Serie Terminada: Sweet Vicious

Sweet/Vicious es una serie juvenil de MTV que critica la cultura de la violación instalada en la sociedad, pero sobre todo en la vida universitaria y en las fraternidades. En EEUU, según un estudio de 2015 de la Asociación Americana de Universidades (AAU), en el que participaron 150.000 jóvenes de diferentes universidades, más de un 20% de las estudiantes habían sido víctimas de agresiones sexuales en el último año. Sin embargo, tan solo un 12% había llegado a denunciar bien porque “no lo consideraban lo suficientemente serio” o porque no querían pasar por el proceso de ser señaladas como víctimas (o incluso de culpables al ser ser interrogadas sobre su vestuario, su actitud, si había bebido, si conocía al agresor…).

Jules, la protagonista, es una estudiante que cumple todos los clichés de cualquier serie universitaria americana: rubia, modosita, aplicada, tímida y residente en una fraternidad con unas hermanas igual de estereotipadas. Sin embargo, guarda un secreto, y es que por las noches deja de lado el rosa, se enfunda de negro y ejerce de justiciera apaleando a chicos que han violado y que no han sido castigados por ello. Es una forma de superar haber sido violada por el novio de su mejor amiga. El personaje recuerda a los héroes de cómic, tan de moda, con un trágico acontecimiento en su pasado que les lleva a tomarse la justicia por su mano. Aunque no es una Jessica Jones con poderes.

En una de sus noches se cruza con Ophelia, una hacker fumeta y pasota que pasa hierba y respuestas de exámenes. Esta comenzará a indagar sobre Jules y la seguirá. Un desafortunado incidente las lleva a formar equipo para hacer justicia y perseguir a violadores que siguen campando a sus anchas por el campus mientras las víctimas tienen que alterar toda su vida, viviendo con el trauma y la estigmatización, además del miedo a poder encontrarse de nuevo al agresor.

Este es el enfoque interesante de Sweet/Vicious, y es que no se usa la violación como trasfondo de un personaje femenino pasivo, que sufre, sino que es el Leit Motiv de la serie convirtiendo a las víctimas en protagonistas activas. Además, aporta un tono ligero y divertido pero sin perder de vista el escenario ni llegar a frivolizar. Alterna momentos dramáticos con situaciones cómicas, sobre todo gracias a Ophelia. Aunque ambas congenian bien y se ve buena química entre ellas a pesar de lo diferente de sus personalidades. Su relación favorece en gran medida ese toque de comedia negra. Y aunque el peso recae en ellas dos, los secundarios también están muy cuidados con sus matices y sus claroscuros y algunos dan mucho juego como Harris o Nate.

El piloto me recordó a Verónica Mars, no solo por el tono y las conversaciones mordaces, también por Ophelia, que guarda cierto parecido con el personaje de Mac, amiga de Verónica. Además, el tema de las violaciones en los campus universitarios (incluso en el instituto) también fue tratado en a serie de la detective de Neptune.

Me ha parecido una serie fresca y amena, pero a la vez seria. Consigue una buena mezcla tomando elementos complicados y analizando una cruel realidad esperando despertar la conciencia social y añadiendo perspectiva a las historias de violación. Huye de representar a la víctima solo por ese momento de su vida en que fue agredida y va más allá, al cómo les afecta en sus relaciones personales, a cómo se recomponen, a cómo salen adelante. O lo intentan.

Porque es difícil superarlo cuando el agresor tiene privilegios, cuando las universidades y la policía no emplean los medios necesarios para responder de forma más eficaz a las denuncias de violación que les llegan. Muchas veces ocultándolas incluso para que no perjudique a la imagen de la institución universitaria o de un deportista con un gran futuro por delante.

Una pena que esta serie tan clara y directa, se haya quedado en una única temporada de diez episodios. Parece que MTV no eligió el mejor momento para su estreno justo después de las elecciones que ganó Trump. Los medios estaban a otras cosas y para cuando la crítica y los espectadores quisieron descubrirla, llevaba ya media temporada y era tarde para salvarla. Quizá si hubiera sido emitida en otra cadena, habría recibido más atención. Y es que aunque a priori es una serie juvenil, creo que no hay que tener prejuicios ni desmerecerla antes de ver al menos el primer episodio.

Aunque haya sido cancelada tras solo 10 capítulos, lo cierto es que se puede ver sin temor a que quede inconclusa, pues la temporada es bastante redonda. Sí que es verdad que deja detalles para poder continuar una segunda, pero a grandes rasgos la trama principal queda cerrada.

Más series así harían falta, ya que este asunto no es un problema únicamente estadounidense, sino global. Las estadísticas en España no son mucho más alentadoras, pues según los últimos datos de Interior (de 2016) en España se pone una denuncia por violación cada ocho horas. Pero no hay que olvidar que hay otras muchas que no llegan a comisaría (se estima que de cada 6 agresiones solo se denuncia 1).

Trucos viajeros: Salud viajera – Botiquín

La verdad es que el botiquín siempre ha sido uno de los puntos débiles de mi equipaje. Me he ido de viaje a la playa, a la montaña, a ciudades… y como mucho he llevado algún ibuprofeno o paracetamol. Quizá algunas tiritas. Y gracias.

También es verdad que cuando te mueves por un un entorno civilizado siempre tienes la tranquilidad de poder encontrar una farmacia en cualquier momento. Pero claro, cuando tienes una urgencia, a veces no te puedes desplazar hasta ella.

Al viajar a Bombay fui más consciente que nunca de que no habría que dar tantas cosas por dadas y que quizá era hora de plantearse hacerse con un botiquín básico. Y después de leer recomendaciones del entidades oficiales, de expertos médicos y también un poco de sentido común, he ido conformando uno.

Por supuesto, influye mucho el tipo de viaje que vayamos a realizar, pero sí que es verdad que hay unos básicos, sobre todo en lo que a primeros auxilios se refiere:

Material de curas

– guantes de látex
– tijeras,
– cortauñas,
– pinzas,
– agua oxigenada,
– alcohol,
– crema antiséptica,
– gasas,
– esparadrapo,
– vendas y
– tiritas.

Medicamentos:

– aspirina,
– paracetamol,
– ibuprofeno,
– crema/gel/pomada antiinflamatoria,
– crema/gel/pomada antiquemaduras,
– antiácidos y protectores estomacales,
– laxantes,
– antidiarreicos y
– antimareos.

Si viajamos a un lugar cuyas condiciones higiénicas sean precarias es conveniente llevar suero oral para la deshidratación así como productos potabilizadores del agua y polvos antifúngicos. Si además vamos a un lugar caluroso habría que añadir repelente de insectos así como crema solar (tanto para antes como para después) y protector labial. Toallitas o gel limpiador de manos conviene llevar también para el día a día.

Por supuesto, si se precisa de alguna medicación especial no se puede olvidar incluirla (en su envase original), así como sus recetas e información sobre los detalles de la medicación por si se perdiera y hubiera que solicitar nuevas dosis de urgencia. En caso de tener alergia, no olvidar los antihistamínicos.

Podemos añadir también unos tapones, lágrimas para irritación ocular (sobre todo si se usan lentillas) y preservativos para prevenir ETS.

