Datos sobre Francia

Aunque París es una de las ciudades más conocidas del mundo – no en vano es el destino turístico más popular del mundo- y la situamos en el mapa con rapidez, vamos a conocer un poco más sobre su historia (y sobre Francia).

Se cree que el nombre de París viene de los parisios, un pueblo galo que fundó la ciudad entre el 250 a. C. y 200 a. C. No se sabe exactamente dónde se asentaron, aunque hay varios indicios que llevan a pensar que fue en la Île de la Cité gracias a la situación estratégica de la misma al encontrarse protegida por el Sena.

Después pasaron por ella diversos pueblos. En el 52 a. C. llegaron los romanos y comenzaron una expansión a ambas márgenes del Sena. También le cambiaron el nombre, pasándose a ser conocida como Lutetia. Y bajo dominio romano permaneció hasta la llegada de los pueblos germanos. En el año 508 el rey franco Clodoveo I la hizo su capital y se instaló en ella. Más tarde, en el siglo IX llegaron los vikingos. En esta época se levantaron murallas de protección en la margen derecha del río. La de la izquierda, sin embargo, quedó destruida por los normandos en 885. En 987 Hugo Capeto, príncipe de los francos, subió al trono de Francia.

Poco a poco la ciudad fue ganando importancia y el Sena se convirtió en la principal vía comercial de la zona. Pero es ya en época de Felipe Augusto, entre 1190 y 1220, cuando se erigió como capital del reino. Dada su importancia, se decidió construir una nueva muralla que protegiera más terreno. Y más tarde, en el siglo XIV, Carlos V volvió a levantar una nueva. Luis XIII la extendió sobre la orilla derecha y su sucesor Luis XIV la tiró abajo para dejar lugar a los grandes bulevares.

En la Edad Media París se había convertido en centro religioso y cultural y llegaron muchos eruditos del continente atraidos por la Universidad de la Soborna. En el Renacimiento y la Ilustración siguió con su importancia, siendo un punto de referencia en lo socioeconómico. La población fue creciendo llegando a posicionarse como la segunda ciudad con más habitantes tras Constantinopla.

El 14 de julio de 1789 la toma de la Bastilla, símbolo de la autoridad de la monarquía, supuso el fin del Antiguo Régimen y dio inicio a la Revolución Francesa. Paralelamente Luis XVI tenía enfrentada a la nobleza, que se negaba a financiar sus planes mediante el pago de impuestos; y tenía que hacer frente a la rebelión parlamentaria que aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que promovía el fin del absolutismo y de los privilegios de la nobleza. La insurrección del pueblo parisino se expandió a todo el país, muchos nobles se exiliaron y el rey fue depuesto y posteriormente decapitado en 1793.

En 1804 Napoleón I se proclamó Emperador de Francia en la Catedral Notre Dame y durante una década se dedicó a conquistar Europa: le disputó el Canal de la Mancha a los Británicos, invadió Austria, España, conquistó el reino de Nápoles, derrotó al ejército prusiano, ocupó España y Portugal, incorporó territorios del norte de Alemania y el reino de Holanda. Y cuando quiso invadir los Países Bajos, se vio derrotado en Waterloo, Bélgica. En 1815 se firmó el Congreso de Viena por el que se redefinieron las fronteras de la nueva Europa y en Francia se reinstauró la monarquía de la mano de Luis XVIII. Esta vez, sin embargo, no era absolutista, sino constitucional.

En 1848 se estableció la Segunda República Francesa convirtiéndose Napoleón III en su presidente tras ganar por mayoría absoluta con el lema “No más impuestos, abajo los ricos, abajo la República, larga vida al Emperador”. Y es durante su Segundo Imperio (1852-1870) cuando la ciudad tiene una transformación más significativa. A lo largo de los años el régimen político fue evolucionando del totalitarismo hacia la democracia. En los primeros años gobernó sin oposición, con censura y control policial. Su política se enfocó al imperialismo, sobre todo mirando a Asia. Más tarde, en la década de los 60 gira un poco hacia la izquierda aprobando en 1864 el derecho de asociación y huelga. En 1867 se suprime la censura previa en la prensa. Y en 1869 se modifica la Constitución dándole más poder al parlamento.

