su mortaja se arrojara al océano. Una forma de cumplir con su deseo fue crear la tumba en la mezquita “flotante”.

En 1960 y 1964 se renovó y en 2008 se llevaron a cabo trabajos de mejora estructurales en los que se embelleció la mezquita con mármol de Makrana (de donde proviene el del Taj Majal). Aún así, el edificio se encuentra algo deteriorado y es que se ve afectado por el efecto de los vientos salinos. Estos erosionan poco a poco su estructura. También influye el impacto de los 80.000 visitantes que recibe a la semana.

El camino que lleva a la mezquita no es muy ancho ni da mucha seguridad. En primer lugar por la cantidad de gente que va y que viene y que tienes que esquivar. Pero es que además, se alternan en los laterales puestos de sombreros, bolsos, juguetes… Así que, por si fuera poco, se estrecha el espacio con los que se paran a mirar o a comprar… Y no hay vallas o protección en los extremos.

A medida que nos acercamos a la mezquita, además, hay bares que no solo aportan más calor al ambiente con sus cocinas, sino que añaden un olor a fritanga cargante. Si tenemos en cuenta que el agua no tiene muy buen color y que las orillas están llenas de basura, podemos decir que no se trata de un recorrido muy agradable.

Y si de lejos la mezquita no destaca enormemente, una vez nos acercamos a ella notamos cómo está de deteriorada.

Entrando por la puerta principal se llega a un patio de mármol que es donde se encuentra el santuario central. Como cualquier templo musulmán, hay zonas segregadas para hombres y para mujeres. Aunque ahora las mujeres pueden entrar al sanctum sanctorum por orden del Tribunal Supremo de Bombay.

Dimos un paseo por el atiborrado patio y nos volvimos, pues no nos llamó mucho la atención el conjunto arquitectónico.

Desde la mezquita nos dirigimos hacia Dhobi Ghat, las famosas lavanderías. Los dhobi wallahs surgieron en el siglo XIX para servir a las tropas y la población británica en la colonia. Una historia similar a la de los portadores de comida. Los trabajadores de este sector son miembros de una subcasta perteneciente a una de las cuatro principales. Tienen la fama de ser los mejores en su profesión y allí se lavan millones de camisas, pantalones, toallas, sábanas… a lo largo del día.

En Dhobi Ghat trabajan unas 10.000 personas divididas entre lavadores, planchadores y transportistas. El espacio está dividido en hileras de pilas de piedras, cada una de ellas con su piedra de flagelación. Es un sistema peculiar de lavado, por así decirlo. Se puede observar cómo trabajan desde una pasarela, aunque la hora que era parecía que ya tenían la jornada echada y estaban recogiendo, pues no había mucho ajetreo. Quedaba ropa tendida, pero se veía mucho tendedero vacío.

Ya iba siendo hora de comer y teníamos pensado ir al Spice Klub que no quedaba muy lejos. Es un local que habíamos conocido un vídeo en redes sociales en el que mostraban recetas de comida india con un toque moderno. Sin embargo, tras una caminata al sol, llegamos y había una gran cola para conseguir mesa. Debe estar muy de moda. Así que, después de esperar un cuarto de hora y ver que aquello no parecía moverse, decidimos probar suerte en el centro comercial que teníamos en la acera de enfrente, ya que tampoco es que hubiera mucho local más por la zona a aquellas horas.

Para entrar al centro comercial Fountain Phoenix Mall tuvimos que pasar un arco de seguridad y escanear mochilas y bolsos como si del aeropuerto se tratara. Estaba prácticamente vacío. Aunque, claro, no todos los habitantes de Bombay, ni mucho menos, tienen el nivel adquisitivo suficiente para poder comprar en él. De hecho, ni nosotros habríamos podido comprar en la mitad de las tiendas.

Buscamos una opción no muy pija donde comer y acabamos en #Social, un restaurante peculiar con los enchufes colgando para que puedas cargar el móvil, la carta enrollada en forma de tubo, servilletas a modo de papel higiénico y cubos para los cubiertos. Un local de estos modernos que proliferan por todo el mundo. La clientela era joven y en las pantallas de televisión pasaban partidos de cricket y fútbol de Australia (que no australiano).

Nuestro camarero nos preguntó nacionalidad y sobre nuestro viaje. Al saber que éramos españoles nos contó que había venido a España y había hecho un viaje en el que había pasado por varias ciudades, todas ellas de costa (Barcelona, Alicante, Málaga…).

Para comer no sabíamos muy bien que elegir, pues tienen una carta muy extensa en la que adaptan platos internacionales al modo indio. Decidimos probar un surtido para compartir entre los cuatro, aunque no tenían todo lo que queríamos, y hubo que cambiar algún plato.

En la foto sobre estas líneas tenemos (de izquierda a derecha y de arriba a abajo):

  1. Shawarma, Yo Mama: kebab con patatas, ensalada, pollo asado, mayonesa de ajo y hummus. Tú te lo montas y le añades los ingredientes que desees.
  2. BBQ Board: Un plato muy americano pero con sabor muy indio. Tenía costillas con salsa barbacoa, alitas de pollo con una salsa muy picante, salchichas, un par de patatas asadas y mazorca de maíz.
  3. Them Potato Skins: Patatas asadas con queso cheddar, y salsas varias (picantes, claro)
  4. Awesomosas: Somosas rellenas de champiñones servidas con dos salsas. La roja es sriraja chunda y la verde chutney de manzana verde.

Todo estaba bastante rico, aunque yo obvié la tabla de BBQ y las salsas de las somosas por mi intolerancia al picante. Lo acompañamos con cerveza local, la Kingfisher, que es bastante suave.

Acabamos bastante satisfechos con la comida, aunque hubo algún goloso que para rematar se pidió helado de chocolate, con brownie de chocolate, con chocolate fundido y sirope de chocolate por encima. Una auténtica bomba el Chocolate Blood Bath.

Y con el estómago lleno volvimos de nuevo al calor abandonando el centro comercial y su aire acondicionado. Volvimos hasta las lavanderías y tomamos la calle KK dirección a la estación de Byculla para volver a la zona de Fort.

Teníamos un total desconocimiento del sistema de trenes, de los tipos de billetes, de los precios… Yo llevaba en mi móvil un plano del tren y sabía que había unas tres líneas, pero poco más. Había unas máquinas naranjas en las que se podía comprar el billete, pero al parecer era necesario tener instalada una app y una especie de abono que recargar. Al final lo que hicimos fue ir a lo fácil. Vimos a un empleado sentado en un taburete junto a una de las máquinas así que nos dirigimos hacia él. Le enseñé el móvil y le señalé la impronunciable parada Chhatrapati Shivaji. Nos preguntó número de billetes y clase y los sacó en un momento. Le pagamos y listo.

Problema uno solucionado. Encontrar el andén tampoco fue complicado, lo divertido vino cuando tuvimos que subir. Y es que los trenes llevan las puertas abiertas y apenas se detienen. De esta forma, cuando está llegando a la estación, la gente comienza a bajarse en marcha y en el momento en que hay hueco, los del andén comienzan a subir. Así que lo que funciona es el método “sigue al local” o allá donde fueres, haz lo que vieres. Entramos sin percance e incluso nos sentamos.

