Día 7 III Parte. Rumbo a París

Comenzamos 2018, pero aún queda mucha tela que cortar de 2017. Nos habíamos quedado en el aeropuerto de Mahé. Volvíamos a Europa. El vuelo a París no fue tan cómodo como la ida, ya que esta vez no contábamos con asientos en la primera fila. Eso sí, nos volvieron a repartir un nuevo kit con calcetines, antifaz, pasta y cepillo de dientes y tapones. Y teníamos mantita y almohada, así que, como había cansancio, conseguimos dormir algo. Las películas seguían siendo las mismas de la vez anterior, por lo que cuando no estaba echando alguna cabezada, estaba leyendo. O comiendo, ya que al poco de despegar nos sirvieron la cena.

Tuve la sensación de que Air Seychelles no tiene mucha variedad de menú. Aunque pensándolo más a fondo, en realidad la comida de avión (versión turista, claro) es siempre la misma: pollo, pescado o pasta. Así que la versión vegetariana, menos complicación aún.

Esta vez la ensalada era de garbanzos, que estaba bastante rica y bien aliñada. El plato principal constaba de arroz, espinacas, una especie de estofado de patatas y algo que no sé muy bien qué era. Quizá como una especie de pisto. Aunque estaba bastante condimentada, no estaba tan picante como la comida India, por lo que pude comer sin sufrir. De postre, fruta, en concreto una macedonia de melón, piña y sandía.

Para el desayuno más fruta (la misma, de hecho).

Desde luego es mejor opción que el croasán típico con mantequilla y yogur, y más después de días sin comer mucha fruta, que es de lo primero que echo de menos en los viajes. Sin embargo, ese desayuno se queda escaso, sobre todo porque además la sandía, piña y melón prácticamente son todo agua. Así que para la hidratación muy bien, pero para saciar, falta algo más.

Tras el desembarque pasamos por inmigración, aunque siendo ciudadanos europeos fue mucho más rápido que en la India o Seychelles, ya que no había que rellenar documento alguno ni hacerse fotos o toma de huellas dactilares. Tan solo pasar por la garita donde se encuentran los gendarmes. También estaba la opción automática escaneando el pasaporte digital, pero parece que solo funcionaba para los franceses.

Tras el control, nos dirigimos a la salida, ya que en el aeropuerto de Mahé, al contrario que en el de Bombay, no nos pusieron pegas con las maletas, así que no había que pasar por cinta.

Ya en la terminal buscamos las indicaciones del RER, que era el transporte que íbamos a tomar para ir a la ciudad, y porque en el vestíbulo es donde encontraríamos la oficina para sacarnos la tarjeta Navigo.

Había leído en algún foro y blog que había gente que tuvo problema con la expedición de la tarjeta, ya que les ponían pegas por no ser franceses arguyendo que era solo para locales. Yo le enseñé al señor un pantallazo de la web y le dije que quería cuatro tarjetas de ese tipo. Y en un momento nos las tramitó. Pegó las fotos, rellenamos nuestro nombre y apellidos, pagamos y listo. Además, como era tan pronto, la oficina estaba vacía, por lo que fue casi entrar y salir.

Con nuestras tarjetas ya activadas buscamos el andén donde tomaríamos el tren hasta la Gare du Nord. Y es que, dado que no tendríamos las llaves del apartamento hasta las 2 de la tarde, habíamos planificado ver Montmartre mientras tanto. Pero para ir más ligeros, consideramos la opción de dejar los bultos en unas taquillas de la estación. No había que desviarse mucho y nos facilitaría el paseo.

Nos costó encontrarlas, porque nosotros llegamos en cercanías, una zona que parece un centro comercial (de hecho aprovechamos para comprarnos un café y un bollo). Sin embargo, las taquillas se encuentran en el piso inferior a la salida de los de largo recorrido.

Había casilleros de tres tamaños con tres precios diferentes, creo recordar que 5€, 7€ y 9€ por 24 horas. Como íbamos a dejar 5 bultos (dos maletas de mano y tres mochilas) elegimos una grande. Y más ligeros de peso volvimos al cercanías dirección Montmartre a comenzar nuestra visita a París.