Durante este Segundo Imperio el país vivió una época de prosperidad con avances en el sistema financiero, bancario y comercial. Además, Francia se actualizó industrialmente equiparándose a Reino Unido. Por ejemplo, se construyó la red francesa de ferrocarril. Pero sobre todo, París vio grandes mejoras en sus infraestructuras. Se realizó toda una reorganización urbanística de mano del Barón Haussmann, a quien encargó Napoleón que convirtiera a París en el centro del mundo. Se demolieron partes de la villa que habían quedado anticuadas y se trazaron en su lugar amplias avenidas con modernos edificios. Esta nueva ciudad albergó varias exposiciones universales en la segunda mitad del siglo XIX. La más conocida es la de la Torre Eiffel, en 1889.

En el siglo XX París continuó con su desarrollo y inaugurando la primera línea de metro y en 1900 volvió a ser sede de una nueva exposición, para la que se construyeron el Grand y Petit Palais, la Estación de Orsay, la de Lyon y el Puente Alejandro III.

En 1940 este crecimiento se vio frenado por la ocupación Nazi. Eso sí, al menos París no se vio devastada como otras grandes ciudades europeas y se conservan importantes construcciones arquitectónicas.

El 18 de abril de 1951 Bélgica, Francia, la República Federal Alemana, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos firmaron el Tratado de París, que establecía la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Además, durante esta década Francia estableció una nueva relación con Alemania tras años de enfrentamientos.

En septiembre de 1958 se aprobó por referéndum la actual Constitución de Francia.

La década de los 60 quedó marcada por el famoso Mayo Francés que comienza a gestarse en 1961. En octubre de ese año hubo una manifestación pacífica de argelinos que acabó con 200 muertos a causa de la fuerte represión social. De aquí nace una corriente estudiantil que protestaría contra la actuación por medio de dos organizaciones recién fundadas: el Comité Anticolonialista y el Frente Universitario Antifascista (FUA). Unos meses más tarde, en febrero de 1962, en una nueva manifestación, esta convocada por el Partido Comunista y la Confederación General del Trabajo, terminó con 9 muertos aplastados.

Con la Guerra de Argelia a finales de 1962 surgieron nuevos movimientos antiimperialistas y los sectores de izquierdas comenzaron a fijarse en referentes en el extranjero, como en la Revolución Cultural en China. También aparecieron movimientos ultraderechistas que se enfrentaron a los movimientos estudiantiles y creando un clima polarizado en la sociedad francesa. Paralelamente, el movimiento obrero convocó varias huelgas y ocupaciones de fábricas. Una de las más importantes fue la de los mineros en 1963, que llegó a ser muy violenta. Un año más tarde pararon los de Renault y los de los astilleros de Nante. En 1967 fue el turno de los obreros del grupo químico Rhodiaceta de Lyon y Besançon.

Las dos corrientes, obrera y estudiantil, se acercaron agrupando ambos conflictos. La crisis industrial amenazaba a muchos sectores, los sueldos empezaban a bajar y preocupaban las condiciones de trabajo. El número de desempleados no dejaba de aumentar y esto afectaba grandemente a la juventud. Los jóvenes además tenían un sentimiento completamente diferente al de generaciones de adultos. Sus referencias intelectuales, culturales y musicales habían cambiado. Además de lo que ocurría en el país, tenían la mirada en el exterior, en el auge de los movimientos izquierdistas en Latinoamérica, en el triunfo de la Revolución Cubana y en la Guerra de Vietnam.

El año 68 comenzó ya con protestas estudiantiles. En marzo un grupo de estudiantes se encerró en la Universidad de Nanterre para protestar por las normativas internas del centro y se convertiría en un referente para las movilizaciones de meses más tarde. Un mes más tarde de este encierro unos 1500 estudiantes protestaron de nuevo en Nanterre, esta vez por la detención de varios estudiantes. Se produjeron enfrentamientos con miembros de asociaciones derechistas.

