Día 2. Seychelles. Victoria

Mahé es la isla más grande y alta del archipiélago con sus 27 km de lago y sus 8 de ancho. En ella residen el 90% de la población total del país, y es la puerta de entrada a las Seychelles, ya que en ella se encuentra el pequeño aeropuerto internacional al que llegamos (inaugurado en 1972 por la Reina Isabel II).

Sin embargo, a pesar de esta “urbanización”, sigue habiendo naturaleza y paisajes salvajes. Mahé ofrece más de 65 playas paradisíacas, verdes bosques, el Parque Nacional Morne Seychellois con su montaña de 905 metros, plantaciones de té, selvas tropicales y una rica diversidad de flora y fauna.

Es una isla de contrastes. En el sur destacan sus playas idílicas y pueblos tradicionales. Predominan una sucesión de paradisíacas ensenadas: Anse Takamaka, Anse Corail, Anse Cachée, Anse Forbans y Anse Parnel. 

Por el contrario, el norte es más abrupto gracias a su Parque Nacional y cuenta con unas vistas panorámicas desde lo alto de varios glaciares. También es la parte más animada de Mahé gracias a que es en la zona de la Bahía de Beau Vallon donde se da la mayor concentración de población.

Victoria, la capital, a 7.810 km de Madrid, es la única ciudad como tal de todo el país. Es la capital más pequeña del mundo, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta las dimensiones del país. En 1838, el día en que se coronaba a la Reina Victoria, se decidió cambiar el nombre de la ciudad en su honor. Aunque se ha convertido en el centro cultural y económico de las Seychelles, ha conseguido conservar su encanto original con diversos ejemplos de la arquitectura tradicional de este país multicultural.

Y hacia allí que nos íbamos a dirigir. Pero primero teníamos que recoger el coche. En el mes de febrero solicité presupuestos vía correo electrónico a varias compañías de alquiler. Sin embargo, ya iba tarde. Tienen una flota límite, ya que se trata de una isla, y muchas empresas ya tenían todos reservados. Finalmente, la que mejor precio nos dio fue Alpha, que por 45€ nos incluía kilometraje ilimitado (en esa superficie, lógico), varios conductores y seguro a terceros. No redujimos franquicia porque no se quedaba a 0 sino a 700€.

Aunque la isla cuenta con un servicio de autobuses que operan de 5:30 de la mañana a 19:30 de la tarde, su frecuencia es de 20-30 minutos y para una escala tan breve no podíamos perder mucho tiempo. El taxi del aeropuerto a Victoria tiene un precio de unos 15-20€, por lo que con la ida y vuelta, casi teníamos amortizado el coche, que además, nos daba más movilidad.

La mayoría de las compañías te ofrecen un Hyundai i10 o un Kia Picanto. Coches bastante pequeños que dan para lo justo: llevar del punto A al B. Eso sí, algunas te dan a elegir entre manual o automático porque no nos olvidemos de que conducen por la izquierda. Nosotros en principio lo reservamos manual, pues en los correos que intercambiamos me dijeron que no les quedaban automáticos. Total, ya llevábamos el Road Trip por Escocia a nuestras espaldas. Sin embargo, al formalizar la documentación antes de la entrega, el chico nos comentó que finalmente era automático. El límite de velocidad es de 65 km/h (40 mph) en carretera y de 40 km/h (25 mph) en zonas residenciales, así que no hay que estresarse. La red de carreteras abarca unos 160 km, así que con calma y a disfrutar del paisaje.

Tras los pertinentes trámites y explicaciones sobre cómo funcionaba nuestro vehículo, cargamos nuestros bártulos (como pudimos, porque el maletero es bastante limitado), cruzamos a la gasolinera que hay frente al aeropuerto para echar gasolina) y tomamos la carretera rumbo a Victoria.

Aparcamos junto al puerto y comenzamos nuestro paseo por la glorieta en la que se levanta el Monumento al Bicentenario. Fue inaugurado el 4 de junio de 1979 para conmemorar el 200 aniversario de la ciudad desde que fue fundada en 1778.

Tiene un importante valor patriótico. Cada una de sus tres alas representa el origen étnico de la población de Seychelles: África, Europa y Asia. Recordemos que en las Seychelles no había aborígenes, sino que estaban deshabitadas hasta que llegaron los colonos.

