Recorriendo Riga

Habíamos llegado a Riga ya de noche y muy cansados, por lo que no habíamos tenido posibilidad de dar un paseo de aproximación a la ciudad; nos lo íbamos a encontrar todo de golpe. Lo bueno de llegar tarde y con el agotamiento del vuelo, la espera y demás es que dormimos muy bien y estábamos descansados. Además, teníamos una temperatura agradable, inferior a 20º y nublado, por lo que esperábamos aprovechar el día al máximo. Eso sí, antes desayunamos en el buffet del hotel, que lo teníamos incluido con la reserva.

La oferta era variada y alternaba el desayuno comercial de cereales y bollería con uno más local. Por ejemplo, había quesos, requesón y pescado marinado (creo que era arenque). También había opción de elegir huevos, bacon, tostadas, embutido… En cualquier caso, había buen surtido.

Tras desayunar, recogimos nuestras cosas y bajamos a firmar la salida. Como íbamos a pasar todo el día recorriendo en la ciudad, les pedimos en recepción que nos guardaran las mochilas. Y ya preparados, comenzamos nuestra ruta por la capital letona.

Riga comenzó a destacar en la Edad Media como centro comercial vikingo. El río Dauvaga, que divide la ciudad en dos, era una ruta comercial que les llevaba hasta Bizancio. En un principio sus habitantes se dedicaban a la pesca, ganadería y comercio, pero más tarde, gracias a los intercambios entre pueblos se abrieron a la artesanía de hueso, madera, hierro y ámbar.

A mediados del siglo XII llegaron los alemanes y su intento de cristianizar la ciudad. Ante la resistencia, el Papa Inocencio III declaró una cruzada contra Letonia. En el año 1200, un sacerdote alemán, Albert von Buxhoevden, se estableció en la ciudad y también la sede del obispado. Asimismo, creó una orden militar, la Orden de Letonia, y dispuso que los comerciantes alemanes tenían que pasar por Riga para así favorecer su ocupación.

Riga acuñó su propia moneda en 1211 y en 1221 se firmó la independencia administrativa y se escribió una constitución. A finales del siglo XIII entró en la Liga Hanseática, lo que favoreció el desarrollo de la ciudad y que adquiriera más importancia aún como puerto comercial.

Con la caída de la influencia de la liga, muchos países pusieron los ojos en Riga y en 1581 quedó bajo la influencia de la Mancomunidad de Polonia y Lituania. Un siglo más tarde pasó a manos suecas y estuvo bajo su dominio hasta que en el siglo XVIII el zar Pedro el Grande la conquistó. Así se convirtió en la tercera ciudad más grande del Imperio Ruso por detrás de Moscú y San Petersburgo.

Tras la independencia de Letonia en 1918 el país miró hacia Europa Occidental y se abrió al comercio con Reino Unido y Alemania, sin embargo, durante la II Guerra Mundial volvió a ser territorio ruso. Entre 1941 y 1944 Riga estuvo ocupada por los nazis, hasta que el 13 de octubre la liberó el Ejército Rojo. Integrada en la URSS, pasó a ser la ciudad rusa más importante, solo por detrás de San Petersburgo. Este desarrollo favoreció la expansión hacia la periferia, pues había que buscar un espacio en el que alojar a los trabajadores.

Ya en el siglo XXI, con la entrada del país en la Unión Europea, la capital letona ha ido ganando cada vez más fuerza en el sector turístico. La llegada de aerolíneas de bajo coste y las paradas de los cruceros hacen que cada día visiten Riga miles de viajeros. Pero no solo concentra el turismo, sino que la capital genera el 50% del PIB de todo el país. Es en la Riga donde se encuentran casi todas las instituciones financieras y farmacéuticas de Letonia. También predominan los astilleros y la industria de productos manufacturados.

A pesar de la relevancia que ha tenido en su historia, es una ciudad relativamente pequeña. Así que se puede recorrer cómodamente a pie. Su centro histórico, Vecrïga, en el margen derecho del río, estuvo amurallado durante siglos y desde 1997 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Pero antes de dirigirnos al centro, dimos un poco rodeo hasta el Parque Esplanäde, donde se erige la Catedral de la Natividad de Cristo (Kristus dzimšanas katedrāle). De un marcado estilo neobizantino tan típico en la arquitectura de las iglesias rusas, se construyó entre 1876 y 1884 para la creciente comunidad rusa de la ciudad y recibió un conjunto de doce campanas como regalo del zar Alejandro II. Se convirtió en uno de los edificios más importantes del momento.

