Machismo: 8 pasos para quitárselo de encima

Tras su novela La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal, Barbijaputa vuelve a la carga con Machismo: 8 pasos para quitárselo de encima, un ensayo en el que afronta los pasos a seguir para matar la parte machista que todos llevamos dentro. En principio va dirigido a los hombres, ya que son ellos quienes se aprovechan de los privilegios del machismo. Sin embargo, dado que nos hemos criado todos en un sistema heteropatriarcal, por mucho que nos hayamos acercado al feminismo, siempre nos queda algo que pulir, por lo que está recomendado para todo el mundo.

Está estructurado en ocho capítulos, al estilo de las fases del duelo o la adicción. Según la propia autora “Se han escrito miles de libros para ayudar a superar problemas de todo tipo. Se escriben libros de autoayuda a un ritmo vertiginoso, y siempre sobre actitudes o creencias que son perjudiciales solo para uno mismo. Siempre centrados en el yo, yo y requeteyó.

Pero ¿qué hay de aquellos comportamientos propios que también joden a la sociedad en su conjunto? No hay libros de esos. Eso sí, a este libro, más que un libro de autoayuda podríamos llamarlo «libro de autoputeo», porque no harás más que revisar y perder tus privilegios por el camino, si bien estarás contribuyendo a una sociedad más justa. Para eso nace esta obra, para ayudarte a superar tu lado machista, que, más que ser malo para ti, lo es para tu entorno.”

En cada una de las fases, con su ironía y humor característicos, Barbijaputa se adentra en nuestro sistema de roles y creencias impuestas. Y para desmontar el machismo, hay que acercarse al feminismo, por eso hay nociones básicas del movimiento, terminología y personajes que han trabajado por el movimiento.

Fase 1: SORPRESA
– ¿Es por el patriarcado?
– El piropo y la belleza
– ¿Por qué se llama feminismo?
– Las feminazis

Este es el primer paso, reconocer que somos machistas, puesto que nuestra sociedad es patriarcal. Durante siglos la mujer ha sido una posesión del hombre (ya fuera el padre, marido o hermano) que se heredaba como los terrenos y las casas.

En este capítulo también se acerca al mundo del piropo y la belleza. Explica porqué el piropo callejero no es más que una forma de demostrar que el emisor se siente con la legitimidad de hacer cualquier comentario sobre el cuerpo de las mujeres. Y como tal muestra de poder, incomoda, porque pone de manifiesto que si alguien está en una posición de supremacía, hay otro que está en la de subordinación. En cuanto la belleza, queda resumido en la frase de Naomi Wolf “la ideología de la belleza es el último baluarte de las viejas ideologías femeninas, y tiene el poder de controlar a mujeres que, de otra manera, se hubieran hecho incontrolables“. Es decir, otra forma de tener a las mujeres entretenidas, controladas y oprimidas.

No podía faltar en el primer capítulo la definición de feminismo que, por si alguien aún no la tiene clara, es la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres“. Y la tan de moda “feminazi”, que no deja de ser un vocablo acuñado por un señor (Rush Limbaugh, un conservador antiaborto) para insultar a aquellas mujeres que proclamaban que eran dueñas de su cuerpo.

Fase 2: NEGACIÓN
– Por qué vemos machismo en todas partes
– El iceberg de las violencias
– La (no) perspectiva de género
– El porqué de odiarnos

La segunda fase es la negación, cuya frase más común es la de “yo no soy machista porque a quien más quiero es a mi madre” o “yo tengo madre, hermanas y pareja“. Pero es que el machismo no impide querer, sino que tiene que ver con los privilegios que uno consigue solamente por ser hombre, y de cómo estos hacen que se oprima a las mujeres.

El machismo no solo está en la violencia de género. El maltrato físico o el asesinato es la punta del iceberg, abajo hay muchos otros detalles que a simple vista, cuando no se tiene perspectiva de género, no se ven. Y es que están muy asentados en el día a día. Antes de la violencia física está la psicológica: insultos, humillaciones, infidelidad, rechazo, silencios, indiferencia. Y también está el control económico o de las relaciones. Todos estos actos minan la autoestima de la víctima y la van aislando. Queda muy claro en este gráfico de Amnistía Internacional:

El monólogo de Paloma Palenciano también lo explica muy bien ya desde su título (No solo duelen los golpes)

Fase 3: IRA
– Los “locos”
– Los hijos sanos del patriarcado
– Otras excusas machistas y los marichulos advanced
– Las mujeres no van a la guerra

En la tercera fase llega el contraataque. Es el momento en que el machista respondería “No me conoces“. Para responder, la autora desarrolla este capítulo en el que expone que no hace falta conocer a uno en concreto porque es un tema social. Por eso desmonta la teoría de que los maltratadores o asesinos de mujeres son unos “locos”. Muy por el contrario son hijos sanos del patriarcado. Es decir, reproducen conductas aprendidas.

Barbijaputa también responde a las nuevas excusas de los machistas, como la de que las mujeres no van a la guerra, olvidando que aunque no vaya, acaban siendo vejadas y violadas en todos los conflictos bélicos. Se convierten en una forma de represaliar a los hombres de su comunidad. La mayoría de las veces el abuso no es por placer, sino simplemente para demostrar poder. Son un botín de guerra más, un trofeo.