Nuestro recorrido y el de la línea terminaban en la Chhatrapati Shivaji Terminus, la estación principal y céntrica de Bombay. La mayoría de los trenes del país paran aquí.

Este edificio de estilo gótico se construyó en 1878 para albergar la sede de la Great Indian Peninsular Railway. El ferrocarril se había convertido en el siglo XIX en el símbolo del progreso y en el mundo se comenzaron a erigir magníficas estaciones que superaban en belleza a iglesias, catedrales o palacios. El Imperio Británico no quiso ser menos y quería mostrar con esta estación su modernidad, esplendor y poderío.

En 1887 fue bautizada como Estación Victoria en honor a la reina inglesa. Mantuvo el nombre hasta 1996 que se cambió por el actual, mucho más difícil de pronunciar.

Tanto por fuera como por dentro es una auténtica maravilla arquitectónica con multitud de detalles ornamentales. Está inspirado en la arquitectura veneciana del cuatroccento, aunque mezcla elementos de la arquitectura india, como su cúpula y torres. También en la piedra combina varios estilos. Por un lado piedra de basalto amarilla de la India, y por otro, mármol italiano y granito pulido.

El edificio mantiene su estructura original con muchos detalles decorativos. Destacan las gárgolas, que incluyen motivos que hacen alusión a las castas del país. También se pueden ver medallones con personalidades importantes, como los 10 bustos de los directores de la compañía ferroviaria.

En la puerta principal nos reciben dos columnas coronadas por un león, que representa a Gran Bretaña, y un tigre que simboliza a La India.

Frente a la estación se encuentra el Ayuntamiento. El edificio, de estilo muy similar a la terminal de trenes, es el Brihanmumbai Municipal Corporation Building, también conocido como BMC.

Se construyó entre 1884 y 1893 por orden del virrey Lord Ripon. Cuenta con una torre neogótica de 77 metros de altura. En su cúpula se erige una escultura alada y figura la inscripción prima urbis en Indis (primera ciudad de la India). En los últimos años pasó por labores de renovación y se repararon estatuas, se cambiaron azulejos rotos y se arreglaron los jardines. Además, se ha modernizado el edificio para que sea más eficiente. Por otro lado, se abrió un centro de atención al ciudadano, nuevas oficinas en la planta principal y se amplió el Corporation Hall para que se ganara en capacidad.

Desde allí emprendimos el regreso al hotel, aunque la zona estaba muy animada y había que hacerse paso entre un mercadillo. Había puestos improvisados de ropa sobre todo. Mucho vaquero y camisa de todo tipo y color.

Decidimos repetir el plan de la noche anterior: ducha, bajar a cenar y planificar ruta del próximo día. Teniendo en cuenta cómo nos había ido con la cena en el hotel, nos era mucho más cómodo quedarnos que salir y buscar un nuevo sitio. Así pues, nos duchamos, nos pusimos cómodos y bajamos a cenar.

La verdad es que no variamos mucho. Un curry diferente, otro tipo de fideos y arroz y omitimos los entrantes porque ya sabíamos que los platos eran contundentes. Lo acompañamos con pan naan y la cerveza, que el camarero ya nos estaba esperando con ella preparada.

Tras la cena, repasamos y reorganizamos el día siguiente, que se esperaba cargadito y nos subimos a descansar.

Este había sido nuestro día:

Día 4. Bombay. Khotachi Wadi y Malabar Hill

Comenzamos el día levantándonos pronto para intentar aprovechar al máximo las horas de luz. Si la tarde anterior nos habíamos dirigido al sur, este día lo íbamos a dedicar a la zona noroeste. Para ello comenzamos donde lo habíamos dejado la noche anterior, en el paseo marítimo de Marine Drive, aunque la verdad es que lo único que había en el recorrido era playa con agua sucia a un lado y edificios al otro.

A la altura de la estación de Charni Road nos adentramos hacia el barrio de Khotachi Wadi una zona considerada patrimonio por sus casas de estilo portugués. Este tipo de casas están construidas en madera y cuentan con una escalera externa para poder acceder a los pisos superiores. También tienen un patio trasero. La zona fue fundada a finales del siglo XVII y las casas han ido pasándose de generación en generación, por lo que la mayoría de los residentes son descendientes de los habitantes originarios. En origen había 65 casas, aunque hoy en día tan solo quedan 28.

En las calles principales se han ido sustituyendo este tipo de construcciones por bloques de pisos con muchas rejas y en los bajos locales comerciales.

Giramos en dirección a la Girgaon Road y nos encontramos con la St Teresa’s Church, una pequeña iglesia de ladrillo rojo y blanco. Salvo por la cruz y la inscripción en la fachada, el edificio podría ser cualquier otra cosa.

Continuando la calle llegamos a la estación Charni Road y a la costa, donde comienza la playa Chowpatty, que al parecer suele estar muy concurrida. No sé si era muy pronto, no era día de playa, o mes… pero el caso es que había poco movimiento. Tampoco es que el color del agua y el olor ambiente invitasen a adentrarse a un baño. Nada que ver con las aguas cristalinas de Seychelles.

Frente a la playa hay altos edificios de pisos y rascacielos, se ve que es una zona de cierto nivel adquisitivo. Aunque no quita que las fachadas tengan desconchones y se vea cierta dejadez en cuanto al mantenimiento.

Destaca el edificio del Wilson College, de estilo gótico victoriano construido en 1889. Es una de las universidades más antiguas del país, fundada en 1882. De hecho, es anterior a la Universidad de Bombay, aunque hoy está adscrita a ella.

Al final del paseo comienza una subida desde donde se puede observar la playa y los edificios de la zona sur al fondo. Sin embargo, no es una panorámica muy atractiva.

Y de nuevo volvimos a ver un recinto para alimentar palomas. Si ya de por sí era raro encontrarlo en medio de la plaza más turística de la ciudad, menos aún entendí que lo hubiera en la playa.

Continuamos por la colina de Malabar, el sitio más alto de Bombay a 50 metros sobre el nivel del mar. La zona es sobre todo residencial, y está habitada por gente pudiente como pueden ser estrellas de cine o funcionarios de Estado. El nombre de Malabar proviene del lugar de procedencia de los piratas que comenzaron a invadir la ciudad-

Subimos por la calle Walkeshwar hasta llegar a Banganga Tank.

Este estanque es uno de los lugares más antiguos de la ciudad. Su nombre viene de Ganges y de Baan (flecha). Según la leyenda, el Señor Ram, el héroe exiliado de la épica Ramayana, iba en busca de su esposa Sita, que había sido secuestrada. Cansado y sediento, paró en el lugar y le pidió a su hermano Lakshmana un poco de agua. Este disparó una flecha en la tierra y comenzó a brotar agua, creando un afluente del Ganges. Pero leyendas aparte, en realidad se construyó en 1127 por Lakshman Prabhu, un ministro de la corte de los reyes de la dinastía Silhara de Thane y fue reconstruido en 1715 gracias a un donativo.

La zona es como una pequeña Benarés/Varanasí, una ciudad sagrada a la que acuden los peregrinos a purificarse en las aguas del Ganges. A su semejanza, la gente puede bañarse en el estanque de 100 metros de largo por 40 de ancho por medio de los ghats, las escalinatas que lo rodean. Entiendo que es un tema espiritual, pero muy purificadora el agua no parecía, la verdad.

En las proximidades hay un montón de templos y lugares donde los fieles colocan ofrendas.