El 3 de mayo acudieron a declarar en París ocho estudiantes que habían estado implicados en las protestas y se congregó un grupo de estudiantes en la Plaza de la Soborna. La policía cargó contra la concentración, lo cual provocó que la Unión Nacional de Estudiantes y el Sindicato de Profesores llamaran a la huelga y exigieran la retirada de la policía y la liberación de los estudiantes detenidos.

Tres días más tarde, los ocho estudiantes declararon ante el Comité de Disciplina de la Universidad. De nuevo se realizó una manifestación en la que la policía cargó con violencia, lo que provocó un sentimiento de solidaridad entre la población hacia los estudiantes. El 10 de mayo los estudiantes detenidos siguen sin ser puestos en libertad y no se alcanza ningún tipo de acuerdo tras las negociaciones. Decenas de estudiantes acudieron a las barricadas del Barrio Latino a manifestarse y la policía volvió a intervenir con enorme violencia causando cientos de heridos.

El 13 de mayo se convocó una huelga general que fue seguida por unos 9 millones de trabajadores en todo el país. Los estudiantes tomaron la Sorbona y crearon un Comité de Ocupación. Al día siguiente les imitaron los trabajadores de Sud Aviation en Nantes y los de Renault en Cleon, Flins, Le Mans y Boulogne Billancourt, quienes ocuparon sus fábricas. El movimiento se fue extendiendo por toda Francia y prácticamente se paralizó todo el país. En los días sucesivos se sumarían a la huelga los controladores aéreos, los trabajadores del carbón, del transporte, del gas y la electricidad y los periodistas.

Finalmente el día 25 el gobierno aceptó sentarse a negociar con patronos y sindicatos. Dos días más tarde se firmaron los Acuerdos de Grenelle, por los que se incrementaba el salario mínimo industrial. Sin embargo, los huelguistas los rechazaron. Charles de Gaulle se encontraba cada vez con más sectores críticos hacia su gobierno y el clima en el país cada vez estaba más crispado. Finalmente, anunció la convocatoria de unas elecciones en un plazo de 40 días para frenar los movimientos opositores y con intención de revalidar su gobierno.

Sin embargo, este anunció no frenó las movilizaciones. El 10 de junio un estudiante de secundaria resultó muerto en los enfrentamientos y los disturbios volvieron a las calles de París. El mes de junio se vuelve más violento aún cuando de Gaulle decretó la disolución e ilegalización de una decena de colectivos de izquierda. También prohibió las manifestaciones durante 18 meses. Sin embargo, se consiguió que el ritmo en los centros de trabajo volviera a su normalidad. En algunos casos gracias a acuerdos con los trabajadores, pero en otros como consecuencia de la intervención policial.

Las elecciones fortalecieron al partido de de Gaulle, mientras que el partido de François Mitterrand perdió la mitad de sus diputados. También bajó el Partido Comunista. No se vio reflejado el movimiento de la calle en las urnas porque la mayoría de las agrupaciones estudiantiles eran anarquistas y estaban en contra de las estructuras políticas vigentes. No obstante, a pesar de salir vencedor de las elecciones, Charles de Gaulle reconoció que el país debía llevar a cabo una serie de reformas políticas y sociales que pedía la población. En 1969 se convocó un referéndum sobre el proyecto de regionalización y la reforma del Senado. El Presidente anunció que abandonaría su cargo si no salía el SÍ, y dado que ganó el NO, de Gaulle se retiró.

En los años posteriores sigue habiendo conflictos laborales, muchos de ellos cargados de violencia, como las huelgas de Renault en 1973.

La década de los 80 comenzó con un cambio de gobierno. En 1981 fue elegido presidente François Mitterrand, que continuaría gobernando el país hasta 1995. Fue una etapa de reorganización urbanística y renovación de infraestructuras. Se construyeron la nueva Biblioteca Nacional, el Arco de la Defensa y Musée d’Orsay.

Le sucedería el conservador Jacques Chirac entre los años 1995 y 2007. Durante esta época el gobierno francés apoyó a Estados Unidos en la Guerra del Golfo y se unió con Alemania como países fuertes dentro de la Unión Europea. Sin embargo, en 2003 se opusieron a la invasión de Irak, por lo que se enemistó con Estados Unidos.