Siendo además mujer en edad fértil el botiquín sirve también para llevar unos básicos para períodos menstruales. Que por muy reloj suizo que puedas ser, los cambios de entorno también afectan en ese sentido, igual que lo hacen en el intestinal.

Obviamente, si vamos a ir a un lugar civilizado, no habrá problema en encontrar un supermercado, droguería o farmacia donde hacerse con compresas o tampones, pero claro, cuando tienes una urgencia menstrual lo necesitas ya. Estés en la calle, en un hotel o en un trayecto en bus, tren o avión. Además, es la ley de Murphy: cuanto más remoto el lugar y menos mujeres haya (que no puedes pedir si alguien te puede prestar), ahí hará acto de presencia.

Aún así, incluso encontrando un lugar donde comprar los productos, puede ocurrir que sean diferentes a los que hay en tu país, o los que usas. Recuerdo cuando me iba a ir de erasmus que todas las compañeras que se habían ido el año antes se quejaban de que no encontraban tampones con aplicador. Y era Alemania. Eso sí, 2002, que quizá ahora haya cambiado. Pero vaya, que nunca sabes qué te puedes encontrar, porque además no se suele hablar de ello.

También hay países en los que directamente no venden tampones, así que, yo siempre llevo suministros al menos para un apuro. Cuando voy a viajar y ya tengo claro que entra en mis fechas no me preocupa tanto porque descubrí hace unos años la copa menstrual.

Merece un post aparte, en realidad, pero para resumir diré que aunque a priori puede parecer menos práctica, porque muchas veces es imposible encontrar un baño o lugar medianamente higiénico; lo cierto es que en realidad puedes llevarla puesta unas 12 horas, siempre que el volumen de sangre no sea mayor a su capacidad, claro. Por lo que con que tengas un alojamiento con baño decente es suficiente. Eso sí, para enjuagarla mejor usar agua embotellada si la del grifo no parece lo suficientemente fiable (unas toallitas húmedas nunca están de más tampoco).

Así que resulta más higiénico, pues se manipula menos veces. Además este método es más económico y no genera residuos. El único inconveniente que le veo es que lógicamente hay que esterilizarla antes de cada primer uso (tres minutos en agua hirviendo), por lo que si te pilla fuera de casa, no es como un tampón o compresa que lo sacas del bolso y listo. Pero si ya sales con ella cuando empiezas el viaje, puedes usarla hasta el último día del ciclo.

Al igual que con el seguro de viaje, lo ideal es no tener que recurrir al botiquín. Pero al no usarlo, también hay que tener cuenta que los medicamentos caducan. Además, hay que asegurarse de que todo se está manteniendo en las condiciones óptimas, si no, habría que realizar reemplazos. Con la salud no se juega.

Trucos viajeros: Salud viajera – Cambios de entorno medioambiental

Cuando nos vamos de viaje cambiamos nuestro entorno habitual, por lo que es necesario informarse de si necesitamos vacunarnos. Pero hay veces que nos vamos a enfrentar a aspectos que no se solucionan con un pinchazo, como por ejemplo la exposición a cambios de altitud, temperatura y humedad, sol o la calidad del agua.

ALTITUD

A medida que la altitud aumenta, la presión atmosférica disminuye, por lo que el cuerpo puede verse limitado como consecuencia de la hipoxia. Es recomendable hacer una adaptación poco a poco para aclimatarse a esta disminución de oxígeno. Además se debería evitar el ejercicio excesivo, las comidas abundantes y el consumo de alcohol.

Los desplazamientos a altitudes a partir de 1.500 metros están contraindicados para aquellos que padecen de angina inestable, hipertensión pulmonar, enfermedad pulmonar obstructiva crónica grave y anemia falciforme. Y aquellos que sufren una enfermedad coronaria estable, hipertensión, diabetes, asma o EPOC leve deben hacerlo con todas las precauciones y siguiendo indicaciones de su médico, al igual que las embarazadas.

TEMPERATURA Y HUMEDAD

Por otro lado, los cambios de temperatura y humedad pueden provocar un golpe de calor. Cuando nos exponemos a altas temperaturas y humedad el cuerpo pierde agua y electrolitos. Es muy visual, además. En Bombay los experimentamos de una forma brutal. Nada más salir a la calle notábamos cómo se nos abrían los poros y enseguida estábamos empapados. No era una sudoración como la que estábamos acostumbrados más localizada en zonas de la espalda, pecho, axilas, frente…sino que era global. Y la ropa se quedaba con marcas blancas de los electrolitos.

Así pues, hay que paliarlo hidratándose con asiduidad y preferiblemente con alimentos y bebidas que contengan sales. Esto también lo notamos en Bombay. Mientras que en España es frecuente el agua de mineralización baja, allí todas las marcas eran con una alta mineralización. Se apreciaba claramente en el sabor.

En estas condiciones el cuerpo nos va a pedir la hidratación, pero hay que estar pendientes de niños, que quizá no sean tan conscientes, y mayores, puesto que el reflejo de la sed va disminuyendo con la edad.

Además de la hidratación hay que prestar atención a la higiene, puesto que la humedad favorece la aparición de hongos en la piel.

EXPOSICIÓN SOLAR

Pero además el calor viene acompañado de la exposición solar. La radiación UVB puede producir quemaduras en la piel e insolaciones. También los ojos sufren (de ahí que se recomienden gafas de sol en la nieve, por ejemplo).

Así, habría que evitar exponerse al sol en las horas en que la intensidad ultravioleta es más alta. En España se suele decir aquello de “en las horas centrales del día”, pero ojo, porque no podemos tomar como referencia siempre las 12. Hay en países, y según en la época del año, que amanece muy muy pronto, por lo que a lo mejor a las 9 de la mañana el sol ya está arriba del todo.

Aún así, si vamos a exponernos, no hay que olvidar las cremas con filtro solar. Este vídeo lo dice todo:

Y algo que no tenemos muchas veces en cuenta son los medicamentos. Hay algunos que pueden causar reacciones cutáneas adversas porque son fotosensibles. Ese es el caso de los antimicrobianos, los anticonceptivos orales y algunos contra la malaria. También los perfumes que contienen aceite de bergamota u otros aceites cítricos.

Además de la crema solar, cuando hace calor y humedad otro producto indispensable son los repelentes de insectos. Han de aplicarse en las zonas de piel que queden al descubierto, también en prendas o mosquiteras. Hay que revisar los ingredientes y asegurarse de que contiene DEET, IR3535 o Icaridin.

AGUA Y ALIMENTOS

Otro aspecto que nos puede influir cuando cambiamos de entorno medioambiental es el agua. Hay que tener ojo en los trópicos con los baños en ríos, canales, lagos… puesto que pueden estar infectados por larvas o excrementos que podrían penetrar en nuestra piel o mucosas. El mar en principio no sería un factor de riesgo, pero siempre habría que ver si hay alguna indicación o prohibición. Y también el sentido común, porque viendo la calidad del agua de Bombay, no me habría bañado ni aunque pusiera que estaba permitido el baño.

Además, cuando el agua (y los alimentos) no está correctamente tratada puede transmitir enfermedades infecciosas importantes como la cólera, la hepatitis A y E o la fiebre tifoidea. También puede provocar la conocida como “diarrea del viajero”, una de las enfermedades más comunes sobre todo en Latinoamérica, África, Oriente Medio y Asia. Suele ir acompañada de dolor abdominal, náuseas, fiebre y malestar variable, tanto en tiempo como en intensidad.

