The escape: From the container

Comentaba en mi entrada anterior que teníamos planes para las 9 de la noche. Pues sí, nos hemos aficionado tanto a las salas de escape, que pensamos en abrir horizontes y probar también fuera de España, a ver qué se cocía por tierras extranjeras.

Elegimos The Escape, que se encuentra próximo a la estación de Zúrich. Entre las opciones que ofrecen, nos decantamos por la sala From the container.

Esta vez nos teníamos que meter en el papel de unos periodistas que están investigando la contaminación de aguas subterráneas. Las pistas nos llevaban a una compañía como culpable de los vertidos, pero antes de publicar la historia, debíamos contactar con Dimitri Zarev, el director del laboratorio que había sido encerrado en un contenedor. Así pues, la misión era encontrar a Zarev y publicar la historia del escándalo del siglo.

La historia no pintaba mal y el ratio de éxito estaba en el 50%. Éramos 5 integrantes y elegimos hacerlo en inglés, aunque solo es necesario para algún enigma, no para todo el juego.

Nuestro anfitrión nos preguntó si conocíamos las salas de escape y después procedió a explicarnos el funcionamiento, nuestra misión y un par de detalles sobre algunos candados específicos. Después nos esposó y nos soltó en la sala.

Así de primeras era el escape más minimalista que había vivido. Sí que es verdad que en Museum Box apenas había objetos, pero es que aquí no había nada salvo paredes forradas de cajas de madera como se ve en las fotos de la web.

A partir de ahí tienes que conseguir quitarte las esposas y comenzar a encontrar códigos para abrir candados. Enseguida entramos en la dinámica y entre todos fuimos resolviendo acertijos y conseguimos pasar a la siguiente sala.

Al contrario que en la anterior sí que había más objetos con los que interactuar y de nuevo más enigmas que resolver, aunque para nada complicados. Nos quedaban 32 minutos por delante cuando conseguimos abrir la puerta, lo cual nos desilusionó un poco, la verdad.

Nuestro Game Master se sorprendió bastante de nuestra rapidez e incluso de que no hubiéramos pedido ninguna pista.

La experiencia estuvo bien y fue muy divertido, incluso tenía enigmas interesantes y juegos de lógica novedosos. Al menos que nosotros no habíamos usado hasta entonces. Sin embargo, quizá era más indicado para principiantes y la mayoría de nosotros llevábamos algo de rodaje. No lo sé, el caso es que a pesar de la ambientación, la temática y las pruebas, nos supo a poco.

Serie Terminada: Good Girls Revolt

En 1964 fue promulgada en Estados Unidos la Ley de Derechos Civiles. Sin embargo, para finales de la década aún quedaba mucho por hacer. En Newsweek, una revista semanal, las mujeres no podían ejercer como reporteras. Bueno, ejercer, ejercían, pero no eran reconocidas.

La gota que colmó el vaso fue el reportaje en portada Women in Revolt. Aunque había en la redacción suficientes mujeres que podrían haberlo escrito, se contrató a una periodista freelance para que aportara la mirada femenina sobre las marchas feministas. Un grupo de trabajadoras se organizaron y presentaron una demanda por discriminación sexista ante la Federal Equal Employment Opportunity Commission. Una de esas mujeres fue Lynn Povich, quien en 2012 escribió el libro How the Women of Newsweek Sued their Bosses and Changed the Workplace.

Para finales de 1975, las mujeres escribían un tercio de los reportajes. A su vez, había una tercera parte de investigadores que eran hombres. Lynn Povich acabó convirtiéndose en la primera mujer que alcanzó el puesto de editora jefe.

En 2015 Dana Calvo adaptó el libro de Povich a serie. Así, Good Girls Revolt se inspira en esa rebelión de aquellas mujeres que hacían todo el trabajo de campo de los reportajes: buscaban los contactos y realizaban las tareas de investigación, documentación y archivo. Después, aportaban todo el material recopilado a sus compañeros, quienes redactaban, firmaban el artículo y se llevaban todo el mérito. Ellas por su parte se llevaban un “gracias” y una palmadita en la espalda (como mucho). Ellas eran investigadoras, ellos reporteros. Y la distinción no iba solo en el puesto, también en el sueldo. El famoso techo de cristal.

Mientras las mujeres protagonistas van descubriendo su identidad y la desigualdad con la que viven en el ámbito profesional y personal, la serie recoge todo un contexto histórico marcado por las revoluciones por los derechos civiles de los afroamericanos y la guerra de Vietnam.

Hace una muy buena recreación de una época por medio de la escenografía, la música y el vestuario. Todo nos transporta a aquellos años 60 y los protagonistas sirven para crear un fiel retrato de aquel ambiente sexista de la época. Los hombres visten elegantes, son tipos seguros de sí mismos, ambiciosos y que beben whisky. El paradigma del señor misógino es el editor, un hombre conservador que no es capaz de aceptar los cambios sociales. Aunque el director de la revista parece más abierto (también es algo más joven) y percibe que la sociedad está cambiando, a la hora de la verdad, no termina de aplicarlo en su terreno.

Por su parte, las mujeres son jóvenes apocadas, dulces, calladas, con pasión por su trabajo y que viven continuamente a la sombra de sus compañeros. Good Girls Revolt presenta tres tipos de mujer de la época encarnados en el trío protagonista.

En primer lugar está Patti Robinson, la típica hippie. Tiene buen olfato periodístico y quiere ser escritora. Es independiente y su forma de pensar choca con la de su familia. Por ejemplo, uno de sus conflictos es que no entiende cómo su hermana con lo joven que es está dispuesta a dejar todos sus sueños de lado por casarse con un chico que está a punto de irse a la guerra.

Por otro lado está Cindy Reston, que representa la apocada mujer que se casó joven y cuyo marido, que aún está estudiando, espera que se quede embarazada pronto (tanto que manipula sus anticonceptivos) y deje de trabajar. Así pues, no solo ve cómo en el trabajo se ve relegada a segundona, sino que descubre que su marido no la toma en serio.

