Día 4 II Parte. Bombay. Mahalakshmi y Chhatrapati Shivaji Terminus

Continuamos nuestro recorrido bajando por la misma calle por la que veníamos y nos dirigimos hacia Haji Ali Dargah, una mezquita de estilo indoislámico que se encuentra en una isla a 500 metros de la costa en medio de la bahía conectada por una pasarela de un kilómetro.

Se construyó en 1431 en honor al mercader Sayyed Peer Haji Ali Shah Bukhari, que había prometido todas sus posesiones antes de peregrinar a la Meca. Este hombre había pedido antes de morir que no le enterraran en un cementerio, sino que su mortaja se arrojara al océano. Una forma de cumplir con su deseo fue crear la tumba en la mezquita “flotante”.

En 1960 y 1964 se renovó y en 2008 se llevaron a cabo trabajos de mejora estructurales en los que se embelleció la mezquita con mármol de Makrana (de donde proviene el del Taj Majal). Aún así, el edificio se encuentra algo deteriorado y es que se ve afectado por el efecto de los vientos salinos. Estos erosionan poco a poco su estructura. También influye el impacto de los 80.000 visitantes que recibe a la semana.

El camino que lleva a la mezquita no es muy ancho ni da mucha seguridad. En primer lugar por la cantidad de gente que va y que viene y que tienes que esquivar. Pero es que además, se alternan en los laterales puestos de sombreros, bolsos, juguetes… Así que, por si fuera poco, se estrecha el espacio con los que se paran a mirar o a comprar… Y no hay vallas o protección en los extremos.

A medida que nos acercamos a la mezquita, además, hay bares que no solo aportan más calor al ambiente con sus cocinas, sino que añaden un olor a fritanga cargante. Si tenemos en cuenta que el agua no tiene muy buen color y que las orillas están llenas de basura, podemos decir que no se trata de un recorrido muy agradable.

Y si de lejos la mezquita no destaca enormemente, una vez nos acercamos a ella notamos cómo está de deteriorada.

Entrando por la puerta principal se llega a un patio de mármol que es donde se encuentra el santuario central. Como cualquier templo musulmán, hay zonas segregadas para hombres y para mujeres. Aunque ahora las mujeres pueden entrar al sanctum sanctorum por orden del Tribunal Supremo de Bombay.

Dimos un paseo por el atiborrado patio y nos volvimos, pues no nos llamó mucho la atención el conjunto arquitectónico.

Desde la mezquita nos dirigimos hacia Dhobi Ghat, las famosas lavanderías. Los dhobi wallahs surgieron en el siglo XIX para servir a las tropas y la población británica en la colonia. Una historia similar a la de los portadores de comida. Los trabajadores de este sector son miembros de una subcasta perteneciente a una de las cuatro principales. Tienen la fama de ser los mejores en su profesión y allí se lavan millones de camisas, pantalones, toallas, sábanas… a lo largo del día.

En Dhobi Ghat trabajan unas 10.000 personas divididas entre lavadores, planchadores y transportistas. El espacio está dividido en hileras de pilas de piedras, cada una de ellas con su piedra de flagelación. Es un sistema peculiar de lavado, por así decirlo. Se puede observar cómo trabajan desde una pasarela, aunque la hora que era parecía que ya tenían la jornada echada y estaban recogiendo, pues no había mucho ajetreo. Quedaba ropa tendida, pero se veía mucho tendedero vacío.

Ya iba siendo hora de comer y teníamos pensado ir al Spice Klub que no quedaba muy lejos. Es un local que habíamos conocido un vídeo en redes sociales en el que mostraban recetas de comida india con un toque moderno. Sin embargo, tras una caminata al sol, llegamos y había una gran cola para conseguir mesa. Debe estar muy de moda. Así que, después de esperar un cuarto de hora y ver que aquello no parecía moverse, decidimos probar suerte en el centro comercial que teníamos en la acera de enfrente, ya que tampoco es que hubiera mucho local más por la zona a aquellas horas.

Para entrar al centro comercial Fountain Phoenix Mall tuvimos que pasar un arco de seguridad y escanear mochilas y bolsos como si del aeropuerto se tratara. Estaba prácticamente vacío. Aunque, claro, no todos los habitantes de Bombay, ni mucho menos, tienen el nivel adquisitivo suficiente para poder comprar en él. De hecho, ni nosotros habríamos podido comprar en la mitad de las tiendas.

Buscamos una opción no muy pija donde comer y acabamos en #Social, un restaurante peculiar con los enchufes colgando para que puedas cargar el móvil, la carta enrollada en forma de tubo, servilletas a modo de papel higiénico y cubos para los cubiertos. Un local de estos modernos que proliferan por todo el mundo. La clientela era joven y en las pantallas de televisión pasaban partidos de cricket y fútbol de Australia (que no australiano).

Nuestro camarero nos preguntó nacionalidad y sobre nuestro viaje. Al saber que éramos españoles nos contó que había venido a España y había hecho un viaje en el que había pasado por varias ciudades, todas ellas de costa (Barcelona, Alicante, Málaga…).

Para comer no sabíamos muy bien que elegir, pues tienen una carta muy extensa en la que adaptan platos internacionales al modo indio. Decidimos probar un surtido para compartir entre los cuatro, aunque no tenían todo lo que queríamos, y hubo que cambiar algún plato.