Para prevenir esta diarrea es importante seguir unas pautas. Evitaríamos:

– los alimentos cocinados que se hayan dejado a temperatura ambiente durante un tiempo indeterminado. Elegir en su lugar aquellos que hayan sido cocinados en el momento y aún estén calientes.

– los alimentos que no hayan sido cocinados. Las frutas y verduras con piel son sin embargo una excepción, ya que esta cobertura serviría de protección.

– los huevos crudos o poco cocinados.

– los helados cuyo origen desconozcamos o cuya refrigeración sea sospechosa.

– el hielo que no provenga de agua segura.

– tomar leche no pasteurizada. Si se quiere beber, ha de ser hervida antes.

– beber agua de seguridad dudosa. Hervirla también antes. Es preferible buscar siempre agua embotellada asegurándonos que está bien precintada y no ha sido manipulada.

Son consideraciones básicas en realidad: no romper la cadena de frío y cocinar bien los alimentos o hervir los líquidos para matar las bacterias. Huir de aquellos puestos de comida o locales que no nos ofrezcan buenas sensaciones. Y por supuesto, una buena higiene, tanto de utensilios que usemos para comer y beber, como de nuestras propias manos, lavándolas bien con agua y jabón.

En caso de que contagiarse, llevará unos días la recuperación, en los que será imprescindible una buena hidratación con agua embotellada, además de ir introduciendo poco a poco una dieta astringente. Y no tiene que ser obligatoriamente arroz blanco sin más. Esta es la que recomienda los nutricionistas Lucía Martínez y Aitor Sánchez:

También se puede recurrir a medicamentos. El más conocido es el antidiarréico Fortasec, aunque como en cada país puede llamarse de una forma, lo mejor es quedarse con que el nombre del principio activo es Hidrocloruro de Loperamida.

Si la diarrea se complica y dura más de 3 días o viene acompañada de sangre, vómitos o fiebre, hay que acudir a consulta.

Aunque no es solo cuestión de viajes, no hay que olvidar las enfermedades de transmisión sexual como la hepatitis B, el SIDA o la sífilis. Para prevenir, algo tan conocido como el preservativo.

Puede ocurrir que durante el viaje no hemos notado ningún síntoma y que nos hemos librado de todo tipo de contagio, sin embargo, hay que estar alerta, pues algunas enfermedades tropicales pueden presentar los síntomas tiempo después. Así, ante cualquier cuadro de fiebre, de problemas intestinales o reacciones cutáneas es recomendable acudir al médico y señalar el tipo de viaje que hemos realizado por si pudiera estar relacionado.

Nueva serie a la lista “para ver”: Rellik

De los creadores de Liar es también la producción británica Rellik. También es un thriller policíaco, pero presenta un planteamiento novedoso: la estructura narrativa está contada a la inversa. De hecho, se juega con ello incluso en el título: Rellik es Killer (asesino en inglés) escrito del revés.

Rellik arranca con la detención de un sospechoso y, a lo largo de los seis episodios de los que consta la temporada, se retrocederá en el tiempo uniendo varios asesinatos para reconstruir los hechos.

El policía obsesionado con este caso es Gabriel Markham, un detective que fue víctima fallida del asesino y que como consecuencia del ataque ha quedado desfigurado. Acarrea desde entonces un trauma tanto físico como psicológico que le ha afectado en su vida personal y profesional. Le acompaña en su investigación su brillante compañera Elaine.

La serie es muy rara y se sale de lo habitual poniendo el foco en las motivaciones que nos llevan como personas a comportarnos de una u otra forma. El protagonista es un tipo misterioso y bastante agrio, pero además el ritmo y tono de Rellik es bastante oscuro. Sigue la tónica habitual de las producciones británicas con esa atmósfera gris que no siempre tiene que ver con la climatología y unos personajes que cargan con sus traumas.

No deja de tratarse de una serie sobre un asesino en serie, pero la narración cambia totalmente la perspectiva, pues los datos se obtienen con cuentagotas y al ir del presente al pasado te retiene frente a la pantalla con un clima de misterio y tensión.

Supongo que con la temporada completa el puzzle encajará. Habrá que añadirla a la lista para ver cómo termina (o empieza).

Trucos viajeros: Salud viajera – Vacunas

Aunque llevemos seguro médico, en ocasiones, también hay que ir previamente vacunados. Hay veces que es obligatorio, y otras recomendado, en función del país, de la región, de la temporada, del tiempo, del alojamiento y de las actividades a realizar.

Los viajes profesionales en los que se va a estar en grandes ciudades y con alojamientos de nivel superior están considerado como riesgo mínimo. Los viajes cortos (entre una y tres semanas) en los que se va a estar en ciudades con alguna excursión puntual, pero siempre durmiendo en hotel, se clasifican como riesgo moderado. Y por último, los viajes de larga duración y/o estancias en lugares algo más precarios, se consideran como riesgo máximo.

Según el Ministerio, las enfermedades infeccionas más comunes son:

– Enfermedades transmitidas por alimentos y agua: Brucelosis, Cólera, Criptosporidiasis, Giardiasis, Hepatitis A y E, Legionelosis, Leptospirosis, Listeriosis, Esquistosomiasis y Fiebre Tifoidea.
– Enfermedades transmitidas por vectores: Paludismo o Malaria, Fiebre Amarilla, Dengue, Encefalitis Centroeuropea o Primaveroestival, Encefalitis Japonesa.
– Enfermedades transmitidas por Animales: Rabia, Fiebres Hemorrágicas víricas.
– Enfermedades de Transmisión Sexual: Hepatitis B, VIH/SIDA, Sífilis.
– Enfermedades transmitidas por la sangre: Hepatitis B y C, VIH/SIDA, Paludismo.
– Enfermedades transmitidas por el aire: Gripe, Enfermedad Meningocócica y Tuberculosis.
– Enfermedades transmitidas por el suelo: Carbunco y Tétanos.

Es importante planificar la vacunación con tiempo (mínimo un par de meses), ya que hay vacunas que necesitan varias dosis previas al viaje. Se puede consultar la página web del Ministerio de Sanidad, no obstante, lo recomendable es acudir al Centro de Vacunación Internacional, donde nos podrán asesorar tras una evaluación individualizada y responder a nuestras preguntas. Aquí se pueden consultar todos los centros en territorio nacional.

Se puede pedir cita por internet y, o bien te vacunan allí directamente, o te remiten a tu centro de salud (generalmente cuando es una vacuna habitual). Es importante saber cuáles nos ponemos, puesto que algunas con una única dosis estaríamos inmunizados de por vida (o durante un largo período).

Como decía al inicio, hay unas obligatorias, incluso siendo requerido un Certificado Internacional de Vacunación (documento en el que figura la fecha, el título del vacunador, el fabricante y número de lote de la vacuna, así como el sello oficial del centro de vacunación) al entrar al país, y otras que son recomendables. Las más frecuentes son:

Vacunas obligatorias:

Fiebre amarilla: se transmite por picadura de mosquito mayoritariamente en Suramérica (Argentina (sólo Corrientes y Misiones), Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago (sólo Trinidad), Venezuela.) y algunas regiones de África (Angola, Benin, Burkina-Faso, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Congo, Costa de Marfil, Chad,Etiopía, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Kenia, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, República Democrática del Congo, Ruanda, Senegal, Sierra Leona, Sudán, Sudán Sur, Surinam, Togo, Uganda.). La vacuna tiene una validez de 10 años.