La última de las tres protagonistas es Jane Hollander, que viene de clase alta. Ella es conservadora, y sí que ve su puesto como algo temporal, pues a lo que aspira realmente es a casarse con un hombre que esté bien colocado y entonces dejar de trabajar. Sin embargo, a medida que avanza la temporada, hay un despertar en su conciencia y no solo se une a las reivindicaciones, sino que acaba encabezándolas.

Los 10 capítulos de los que consta la temporada transcurren desde que la chica nueva, Nora, empieza a cuestionar el hecho de que las mujeres no puedan escribir y firmar sus artículos hasta que las protagonistas ponen la demanda. Entre tanto, vemos cómo se desarrolla la evolución de cada uno de los personajes. Es verdad que hasta mitad de la temporada no comienza a asentarse la historia y a gestarse la reivindicación, pero parece necesario para plantear tanto el contexto histórico como el particular de la redacción y darnos a conocer a los personajes. No todas las protagonistas llevan el mismo ritmo, sino que cada una lleva su propio despertar y su gestión de los conflictos, tanto con sus padres o parejas, como en el trabajo, como en la exploración/descubrimiento de su sexualidad.

Nora Ephron, esta chica nueva que planta la semilla y después se marcha a otra publicación, trabajó en la revista, sin embargo, lo hizo antes de esta rebelión. La creadora de la serie se permite la licencia de convertirla en detonante. Ephron es una reconocida escritora y cineasta. Entre sus creaciones se encuentran Cuando Harry conoció a Sally o Tienes un E-Mail.

La primera temporada deja con ganas de más, de ver cómo se explorará el cambio del rol de mujer una vez que las protagonistas han puesto la demanda. Sin embargo, nos quedamos sin saber cómo podría haber sido, ya que la serie fue cancelada. Al parecer, cuando Dana Calvo se reunió con Roy Price (el productor ejecutivo encargado de la renovación) para plantearle las líneas argumentales de la segunda temporada descubrió que este tenía poco interés en Good Girls Revolt y que ni siquiera la había visto. Al día siguiente de esa reunión, y apenas un mes desde que Amazon publicó la temporada completa, fue cancelada. Casualmente Price tuvo que dimitir en octubre de 2017 como jefe de Amazon Studios tras ser apartado por haber sido denunciado por acoso sexual. Así que parece evidente porqué no quería renovar una serie con reivindicaciones feministas.

Los integrantes de la serie (tanto delante como detrás de las cámaras) hicieron campaña para ver si alguna otra cadena o plataforma compraba la segunda temporada, pero tras varias negociaciones, finalmente no va a tener continuidad. Y es una pena, porque la serie tenía recorrido, y más en una época en la que las reivindicaciones por la igualdad laboral y salarial están de candente actualidad. Sí, las mujeres pueden escribir y firmar noticias, pero pocas llegan a ser directoras, a estar en los consejos de redacción. Y esto influye en la perspectiva que se da de la información y en el tipo de contenidos que se consumen. Aunque por supuesto, esto no solo se reduce al ámbito periodístico. Muchas series como Good Girls Revolt hacen falta.

Recorriendo Zúrich II

Nos habíamos quedado en la Fraumünster. Frente a ella, en el puente Münsterbrücke, se encuentra la estatua ecuestre de Hans Waldmann, militar suizo que llegó a ser alcalde de Zúrich. No entiendo muy bien que se le dedique una estatua, ya que al parecer gobernó de forma autoritaria y tiránica ganándose muchos enemigos. Fue juzgado y condenado y murió decapitado en 1487.

No tomamos el puente, sino que continuamos por la ribera del río hasta el Stadthaus. Fue construido en dos etapas (1883-84 y 1898-1900) por Arnold Stadtbaumeister y Gustav Gull. Es de estilo neogótico, aunque combina elementos de otros estilos, como por ejemplo la galería cubierta de cristal que es neo-renacentista.

En su origen se planteó como un edificio temporal, sin embargo, con los cambios de la ciudad en la transición del siglo XIX al XX, cobró importancia. Al crecer la población, hacía falta un nuevo edificio de mayor relevancia.

Entre 2007 y 2010 se restauró por completo para adaptarlo a las necesidades del siglo XXI y hacerlo más funcional.

Siguiendo el margen del río llegamos al puente Quaibrücke, que se abre al lago de Zúrich. Este lago glaciar se extiende desde Zúrich hasta los pies de los Alpes.

Merece la pena pararse en la barandilla y observar el paisaje. Además, el día estaba muy despejado y permitía alcanzar con la vista las montañas aún nevadas. Más cerca, los barcos, ferris y cisnes.

Cruzando el puente encontramos el edificio de la ópera. La Opernhaus es el auditorio más importante de la ciudad y de los más notables de Europa. Conocida inicialmente como Stadttheater, se construyó para sustituir al Teatro Antiguo (Aktientheater) que había quedado arrasado por un incendio. Se inauguró en 1891.

El edificio fue concebido para teatro hablado y cantado, pero cuando se inauguró el Schauspielhaus Zürich, se limitó a las representaciones de óperas, operetas y ballet.

Su elegante fachada blanca está decorada con dos hileras de columnas y un balcón porticado. El tejado está rematado con diversas figuras alegóricas. El edificio fue renovado entre 1982 y 1984.

En la plaza frente a la Ópera, había mucha gente sentada en el suelo o en las sillas verdes disfrutando del sol, también en las escaleras que daban al río.

Tomando la Theaterstrasse nos dirigimos hacia la Bellevueplatz. Una plaza con vistas al río que sirve de intercambiador de tranvías.

Junto a la plaza se encuentra el Café Odéon, una cafetería de estilo Art Nouveau de gran relevancia histórica. En él diversos políticos se han sentado a discutir sus posturas o simplemente a leer sus periódicos con una taza de café y han surgido movimientos artísticos en varias disciplinas (por ejemplo el Dadaísmo). También era lugar de reunión donde echar una partida de ajedrez. Por sus salones ha pasado gente de diferentes nacionalidades, culturas y religiones. También era un lugar muy frecuentado por los homosexuales.

