Día 3. Bombay. Fort, Colaba y Marine Drive

Ya descansados, salimos a dar un paseo por la zona más próxima al hotel. Nada más salir a la calle teníamos la ropa pegada a la piel. Hacía mucho calor y había un alto porcentaje de humedad. Pero habíamos venido a jugar. Nuestra primera parada fue un cajero, para sacar dinero, pero de nuevo mi tarjeta falló. Ya no era un problema puntual de un cajero, sino que parecía tener que ver con mi tarjeta. Como previsión, antes del viaje, había avisado a mi banco, pero sabíamos que podía pasar por la protección anti-robo. Me habían comentado que si me pasaba varias veces con una tarjeta, no probara con una segunda, puesto que el sistema podría cancelarlas todas, así que, mientras tanto, sacó mi hermano. Ya por la noche de vuelta en el hotel hablaría con el banco para desactivar 48 horas dicha protección.

Así son las rupias:

Comenzamos la ruta partiendo de Fort, el barrio en que se encontraba el hotel. En esa zona es donde en su día se erigía la antigua fortaleza del siglo XVII y donde se localiza la mayor aglomeración de arquitectura Gótico Victoriana del mundo. La gran parte de las edificaciones se construyeron en el último cuarto del siglo XIX con intención de mostrar el poderío británico en la joya del Imperio.

Durante los años de presencia británica, la ciudad de Bombay quedó fortificada para proteger su puerto. Años más tarde, en el siglo XIX cuando ya no había riesgo de invasión, se derribaron los muros para expandir los límites de la ciudad. Así, la zona de Fort se convirtió en un distrito comercial y administrativo. Aún quedan algunos restos de este pasado amurallado dentro del caos arquitectónico de la ciudad.

Hoy en día Fort, además de ser centro histórico de la ciudad, también es el barrio financiero y alberga bancos, empresas y estaciones.

Antes de adentrarnos más en la ciudad, queríamos pasar por Información y Turismo, para que nos facilitaran algún mapa e indicaciones sobre qué ver en nuestra estancia, pero lamentablemente, cerraban a las 2 y llegábamos 10 minutos tarde. Así pues, tuvimos que conformarnos con los datos que llevábamos de casa. La oficina se encuentra algo escondida junto a la estación de Churchgate, que tiene un logotipo clavado al del metro de Londres.

Frente a la estación se encuentra la central de los Ferrocarriles de la India, un impresionante edificio colonial en cuyo patio podemos encontrar una locomotora de vapor.

En las calles aledañas a la estación parecía haber una especie de mercadillo de ropa, con sus puestos de camisas, vaqueros, ropa de niño, zapatillas…

También había puestos de comida, y de algo que veríamos mucho en nuestro viaje: zumos de caña de azúcar.

Frente a la estación encontramos también algo muy típico de la ciudad, los dabbawala, unos señores que hacen el reparto de comida. Recogen el almuerzo recién cocinado en las casas de los trabajadores y después las entregan en las oficinas. Asimismo, vuelven a hacer el recorrido a la inversa, devolviendo las tarteras vacías a los domicilios.

Es una profesión que tiene más de cien años y que está muy especializada. Su origen parece deberse a que los británicos llegados a la colonia no soportaban la comida local y contrataban un servicio de comida a su gusto a domicilio (o trabajo, en este caso). No vestían todos igual, pero sí que llegaban el mismo gorrito.

Estaban frente a la estación porque llevan un sistema muy organizado. Unos se encargan de recoger las latas en los domicilios y las llevan a un punto de control próximo a una estación. Allí, los diferentes repartos se agrupan según zona de entrega y se dirigen al tren. Una vez en destino, se entregan al dabbawala local, que es quien las distribuye. Después, las tarteras hacen el camino de vuelta. Además todos trabajan por el bien común ya que las ganancias se reparten por igual. Así que, si uno se equivoca o se retrasa, todos se ven afectados. Por lo que se ayudan para que el trabajo salga lo antes posible y con apenas fallos.

Eran las dos de la tarde, así que imagino que los recipientes volvían ya vacíos. Tiene todo su mérito y más con lo caótica, grande y poblada que es la ciudad.

Junto a la estación, en el otro lado del cruce se localiza el Eros Cinema, un edificio de estilo Art Deco construido en 1935. Se abrió al público en 1938 y cuenta con una capacidad de 1.204 personas por reproducción.

