Día 2 II Parte. Seychelles. Norte de Mahé

Para seguir nuestra visita a la isla, abandonamos Victoria y emprendimos la ruta por la costa norte. No llevábamos una planificación muy clara. Contábamos con el mapa que nos habían dado en la oficina de información  y unas notas que llevaba desde casa con las mejores playas o los miradores más interesantes. Pero luego una vez en la carretera es difícil de saber dónde te encuentras, ya que no hay poblaciones muy definidas y, aunque vas por la costa y ves el mar a tu lado, no siempre se puede aparcar el coche y bajar a la arena.

Nuestra primera parada fue una larga y solitaria playa de arena blanca que parecía harina y agua cristalina.

Sin embargo es muy rocosa y para poder adentrarse es necesario llevar calzado para no cortarse.

Yo me metí para comprobar la temperatura del agua y, como esperaba, demasiado caliente. Nada que ver con las aguas del cantábrico que te activan la circulación con meter el meñique.

Paramos en varias playitas más, cada una con un tipo de arena diferente. Las había con arena más blanca, otras más amarillentas; unas más finas tipo harina, otras más compactas… Todas ellas con aguas cristalinas  que permitían ver los pececillos en la orilla y con el fondo rocoso. Y por mucho que se tratara del norte de la isla, el agua seguía estando caliente.

A media mañana llegamos a Beau Vallon, la zona en que se localiza el turismo. En ella se veía mucha más actividad, tanto dentro como fuera del agua. Gente tomando el sol, algunos bañándose y diversas embarcaciones no muy lejos de la orilla. Con una gran extensión de arena y con los corales en el fondo, es la playa más popular de la isla. El mar estaba en calma y el agua era transparente, aunque había unas pocas algas.

Y como no era aún hora de comer y teníamos muchísimo calor, decidimos darnos un chapuzón. Y, si bien es cierto que al entrar el agua estaba caliente, una vez que cubría algo más de un metro, se notaban corrientes más frescas. Así pues, la sensación general era agradable.

Dado que, junto con Victoria, es una de las zonas más pobladas, optamos por buscar un sitio donde comer. En los alrededores de la playa abundan alojamientos de diversos estilos. Y también restaurantes. Nos dimos un paseo para ver qué nos ofrecía el pequeño paseo marítimo y vimos que uno de los restaurantes, The Boat House, tenía menú del día y platos combinados, así que allí que nos sentamos.

Elegimos una ensalada para compartir, dos platos de Red Snapper, el pescado típico de la zona color naranja que habíamos visto en el mercado, y otro plato combinado de atún. Los platos de pescado iban acompañados de arroz, guarnición de frutas y verduras a modo de ensalada y una salsa. Los platos eran abundantes y estaban muy ricos, se notaba que el pescado era fresco. El atún sabía al bonito con tomate que hace mi padre. Acabamos bien llenos, pues los platos eran de gran tamaño. No era especialmente barato, pero es que Mahé no lo era.

Después de comer dimos otro paseo por el pequeño paseo marítimo donde hay diversos puestos de frutas y zumos.

Como nos sobraba tiempo hasta la hora en que tendríamos que estar en el aeropuerto, volvimos a la carretera rumbo sur. En teoría la parte sur de la isla y la costa Oeste la teníamos pensada recorrer en nuestra segunda escala, pero parecía que nos iba a llover. Así que, dado que íbamos bien de tiempo, pensamos que era buena idea seguir viendo lo que pudiéramos por si acaso no teníamos oportunidad a la vuelta por las condiciones atmosféricas.