Abrió sus puertas en julio de 1911 con el concepto de café vienés. En su sótano albergaba su propia tienda de pastas y en la primera planta una sala de billares. Contaba con un espacio de amplios ventanales, candelabros, ornamentos vegetales y paredes de mármol. Aún hoy en día se conserva este estilo.

Pasada la II Guerra Mundial, el Odéon seguía siendo un lugar de encuentro de las jóvenes generaciones preocupadas por la nueva economía y el futuro de los años 50. En una época en la que la gente solo podía aspirar a alquilar una habitación, el Café era como el salón de su casa donde sentarse a dialogar, observar o ver pasar el tiempo.

Siguiendo el río Limmat, paseamos por Limmatquai, una avenida que conecta Bellevueplatz con el Bahnhofbrücke y donde destacan numerosas casas gremiales transformadas en tiendas o restaurantes.

También en ella se encuentra la Wasserkirche. Literalmente “la iglesia del agua” y recibe este nombre porque originalmente se encontraba en una pequeña isla.

Data de 1479 y según la leyenda se erige en el lugar que fueron ejecutados Félix y Regula, los mártires de la ciudad,  a mano de los romanos.

A espaldas de la iglesia se puede ver la estatua de Zwinglio, el famoso teólogo suizo.

Pegado a la iglesia está el Helmhaus. Se trata de un museo de arte contemporáneo construido en 1794. Cada año hay cinco exhibiciones que incluyen a más de cien artistas de varias generaciones y cubriendo diferentes estilos, eso sí, suizos o que residen en Suiza. También se celebran conciertos, conversaciones con artistas, lecturas, proyección de películas y presentación de libros.

A sus espaldas tenemos el símbolo de Zúrich, la Grossmünster, su catedral.

Cuenta la leyenda que Carlomagno fundó una iglesia en ese lugar entre finales del siglo VIII y principios del IX sobre las tumbas de los santos Félix y Régula, que fueron decapitados donde se alza la Wasserkirche.

La actual catedral fue construida hacia 1100 en estilo románico-gótico. Destacan sus dos torres gemelas terminadas a finales del siglo XV.

Fue en la catedral, en la primera mitad del siglo XVI donde se inició la Reforma a las órdenes de Ulrico Zwinglio y Heinrich Bullinger. Desde allí se extendió a Berna y Basilea.

El interior es bastante austero, siguiendo los preceptos reformistas. sin embargo, sí que se conservan restos de frescos góticos. En su cripta, la más grande del país, se guarda una estatua de Carlomagno del siglo XV que originariamente estaba en la torre sur.

Junto a la iglesia nació una escuela de teología que sería el germen de la universidad de Zúrich.

Eran cerca de las 7 y teníamos planes para las 9 de la noche, por lo que regresamos al apartamento a ducharnos y prepararnos dejando aquí nuestro paseo por el momento.

Esta fue nuestra segunda parte de la ruta:

Recorriendo Zúrich

Tras una hora y cuarto llegamos a Zúrich, la ciudad más importante de Suiza.

Zúrich se encuentra en el cantón homónimo, que es el más poblado del país. Ya existía un asentamiento celta alrededor del siglo I a. C en la colina Lindenhof. También sirvió como lugar de emplazamiento de una fortaleza romana Turicum que se utilizó como puesto estratégico de aduanas. Más tarde, en el siglo IX se levantó el Palatinado Carolingio, un castillo que reutilizó piedras del castillo romano que había quedado destruido. En la falda de la colina creció un asentamiento comercial.

En 1218 Zúrich pasó a formar parte del Sacro Imperio Romano convirtiéndose en ciudad imperial y en 1230 la ciudad levanta una fortaleza con dos murallas paralelas de 7 metros de altura y unos 1250 metros de longitud.

En 1350 Zúrich se unió a la Confederación Helvética convirtiéndose en el quinto cantón.

A principios de la Edad Media la ciudad prosperó gracias al comercio de la seda, la lana, el lino y el cuero. Sin embargo, los comerciantes del sector comenzaron a adquirir demasiada importancia y fueron reemplazados por los gremios, quienes mantuvieron el poder hasta finales del siglo XVIII.

En el siglo XVI Zúrich adoptó la Reforma siendo el primer cantón en hacerlo y la ciudad adquirió relevancia, sin embargo esta decayó en los siglos XVII y XVIII. En 1798 Napoleón entró en Suiza, y Zúrich quedaría bajo su dominio hasta que el ejército austriaco liberó la ciudad. En 1811 se echaron abajo las murallas, lo que favoreció el crecimiento urbano, incorporando también municipios periféricos. Zúrich recuperó algo de importancia en el siglo XIX gracias al crecimiento industrial y a la neutralidad del país en un período de guerras.

Hoy en día es el centro internacional de la banca y la industria, la capital financiera y motor económico de Suiza. En Zúrich tienen sede numerosos bancos, seguros y compañías de alta tecnología. También es una ciudad con una gran actividad cultural gracias a sus museos, galerías, teatros, orquestas sinfónicas, festivales y eventos.

Su término municipal tiene una superficie de casi 92 km² que queda dividido por el río Limmat. En la orilla oeste se encuentran la Fraumünster y la St. Peterskirche dominando la zona medieval. En la orilla este destaca la Grossmünster.

Zúrich está dividido en 12 distritos (Kreise):

– Distrito 1 (Altstadt): Es el casco histórico, rodeado por el río Limmat.

– Distrito 2: localizado junto al lago de Zúrich, comprende los barrios de Enge, Wollishofen y Leimbach.

– Distrito 3: se encuentra entre el río Sihl y el Uetliberg e incluye los barrios de Alt-Wiedikon, Sihlfeld y Friesenberg están en este distrito.

– Distrito 4: entre el Sihl y la estación de trenes.

– Distrito 5 (Industriequartier): Es el barrio industrial y se extiende entre el Limmat y la estación.