En la foto sobre estas líneas tenemos (de izquierda a derecha y de arriba a abajo):

  1. Shawarma, Yo Mama: kebab con patatas, ensalada, pollo asado, mayonesa de ajo y hummus. Tú te lo montas y le añades los ingredientes que desees.
  2. BBQ Board: Un plato muy americano pero con sabor muy indio. Tenía costillas con salsa barbacoa, alitas de pollo con una salsa muy picante, salchichas, un par de patatas asadas y mazorca de maíz.
  3. Them Potato Skins: Patatas asadas con queso cheddar, y salsas varias (picantes, claro)
  4. Awesomosas: Somosas rellenas de champiñones servidas con dos salsas. La roja es sriraja chunda y la verde chutney de manzana verde.

Todo estaba bastante rico, aunque yo obvié la tabla de BBQ y las salsas de las somosas por mi intolerancia al picante. Lo acompañamos con cerveza local, la Kingfisher, que es bastante suave.

Acabamos bastante satisfechos con la comida, aunque hubo algún goloso que para rematar se pidió helado de chocolate, con brownie de chocolate, con chocolate fundido y sirope de chocolate por encima. Una auténtica bomba el Chocolate Blood Bath.

Y con el estómago lleno volvimos de nuevo al calor abandonando el centro comercial y su aire acondicionado. Volvimos hasta las lavanderías y tomamos la calle KK dirección a la estación de Byculla para volver a la zona de Fort.

Teníamos un total desconocimiento del sistema de trenes, de los tipos de billetes, de los precios… Yo llevaba en mi móvil un plano del tren y sabía que había unas tres líneas, pero poco más. Había unas máquinas naranjas en las que se podía comprar el billete, pero al parecer era necesario tener instalada una app y una especie de abono que recargar. Al final lo que hicimos fue ir a lo fácil. Vimos a un empleado sentado en un taburete junto a una de las máquinas así que nos dirigimos hacia él. Le enseñé el móvil y le señalé la impronunciable parada Chhatrapati Shivaji. Nos preguntó número de billetes y clase y los sacó en un momento. Le pagamos y listo.

Problema uno solucionado. Encontrar el andén tampoco fue complicado, lo divertido vino cuando tuvimos que subir. Y es que los trenes llevan las puertas abiertas y apenas se detienen. De esta forma, cuando está llegando a la estación, la gente comienza a bajarse en marcha y en el momento en que hay hueco, los del andén comienzan a subir. Así que lo que funciona es el método “sigue al local” o allá donde fueres, haz lo que vieres. Entramos sin percance e incluso nos sentamos.

Nuestro recorrido y el de la línea terminaban en la Chhatrapati Shivaji Terminus, la estación principal y céntrica de Bombay. La mayoría de los trenes del país paran aquí.

Este edificio de estilo gótico se construyó en 1878 para albergar la sede de la Great Indian Peninsular Railway. El ferrocarril se había convertido en el siglo XIX en el símbolo del progreso y en el mundo se comenzaron a erigir magníficas estaciones que superaban en belleza a iglesias, catedrales o palacios. El Imperio Británico no quiso ser menos y quería mostrar con esta estación su modernidad, esplendor y poderío.

En 1887 fue bautizada como Estación Victoria en honor a la reina inglesa. Mantuvo el nombre hasta 1996 que se cambió por el actual, mucho más difícil de pronunciar.

Tanto por fuera como por dentro es una auténtica maravilla arquitectónica con multitud de detalles ornamentales. Está inspirado en la arquitectura veneciana del cuatroccento, aunque mezcla elementos de la arquitectura india, como su cúpula y torres. También en la piedra combina varios estilos. Por un lado piedra de basalto amarilla de la India, y por otro, mármol italiano y granito pulido.

El edificio mantiene su estructura original con muchos detalles decorativos. Destacan las gárgolas, que incluyen motivos que hacen alusión a las castas del país. También se pueden ver medallones con personalidades importantes, como los 10 bustos de los directores de la compañía ferroviaria.

En la puerta principal nos reciben dos columnas coronadas por un león, que representa a Gran Bretaña, y un tigre que simboliza a La India.

Frente a la estación se encuentra el Ayuntamiento. El edificio, de estilo muy similar a la terminal de trenes, es el Brihanmumbai Municipal Corporation Building, también conocido como BMC.

Se construyó entre 1884 y 1893 por orden del virrey Lord Ripon. Cuenta con una torre neogótica de 77 metros de altura. En su cúpula se erige una escultura alada y figura la inscripción prima urbis en Indis (primera ciudad de la India). En los últimos años pasó por labores de renovación y se repararon estatuas, se cambiaron azulejos rotos y se arreglaron los jardines. Además, se ha modernizado el edificio para que sea más eficiente. Por otro lado, se abrió un centro de atención al ciudadano, nuevas oficinas en la planta principal y se amplió el Corporation Hall para que se ganara en capacidad.

Desde allí emprendimos el regreso al hotel, aunque la zona estaba muy animada y había que hacerse paso entre un mercadillo. Había puestos improvisados de ropa sobre todo. Mucho vaquero y camisa de todo tipo y color.

Decidimos repetir el plan de la noche anterior: ducha, bajar a cenar y planificar ruta del próximo día. Teniendo en cuenta cómo nos había ido con la cena en el hotel, nos era mucho más cómodo quedarnos que salir y buscar un nuevo sitio. Así pues, nos duchamos, nos pusimos cómodos y bajamos a cenar.

La verdad es que no variamos mucho. Un curry diferente, otro tipo de fideos y arroz y omitimos los entrantes porque ya sabíamos que los platos eran contundentes. Lo acompañamos con pan naan y la cerveza, que el camarero ya nos estaba esperando con ella preparada.

Tras la cena, repasamos y reorganizamos el día siguiente, que se esperaba cargadito y nos subimos a descansar.

Este había sido nuestro día:

4 comentarios en “Día 4 II Parte. Bombay. Mahalakshmi y Chhatrapati Shivaji Terminus

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