Meningitis Meningocócica: Es exigida por Arabia Saudí a los que peregrinan a la Meca.

Vacunas recomendadas:

Cólera: Es una enfermedad bacteriana intestinal aguda que se transmite por agua y alimentos contaminados. Necesaria principalmente en África, Centro y Sudamérica y Sudeste Asiático.

Fiebre tifoidea: Al igual que la cólera, la produce una bacteria que se transmite por el agua y los alimentos contaminados. Primero comienza como una fiebre, y después afecta al intestino. Es recomendable en África, Centro y Sudamérica, Oriente Medio y Sudeste asiático, aunque la efectividad de la vacuna es limitada y no exime de ser cauto con las medidas higiénicas con alimentos y bebidas. La vacuna tiene validez de tres años.

Hepatitis A: Se transmite de persona a persona y por la ingestión de alimentos y bebidas contaminadas. Puede darse en cualquier parte del mundo (de hecho mi enfermera me dijo que estaban luchando porque entrara junto con la B en el calendario de vacunación de los niños), pero sobre todo en aquellos lugares en que las condiciones sanitarias son algo deficientes. Los síntomas son fiebre, dolores de cabeza y vómitos. Se pone una segunda dosis entre los 6 y 12 meses después de la primera y sirve para 30 años.

Hepatitis B: Se transmite por vía sexual, transfusiones sanguíneas, productos con sangre contaminada o por material contaminado (jeringas, tatuajes, piercing, acupuntura) y vertical perinatal madre-hijo. También se da en todo el mundo, aunque no con los mismos niveles de riesgo. Sobre todo se recomienda para África, América Central y del Sur, Sureste asiático y Oceanía.  Se pone en tres dosis: las dos primeras en el espacio de un mes, y la tercera a los 6 meses de la inicial.

Meningitis Meningocócica: Es una enfermedad infecciosa aguda causada por una bacteria. Para la peregrinación a la Meca es obligatoria, pero para otros lugares es recomendable. Sobre todo en aquellos espacios cerrados donde conviven muchas personas, como por ejemplo un cuartel militar, o una residencia de una ONG… En el África Subsahariana tienen brotes entre noviembre y junio.

Poliomielitis: Aunque esta enfermedad estaba controlada, hubo repuntes hace unos cuatro años en Pakistán, Nigeria, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Siria, Iraq, Camerún, Etiopía, Somalia e Israel, por lo que la OMS recomienda su vacunación para detener su transmisión a nivel mundial.

Rabia: Es una enfermedad presente en mamíferos de muchos países, sobre todo de los que están en vías de desarrollo. Se transmite por contacto directo, así que, el riesgo es proporcional al contacto con animales contagiados. Los primeros síntomas son infecciones en la herida, fiebre o sensibilidad a la luz, ruido y agua. Se ponen tres dosis: día 1, día 7 y la tercera entre el 21 al 28.

Tétanos: Es una enfermedad producida por una toxina al penetrar en el organismo a través de heridas en la piel o mucosas. Se da en cualquier parte del mundo, pues somos susceptibles de una herida o corte en todos sitios. La antitetánica está incluida en el calendario de vacunación infantil, por lo que es muy probable que no la necesitemos antes de un viaje. Desde el 2009 las nuevas pautas estipulan que los adultos correctamente vacunados con 6 dosis (generalmente los nacidos después de 1975) solamente tendrían que ponerse una de recuerdo al llegar a los 65 años. Únicamente se pondría antes de llegar a esa edad en casos excepcionales como por ejemplo en un grave accidente de tráfico con amasijos de hierro y heridas en carne viva (por lo que me dijo mi enfermera en la visita previa a irnos a Bombay).

En determinados casos, además, según las características del viaje, se pueden recomendar también las vacunas contra encefalitis primero estival, encefalitis japonesa, neumococo, difteria o gripe.

Y aunque no hay vacuna, hay otras dos enfermedades con las que hay que tener mucho cuidado en países tropicales: el dengue y la malaria.

El dengue es un virus transmitido por mosquitos. Para prevenir esta enfermedad hay que recurrir a los repelentes de insectos  que contengan el ingrediente activo DEET45%, IR3535, o Icaridin, a las fibras naturales de colores claros que cubra lo máximo posible, así como a las redes mosquiteras cuya malla no sea superior a 1’5 mm. El aire acondicionado también ayuda, ya que los mosquitos van al calor. Los síntomas son fiebre y picores.

La malaria también se propaga por un mosquito y puede llegar a resultar mortal. Es recomendable evitar al igual que con el dengue las picaduras, es decir, cubrir al máximo la piel, usar repelentes en partes expuestas, dormir con aire acondicionado y poner mosquiteras. Además, en la medida de lo posible, evitar estar en el exterior entre el anochecer y el amanecer.

Los síntomas son fiebre, náuseas, sudoración y escalofríos. Y hay que estar atentos, pues pueden aparecer una semana después, ya que el parásito puede permanecer en el hígado y multiplicarse infectando los glóbulos rojos. Si se detectan estas molestias, hay que acudir al médico para tomar fármacos antipalúdicos, que hacen que consigamos la inmunidad tras unos diez días.

Aunque hay un movimiento antivacunas quimifóbico no hay que olvidar que son necesarias, pues gracias a ellas se ha conseguido eliminar enfermedades graves (algunas mortales) en el mundo. Pero como no todos los países están igual de desarrollados, hay que evitar ya no solo nuestro posible contagio, sino llevar enfermedades a otros lugares en que ya estaban erradicadas y poner en riesgo a la población. La salud es lo primero. Como decía George William Curtis: La felicidad radica, primero que nada, en la salud.

Trucos viajeros: Salud viajera – Seguro de Viaje

Ponerse malo es siempre un fastidio, pero si además nos pilla de viaje, es aún peor. Si además hay que recurrir a la consulta médica, mejor contar con seguro para evitar más sorpresas. Que un esguince tonto lo puede tener cualquiera, por no hablar de un dolor de muelas, un catarro o una diarrea. En algunos países te puedes encontrar con que has de pagar cifras astronómicas por una consulta, un análisis de sangre o una radiografía. Y si además requieres de ingreso hospitalario, mejor vende un riñón. Por eso es muy importante viajar asegurados.

En Europa contamos con la Tarjeta Sanitaria Europea, que permite el acceso a la asistencia sanitaria en el Estado Miembro en el que nos encontremos. Nos cubre como si fuéramos locales.

Se puede solicitar por internet y llega a tu domicilio en apenas un par de días. Tiene validez de dos años y sirve para los países integrantes de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, , República Checa, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia), así como los del Espacio Económico Europeo (Islandia, Liechtenstein, Noruega) y Suiza.

Sin embargo, cuando salimos de este entorno (e incluso como complemento de la Tarjeta Sanitaria Europea) necesitamos un seguro. Ahora bien, ¿cómo sabemos qué tipo de seguro necesitamos?