Parcialmente erigido con piedra roja de Agra, está pintado de color crema. Las dos alas del edificio coinciden en un bloque central en el que se ubica un reloj en una especie de torre.

Esta zona de Churchgate en que se encuentra la estación homónima recibe su nombre por una de las tres puertas que formaban parte de la muralla que fortificaba Bombay. El nombre Church hacía referencia a la Catedral de St. Thomas, la edificación británica más antigua. Construida en 1718, es de estructura sencilla a diferencia de muchos edificios coloniales.

La puerta se encontraba en la Fuente de Flora, que lamentablemente encontramos en obras y tapada por una lona.

Esta fuente se levantó en 1860 tras derribar la fortaleza. Formaba parte del nuevo proyecto urbanístico para la ciudad en el que se pretendía dotarla de grandes avenidas y elementos decorativos.

La plaza en la que se encuentra se llama Hutatma Chowk (Plaza de los Mártires) desde 1960 en memoria de los miembros del Comité Unido de Maharashtra que perdieron la vida cuando la policía disparó sobre su manifestación pacífica.

Como símbolo se erige la estatua de un mártir con una llama en lo alto.

Próxima a la fuente se encuentra la Central Telegraph Office, un edificio de estilo gótico construido entre 1869 y 1872 que, como tantos otros en la ciudad, ha sufrido la contaminación y el abandono. La construcción fue la Oficina Central de Correos hasta 1913, pasando a ser después la Oficina Central de Telegramas y trasladando la oficina de correos a la Victoria Terminus. Se cerró al público en 2013 y hoy alberga un complejo de oficinas.

La introducción del telegrama en la India fue un gran hito que supuso el comienzo de las telecomunicaciones en el país. La primera línea eléctrica experimental del telégrafo fue atada con alambre entre Calcuta y Puerto Diamante en 1850. En los años siguientes se construyeron 6.400 km de líneas telegráficas uniendo otros puntos de la India. En 1854 se creó un departamento específico para el telégrafo cuando se hizo accesible a los ciudadanos.

Junto a la catedral se encuentra el Horniman Circle Garden, unos jardines de 12.081 metros cuadrados diseñados para ser un gran espacio abierto dentro de la ciudad amurallada. En su día se consideraba la zona el Bombay verde. Recibe este nombre tras la independencia de la India en 1947 en honor a Benjamin Horniman, editor del diario Crónica de Bombay, quien había apoyado la autodeterminación. A su alrededor se encuentran las oficinas de los bancos más importantes del país.

Y bordeándolo llegamos al Ayuntamiento. De estilo neoclásico, comenzó a construirse en 1811, pero no se terminó hasta 1833 por falta de fondos. Fue diseñado por el Coronel Thomas Cowper inspirándose en las arquitecturas griega y romana, de ahí su pórtico griego con 8 columnas dóricas. La piedra blanca con la que está construido fue traída de Inglaterra.

En su interior alberga una biblioteca y un museo. Además de manuscritos en persa, urdu y sánscrito, también conserva otros tesoros, como una colección de 1000 monedas antiguas.

Volviendo a la calle Mahatma Gandhi buscamos el Tribunal Supremo de Bombay, aunque la mejor forma de verlo es adentrándose en el Oval Maidan.

Es uno de los tribunales superiores más antiguos de la India y abarca las jurisdicciones de los estados de Maharashtra y de Goa, así como algún que otro territorio. Es uno de los tribunales más distinguidos del país y desde la independencia de la India 22 jueces que han pasado por aquí han llegado a la Corte Suprema y 8 de ellos han llegado a ser presidentes del país.

El edificio se construyó entre 1871 y 1878 y es uno de los más importantes de la ciudad. Entre sus ornamentaciones destacan varios lobos y zorros con elementos de abogados, un juez que es un mono y tiene vendado un ojo. Al parecer, estas esculturas son una especie de venganza obra del subcontratista, que perdió un pleito contra el contratista.

Como decía, se encuentra junto al Oval Maidan, una zona verde de 22 acres en la que se practica cricket. De hecho, hay una escuela en la zona norte. Nosotros cuando pasamos por allí vimos varios equipos jugando.

Este recinto tiene su historia, hasta 1997 su conservación era prácticamente nula y estaba frecuentado por prostitutas, mendigos y drogadictos. Pero una asociación vecinal pidió hacerse cargo de él para poder darle otro uso y, el ayuntamiento, por orden judicial se vio obligado a elegir entre realizar labores de mantenimiento o cedérselo a la asociación. Se decantaron por esta segunda opción y la agrupación valló el área y construyó una pista para correr por la periferia del recinto.