Pero si hay un templo que destaca es el Walkeshwar, dedicado a Shiva. Fue construido en 1127 y posteriormente destruido por los portugueses durante su regencia de la ciudad en el siglo XVI. Se reconstruyó en 1715 gracias a las donaciones del empresario y filántropo Rama Kamath.

Continuamos callejeando y nos adentramos por la zona residencial donde parecía ser el día de lavar los coches y de hacer la colada. Nos sorprendió observar la peculiar manera que tenían de tender la ropa.

Pasamos por la puerta del Templo Shri Adhishewarji Jain, un templo de rito jainista, una religión que surge en la India en el siglo VI a. C. Hoy en día es una religión minoritaria, pero ha influido en la sociedad y en la política del país, ya que tienen una larga tradición ilustrada siendo la comunidad religiosa con mayor grado de alfabetización del país.

El jainismo no rinde culto a ningún dios ni reconoce los textos sagrados hinduistas. Se basa en la creencia del karma y en la purificación del alma. Hay que salvar la vida de otros para salvar el alma propia. El jainista ha de realizar esfuerzos para madurar espiritualmente venciendo a sus enemigos interiores para llegar a un estado de liberación. Las mujeres además han de pasar un paso más, puesto que primero han de reencarnarse en hombre.

Los practicantes de esta religión llevan una dieta estricta. Con el principio de la no violencia y el respeto hacia los seres vivos no es de extrañar que sean vegetarianos, pero es que además no ingieren comida que pueda contener partículas de cuerpos de animales muertos o huevos. Tampoco los fermentados. Llegan incluso a filtrar el agua para no beberse ningún microorganismo. En cuanto a las plantas, aceptan comerlas por supervivencia, pero en ningún caso consumen tubérculos o cebollas porque se produce una violencia innecesaria al matar los bulbos. También están vetadas las raíces, como las zanahorias, porque se mata la planta por completo, ya que la raíz es donde se une a la tierra y de donde crece la planta. Pero las restricciones van más allá, y es que no comen más allá de la puesta del sol porque los insectos pueden ir a la luz y nunca sabes lo que te puede entrar en la boca cuando la abres para ingerir un alimento.

Para entrar en el templo también había un listado de prohibiciones bastante extenso en la puerta. Entiendo lo de descalzarse, o lo de entrar con ropa adecuada, es algo común en cualquier recinto sagrado. Aunque los jainistas lo de descalzarse es para evitar pisar insectos. Comprendo lo de no hacer fotos en según que lugares, no colocarse delante de tal o cual imagen o guardar silencio. Pero que no se permita el acceso al recinto a las mujeres si están con la regla, ahí ya estamos hablando de otro asunto, nos estamos saliendo de los ritos, el respeto y la espiritualidad. Al parecer esta prohibición subyace de la idea de que cada menstruación es el recordatorio de la muerte de un ser vivo (mátame, camión) y también de que la mujer es un ser sexualmente deseable (tardaba en salir la culpabilización de la mujer). Todavía sigo a la espera de descubrir una religión que no sea misógina. En fin, que como una va por el mundo abortando y provocando, pues no entró y solo lo vimos de pasada. Una pena, pues tenía una estética interesante y una curiosa ornamentación.

En fin, seguimos con nuestro recorrido hasta los Jardines Colgantes, también conocidos como Pherozeshah Mehta Gardens. Destacan por una colección de setos con formas de animales, aunque nosotros no vimos tales diseños, imagino que por la época del año que era. Quizás aún no habían crecido lo suficiente tras el invierno.

Se diseñó como un espacio de recreación para los habitantes de la ciudad y es frecuentado por familias con niños, por turistas que lo recorren tranquilamente y por gente que sale a hacer deporte.

En la puerta principal hay un panel que indica las normas de uso del parque, como por ejemplo que los corredores han de comenzar por la izquierda y seguir el sentido de las agujas del reloj y solo en el perímetro exterior, no en los caminos interiores; o que la gente que vaya paseando ha de hacerlo por el carril de la izquierda y dejar a los corredores el de la derecha. Asimismo, independientemente de si se camina o trota, no se puede ir más de dos personas juntas por sentido, para no bloquear el paso.

Muy cerca se encuentra el Kamala Nehru Park, un parque de un área de 370 metros cuadrados desde el que se observa la parte sur de la ciudad. Nosotros contiuamos bajando por la calle BG Kher, cerca de donde se encuentra la Torre del Silencio, unos edificios funerarios de los parsis. En esta religión se considera al cadáver un elemento impuro así que es llevado a estas torres para que sea consumido por los buitres y no contamine.

Al final de la calle llegamos a un cruce desde donde se podía ver la Antilia Ambani House, un extravagante rascacielos propiedad de Mukesh Ambani, Presidente de Reliance Industries y el hombre más rico de la India (y cuarto en el mundo). Yo no había oído hablar de esta construcción en mi vida, pero al parecer está considerada la segunda propiedad residencial más cara del mundo, tras el Palacio de Buckingham y la primera en el ámbito privado, ya que el palacio pertenece al gobierno británico. Está valorada en mil millones de dólares (o un billón según los estadounidenses) y en sus 173 metros de altura cuenta con 27 plantas en las que se pueden encontrar además de habitaciones, baños y cocinas varias piscinas, un estudio de yoga, uno de baile, una sala de baile, un teatro con capacidad para cincuenta personas, tres terrazas con jardines, un gimnasio y un spa. No puede faltar espacio para los coches de lujo, por lo que cuenta con un garaje de seis plantas y tres helipuertos. Ahí es nada.

Como el señor Ambani no nos iba a enseñar su casita (ni que nos interesara mucho tal ostentación, la verdad), continuamos bajando por la calle August Kranti Marg hasta llegar a la iglesia jesuita de St Stephen.

De nuevo otra iglesia que de no ser por el cristo, la inscripción y la cruz, pasaría desapercibida como un edificio cualquiera.

Allí tomamos la calle Bhulabhai Desai Marg pasando por el 1905 Prince’s Triumphalarch, que nos conducía a una zona muy animada con un mercado donde vendían comida, bebida, bolsos, frutos secos y unos coloridos mandalas.

En esta parte de la ciudad llegamos a un entramado de calles lleno de templos y lugares de ofrendas. Allí se encuentra el Templo Shree Swaminarayan, el templo hindú más antiguo de la ciudad dentro de la rama Swaminarayan. Su fachada blanca está muy elaborada y llena de detalles ornamentales. Tiene una terraza en la parte superior y hasta su inferior está decorado con pasajes coloridos.

Aún nos quedaba mucho por ver y se acercaba la hora de la comida. Continuará en la próxima entrada.

Nueva serie a la lista “para ver”: You are wanted

You Are Wanted es una serie de Amazon Alemania en la que un gerente de hotel ve cómo toda su vida se vuelve patas arriba cuando es hackeado.

Lukas Franke se encuentra trabajando en el hotel de Berlín cuando se produce un apagón en toda la ciudad. Con el problema solucionado y con los huéspedes molestos ya más tranquilos; vuelve a su casa donde le esperan su familia y amigos para celebrar su cumpleaños.

