Día 4. Bombay. Khotachi Wadi y Malabar Hill

Comenzamos el día levantándonos pronto para intentar aprovechar al máximo las horas de luz. Si la tarde anterior nos habíamos dirigido al sur, este día lo íbamos a dedicar a la zona noroeste. Para ello comenzamos donde lo habíamos dejado la noche anterior, en el paseo marítimo de Marine Drive, aunque la verdad es que lo único que había en el recorrido era playa con agua sucia a un lado y edificios al otro.

A la altura de la estación de Charni Road nos adentramos hacia el barrio de Khotachi Wadi una zona considerada patrimonio por sus casas de estilo portugués. Este tipo de casas están construidas en madera y cuentan con una escalera externa para poder acceder a los pisos superiores. También tienen un patio trasero. La zona fue fundada a finales del siglo XVII y las casas han ido pasándose de generación en generación, por lo que la mayoría de los residentes son descendientes de los habitantes originarios. En origen había 65 casas, aunque hoy en día tan solo quedan 28.

En las calles principales se han ido sustituyendo este tipo de construcciones por bloques de pisos con muchas rejas y en los bajos locales comerciales.

Giramos en dirección a la Girgaon Road y nos encontramos con la St Teresa’s Church, una pequeña iglesia de ladrillo rojo y blanco. Salvo por la cruz y la inscripción en la fachada, el edificio podría ser cualquier otra cosa.

Continuando la calle llegamos a la estación Charni Road y a la costa, donde comienza la playa Chowpatty, que al parecer suele estar muy concurrida. No sé si era muy pronto, no era día de playa, o mes… pero el caso es que había poco movimiento. Tampoco es que el color del agua y el olor ambiente invitasen a adentrarse a un baño. Nada que ver con las aguas cristalinas de Seychelles.

Frente a la playa hay altos edificios de pisos y rascacielos, se ve que es una zona de cierto nivel adquisitivo. Aunque no quita que las fachadas tengan desconchones y se vea cierta dejadez en cuanto al mantenimiento.

Destaca el edificio del Wilson College, de estilo gótico victoriano construido en 1889. Es una de las universidades más antiguas del país, fundada en 1882. De hecho, es anterior a la Universidad de Bombay, aunque hoy está adscrita a ella.

Al final del paseo comienza una subida desde donde se puede observar la playa y los edificios de la zona sur al fondo. Sin embargo, no es una panorámica muy atractiva.

Y de nuevo volvimos a ver un recinto para alimentar palomas. Si ya de por sí era raro encontrarlo en medio de la plaza más turística de la ciudad, menos aún entendí que lo hubiera en la playa.

Continuamos por la colina de Malabar, el sitio más alto de Bombay a 50 metros sobre el nivel del mar. La zona es sobre todo residencial, y está habitada por gente pudiente como pueden ser estrellas de cine o funcionarios de Estado. El nombre de Malabar proviene del lugar de procedencia de los piratas que comenzaron a invadir la ciudad-

Subimos por la calle Walkeshwar hasta llegar a Banganga Tank.

Este estanque es uno de los lugares más antiguos de la ciudad. Su nombre viene de Ganges y de Baan (flecha). Según la leyenda, el Señor Ram, el héroe exiliado de la épica Ramayana, iba en busca de su esposa Sita, que había sido secuestrada. Cansado y sediento, paró en el lugar y le pidió a su hermano Lakshmana un poco de agua. Este disparó una flecha en la tierra y comenzó a brotar agua, creando un afluente del Ganges. Pero leyendas aparte, en realidad se construyó en 1127 por Lakshman Prabhu, un ministro de la corte de los reyes de la dinastía Silhara de Thane y fue reconstruido en 1715 gracias a un donativo.

La zona es como una pequeña Benarés/Varanasí, una ciudad sagrada a la que acuden los peregrinos a purificarse en las aguas del Ganges. A su semejanza, la gente puede bañarse en el estanque de 100 metros de largo por 40 de ancho por medio de los ghats, las escalinatas que lo rodean. Entiendo que es un tema espiritual, pero muy purificadora el agua no parecía, la verdad.

En las proximidades hay un montón de templos y lugares donde los fieles colocan ofrendas.

Pero si hay un templo que destaca es el Walkeshwar, dedicado a Shiva. Fue construido en 1127 y posteriormente destruido por los portugueses durante su regencia de la ciudad en el siglo XVI. Se reconstruyó en 1715 gracias a las donaciones del empresario y filántropo Rama Kamath.

Continuamos callejeando y nos adentramos por la zona residencial donde parecía ser el día de lavar los coches y de hacer la colada. Nos sorprendió observar la peculiar manera que tenían de tender la ropa.

Pasamos por la puerta del Templo Shri Adhishewarji Jain, un templo de rito jainista, una religión que surge en la India en el siglo VI a. C. Hoy en día es una religión minoritaria, pero ha influido en la sociedad y en la política del país, ya que tienen una larga tradición ilustrada siendo la comunidad religiosa con mayor grado de alfabetización del país.

El jainismo no rinde culto a ningún dios ni reconoce los textos sagrados hinduistas. Se basa en la creencia del karma y en la purificación del alma. Hay que salvar la vida de otros para salvar el alma propia. El jainista ha de realizar esfuerzos para madurar espiritualmente venciendo a sus enemigos interiores para llegar a un estado de liberación. Las mujeres además han de pasar un paso más, puesto que primero han de reencarnarse en hombre.

Los practicantes de esta religión llevan una dieta estricta. Con el principio de la no violencia y el respeto hacia los seres vivos no es de extrañar que sean vegetarianos, pero es que además no ingieren comida que pueda contener partículas de cuerpos de animales muertos o huevos. Tampoco los fermentados. Llegan incluso a filtrar el agua para no beberse ningún microorganismo. En cuanto a las plantas, aceptan comerlas por supervivencia, pero en ningún caso consumen tubérculos o cebollas porque se produce una violencia innecesaria al matar los bulbos. También están vetadas las raíces, como las zanahorias, porque se mata la planta por completo, ya que la raíz es donde se une a la tierra y de donde crece la planta. Pero las restricciones van más allá, y es que no comen más allá de la puesta del sol porque los insectos pueden ir a la luz y nunca sabes lo que te puede entrar en la boca cuando la abres para ingerir un alimento.

Para entrar en el templo también había un listado de prohibiciones bastante extenso en la puerta. Entiendo lo de descalzarse, o lo de entrar con ropa adecuada, es algo común en cualquier recinto sagrado. Aunque los jainistas lo de descalzarse es para evitar pisar insectos. Comprendo lo de no hacer fotos en según que lugares, no colocarse delante de tal o cual imagen o guardar silencio. Pero que no se permita el acceso al recinto a las mujeres si están con la regla, ahí ya estamos hablando de otro asunto, nos estamos saliendo de los ritos, el respeto y la espiritualidad. Al parecer esta prohibición subyace de la idea de que cada menstruación es el recordatorio de la muerte de un ser vivo (mátame, camión) y también de que la mujer es un ser sexualmente deseable (tardaba en salir la culpabilización de la mujer). Todavía sigo a la espera de descubrir una religión que no sea misógina. En fin, que como una va por el mundo abortando y provocando, pues no entró y solo lo vimos de pasada. Una pena, pues tenía una estética interesante y una curiosa ornamentación.

En fin, seguimos con nuestro recorrido hasta los Jardines Colgantes, también conocidos como Pherozeshah Mehta Gardens. Destacan por una colección de setos con formas de animales, aunque nosotros no vimos tales diseños, imagino que por la época del año que era. Quizás aún no habían crecido lo suficiente tras el invierno.

Se diseñó como un espacio de recreación para los habitantes de la ciudad y es frecuentado por familias con niños, por turistas que lo recorren tranquilamente y por gente que sale a hacer deporte.

En la puerta principal hay un panel que indica las normas de uso del parque, como por ejemplo que los corredores han de comenzar por la izquierda y seguir el sentido de las agujas del reloj y solo en el perímetro exterior, no en los caminos interiores; o que la gente que vaya paseando ha de hacerlo por el carril de la izquierda y dejar a los corredores el de la derecha. Asimismo, independientemente de si se camina o trota, no se puede ir más de dos personas juntas por sentido, para no bloquear el paso.

Muy cerca se encuentra el Kamala Nehru Park, un parque de un área de 370 metros cuadrados desde el que se observa la parte sur de la ciudad. Nosotros contiuamos bajando por la calle BG Kher, cerca de donde se encuentra la Torre del Silencio, unos edificios funerarios de los parsis. En esta religión se considera al cadáver un elemento impuro así que es llevado a estas torres para que sea consumido por los buitres y no contamine.

Al final de la calle llegamos a un cruce desde donde se podía ver la Antilia Ambani House, un extravagante rascacielos propiedad de Mukesh Ambani, Presidente de Reliance Industries y el hombre más rico de la India (y cuarto en el mundo). Yo no había oído hablar de esta construcción en mi vida, pero al parecer está considerada la segunda propiedad residencial más cara del mundo, tras el Palacio de Buckingham y la primera en el ámbito privado, ya que el palacio pertenece al gobierno británico. Está valorada en mil millones de dólares (o un billón según los estadounidenses) y en sus 173 metros de altura cuenta con 27 plantas en las que se pueden encontrar además de habitaciones, baños y cocinas varias piscinas, un estudio de yoga, uno de baile, una sala de baile, un teatro con capacidad para cincuenta personas, tres terrazas con jardines, un gimnasio y un spa. No puede faltar espacio para los coches de lujo, por lo que cuenta con un garaje de seis plantas y tres helipuertos. Ahí es nada.

Como el señor Ambani no nos iba a enseñar su casita (ni que nos interesara mucho tal ostentación, la verdad), continuamos bajando por la calle August Kranti Marg hasta llegar a la iglesia jesuita de St Stephen.

De nuevo otra iglesia que de no ser por el cristo, la inscripción y la cruz, pasaría desapercibida como un edificio cualquiera.

Allí tomamos la calle Bhulabhai Desai Marg pasando por el 1905 Prince’s Triumphalarch, que nos conducía a una zona muy animada con un mercado donde vendían comida, bebida, bolsos, frutos secos y unos coloridos mandalas.

En esta parte de la ciudad llegamos a un entramado de calles lleno de templos y lugares de ofrendas. Allí se encuentra el Templo Shree Swaminarayan, el templo hindú más antiguo de la ciudad dentro de la rama Swaminarayan. Su fachada blanca está muy elaborada y llena de detalles ornamentales. Tiene una terraza en la parte superior y hasta su inferior está decorado con pasajes coloridos.

Aún nos quedaba mucho por ver y se acercaba la hora de la comida. Continuará en la próxima entrada.