Recorriendo Riga III – Vecrīga

Dejando el parque atrás, volvemos de nuevo al casco histórico. En el cruce de Kaļķu iela con Vaļņu iela encontramos en el pavimento la una placa de unos pies que hace referencia a la Cadena Báltica de 1989. La inscripción reza: Baltijas ceļš 23 08 1989 Tallín Riga Vilna.

El 23 de agosto de 1989 a las siete de la tarde más de un millón y medio de personas se tomaron de la mano y formaron una cadena humana uniendo las tres capitales de las repúblicas bálticas. En esta manifestación de más de 600 kilómetros pretendían llamar la atención internacional y exigir la “retirada de las fuerzas de ocupación” soviéticas para así conseguir una mayor autonomía. Dos años después de esta protesta, tanto Estonia, como Letonia y Lituania eran países independientes y habían sido reconocidos por muchos países occidentales.

Esta manifestación pacífica se encuentra recogida en el Libro Guinness de los Récords como la cadena humana más larga que se ha organizado nunca y ha servido de inspiración en otros países de Europa del Este, en Taiwan en 2004 y en Cataluña en la Diada de 2013.

De nuevo volvimos a pasar por la Torre de la Pólvora, parándonos esta vez frente a la Casa de los Gatos (Kaķu māja). Esta casa amarilla de estilo art nouveau fue construida por Friedrich Scheffel a principios del siglo XX y le debe su nombre a los gatos que se asoman en el tejado.

Según la leyenda, un mercader letón quería ingresar en el Gran Gremio, algo imprescindible en la época si se quería hacer negocios. Sin embargo, los miembros de la sociedad le denegaron la petición por no ser alemán. Enfadado, compró el edificio situado enfrente y mandó poner dos esculturas de gatos negros con el lomo arqueado y las colas apuntando hacia la sede para expresar su desprecio hacia los miembros que le habían rechazado. De esta forma, los gatos apuntaban con sus traseros directamente hacia el enemigo, un hecho que se consideró una gran ofensa.

Después de embarcarse en una batalla legal, el letón finalmente consiguió entrar en el Gran Gremio y entonces cambió los gatos de posición. El gato se ha convertido en el símbolo de Riga y recuerda que hay que ser perseverante.

Nos adentramos en la Plaza Līvu, una plaza muy fotogénica con edificios singulares de diferentes etapas, ya que durante la II Guerra Mundial muchos quedaron destrozados y no se reconstruyeron. Nos la encontramos animada, puesto que era medio día y los restaurantes y terrazas tenían bastante gente acomodándose para comer.

En esta plaza se encuentra el edificio del Gran Gremio (Lielā Ģilde), construido entre 1853 y 1860. El Gran Gremio se creó en el siglo XIII y controló durante siglos el comercio de la ciudad. Este edificio era su sede central, hoy sirve como sala de conciertos de la Orquesta Filarmónica.

Por su parte, el Pequeño Gremio (Mazā Ģilde), que también se usa para conciertos y otros eventos, nació para promover los intereses de los artesanos alemanes. Se comenzó a construir entre 1864 y se terminó un par de décadas después. Es mucho más bonito que el anterior gracias a su estilo palaciego con su fachada blanca y su torre.

En la plaza también destaca el Teatro Ruso Mikhail Chekhov de Riga (Mihaila Čehova Rīgas Krievu teātris), el teatro más antiguo en lengua rusa fuera de Rusia. Fue fundado en 1883 y su elenco original contaba con 16 actores. Durante el siglo XIX fue creciendo alcanzando su época dorada bajo los mandatos de K.N. Nezlobin.

Tras la independencia de Letonia en 1918 el teatro siguió funcionando y también durante la época soviética, aunque las obras tenían que pasar previamente la censura. En la II Guerra Mundial pararon las representaciones y se volvió a abrir al público tras la nueva independencia a finales del siglo pasado.

En el empedrado de la plaza encontramos una placa conmemorativa de la primera proyección cinematográfica en el país. Tuvo lugar el 28 de Mayo de 1896 en el número 11 de la calle Kaļķu.

Seguimos callejeando hasta llegar a la plaza Doma Laukums, una plaza cuyo diseño actual data de los años 30 del siglo pasado. En un lateral se encuentra la Catedral de Riga (Rīgas Doms), la iglesia luterana más importante del país y sede del arzobispado de la ciudad.

Se comenzó a construir en el día de San Jacobo, en 1211 por el obispo Albert von Buxhoevden en un principio bajo el nombre de Santa María. Pronto se convirtió en una de las tres sedes del poder de Riga junto con el Castillo y el Ayuntamiento.

Ha pasado por varias reformas a lo largo de la historia, de ahí que presente una mezcla de diversos estilos como el románico tardío y el gótico temprano. También barroco, como el frontón oriental y el chapitel, que datan del siglo XVIII. En el XIX se añadió el pórtico y en el siglo pasado el vestíbulo art nouveau.