Sin embargo, los problemas no han hecho más que comenzar. Pronto ve cómo ocurren cosas raras en sus dispositivos y en los de su familia. Lukas ha sido pirateado por un grupo de hacktivistas y la historia de su vida está siendo reescrita de forma que se convierte en el principal sospechoso del ataque cibernético que causó el apagón. El protagonista entra en una espiral de desesperación y una frenética búsqueda de la verdad para demostrar que no es un terrorista y que hay alguien detrás que le ha implicado.

De nuevo tenemos el recurrente motivo del ciberactivismo, aunque You are wanted no parece que vaya a tirar por los derroteros de Mr. Robot. Aquí el mundo digital sirve como punto de partida para un thriller de acción, en donde el protagonista tiene todo en contra y se va desdibujando su historia.

El piloto ya me ha enganchado con tanta conspiración. Aunque he de reconocer que en algunos momentos es algo lento. Pero bueno, es algo muy común en las producciones europeas, que también tienen un tipo de fotografía más fría que la típica estadounidense. Aún así, You are wanted no tiene nada que envidiar a los productos del otro lado del charco y se merece estar en la lista “para ver”. Además, cuenta con una corta temporada de tan solo 6 capítulos. Perfecta para un maratón de sofá, manta y serie.

Día 3. Bombay. Fort, Colaba y Marine Drive

Ya descansados, salimos a dar un paseo por la zona más próxima al hotel. Nada más salir a la calle teníamos la ropa pegada a la piel. Hacía mucho calor y había un alto porcentaje de humedad. Pero habíamos venido a jugar. Nuestra primera parada fue un cajero, para sacar dinero, pero de nuevo mi tarjeta falló. Ya no era un problema puntual de un cajero, sino que parecía tener que ver con mi tarjeta. Como previsión, antes del viaje, había avisado a mi banco, pero sabíamos que podía pasar por la protección anti-robo. Me habían comentado que si me pasaba varias veces con una tarjeta, no probara con una segunda, puesto que el sistema podría cancelarlas todas, así que, mientras tanto, sacó mi hermano. Ya por la noche de vuelta en el hotel hablaría con el banco para desactivar 48 horas dicha protección.

Así son las rupias:

Comenzamos la ruta partiendo de Fort, el barrio en que se encontraba el hotel. En esa zona es donde en su día se erigía la antigua fortaleza del siglo XVII y donde se localiza la mayor aglomeración de arquitectura Gótico Victoriana del mundo. La gran parte de las edificaciones se construyeron en el último cuarto del siglo XIX con intención de mostrar el poderío británico en la joya del Imperio.

Durante los años de presencia británica, la ciudad de Bombay quedó fortificada para proteger su puerto. Años más tarde, en el siglo XIX cuando ya no había riesgo de invasión, se derribaron los muros para expandir los límites de la ciudad. Así, la zona de Fort se convirtió en un distrito comercial y administrativo. Aún quedan algunos restos de este pasado amurallado dentro del caos arquitectónico de la ciudad.

Hoy en día Fort, además de ser centro histórico de la ciudad, también es el barrio financiero y alberga bancos, empresas y estaciones.

Antes de adentrarnos más en la ciudad, queríamos pasar por Información y Turismo, para que nos facilitaran algún mapa e indicaciones sobre qué ver en nuestra estancia, pero lamentablemente, cerraban a las 2 y llegábamos 10 minutos tarde. Así pues, tuvimos que conformarnos con los datos que llevábamos de casa. La oficina se encuentra algo escondida junto a la estación de Churchgate, que tiene un logotipo clavado al del metro de Londres.

Frente a la estación se encuentra la central de los Ferrocarriles de la India, un impresionante edificio colonial en cuyo patio podemos encontrar una locomotora de vapor.

En las calles aledañas a la estación parecía haber una especie de mercadillo de ropa, con sus puestos de camisas, vaqueros, ropa de niño, zapatillas…

También había puestos de comida, y de algo que veríamos mucho en nuestro viaje: zumos de caña de azúcar.

Frente a la estación encontramos también algo muy típico de la ciudad, los dabbawala, unos señores que hacen el reparto de comida. Recogen el almuerzo recién cocinado en las casas de los trabajadores y después las entregan en las oficinas. Asimismo, vuelven a hacer el recorrido a la inversa, devolviendo las tarteras vacías a los domicilios.

Es una profesión que tiene más de cien años y que está muy especializada. Su origen parece deberse a que los británicos llegados a la colonia no soportaban la comida local y contrataban un servicio de comida a su gusto a domicilio (o trabajo, en este caso). No vestían todos igual, pero sí que llegaban el mismo gorrito.

Estaban frente a la estación porque llevan un sistema muy organizado. Unos se encargan de recoger las latas en los domicilios y las llevan a un punto de control próximo a una estación. Allí, los diferentes repartos se agrupan según zona de entrega y se dirigen al tren. Una vez en destino, se entregan al dabbawala local, que es quien las distribuye. Después, las tarteras hacen el camino de vuelta. Además todos trabajan por el bien común ya que las ganancias se reparten por igual. Así que, si uno se equivoca o se retrasa, todos se ven afectados. Por lo que se ayudan para que el trabajo salga lo antes posible y con apenas fallos.

Eran las dos de la tarde, así que imagino que los recipientes volvían ya vacíos. Tiene todo su mérito y más con lo caótica, grande y poblada que es la ciudad.

Junto a la estación, en el otro lado del cruce se localiza el Eros Cinema, un edificio de estilo Art Deco construido en 1935. Se abrió al público en 1938 y cuenta con una capacidad de 1.204 personas por reproducción.

Parcialmente erigido con piedra roja de Agra, está pintado de color crema. Las dos alas del edificio coinciden en un bloque central en el que se ubica un reloj en una especie de torre.

Esta zona de Churchgate en que se encuentra la estación homónima recibe su nombre por una de las tres puertas que formaban parte de la muralla que fortificaba Bombay. El nombre Church hacía referencia a la Catedral de St. Thomas, la edificación británica más antigua. Construida en 1718, es de estructura sencilla a diferencia de muchos edificios coloniales.

La puerta se encontraba en la Fuente de Flora, que lamentablemente encontramos en obras y tapada por una lona.

Esta fuente se levantó en 1860 tras derribar la fortaleza. Formaba parte del nuevo proyecto urbanístico para la ciudad en el que se pretendía dotarla de grandes avenidas y elementos decorativos.

La plaza en la que se encuentra se llama Hutatma Chowk (Plaza de los Mártires) desde 1960 en memoria de los miembros del Comité Unido de Maharashtra que perdieron la vida cuando la policía disparó sobre su manifestación pacífica.

Como símbolo se erige la estatua de un mártir con una llama en lo alto.

Próxima a la fuente se encuentra la Central Telegraph Office, un edificio de estilo gótico construido entre 1869 y 1872 que, como tantos otros en la ciudad, ha sufrido la contaminación y el abandono. La construcción fue la Oficina Central de Correos hasta 1913, pasando a ser después la Oficina Central de Telegramas y trasladando la oficina de correos a la Victoria Terminus. Se cerró al público en 2013 y hoy alberga un complejo de oficinas.

La introducción del telegrama en la India fue un gran hito que supuso el comienzo de las telecomunicaciones en el país. La primera línea eléctrica experimental del telégrafo fue atada con alambre entre Calcuta y Puerto Diamante en 1850. En los años siguientes se construyeron 6.400 km de líneas telegráficas uniendo otros puntos de la India. En 1854 se creó un departamento específico para el telégrafo cuando se hizo accesible a los ciudadanos.