En 2007, el ministro del Interior de Chirac, Nicolas Sarkozy, ganó las elecciones. Aunque no pudo revalidar la victoria en 2012, ya que fue derrotado por François Hollande.

Nuestra visita coincidió con la campaña electoral de las últimas elecciones presidenciales que finalmente ganó el liberal Macron.

Esta última década París está viviendo una época dura en cuanto a terrorismo. En enero de 2015 un atentado contra la revista Charlie Hebdo se saldó con 12 muertos. Unos meses más tarde, el 13 de noviembre varios ataques simultáneos en varios lugares de París dejaron 130 muertos y al país conmocionado. Desde entonces París ha reforzado su seguridad.

París es la capital de Francia y también la ciudad gala más poblada. Situada en el norte del país, se articula en torno al río Sena, en el que destacan dos islas: la Île Saint-Louis y la Île de la Cité. París es relativamente plana, aunque cuenta con varias colinas. Entre ellas, la famosa Montmartre, que además es la más alta de todas con sus 130 metros.

París se divide desde 1860 en veinte arrondissements, algo así como distritos municipales. Su numeración, a priori algo caótica, está dispuesta en forma de espiral siguiendo el sentido de las agujas del reloj.

Además de testigo de acontecimientos históricos, París ha sido un centro cultural y artístico de vital importancia. Están vinculados de alguna manera figuras francesas como Descartes, Molière, Voltaire, Victor Hugo, Zola, Dumas, Degas o Monet entre otros. Francia puede presumir de ser el país con más Premios Nobel de Literatura. Cuenta en su historia con grandes escritores como los mencionados Descartes, Molière, Voltaire, Victor Hugo o Dumas, pero además con Charles Perrault, Jean-Paul Sartre, Antoine de Saint-Exupéry o Julio Verne.

París ha sido centro mundial del arte desde comienzos del siglo XIX hasta finales de la década de los sesenta del pasado siglo con personalidades tanto nacionales como extranjeras que acudían a la ciudad en busca de desarrollar su carrera. Tal es el caso de Matisse, Sartre, Brecht, Buñuel, Hemingway, Joyce, Kandinsky, Picasso o Stravinski. París puede presumir de ser la cuna del cubismo o testigo del surrealismo, entre otros movimientos.

Arquitectónicamente Francia destaca por ser el país en que surgió el estilo gótico, que desarrolló en numerosas catedrales por toda su geografía. En París destaca por ejemplo Notre Dame.

También el rococó fue invención francesa.

En el siglo XIX y parte del XX destacó el modernismo, corriente en la que destacaron Le Corbusier o Alexandre Gustave Eiffel.

El patrimonio arquitectónico parisino es impresionante, incluso los edificios de viviendas tienen sus peculiares barandillas y sus ornamentadas fachadas.

Este París moderno le debe su majestuosidad al plan de remodelación urbana del siglo XIX del diseño del barón Haussmann. A mediados de siglo se sustituyeron las calles estrechas por grandes avenidas y se echaron abajo casas medievales para levantar edificios neoclásicos de piedra a los que se mudaría la burguesía. Con esta nueva reorganización urbanística se estableció que la altura de un edificio vendría condicionada por la anchura de la calle. Así pues, se ve cierta armonía paseando por la ciudad.

Desde entonces, un siglo después, la ciudad ha cambiado poco. París se está extendiendo hacia las afueras, un ejemplo es La Défense, el disfrito financiero.

Pero no todo son edificios, París cuenta con mucha zona ajardinada, entre la que destacan tres parques: el Jardín de las Tullerías, el Jardín de Luxemburgo y el Jardin des Plantes. Constituyen una zona de paz y relax dentro de la propia ciudad. A ellos acuden los parisinos a desconectar disfrutando entre sus estanques y caminos.

Teníamos dos días y medio para patear la ciudad.  ¿Qué nos depararía París?

16 comentarios en “Datos sobre Francia

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