Si teníamos a la izquierda el Tribunal Supremo, a mano derecha, desde el mismo Oval Maiden, podemos ver la Rajabai Clock Tower, que, con sus 85 metros de altura, en su día fue una de las estructuras más altas de Bombay.

Este campanario representa una fusión de estilos gótico y veneciano. Aunque también tiene influencias británicas, pues el arquitecto inglés Sir George Gilbert Scott se basó en el Big Ben. Fue concluido en 1878 y un empresario fue quien abonó el costo total de la construcción con tal de que la torre recibiera el nombre de su madre, Rajabai. La mujer era ciega, y las campanadas la ayudaban a saber qué hora era sin tener que preguntar a nadie.

Junto a la torre se encuentra el edificio de la Universidad, uno de los ejemplos más característicos de la mezcla de culturas en la India. Fue diseñada con un claro estilo clásico europeo. Su arquitecto fue el mismo de la torre anterior, Sir George Gilbert Scott, quien también lo fue de la estación de St Pancras en Londres. Aún así, aunque tiene un estilo europeo muy marcado, también cuenta con elementos locales.

La universidad se compone de la Biblioteca y The convocation Hall, un salón de actos que recuerda a una iglesia neogótica.

Adentrándonos por la calle Gandhi Marg llegamos a la Sinagoga Knesset Eliyahoo. 

Hay una pequeña comunidad judía en la India que lucha por mantener sus tradiciones. Tras la formación del Estado de Israel en 1948, la mayoría de los judíos que residían en el país se marcharon a la Tierra Prometida.

La sinagoga se encuentra un tanto abandonada. Seguramente en su día destacaba la fachada celeste y blanca, hoy en día está desconchada y se pueden ver los daños que sufrió en 2008 cuando fue uno de los objetivos de los radicales islámicos que detonaron varias bombas en la ciudad.

Volviendo a la calle Mahatma Gandhi, de frente encontramos la Biblioteca David Sassoon.

Se construyó por orden de Albert Sassoon, hijo del filántropo judío David Sassoon, quien consideró que era buena idea una biblioteca en el centro de la ciudad. El edificio fue diseñado por los arquitectos J. Campbell y G. E. Gosling. Completada en 1870 está construida usando piedra amarilla, muy parecida a la del Watson’s Hotel o del próximo Elphinstone College, de estilo neo-románico.

En el siglo XIX Bombay era una ciudad comercial próspera y aunque los británicos no estaban a favor de facilitarles el acceso a la educación a los locales, en 1824 un colegio inglés creó la Bombay Native Education Society para estudiantes indios. Tres años más tarde se observó que se necesitaba una institución que continuara esta formación en niveles superiores, sin embargo, no sería hasta 1835 cuando se constituyera formalmente.

Las clases comenzaron un año después en el Ayuntamiento con dos profesores (Filosofía y Literatura) y en 1856 ya era una institución de renombre independiente del instituto. En 1857 surgió la Universidad de la ciudad y en 1860 quedaría adscrita a ella.

En principio el Elphinstone College iba a acoger a las élites británicas destinadas a dirigir la colonia, pero con el tiempo también aceptó a estudiantes locales (de alto nivel adquisitivo, claro) y allí han estudiado los indios más prestigiosos en distintas áreas. Fue clave para extender el modelo de educación anglosajona entre la élite de Bombay.

Esta institución recibe su nombre por el gobernador de Bombay, el Honorable Mountstuart Elphinstone, que fue responsable de la educación superior en la ciudad.

En la acera contraria se encuentra el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya, un nombre totalmente impronunciable que durante la época colonial se llamaba Museo del Príncipe de Gales.

Es un magnífico edificio colonial en estilo indo sarraceno, realizado por el mismo arquitecto que la Gateway of India, mezcla de elementos gujaratis con otros islámicos. Es el mejor y más grande museo de la India y abarca todo el arte Indio, con importante colecciones prehistóricas, medievales y modernas. Además es museo de Historia Natural y alberga colecciones de pintura occidental, artes decorativas, arte chino y japonés.

De momento lo pasaríamos de largo llegando al final de la calle Mahatma Gandhi que desemboca en la glorieta donde se erige la Fuente Wellington.