– Distrito 6: se halla próximo a la colina Zürichberg. En él se encuentran los barrios de Oberstrass y Unterstrass.

– Distrito 7: En la parte este de la ciudad. Forman parte de él los barrios de Hottingen y Hirslanden.

– Distrito 8: está en la parte este del lago de Zúrich.

– Distrito 9: entre el Limmat en el norte y el Uetliberg al sur. Incluye los barrios de Altstetten y Albisrieden.

– Distrito 10: entre el Limmat al norte y al sur con Hönggerberg y Käferberg. En él están los barrios de Höng y Wipkingen.

– Distrito 11: está en la parte norte de Hönggerberg y Käferberg y entre el valle Glatt y el lago de Katzen. Lo forman los barrios de  Affoltern, Oerlikon y Seebach.

– Distrito 12: en el valle Glatt, al noroeste de Zürichberg.

Lo primero que hicimos al llegar fue irnos directos a los apartamentos para dejar las cosas. Llegamos un poco antes de la hora en que se supone que podíamos entrar, pero probamos los códigos y la máquina nos dispensó las llaves, así que pudimos subir.

Al hacer la reserva me mandaron un correo con una clave. Al llegar al edificio no hay portería ni nadie esperando, has de usar ese código en la máquina que hay en la puerta y te hace entrega de una ficha magnética que abre tanto la puerta principal como la del apartamento en cuestión. Así pues, sacamos las dos llaves y subimos a nuestros apartamentos.

Habíamos reservado uno para dos personas y otro para 3. Eran prácticamente iguales, con un dormitorio principal, el baño, y un espacio abierto de cocina y salón.

La diferencia es que el de 3 era un poco más amplio, el sofá era más grande y en vez de una mesa bajita, tenía un espacio de comedor en la cocina.

Ambos apartamentos eran bastante sencillos pero bien equipados. La decoración muy minimalista en blanco y negro, pero con televisión por satélite, secador, papel higiénico, gel/champú, ropa de cama, toallas, nevera y utensilios de cocina. También teníamos un ventilador, y es que la climatización parece ser centralizada.

Cuando limpian los apartamentos los dejan con la puerta abierta, por lo que pudimos cotillear también un apartamento tipo estudio, que cuenta con la mínima cocina, el baño, un armario, la cama, una mesa con un par de sillas y la tele.

Después de acomodar nuestras cosas, compramos algo rápido en la hamburguesería cercana y sobre las tres y algo comenzamos nuestro paseo. Volvimos de nuevo a la estación, desde donde parte la Bahnhofstrasse, una calle de 1,4 kilómetros que sigue el trazado de la antigua muralla occidental y en la que se encuentran las tiendas más exclusivas de la ciudad. Esta arteria comercial finaliza en el lago de Zúrich y queda reservada casi completamente a los peatones y tranvías.

Nos desviamos a la Uraniastrasse, desde donde se ve el Urania-Sternwarte. Se trata de una torre de 51 metros de altura con techo de metal que sirve de observatorio. Recibe el nombre de Urania en honor a la musa de la astronomía en la mitología griega.

La astronomía fue un campo que despertó mucho interés en Suiza, sobre todo gracias a la tecnología óptica. Numerosos científicos y entusiastas construyeron observatorios en las azoteas de los edificios, aunque no todo el mundo tenía acceso a ellos. Urania lleva en funcionamiento desde 1907 y tanto la torre como el telescopio fueron renovados en su centenario.

Urania es un telescopio óptico y cuenta con dos sistemas de lentes Franhofer con 30 cm de apertura. Pesa 12 toneladas y evita las vibraciones ya que se asienta en un pilar que atraviesa el edificio hasta el subsuelo.

Se realizan visitas guiadas los jueves, viernes y sábados desde las 9 de la noche, aunque siempre dependiendo de la meteorología.

Dado que no estábamos dentro de los horarios de visitas, nos dirigimos a nuestro segundo punto de la ruta, la comisaría donde se encuentran los Murales de Giacometti, que datan de 1925. Sin embargo, llegamos y estaba cerrado, por lo que no pudimos entrar a verlos. Tiene un horario bastante limitado: de lunes a domingo de 9.00 a 11.00 y de 14.00 a 16.00.

Así pues, continuamos el paseo hacia el barrio de Schipfe, uno de los más antiguos de la ciudad y donde se concentran numerosas tiendecitas y galerías de artesanía.

Callejeando subimos a la colina Lindenhof, que fue el lugar donde se asentaron celtas y romanos. Hoy en día, gracias a las reformas del siglo pasado es un espacio público y de ocio. En ella hay un parque en donde encontramos varios grupos jugando a la petanca. Y yo que pensaba que solo era tradición entre los jubilados españoles.

Además de los aficionados a la petanca, también hay mesas de ajedrez. Y por supuesto, mucha gente disfrutando de las vistas del casco histórico, donde destacan el Ayuntamiento, la Grossmünster, la Universidad y el Instituto Federal de Tecnología.

Seguimos hasta la Weinplatz, la plaza en la que se encontraba el mercado de granos hasta 1620. Sin embargo, recibe este nombre de Plaza del Vino por la fuente de Weinbauer que se colocó en 1909 y que representa a un viticultor con una cesta de uvas.

Alrededor de la plaza destacan varias casas de burgueses flamencos.

Muy cerca tenemos la iglesia más antigua de la ciudad, la St. Peter, que se erige en el solar en que había una construcción pre-románica del siglo IX dedicada al dios Júpiter y de una iglesia románica temprana del año 1000. Tiene rasgos de tres estilos arquitectónicos: románico, gótico y barroco.

Destaca el reloj de su torre, que es el mayor de Europa con sus 8,7 m de diámetro y una circunferencia de 28,5 metros. Además, la torre alberga 5 campanas de gran tamaño, llegando a pesar una de ellas más de 6 toneladas sin el badajo.

