Día 9. París. Los Inválidos, Campo de Marte y subida a la Torre Eiffel

Para nuestro segundo día en París teníamos una ruta bastante completa. Habíamos sacado las entradas por internet para subir a la Torre Eiffel (nominativas, por cierto) pero la primera hora disponible era a las 11 de la mañana, así que nos partía un poco. Aunque como teníamos el alojamiento en la otra punta de la ciudad, nos permitió desayunar tranquilamente y pasear un poco con la fresca antes de la subida a la torre.

Tomamos el metro y nos bajamos en el barrio de Los Inválidos, un barrio con edificios del siglo XVIII que se extiende en sentido sur hasta la Torre Eiffel y el Sena. Esta zona ya era muy cara en en la época de entreguerras.

El Hôtel des Invalides que le da nombre fue mandado construir por Luis XIV entre 1671 y 1676 para los mutilados de guerra, los sin hogar y a la vez como monumento a la propia gloria. Fue el primer hospital de veteranos y discapacitados.

En el centro resplandece la Iglesia del Dôme, con su cúpula dorada de 100 metros de altura. En su origen, iba a ser reservada solo para el rey y para tumbas reales. Sin embargo, a su muerte se desechó la idea y acabó convirtiéndose en un monumento a la gloria de los Borbones. En 1840 Luis Felipe decidió trasladar los restos de Napoleón a la cripta. El emperador había expresado como último deseo que sus cenizas descansaran a orillas del Sena. También se incorporaron varias tumbas de figuras de la milicia y al final acabó como un monumento dedicado a los militares franceses.

Hoy en día el Hôtel acoge el Musée de lÁrmée, que documenta la historia militar desde la Edad de Piedra hasta la II Guerra Mundial. En él se exhibe la tercera mayor colección de armería del mundo.

Desde allí nos dirigimos hacia el Campo de Marte (Champ de Mars), los jardines que nos conducen desde la École Militaire a la Torre Eiffel. Surgieron como recinto para los desfiles de los cadetes, y se ha utilizado para carreras de caballos, vuelos en globo o celebraciones del día nacional.

La École Militaire fue fundada en 1751 para formar a 500 hijos de oficiales sin medios económicos. Uno de los primeros cadetes resultó ser Napoleón.

No había mucha gente, pero ya había algún que otro grupito de escolares haciéndose las típicas fotos con la torre de fondo.

Sobre las 10:40 nos acercamos a la torre en busca de la entrada. Teníamos ya los tickets, pero aún así, contábamos con que íbamos a tener que esperar algo de cola. Sin embargo, tan solo tuvimos que esperar unos 5-10 minutos en el control previo, en el que había personal de seguridad que revisaba bolsos y mochilas.

Una vez dentro del recinto hicimos las típicas fotos de rigor y nos dirigimos hacia nuestra puerta de acceso, la verde. Sin embargo, no nos dejaron pasar porque no eran aún las 11 de la mañana.

La Torre Eiffel es el símbolo parisino por excelencia, y no solo de París, sino de Francia. Fue erigida en 1889 con motivo de la Exposición Universal de la ciudad y causó bastante revuelo, ya que para los ciudadanos de París no veían más que un amasijo de hierros. Algo así como lo que debieron pensar en Barcelona un año antes cuando Gustave Eiffel se la ofreció a la ciudad catalana para su Exposición Universal. En la actualidad, esta icónica estructura de 10.100 toneladas de hierro recibe cerca de 7 millones de visitantes.

Tiene ese peculiar entramado de vigas por la necesidad de estabilizarla frente a los fuertes vientos. Y resulta curioso que la parte de arriba puede llegar a curvarse hasta 18 cm por efecto del calor.

Tras la Exposición Universal se iba a desmontar, sin embargo, Eiffel vendió la idea de que podía ser útil para diversos experimentos científicos: meteorológicos, físicos, astronómicos… incluso de la novedosa telegrafía sin hilos. El ejército llegó a transmitir mensajes a más de 400 km de distancia desde lo alto de la torre y la ciudad decidió dejarla en su lugar.

Durante la I Guerra Mundial un receptor interceptó las comunicaciones de radio enemigas, lo que dificultó el avance alemán. En 1921 se realizó el primer experimento radiofónico. Después, se instaló un estudio provisional y, un año más tarde, en 1922, se emitió el primer programa desde el pilar norte.

En 1935 se instaló un transmisor de televisión y se emitió la primera retransmisión. En un principio había unas 60 líneas, pero en 1945 ya se había llegado a las 441. En el año 2000 se añadió una antena TDF que permitió la emisión de 41 canales de televisión y 32 de radio para la zona de París y alrededores.