Fase 4: RESISTENCIA
– ¿Es por el heteropatriarcado?
– Interseccionalidad y otras cosas que no viste
– “Miedos” y “miedos”
– Educándonos en machismo

Llegamos a la fase 4, y aún hay resistencia, puesto que claro “no puedo ser machista. porque tengo una hija y la educo en igualdad“. Durante años yo he pensado que me han educado en igualdad, y es verdad que comparado con mi entorno, mis padres lo hicieron bastante bien. Pero el problema es que no recibimos toda la influencia en casa, sino que el contexto en el que nos relacionamos tiene mucho que ver. Y si este es machista, algo se filtra. Me encanta la frase de Flora Tristán: “El nivel de civilización al que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción a la independencia de que gozan las mujeres“.

Así, hay que entender qué es el heteropatriarcado y cómo las mujeres y los hombres no somos iguales cuando ponemos el pie en la calle. Cómo hay miedos comunes para ambos géneros, pero además hay otros Miedos que solo sufren las mujeres. Por ejemplo, cuando una mujer vuelve sola por la noche, no solo tiene miedo a que la puedan asaltar y robar, sino que además vive el Miedo a una violación.

Barbijaputa remarca que la educación machista está en todos sitios, y se empieza a asumir desde bien pequeños. Por ejemplo, en los juguetes y en los horribles catálogos donde los niños ocupan páginas enteras saltando, haciendo deporte o alguna actividad, mientras que las niñas están sentadas, modositas, ocupándose de sus cocinitas o muñecos en un fondo rosa. Ya desde una tierna infancia se adjudican las tareas de cuidados a un género, mientras que el otro puede dedicarse a otras muchas dedicaciones.

También influyen muchos los cuentos infantiles y Disney. Somos conscientes de que estamos en el siglo XXI y que hay enseñanzas que han quedado obsoletas y que por tanto no hay que enseñar a las nuevas generaciones. Sin embargo, se siguen transmitiendo cuentos en los que siempre hay una mujer mala que va en contra de una jovencita, que además es muy bella y buena. Y claro, le pasan cosas. Las protagonistas de los cuentos no lo son en realidad, son sujetos pasivos a las que envenenan, secuestran, quieren matar… Pero, nada de preocuparse, que ya llegará el príncipe a salvarla. Con estas historias se perpetúa el mito del amor romántico con mensajes como que con paciencia y bondad se puede cambiar a otra persona (por ejemplo, la Bella y la Bestia) o que hay que renunciar a la propia identidad o a lo que más se aprecia para ser queridas (véase La sirenita).

Pero no solo son los cuentos infantiles, claro, la literatura romántica en general (también el cine) sigue ejemplificando estos patrones en los que él siempre está en una situación de poder con respecto a ella. Jefe-empleada, cliente – prostituta, hombre de negocios de éxito – jovencita…

Así que, está muy bien educar en casa en igualdad, pero dado que es un problema de la sociedad, habría que cambiar otros pilares como son la escuela, la publicidad, los medios de comunicación… En definitiva, falta conciencia de género.

Fase 5: NEGOCIACIÓN
– ¿Mujeres Machistas?
– “Secretos” de belleza
– La sororidad
– Las olas feministas
– ¿Feminismo de derechas y capitalista?

Tras la resistencia llega la negación y el argumento de que las mujeres también son machistas. La autora aquí expone que las mujeres no son machistas sino colaboracionistas del machismo. Es decir, han aprendido el mismo machismo que los hombres (porque ya habíamos visto que era algo social y no individual), pero, al contrario que ellos, no se benefician pues no están en una situación aventajada.

Algo que también se asume con esta educación es que las mujeres han de cumplir un rol. Y la belleza, como ya se ha mencionado al principio, ejerce un gran control. La mujer ha de ser perfecta, estar en la talla correcta y no mostrar signos de la edad. Pero claro, como los años no perdonan, existen secretos (a voces) de belleza como son los tintes del pelo, las cremas, los sujetadores con relleno y push-up, los tacones… y más allá, la cirugía. Pero la mujer no solo ha de competir consigo misma y con el paso del tiempo, sino que la sociedad inculca a las mujeres a competir entre ellas, a ser enemigas. Porque al final, todo se reduce a que están compitiendo por conseguir al HOMBRE. Como si por ser mujer no se pudiera tener otra aspiración en la vida.

Por eso es tan importante la sororidad, el apoyo entre mujeres. Descubrir que no se tiene que ser rival de una mujer solo por serlo.

En este capítulo Barbijaputa se adentra además en las olas feministas: una primera encabezada por mujeres burguesas que reivindicaban que sus aptitudes e inteligencia eran iguales a las de los hombres; una segunda más interseccional que se centró en el sufragio femenino y en una igualdad real (no solo en papel), además de reclamar la libertad sexual y reproductiva o el papel dentro de la familia. Por último, la tercera ola, que se rebela contra la concepción de la mujer como objeto sexual y que exige la abolición de la prostitución.