Pasó a ser luterana en los años de ocupación alemana para después retomar el rito ortodoxo en 1921.

En la época soviética, entre 1964 y 1990 fue usado como salón de conferencias y planetario. Con la independencia de Letonia recuperó su carácter religioso, no obstante, se había perdido gran parte de la extensa decoración interior y aún se está recuperando.

En el interior destacan los frescos en las bóvedas de la nave principal, también el retrato del zar Nicolás II y su familia.

Es la iglesia ortodoxa más grande de la ciudad y cuenta con cinco cúpulas doradas que se pueden ver desde las proximidades asomando entre los edificios.

También en el parque se encuentran la Academia de Arte de Letonia (Latvijas Makslas Akademija) y el Museo Nacional de Arte (Latvijas Nacionalais makslas muzejs).

El edificio del museo data de principios del siglo XX y comenzó a albergar obras de arte en la década de los años 20. En él se exponen una amplia colección de pinturas bálticas desde el siglo XVIII hasta la mitad del XIX, así como arte letón desde mediados del siglo XIX hasta 1945. Además, cuenta con exposiciones temporales de arte contemporáneo.

La Academia de Arte de Letonia fue fundada en 1919 y ocupa un edificio de una gran belleza y riqueza de detalles quizá más propio de un ayuntamiento histórico. El estilo neogótico recuerda que Riga perteneció a la Liga Hanseática.

Continuamos hasta el Castillo (Rigas pils), aunque cuando estás frente a él no lo parece. Es la residencia del Presidente de la República y lo único que da muestras de ello son las garitas de los guardas en la fachada y la gran cantidad de banderas de la plaza de enfrente.

Sí que había un castillo en su día, el de la Orden Livonia, pero fue destruido por los habitantes de Riga durante la guerra que libraron contra la orden entre 1297 y 1330. Los ciudadanos tuvieron que levantar uno nuevo tras su derrota, pero sería de nuevo arrasado en 1484 cuando el maestre de la orden abandonó la ciudad debido a las presiones. No obstante, una nueva derrota llevo a una nueva construcción en 1515, cuya estructura se mantiene hasta la actualidad.

Además de ser la residencia oficial, también alberga dos museos: el Museo de Arte Extranjero (Ārzemju mākslas muzejs), que contiene réplicas de esculturas egipcias y griegas así como una colección de pintura; y el Museo de Historia de Letonia (Latvijas Nacionālais Vēstures muzejs) que recorre el pasado del país hasta la era soviética por medio de esculturas religiosas, trajes típicos regionales y artículos de consumo de la época de la primera independencia.

Dejando el castillo atrás, vemos cómo nos vamos adentrando en la parte histórica, las calles cambian y nos encontramos con callejuelas empedradas que parecen discurrir sin orden, algo tan característico de las ciudades que han estado amuralladas.

En un callejón vimos un pico y nos acercamos a ver qué era. Se trataba de la Iglesia Anglicana del Salvador (Anglikāņu Sv. Pestītāja baznīca), de estilo neogótico. A principios del siglo XIX había muchos comerciantes británicos asentados en lo que hoy es Letonia, en 1822 surgió una congregación y, gracias a sus aportaciones, entre 1857 y 1859 se levantó esta iglesia en el lugar en que se encontraba el Bastión de Pablo. Los ladrillos se trajeron desde Gran Bretaña, incluso en los cimientos se extendió una capa de tierra británica.

En la época soviética perdió su función religiosa y en 1973 se convirtió en sede del Club de Estudiantes del Instituto Politécnico de Riga. En este período fue renovada y pasó a ser un centro cultural en el que se celebraban conciertos y exhibiciones.

Tras la independencia de Letonia en 1991 una congregación de habla inglesa volvió a recuperar la iglesia como lugar de culto.

Estaba cerrada, por lo que la rodeamos para poder observarla desde todos los ángulos, y después continuamos adentrándonos hacia el casco histórico.

6 comentarios en “Recorriendo Riga

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