Conclusiones sobre nuestra breve visita a las Seychelles

A 1.600 kilómetros de la costa de África, estas 115 prístinas islas en medio del Océano Índico que conforman el Archipiélago de las Seychelles son un auténtico recreo para la vista, un santuario de la naturaleza que esconde multitud de tesoros. Este aislamiento en que se encuentran las Seychelles ha favorecido la preservación de una diversidad ecológica única manteniendo a salvo la más exótica flora y fauna. El resultado es una naturaleza pura, auténtica, sin contaminar.

Apenas hemos pasado 24 horas (útiles) en la isla de Mahé, pero podemos decir que Seychelles es mucho más que un destino turístico de resort en el que no hay más que hacer que descansar en sus preciosas playas de aguas cristalinas con sol todo el año. Sí, es un lugar aislado, tranquilo que no tiene nada que ver con el frenético ritmo que podamos tener por ejemplo en Madrid; pero también es un lugar ideal para los amantes del verde y de los deportes acuáticos.

La isla de Mahé, descubierta en 1742, y bautizada como “La Isla de la Abundancia” es un paraíso verde y salvaje. En el norte se concentra la mayoría de población y del turismo, pero también es donde encontramos el Parque Natural Morne Seychellois.

Victoria, su capital, es una pequeña barriada que se recorre cómodamente a pie. Son visitas obligadas el mercado y sus calles aledañas. Es lo que más nos va a acercar a conocer el crisol de culturas Seychellois.

Victoria muestra una gran diversidad que se ve reflejada paseando por sus calles. Encontramos muy próximas una catedral católica, una anglicana, una iglesia adventista del séptimo día, una mezquita y hasta un templo hindú.

La costa este de Mahé forma la espina dorsal de la isla. En el centro se encuentra el aeropuerto, y frente a Victoria, encontramos el Parque Marino de Sainte Anne, que consta de seis islitas. Se pueden realizar excursiones para ver los arrecifes de coral, tortugas o practicar snorkel. Los mejores meses para el buceo son los que transcurren entre marzo y junio, aunque se puede realizar durante todo el año. El paisaje subacuático es rico, con más de 800 especies diferentes.

Para recorrer Mahé nosotros alquilamos un coche y nos ha permitido una gran movilidad que de otra forma no habríamos tenido en tan poco tiempo. Hay muchas compañías de alquiler, desde las multinacionales a las locales. Nosotros contratamos con Alpha, una local, y la verdad es que con buen resultado. No todas están en el aeropuerto, pero ofrecen la posibilidad de llevarte el coche a la terminal o a tu alojamiento. Casi todas ofertan el mismo tipo de coches, los más comunes son los Hyundai i10 y los Kia Picanto, que se adaptan a las condiciones de las carreteras de la isla.

Y es que solo hay un corto tramo de autopista, que es el que va del aeropuerto hasta Victoria. El resto son carreteras estrechas. Muchas veces esta estrechez viene condicionada por falta de espacio, ya que a un lado está el mar y al otro la montaña, por lo que se ha hecho lo que se ha podido. Pero también es verdad que dada la población del país y el parque automovilístico no necesitan más, así que para qué cargarse el precioso entorno. Generalmente caben dos coches, pero cuando no, viene a ser el mismo caso que nos encontramos en Escocia. Cuando se cruza un vehículo por cada sentido, uno se aparta y listo. Aunque hemos observado que en muchas ocasiones se aproximan a la línea central para así marcar su territorio y evitar invasión de carril del que viene de frente. De esta forma evitan tenerse que pegar a la izquierda para ganar espacio.

Y es que no hay apartaderos o arcén para ello (ay, aquellos passing places), así que hay que buscarse las mañas. Es más, en algunos lugares hay unas zanjas en los lados de la calzada para canalizar el agua de las lluvias, así que hay que tener mucho cuidado con no acabar con la rueda metida. Esta falta de arcenes también influye cuando los locales paran en cualquier lugar y sin previo aviso, para que suban o bajen pasajeros. Sobre todo ocurre con las pick-ups. O cuando te encuentras con peatones andando por el borde de la calzada. Y es que como no hay núcleos urbanos como tal y las casas quedan desperdigadas por la isla, pues no les queda otro remedio que andar por donde pueden desde la parada del bus hasta sus domicilios. Incluso ocurre de noche, sin prendas reflectantes, ni linternas, ni nada. Y las carreteras no están muy iluminadas que digamos.

Volviendo a las conexiones, se puede recorrer la costa de Mahé prácticamente en su totalidad y llegar a la mayoría de las playas. Para acortar se puede cruzar la parte norte lateralmente de una costa a otra, pero estas carreteras atraviesan la montaña, así pues nos encontramos con curvas (algunas muy pronunciadas), subidas y bajadas. Puede verse como un inconveniente por la precaución en la conducción; o como una ventaja, ya que atraviesas túneles de vegetación y el recorrido es impresionante.