Pues no hay un seguro universal que sirva para todo el mundo. Sino que lo ideal es configurar en base a nuestras necesidades. Tanto como viajeros (persona sola, familia con niños o mascotas, mayores de 60 años…) como por el tipo de viaje que realizamos (crucero, a la montaña, de playa, de mochilero…). Lo básico sería que incluyera cambios de itinerario, equipajes, defensa legal, salud, hospitalización y repatriación/evacuación. Hoy en día incluso es interesante que cubra el material informático (cámara, ordenador, tablet, móviles…).

Normalmente suele haber dos modalidades: el de cancelaciones (que sirve hasta la fecha de inicio de viaje) y el de salud (para el viaje en sí). Aunque hay compañías que ofrecen una mezcla de ambos.

Hay que asegurarse bien del tipo de viaje que vamos a hacer, pues un seguro de salud estándar no suele cubrir viajes en crucero o deportes considerados de riesgo como esquí, snowboard, surf, hípica… Para esos casos hay que contratar uno más específico. Y si el país es considerado como conflictivo, directamente no dan cobertura, así se evitan indemnizar como por ejemplo en caso de atentado.

También suelen excluir las coberturas de lo que llaman las condiciones preexistentes. Es decir, que si tienes una cardiopatía, diabetes o algún tipo de enfermedad, probablemente te pidan pagar un extra para asegurarte.

El precio suele ir condicionado por el destino, porque obviamente la sanidad no cuesta lo mismo en todos los lugares del mundo. Aún así, es un gasto necesario. Es preferible pagar 100€ por 15 días, en lugar de 25.000€ por una apendicitis, como es el caso de EEUU.

También influye la duración, claro. Y, aunque lo normal es contratar uno puntual para un viaje en concreto, para viajeros frecuentes a veces sale más rentable decantarse por uno anual que suele cubrir todos los de menos de 90/120 días dentro del año en cuestión. Independientemente de los viajes que se hagan.

Pero esto es la teoría. Otra cosa es la práctica. ¿Cómo funcionan a la hora de la verdad?

Pues en general, solo cubren las urgencias, no una revisión u operación concertada previamente. Y la mayoría te pide que les llames antes de acudir a ningún consultorio. De esta forma, son ellos quienes buscan el médico que te correspondería en el lugar en que te encuentras y así cuando llegas ya estás autorizado. Sin embargo, también hay otros seguros en los que no falta que avises. Siempre que sea una urgencia, eso sí.

En caso de hospitalización, conviene saber si cubre el desplazamiento de un familiar (generalmente línea directa), si le pagan la estancia, cuántos días…

A la hora de pagar tras la atención sanitaria también hay que tener en cuenta lo que hemos contratado, pues aunque tengamos la autorización previa, en la mayoría de los casos eres tú el que tienes que adelantar el dinero. Después reclamas, aportas documentación y el seguro te paga. Pero también hay seguros que se encargan de todo desde el principio, lo cual evita tener que llevar mucho dinero encima o una tarjeta con buenos fondos.

Así pues, con estas consideraciones, podemos comparar varias compañías para ver cuál se aproxima más a nuestras necesidades en función de coberturas, transparencia a la hora de hacer uso de él (poder contactar con un teléfono gratuito, en español y 24 horas, por ejemplo) y precio.

La tranquilidad que da viajar con una cobertura detrás no tiene precio, pero sobre todo, el volver sin haber tenido que recurrir a él.

Nueva serie a la lista “para ver”: Liar

Una cita y dos versiones. Así comienza Liar, un thriller británico en el que Laura, una profesora de literatura de instituto que tras un tiempo sin quedar con hombres después de una ruptura, decide salir, animada por su hermana, con Andrew, un reputado cirujano.

Todo parece ir bien, pero, a la mañana siguiente, Laura se levanta desubicada. No parece recordar todo lo que pasó la noche anterior, pero sí que cree haber sido violada, por lo que acude al hospital a que le hagan un reconocimiento. Cuando Andrew es llevado a comisaría, niega rotundamente los hechos. Él tiene una versión completamente diferente.

Liar plantea dos versiones de una historia, algo parecido al planteamiento de The Affair, sin embargo, creo que se mete en tema farragoso al poner en entredicho una violación. Tan solo he visto el primer capítulo, por lo que no sé qué ocurre en los cinco restantes de los que consta la temporada; pero flaco favor hace al cuestionar un delito tan grave, tan común y tan silenciado como es la agresión sexual.

Claro que todo el mundo tiene su punto de vista de cómo ocurren las cosas, porque no todos percibimos de la misma manera la realidad. Somos subjetivos. Pero hay algo más allá de las versiones y son los hechos. La serie intenta explorar ese baile de declaraciones intentando esclarecer lo que realmente ocurrió para descubrir quién tiene razón, pero, al contrario que en otros delitos, en muchos casos, una violación es difícil de demostrar.

Así, aunque el planteamiento de Liar me llama la atención, el visionado del piloto me produjo cierto desasosiego. Por un lado por la posibilidad de que ella no esté diciendo la verdad y sirva como ejemplo de las famosas denuncias falsas; pero en caso de que sea verdad, la angustia es peor porque es difícil no empatizar con el personaje y con su desazón. Liar refleja la situación que viven muchas mujeres tras denunciar una violación y cuyos relatos no son creídos. Ella salió a cenar con él y le invitó a entrar en casa, y esto suele considerarse como un hecho que desacredita todo lo demás. Además, él es el típico cliché de hombre apuesto y de reputada fama, por lo que “por qué iba a violarla”. Al final la víctima se convierte en culpable.

El primer capítulo se adentra en ambas versiones y a medida que avanza, comienzan las dudas de ambos relatos. Se cuestiona la estabilidad emocional de Laura que parece estar tomando medicación; pero también el pasado de Andrew, pues su mujer se suicidó. ¿Quizá fue un asesinato?

La trama se estructura en torno a dos líneas temporales: por un lado la cita, que se va contando a modo de flashbacks, con cuentagotas y con sus dos versiones; y por otro el presente, en el que los personajes intentan seguir con sus vidas.

Pero no todo gira en torno a Laura y Andrew. Alrededor de los dos protagonistas hay toda una red de personajes secundarios que completan la historia. Ambos están conectados por Luke, el hijo de Andrew, que es alumno de Laura. Pero también por Katy, la hermana de la profesora, que trabaja en el hospital con el cirujano.

Laura recurre a Tom, su ex, que es policía, para que la ayude con la denuncia y que no se quede en agua de borrajas, pero lo que esta no sabe es que está liado con su hermana, que está casada y con dos hijos.

Así pues, es posible que el Liar del título no se refiera solo a que alguno de los dos personajes principales está mintiendo, sino cómo las mentiras en la pareja, en la familia, en los amigos… al final acaban pasando factura cuando los secretos salen a la luz. Quizá por eso se ha renovado para una segunda temporada. Y es que si solo se centrara en Laura y Andrew, no tendría mucho recorrido.

Liar engancha. Por el relato, por la incomodidad que genera, por la incertidumbre de a quién creer, y por esa narración de los flashbacks con cámaras escondidas como si el espectador hubiera sido un testigo escondido.