Finalmente, le dedica un apartado al feminismo de derechas, algo así como un unicornio. El feminismo por definición busca la igualdad, sin embargo, una ideología de derechas se centra en el individualismo y la importancia del capital. Y el capitalismo no deja de ser un sistema que fomenta la brecha de clases y que existan oprimidos. Y ya lo decía Flora Tristán “hasta el hombre más oprimido encuentra a alguien a quien oprimir: su mujer. La mujer es la proletaria del proletariado”.

Fase 6: DEPRESIÓN
– El aliado feminista
– La medicina girando alrededor del pene
– Nos creímos lo de la meritocracia
– El Porno

Con estas 5 primeras fases llega la depresión y plantearse “¿qué puedo hacer para luchar contra el machismo?” Es el momento de unirse al feminismo como aliado, de ser consciente de la infrarrepresentación femenina. Para ello, la autora pone como ejemplo la medicina, que durante siglos ha sido androcéntrica. Así, aunque el riesgo de padecer apendicitis es mayor en varones que en mujeres (9% vs 7%), el número de operaciones es el doble en las féminas (24% vs 12%) porque aún se confunden síntomas propios del aparato reproductivo femenino. Un ejemplo claro también es la endometriosis, una enfermedad prácticamente desconocida por la comunidad médica (aunque se estima que en el mundo la padecen unos 170 millones de mujeres) y a menudo mal diagnosticada como “dolores típicos de regla”. Las mujeres, que son unas flojas…

En este capítulo también se hace hincapié en la sobremedicación de las mujeres. Mientras que ante los mismos síntomas físicos a los hombres se les hacen mil pruebas físicas, a las mujeres se les prescribe más tratamientos ansiolíticos y antidepresivos.

Otro punto importante del capítulo es la meritocracia. Y es que uno de los argumentos del machismo para explicar porqué las mujeres no llegan a determinados puestos es que cada uno está donde se merece, según sus aptitudes y logros. Así, desprecian el sistema de cuotas de equidad, porque consideran que entonces se dará el acceso a mujeres incompetentes y que estas les quitarán a su vez los puestos a hombres realmente preparados. En el mejor de los casos están obviando que hay hombres que ocupan cargos por el simplemente hecho de serlo; en el peor (porque sería con premeditación), que si la mujer accede a esos puestos, entonces ellos tendrán más competencia. Es mucho más cómodo (y privilegiado) que sean ellas quienes se sigan ocupando de la crianza y cuidados (gratuitamente) y así la competencia es menor.

Por último, en este capítulo se trata el porno y cómo la imagen que se transmite de la mujer es siempre la de dominada y sumisa, obviando su placer. Y cómo luego estas prácticas se convierten en la educación sexual de adolescentes.

Fase 7: ACEPTACIÓN
– La misoginia de la RAE
Manspreading, mansplaining, manterrumpting
Tú como aliado feminista

En este penúltimo paso es cuando el sujeto acepta el machismo y comienza a detectar los privilegios que tienen los hombres simplemente por serlo.

En esta fase la autora se centra en la misoginia de la RAE y cómo le cuesta modificar acepciones o aceptar nuevas palabras con mayor conciencia de género. Algo no muy de extrañar ya que está compuesta casi en exclusiva por señores machistas.

Pero que no exista en la RAE no significa que no exista el concepto, así que Barbijaputa explica el manspreading, mansplaining y el manterrupting, tres conductas en las que los hombres ocupan todo el espacio y las mujeres quedan en un segundo plano.

En primer lugar, el manspreading es un tema de espacio. Mientras que a ellas se les enseña a sentarse como una señorita, con las piernas juntas o cruzadas; a ellos no se les da ninguna limitación, así que no es de extrañar que se sienten despatarrados con toda la confianza, seguridad y sin un ápice de preocupación por invadir espacios ajenos.

Por otro lado, el mansplaining consiste en esa costumbre de los hombres de explicar cosas a las mujeres dando por hecho que ellos están más versados en el tema. Imagina que estás hablando sobre una cuestión x y un hombre te interrumpe para explicarte que tienes que leer el libro tal que es el mejor que se ha escrito sobre la materia y resulta que eres tú la autora. Pues eso le pasó a Rebecca Solnit. Pero no es la única, claro, pasa todos los días.

Por último, el manterrupting va relacionado un poco con el anterior. Las mujeres son constantemente interrumpidas, invalidando su discurso, minimizándolo, invisibilizándolas.

Y para finalizar el capítulo, la autora propone al lector que es el momento de convertirse en aliado feminista.

Fase 8: NUEVA ETAPA VITAL
– Tu espacio y nuestro espacio
– Las gafas violetas
– Factor rechinamiento
– ¡La supremacía de la mujer!

Y llegamos a la etapa final. Que puede salir de dos formas. O bien que el lector detecte que es machista, se horrorice y quiera cambiar. O por el contrario, que pese a ver el sistema opresor, prefiera seguir igual, porque claro, el patriarcado le beneficia.