El cuerpo central de de la iglesia data de 1705-1716. Hasta 1911 la iglesia sirvió como torre de observación de incendios. En su interior con planta de basílica con galería está enterrado el primer alcalde de Zúrich, Rudolf Brun, sin embargo, no entramos ya que había un acto de la congregación. Comenzaron a llegar familias vestidas con el traje folclórico todos a juego que iban pasando y acomodándose en los bancos.

Afuera, un par de músicos tocaban unos cuernos alpinos. Cuando terminaron de tocar, entró todo el mundo y cerraron las puertas.

El cuerno alpino (Alphorn en alemán suizo y Alpenhorn en alemán) es todo un instrumento nacional en Suiza. Suele tener una longitud entre 3 y 4 metros de largo y una forma larga y cónica con un curvado en su extremo. Su sonido puede llegar hasta los 8 kilómetros de distancia, por eso fue durante mucho tiempo usado por los pastores. Estos lo tocaban para que las vacas regresaran de los pastos al establo para ser ordeñadas. Eso sí, no parece muy cómodo de transportar montaña arriba. También servía como medio de comunicación entre pastores de granjas vecinas o habitantes del valle.

Además, se comenzó a emplear como llamada a la oración. Razón por la que se encontraban los dos músicos en la plaza y mientras tocaban todo el mundo iba entrando a la iglesia. El instrumento no ha cambiado a lo largo de los siglos, aunque sí su forma de fabricarlo, tocarlo y sus usos.

Cuando la plaza quedó vacía, continuamos nuestro paseo hasta la Paradeplatz, la plaza en la que se encuentra el intercambiador de tranvías de la ciudad. En el siglo XIX fue un mercado de ganadería y animales, hoy está dominada por el impresionante edificio del banco Crédit Suisse que data del año 1876.

También se encuentra en la plaza el famoso hotel Savoy Baur en Ville.

Y de mercado a mercado. Nos dirigimos a la colorida plaza Münsterhof, donde se encontraba el antiguo mercado de cerdos de Zúrich.

En el número 8 destaca el ayuntamiento (Zunfthaus zur Waag) construido en 1637, con una preciosa fachada y ventanas de estilo gótico tardío.

En la plaza se alza la Iglesia de la Abadía de Fraumünster, de estilo románico. La iglesia que hoy queda en pie es solo una parte la abadía. Había un claustro y edificios abaciales, pero fueron demolidos a finales del siglo XIX.

Fue fundada en 853 por el nieto de Carlomagno para su hija Hildegard y quedó bajo su autoridad directa. En 1045 Enrique III el Negro concedió varios privilegios a la abadía, como el derecho de poseer mercados, acuñar monedas y cobrar peajes. De esta forma, la abadesa se convirtió prácticamente en la máxima dirigente de la ciudad.

En 1218 el emperador Federico II le otorgó a la abadía el derecho Reichsfreiheit por el que se convertía en un territorio independiente de toda autoridad que solo tendría que rendir cuentas ante el emperador. Además, la abadesa ganaría aún más poder político, pues sería la encargada de designar al alcalde.

Con las leyes gremiales en el siglo XIV la abadía fue perdiendo poder político. En 1336 Rudolf Brun se convirtió en el primer alcalde no elegido por la abadía. Finalmente en 1524 fue disuelta. El solar quedó ocupado por la Stadthaus, que hoy se usa como sala de exposiciones.

La iglesia se ha conservado, y la nave ha sido remodelada en varias ocasiones. La fachada neogótica se añadió en 1911.

Según la leyenda el emperador fundó Zúrich tras descubrir las tumbas de Félix y Régula.

Son de gran valor la cripta subterránea, las vidrieras y los frescos, algunos de ellos de Augusto Giacometti. Además, destaca su órgano, que es el más grande del cantón de Zúrich con sus 5793 tubos.

Su entrada es gratuita, pero abre pocas horas al día.

Y aquí finalizamos nuestra primera parte del paseo, llegando al río.

Escape Room: Explosión Inminente, Enigma Exprés

Después de Misión Imposible, en diciembre aprovechamos el puente para acudir a otra sala de escape. En este caso elegimos Explosión Inminente de Enigma Exprés, que en realidad era la que queríamos haber hecho en octubre pero que estaba completa.

Repetimos integrantes de la última vez, pero incorporamos a una novata, la hermana de una de las jugadoras, que tanto nos había oído hablar de las escape room, que no se pudo resistir a acompañarnos.

Al llegar, la Game Master nos consultó el grado de experiencia para saber qué indicaciones necesitábamos y qué metodología seguir para las pistas y después nos informó sobre la seguridad y los objetos que no pertenecen al juego. Una especie de toma de contacto.

Una vez aclarados estos puntos, nos explicó nuestra misión.

Hay una amenaza de bomba en el edificio en el que os encontráis. Los criminales advierten de que la bomba explotará en una hora y se activará si alguien intenta entrar o salir del edificio.

La policía sospecha que la bomba ha sido colocada el despacho de Ricardo Castillo, un detective privado que ha sufrido amenazas de muerte por su investigación sobre los negocios turbios de una conocida red mafiosa relacionada con el crimen organizado.

Sois la única esperanza para encontrar y desactivar esa bomba, asegurar que nadie salga herido y salvar los documentos de la valiosa investigación.

¿Lograréis cumplir con la misión antes de que sea demasiado tarde?

Es decir, teníamos 60 minutos para hacernos con un CD que contiene los documentos de la investigación, desactivar la bomba y escapar. Pero esta vez eran necesarias las tres cosas para salir indemnes, no como en Plan de Huida que lo importante era abrir la puerta final, y ya como secundario obtener unos planos.

Con el objetivo claro, allá que entramos. Nos encontramos con la sala de espera del despacho del detective Ricardo Castillo (original, ¿eh?). La ambientación está bien conseguida con elementos que te encontrarías en una habitación de este estilo: las sillas, mesas, revistas, cuadros, diplomas… Pintaba bien.

Creo que conseguimos resolver bastante bien este tramo, no entramos fríos como en otras ocasiones y enseguida estábamos en el despacho del detective. Por cierto, buen detalle la prueba para esta transición.