Conclusiones del viaje a Mahé, Bombay y París

Cuando surgió el viaje, tuve un breve momento de duda, como ya comenté. Por suerte, duró poco y nos lanzamos. Fue un viaje un poco agotador, con mucho por ver y hacer en algo más de una semana. Sin embargo, creo que el contraste entre los tres países fue bueno para desconectar y vivir cada uno de una forma totalmente diferente.

Comenzamos por las Islas Seychelles, unas islas paradisíacas que desde luego no entraban en mis planes más próximos (ni lejanos, en realidad). Y es que con tanto globo terráqueo por descubrir, los destinos de playa quedan muy abajo en muy lista. Además, África para nosotros de momento era terreno inexplorado. Si hubiéramos ido más días, quizá habríamos aprovechado para hacer alguna excursión a Praslin o La Digue, sin embargo, al tratarse de una escala diurna, nos centramos en Mahé, que es la isla principal y donde llegaba nuestro avión.

Mahé no es muy grande, pero para poder aprovechar el tiempo al máximo, alquilamos un coche para poder movernos a nuestro ritmo y no depender de los autobuses locales. Seguimos la carretera principal y fuimos parando en playas y calitas que nos iba apeteciendo. Incluso nos bañamos en Beau Vallon, donde nos quedamos también para comer en ambas escalas aprovechando los restaurantes a pie de playa y el pescado fresco.

Por supuesto, también estuvimos en Victoria, la capital. Un pueblecito, más que una ciudad, donde se concentra la mayor parte de la población. Turísticamente tiene poco que visitar, es de esos destinos en que hay que seguir a nuestros pies y perderse entre el ir y venir de los lugareños. Mahé no es un destino de monumentos, fueron mucho más interesantes las visitas al mercado y a la plantación de té.

Aunque sin duda, uno de los mejores sitios es el Parque Natural Morne Seychellois, un auténtico paraíso verde y salvaje para los amantes de la naturaleza. En su mirador se respira tranquilidad, se ve cómo se mueven las nubes que tapan y descubren los montes. Y abajo, las prístinas aguas.

Lo que menos me gustó fue el clima. Nada más bajar del avión nos encontramos con una bofetada de humedad, sobre todo en la primera escala, ya que en la segunda había lluvias intermitentes y la temperatura había descendido unos grados.

Nuestros gastos en las dos escalas a la isla se redujeron al alquiler de coche, que dividido entre cuatro fueron 22.50€; y la gasolina y comida, que fueron otros 70.95€.

Los precios de Mahé eran elevados, un menú costaba más o menos como en Reino Unido. En total gastamos en las Seychelles 93.45€ por cabeza (menos de 50€ por día).

Bombay fue nuestra estancia más larga. Y es que, en teoría, era el destino originario del viaje. Tampoco estaba en la lista. Sí que habíamos pisado Asia cuando visitamos Japón (y Estambul), pero claro, el país nipón no tiene nada que ver. Sí, tanto la India como Japón son países muy poblados, pero no son comparables ni en clima, ni precauciones sanitarias, ni infraestructuras, ni cultura, ni costumbres…

Bombay fue un choque cultural. Tuvimos que despojarnos de nuestros prejuicios y dejarnos llevar por el caos. Fue un gran contraste viniendo del ritmo pausado de Mahé. Llevábamos una ruta más o menos establecida, por aquello de querer aprovechar al máximo nuestra visita. Sin embargo, pronto descubrimos que no hay organización que valga y que hay que dejarse fluir.

Aún así, intentamos recorrer los puntos más o menos significativos de la ciudad como Fort, el actual distrito comercial y administrativo pero que era donde en el siglo XVII se erigía la antigua fortaleza. Es en ese barrio donde se encuentra el mayor número de edificios victorianos de finales de siglo XIX cuando Bombay era la joya de la corona del Imperio Británico. De aquella época datan la Central Telegraph Office, el Tribunal Supremo, la Universidad, la Biblioteca David Sassoon, el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya o la Puerta de la India, ya en Colaba.

Esta zona está más o menos delimitada y se puede recorrer siguiendo una ruta. Por lo demás, el resto de Bombay es llegar a un barrio y perderse en él, callejear y descubrir su singularidad, la confesión de sus habitantes. Si Mahé no era un lugar para hacer turismo de monumentos, Bombay fuera de Fort, tampoco lo es. Sí, quedan restos como los fuertes de Bandra o Worli, alguna iglesia o templo… pero no se conservan en un muy buen estado. Como ya dije, Bombay no es para ir de turista, sino de viajero. Asumir el calor, el caos, los contrastes e intentar disfrutar la experiencia de salir de la zona de confort.

Aún así, es quizá la más europea de las ciudades indias con sus edificios coloniales y sus modernos rascacielos. Imagino que no tiene nada que ver con Nueva Delhi, Calcuta, Agra o Bangalore.

Aunque íbamos predispuestos a dejarnos llevar por la India, sus costumbres, su clima, su comida… hay algo a lo que no pensábamos renunciar y era el poder dormir con aire acondicionado, sin bichos y disponer de un baño decente. Así que buscamos un hotel de estilo occidental. Nuestra estancia con desayuno incluido nos salió por 127.98€ por persona (o 255.95€ por habitación). El buffet no disponía de una gran variedad de comida, pero estaba bastante bien con opciones dulces y saladas, calientes y frías, occidental e india. Una buena combinación. También cenamos allí y los platos eran abundantes, a buen precio y con un personal muy atento y simpático.

Por lo demás, el resto de gastos en Bombay (comidas, desplazamientos, excursión a la Isla Elephanta y alguna compra) fueron 369.69€, que son 92.42€ por cabeza.

A esto hay que sumarle el visado que hubo que sacar antes del viaje, que al cambio fueron 47.86€ cada uno. Es decir, en total, en Bombay gastamos 268.26€ por persona.

Para finalizar, llegamos a París, donde nos sentimos casi como en casa. El clima, la comida, la arquitectura, el transporte público ya no suponían un contraste como habían sido nuestras dos paradas anteriores. Aún así, París supuso un reto: el de conseguir ver lo máximo posible en dos días y medio. Algo imposible, por supuesto, ya que por mucho transporte público al que puedas recurrir, es una ciudad inmensa con siglos de historia, muchos monumentos, parques, museos, palacios, iglesias, catedrales, hoteles y cafeterías de renombre con parisinos sentados frente a la calle para ver a la gente pasar y dejarse ver…

Pero bueno, intentamos quedarnos con un primer acercamiento, pateando la ciudad, ya que el clima acompañaba a estar en el exterior. Paseamos por Montmartre y sus bohemias callejuelas, por la selecta Isla de San Luis, por el origen de la ciudad en la Isla de la Ciudad, por Le Marais, por los jardines de Luxemburgo y de las Tullerías; admiramos los palacios, el Louvre, la Catedral de Notre Dame, el Sacre Cœur; subimos a la Torre Eiffel y la vimos iluminada de noche; recorrimos los Campos Elíseos y llegamos hasta el Arco del Triunfo; callejeamos por el Barrio Latino; visitamos la Plaza de la Concordia, la des Vosges y la Vendôme y seguimos el curso del Sena descubriendo sus numerosos puentes.