Hay pocos tramos en los que esté permitido adelantar. Aunque al Seychellois no parece molestarle la línea continua cuando tiene algún vehículo lento delante.

Por todo ello es por lo que los límites de velocidad no son altos. Perfecto para los que estamos acostumbrados a la circulación por la derecha.

El mejor consejo es lógica pura: prudencia, tomárselo con calma y observar el entorno. Ritmo local. ¡Que además, estamos de vacaciones! Hay que disfrutar.

Al aparcar hay que tener dos precauciones. Por un lado en ciudad, es decir, en Victoria, los aparcamientos son de pago. Hay que comprar los tickets en correos o algunas tiendas y ponerlos en el salpicadero. No van por horas o minutos, sino por media jornada o completa. Y por otro, ojo con dejar el coche a la sombra bajo un cocotero. Te arriesgas a que un coco le caiga encima causando abolladuras o roturas de parabrisas. Una caída desde 30 metros de altura puede causar daños al vehículo. Bueno, también es aplicable para humanos.

Otro punto a tener en cuenta es que las gasolineras suelen cerrar al anochecer (las pocas que hay en la isla). Si has de devolver el tanque lleno en la oficina de alquiler, mejor no apurar.

Pero si no quieres alquilar coche, puedes recurrir al transporte local. Con los autobuses de la SPTC (Seychelles Public Transport Corporation) se puede llegar sin problema a las playas de la Costa Este, porque están al lado de la carretera, aunque para el Suroeste es algo más complicado.

Funcionan de 5:30 a 19:00 de la tarde entre semana y con una frecuencia de 20-30 minutos. Eso sí, dado que la mayoría de la población no tiene coche, es recomendable evitar las horas puntas de entrada y salida de los colegios/trabajos. Las paradas más importantes tienen marquesina, pero en la mayoría de los casos están simplemente pintadas en el suelo.

En Seychelles los horarios son tempraneros. Se desayuna sobre las 7 de la mañana (nosotros en el avión), se come sobre las 12:30-13:30 y se cena al anochecer, sobre las 7:30, siendo la comida fuerte del día.

Entre las comidas locales encontramos sobre todo pescado, arroz y especias.

Y entre la fruta mil variedades de lo más exótico, desde papaya, mango, fruta de la pasión hasta los típicos cocos (para comer o beber) o minibananas propias del lugar.

Las famosas bebidas locales son el bacca, hecho de ron de caña y piña; el calou, que es un licor de palma; y la piree, que tiene algo menos de alcohol. Sin embargo, el más conocido es el Coco d´Amour, una bebida a base de leche de coco.

Existe la opción de comer en un bar/restaurante en la costa, en algún local de la ciudad, o comprar en take-aways y llevarte la comida a un lugar donde saborearla tranquilamente. Por ejemplo, a una de las fantásticas y tranquilas playas.

Mahé tiene unas 65, denominadas Anses. En total habremos visitado como unas 20. Por supuesto no nos hemos bañado en todas, algunas fueron breves paradas, otras apenas podíamos acceder por las mareas. Y es que es algo que hay que tener en cuenta de lo que queramos hacer. No es lo mismo ir a sentarse en la arena a observar, que bañarse, que hacer snorkel. Si hay pleamar, en muchos casos apenas existe la playa como tal; y, en otros, la bajamar es tal, que tienes un gran paseo hasta el agua y más allá para que llegue a cubrirte.

También es importante informarse sobre los vientos dominantes, ya que nos darán una idea del estado de las aguas. Si estarán tranquilas y cristalinas; o, por el contrario, revueltas y con grandes olas. Si lo que buscamos es esto último para hacer surf, es recomendable buscar las playas del Oeste. Por supuesto, para disfrutar de un buen atardecer, también habrá que buscar la costa occidental. Y más concretamente las del suroeste. Lo único que también es la zona más desconectada y volver desde allí a la ciudad (o al aeropuerto en nuestro caso) lleva su tiempo por carreteras estrechas y oscuras.

Las Seychelles son un lugar paradisíaco donde se encuentra tranquilidad y sencillez. Donde se puede disfrutar de un ritmo reposado, dar paseos por las finas y blancas playas dejando que la arena masajee nuestros pies descalzos mientras bebemos agua de coco o saboreamos una dulce fruta tropical. A nuestro alrededor tendremos las aguas cristalinas bañadas por un sol brillante que contrastarán con las formaciones rocosas y los arrecifes de coral.

También podemos ser más activos y realizar una caminata por algún sendero, subir hasta un mirador o bucear en busca de una valiosa vida marina. Tenemos un gran abanico de posibilidades en cuanto al ocio se refiere.

Pero si hay algo que no nos podemos perder es un épico atardecer que nos muestra una paleta de colores inimaginable.

¡Orevwar, Seychelles!

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