Y ¿qué pueden hacer estos hombres que quieren cambiar? Pues la autora recoge la frase de Kelly Temple, feminista activista del Reino Unido: “Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”. Es decir, ser consciente de todo lo remarcado anteriormente e ir corrigiéndolo. Al ser un tema social, es obvio que hay privilegios que no desaparecen porque uno quiera, pero otros sí, como por ejemplo no interrumpir o invisibilizar, ceder espacios, involucrarse en casa, no callar ante comentarios machistas… Es un proceso lento, claro, y aunque estemos concienciados con el feminismo, seguiremos teniendo contradicciones, porque es un proceso de desaprendizaje, de deconstrucción. Pero se sale.

Aproximación a Suiza

Hay Suiza más allá de las cuentas bancarias de nuestros políticos. Tradicionalmente se la ha conocido por su chocolate (en realidad por inventar el chocolate con leche), sus quesos, sus navajas, sus relojes, sus montañas y lagos, por Heidi y por su neutralidad. Es la sede de varios organismos internacionales como la Cruz Roja, una de las dos oficinas de la ONU en Europa, de la FIFA y la UEFA o del COI.

Suiza se encuentra en el corazón de Europa sin salida al mar. Limita al norte con Alemania, al oeste con Francia, al sur con Italia y al este con Austria y Liechtenstein. Está dividida en 26 cantones y la parte más poblada del país es el norte, donde se encuentran las ciudades y los lagos más grandes del país. Las áreas metropolitanas más grandes son Zúrich, Ginebra-Lausana, Basilea y Berna, siendo esta última la capital de facto.

La moneda oficial es el Franco Suizo (CHF) con billetes coloridos y duros de 10, 20, 50, 100, 200 y 1000 francos y monedas de 1, 2 y 5 francos y 5, 10, 20 y 50 céntimos.

Suiza fue habitada por los Helvetii, una tribu celta que le dio nombre al país: Helvetia. Después, en el año 15 a.C, el territorio sería integrado al Imperio Romano pasando a formar parte de la provincia romana de Galia Bélgica y más tarde de la provincia Germania Superior. Mientras que la parte este de la actual Suiza pertenecía a la provincia romana de Raetia.

Entre los siglos VI y VIII Suiza perteneció al Imperio Franco, hasta el año 843 cuando, con el Tratado de Verdún, el imperio quedó dividido y también Suiza, que se fragmentó entre Francia Oriental y Francia Media. En el siglo XI sería unificada por el Sacro Imperio Romano Germánico y se comenzó a desarrollar un sistema feudal.

En 1291 se firmó la Carta Federal, que sentó las bases para la fundación de la Confederación Helvética con la unión de tres cantones. A mediados del siglo XIV se sumaron dos cantones más, así como las ciudades-Estado de Lucerna, Zúrich y Berna, lo que favoreció que la confederación incrementara su poder y riqueza pasando a controlar los territorios al sur y oeste del Rin hasta los Alpes.

En 1499 Suiza se independizó del Sacro Imperio al ganar la guerra de Suabia. Sin embargo, no sería reconocida oficialmente su independencia hasta 1648 con el Tratado de Westfalia.

En 1798 Suiza fue conquistada por las fuerzas de la Revolución Francesa que impusieron una nueva constitución por la que se centralizaba el gobierno y se abolían los cantones. La nueva República Helvética se cargó las tradiciones culturales y el país se vio sometido a fuertes represiones. Así, cuando estalló la guerra, Suiza se negó a combatir con los franceses. En 1815 El Congreso de Viena le volvería a dar la independencia a Suiza configurando unas fronteras que no se han visto modificadas desde entonces.

Pero no llegaría la calma para Suiza, ya que en 1847 estalló la guerra civil cuando algunos de los cantones católicos intentaron crear una alianza, la Sonderbund. Sin embargo, la contienda duró menos de un mes, ya que la sociedad se percató de que les iría mejor si se unían. Se promulgó una constitución inspirada en la estadounidense, con un diseño federal que daba el autogobierno a los cantones. Una de las cláusulas más importantes de esta nueva constitución era la que permitía que se pudiera modificar por completo en lugar de introducir pequeños cambios cada poco tiempo. También se estipuló que para realizar cualquier alteración en la carta magna, habría que votar en referéndum. Otro de los puntos más significativos es el artículo 11, por el que se prohibió el envío de tropas al extranjero, aunque se mantuvo la excepción con la Guarda Suiza. Para evitar más conflictos religiosos, se define como Estado consociacional en el que conviven la religión católica y la protestante.

Durante la Primera Guerra Mundial, Suiza dio asilo a Lenin, y durante la Segunda, sirvió como base de espionaje para ambos bandos e intervino como mediadora. Alemania planeó su invasión en varias ocasiones y pretendía anexársela, pero sin éxito. Esta neutralidad conllevó a que el país se quedara aislado en varias ocasiones ya que ambos bandos bloquearon le bloquearon el comercio. Además, quedó rodeada por el Eje cuando se cortó la línea ferroviaria que unía el país con Francia. No obstante, aunque no fue invadida, sí que varias ciudades (como Stein am Rhein, Basilea y Zúrich) sufrieron los bombardeos de los aliados en 1944 y 1945, aunque fuera por error.

Desde mediados del siglo XX Suiza pasó de ser un país rural a uno urbanizado en el que las mujeres no pudieron votar hasta 1971.

