Excursión a Vaduz, la capital de Liechtenstein

Estando a un paso de Liechtenstein no podíamos perder la oportunidad de acercarnos a su capital y conocer uno de los países más pequeños de Europa. Sus 160 kilómetros cuadrados le sitúan en el cuarto puesto después de la Ciudad del Vaticano, Mónaco y San Marino. A nivel mundial es el sexto. Sin embargo, a su vez, el Principado de Liechtenstein es uno de los más ricos con una de las mayores rentas per cápita del mundo.

Este país alpino es conocido por sus montañas y el turismo que atrae para senderismo y deportes de invierno (dos terceras partes del país son montañas); sellos y la producción vinícola. Y por la evasión fiscal, claro. Nuestro tercer paraíso fiscal en un año (Seychelles, Suiza y Liechtenstein). No cuenta con ejército, sino que tiene un acuerdo con Suiza. Y también usa como moneda oficial el Franco Suizo. Al igual que el país vecino no es miembro de la Unión Europea, pero sí pertenece a la zona Schengen.

Aproximadamente un tercio de su población es extranjera, sobre todo de países próximos como Alemania, Austria, Suiza e Italia. De hecho, Liechtenstein cuenta con más población activa que población total, puesto que hay muchos trabajadores que cruzan cada día la frontera desde países vecinos. El idioma oficial es el alemán, aunque como en Suiza, tiene importantes rasgos dialectales.

La mayor parte de la población es católica, y aunque en la constitución se garantiza la libertad de culto, es la católica la que cuenta con la protección especial del Estado según la constitución de 1921. Es un país católico desde la llegada de los romanos. Pertenece a la diócesis de Chur. El patrón es San Lucio.

Su sistema de gobierno es una Monarquía Constitucional, algo similar al nuestro, aunque es un principado, por lo que no cuenta con un rey, sino con un príncipe o Fürst. El monarca tiene poder de veto sobre las leyes aprobadas en el parlamento, aunque no parecen tener problema con ello. En 2003 el príncipe Johann Adam anunció que tanto él como su familia se irían al extranjero si salía en referéndum un apoyo a la república. Sin embargo, la mayoría de la ciudadanía de Liechtenstein votó a favor de que continuara la dinastía reinante. Parece que es un pueblo bastante tradicional. Las mujeres no consiguieron el voto a las elecciones nacionales hasta hace poco más de 30 años, en 1984.

El actual territorio del principado perteneció en la Antigüedad al Imperio Romano sin ser especialmente remarcable. En 1699 el príncipe Johann Adam Andreas de la dinastía Liechtenstein compró el señorío de Schellenberg y en 1712 el condado de Vaduz. De esta forma pretendía entrar en la Dieta del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1719 Carlos VI decretó que se unieran ambos territorios y que se creara un principado con el nombre de la dinastía. El Principado de Liechtenstein sería un Estado soberano del Sacro Imperio Romano Germánico. Con la llegada de los franceses en 1806 el imperio se disolvió y la soberanía de Liechtenstein pasaría al príncipe.

Hasta finales de la Primera Guerra Mundial, el principado estaba fuertemente ligado a Austria, pero como la economía de esta se vio perjudicada con la contienda, Liechtenstein se aproximó a Suiza y en ella se apoyaría durante la Segunda Guerra Mundial para mantener su neutralidad. Aunque finalmente colaboró con las potencias del Eje cuando vio que podía ser invadido.

Fue un país de campesinos hasta los años 40. Comenzó a prosperar en la década de los 50 con la industria y el sistema financiero. Hoy es uno de los países más industrializados del mundo: metal y maquinaria, cerámica, productos químicos y farmacéuticos así como industria alimentaria.

Liechtenstein se divide en once municipios, la mayoría de ellos con un único pueblo. En el Oberland se encuentran Vaduz, Balzers, Planken, Schaan, Triesen y Triesenberg. En el Unterland los pueblos de Eschen, Gamprin, Mauren, Ruggell y Schellenberg. Comparte 34 kilómetros de frontera con Suiza y otra de 41 con Austria. El país no cuenta con aeropuerto, el más próximo es el de Zúrich; apenas cuenta con estaciones ferroviarias, y el sistema de autobuses depende del suizo. Se puede atravesar el país de una punta a otra en muy poco tiempo. De hecho, el bus que cogimos iba desde Suiza hasta Austria pasando por varios pueblos de Liechtenstein.

La capital es Vaduz, aunque no la ciudad más poblada. En realidad no sé si se le puede llamar ciudad o dejarlo en pueblecito. Parece que fue fundada en el siglo XIII cuando el conde de Werdenberg mandó construir un castillo defensivo. En la Belle Époque fue centro cultural europeo y sede de encuentros de filósofos, poetas y músicos.

Para llegar a la capital de Liechtenstein tomamos un tren desde Zúrich hasta Sargans, un pueblo suizo próximo a la frontera. El recorrido de una hora sigue el margen del Zürichsee y del Walensee y el paisaje es muy agradable. Además, los trenes suizos son modernos y cómodos.

En Sargans nos recibió una lluvia persistente, así que no sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar al otro lado, porque aunque hay poca distancia, al ser zona alpina, las montañas pueden frenar corrientes y nubes y cambiar el tiempo de un pueblo a otro.

Aunque los billetes de tren los llevaba ya comprados con anterioridad, el billete de bus hubo que sacarlo in situ. No sabía muy bien qué tipo nos salía mejor, así que le pregunté al conductor. Me comentó que sin duda el Tageskarte, que sirve para todo el día, ya que teníamos que cruzar varias zonas tarifarias y el sencillo o el de ida y vuelta saldrían algo más caros. La diferencia creo que eran 3 ó 4€ por billete.