Junto a la catedral se encuentra el Horniman Circle Garden, unos jardines de 12.081 metros cuadrados diseñados para ser un gran espacio abierto dentro de la ciudad amurallada. En su día se consideraba la zona el Bombay verde. Recibe este nombre tras la independencia de la India en 1947 en honor a Benjamin Horniman, editor del diario Crónica de Bombay, quien había apoyado la autodeterminación. A su alrededor se encuentran las oficinas de los bancos más importantes del país.

Y bordeándolo llegamos al Ayuntamiento. De estilo neoclásico, comenzó a construirse en 1811, pero no se terminó hasta 1833 por falta de fondos. Fue diseñado por el Coronel Thomas Cowper inspirándose en las arquitecturas griega y romana, de ahí su pórtico griego con 8 columnas dóricas. La piedra blanca con la que está construido fue traída de Inglaterra.

En su interior alberga una biblioteca y un museo. Además de manuscritos en persa, urdu y sánscrito, también conserva otros tesoros, como una colección de 1000 monedas antiguas.

Volviendo a la calle Mahatma Gandhi buscamos el Tribunal Supremo de Bombay, aunque la mejor forma de verlo es adentrándose en el Oval Maidan.

Es uno de los tribunales superiores más antiguos de la India y abarca las jurisdicciones de los estados de Maharashtra y de Goa, así como algún que otro territorio. Es uno de los tribunales más distinguidos del país y desde la independencia de la India 22 jueces que han pasado por aquí han llegado a la Corte Suprema y 8 de ellos han llegado a ser presidentes del país.

El edificio se construyó entre 1871 y 1878 y es uno de los más importantes de la ciudad. Entre sus ornamentaciones destacan varios lobos y zorros con elementos de abogados, un juez que es un mono y tiene vendado un ojo. Al parecer, estas esculturas son una especie de venganza obra del subcontratista, que perdió un pleito contra el contratista.

Como decía, se encuentra junto al Oval Maidan, una zona verde de 22 acres en la que se practica cricket. De hecho, hay una escuela en la zona norte. Nosotros cuando pasamos por allí vimos varios equipos jugando.

Este recinto tiene su historia, hasta 1997 su conservación era prácticamente nula y estaba frecuentado por prostitutas, mendigos y drogadictos. Pero una asociación vecinal pidió hacerse cargo de él para poder darle otro uso y, el ayuntamiento, por orden judicial se vio obligado a elegir entre realizar labores de mantenimiento o cedérselo a la asociación. Se decantaron por esta segunda opción y la agrupación valló el área y construyó una pista para correr por la periferia del recinto.

Si teníamos a la izquierda el Tribunal Supremo, a mano derecha, desde el mismo Oval Maiden, podemos ver la Rajabai Clock Tower, que, con sus 85 metros de altura, en su día fue una de las estructuras más altas de Bombay.

Este campanario representa una fusión de estilos gótico y veneciano. Aunque también tiene influencias británicas, pues el arquitecto inglés Sir George Gilbert Scott se basó en el Big Ben. Fue concluido en 1878 y un empresario fue quien abonó el costo total de la construcción con tal de que la torre recibiera el nombre de su madre, Rajabai. La mujer era ciega, y las campanadas la ayudaban a saber qué hora era sin tener que preguntar a nadie.

Junto a la torre se encuentra el edificio de la Universidad, uno de los ejemplos más característicos de la mezcla de culturas en la India. Fue diseñada con un claro estilo clásico europeo. Su arquitecto fue el mismo de la torre anterior, Sir George Gilbert Scott, quien también lo fue de la estación de St Pancras en Londres. Aún así, aunque tiene un estilo europeo muy marcado, también cuenta con elementos locales.

La universidad se compone de la Biblioteca y The convocation Hall, un salón de actos que recuerda a una iglesia neogótica.

Adentrándonos por la calle Gandhi Marg llegamos a la Sinagoga Knesset Eliyahoo. 

Hay una pequeña comunidad judía en la India que lucha por mantener sus tradiciones. Tras la formación del Estado de Israel en 1948, la mayoría de los judíos que residían en el país se marcharon a la Tierra Prometida.

La sinagoga se encuentra un tanto abandonada. Seguramente en su día destacaba la fachada celeste y blanca, hoy en día está desconchada y se pueden ver los daños que sufrió en 2008 cuando fue uno de los objetivos de los radicales islámicos que detonaron varias bombas en la ciudad.

Volviendo a la calle Mahatma Gandhi, de frente encontramos la Biblioteca David Sassoon.

Se construyó por orden de Albert Sassoon, hijo del filántropo judío David Sassoon, quien consideró que era buena idea una biblioteca en el centro de la ciudad. El edificio fue diseñado por los arquitectos J. Campbell y G. E. Gosling. Completada en 1870 está construida usando piedra amarilla, muy parecida a la del Watson’s Hotel o del próximo Elphinstone College, de estilo neo-románico.

En el siglo XIX Bombay era una ciudad comercial próspera y aunque los británicos no estaban a favor de facilitarles el acceso a la educación a los locales, en 1824 un colegio inglés creó la Bombay Native Education Society para estudiantes indios. Tres años más tarde se observó que se necesitaba una institución que continuara esta formación en niveles superiores, sin embargo, no sería hasta 1835 cuando se constituyera formalmente.

Las clases comenzaron un año después en el Ayuntamiento con dos profesores (Filosofía y Literatura) y en 1856 ya era una institución de renombre independiente del instituto. En 1857 surgió la Universidad de la ciudad y en 1860 quedaría adscrita a ella.

En principio el Elphinstone College iba a acoger a las élites británicas destinadas a dirigir la colonia, pero con el tiempo también aceptó a estudiantes locales (de alto nivel adquisitivo, claro) y allí han estudiado los indios más prestigiosos en distintas áreas. Fue clave para extender el modelo de educación anglosajona entre la élite de Bombay.

Esta institución recibe su nombre por el gobernador de Bombay, el Honorable Mountstuart Elphinstone, que fue responsable de la educación superior en la ciudad.

En la acera contraria se encuentra el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya, un nombre totalmente impronunciable que durante la época colonial se llamaba Museo del Príncipe de Gales.

Es un magnífico edificio colonial en estilo indo sarraceno, realizado por el mismo arquitecto que la Gateway of India, mezcla de elementos gujaratis con otros islámicos. Es el mejor y más grande museo de la India y abarca todo el arte Indio, con importante colecciones prehistóricas, medievales y modernas. Además es museo de Historia Natural y alberga colecciones de pintura occidental, artes decorativas, arte chino y japonés.

De momento lo pasaríamos de largo llegando al final de la calle Mahatma Gandhi que desemboca en la glorieta donde se erige la Fuente Wellington.

Fue construida en 1865 para conmemorar la visita del Duque de Wellington en 1801 y 1804 a la India. La fuente quedó dañada cuando las autoridades locales cubrieron la piedra de Portland con la que fue construida con una capa de pintura al óleo y esta se filtró a través de los poros de la piedra.

Hoy en día el área de la fuente sirve como aparcamiento.