Siempre había sido escéptica con respecto a París. No sé si por los franceses o por su fama como ciudad de los enamorados. Quizá por ambos motivos. En cualquier caso, me sorprendió gratamente. Encontré un París que me hubiera gustado recorrer con más calma para descubrir más rincones; para entrar a museos, a los diferentes monumentos; para sentarme en una de las sillas verdes típicas de los parques; para comer más crepes; para visitar las catacumbas; para subir a la Torre Montparnasse o para perderme entre las lápidas de los cementerios. Supongo que habrá que volver.

Los gastos en París no se nos dispararon mucho, a pesar de que es una ciudad cara. Siempre hay opciones para todos los bolsillos, aunque haya que buscar mucho. El primer reto fue el alojamiento. Al ser cuatro, nos era más rentable un apartamento por Airbnb, que un hotel. Nos costó 36.63€ por persona para los dos días.

Por otro lado, para movernos, era imprescindible sacarse algún pase o abono, y lo hicimos con los locales, con la Navigo, que fueron 27.50€ por persona, con el gasto de expedición de tarjeta incluido.

Además, sacamos las entradas de la Torre Eiffel por internet. No es que nos ahorráramos dinero, pero sí tiempo. Otros 17€.

Por lo demás, el único gasto fue comer, y prácticamente lo solucionamos con el supermercado que teníamos frente al apartamento. En total fueron 42.20€ en este aspecto.

Así, la suma de nuestros gastos en la capital francesa fue 123.32€.

A veces lo barato sale caro. Coges una oferta, pero a medida que vas añadiendo extras, la cuenta va subiendo y al final resulta que no era tan ventajosa como parecía. Sin embargo, este no fue el caso, ya que los gastos por persona de todo el viaje no llegaron a los 800€. En situaciones normales, con ese dinero apenas nos habría dado para cubrir los vuelos.

Con la tarifa error y los vuelos Madrid – París ida y vuelta, nos gastamos 273.76€ por persona. Para el resto seguimos la misma rutina de siempre, y es que, aunque establecemos un presupuesto estimado para más o menos saber cuánto nos vamos a gastar, lo cierto es que siempre transcurre natural y no acabamos derrochando. Tiene que ver con la educación y hábitos adquiridos.

Así pues: 268.26€ de Bombay + 93.45€ de Mahé + 123.32€ de París = 485.03€. Que sumado a los vuelos (485.03€ + 273.76€) nos dan el total de 758.79€.

No nos salió nada mal la aventura.

Escape Room: Misión Imposible, S-Time

Siguiendo la costumbre de hacer un Escape Room al mes, a finales de octubre tocó Misión Imposible.

En realidad teníamos pensado realizar otra sala, pero no había el horario que queríamos, así que, elegimos este a última hora y prácticamente sin leer mucho sobre él. De hecho, poco más que la temática.

Durante los años 60, en los momentos más críticos de la Guerra Fría, ambos bandos deciden aumentar drásticamente el presupuesto en inteligencia militar. Formando parte de un grupo de agentes de la CIA, sois enviados a una base secreta para recabar información. ¿Seréis capaces de completar la misión sin levantar sospechas?

En esta sala el papel de cada jugador es clave. La diversión va más allá de los propios enigmas que os hemos preparado: con vuestras nuevas identidades, todos tendréis algo que esconder.

Pueden participar de 4 a 6 jugadores. Nosotros éramos el mínimo y creo que 4-5 funciona muy bien. 6 quizá se estorben. No por lo porque sea un espacio pequeño, sino por el desarrollo simultáneo de tareas. Y es que no hay muchos enigmas que resolver; eso sí, cada uno lleva su tiempo. Cabe remarcar que es una sala en la que no hay ni un solo candado, sino que todo consiste en resolver acertijos. No es un juego que sea de buscar, sino de observar, pensar, razonar y asociar. Y desde mi punto de vista, ahí radica su acierto.

Ya nos habíamos encontrado con este planteamiento en Tras el Espejo, sin embargo, aquella sala fue un fiasco. Ya conté que no me sentí integrada en el juego y que no encontraba el sentido de las diferentes pruebas. Aquí, sin embargo, la ambientación está muy lograda en cada una de sus salas. El hecho de que no haya candados tiene todo su sentido. Que paredes, techo y mobiliario formen parte del escenario hace más real el juego de espías. Es una sala muy tecnológica y con los mecanismos tan bien escondidos que cuando resuelves un problema, has de estar atento para saber qué es lo que has abierto o movido. Así, sí.

En cuanto al nivel de dificultad, entramos un poco dudosos porque no nos habíamos dado cuenta de que tenía la más alta calificación de S-Time. No obstante, creo que esta vez entramos menos fríos que otras veces y enseguida comenzamos a encontrar posibles piezas de varios puzzles y a detectar por dónde iban a ir los tiros. Resolvimos bastante rápido el primer juego (he de decir que gracias a una inspiración que me vino de una prueba de Tras el Espejo) y ya a partir de ahí fue más o menos rodado (salvo algún mecanismo que nos desconcertó bastante, pero que a la vez nos encantó).

En la explicación inicial nuestra Game Master nos había dado unas identificaciones. Y es que cada jugador tiene un rol y esto influirá en el desarrollo del juego. Sin embargo, creo que aquí no nos explicó muy bien (o no nos enteramos) de que debía ser secreto. O de que al menos podía serlo, ya que la elección de mostrar o no las cartas al resto, cambiará el ritmo y resultado de la partida. Nosotros no captamos la dinámica y nos pilló por sorpresa alguna misión de la segunda parte. El giro de los acontecimientos hace que la experiencia sea totalmente diferente a la de otras salas. Y nos encantó. Al final este malentendido inicial provocó varias anécdotas divertidas. Y hasta aquí puedo leer sin reventar nada.

Conseguimos salir con 16 minutos restantes, así que seguimos imbatidos. Eso sí, nos dejamos alguna prueba sin resolver. Esto tiene que ver con el malentendido que comentaba, ya que en función de los roles de los jugadores, la misión tendrá diferentes finales. Por ello, nuestra Game Master acudió a decirnos que ya habíamos terminado.

Fue sin duda el Escape Room más divertido y mejor ambientado de los que he jugado hasta la fecha. Eso sí, le pondría la pega de la explicación inicial, ya que como consecuencia del malentendido, nos desorientamos un poco al final. Nos desconcertó también un poco el objetivo, ya que además de salir, se suponía que éramos espías que teníamos que recabar información, y como veníamos de Plan de Huida, pensábamos que había que escapar con algún documento u objeto.

Pero salvo ese par de detalles, recomiendo Misión Imposible sin duda tanto a novatos como a experimentados. Que el nivel no frene, ya que los enigmas no son difíciles. Eso sí, absténganse claustrofóbicos.

Conclusiones de nuestra breve estancia en París

Cuando surgió este viaje a Bombay decidimos añadir unos días más en París antes de volver a casa y ya entonces sabíamos que íbamos a tener que seleccionar y que nos quedarían muchas cosas pendientes.

París tiene mucho que descubrir y es muy complicado elegir qué ver en una primera visita. En estos casos siempre solemos darle prioridad a la calle. Es decir, nos centramos en patear la ciudad, perdernos por sus barrios, observar su arquitectura y edificios emblemáticos. Y si da tiempo, quizá alguna visita de interés cultural o histórico, un paseo en barco por el río u otro tipo de atracción.