El Gobierno está formado por 7 miembros que van rotando cada año en la presidencia. Sin embargo, este cargo no le da plenos poderes, ya que a su vez sigue desempeñando su labor en su ministerio. El Parlamento consta de dos cámaras: el Consejo Nacional, que representa al pueblo, y el Consejo de los Estados que representa a los cantones. Muy similar a nuestro Congreso y Senado, aunque ambas tienen el mismo poder y en ellas se aprueban leyes federales.

Los suizos pueden participar activamente en la política proponiendo o rechazando las leyes mediante la recogida de firmas, un proceso similar al español. Sin embargo, por lo que destaca el sistema suizo es por sus referéndums, que sí que son frecuentes y forman parte de su día a día.

Un aspecto muy importante de la identidad suiza es su neutralidad, ya que ha contribuido a mantener la confederación fuerte y unida con el paso de los siglos y de los conflictos que se han desarrollado en Europa. Suiza pertenece a Naciones Unidas y a la Asociación para la Paz de la OTAN, pero no pertenece a la organización, porque es incompatible con su principio de neutralidad. Suiza no puede ingresar en alianzas militares si no ha recibido previamente un ataque. Es decir, sus Fuerzas Armadas únicamente intervienen en defensa propia, nunca para tomar posición en conflictos internacionales o para dejar paso.

El servicio militar es obligatorio para los hombres y voluntario para las mujeres. Tras la instrucción, una vez al año vuelven al ejército para refrescar la formación, de ahí que sea frecuente ver a jóvenes vestidos de uniforme cuando van o vuelven de sus maniobras. El servicio no es obligatorio si se vive en el extranjero, pero si se regresa a Suiza, se tiene que retomar según la edad y aptitudes. Las Fuerzas Armadas suizas apenas llegan a un 5% de militares, el resto lo completan jóvenes de edades entre 20 y 34 años, quienes guardan las armas en casa. Muy curioso. También lo es ley federal de 1963 que exige que existan refugios nucleares en los sótanos de las casas y que estén abastecidos ante un posible incidente.

La localización geográfica y la historia han influenciado en la cultura de Suiza, y también en su idioma. Hay cuatro idiomas oficiales: el alemán en el norte, este y centro del país; el francés en el oeste; y el italiano en el sur. Además, hay una lengua minoritaria, el romanche, que es hablada por una minoría en el cantón de Grisones. Los ciudadanos suizos estudian mínimo tres idiomas en su etapa escolar. En primer lugar el oficial de su cantón, como segunda lengua otra lengua oficial, y además inglés. Eso sí, en la calle tanto el alemán, el francés y el italiano son unas versiones dialectales de los idiomas oficiales que se hablan en Alemania, Francia o Italia.

El alemán que se habla en Suiza se conoce como Schwyzerdütsch, y guarda cierta proximidad con el que se habla en la zona sur de Alemania, sobre todo en la pronunciación de los sonidos que se corresponden con /x/ y /r/. Sí que se mantiene el estándar en la lengua escrita, en los medios, pero en la calle se oye el alemán suizo.

Por su parte, el francés suizo difiere menos del francés de Francia, y a su vez comparte aspectos con el francés belga, como el uso de huitante para ochenta, en lugar de quatre-vingts. 

En la parte italiana del país lo que se habla es el tesinés, un dialecto lombardo con muchos préstamos del francés y del alemán.

Nosotros íbamos a visitar únicamente Basilea y Zúrich, dos ciudades en las que se habla alemán. Allá vamos.

Día Internacional de la Mujer

Durante años no había visto el sentido en celebrar el Día de la Mujer porque no creía que hubiera nada que festejar. Y además, me pone de mal humor cuando se alternan las felicitaciones como si fuera el día de la madre o un anuncio de compresas (“me gusta ser mujer“) con los “¿y el día del hombre para cuándo?” (Por cierto, es el 19 de Noviembre. De nada.)

Este último año se ha hecho más patente aún que no hay nada que celebrar y sí mucho que reivindicar, porque aún queda mucho para la igualdad e incluso estamos retrocediendo en algunos aspectos. Sí, hemos avanzado, pero somos personas y como tal deberíamos tener los mismos derechos y libertades, y no contentarnos con un “bueno, en otros sitios están peor” o “mal estaban las del siglo XIX, ahora por lo menos podéis [inserte su razonamiento aquí]”.

¿Y de dónde viene que el Día de la Mujer sea el 8 de Marzo? Pues vamos a echar la vista algo atrás.

En 1857 las mujeres eran mayoría absoluta en la producción de las fábricas textiles de Nueva York. Sin embargo, sus salarios eran un 60-70% inferiores al de los hombres. Además, soportaban jornadas de 12 horas en condiciones infrahumanas. Podemos hacernos una idea si hemos visto Sufragistas. Así, el 8 de marzo se echaron a las calles a manifestarse. En la protesta la policía cargó brutalmente contra ellas.

Medio siglo más tarde, poco había cambiado y las mujeres seguían reclamando equiparación salarial, reducción de jornada a 10 horas, descanso dominical y derecho a la lactancia.