Fue construida en 1865 para conmemorar la visita del Duque de Wellington en 1801 y 1804 a la India. La fuente quedó dañada cuando las autoridades locales cubrieron la piedra de Portland con la que fue construida con una capa de pintura al óleo y esta se filtró a través de los poros de la piedra.

Hoy en día el área de la fuente sirve como aparcamiento.

Si continuamos por la calle  el Regal Cinema, de nuevo otro cine de estilo Art Decó. Construido por Framji Sidhwa, la primera película que se pasó fue Hermano del Diablo de Laurel y Hardy en 1933. La década de los 30 del siglo pasado fue una época dorada para el mundo del cine en Bombay y se abrieron varias salas de proyección por toda la ciudad.

Y a mano izquierda nos queda el Cuartel General de la Policía, bastante imponente y también de estilo colonial. Lo cierto es que la mayoría de los edificios de la zona son muy similares.

Pasada la glorieta nos adentramos en Colaba, el corazón del antiguo puerto de Bombay y que hoy en día es el barrio turístico por excelencia de la ciudad, de repente comenzamos a ver muchos restaurantes y locales de comida. Pero lo que realmente destaca en este barrio es su monumento más famoso: la Gateway of India.

Por motivos de seguridad, para acceder a la plaza en que se encuentra la Puerta de la India había una zona vallada con una carpa. En ella había habilitados dos controles, uno para hombres y otro para mujeres, en el que tuvimos que enseñar bolsos y mochilas. Aunque tampoco es que prestaran mucha atención, la verdad.

La plaza es bastante amplia y nos la encontramos con gran bullicio. Algo tampoco extraño en Bombay. Nada más cruzar el control se nos comenzaron a acercar fotógrafos que nos ofrecían sus servicios cámara en mano. Es el negocio de la plaza, además de los ferries. Al ser uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, obviamente está lleno de turistas, tanto indios como extranjeros (aunque poco occidental vimos), así que intentan echar el día. Van cargados con un álbum de fotos para que veas la calidad de su trabajo. Y, además de la cámara, también cargan con una pequeña impresora, por lo que te llevas el recuerdo en el momento.

Pero además de estos profesionales que venden sus servicios como fotógrafos, también se nos comenzó a acercar gente móvil en mano pidiendo fotos con nosotros (bueno, con algunos más que con otros). Y es que a los extranjeros nos observan con curiosidad y no se cortan en acercarse y entablar conversación. Al principio es un gran choque cultural, porque tienen otro concepto diferente al nuestro en cuanto a la invasión del espacio personal o a mirar fijamente a los desconocidos.

Pero volviendo a la puerta, esta construcción de 26 metros de altura, fue construida en 1924 en conmemoración de la visita del rey Jorge V de Inglaterra y la reina María el 2 de diciembre de 1911.

Se levantó en una zona estratégica, para que su silueta fuese lo primero que vieran los barcos desde el Mar Arábigo al aproximarse a la joya del Imperio Británico. Sin embargo, hoy se recuerda por ser el punto desde el que embarcaron los últimos representantes de la colonia en 1948.

Desde la puerta, se obtiene una buena panorámica del lujoso Taj Mahal Intercontinental Hotel.

Este hotel fue construido por un industrial parsi (el famoso Jamsetji Tata) después de que el Hotel Watson solo admitiera a blancos. Así pues, surgió como un símbolo de dignidad ante el colonialismo británico. Su apertura en 1903 propició la decadencia del Watson. Hoy en día sigue siendo uno de los hoteles de más renombre de Bombay.

Durante la I Guerra Mundial el hotel fue convertido en un hospital de 600 camas.

También es conocido, lamentablemente, por ser uno de los lugares atacados el 26 de noviembre de 2008 durante una cadena de atentados terroristas. Allí estaba Esperanza Aguirre. Y sus calcetines.

En uno de los laterales de la plaza hay habilitado un espacio para las palomas. A lo largo de nuestros viajes hemos visto en muchas ciudades carteles en los que se prohíbe alimentar a estas aves, sin embargo parece que en la India no solo no hay prohibición, sino que además se les habilitan zonas.

Salimos de la plaza y continuamos callejeando por el barrio de Colaba, donde comenzamos a prestar atención a los locales de comida, pues era hora de alimentarse y refrigerarse (aunque llevábamos con nosotros botellas de agua frescas).

En una calle paralela al hotel Taj Mahal encontramos el Leopold Café. Vimos que tenían una carta variada y allí que entramos. Previo cacheo, porque en la puerta había dos agentes de seguridad a los que había que enseñar bolso o mochila y que además nos pasaron un detector de metales. Parece que están muy concienciados con el tema de la seguridad.

