Día Internacional de la Mujer

Durante años no había visto el sentido en celebrar el Día de la Mujer porque no creía que hubiera nada que festejar. Y además, me pone de mal humor cuando se alternan las felicitaciones como si fuera el día de la madre o un anuncio de compresas (“me gusta ser mujer“) con los “¿y el día del hombre para cuándo?” (Por cierto, es el 19 de Noviembre. De nada.)

Este último año se ha hecho más patente aún que no hay nada que celebrar y sí mucho que reivindicar, porque aún queda mucho para la igualdad e incluso estamos retrocediendo en algunos aspectos. Sí, hemos avanzado, pero somos personas y como tal deberíamos tener los mismos derechos y libertades, y no contentarnos con un “bueno, en otros sitios están peor” o “mal estaban las del siglo XIX, ahora por lo menos podéis [inserte su razonamiento aquí]”.

¿Y de dónde viene que el Día de la Mujer sea el 8 de Marzo? Pues vamos a echar la vista algo atrás.

En 1857 las mujeres eran mayoría absoluta en la producción de las fábricas textiles de Nueva York. Sin embargo, sus salarios eran un 60-70% inferiores al de los hombres. Además, soportaban jornadas de 12 horas en condiciones infrahumanas. Podemos hacernos una idea si hemos visto Sufragistas. Así, el 8 de marzo se echaron a las calles a manifestarse. En la protesta la policía cargó brutalmente contra ellas.

Medio siglo más tarde, poco había cambiado y las mujeres seguían reclamando equiparación salarial, reducción de jornada a 10 horas, descanso dominical y derecho a la lactancia.

En 1908 unas 40.000 trabajadoras de las fábricas textiles de Estados Unidos volvieron a manifestarse. Las de la Cotton Textil Factory en Nueva York pretendían secundar la huelga, sin embargo, no pudieron sumarse porque los dueños cerraron puertas y ventanas del edificio y las dejaron encerradas. Cuando se declaró un incendio fortuito las mujeres no pudieron escapar y 129 acabaron calcinadas. El humo que salía del edificio era morado y de ahí que se haya convertido en el color del feminismo.

En 1909, de nuevo en Nueva York 15.000 mujeres trabajadoras salieron a protestar bajo el lema “Pan y Rosas”. El pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas la calidad de vida. Además de las reivindicaciones de años anteriores, añadieron nuevas exigencias, como el derecho al voto y el fin de la esclavitud infantil.

En 1910, en la celebración del Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, se seguía reclamando el sufragio universal para todas las mujeres. Aprovechando la ocasión, Clara Zetkin, dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán, propuso fijar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en homenaje a aquellas obreras que habían muerto en su lucha en contra de la explotación capitalista. La primera celebración tuvo lugar un año más tarde en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

El 8 de marzo de 1910 es también simbólico en España, porque fue cuando se aprobó la real orden que autorizaba “por igual la matrícula de alumnos y alumnas”.

Es cierto que ya desde finales de siglo ya se habían ido incorporando algunas, pues no había ninguna ley que dispusiera lo contrario. Claro, que no porque no hubiera oposición, sino simplemente porque ningún hombre se había planteado siquiera que una mujer quisiera estudiar. En 1882, en vista de que más mujeres querían incorporarse, se promulgó una real orden que lo prohibía expresamente.

Tras quejas y reivindicaciones, seis años más tarde, se les permitió el acceso a la Educación Superior, eso sí, con autorización del Ministerio de Instrucción Pública y la firma de todos los profesores de aquellas asignaturas a las que se quisiera matricular. De esta forma el docente se comprometía a garantizar el orden en el aula. Porque claro, la mujer ya sabemos que distrae e impide el normal funcionamiento de las actividades…

Volviendo a las reivindicaciones laborales, en 1911 hubo otro hito. El 25 de marzo en Nueva York, 146 mujeres murieron y 71 resultaron heridas en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist. Los propietarios habían bloqueado los accesos para evitar los robos, así que lo tuvieron complicado para escapar y conseguir salvarse. La tragedia puso en evidencia las condiciones precarias y repercutió en la legislación laboral estadounidense.

En nuestro continente, en 1917, las obreras textiles soviéticas celebraron mítines y manifestaciones. Además, hubo manifestaciones espontáneas de amas de casa que tenían que soportar largas colas para conseguir pan. Así, se unió una reivindicación política y económica, con una que pedía el final de la guerra y la proclamación de la República. Comenzó un levantamiento popular bajo el lema “Pan, paz y libertad” que marcó el inicio de la revolución que después acabaría con el Zar. Gracias al gobierno provisional las mujeres consiguieron el derecho al voto.

1975  fue declarado por la ONU el Año Internacional de la Mujer y las feministas del movimiento Red Stockings (medias rojas) decidió que era el momento de reivindicar los derechos de las mujeres. Aunque en Islandia la mujer podía votar desde 1910, en la práctica seguía habiendo grandes diferencias entre hombres y mujeres. El sueldo de los varones superaba en un 40% el de las mujeres y estas apenas suponían un 5% en el Parlamento. En el fondo seguía habiendo una visión muy tradicional del papel de las mujeres. Así, las Red Stocking promovieron un paro nacional bajo el argumento “si las mujeres paran, se para todo”.

Unidas bajo el lema “Igualdad, Desarrollo, Paz”, el 24 de octubre se fue a la huelga. La jornada fue bautizada como el  “Día Libre de las Mujeres” y el 90% de la población femenina secundó el paro. Con tal seguimiento tuvieron que cerrar los centros educativos, el transporte, los bancos, las fábricas, las tiendas… y supuso un hito en la historia del país ya que cambió la mentalidad de la población. Los hombres, que en principio se lo tomaron a broma, acabaron llamándolo el “Viernes Largo” y sirvió para que fueran conscientes del espacio que ocupaban las mujeres en la sociedad y cómo no era reconocido.

Tan solo un año después, el gobierno islandés aprobó una ley de igualdad de género y de lucha contra la discriminación salarial en el trabajo. Hoy en día Islandia se ha convertido en el país más igualitario del mundo.

Así, tras un siglo de protestas, reivindicaciones y manifestaciones que cada vez iban a más, en 1977 la ONU lo convirtió en el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, “para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer”. Aunque no todos los países lo reconocerían. Estados Unidos por ejemplo no lo asumiría hasta 1994 tras la reivindicación de Beata Poźniak, una actriz polaca.

Estamos en 2018 y aún seguimos igual. Sí, podemos acceder a la universidad o votar, pero aún nos queda mucho por recorrer en todos los ámbitos de nuestra vida. Seguimos siendo segundonas en el ámbito laboral, recae sobre nosotras el peso familiar, y aún estamos a vueltas con nuestra libertad sexual y reproductiva. Así que, no nos queda otra que defender los derechos ya conquistados, demandar nuevos y luchar contra aquellas leyes y medidas que aún nos siguen discriminando por razón de sexo y que nos restan oportunidades.