Recorriendo Zúrich III

Nuestro viaje llegaba a su fin, pero teníamos el vuelo a las 18:45, lo que nos dejaba bastantes horas para recorrer más rincones de la ciudad. Y aún nos quedaba la zona de la universidad, así que nos pusimos en marcha. Dejamos las mochilas en una taquilla de la estación y comenzamos por el Schweizerisches Landesmuseum, que se encuentra cruzando la calle.

Se trata del Museo Nacional Suizo. Aunque en realidad está compuesto por tres museos: el Museo Nacional de Zúrich, el Castillo de Prangins y el Foro de Historia Suiza de Schwyz, así como el centro de colecciones en Affoltern am Albis. Es uno de los museos más importantes del país puesto que en él se encuentran la historia y cultura del país desde la prehistoria hasta la actualidad. Además, se completa con exhibiciones especiales sobre temas de actualidad. Durante nuestra visita había una sobre el centenario de la revolución soviética.

En las plantas baja y primera se encuentra el período que va desde el neolítico hasta la actualidad. En la segunda se expone una colección de trajes y reconstrucciones de salas históricas. La tercera alberga una colección de juguetes y muestra de trajes. Por su parte, el sótano está dedicado a la vida rural.

Pero el museo no es importante solo por sus exposiciones, sino que gracias a su extraordinaria arquitectura del siglo XIX está considerado monumento histórico de importancia nacional. Gustav Gull, su arquitecto, se basó para su diseño en varios elementos arquitectónicos de la Baja Edad Media y la Edad Moderna. El resultado de esta combinación es un todo único. Un edificio imponente con sus torres más propias de un castillo, amplios patios y un parque entre dos ríos.

Fue inaugurado en 1898 con motivo del 50 aniversario de la primera constitución federal. En 2009 se llevaron a cabo tareas de renovación y se incorporaron dos nuevas exposiciones permanentes.

No teníamos tiempo para recorrerlo por dentro, así que continuamos hasta la Liebfrauenkirche, al otro lado del río.

Es una iglesia católica de finales del siglo XIX de estilo neo-románico. Se encuentra en una ladera, lo que permite observar la ciudad desde lo alto de sus escaleras.

Se accede por un lateral a un interior muy colorido con las paredes recubiertas por frescos que recuerda a las iglesias ortodoxas.

Resulta curioso el techo abierto con las vigas vistas.

Tomando la Weinbergstrasse llegamos al Polybahn, un pintoresco funicular que es todo un símbolo de la ciudad.

Lleva funcionando desde 1889, aunque ha sido modernizado en 1996. Al principio funcionaba con un contrapeso de agua, pero después pasó a usar la electricidad. Lo que sí se mantiene desde su inauguración es el trazado de la línea. Cuenta con dos coches conectados a un cable. Uno desciende a la vez que otro asciende los 41 metros que separan ambas estaciones. El trayecto dura apenas minuto y medio.

En 1976 estuvo apunto de cerrarse cuando la empresa que tenía la concesión no tenía dinero para renovar el sistema. Un banco suizo lo salvó, lo que permitió la modernización y la incorporación de los dos nuevos vehículos. En la década de los 90 estos vagones fueron sustituidos por unos más nuevos y grandes con una capacidad de 50 pasajeros.

La frecuencia es cada 3 minutos y el billete está incluido en el sistema público de transporte.

El Polybahn nos conduce al campus universitario en el que se encuentran la ETH y la Universidad de Zúrich. La ETH, pública y controlada por el Estado, fue fundada en 1835. Es una universidad pionera en investigaciones. Por sus aulas han pasado prestigiosos científicos, en total 21 premios Nobel, entre los que se encuentra Albert Einstein.

La Universidad de Zúrich es la más grande del país y está bajo la regulación del Cantón de Zúrich, con el que comparte la biblioteca. Fue fundada en 1833, aunque el Colegio de Teología ya existía en 1525 en la época de la Reforma. El actual complejo de la universidad data de 1911-1914.

Tiene fama internacional gracias a sus trabajos de investigación, sobre todo en Biología Molecular, investigación sobre el cerebro y Antropología, además de la labor del Hospital Veterinario.

Seguimos nuestro paseo de bajada hasta la Predigerkirche.