Tenían una carta bastante extensa dividida en comida india, continental y china. En la india había una gran oferta de arroces y curry para combinar al gusto. Entre las opciones de la continental destacaban platos de pasta, algo de carne… podría decirse que era comida italiana. Y en la comida china había sopas, fideos y arroces fritos.

No sabíamos muy bien qué elegir, la verdad. Y al final cada uno nos decantamos por un plato diferente: arroz con curry, unos fideos chinos en sopa (no recuerdo su nombre), unos espirales con verdura y arroz frito con verduras. Además, para acompañar cogimos pan naan. Para beber unos se decantaron por coca cola, mi hermano y yo por un iced tea por aquello de evitar el gas. Pensamos que sería en lata, pero nos sirvieron, teníamos calor, bebimos por inercia… y al rato nos dimos cuenta de que era casero y tenía hielos. Algo que nos habían repetido por activa y por pasiva evitar. Afortunadamente no parece que nos sentara mal.

Como se puede ver en la imagen, los platos eran contundentes. Mi arroz con verduras estaba muy rico, pero al final no me lo comí yo sola. A priori el cuenco parace de un tamaño razonable para una ración, pero cuando te sirves en un plato llano ves que aquello no baja. Y es que además estaban servidos con colmo, bien a rebosar.

Comimos bastante bien y no nos pareció caro teniendo en cuenta que se trataba de un restaurante y no de un puesto callejero. La media de los platos rondaba las 250-300 rupias (unos 3.5€ – 4€).

Continuamos con nuestro recorrido adentrándonos en Nariman Point, una zona con poco atractivo. Es el distrito financiero de Bombay y el más importante del país. Recibe su nombre en honor a Khursheed Framji Nariman, un líder popular del congreso que propuso ganar estas tierras al mar en la década de los 40 del siglo pasado. 30 años más tarde se amplió más aún y se le comió más terreno al Mar de Arabia.

Fuimos callejeando entre rascacielos, hoteles y edificios de oficinas hasta llegar a la costa. Enseguida se nos hizo de noche, por lo que una vez frente al Estadio Brabourne de Cricket hicimos unas pocas fotos de la bahía y nos marchamos, pues olía a pescado muerto. Los locales no parecían notarlo, pues estaba el murete de Marine Drive lleno de gente sentada tranquilamente charlando y observando a la gente pasar.

Este concurrido paseo marítimo también es conocido como el Collar de la Reina, ya que cuando está iluminado al tener forma curvada, recuerda a este tipo de joya. O eso dicen.

A pesar de haber dormido por la mañana, lo cierto es que se notaba algo de cansancio de las horas que llevábamos en la calle (y al parecer unos 12 km según la fitbit). Este fue nuestro recorrido:

Además, ya se había ido el sol, por lo que poco más podíamos ver. Así pues, volvimos al hotel a darnos una ducha, repasar la planificación del día siguiente, cenar y dormir.

Vimos que en el hotel servían comida por un precio razonable, pues los platos costaban como en el Leopold Café, así que, en lugar de salir a cenar, bajamos a la zona de desayuno y cenamos allí. La carta no era tan amplia como en el restaurante, prácticamente todo era comida india. Pero había dónde elegir. Le preguntamos al camarero si tenían cerveza, pues no figuraba en la carta y nos comentó que nos la podía servir pero en una mesa que estuviéramos más resguardados y que nos la serviría en unas tazas blancas, como si fuera café. Imagino que el hotel no debía tener licencia para vender alcohol y nos la puso de tapadillo.

Para la comida nos dejamos asesorar por el camarero y elegimos de entrante pan naan, verduras rebozadas y queso rebozado. Como cortesía nos sirvieron unas tortas muy finas con sabor a pimienta que a mi hermano y a mí nos recordaron a la receta de sardinas en salsa que se hacen en casa.

Los rebozados no estaban mal, pero para mi gusto demasiada fritanga, al final no captas bien el sabor de lo que estás comiendo y todo sabe igual.

Como plato principal probamos suerte con un arroz con curry, arroz salteado de verduras de nuevo y unos fideos fritos.

De nuevo muy rico todo y unas raciones bastante abundantes.

Hicimos sobremesa cuadrando la ruta del día siguiente, y con la digestión a medio hacer nos subimos a descansar.