En 1944 Hitler mandó demoler la torre, sin embargo, su orden fue desobedecida.

En origen su color original era rojo, como la Torre de Tokio. Después se pintó de amarilla, y en 1899, con la Exposición Universal, de dorado. Después se retomaría el rojo, pero hoy en día es gris. Este color se renueva cada siete años, y es toda una hazaña, puesto que hay que pintarla con brocha. Se encargan 25 pintores y necesitan 18 meses y 60 toneladas de pintura para acometer la tarea.

Con sus 234 metros de altura fue la construcción más alta del mundo hasta 1931, cuando quedó desbancada por el Empire State.

Subimos en ascensor a la segunda planta (también se puede subir andando, pero prepara piernas porque son 1665 escalones). En esta planta a 115 metros de altura se encuentra el restaurante de lujo Jules Verne, uno de los mejores de París y una tienda oficial. Pero sobre todo, ofrece unas magníficas vistas de la ciudad.

Comenzamos asomándonos hacia el Puente d’Iéna, que une la torre con la plaza del Trocadero. De allí nacen seis avenidas: avenida del Presidente Wilson, avenida Kléber, avenida Raymond Poincaré, avenida de Eylau, avenida Georges Mandel y avenida Paul Doumer.

Continuamos con las vistas del Sena y sus puentes. Y al fondo, la Estatua de la Libertad.

Siguiendo hacia la izquierda, tenemos una panorámica con el Campo de Marte extendiéndose a nuestros pies.

Si nos giramos ligeramente a las 11 vemos todo el complejo del Hôtel des Invalides.

Más a la izquierda aún volvemos a encontrarnos con el Sena y, al fondo, alcanzamos a ver Montmartre.

Finalmente, antes de finalizar la vuelta completa, vemos el Arco del Triunfo.

Tras esperar una cola muy mal organizada, subimos a la tercera planta, que cuenta con unas vistas aún mejores. Este tercer nivel a 276 metros de altura soporta hasta 400 personas a la vez. Cuenta con un Bar de champán y la reconstrucción del despacho de Eiffel, donde el arquitecto recibía a sus invitados y que compartía con su hija Claire.

Las vistas son prácticamente las mismas, solo que al estar más arriba, se aprecia mejor aún el diseño urbanístico de la ciudad.

Para finalizar nuestra visita bajamos al primer piso, a 57 metros de altura.

Pero en vez de mirar para arriba, la atracción es un suelo transparente que permite ver el suelo bajo tus pies. No apto para gente con vértigo.

Si esto nos parece demasiado arriesgado. Podemos asomarnos a la barandilla, que nos también nos deja ver la patas.

En esta planta también hay tiendas oficiales, un bufet y una exposición.

La visita a la Torre Eiffel se ha convertido en un imprescindible si se visita la capital francesa, sin embargo, si se cuenta con pocos días, la omitiría, dado que consume mucho tiempo. Fácilmente puede llevar un par de horas si se pasa por todas las plantas y exposiciones, y es un tiempo que se le está restando a una ciudad tan extensa y con tanto que ver. A nosotros se nos había echado la hora de comer encima.

Una vez sobre tierra firme, salimos del recinto y nos acercamos a los puestos de comida a ver qué opciones teníamos. Pero vimos los precios y decidimos esperar y buscar un sitio más alejado, pues pagar 7€ por un panini y una bebida nos parecía poco menos que un robo.

Seguimos hasta el Puente Bir-Hakeim.

El primer puente que se levantó era una pasarela metálica de uso peatonal que recibía el nombre de Pasarela de Passy. Se construyó con motivo de la Exposición Universal de 1878. Fue reconstruida como puente en 1905 y en 1948 se rebautizaría en honor a la batalla de Bir Hakeim.

Se estructura en dos pisos. El inferior para los peatones y el tráfico de vehículos, y el superior para la línea 6 de metro. El puente cuenta con numerosas placas conmemorativas, también está decorado con cuatro estatuas de piedra en el arco central del viaducto que representan la ciencia, el trabajo, la electricidad y el comercio.

Al otro lado del puente vimos un Subway, así que nos compramos unos bocadillos y volvimos al camino, bajando a la Isla de los Cisnes, donde nos sentamos a comer tranquilamente en un banco a la sombra.

16 comentarios en “Día 9. París. Los Inválidos, Campo de Marte y subida a la Torre Eiffel

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