Es una de las cuatro iglesias principales de la ciudad junto con Fraumünster, Grossmünster y St. Peter. Data del siglo XIII como iglesia románica que pertenecía a un monasterio. Durante la Reforma se disolvió y se convirtió en templo protestante. Hoy en día es la iglesia de la universidad.

Desde sus orígenes ha sido restaurada en varias ocasiones. El coro fue remodelado entre 1308 y 1350 y la nave se reconstruyó en estilo barroco en el siglo XVII. El chapitel de la torre oeste, añadido en 1900, es el más alto de la ciudad.

Acercándonos al río llegamos a la Stüssihofstatt, una plaza que data del año 1496 y que une la parte alta con la baja de la ciudad. En ella destacan varios edificios de los antiguos gremios, como el de sastres.

Pero sin duda, el elemento más llamativo es la fuente renacentista de Stüssi, un antiguo alcalde de la ciudad, construida en el año 1574. Nosotros la encontramos con una silla sobre la estatua del alcalde, no sé si era por algún tipo de acción similar a los conos de Escocia o el resultado de alguna broma.

Tomando la calle Limmatquai llegamos al Ayuntamiento o Rathaus, un edificio de estilo renacentista del año 1694 construido sobre las aguas del río Limmat.

Construido por J. H. Holzhab, se erigió para sustituir el ayuntamiento medieval de 1397. En sus orígenes fue el parlamento y sirvió como sede del gobierno de la República hasta 1798. Desde 1803 está en manos del Cantón de Zúrich y es la sede del ayuntamiento de la ciudad así como del cantón.

Para terminar nuestra visita nos dirigimos a la Catedral, para subir a la Karlsturm y despedirnos de Zúrich a lo grande.

Tras pagar 4 CHF y subir 187 peldaños llegamos a la plataforma de la torre, desde donde se obtiene una maravillosa vista del casco histórico, del lago y de los Alpes. Además, aunque el día anterior había llovido, ese día nos encontramos con un cielo bastante despejado.

Bajamos de la catedral y aún era pronto. No teníamos prisa, aún nos quedaban horas para el vuelo y el aeropuerto está a tan solo un cuarto de hora en tren. Además, teníamos acceso a sala vip, con lo que comeríamos allí y eso era tiempo que no restaríamos de la ciudad.

Así pues, volvimos a la estación caminando tranquilamente por la ribera del río disfrutando por última vez del conjunto de casas históricas que se asoman al río.

Cómo no, no podía faltar el típico puente adornado con candados, el Mühlesteg.

Como teníamos cerca la comisaría, intentamos de nuevo probar suerte con los murales, pero nada, acababan de cerrar. Así que dimos por terminada la ruta:

Nos dirigimos finalmente a la estación, recogimos las mochilas y tomamos el tren con destino al aeropuerto.

Allí cambiamos unos francos suizos que nos habían sobrado y finalmente entramos a la sala vip. Ya habían retirado la comida, pero había algo de picoteo que ponen entre horas. Aprovechamos para intercambiarnos fotos, conectarnos un rato a internet y comer. Y finalmente, cuando llegó la hora de embarque, nos dividimos. Mi hermano tomaba un vuelo diferente que salía un poco antes que el nuestro, y parece que entonces le iba a tocar a él la incidencia con el viaje. Parecía que su avión no había salido de origen aún y le iba a tocar salir con retraso, con la pérdida del siguiente vuelo de conexión hasta su destino final, que además era el último del día. Afortunadamente salieron con retraso, pero no perdió la conexión.

Nosotros cuatro íbamos separados desperdigados por el avión, así que mientras esperábamos al embarque le pregunté a una azafata de tierra si nos podía agrupar, al menos dos y dos. Y consiguió ponernos a tres en la primera fila después de business separados por una triste cortina y al cuarto en la fila siguiente.

Esta vez el vuelo transcurrió sin incidencias y estábamos en Barajas a la hora prevista. No obstante, nada más desembarcar, me dirigí a un mostrador de Iberia para entregar la hoja de reclamación por el vuelo de ida. Y como no teníamos equipaje que recoger, salimos al aparcamiento, donde ya nos esperaban con nuestro coche. Oficialmente terminó nuestro puente.

3 comentarios en “Recorriendo Zúrich III

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