Si continuamos por la calle  el Regal Cinema, de nuevo otro cine de estilo Art Decó. Construido por Framji Sidhwa, la primera película que se pasó fue Hermano del Diablo de Laurel y Hardy en 1933. La década de los 30 del siglo pasado fue una época dorada para el mundo del cine en Bombay y se abrieron varias salas de proyección por toda la ciudad.

Y a mano izquierda nos queda el Cuartel General de la Policía, bastante imponente y también de estilo colonial. Lo cierto es que la mayoría de los edificios de la zona son muy similares.

Pasada la glorieta nos adentramos en Colaba, el corazón del antiguo puerto de Bombay y que hoy en día es el barrio turístico por excelencia de la ciudad, de repente comenzamos a ver muchos restaurantes y locales de comida. Pero lo que realmente destaca en este barrio es su monumento más famoso: la Gateway of India.

Por motivos de seguridad, para acceder a la plaza en que se encuentra la Puerta de la India había una zona vallada con una carpa. En ella había habilitados dos controles, uno para hombres y otro para mujeres, en el que tuvimos que enseñar bolsos y mochilas. Aunque tampoco es que prestaran mucha atención, la verdad.

La plaza es bastante amplia y nos la encontramos con gran bullicio. Algo tampoco extraño en Bombay. Nada más cruzar el control se nos comenzaron a acercar fotógrafos que nos ofrecían sus servicios cámara en mano. Es el negocio de la plaza, además de los ferries. Al ser uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, obviamente está lleno de turistas, tanto indios como extranjeros (aunque poco occidental vimos), así que intentan echar el día. Van cargados con un álbum de fotos para que veas la calidad de su trabajo. Y, además de la cámara, también cargan con una pequeña impresora, por lo que te llevas el recuerdo en el momento.

Pero además de estos profesionales que venden sus servicios como fotógrafos, también se nos comenzó a acercar gente móvil en mano pidiendo fotos con nosotros (bueno, con algunos más que con otros). Y es que a los extranjeros nos observan con curiosidad y no se cortan en acercarse y entablar conversación. Al principio es un gran choque cultural, porque tienen otro concepto diferente al nuestro en cuanto a la invasión del espacio personal o a mirar fijamente a los desconocidos.

Pero volviendo a la puerta, esta construcción de 26 metros de altura, fue construida en 1924 en conmemoración de la visita del rey Jorge V de Inglaterra y la reina María el 2 de diciembre de 1911.

Se levantó en una zona estratégica, para que su silueta fuese lo primero que vieran los barcos desde el Mar Arábigo al aproximarse a la joya del Imperio Británico. Sin embargo, hoy se recuerda por ser el punto desde el que embarcaron los últimos representantes de la colonia en 1948.

Desde la puerta, se obtiene una buena panorámica del lujoso Taj Mahal Intercontinental Hotel.

Este hotel fue construido por un industrial parsi (el famoso Jamsetji Tata) después de que el Hotel Watson solo admitiera a blancos. Así pues, surgió como un símbolo de dignidad ante el colonialismo británico. Su apertura en 1903 propició la decadencia del Watson. Hoy en día sigue siendo uno de los hoteles de más renombre de Bombay.

Durante la I Guerra Mundial el hotel fue convertido en un hospital de 600 camas.

También es conocido, lamentablemente, por ser uno de los lugares atacados el 26 de noviembre de 2008 durante una cadena de atentados terroristas. Allí estaba Esperanza Aguirre. Y sus calcetines.

En uno de los laterales de la plaza hay habilitado un espacio para las palomas. A lo largo de nuestros viajes hemos visto en muchas ciudades carteles en los que se prohíbe alimentar a estas aves, sin embargo parece que en la India no solo no hay prohibición, sino que además se les habilitan zonas.

Salimos de la plaza y continuamos callejeando por el barrio de Colaba, donde comenzamos a prestar atención a los locales de comida, pues era hora de alimentarse y refrigerarse (aunque llevábamos con nosotros botellas de agua frescas).

En una calle paralela al hotel Taj Mahal encontramos el Leopold Café. Vimos que tenían una carta variada y allí que entramos. Previo cacheo, porque en la puerta había dos agentes de seguridad a los que había que enseñar bolso o mochila y que además nos pasaron un detector de metales. Parece que están muy concienciados con el tema de la seguridad.

Tenían una carta bastante extensa dividida en comida india, continental y china. En la india había una gran oferta de arroces y curry para combinar al gusto. Entre las opciones de la continental destacaban platos de pasta, algo de carne… podría decirse que era comida italiana. Y en la comida china había sopas, fideos y arroces fritos.

No sabíamos muy bien qué elegir, la verdad. Y al final cada uno nos decantamos por un plato diferente: arroz con curry, unos fideos chinos en sopa (no recuerdo su nombre), unos espirales con verdura y arroz frito con verduras. Además, para acompañar cogimos pan naan. Para beber unos se decantaron por coca cola, mi hermano y yo por un iced tea por aquello de evitar el gas. Pensamos que sería en lata, pero nos sirvieron, teníamos calor, bebimos por inercia… y al rato nos dimos cuenta de que era casero y tenía hielos. Algo que nos habían repetido por activa y por pasiva evitar. Afortunadamente no parece que nos sentara mal.

Como se puede ver en la imagen, los platos eran contundentes. Mi arroz con verduras estaba muy rico, pero al final no me lo comí yo sola. A priori el cuenco parace de un tamaño razonable para una ración, pero cuando te sirves en un plato llano ves que aquello no baja. Y es que además estaban servidos con colmo, bien a rebosar.

Comimos bastante bien y no nos pareció caro teniendo en cuenta que se trataba de un restaurante y no de un puesto callejero. La media de los platos rondaba las 250-300 rupias (unos 3.5€ – 4€).

Continuamos con nuestro recorrido adentrándonos en Nariman Point, una zona con poco atractivo. Es el distrito financiero de Bombay y el más importante del país. Recibe su nombre en honor a Khursheed Framji Nariman, un líder popular del congreso que propuso ganar estas tierras al mar en la década de los 40 del siglo pasado. 30 años más tarde se amplió más aún y se le comió más terreno al Mar de Arabia.

Fuimos callejeando entre rascacielos, hoteles y edificios de oficinas hasta llegar a la costa. Enseguida se nos hizo de noche, por lo que una vez frente al Estadio Brabourne de Cricket hicimos unas pocas fotos de la bahía y nos marchamos, pues olía a pescado muerto. Los locales no parecían notarlo, pues estaba el murete de Marine Drive lleno de gente sentada tranquilamente charlando y observando a la gente pasar.

Este concurrido paseo marítimo también es conocido como el Collar de la Reina, ya que cuando está iluminado al tener forma curvada, recuerda a este tipo de joya. O eso dicen.

A pesar de haber dormido por la mañana, lo cierto es que se notaba algo de cansancio de las horas que llevábamos en la calle (y al parecer unos 12 km según la fitbit). Este fue nuestro recorrido:

Además, ya se había ido el sol, por lo que poco más podíamos ver. Así pues, volvimos al hotel a darnos una ducha, repasar la planificación del día siguiente, cenar y dormir.

Vimos que en el hotel servían comida por un precio razonable, pues los platos costaban como en el Leopold Café, así que, en lugar de salir a cenar, bajamos a la zona de desayuno y cenamos allí. La carta no era tan amplia como en el restaurante, prácticamente todo era comida india. Pero había dónde elegir. Le preguntamos al camarero si tenían cerveza, pues no figuraba en la carta y nos comentó que nos la podía servir pero en una mesa que estuviéramos más resguardados y que nos la serviría en unas tazas blancas, como si fuera café. Imagino que el hotel no debía tener licencia para vender alcohol y nos la puso de tapadillo.

Para la comida nos dejamos asesorar por el camarero y elegimos de entrante pan naan, verduras rebozadas y queso rebozado. Como cortesía nos sirvieron unas tortas muy finas con sabor a pimienta que a mi hermano y a mí nos recordaron a la receta de sardinas en salsa que se hacen en casa.

Los rebozados no estaban mal, pero para mi gusto demasiada fritanga, al final no captas bien el sabor de lo que estás comiendo y todo sabe igual.

Como plato principal probamos suerte con un arroz con curry, arroz salteado de verduras de nuevo y unos fideos fritos.

De nuevo muy rico todo y unas raciones bastante abundantes.

Hicimos sobremesa cuadrando la ruta del día siguiente, y con la digestión a medio hacer nos subimos a descansar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Ray Donovan

Llego tarde a Ray Donovan, pues este verano se emitió la quinta temporada y yo no había oído hablar de ella. No fue hasta que unos amigos nos la recomendaron que nos dio por ver el piloto. Nos decían que estaba muy bien, pero no nos sabían muy bien explicar de qué iba, así que despertaron mi curiosidad.

Ray Donovan vive en Los Ángeles, y trabaja como un “solucionador de problemas” de los ricos y famosos a los que representa la firma Goldman & Drexler. Su labor consiste en que salgan airosos de los líos en que se meten y sus métodos no son siempre legales. Así pues, Ray pasa su existencia pegado al móvil pasando de problema en problema mientras evita a la prensa, los paparazzi, chantajeadores, acosadores y la policía.

Pero no sólo tiene que solucionar problemas en el trabajo, sino que ha de lidiar con su peculiar familia. Ray está casado y tiene dos hijos adolescentes. La relación con su mujer, Abby, no pasa por su mejor momento. No solo por la desconfianza que ella tiene hacia la fidelidad de su marido, sino porque parece cuestionarse el trabajo que este desempeña. Por otro lado, el protagonista cuenta con un par de hermanos algo tocados y un padre que acaba de salir de la cárcel y pretende acercarse a su familia sin su consentimiento.

La serie no plantea un tema novedoso. Aunque Ray sea un solucionador para los ricos, parece que ese aspecto será episódico y que en cada capítulo dará carpetazo a un problema para pasar al siguiente. Y que mientras tanto lo que realmente el hilo conductor va a ser otro: los conflictos familiares y asuntos de la mafia, algo que ya tiene una larga tradición cinematográfica y televisiva. Da mucho juego poner el foco en los claroscuros de la moral, la ética de los negocios, la lealtad, la procedencia del dinero y la fama.

Cuenta con un gran reparto, en el que destaca Jon Voight, el padre recién excarcelado. Un tipo siniestro que viene preparado a desenterrar el pasado y poner patas arriba el mundo de los Donovan.

El piloto comienza algo lento, bastante lógico teniendo en cuenta que ha de presentar a los personajes, así como tejer sus relaciones y conflictos. Poco a poco deja entrever las tensiones sin mostrarlas realmente y hay muchos silencios que dicen más que los diálogos. Como poco ha despertado mi curiosidad. Habrá que anotarla en la lista.

Aproximación a la India

Reconozco que antes de viajar a la India poco sabía sobre el país salvo ubicarlo en un mapa. Después de leer sobre su historia algo me ha quedado claro, y es que su pasado está lleno de invasiones que han configurado su presente, sus tradiciones, su cultura y sus conflictos actuales.

En la Edad de Piedra ya había pobladores en el subcontinente. Se trataba de pueblos cazadores y recolectores. Parece que la primera civilización india conocida data de alrededor del 3000 a.C. Una civilización que se dedicaba a la agricultura y el intercambio comercial con pueblos de lo que hoy es Irak. También construyeron enormes templos y su desarrollo favoreció la aparición de varias ciudades.

En el siglo XVI a.C. llegaron los indoeuropeos a la India sometiendo a la población creando un sistema de castas. Introdujeron el caballo, armaduras de hierro y el sánscrito, idioma que sería la base de la mayoría de las lenguas indias.

En el siglo VI a.C. surgieron el budismo y el jainismo, dos religiones que han tenido una influencia decisiva en la cultura de la India. Además, el budismo se extendió al Tíbet, Sri Lanka y al sudeste de Asia.

A finales del siglo III a.C. se formó el primer Gran Imperio Indio.

El esplendor llegó a la India en los siglos IV y V, con el Imperio Gupta, cuando florecieron las artes, la cultura y los trabajos matemáticos, astronómicos y medicinales. Sin embargo, este imperio vio llegar su fin con la llegada de los hunos. Esta invasión propició que el norte del país quedara dividido en varios reinos, no volviéndose a unificar hasta el año 700 con la llegada de los musulmanes. Esta nueva ocupación conllevó importantes cambios en la cultura india como por ejemplo en la arquitectura, lengua, forma de vestir o valores sociales. No obstante, no consiguieron sustituir por completo la religión hinduista.

En 1498 el portugués Vasco de Gama llegó buscando especias. Pocos años más tarde, en 1510, Goa pasó a ser colonia portuguesa, convirtiéndose en un importante centro comercial y político. El afán colonialista llevó a la creación de la Compañía de las Indias Orientales británicas y de la Compañía Unida del Este de India de los Países Bajos. Con estas compañías británicos y neerlandeses pretendían acaparar el comercio de las especias que hasta entonces monopolizaba Portugal. Además, comenzaron a comerciar con algodón, azúcar y pimienta. Los franceses también crearon su compañía, la Compagnie des Indes Orientales, sin embargo, de todos los europeos, los británicos fueron quienes se situaron a la cabeza, ya que se familiarizaron con las costumbres y lenguas indias. Incluso muchos agentes no regresaron a su país, sino que formaron sus familias en la India.

Poco a poco la influencia británica creció. Alrededor de sus fábricas aparecieron poblados fortificados en los que vivían los británicos con sus propias leyes. Los indios que trabajaban para ellos residían a varios kilómetros, fuera de estos asentamientos. Varios pueblos pesqueros quedaron bajo la administración británica. La India se convirtió en la joya de la corona y ayudó al desarrollo de la Revolución Industrial en la isla gracias a estar subyugada. Los británicos desmantelaron la economía india por completo, impidiendo que se comerciaran textiles de calidad que competían con la industria textil inglesa. Así, los campesinos perdieron su principal fuente de ingresos teniendo que modificar su agricultura tradicional por una de productos de exportación como yute, café y té. Además, la tierra se reorganizó de forma que los impuestos favorecían a las arcas británicas.

En 1813 el Parlamento ordenó la asignación de una dotación económica para promover la educación local, tanto oriental como occidental. Sin embargo, el sistema educativo fue completamente británico, con sus ideas, moral y cultura que pretendía adoctrinar a la sociedad india.

Hacia 1820 Gran Bretaña controlaba casi todo el país. Y para las zonas que no controlaba, se enviaban mercenarios de otras regiones para someterlas. Además, se cambiaron leyes como la que estableció que los musulmanes, hindúes y budistas solo podían votar a candidatos de su confesión.