En 1908 unas 40.000 trabajadoras de las fábricas textiles de Estados Unidos volvieron a manifestarse. Las de la Cotton Textil Factory en Nueva York pretendían secundar la huelga, sin embargo, no pudieron sumarse porque los dueños cerraron puertas y ventanas del edificio y las dejaron encerradas. Cuando se declaró un incendio fortuito las mujeres no pudieron escapar y 129 acabaron calcinadas. El humo que salía del edificio era morado y de ahí que se haya convertido en el color del feminismo.

En 1909, de nuevo en Nueva York 15.000 mujeres trabajadoras salieron a protestar bajo el lema “Pan y Rosas”. El pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas la calidad de vida. Además de las reivindicaciones de años anteriores, añadieron nuevas exigencias, como el derecho al voto y el fin de la esclavitud infantil.

En 1910, en la celebración del Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, se seguía reclamando el sufragio universal para todas las mujeres. Aprovechando la ocasión, Clara Zetkin, dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán, propuso fijar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en homenaje a aquellas obreras que habían muerto en su lucha en contra de la explotación capitalista. La primera celebración tuvo lugar un año más tarde en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

El 8 de marzo de 1910 es también simbólico en España, porque fue cuando se aprobó la real orden que autorizaba “por igual la matrícula de alumnos y alumnas”.

Es cierto que ya desde finales de siglo ya se habían ido incorporando algunas, pues no había ninguna ley que dispusiera lo contrario. Claro, que no porque no hubiera oposición, sino simplemente porque ningún hombre se había planteado siquiera que una mujer quisiera estudiar. En 1882, en vista de que más mujeres querían incorporarse, se promulgó una real orden que lo prohibía expresamente.

Tras quejas y reivindicaciones, seis años más tarde, se les permitió el acceso a la Educación Superior, eso sí, con autorización del Ministerio de Instrucción Pública y la firma de todos los profesores de aquellas asignaturas a las que se quisiera matricular. De esta forma el docente se comprometía a garantizar el orden en el aula. Porque claro, la mujer ya sabemos que distrae e impide el normal funcionamiento de las actividades…

Volviendo a las reivindicaciones laborales, en 1911 hubo otro hito. El 25 de marzo en Nueva York, 146 mujeres murieron y 71 resultaron heridas en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist. Los propietarios habían bloqueado los accesos para evitar los robos, así que lo tuvieron complicado para escapar y conseguir salvarse. La tragedia puso en evidencia las condiciones precarias y repercutió en la legislación laboral estadounidense.

En nuestro continente, en 1917, las obreras textiles soviéticas celebraron mítines y manifestaciones. Además, hubo manifestaciones espontáneas de amas de casa que tenían que soportar largas colas para conseguir pan. Así, se unió una reivindicación política y económica, con una que pedía el final de la guerra y la proclamación de la República. Comenzó un levantamiento popular bajo el lema “Pan, paz y libertad” que marcó el inicio de la revolución que después acabaría con el Zar. Gracias al gobierno provisional las mujeres consiguieron el derecho al voto.

1975  fue declarado por la ONU el Año Internacional de la Mujer y las feministas del movimiento Red Stockings (medias rojas) decidió que era el momento de reivindicar los derechos de las mujeres. Aunque en Islandia la mujer podía votar desde 1910, en la práctica seguía habiendo grandes diferencias entre hombres y mujeres. El sueldo de los varones superaba en un 40% el de las mujeres y estas apenas suponían un 5% en el Parlamento. En el fondo seguía habiendo una visión muy tradicional del papel de las mujeres. Así, las Red Stocking promovieron un paro nacional bajo el argumento “si las mujeres paran, se para todo”.

Unidas bajo el lema “Igualdad, Desarrollo, Paz”, el 24 de octubre se fue a la huelga. La jornada fue bautizada como el  “Día Libre de las Mujeres” y el 90% de la población femenina secundó el paro. Con tal seguimiento tuvieron que cerrar los centros educativos, el transporte, los bancos, las fábricas, las tiendas… y supuso un hito en la historia del país ya que cambió la mentalidad de la población. Los hombres, que en principio se lo tomaron a broma, acabaron llamándolo el “Viernes Largo” y sirvió para que fueran conscientes del espacio que ocupaban las mujeres en la sociedad y cómo no era reconocido.

Tan solo un año después, el gobierno islandés aprobó una ley de igualdad de género y de lucha contra la discriminación salarial en el trabajo. Hoy en día Islandia se ha convertido en el país más igualitario del mundo.

Así, tras un siglo de protestas, reivindicaciones y manifestaciones que cada vez iban a más, en 1977 la ONU lo convirtió en el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, “para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer”. Aunque no todos los países lo reconocerían. Estados Unidos por ejemplo no lo asumiría hasta 1994 tras la reivindicación de Beata Poźniak, una actriz polaca.

Estamos en 2018 y aún seguimos igual. Sí, podemos acceder a la universidad o votar, pero aún nos queda mucho por recorrer en todos los ámbitos de nuestra vida. Seguimos siendo segundonas en el ámbito laboral, recae sobre nosotras el peso familiar, y aún estamos a vueltas con nuestra libertad sexual y reproductiva. Así que, no nos queda otra que defender los derechos ya conquistados, demandar nuevos y luchar contra aquellas leyes y medidas que aún nos siguen discriminando por razón de sexo y que nos restan oportunidades.