Una vez en esta segunda sala la cosa se complica. Y es que este escape room tiene una dificultad alta según la clasificación de Enigma Exprés. De nuevo la sala está bien decorada y podría pasar por un despacho con su mesa, su estantería, su pizarra de seguimiento… Sin embargo, hay algo que chirría y es que los enigmas y puzzles parecen no terminar de encajar. Al menos es la sensación que me dio.

Hay que resolver pruebas de lógica, con otras más visuales, por ahí podríamos decir que hay cierto equilibrio, pero da la sensación de ser algo cutres. No quiero revelar nada de la sala, claro, pero algunas pistas parecen muy caseras. Al principio pensé que esta sensación se debía a venir de Misión Imposible que era 2.0 y que cada prueba que resolvíamos nos hacía exclamar de sorpresa. Pero tras darle más vueltas en las horas posteriores, he llegado a la conclusión de que otras salas 1.0 como el Búnker o incluso Almacén Muelle 14 tenían detalles más currados. Aunque hubiera que abrir muchos candados, las pistas o documentos estaban trabajados.

Creo que esto hizo que en determinado momento nos saliéramos de la dinámica y anduviéramos un poco perdidos. También nos frenó otro detalle. Y es que la sala se puede hacer en español e inglés y en determinado momento confluyen ambas pistas en un mismo escenario y cuesta disociar lo que te corresponde del resto de elementos.

La Game Master tuvo que preguntarnos en varias ocasiones si habíamos conseguido X, si habíamos visto ese símbolo en otro lado… en definitiva, tuvo que ir guiándonos hasta que volvimos a entrar en el juego. Y para entonces nos quedaban 12 minutos.

La sala no tiene cuenta atrás, por lo que nos sorprendió cuando nos avisó de que estábamos ya llegando al final. De repente nos encontramos frenéticos de un lado para otro en la recta final. Aunque nos había comentado que la sala era lineal, lo cierto es que no es así. Al parecer, el motivo de que no haya pantalla con reloj es para que el juego sea más fiel a la realidad. Puedo entenderlo, pero se echa de menos quizá cierta ambientación de fondo que creara un clima de tensión.

Al final, tantas prisas y en apenas cuatro minutos habíamos terminado. Es decir, nos sobraron 8 minutos. Para celebrarlo, la Game Master nos ofreció un chupito de Pedro Jiménez. En realidad resultó el culín de un chupito… Muy raro todo (tanto el ofrecimiento del alcohol, como la cantidad). Para finalizar, foto grupal en el sofá de la entrada.

No estuvo mal del todo, aunque los más experimentados salimos un poco defraudados. Pensábamos que por su dificultad la sala estaría más trabajada, pero, como digo, las pruebas eran demasiado simplonas en la hora de su ejecución. La sala está concebida para 2 a 6 jugadores, aunque quizá yo diría que mínimo 3-4 por la cantidad de pruebas a realizar. Quizá 2 personas solas se pasarían corriendo los 60 minutos.

No la recomiendo. Ni por calidad, ni por precio (59€ la sala independientemente de los integrantes). Hay muchas opciones en Madrid mejores que esta.

Recorriendo Basilea: Kleinbasel y Catedral

Tras callejear por Grossbasel, nos dirigimos hacia el Mittlere Brücke, el Puente del Medio, inaugurado en 1226. En sus orígenes se usaba para el tráfico local, pero en el siglo XIV pasó a ser además en una importante vía para el comercio. A principios del siglo XX con la llegada del tranvía fue renovado.

Al otro lado tenemos Kleinbasel, un asentamiento que surgió a finales del siglo XIV alrededor de la muralla. Durante muchos siglos en esta zona vivía el sector más pobre de la población.

Cruzamos el puente y paseamos por el Oberer Rheinweg, un paseo que discurre paralelo al Rin y que nos permite obtener unas buenas vistas del casco antiguo de la ciudad.

Pero no solo merece la pena cruzar por las vistas que se obtienen desde ese lado, sino también por sus pintorescos y coloridos edificios que le dan cierto encanto a la avenida.

Además, para aquellas horas la ciudad comenzaba a despertar, empezamos a ver familias que salían a pasear o con la bici. A nosotros nos quedaba aún un poco de Basilea que conocer.

Cruzamos de vuelta por el Wettsteinbrücke, desde el que se ve la catedral, sin embargo, la dejaríamos para el final y continuaríamos hasta otra de las puertas de la Basilea amurallada.

La puerta de St. Alban es más bonita que la anterior. Cuenta con dos torres y y un gran portón de madera.

Marca el acceso al pintoresco barrio de San Alban, que tomó su nombre de la iglesia de un antiguo monasterio benedictino fundado a las afueras de Basilea en el siglo XI. Hoy, en este distrito se pueden ver edificios antiguos y modernos.

Desde allí sí que nos dirigimos a la Catedral.

Se trata de una construcción levantada entre los siglos XII y XIII en el emplazamiento de una iglesia del siglo VIII que había quedado totalmente destruida tras el terremoto de 1356. Es de estilo gótico, aunque incorpora elementos del siglo anterior. En el siglo XVI se eliminó el mobiliario y la decoración como consecuencia de la Reforma. Aún así, todavía se conservan algunas esculturas y frescos del siglo XIV en la cripta. Sus vidrieras datan del siglo XIX.

Se encuentra en un lugar estratégico en una colina junto al Rin.

La fachada, del siglo XIII, se encuentra delimitada por dos altas torres góticas rematadas con agujas de comienzos del siglo XV. La Martinsturm, a la derecha, cuenta en su parte inferior con una escultura de San Martín. Por su parte, la Georgsturm, a la izquierda, está decorada con una estatua de San Jorge matando el dragón. La piedra más clara de la parte inferior es la original de la iglesia del siglo XI.

En el pórtico principal destacan las esculturas de los patrones de la ciudad: el emperador Enrique II, quien porta una maqueta de la catedral en la mano, y su esposa Cunegunda. También se conserva la de la Virgen con el Niño.

