Recorriendo Basilea: Kleinbasel y Catedral

Tras callejear por Grossbasel, nos dirigimos hacia el Mittlere Brücke, el Puente del Medio, inaugurado en 1226. En sus orígenes se usaba para el tráfico local, pero en el siglo XIV pasó a ser además en una importante vía para el comercio. A principios del siglo XX con la llegada del tranvía fue renovado.

Al otro lado tenemos Kleinbasel, un asentamiento que surgió a finales del siglo XIV alrededor de la muralla. Durante muchos siglos en esta zona vivía el sector más pobre de la población.

Cruzamos el puente y paseamos por el Oberer Rheinweg, un paseo que discurre paralelo al Rin y que nos permite obtener unas buenas vistas del casco antiguo de la ciudad.

Pero no solo merece la pena cruzar por las vistas que se obtienen desde ese lado, sino también por sus pintorescos y coloridos edificios que le dan cierto encanto a la avenida.

Además, para aquellas horas la ciudad comenzaba a despertar, empezamos a ver familias que salían a pasear o con la bici. A nosotros nos quedaba aún un poco de Basilea que conocer.

Cruzamos de vuelta por el Wettsteinbrücke, desde el que se ve la catedral, sin embargo, la dejaríamos para el final y continuaríamos hasta otra de las puertas de la Basilea amurallada.

La puerta de St. Alban es más bonita que la anterior. Cuenta con dos torres y y un gran portón de madera.

Marca el acceso al pintoresco barrio de San Alban, que tomó su nombre de la iglesia de un antiguo monasterio benedictino fundado a las afueras de Basilea en el siglo XI. Hoy, en este distrito se pueden ver edificios antiguos y modernos.

Desde allí sí que nos dirigimos a la Catedral.

Se trata de una construcción levantada entre los siglos XII y XIII en el emplazamiento de una iglesia del siglo VIII que había quedado totalmente destruida tras el terremoto de 1356. Es de estilo gótico, aunque incorpora elementos del siglo anterior. En el siglo XVI se eliminó el mobiliario y la decoración como consecuencia de la Reforma. Aún así, todavía se conservan algunas esculturas y frescos del siglo XIV en la cripta. Sus vidrieras datan del siglo XIX.

Se encuentra en un lugar estratégico en una colina junto al Rin.

La fachada, del siglo XIII, se encuentra delimitada por dos altas torres góticas rematadas con agujas de comienzos del siglo XV. La Martinsturm, a la derecha, cuenta en su parte inferior con una escultura de San Martín. Por su parte, la Georgsturm, a la izquierda, está decorada con una estatua de San Jorge matando el dragón. La piedra más clara de la parte inferior es la original de la iglesia del siglo XI.

En el pórtico principal destacan las esculturas de los patrones de la ciudad: el emperador Enrique II, quien porta una maqueta de la catedral en la mano, y su esposa Cunegunda. También se conserva la de la Virgen con el Niño.

En el crucero, bajo un gran rosetón, se encuentra la puerta de Sankt Gallen, un magnífico pórtico románico de 1180.

Por el lado derecho se accede a los claustros del siglo XV cubiertos de sepulturas y en cuyas paredes se pueden leer epitafios de miembros de conocidas familias de Basilea de entre los siglos XVI y XIX..

Además, hay elementos decorativos como una escultura que representa una mesa con verduras, y un tambor con una calavera.

En el centro, un gran espacio verde.

Y en la parte posterior de la catedral se encuentra el Pfalz, una terraza sobre el Rin que permite unas buenas vistas del casco antiguo.

Volvimos a la Münsterplatz, la plaza de la Catedral, de marcado carácter medieval. En el suroeste está la Ritterstrasse, y en el noroeste la Augustinergasse, que en su día formaba parte de la ruta real.

Su pavimento se remonta a los siglos XIV y XV. En 1871 se creó una carretera asfaltada para los coches de caballos, ya que cuando pasaban por la zona hacían mucho ruido y molestaban a las escuelas próximas. Hasta el año 2007 la plaza estaba abierta al tráfico, desde entonces es peatonal y ni siquiera pasa por ella el transporte público.

En su día fue un lugar muy frecuentado e importante. En ella se celebraban procesiones, festivales, ferias, torneos, mercados y visitas reales. También albergaba el carnaval en sus orígenes. Hoy es una zona muy tranquila puesto que no hay tiendas en los alrededores y permanece lejos del bullicio de otras plazas de la ciudad. Ya no se celebran mercados regulares, tan solo actos puntuales como la Noche de los Museos en enero, un cine al aire libre en verano, la feria de otoño o la carrera popular del último sábado de noviembre.

Eran las 11 de la mañana, y teníamos que recoger las mochilas antes de irnos a la estación, así que tomamos el tranvía y pasamos por el hotel. Como teníamos una hora hasta Zúrich, pensamos en comprar la comida y comer en el tren. Además, como el día siguiente era el día del trabajo, no sabíamos si nos íbamos a encontrar todo cerrado, por lo que nos aprovisionamos con algo de desayuno.

Íbamos de vuelta tranquilamente camino de la estación pensando que el tren era a la 1 cuando me dio por mirar los billetes y vi que nuestro tren salía a las 12:13. A la 1 era cuando llegábamos a Zúrich. Así que al final nos tocó apretar algo el paso y llegamos con la hora bastante pegada. Sin duda, la visita a Basilea fue un poco accidentada y exprés.