En 1915, Mohandas K. Gandhi, un abogado educado en Inglaterra que había participado también en Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid, se unió al Congreso Nacional Indio, una asociación que luchaba por la independencia de la India. Gandhi promovió acciones parlamentarias, resistencia no violenta y desobediencia civil. Se inició un boicot a los productos ingleses, la población dejó de participar en elecciones u organismos administrativos, las aulas de las escuelas inglesas quedaron vacías… incluso las mujeres salieron a manifestarse por primera vez. Con las represalias por la desobediencia, las cárceles quedaron desbordadas y las autoridades coloniales no sabían cómo acabar con aquel movimiento. Gandhi fue consagrado como Mahatma (Alma Grande) y elegido como interlocutor con los ingleses para negociar. Finalmente, la India conseguiría la independencia en 1947.

No obstante, la andadura de la nueva India no fue tranquila, ya que el país estaba integrado por diversos grupos étnicos, lingüísticos y culturales, lo que generó tensiones y conflictos. La independencia dio como resultado tres Estados: India, Pakistán y Bangladesh. Esta división hizo que muchos principados tuvieran que elegir en qué estado se integrarían. Cachemira, de mayoría musulmana, intentó eludir su responsabilidad y no decidir, lo que conllevó a la Guerra Indo-Pakistaní de 1948-49. Como consecuencia de la contienda, Cachemira quedó dividida en dos partes, una india y otra pakistaní. El conflicto ha seguido presente hasta la actualidad.

Tras la independencia el país estableció una política de desarrollo basada en la industrialización. Y aunque, con el tiempo, la India logró avances tecnológicos como poner satélites en órbita y detonar una bomba atómica en 1974, su población seguía pasando hambre. Además, en la década de los 70 la crisis impactó en una economía india que dependía de las importaciones de petróleo.

En los años 90 la India adaptó el liberalismo y se abrió el mercado a la inversión extranjera suprimiendo los controles de importación. Este giro provocó una pérdida de derechos económicos, sociales y culturales de la ciudadanía como consecuencia de la privatización de la salud, educación, energía eléctrica y comercialización del agua. Además, la India cuenta con el problema de la sobrepoblación. Si sigue el ritmo de crecimiento, en apenas tres años se convertirá el país más poblado de la Tierra.

Bombay no es la capital de la India, aunque sí la ciudad más rica del país por ser el centro financiero y la ciudad portuaria más importante del subcontinente con cerca del 40% del tráfico exterior de la India. Además, cuenta con la mayor industria cinematográfica del mundo. Su economía queda muy diversificada entre finanzas, comercio, moda, metalurgia, industria automovilística, industria química y el cine.

La ciudad es el resultado de ir ganando terreno al mar. Antes de llegar los europeos, en su lugar había siete aldeas pesqueras en siete islotes pequeños. Mazagaon, Worli, Mahim, Parel y Bombay se agrupaban en círculo y fueron los británicos quienes las unieron formando una laguna interna. En 1862 tras varios trabajos de ganar terrenos al mar, las siete islas ya formaban una sola.

Se considera que el fundador de Bombay fue el rey Bimbakyan, allá por el año 1300. Bimbakyan mandó construir las fortificaciones y estableció su corte. De esta época datan las estatuas de las Cuevas Elephanta.

En 1343 la ciudad pasó a ser provincia islámica y pasó al sultanato de Guyarat hasta la llegada de los portugueses, quienes en 1533 conquistaron la fortaleza de Bassein. Un año más tarde, el sultán otorgó al rey de Portugal las islas de Baçaim, Bombay, Karanja y Salsette. Los lusos establecerían en Bombay un asentamiento que llamarían Bombaim o Mombaim, aunque sería un asentamiento menor, nada comparable con los que tenían en otras localidades. En los años siguientes hubo una fuerte inmigración portuguesa y llegarían varios grupos de misioneros que construyeron iglesias católicas.

En 1626 Bombay fue ocupada por los ingleses, quienes incendiaron la casa de gobierno portuguesa. Finalmente, el 23 de junio de 1661 Portugal cedió la soberanía a Carlos II de Inglaterra como dote por su matrimonio con la infanta doña Catalina de Braganza. En 1668 llegó la Compañía de las Indias Orientales, quien alquiló las islas a la corona cuando buscaba un puerto de aguas profundas para los buques. Adquirió tanta relevancia que en 1686 se trasladó la sede desde Surat convirtiendo a Bombay en el principal centro comercial del país. Más tarde, en 1708 se convertiría también en base administrativa central.

Este traslado fue relevante para la ciudad, que fue creciendo y ganando importancia. En 1857 se fundó la Universidad, y en 1864 se inauguró la línea de ferrocarril para transportar mercancías. Paralelamente en aquel momento en Estados Unidos estaban en la crisis del algodón, así que Bombay aprovechó para comercializar su producción y adquirir mayor significación aún, lo cual favoreció a la economía. Además, con la apertura del Canal de Suez en 1869 y la ampliación del puerto, Bombay se convirtió en el puerto más grande del mar Arábigo. Era la “Puerta de la India”.

En 1947, con la independencia del país, Bombay se convirtió en el principal centro cultural y económico del país. Su población creció multiplicándose por 10 a lo largo del siglo XX. A finales de los años 70 ya era la ciudad más habitada de la India, gracias, en parte, al boom de la construcción que había favorecido el flujo migratorio. En los 80 siguieron llegando inmigrantes del campo a la búsqueda de empleo.

Y, aunque Bombay es el motor económico de la India y se puede ver como una ciudad próspera con unos precios inmobiliarios desorbitados y grandes rascacielos, también es el ejemplo de la pobreza con sus barrios marginales. Es una ciudad de grandes desigualdades y contrastes.

La educación pública es gratuita, aunque con aulas masificadas. Y el sistema educativo mantiene muchos aspectos británicos, como el uniforme obligatorio o que las asignaturas se impartan en inglés, excepto el hindi.

Sin embargo, el inglés solo es la lengua materna para el 1% de la población de Bombay, sobre todo lo hablan las clases altas, aunque los documentos y publicaciones oficiales de la ciudad también se publican en este idioma.

La principal lengua oficial del estado de Maharashtra es el maratí, usado por casi la mitad de los habitantes de la ciudad. Aunque convive con cerca de 200 lenguas y dialectos entre los que se encuentran el guyaratí, el urdu (hablado principalmente por los musulmanes) o el hindi.Y al igual que ocurre con el aspecto lingüístico, el ámbito confesional también queda muy heterogéneo con dos religiones predominantes (hinduismo e islamismo) que conviven con la budista, cristiana, jainita, judía, parsi y sikh.

 

 

No obstante, no hay una tolerancia religiosa, y menos con el Shiv Sena, un partido de extrema derecha que estuvo liderado por un declarado admirador de Hitler y que persigue a los musulmanes. La década de los 90 fue especialmente violenta y la ciudad fue testigo de varios atentados. Había llegado el fin de la tolerancia religiosa y política y entre 1992 y 1993 explotaron varias bombas que causaron la muerte a cerca de 800 personas y heridas a unas 5000. Lamentablemente, estos episodios se repitieron en 2003, 2006 y 2008.

Y después de ponernos un poco al día con la historia de la India y de Bombay, nos adentramos de lleno.