Vuelo y llegada a Basilea

Nuestro viaje comenzó el 29 de abril, sábado, dirigiéndonos hacia el aeropuerto. Esta vez no teníamos a nadie que nos pudiera acercar, pero en lugar de tomar el transporte público como otras veces, contratamos un servicio de recogida y aparcamiento. El día de regreso llegaríamos a las 9 de la noche y al día siguiente habría que trabajar, por lo que para evitar que se nos hiciera muy tarde, nos fuimos desde casa con el coche, que recogería en el aeropuerto la empresa contratada y nos lo devolvería a la vuelta.

Antes de entregar el vehículo, el empleado le da una vuelta como si se tratase de un alquiler y marca posibles desperfectos en un parte o incluso hace fotos. A la vuelta, de nuevo una comprobación para ver que se encuentra en el mismo estado que lo dejaste.

Hay diversas empresas que ofrecen este servicio y el precio varía en función del aparcamiento en que guarden el coche, ya que algunas lo llevan a un espacio abierto, mientras que otras lo guardan bajo techo. Además, en algunos casos, para no hacer kilometraje, mueven en coche con una grúa. Ojo porque no todas ofrecen la recogida y entrega en el aeropuerto, sino que has de llevarlo a donde tengan su sede.

Nosotros no habíamos usado el servicio hasta la fecha, pero nos pareció una buena opción. Salía más barato que dejar el coche aparcado en el aeropuerto o que coger un taxi y nos ahorraba tiempo. Avisamos antes de salir de casa de que íbamos para allá, y cuando llegamos a la terminal, allí nos estaban esperando. Como digo, el chico revisó el coche, anotó algún detalle, firmamos, entregamos las llaves, y listos para volar.

Llevábamos ya la facturación hecha y viajábamos con mochila, sin equipaje a facturar, así que nos fuimos a comer. A mis padres les habían dado en el banco unas tarjetas para poder entrar en la sala VIP de AENA con las que podían invitar cada uno a una persona, así que allí que nos fuimos los cuatro a hacer tiempo hasta que llegara la hora del vuelo y de paso comer.

Salimos puntuales, lo cual estaba bien, porque nos encontraríamos con mi hermano en el aeropuerto de Basilea y nuestros vuelos llegaban con cinco minutos de diferencia. Sin embargo, cuando íbamos sobrevolando Francia a la altura de Limoges, el piloto nos habló por megafonía para comentarnos que volvíamos a Madrid porque se les había roto uno de los cristales interiores de la cabina. Al parecer no era peligroso y no impedía que siguiéramos volando con seguridad, sino que se trataba más de un tema logístico. Imagino que podría haber llegado a Basilea, pero una vez allí, ese avión no podría haber vuelto a despegar por normativa aérea y arreglarlo en un hangar en Suiza era más caro que volver a Madrid cuya T4 es completamente de Iberia.

En el pasaje se palpaba la tensión. Incluso había una mujer a la que le daba miedo volar que se dirigió a sus amigos aterrada diciendo que ella ya se quedaba en Madrid, que no la volvían a meter en otro avión. Por otra parte, muchos veíamos peligrar nuestras vacaciones. Otros, que volvían a casa, ya estaban pensando en cómo avisar a la familia o incluso al trabajo.

Durante el tiempo que duró el trayecto de vuelta la tripulación fue dando información con cuentagotas asegurando que ese mismo día estaríamos en Basilea ya que en Barajas estaban avisados y nos iban a reubicar.

Llegamos a Barajas a la hora en que teníamos que haber aterrizado en nuestro destino y según desembarcábamos nos indicaron que en la puerta contigua tendríamos que tomar un nuevo vuelo. No obstante esa fue la única información que recibimos, ni se nos informó de nuestros derechos ni se cumplió el Reglamento (CE) 261/2004. Según dicha normativa la compañía debe ofrecer información y asistencia a los pasajeros. Además, comida y bebida suficientes en función del tiempo de espera, así como dos llamadas telefónicas o mensajes de fax o correo electrónico. Creo que fui la única que se acercó al mostrador de Iberia a pedir la hoja de reclamaciones.

Nada de esto ocurrió. Embarcamos en el nuevo vuelo e hicieron el agosto con la venta de comida y bebida, porque además, ya eran más de las 7 de la tarde y además había muchas familias con niños pequeños. Finalmente pisamos suelo suizo pasadas las 9 de la noche.

Mi hermano, que había llegado a las 6 de la tarde, estaba avisado de la incidencia, pues le había mandado varios mensajes cuando aterrizamos en Barajas. En ese lapso de tiempo en que nosotros tomábamos el segundo vuelo, él aprovechó para ir al hotel y recoger las llaves de nuestras habitaciones. También las tarjetas de transporte. Y es que todo viajero que se aloje en Basilea, recibe el Mobility Ticket, una tarjeta que permite utilizar de forma gratuita el transporte de la ciudad y alrededores durante su estancia. Tras acomodar sus cosas, se dio un paseo por las cercanías de la estación y volvió al aeropuerto a recogernos.

