Día 7 II Parte. Seychelles. Mahé: Costa Noroeste y Parque Nacional Morne Seychellois

Tras recoger las maletas y vestirnos algo más acorde al clima de las Seychelles, fuimos en busca de nuestro coche de alquiler. Esta vez no nos esperaban con un cartel con mi nombre, ya nos conocía el chico de nuestra anterior escala. Completamos de nuevo la documentación, pagamos y nos entregó el coche, que estaba rotulado con el nombre de otra empresa.

El día estaba gris y se agradecía que la temperatura fuera inferior a la de una semana antes. Aún así, como amenazaba tormenta, rápidamente nos pusimos en marcha para intentar aprovechar al máximo. Nos quedaba la costa Noroeste de la isla, y, como teníamos tiempo, tomamos la carretera de la costa dirección sur, por si nos apetecía parar de camino en algún claro que se nos hubiera escapado la vez anterior.

Continuamos más allá que la vez anterior y a medida que íbamos subiendo por la costa noroeste el paisaje cambiaba. Todo era más verde (aún), y eso es señal de que nos aproximábamos al Parque Nacional Morne Seychellois.

Este parque ocupa el 20% de la isla (unos 30 Km²) y fue declarado Parque Nacional en 1979. En él se encuentran todas las plantas y aves endémicas de Mahé, así como la mayoría de los reptiles. También destaca el pico más alto del país, el Morne Seychellois de 905 metros.

Se pueden hacer caminatas por el parque, ya que cuenta con una red de senderos de más de 15 kilómetros. Una pena que amenazara lluvia, ya que el ambiente era excepcional con una naturaleza tan verde y espesa. Parecía mentira que tuviéramos las playas paradisíacas tan cerca y a la vez esta selva. Pero si se tiene la oportunidad, no todo son playas en Seychelles, se pueden hacer rutas de distintas exigencias y duración, algunas de medio día, otras de una jornada entera.

Tomando la carretera Sans Soucis llegamos a las ruinas de The Mission/Mission Lodge.

Venn’s Town, también conocido como Mission, era un asentamiento donde el Reverendo William Chancellor fundó en 1875 un orfanato para los hijos de los esclavos liberados por la Armada Británica. Los estudios consistían en la lectura de la Biblia y cantos de los salmos. También se enseñaba a los escolares el trabajo de la madera y del tratamiento del té y café. A la edad de 16 años podían abandonar la institución.

The Mission acomodaba hasta a 50 chavales. El recinto principal consistía en una cabaña grande y espaciosa con dos dormitorios, algunos almacenes, cocinas, baños y una docena de chozas para los trabajadores que labraban los 50 acres de tierra.

The Mission cerró oficialmente en 1889 cuando los alumnos comenzaron a estudiar en los nuevos colegios de Victoria.

En la misma carretera encontramos también el Morne Blanc View Point, desde donde se puede disfrutar de unas buenas vistas de la bahía de Mahé, de las montañas y del parque. Y de las nubes que nos acompañaban.

De vuelta paramos en Tea Factory, la plantación y fábrica de té.

En esta ella se elabora té de citronela, naranja, menta y vainilla. Es una manera interesante de conocer el legado del colonialismo británico del siglo XIX y el proceso del té. Nos acerca a la historia y cultura de las Seychelles. Pasamos al pequeño museo, que tiene expuestos diferentes logos, cajas y juegos de té.

Más allá, adentrándonos en pasillos pudimos ver a las trabajadoras con la maquinaria cómo lo procesaban y envasaban.

También hay una pequeña tienda donde se pueden comprar las diferentes variedades. Por supuesto, aprovechamos para llevarnos tanto para nosotros, como para hacer algún regalo. Sobra decir que han triunfado por su sabor. Nada que ver con los tes de bolsitas que puedes comprar en el supermercado.

La lluvia era intermitente y veíamos que esta vez no íbamos a poder bañarnos, así que decidimos cruzar la isla hacia Beau Vallon y buscar allí algún sitio donde comer tranquilamente. Después de un paseo por la zona, al final acabamos de nuevo en el mismo restaurante. Habíamos comido bien, así que, ¿por qué no repetir? Eso sí, teniendo en cuenta cómo eran los platos, esta vez elegimos dos para compartir.

Por un lado, unos calamares a la romana, que venían acompañados de patatas y ensalada. Y por otro, un plato que incluía atún, gambas, mejillones, sepia y pulpo. Todo ello bañado de una salsa típica criolla y con ensalada y arroz como acompañamiento. Estaba todo riquísimo y no quedó nada en los platos.

Después de comer se puso de nuevo a llover, por lo que tomamos rumbo a Victoria a ver si por allí estaba la zona más despejada. Recorrimos de nuevo la pequeña capital, callejeando tranquilamente, pues teníamos tiempo de sobra y la temperatura era menos agobiante.

Volvimos al Slewyn-Clarke Market, pues habíamos visto un puesto en el que vendían imanes y artesanía con cocos. Pensamos que sería un buen lugar para comprar algún detalle, pero lo cierto es que no nos terminó de convencer. Yo me llegué a plantear el comprar alguna especia o canela, que eran unas barritas bien grandes, pero después de la experiencia en el aeropuerto de Bombay, no queríamos más incidentes por llevar alguna especia que pudiera resultar sospechosa.

Continuamos con nuestro paseo y al final acabamos encontrando una tiendecita que tenía ropa y también souvenirs, así que aprovechamos para hacer las últimas compras.

Puesto que aún nos quedaban unas horas para tomar el avión, volvimos a la carretera de nuevo hacia el suroeste para buscar una cala donde sentarnos un rato a disfrutar de la paz y descansar de tanto patear de los días anteriores. Acabamos en una playa sentados sobre unos troncos observando el panorama y cuando nos cansamos, volvimos al aeropuerto.

Esta visita había sido más relajada. En parte por el clima, en parte por haber visto ya parte de la isla en la primera escala. Aunque también influyó bastante el cansancio acumulado y el venir de una ciudad tan caótica como Bombay. Creo que el cuerpo nos demandaba otro ritmo y nos vino bien relajar un poco para recargar pilas para París.

4 comentarios en “Día 7 II Parte. Seychelles. Mahé: Costa Noroeste y Parque Nacional Morne Seychellois

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