En el crucero, bajo un gran rosetón, se encuentra la puerta de Sankt Gallen, un magnífico pórtico románico de 1180.

Por el lado derecho se accede a los claustros del siglo XV cubiertos de sepulturas y en cuyas paredes se pueden leer epitafios de miembros de conocidas familias de Basilea de entre los siglos XVI y XIX..

Además, hay elementos decorativos como una escultura que representa una mesa con verduras, y un tambor con una calavera.

En el centro, un gran espacio verde.

Y en la parte posterior de la catedral se encuentra el Pfalz, una terraza sobre el Rin que permite unas buenas vistas del casco antiguo.

Volvimos a la Münsterplatz, la plaza de la Catedral, de marcado carácter medieval. En el suroeste está la Ritterstrasse, y en el noroeste la Augustinergasse, que en su día formaba parte de la ruta real.

Su pavimento se remonta a los siglos XIV y XV. En 1871 se creó una carretera asfaltada para los coches de caballos, ya que cuando pasaban por la zona hacían mucho ruido y molestaban a las escuelas próximas. Hasta el año 2007 la plaza estaba abierta al tráfico, desde entonces es peatonal y ni siquiera pasa por ella el transporte público.

En su día fue un lugar muy frecuentado e importante. En ella se celebraban procesiones, festivales, ferias, torneos, mercados y visitas reales. También albergaba el carnaval en sus orígenes. Hoy es una zona muy tranquila puesto que no hay tiendas en los alrededores y permanece lejos del bullicio de otras plazas de la ciudad. Ya no se celebran mercados regulares, tan solo actos puntuales como la Noche de los Museos en enero, un cine al aire libre en verano, la feria de otoño o la carrera popular del último sábado de noviembre.

Eran las 11 de la mañana, y teníamos que recoger las mochilas antes de irnos a la estación, así que tomamos el tranvía y pasamos por el hotel. Como teníamos una hora hasta Zúrich, pensamos en comprar la comida y comer en el tren. Además, como el día siguiente era el día del trabajo, no sabíamos si nos íbamos a encontrar todo cerrado, por lo que nos aprovisionamos con algo de desayuno.

Íbamos de vuelta tranquilamente camino de la estación pensando que el tren era a la 1 cuando me dio por mirar los billetes y vi que nuestro tren salía a las 12:13. A la 1 era cuando llegábamos a Zúrich. Así que al final nos tocó apretar algo el paso y llegamos con la hora bastante pegada. Sin duda, la visita a Basilea fue un poco accidentada y exprés.

Recorriendo Basilea: Grossbasel

Basilea se encuentra en el cantón homónimo en la frontera con Francia y Alemania, como habíamos visto al llegar al aeropuerto. La región se conoce en alemán como Dreiländereck (el triángulo de los tres países) y en francés como District des trois frontières (distrito de las tres fronteras).

Es la segunda ciudad más poblada de Suiza después de Zúrich y tiene el último puerto para la navegación fluvial del Rin, ya que las cataratas del curso superior suponen un gran obstáculo. Basilea ha sido importante de la Edad Media en el comercio entre el Mediterráneo y el Mar de Norte, ya que desde se encuentra conectada con Rotterdam por el Rin a una distancia de 832 km. Además, existe un canal paralelo al Rin entre Basilea y Estrasburgo construido en el siglo XIX.

Los orígenes de la ciudad se remontan al primer asentamiento de los celtas en el siglo VI a. C. Más tarde, en el 44 a. C. llegarían los romanos y fundarían el asentamiento de Augusta Raurica (hoy Kaiseraugst) a 10 kilómetros de Basilea gracias a su situación estratégica. También construirían una fortificación donde hoy se halla la catedral.

Con la caída del Imperio Romano, Basilea pasaría a manos de las tribus germánicas de los Alemannen y en el siglo VI a las de los francos. En el 1000 recibe el reconocimiento de Ciudad Libre dentro del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1501 se adhirió a la Confederación Helvética. En 1833 el cantón de Basilea quedaría dividido entre Basilea-Campiña y Basilea-Ciudad, división que perdura en la actualidad.

Basilea es una ciudad cultural. En ella se encuentra la universidad más antigua de Suiza, fundada en 1459 y en la que han sido profesores Erasmo de Rotterdam o Friedrich Nietzsche. La universidad influyó en el desarrollo de la ciudad gracias a la llegada de numerosos eruditos. Basilea se convirtió en centro del Humanismo y de la imprenta.

Además, cuenta con el mayor número de museos por habitantes de todo el país con casi 40. También es una gran capital musical con sus dos orquestas de renombre y los escenarios del Theater Basel y del Schauspielhaus.

Es la sede de varias empresas de la industria química y farmacéutica como Novartis, Hoffmann-La Roche y Syngenta, así como de una importante actividad financiera. Por ejemplo, el banco UBS AG tiene su sede central en Basilea.

Basilea se encuentra dividida en dos: Grossbasel o Gran Basilea, en la orilla izquierda, y Kleinbasel o Pequeña Basilea, en la orilla derecha. En un principio pensábamos visitar el sábado por la tarde una parte, y el domingo por la mañana la otra. Sin embargo, con el retraso del vuelo hubo que ver toda la ciudad en una mañana.

Dejamos las mochilas en el hotel y comenzamos nuestro paseo por la Elisabethenkirche, la iglesia neogótica más importante de Basilea y del país. Fue construida entre 1857 y 1865 y fue la primera iglesia protestante construida en la ciudad tras la reforma protestante. Con la desamortización, en ella se pueden celebrar todo tipo de eventos, bien religiosos, bien laicos. La iglesia cuenta con tres naves, unas cúpulas neogóticas y una torre frontal a la que se puede subir.

Continuamos hasta las Fuentes de Tinguely, que se encuentran donde estaba el antiguo teatro de la ciudad. Reciben este nombre por su creador, Jean Tinguely, quien en 1977 diseñó esta piscina con nueve máquinas-esculturas de hierro que están en constante movimiento y lanzan chorros de agua.

