Vuelo y llegada a Riga

Por tercera vez en 2017 estábamos en Barajas. Y en esta ocasión no íbamos ligeros de equipaje, sino que teníamos que facturar, así que nos dirigimos al mostrador de Air Baltic. Mientras esperábamos en la cola, un chaval que llevaba un par de bolsas de deportes voluminosas dejó una de ellas apoyada en una columna para no tener que estar moviéndola continuamente. Sin embargo, pasó uno de seguridad y al ver un bulto “abandonado”, activó protocolo y llamó a la policía. El incidente no fue a más, porque cuando el chico vio que rodeaban la bolsa los dos de seguridad y los dos policías, se acercó. Lo aclararon en un momento, eso sí, el chico se llevó una amonestación por ello.

Según nos acercábamos al mostrador me di cuenta de que todo el mundo que llevábamos delante pesaba su equipaje y que nadie facturaba. Nosotros ya habíamos hecho el checkin online, por lo que tenía la tarjeta de embarque, y, al echarle un ojo, vi que no teníamos maleta incluida en el billete, solo bulto de mano y bolso personal que juntos no sumaran más de 9 Kg. Aquello me extrañó, ya que para la vuelta había pagado expresamente una maleta con Norwegian porque en su día vi que el de ida sí que incluía equipaje. Pero los nervios del momento me hicieron dudar. Sin embargo, la duda quedó resuelta al llegar nuestro turno. Al haber reservado por medio de la web de Iberia, y no con Air Baltic, el billete tenía otras condiciones.

Con todo aclarado y la maleta entregada, pasamos los controles y nos dirigimos a la puerta. Allí enseguida se formó la cola para el embarque, todo el mundo quería entrar cuanto antes para poder ubicar su equipaje en el maletero. Sin embargo, primero pasaron las personas con movilidad reducida, la gente con bebés y las familias con niños pequeños. Después llamaron a aquellos que llevaran bultos pequeños, como mochilas o bolsos. Así que aunque estábamos de los últimos en la cola, pudimos embarcar de los primeros. Eso sí, no nos sirvió de mucho, pues ya con todo el pasaje acomodado en el avión aún estaríamos una hora esperando a que nos dieran permiso para volar. Al parecer faltaba algún tipo de documentación de la aeronave.

Empezábamos mal las vacaciones, ya me veía presentando otra hoja de reclamación como con el viaje a Basilea. Por suerte, el resto del vuelo transcurrió con normalidad. Sin comida, claro, ya que se trata de una compañía de bajo coste.

El aeropuerto de Riga es bastante pequeño, lo cual está bien, porque así tampoco tuvimos que esperar mucho a que llegara nuestra mochila. Lo justo para intentar encontrar red en un par de ocasiones y mandar un mail a mi compañía al no obtener resultados satisfactorios. Esto del Roaming no era tan fácil como nos habían vendido.

Con nuestro equipaje al completo nos dirigimos a la oficina de información donde compramos los billetes del autobús número 22 de la compañía Rigas Satiksme. El ticket también se puede comprar en una máquina o al conductor, pero en este último caso es más caro. El bus sale cada 10-15 minutos y en apenas media hora llega al centro de la ciudad.

Ya era bastante tarde, así que nos dirigimos directamente al hotel. Habíamos reservado en el Opera Hotel & Spa y teníamos incluido el desayuno y una hora de spa. Eso sí, la habitación tenía dos camas en lugar de una.

Aunque la verdad es que nos daba igual, estábamos cansados y era tarde, por lo que nos dimos una ducha, comimos un bocadillo de tortilla francesa que llevábamos de casa y a dormir. Al día siguiente ya patearíamos Riga.