Continuando por la Avenida de la Independencia nos topamos con una oficina de Información y Turismo, así que pasamos a por un mapa y a que nos indicaran puntos de interés en la isla. Un poquito más adelante, en la acera contraria se encuentra el Museo Nacional de Historia Natural, donde se puede conocer mejor la flora, fauna y geología de las islas, así como los retos a los que se enfrenta el archipiélago en materia medioambiental.

Y frente al museo, un poco escondida está la Fontaine Jubilee, un pequeño monumento en honor a la Reina Victoria. Mucha gente confunde esta pequeña estatua de 30cm con la de la virgen, incluso algunos locales se santiguan cuando pasan. Pero la inscripción lo deja claro.

Está hecha de porcelana y la fuente, que además es potable, es un símbolo histórico de las Seychelles y de su veneración a su Majestad recordando incluso hoy en día que hace tiempo fueron parte de la Monarquía Británica.

Y desde la fuente vemos otro símbolo de la admiración por el Reino Unido, el Clock Tower.

Situado en una rotonda es una copia del Big Ben en miniatura. Se colocó en 1903 por orden del gobernador de Seychelles, Sir Ernest Bickham Sweet-Escott. Este había viajado a Londres y había quedado impresionado por la torre, así que un par de años después de la muerte de la Reina Victoria, decidió honrarla con esta réplica de hierro fundido.

Se realizó en Londres y se envió en nueve partes a las Seychelles. Siete de ellas llegaron el 11 de Febrero de 1903, pero dos de ellas misteriosamente desembarcaron en las Mauricio. Afortunadamente, llegaron un mes después a Victoria y se pudo armar. Fue oficialmente colocado el 1 de abril.

Originalmente era negro, pero se pintó en color plateado en 1935 para conmemorar el aniversario del Rey Jorge V. Se mantiene como un monumento simbólico al aprecio hacia la Reina Victoria y para expresar la buena relación que tiene Seychelles con el Reino Unido.

Muy cerca se encuentra la Saint Paul’s Cathedral, Obviamente está dedicada al apóstol San Pablo, y se uguró el 14 de mayo de 1859 por el primer obispo de Mauricio. En 1910 se amplió con la construcción de una nueva torre y décadas más tarde, en 1978 con un santuario. Fue consagrada Catedral en abril de 1961.

Dado que el edificio comenzó a deteriorarse, se decidió reconstruir en su totalidad y levantar una nueva catedral en el mismo lugar con un aforo de 800 personas. El 15 de abril de 2004 se inauguró y volvió a consagrar.

La nueva iglesia simboliza la historia e importancia de la antigua y lo significativa que fue para la población. En octubre de 1862 una gran avalancha devastó Victoria y muchos habitantes se refugiaron en la iglesia. Así pues, tiene mucha importancia para la ciudad, casi como un santuario.

Tomando Revolution Avenue nos adentramos en la zona con más vida de la ciudad, y es que en las inmediaciones se encuentra el Slewyn-Clarke Market. También llamado bazar, es el mercado que sirve como centro neurálgico de la ciudad. Fue construido en 1840 y renovado en 1999, al igual que el Clock Tower. Ofrece al visitante todo tipo de productos tropicales, desde fruta y verduras, a especias, té local, recuerdos y souvenirs, pasando por pescado típico de las Seychelles.

Es interesante pasear por sus pasillos y observar los productos, muchos de ellos totalmente desconocidos para mis ojos.

Otros son conocidos, como las bananas, sandías o berenjenas, pero sorprende su tamaño, ya que eran una versión mucho más pequeña de la que estamos acostumbrados en España. Por contra, las zanahorias eran bastante hermosas.

Los precios eran bastante elevados, y las condiciones de exposición no parecían las más salubres, sobre todo cuando ves el pescado o los huevos a temperatura ambiente con el sol, el calor y la humedad.

Frente al mercado, al otro lado del aparcamiento, vemos un chocante templo hindú. El Arul Mihu Navasakthi Vinayagar, construido en 1992, es el único templo de esta confesión en las islas. Recibe su nombre en honor al dios hinduista de la prosperidad y seguridad.

Es muy colorido y además del jardín delantero, tiene de fondo la elevación rocosa de la isla.

Callejeamos por la Market Street donde había varios puestos y tiendas, y tras comprar unas botellas de agua, regresamos al coche. Este fue nuestro breve paseo por Victoria: