Día 7. Rumbo a Seychelles

Amanecimos a una hora indecente, recogimos los pocos trastos que teníamos y bajamos a recepción a por nuestro taxi. Ya habíamos cerrado la cuenta del hotel la noche anterior, por lo que carretera y manta.

El trayecto hasta el aeropuerto fue corto, yo creo que tardamos menos que el día que llegamos. Y allí estábamos, a una hora intempestiva frente a un modernísimo aeropuerto en el que hay que pasar un control antes de entrar siquiera al vestíbulo donde se encuentran los mostradores. Y ya empezamos el día con mal pie.

Llegamos a la puerta y el militar/policía/señor de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Indio nos pidió nuestro billete de avión. Algo que no teníamos porque Air Seychelles no emite billetes electrónicos. Bueno, pues sin tarjeta de embarque no nos dejaba entrar en el aeropuerto en sí. Yo, que soy una maniática del orden y del control, siempre llevo los documentos de un viaje en formato papel y digital, además de tenerlo en la nube (google drive) y en el correo electrónico. Así que en medio de la estupefacción busqué entre mis papeles y le enseñé el itinerario del viaje que Air Seychelles me había mandado al correo cuando hicimos la reserva.

Después de poner caras, gesticulaciones indias, hablar con el compañero repantigado en una silla, nos miró y nos dijo que podíamos pasar, pero solo nosotros dos; mi hermano y su novia como tenían sus documentos en el correo y no tenían conexión a internet (la WiFi del aeropuerto solo funcionaba con SMS a un número de teléfono indio), no podían pasar. Además, el señor no atendía a ningún planteamiento u opción. Ni mirar el correo en otro dispositivo con conexión, ni acompañarles al mostrador de Air Seychelles, que estaba justo frente a la puerta de acceso. De hecho se quedó allí plantado y ni nos hablaba. Simplemente nos miraba altivamente de vez en cuando.

En ese momento te pueden los nervios y la indignación. Afortunadamente, dado que nosotros dos sí que podíamos pasar, cogimos sus pasaportes y nos dirigimos al mostrador. Allí le conté al azafato de Air Seychelles nuestro problema y en un momento me sacó su itinerario de viaje. Así que volvimos con ellos para que se lo enseñaran al “amable” portero, quien finalmente les permitió la entrada.

Lección aprendida: mejor lleva siempre tus documentos en varios formatos.

Pero la cosa no quedó ahí. Mientras que el azafato que me había dado los itinerarios había sido correcto, por contra el de facturación fue un tanto borde. Nos preguntó que cuántos bultos llevábamos para facturar y al decirle que ninguno, que era todo de mano, nos miró y remiró. Los que llevábamos bolso y mochila le parecimos aptos, pero quienes llevaban mochila y maleta de mano, no. Así que les pidió que las pesaran puesto que el máximo permitido eran 7Kg. Como se pasaban, tuvieron que facturar las maletas.

Sorprendidos dijimos “Uy, pues si vinimos tal cual en el vuelo de ida y no tuvimos problema” y su respuesta fue un cortante “Bueno, pues ahora lo tenéis”. Que sí, es la norma de la aerolínea y teníamos una maleta de 23Kg permitida con el billete, así que no había afán recaudatorio, pero nos sorprendió la diferencia de criterio en la ida y la vuelta. Aparte de que probablemente los de bolso y mochila llevábamos fácilmente el mismo peso. En fin, no era muy grave, pues en Mahé tampoco nos iba a retrasar mucho esperar en la cinta a la recogida, pero íbamos con los nervios a flor de piel de la tensión en la puerta y nos caldeó un poquito más el ánimo porque además tuvieron que reorganizar equipaje.

Lección aprendida 2: la combinación bolso (incluso grande) + mochila canta menos que mochila + maleta.

En fin, con las maletas facturadas y nuestras tarjetas de embarque en mano, nos dirigimos al control de seguridad. Un control que está segregado por sexo y en el que además de escanear tus pertenencias, has de pasar por un reservado con cortinilla a que una policía te cachee y te pase un detector de metales. Y mientras esperas tienes que estar pendiente de que no se te cuelen, porque la fila en la India es otro concepto. Como dejes la distancia de seguridad y no te pegues al de delante, ya se te han colado. Después del control teníamos que darle el pasaporte a otro policía que estaba con un libro de actas donde anotaba los datos de los pasajeros y por fin éramos libres.

Bueno, eso nosotras, porque ellos tenían que esperar el triple, ya que había muchos más hombres que mujeres. Así que nos tocó esperarles. Y cuando parece que pasan el arco y van a recoger sus pertenencias, les retienen. ¿Qué más podría pasar? Pues que hay aeropuertos (todos los que habíamos frecuentado hasta la fecha) en los que te dejan pasar con un mechero, en Bombay parece que no. Y menos con tres. Y que una máquina para la apnea es un aparato electrónico con un amasijo de cables y una mascarilla y en un escáner parece llamar la atención si no la has visto nunca.

Lección aprendida 3: evita llevar mecheros.

Por fin juntos los cuatro y ya habiendo pasado más pruebas que Hércules, estábamos en la zona de embarque. Buscamos nuestra puerta y nos sentamos a esperar, que aún nos faltaba una hora para el despegue.

El vuelo fue tranquilo, nos dieron de cenar y nos echamos una siesta. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos de nuevo en Mahé bajando la escalerilla del avión.

Una vez en la terminal fue un poco caótico, puesto que no nos habían repartido la hoja de inmigración durante el vuelo.

Se les debía haber olvidado incluirlas en el avión, porque hubo una chica alemana que las pidió antes de bajar y la tripulación avisó de que los que necesitásemos el documento esperáramos un momento sentados. Sin embargo, a los cinco minutos nos dijeron que nos las darían en tierra. Y así fue, al desembarcar había personal de tierra repartiéndolas y tuvimos que rellenarlas en un pequeño hall que hay antes de los mostradores. Pero se aproximaba otro vuelo y comenzaron a meternos prisa para que no nos juntásemos los pasajeros de dos aviones. Por suerte el proceso en inmigración fue ágil y ya con nuestro sello en el pasaporte salimos a por las maletas facturadas.

De nuevo en Seychelles y amenazaba tormenta. ¿Mejoraría el día? Porque no habíamos empezado con muy buen pie en Bombay.

6 comentarios en “Día 7. Rumbo a Seychelles

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