Nos acercamos a Grossbasel, a la próxima Barfüsserplatz, una de las zonas más animadas de Basilea gracias a sus bares y cafés. En la plaza se encuentran el Musik Museum, en un edificio del siglo XI, y la Barfüsserkirche, una iglesia construida entre 1253 y 1256 que alberga en su interior el Museo Histórico.

Continuamos la Falkenstrasse hasta la oficina principal de correos, la Hauptpost.

Se trata de un edificio gótico de piedra arenisca que además de servir como oficina de correos ha tenido otros usos. Desde 1376 hasta 1378 fue empleado como un gran almacén de grano; entre 1559 y 1596 se convirtió en puerta y en 1853 fue renovado para alojar a correos. En 1881 se llevó a cabo una ampliación bajo las órdenes del arquitecto que diseñó la catedral de Viena.

Tomando la Freiestrasse llegamos a la Marktplatz, la plaza en la que se celebraba el mercado medieval del trigo y que actualmente está rodeada por edificios de colores de diferentes estilos de finales del siglo XIX y principios del XX. Es la típica plaza del mercado que podríamos ver en tantas ciudades centroeuropeas, sin embargo, se desmarca de otras que hemos visitado ya que se encuentra abierta.

Pero lo que destaca es el Rathaus o Ayuntamiento de la ciudad, un imponente edificio de color rojo. Sin duda uno de los lugares más visitados y fotografiados de la ciudad. En alemán suizo se lo conoce también como Roothus que significa tanto “ayuntamiento” como “Casa Roja”.

La elección de este color no es casual. Se pintó de esta manera para encubrir las diferencias arquitectónicas del edificio. La fachada y el interior pertenecen a diferentes etapas, y por tanto, a diferentes estilos.

Cuando Basilea se unió a la Confederación Helvética en 1501, la ciudad quería demostrar su importancia con un visible gesto. El Parlamento Cantonal decidió sustituir el antiguo ayuntamiento que había quedado destruido con el terremoto que había asolado la ciudad en 1356. Quedó claro que no se iba a reparar en gastos, así pues, entre 1504 y 1514 se levantó el nuevo Ayuntamiento uniéndolo a la parte antigua que constaba de tres arcadas.

Fue ampliado a principios del siglo XVII y se adornó la fachada con varios frescos. A finales del siglo XIX la ciudad había crecido de forma considerable, y la nueva constitución de 1875 hizo que se necesitaran nuevos edificios administrativos. Por tanto, se añadió la torre a la derecha y el edificio a la izquierda en estilos neo-gótico y neo-renacentista.

En las almenas de la fachada destacan los escudos de los 12 cantones que por la época formaban parte de la Confederación Helvética. Además, en la izquierda hay guerreros y sobre las arcadas hay ángeles de la victoria que sostienen coronas de laurel sobre escudos de la ciudad. En la parte inferior de la torre figura la frase “Hie Schweiz Grund und Boden”, que viene a significar “Aquí están las raíces de Suiza”.

Pero si la fachada no deja indiferente por su ornamentación, el patio interior es aún más abrumador. Tanto las pinturas del interior como las del exterior comparten dos temáticas: por un lado la Ley y la Legislación y por otro la pertenencia de Basilea a la Confederación Helvética.

El patio queda controlado por la estatua de Lucio Munacio Planco, un político y militar romano que fundó Augusta Raurica, a 10 kilómetros de Basilea.

La Administración Cantonal del siglo XIX apenas necesitaba una docena de trabajadores, sin embargo, con el paso de los años cada vez son necesarios más departamentos. Hoy en día el Ayuntamiento alberga las oficinas de la Cancelería, el Parlamento y algunas partes del Departamento de Asuntos Presidenciales. El Parlamento y el Gobierno Cantonal tienen también sus reuniones en las instalaciones.

El Parlamento Cantonal es el legislativo y consta de 100 miembros que se reúnen dos veces al mes para debatir. Por su parte, el Gobierno Cantonal es el ejecutivo del cantón de Basel-Ciudad así como de la ciudad de Basel y está formado por 7 miembros que se reúnen cada martes.

Tras visitar el ayuntamiento tomamos la callejuela Martinsgässlein que nos conduce a la Martinskirche, una iglesia gótica de tres naves situada en una pequeña plaza.

Es la parroquia más antigua de la ciudad, que también tuvo que ser reconstruida tras el terremoto. Sin embargo, sí que se conserva el campanario de 1287 en buen estado.

En vez de seguir hacia el río, nos adentramos por la Schneidergasse donde predominaban casas de colores con contraventanas de madera.

La calle sigue y cambia de nombre, pasándose a llamar Spalenberg, sin embargo, no deja de tener su encanto. Y nos conduce a Spalentor, una de las tres puertas que se conservan de cuando la ciudad estaba amurallada en el siglo XV.

Por ella entraban muchos de los bienes y productos que llegaban a Basilea procedentes de la Alsacia. Cuenta con una torre de planta cuadrada que está rematada por un tejado en punta cubierto de azulejos. Su cara exterior está decorada con una virgen y dos profetas. Además, tiene el escudo de armas de la ciudad.

Continuamos por otra calle pintoresca, la Spalengraben, que nos llevaría hasta la Petersplatz.

En esta plaza se encuentra la Peterskirche, una iglesia que data del siglo XIII, aunque también tuvo que ser reconstruida en el siglo XIV tras el terremoto. En el siglo XV se le añadió un campanario.

Frente a la iglesia se encuentran una serie de edificios eclesiásticos en torno a un patio.

Desde la iglesia continuamos hasta el Fischmarkt, la plaza en la que funcionó el mercado de pescado desde el siglo XIV. Era un mercado muy importante con peces traídos de varias partes del mundo. Eso sí, tenía un límite horario. Solo se podía celebrar de 7 a 10 para mantener la salubridad de la ciudad y que el aire se mantuviera limpio.

Hoy en día, lo que queda es una calle muy transitada.

Esta fue nuestra primera parte de la ruta: