Día 2 IV Parte. Rumbo a Bombay

Llegó la hora de embarcar de nuevo y hubo un momento de confusión puesto que las pantallas mostraban dos vuelos para la misma puerta. Uno para París y otro para Bombay. La gente empezó a amontonarse, que parece que lo de hacer cola no se lleva mucho por allí, y cuando el personal de tierra tuvo que decir a un par que no era la puerta de embarque para París, la gente se puso algo nerviosa. Su vuelo iba retrasado.

Nosotros afortunadamente salimos en hora. Nos esperaba un vuelo de algo más de cuatro horas. La configuración del avión esta vez era de dos filas de 3. Más o menos el espacio estándar, pero contábamos con enchufes bajo el asiento y con pantalla con seguimiento del trayecto.

Parece que pertenecía a la flota de Ethiad, al menos el programa multimedia que incluía el menú en árabe y el Corán en formato audiolibro. Que llevara el logotipo de Ethiad también ayuda a confirmar mis sospechas.

Al igual que en el vuelo anterior, hice caso omiso del contenido audiovisual, nada que me llamara la atención especialmente. Esperé a la cena y después intenté echarme una siesta. Esta vez la cena vegetariana consistió en una ensalada de verduras, un guiso también de verduras con arroz, espinacas y una especie de puré. Como postre, una macedonia de frutas.

No tenía mala pinta y había hambre, así que comencé a comer. Estaba rico, pero después de varios bocados, aquello empezó a picar y me tuve que conformar con la ensalada, el arroz y las espinacas.

Y por fin llegamos a Bombay, aún de madrugada. Aunque todavía teníamos que pasar por inmigración, sacar dinero y encontrar al chófer del hotel que nos iba a recoger. Fue el desembarque más rápido que había visto en mi vida. La mayoría del pasaje era indio y en menos que canta un gallo ya se habían levantado y circulaban por el pasillo. Nosotros aún estábamos medio dormidos.

Un poco antes de llegar a los mostradores de inmigración había una especie de vestíbulo donde los extranjeros teníamos que rellenar unas tarjetas. En realidad es un mini visado con algunos datos personales, vuelo de entrada, alojamiento… Así que paramos a rellenarlo y nos dirigimos al control. Acostumbrados a Europa donde los pasajeros nacionales o de UE tenemos una salida rápida y no UE tienen que esperar largas colas, pensábamos que aquí iba a ser igual. Pero no, nada más lejos de la realidad. Y es que Bombay tiene unos veinte millones de habitantes. Así que, mientras que en la zona de nacionales había colas y colas, nosotros solo tuvimos dos personas por delante.

Entregamos la hoja que acabábamos de rellenar, el pasaporte y la Visa que nos sacamos en casa. Tras la comprobación tuvimos que mirar a cámara, facilitar huellas y responder a las típicas preguntas. Que si vienes de turismo, que si la primera vez, bla bla bla. Sello y puede usted pasar.

Como no teníamos equipaje que recoger, fuimos directamente a la salida a buscar un cajero, sin embargo, no parecía funcionar, o no aceptaba al menos mi tarjeta. Ya que nos estaba esperando el chófer del hotel, decidimos sacar dinero directamente en la ciudad cuando saliéramos a pasear. Y nos fuimos en busca del señor que nos estaba esperando cartel en mano. Lo primero que notamos al salir al exterior fue humo y ruido de motores. Y es que en la planta inferior, en la zona de aparcamiento, había numerosos taxis tipo tuc tuc en marcha. En aquel momento el primer pensamiento que tuve fue que moriríamos de inhalación de humos antes que de un mosquito o de una diarrea.

Montamos en el coche y en la hora que dura el recorrido al hotel fuimos descubriendo pinceladas de un Bombay que despertaba, aunque parecía ser una ciudad que nunca duerme. Había mucho trasiego para ser las 5 de la mañana. No solo de tráfico, sino de personas.

Finalmente, unas 48 horas más tarde desde que saliéramos de casa, llegamos a nuestro destino final. En el hotel nos recibieron con un refrigerio que nos bebimos mientras hacíamos el ckeck-in. Como eran más de las 6 de la mañana y el desayuno comenzaba a las 7, subimos a desempacar y darnos una ducha, que ya nos hacía falta.

La habitación tenía un buen tamaño, aunque se echaba en falta algo más de armario. No es que nosotros lleváramos mucha ropa, pero por lo menos para poder guardar las mochilas y que no estuvieran en medio.

Eso sí, contaba con aire acondicionado, lo cual era necesario. Y no solo por el calor, que también, pero sobre todo porque una de las recomendaciones sanitarias es que evites dormir con ventanas abiertas pues pueden entrar mosquitos. No obstante, se echa de menos el ventilar de vez en cuando. Pero claro, como el aire exterior muy limpio tampoco era… Y eso por no hablar del ruido.

El baño estaba bastante bien, aunque se notaba la falta de refrigeración, por lo que había que dejar la puerta abierta para que fluyera el aire frío.

Me pareció curioso que hubiera una manguera junto al inodoro, pero luego lo vimos más veces a lo largo del viaje. Y es que es una forma de ahorrar en papel. No solo por un tema económico, sino también ambiental. Imagino que también influye el sistema de desagüe del país. De esta forma se evitan atrancos. Al final es la versión económica del chorro de los inodoros japoneses.

En general las habitaciones parecían bastante modernas. Incluso en algún aspecto demasiado, como en el caso de la iluminación. Para encender o apagar las luces había que tocar mil botones hasta acertar.

Algo más aseados, bajamos a desayunar. En la sala estaba dispuesta una zona buffet con salchichas, cereales, tés, cafés, bollería, zumos y fruta. No había mucha variedad, pero lo justo para poder ir alternando cada día.

Además, en un pequeño apartado había comida india caliente y dos puestos en los que te hacían crepes, gofres y tortillas al momento a elección (francesa sin más, o rellena de verduras). También se podían pedir tostadas.

En definitiva, había opciones. Bien versión más continental, bien la local. Yo probé la india, pero como mi tolerancia al picante es más bien nula, me quedé con las ganas de probar más. Había unas patatas cortadas en cuadraditos sazonadas con diversas especies que estaban muy ricas, pero tras el primer bocado no pude seguir. Una pena.

Con el estómago lleno, volvimos a nuestras habitaciones con intención de dormir unas 4-5 horas y así poder aprovechar la tarde.

6 comentarios en “Día 2 IV Parte. Rumbo a Bombay

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