En apenas media hora estábamos en Vaduz, y, aunque también llovía, la lluvia era más ligera que en Suiza. Tomamos la calle principal dirección al Ayuntamiento, que es donde se encontraba el punto de información y turismo. Ni siquiera la mujer supo darme muchas indicaciones de qué ver o hacer salvo visitar los viñedos o museos. Pero bueno, nos hicimos con un mapa.

Nuestra primera parada fue, obviamente, el Ayuntamiento, construido en 1932 y renovado en 1984.

En la sencilla fachada destaca la decoración de animales pintados al fresco y el escudo de la ciudad.

Seguimos la calle arriba hasta la Casa Roja, que recibe este nombre por su fachada de dicho color. Es la construcción medieval más antigua de la ciudad, con una torre que data de 1807.

Se encuentra junto a una tranquila zona residencial y con unas buenas vistas, al menos en un día despejado.

Continuamos el ascenso por un camino muy bucólico que nos lleva al Castillo. A lo largo del paseo hay varios paneles en los que se explica la historia de la ciudad y del castillo.

Además, un poco antes de llegar a la fortaleza hay un mirador desde el que se puede contemplar cómo queda Vaduz a nuestros pies y las montañas al fondo (medio ocultas por la niebla).

Desde allí se alcanza a ver la Casa Roja entre los viñedos y la montaña. Y también el Ayuntamiento.

La lluvia paró a ratos, así que pudimos pasear tranquilamente.

La zona es tan verde que hasta vimos setas. Bueno, perdón, unas señoras setas. Tremendo tamaño.

El Castillo fue construido en la época medieval, en el siglo XIII, aunque se le han incorporado anexos de estilo renacentista y neoclásico. Quedó parcialmente destruido con la Guerra Suaba en 1499. En el siglo XVI se añadieron las dos torres redondas. Entre 1905 y 1912 se llevaron a cabo extensas renovaciones por orden del príncipe Johann II.

Con el paso de los siglos ha tenido diferentes funciones, como prisión o almacén del ejército del país. Hasta 1896 fue una taberna.

Cuenta con 130 habitaciones. Lamentablemente, no se puede visitar porque desde 1938 es la residencia oficial de los príncipes, pero merece la pena el paseo y las vistas. Desde ese lado, y según la perspectiva, parece apenas una torre, poco más que Margarita la gorda, la de Tallín.

Emprendimos el regreso a la calle principal, pasamos en varias tiendas en busca de algún recuerdo que llevarnos. ¡Vaya precios! Y eso que hablamos de imanes y cosas así, no quiero ni pensar en los precios de los relojes de cuco que son fabricarlos a mano.

En la calle principal encontramos el Kunstmuseum, el museo de arte moderno y contemporáneo.

Inaugurado en el año 2000, es uno de los mejores museos de Europa y símbolo nacional de la cultura. Está construido en hormigón, basalto y guijarros de colores. Con el día que encontramos se veía gris casi negro, aunque al parecer cuando luce el sol refleja la luz de una forma interesante.

Cerca de él, en la calle, había expuestas varias esculturas.

En la acera contraria se encuentra el Briefmarkenmuseum, el Museo Postal, de gran interés para los amantes de la filatelia. Es el segundo museo más visitado del país, y parece que a los asiáticos les atrae en gran medida. En él se pueden ver colecciones de sellos, además de documentos, objetos y herramientas que guardan relación con este mundo. También se organizan exposiciones temporales y se pueden adquirir matasellos poco frecuentes.

Al lado se encuentra la placa del Kilómetro 0, que marca el lugar desde donde se medían todas las carreteras. Se eligió este punto por su simbología, ya que es donde se encontraba el primer edificio del Parlamento del país entre los años 1867-1970.

Más adelante destaca el Liechtensteinisches Landesmuseum, un museo dedicado a la historia y cultura del país. En su puerta hay representada una familia con los trajes típicos y las caras recortadas para poder hacerte una foto.

El museo ocupa una antigua posada restaurada. Alberga colecciones prehistóricas, de la Edad de Bronce, de la época romana, armaduras medievales, armas de los siglos XVI al XVIII, utensilios del día a día y arte popular.

Prácticamente al final de la zona peatonal se erige el Landtag, el Parlamento. De estilo neobarroco, fue construido en 1903 por un arquitecto vienés. Fue el primer edificio en tener calefacción centralizada, luz eléctrica y agua corriente en todo Liechtenstein. Recibe el nombre de La Casa Grande.

Para terminar, nos dirigimos a la Catedral de San Florián.

Se trata de una pequeña catedral de estilo neogótico que data de 1868. Se erigió en el lugar en que se hallaba una capilla medieval. También fue construida por un arquitecto vienés, el mismo que proyectó el Rathaus de Viena.

Junto a la catedral se encuentran los bustos de los antiguos príncipes de Liechtenstein Franz Josef II y Gina, así como un monumento al compositor Josef Gabriel Rheinberger, el mayor exponente de la música clásica del país.

Y con la catedral concluimos nuestra visita, así que nos dirigimos a la marquesina. Mientras esperábamos al bus, vimos pasar al trenecito turístico que recorre Vaduz. No parecía tener muchos pasajeros, aunque tampoco había muchos visitantes en la ciudad salvo algún autocar de asiáticos.

Volvimos a tomar el 12E de vuelta a Sargans donde nos compramos unos bocadillos para comer en el tren de vuelta a Zúrich.

6 comentarios en “Excursión a Vaduz, la capital de Liechtenstein

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