Así pues, creamos una planificación en la que intentaríamos conocer los barrios más importantes buscando aquellos básicos de la ciudad como el Sacre Cœur, el Louvre, el Pompidou, las islas, caminar por las riberas del Sena viendo los numerosos puentes cada uno de ellos diferente del anterior, relajarse por los jardines importantes de la ciudad, recorrer los Campos Elíseos, subir a la Torre Eiffel

Y si hubiera tiempo, quizá subir al Arco del Triunfo, a la torre de Notre Dame, al mirador de Montparnasse y visitar las catacumbas.

Intentamos aprovechar al máximo los días, y teníamos a nuestro favor suficientes horas de luz y unos 15º de temperatura media. Sin embargo, jugó en nuestra contra el factor cansancio acumulado de todo el viaje y una ciudad demasiado extensa, con demasiados atractivos en cada barrio, en cada rincón. París es todo un monumento en sí misma.

Aprovechamos bastante bien el primer día visitando Montmartre, la zona de Ópera, Le Marais, La Isla de San Luis, el Jardín de las Tullerías y acabando en la Plaza de la Concordia. Aunque llegamos cansados tras un largo viaje, el cambio de clima nos cambió totalmente las pilas.

Montmartre me encantó, y el hecho de que el barrio estaba aún despertando, con poco ajetreo por sus empedradas calles, nos permitió pasear tranquilamente observando cada rincón, cada plazoleta, cada local.

Ver cómo se pone en marcha una ciudad también tiene su encanto. Y observar a tus pies París desde la escalinata de la Basílica te anima a seguir con el paseo.

Montmartre aún mantiene ese encanto bohemio, ese barrio de artistas, y además, se ve mucho arte callejero en sus paredes.

Otro punto simbólico que no podíamos dejar de visitar en Montmartre es el Moulin Rouge, que aún hoy sigue funcionando.

Desde allí continuamos hasta las Galerías Lafayette que me dejaron con la boca abierta al ver esa cúpula tan ricamente decorada. Y aún más con sus vistas de la ciudad.

Después de dejar nuestras maletas en el alojamiento continuamos por la histórica Plaza de la Bastilla y por el barrio de Le Marais que nos condujo a la Isla de San Luis, dos barrios residenciales en los que habitan las clases acomodadas de la ciudad, sobre todo en la isla, un oasis urbano próximo al corazón histórico de la ciudad.

Acabamos nuestro primer día por todo lo alto con el Pompidou, el Louvre, el Jardín de las Tullerías y la Plaza de la Concordia. En el Pompidou nos quedamos con las ganas de subir a su mirador, pero se nos estaba yendo el sol y hubo que continuar nuestro recorrido. El Louvre me abrumó. El conjunto de edificios que lo componen está ricamente decorado y la plaza entera es impresionante. Y nos conduce a través del jardín a la Plaza de la Concordia, otra plaza emblemática de la ciudad desde la que vimos atardecer.

Aunque la Torre Eiffel parece un imprescindible en una primera visita a París, creo que nos quitó bastante tiempo del segundo día que podríamos haber aprovechado a pie de calle. Antes de subir paseamos por el barrio de Los Inválidos y el Campo de Marte, sin embargo, cuando bajamos, ya se nos había ido toda la mañana. Esto nos impidió entrar en otros monumentos como el Arco del Triunfo o Notre Dame, de hecho, cuando llegamos a la plaza de esta última había tremenda cola simplemente para acceder a la catedral. Imagino que hay dos opciones para subir: bien ir a primera hora, o bien armarse de paciencia y esperar en cualquier otro momento del día.

Ese día acabamos muy cansados, no obstante, no perdimos la oportunidad de salir de noche para ver otra perspectiva de la ciudad. Y aún así, tuvimos que elegir, pues no teníamos tiempo ni ánimos para salir de fiesta y perdernos por París. Así pues, nos acercamos a ver iluminada la Torre Eiffel y Moulin Rouge.

El último día fue algo más relajado porque ya habíamos asumido que no nos daría tiempo a ver lo que nos quedaba pendiente, pero intentamos aprovechar al máximo la mañana paseando por Saint Germain des Pres, el Jardín de Luxemburgo, la Universidad y el Barrio Latino.

Por la tarde, después de comer, nos quedaban unas horas antes de coger el avión, pero no las suficientes como para visitar las catacumbas. Y, aunque quizá sí que nos habría dado tiempo a subir a la Torre Montparnasse, decidimos seguir pateando algún tramo que nos habíamos dejado pendiente, como la Madeleine y la lujosa Plaza Vendôme. Y terminamos nuestra visita con unas compras.

Aunque quedó mucho por ver, no nos habría dado tiempo a recorrer tanto sin la ayuda del transporte público. La elección de la tarjeta Navigo fue un gran acierto, pues quedó prácticamente amortizada con los dos viajes al aeropuerto más las paradas en Gare du Nord a dejar el equipaje.

El metro de París cubre prácticamente toda la ciudad gracias a sus 16 líneas. Tiene buena frecuencia y hay muchas conexiones para poder hacer trasbordo de una línea a otra.

La primera de ellas fue inaugurada en 1900. Desde entonces, la red de metro no ha hecho más que crecer contando en la actualidad con 303 estaciones y 219 kilómetros de vías. Es la tercera más larga de Europa Occidental solo superada por Londres y Madrid.

El metro funciona de 5:30 a 1:00. Aunque los viernes y sábados cierra a las 2:00.

Se dice que no hay ningún punto de París alejado más de 500 metros de una estación, aunque con señalización diversa.

Algunas de ellas cuentan con unas salidas muy pintorescas.

Hay estaciones con pasillos interminables y múltiples desvíos. Sin embargo, está bien indicado y además, cuenta con paneles informativos que indican los horarios y avisan de posibles incidencias a tiempo real.

Una vez en el andén, también hay paneles que señalan la línea en que estás, el sentido, la hora, y lo que le falta al tren por venir, y además, a un segundo. Es bastante fácil moverse por la red de metro parisina. Y por si fuera poco, las locuciones se repiten en inglés, francés, español, alemán e incluso chino y japonés. Asimismo, la información dentro de los vagones con las advertencias de seguridad está en varios idiomas.

No obstante, en algunas líneas debían estar dando un lavado de cara a las estaciones, puesto que estaban como en bruto.

El RER tan solo lo cogimos para ir y volver del aeropuerto, trayecto que lleva apenas unos 50 minutos y sin apenas paradas.

El bus solo lo cogimos una vez para acortar desde la Estatua de la Libertad a Trocadero y parecía tener buena frecuencia. Eso sí, también depende del tráfico, no nos olvidemos que estamos hablando de una gran capital. De ahí que cogiéramos más el transporte suburbano.

El apartamento a pesar de no estar céntrico creo que fue buena elección, pues estaba bien comunicado. Además, teníamos cerca un supermercado, que nos permitió hacer la compra y solucionar desayunos y cenas.

Esos tres días de París sirvieron como aperitivo, pues se quedaron cortos. Es una ciudad inabarcable. Además de los lugares a los que no entramos por falta de tiempo, me da la sensación de que nos quedaron muchos rincones por descubrir y que no observé con todo el detenimiento que se merece una ciudad con tanta historia en su pasado y una arquitectura tan rica (no hay que olvidarse de mirar hacia arriba para no perderse hermosas azoteas). Supongo que no nos quedará otra que volver algún día.