Made in Dagenham (Pago Justo)

1968 fue un año de reivindicaciones y de cambio en las políticas sociales. Las movilizaciones más famosas son las de mayo en Francia, pero ocurrían en varios puntos del globo. En este contexto histórico se enmarca la película Made in Dagenham (Pago justo en español).

Por aquel entonces la pequeña población de Dagenham vivía de la fábrica de automóviles Ford, de la que salían unos tres mil coches diarios. En ella trabajaban unos 55.000 hombres como operarios y 187 mujeres como costureras. Ellos estaban cualificados como Grado B o C (especializados), mientras que ellas eran Grado A (habilidades mínimas). Las maquinistas de costura se encargaban de confeccionar las tapicerías de los vehículos, una tarea que se consideraba no especializada.

Cansadas de las injusticias y desigualdades que vivían y de que el sindicato masculinizado (y machista) no les hiciera caso, capitaneadas por Rita O’Grady, organizaron una huelga para reivindicar la equiparación de categoría profesional con respecto a los hombres. Al principio no fueron tomadas muy en serio, ya que las mujeres hasta la fecha no habían hecho huelgas (sí sus compañeros), sin embargo, fueron firmes en su postura y los paros se prolongaron hasta las 3 semanas, llegando a paralizar la producción de la planta, ya que sin tapicerías no podían salir coches.

Lo que comienza como una lucha por la equiparación de categoría acaba convirtiéndose en una lucha por la igualdad salarial y con la aprobación de la Ley de Igualdad Salarial (Equal Pay Act) en el Parlamento Británico dos años más tarde.

Pero el camino no es fácil. Aunque al principio tienen el reconocimiento y el aliento de sus compañeros (muchas tienen a sus maridos entre los operarios), la cosa cambia a medida que el paro persiste y estos son enviados a casa porque no hay trabajo. Con el paso de los días los hombres comienzan a ponerse nerviosos y a pedir a las mujeres que vuelvan a sus puestos por el bien de todos. Se olvidan, sin embargo, de que en el pasado, cuando la situación había sido al revés, ellas siempre les habían apoyado.

Además, no solo se encuentran con la presión de los compañeros y los chantajes del sindicato para que vuelvan al trabajo bajo la promesa de que pronto se tratará su tema, sino que también en casa los maridos se cansan de tener que asumir las tareas domésticas y el cuidado de los hijos mientras ellas están manifestándose o en reuniones. Parece haber un momento en que ellos se desvinculan y dejan de entender de qué va toda la reivindicación. Hay un diálogo muy bueno entre Rita y Eddie que refleja la incomprensión del marido:

– Eddie: Me gusta beber pero no le doy a la cerveza cada noche, ni me follo a otras mujeres… Y nunca te he levantado la mano. ¡Jamás! Ni a los niños.
– Rita: ¿Ahora eres un santo? ¿Es lo que me estás diciendo Eddie? ¿Eres un maldito santo porque no has abusado de nosotros? […] Esto es como debe de ser, ¡por dios santo Eddie! De qué crees que va toda esta maldita huelga, ¿eh? ¡Ah, sí! No, de hecho tienes razón, no eres un borracho, no eres jugador, te ocupas de los niños, no nos pegas a ninguno, ¡oh, qué suerte tengo! ¡Por el amor de dios Eddie! ¡Así es como debe de ser! Intenta entender eso. ¡Son derechos, no privilegios! ¡Es así de fácil! ¡Es así de fácil!

Porque la huelga no iba de conseguir privilegios, sino de justicia. Se trataba de una lucha por la igualdad social, por no ser consideradas como seres inferiores. Quizá chirría un poco que no nazca totalmente de ellas, sino que lo hagan espoleadas por la estrategia de un hombre que no quiere que pasen por lo mismo que pasó su madre.

La película pone también de relieve las presiones de los norteamericanos sobre el Primer Ministro y la cobardía del gobierno británico. Tan solo Bárbara Castle, la Ministra de Trabajo y Productividad, decidió tomar cartas en el asunto y reunirse con las costureras. Castle se mostró valiente y no cedió ante las amenazas de la Ford de llevarse sus fábricas de Inglaterra.

Pago Justo tiene una gran puesta en escena con una muy buena ambientación tanto en vestuario como en decorados. El toque británico y la temática me recordó en gran medida a Pride. De hecho, comparte con esta la emotividad y el positivismo a pesar de tener toques dramáticos. No todo es tan bonito. Acaban como vencedoras por conseguir un 92% de equiparación salarial, pero la realidad dejaba mucho que desear, ya que tras la huelga volvieron a sus vidas en las que los maridos se iban al bar mientras ellas se quedaban en casa asumiendo de nuevo las tareas domésticas y el cuidado de la familia. Visto en perspectiva, era un avance, claro.

En general la cinta es un buen testimonio de cómo un grupo de mujeres que eran minoritarias en una fábrica marcaron el camino hacia una de las luchas sociales que a pesar de haber evolucionado desde 1968 aún a día de hoy no ha terminado: la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

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