Día 10 II Parte. París. Iglesia de la Madeleine y Plaza Vendôme

Tras comer, nos dividimos. Los escoceses se marcharon al aeropuerto, pues tenían el vuelo a primera hora de la tarde, y nosotros, que lo teníamos a última hora de la tarde, intentamos aprovechar lo que nos quedaba de tarde. En un principio pensábamos subir a la Torre Montparnasse y visitar las Catacumbas, que quedaban cerca de la zona. Sin embargo, contábamos con poco tiempo para visitar las Catacumbas con calma. Así pues, decidimos seguir paseando en busca de algún punto de interés que se nos había quedado perdido en el mapa.

Tomamos el metro hasta la Plaza de la Concordia. Ya la habíamos visitado en nuestro primer día, pero era al atardecer y queríamos verla con más luz.

Desde allí, la Rue Royale nos conduce a la Iglesia de la Madeleine, una iglesia católica que sorprende por su diseño, ya que recuerda a un templo griego con sus 52 columnas corintias de 20 metros de alto y con el frontón que representa la escena de El Juicio Final.

Comenzó a construirse en 1764, pero las obras se vieron interrumpidas con la Revolución Francesa. Napoleón decidió continuar con los trabajos en 1806, pero cambió totalmente el diseño y se echó prácticamente abajo todo lo que se había construido.

Sobre todo cambió el aspecto interior. La idea original era construir un templo en honor a la Armada Francesa, pero este fin dejó de tener sentido cuando se erigió el Arco del Triunfo y en 1842, con la caída de Napoleón pasó a ser usada como iglesia en honor a Santa María Magdalena, función que sigue cumpliendo hoy en día.

Su planta cuenta con una única nave de tres cúpulas. En la superior destaca un fresco sobre la historia del cristianismo. Frente al exterior neoclásico, el interior es de estilo barroco. Unas robustas puertas decoradas con motivos religiosos nos dan la bienvenida.

El interior es muy sencillo y está sumido en la penumbra. Su órgano es uno de los mejores de París.

Una escultura de la Asunción de la Magdalena preside el altar mayor.

Tras visitar la iglesia, nos adentramos en el I distrito rumbo a la Place Vendôme. Es una zona en la que abundan los hoteles de lujo y las marcas de renombre como Chanel, Nina Ricci, Cartier, Bulgari o Christian Dior.

La plaza, construida en 1698, tiene una longitud de 124 metros y un ancho de 213 metros en un diseño octogonal. Fue concebida para acoger academias y embajadas, sin embargo, los banqueros se adelantaron, compraron los terrenos y levantaron suntuosas mansiones.

Es una plaza espectacular en cuyo centro se erige un gran obelisco, la Columna de Austerlizt, que conmemora la victoria de Napoleón en dicha batalla. En lo alto de sus 44 metros está coronada por una estatua del emperador. Fue construida con cañones de los imperios ruso y austríaco e imita la Columna Trajana de Roma. En su lugar, antes de la Revolución Francesa, había una estatua de Luis XIV.

Con el paso de la historia ha recibido varios nombres: Plaza Luis el Grande, Plaza de las Conquistas, Plaza Internacional y Plaza de las Picas. Y ha sido lugar de residencia de personajes célebres como Chopen o César Ritz, que fundó su hotel en el número 15 a principios del siglo XX. El nombre de Vendôme lo toma de otro hotel que hay en la plaza.

Hoy es el paradigma de la exclusividad, la opulencia, el lujo y las compras debido a sus joyerías y tiendas de alta costura.

Se nos acababa el tiempo, así que tomamos el metro hasta Montmartre para comprar recuerdos de última hora y de vuelta a Gare du Nord a por las mochilas.

Ninguna de las veces anteriores habíamos salido al exterior, así que esta vez lo hicimos, y el edificio de estilo neoclásico es impresionante. Destaca su fachada decorada con 23 estatuas que representan las ciudades a la que llega la compañía ferroviaria. Las que coronan el edificio simbolizan destinos internacionales.

La primera estación abrió en 1846, aunque enseguida se quedó pequeña y fue demolida parcialmente en 1860 para erigir una nueva, que es la que vemos hoy en día. La nueva construcción llevó desde 1861 a 1865. En 1885 se añadieron cinco vías extra. Cuatro años más tarde se reconstruyó entero y se amplió el lado este para las líneas suburbanas. En el siglo XX hubo dos nuevas ampliaciones, una en 1930 y otra en 1960. Actualmente es la estación de tren más grande de la ciudad.

Justo al salir al exterior hay una peculiar casa ladeada que supongo que es algún tipo de obra vanguardista.

Y con esto finalizó nuestra visita a París, volvimos de nuevo al interior para tomar el RER que nos llevaría al aeropuerto. Aunque la línea es exprés y apenas realiza un par de paradas, fácilmente lleva una hora llegar hasta la terminal del Charles de Gaule.

Habíamos hecho el checkin, pero no llevábamos las tarjetas de embarque porque no me llegó el correo electrónico, así que lo primero que hicimos fue ir a una de las máquinas para sacarlas. Y como no teníamos nada que facturar, pasamos el control y nos fuimos a la puerta. Y de nuevo, como a la vuelta de Japón, nos tocó la zona cuyo techo es de cristal.

No sé quién fue el lumbreras que la diseñó, pero hace mucho calor, ya que aquello parece un invernadero. De hecho, si embarcas al atardecer, el sol te da de lleno a través de la cristalera y tienes que acabar recurriendo a un parasol como las asiáticas que teníamos enfrente.

Para más inri, nos avisaron de que el vuelo salía con retraso. Aunque, por suerte, tan solo fue unos cuarenta minutos.

El vuelo fue tranquilo e incluso nos dieron un tentempié para medio cenar.

Para cuando llegamos a Madrid tan solo queríamos darnos una ducha y dormir. Se nos había acabado el viaje.