El aeropuerto de Basilea es peculiar, ya que es compartido entre tres países: Suiza, Francia y Alemania. En realidad se llama Aeropuerto de Basilea-Mulhouse-Friburgo. Es bastante pequeño y antes de salir nos encontramos con carteles que nos señalan hacia dónde hemos de dirigirnos según al país que queremos llegar. Francia y Alemania para un lado, Suiza para otro.

Ya fuera nos encontramos con mi hermano y tomamos el autobús número 50 que nos dejaba en la estación central, en Basel Bahnhof en apenas 15 minutos. Al tener el Mobility Ticket, era gratuito. Y aunque no lo hubiésemos tenido, con haber enseñado la reserva del hotel, también lo habría sido.

Después anduvimos un cuarto de hora hasta nuestro hotel, el Ibis Budget Basel City. Se trataba de un hotel bastante moderno y juvenil con un diseño muy colorido. Las habitaciones eran sencillas, aunque bien equipadas. Disponíamos de una cama doble sobre la que se encontraba una litera. Además, un perchero, un escritorio y la televisión.

El baño se dividía en dos partes, por un lado un espacio cerrado con el inodoro, y otro abierto con la ducha y el lavabo. Muy práctico.

Pedimos una doble y una triple, aunque nos dieron dos triples.

Tras dejar nuestras mochilas en el hotel, y aunque era tarde, salimos a dar un paseo para estirar las piernas y ventilarnos un poco después del accidentado día. A pesar de ser un sábado noche, estaban las calles prácticamente desiertas y cuando nos cansamos de andar, tomamos un tranvía y volvimos al hotel. Al día siguiente teníamos que aprovechar al máximo las horas, ya que con el retraso habíamos perdido toda la tarde y la planificación que teníamos prevista de la visita a la ciudad.

Preparativos de una escapada a Suiza

Me he dado cuenta de que nos pasa mucho últimamente que no hemos hecho un viaje que ya tenemos planeado y ya estamos buscando el siguiente. Cuando estábamos volviendo de Escocia, surgió la escapada a Atenas y Sofía. Pero es que antes de este viaje a Grecia y Bulgaria ya teníamos el de Bombay e incluso se comenzó a gestar del que hoy comienzo nueva tanda.

Nos íbamos a Atenas un 17 de diciembre, y en una reunión familiar unos días antes, mi padre comentó que había mirado el calendario laboral de 2017 y había visto que en mayo tenía un puente muy majo ya que el día del trabajo y el de la Comunidad de Madrid caían en lunes y martes respectivamente. Tenían la idea en mente de aprovechar para ir a Escocia y visitar a mi hermano. Así pues, echamos un ojo a los vuelos. Y ya esta primera aproximación intentando diferentes combinaciones, tiraba por tierra la idea. El principal problema es que no había vuelos directos Madrid-Aberdeen, y cualquier escala hacía perder dos días, el de ida y el de vuelta, por lo que adiós puente prácticamente. Así que empezamos a valorar otros destinos.

Buscamos lugares inexplorados en Europa, por aquello de que fuera un destino próximo con pocas horas de vuelo y a ser posible sin escala. Y lo más barato que encontramos descartando lo ya visitado fue Suiza. No obstante, por situaciones familiares, la idea quedó en el aire, y no sacamos los billetes hasta un mes después. En este caso volaríamos con Iberia Express. La ida a Basilea y la vuelta desde Zúrich.

Ya en febrero reservaríamos el alojamiento. El Ibis Budget Basel City para la primera noche en Basilea y dos noches en los Apartments Swiss Star de Zúrich. En ambos casos elegimos una habitación doble y otra triple.

Escribí un correo electrónico a la Oficina de Información y Turismo de Suiza, que me envió unos folletos por correo postal. Pero como nos íbamos a Bombay, el resto de la planificación quedó pospuesta hasta nuestro regreso en abril.

Teníamos el punto de inicio, el fin y el alojamiento. Dado que no teníamos muy lejos Liechtenstein, decidimos que podríamos visitar su pequeña capital.

Así pues, a la vuelta de la India, concretamos la estructuración del viaje y sacamos los billetes de tren para ir de Basilea a Zúrich y de Zúrich a Sargans, donde cogeríamos el bus hasta Liechtenstein. Podríamos haber esperado a estar allí para comprar los billetes de tren, pero sacándolos por internet había descuento del 50% en determinados trenes (imagino que los de las horas valle). Sí que es cierto que limita en cuanto a horario y ata más; pero teniendo en cuenta que Suiza es algo cara, nos venía bien recortar gastos.

Y poco más teníamos que preparar, ya que eran cuatro días y ni siquiera íbamos a facturar. Tanto Suiza como Liechtenstein no forman parte de la UE, sin embargo, sí que pertenecen a zona Schengen y tienen acuerdos en otras áreas, por lo que son admitidos el DNI y la Tarjeta Sanitaria Europea. En cuanto a la moneda, ambos países comparten el Franco Suizo, y como siempre, lo sacaríamos al llegar a destino en un cajero, que es lo que más rentable nos sale.

Empezamos.