La Reforma acabó con gran parte de la decoración interior, por lo que se han perdido muchos detalles. En su interior destaca un célebre órgano construido en Alemania en 1884 y que cuenta con casi siete mil tubos de varios materiales (madera, estaño, plomo) y tamaños (oscilan entre los 13 milímetros y los 10 metros). En el momento de su construcción fue el más grande del mundo. Desde los inicios la catedral ha estado ligada a la música y, hoy en día, se celebran en ella conciertos durante todo el año.

La Plaza de la Catedral es uno de los puntos importantes de la ciudad. En ella desembocan hasta siete calles del centro histórico y en su entorno se encuentran varios edificios relevantes como hoteles, museos o la radio.

Bordeando la catedral se encuentra el Monumento a los acontecimientos que ocurrieron el 20 de enero de 1991.

También se localiza el Museo de Historia y Navegación de Riga (Rīgas vēstures un kuģniecības muzejs), el más antiguo de la ciudad. Fue fundado en 1773 y se encuentra en un antiguo edificio perteneciente a la catedral, aunque fue renovado en 1779.

En él se hace un recorrido por la vida marítima de Riga hasta la I Guerra Mundial. Por otro lado, también hay salas dedicadas a la historia de la ciudad desde la prehistoria hasta la independencia.

Nuestra siguiente parada fue la Plaza del Ayuntamiento (Rātslaukums), la más famosa de Riga y donde se han celebrado tanto mercados como fiestas y ejecuciones. En ella destacan varios edificios y monumentos importantes. Por supuesto, el Ayuntamiento, un edificio de tres plantas construido en 1334 que tiene una fachada neoclásica aunque oculta un edificio moderno. El campanario fue añadido en 1756.

Frente a él se encuentra el edificio más bonito de todo Riga sin lugar a dudas: la Casa de las Cabezas Negras (Melngalvju nams). Fue construida en 1334 en estilo gótico como sede de uno de los gremios de la ciudad, pero lo que vemos hoy en día es una reconstrucción de 1999, ya que fue destruida durante la II Guerra Mundial.

Se construyó como lugar de reuniones y festividades de diversas organizaciones públicas de la ciudad. Después, en el siglo XVII, pasó a manos de la Hermandad de los Cabezas Negras, una asociación integrada por comerciantes solteros locales y extranjeros, principalmente alemanes. Esta agrupación llevó a cabo algunas modificaciones a finales del siglo XVIII que le dieron el aspecto actual.

Su fachada escalonada está ricamente ornamentada. En su parte superior tiene un reloj astronómico de 1622 así como los emblemas hanseáticos de ciudades y gremios.

En la parte media destacan las cuatro figuras incorporadas en 1896 que representan a Neptuno, Mercurio, Unidad y Paz.

Anexo al edificio se levantó en 1891 la casa Schwab, que hoy alberga la Oficina de Turismo. Juntos forman un espectacular complejo. Todo un icono de Riga.

Las Cabezas Negras se disolvieron cuando Hitler pidió a los balto-alemanes que regresaran a territorio germano a principios de la II Guerra Mundial.

Presidiendo la plaza se encuentra la estatua de Roland, quien se apoya en el escudo de la ciudad.

Roland era un caballero de Carlomagno, y se erigía una estatua suya en cada ciudad perteneciente a la Liga Hanseática. Simbolizaba la paz, la justicia y la libertad. La estatua original del siglo XIV era de madera. Esta fue sustituida por una nueva de piedra en 1897, que, al igual que la plaza, quedó afectada en la II Guerra Mundial, por lo que se llevó a la Iglesia de San Pedro. En su lugar, se colocó una nueva en el 2001 cuando se llevaron a cabo las tareas de reconstrucción de todo el conjunto con motivo del 800 aniversario de Riga.

Durante años se consideró como el kilómetro 0 de Riga.

En esta plaza es donde se coloca el árbol de Navidad. Es un punto simbólico, ya que se cree que la tradición de decorar un árbol en fechas tan señaladas nació aquí. Al parecer, había un miembro de los Cabezas Negras allá por 1510 que había bebido más de la cuenta y se dedicó a adornar un árbol con flores. Otros compañeros le ayudaron y colocaron una vela en lo alto. A partir de ahí, surgió una nueva costumbre que se exportaría al resto del mundo.

En un lateral de la plaza destaca el monumento dedicado a 3 fusileros letones. Representa a los luchadores de tres guerras importantes para Letonia: la I Guerra Mundial, la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil Rusa.

El monumento, de claro corte soviético que recuerda a las estatuas que vimos en el Museo de Arte Soviético de Sofía, se construyó en 1970.

Y en esa misma plaza, se encuentra el Museo de la Ocupación de Letonia. Contrasta su arquitectura con el resto de edificios que tiene en las proximidades, pero es que se construyó en el período soviético.

También se construyó para honrar a los fusileros letones, esa unidad del ejército ruso que nació en 1915 para defender a la patria de los alemanes. Sin embargo, desde 1993 recoge información de las diferentes invasiones que sufrió el país en el siglo XX por parte de nazis y soviéticos, homenajea a los fallecidos, perseguidos o deportados.

Aún nos quedaba Riga por ver, pero de momento paramos aquí.