Recorriendo Riga II – Vecrīga

Continuamos adentrándonos en el casco histórico desde la iglesia anglicana. Muy cerca se encuentran tres casas que son todo un símbolo de Riga: los tres hermanos (Trīs brāļi). Reciben este nombre porque la leyenda cuenta que fueron construidas por tres hombres de la misma familia. Se encuentran en los números 17, 19 y 21 de la calle Mazā Pils y aunque cada una de ellas pertenece a una época diferente, conforman el complejo residencial más antiguo de la ciudad. Recuerdan al pasado hanseático de Riga.

La primera en construirse es la del nº 17, que data de finales del siglo XV. Su fachada inclinada tiene detalles de estilos gótico y renacentista y aún conserva casi todos los elementos originales. Según los registros fue panadería a finales del siglo XVII, y se puede ver, de hecho, que junto a la puerta hay unas piedras decoradas con espigas de trigo.

La que ocupa el número 19 es la más bonita de las tres. Se construyó en 1646 en estilo manierista holandés, aunque fue reformada en el siglo XVIII. En su puerta destaca la inscripción de 1746 que reza “Soli Deo Gloria”.

La tercera casa, en el 21, es de finales del XVII. De estilo barroco y color verde, es la más estrecha de las tres. En su fachada se puede observar una máscara que se cree que protege el edificio del mal.

Los tres edificios están unidos en el interior, donde se encuentra la sede de la Inspección Estatal para la Protección del Patrimonio y el Museo Letón de Arquitectura (Latvijas Arhitektūras muzejs).

Frente a ellos se alza la Catedral de San Jacobo o Santiago (Sveta Jekoba katedrale), una catedral gótica que fue construida a principios del siglo XIII como lugar de culto para las aldeas próximas, pues quedaba fuera de la ciudad amurallada.

Nació como iglesia católica. Después, en el siglo XVI como consecuencia de la Reforma Protestante pasó a ser luterana. No obstante, volvería a ser católica con la Contrarreforma y de nuevo luterana desde 1621 hasta 1812. Con la llegada de Napoleón dejó de cumplir su función religiosa para convertirse en almacén de cocina. Ya en 1923 se recuperó como catedral católica.

Su torre es cuadrada y cuenta con la peculiaridad de que su campana no estaba en el chapitel, sino que colgaba por el exterior. Hoy ya no se ve, aunque sí el soporte del que se suspendía. Tañía para anunciar las ejecuciones, aunque las leyendas dicen que también sonaba cuando pasaban mujeres infieles bajo ella.

Seguimos hasta las antiguas murallas de la ciudad. Para llegar a ellas caminamos por la calle Troksnu, una de las callejuelas más bonitas de la ciudad. Quizá por eso había un grupito de chicas (que creímos que era una despedida de soltera) acompañadas por un fotógrafo. La supuesta novia posaba en diferentes posturas con un puñado de globos mientras las amigas la jaleaban y se ponían finas a cava.

En realidad poco queda en pie de las defensas que se levantaron en el siglo XIII, y lo que queda, se aprecia claramente que es una reconstrucción bastante reciente.

De las ocho puertas que había en la ciudad, tan solo se conserva una, la conocida como Puerta Sueca (Zviedru varti), que recibe este nombre porque se construyó bajo el dominio de los suecos en 1698.

Se localiza en la calle Torņa, en la planta baja del número 11. Según la leyenda fue abierta de forma ilegal por un rico comerciante para poder acceder a su almacén. Aunque es más probable que la realidad sea que se construyó para los soldados que se encontraban en los Barracones de San Jacobo. En la actualidad sirve como paso entre las calles Torņa y Aldaru. Se dice que da buena suerte a los recién casados, por lo que suelen incluirla en su recorrido por la ciudad.

Cruzando la puerta se llega a los Barracones de San Jacobo (Jēkaba kazarmas), levantados en el siglo XVII para dar cobijo a los soldados suecos. Hoy en día estos edificios amarillos albergan tiendas y restaurantes.

La Torņa iela nos conduce a la Torre de la Pólvora (Pulvertornis) es una de las 18 torres que formaban parte de las antiguas defensas. Sus cimientos datan del siglo XIV, pero el resto es una reconstrucción de 1650, después de que el ejército sueco la echara abajo en 1621. Se llamaba la Torre de la Arena hasta que en el siglo XVII se cambiara su función.

Hoy este polvorín cilíndrico de más de 25 metros de altura alberga, junto con el edificio anexo construido entre 1937 y 1940, el Museo de la Guerra de Letonia. Está dedicado a la independencia y a las diferentes guerras que han sacudido al país a lo largo de los siglos, como por ejemplo a la Guerra de la Liberación (1918-1920) frente a los soviéticos y alemanes, a la I Guerra Mundial, a la II Guerra Mundial en la que voluntarios letones sirvieron en las SS y a la ocupación soviética.

Muy cerca está el Bastejkalna parks, un parque que divide Riga en dos. Creado a mediados del siglo XIX, se asienta en el montículo de un bastión del siglo XVII. En él hay muchos pequeños puentes cargados de candados, mantos de flores y un montón de caminos y bancos para sentarse a observar el canal.

Además, hay varias piedras cortadas a la mitad que representan que la vida es muy corta y sus marcas rojas simbolizan lágrimas de sangre. Son monumentos en recuerdo de la noche del 20 de enero de 1991 cuando las tropas OMON (Escuadrón policial para Propósitos Especiales de la URSS) intentaron tomar los edificios gubernamentales.

En los disturbios murieron cuatro personas: Gvido Zvaigne y Andris Slapins (dos cámaras), Vladimir Gomanovič (político), Edijs Riekstiņš (estudiante) y Sergejs Kononenko (teniente coronel de la milicia).

En el centro del parque, en el camino que lleva al casco antiguo, se alza el Monumento a la Libertad (Brīvības piemineklis). Se trata de un monolito de más de 40 metros de altura en cuya base de granito destacan relieves y esculturas que hacen referencia al trabajo, la familia, la patria, la vida espiritual y héroes letones. Tiene grabado el lema Tevzemei un brivibai (Por la patria y la libertad). Lamentablemente nos lo encontramos cubierto por andamios y prácticamente no se veían estos detalles.

En lo alto se erige la estatua de Milda que simboliza la libertad, independencia y soberanía de Letonia. Esta figura femenina sostiene tres estrellas doradas una por cada región cultural del país: Kurzeme, Vidzeme y Latgale. En la época soviética sin embargo representaban a Estonia, Letonia y Lituania.

El monumento se construyó en 1935 en el lugar en que se encontraba una estatua de Pedro el Grande. Esta se había levantado en honor a los soldados fallecidos en la Guerra de la Independencia de Letonia a principios del siglo XX.

Dejando el parque a nuestras espaldas, un poco antes del cruce que nos conduce al casco histórico, vemos el reloj de Laima (Laimas pulkstenis). Se colocó en 1924 para que los ciudadanos de Riga llegaran en hora al trabajo. Con el tiempo se ha convertido en un punto de encuentro.

Este reloj amarillo y marrón recibe el nombre de Laima, la figura mitológica letona de la suerte y la felicidad, porque es la marca de chocolate que anuncia desde la década de los años 30.

Justo en la acera de enfrente, en el bajo de un hotel, hay una tienda de la famosa marca de chocolate.