Recorriendo Riga IV – Barrio de Moscú y Mercado Central

Detrás de la Casa de los Cabezas Negras se encuentra la Iglesia de San Pedro (Rigas Sv Pētera baznīca), dedicada al patrón de la ciudad. Resulta curioso el reloj que solo marca las horas, pues solo tiene una manecilla.

Hay constancia de la existencia de esta gran iglesia ya en 1209, aunque la primera fue de madera y no de ladrillo (y algunos fragmentos de los muros se conservan). Tiene mezcla de tres estilos arquitectónicos: románico, gótico y barroco temprano, en función de la época en que se fue construyendo. Del siglo XV son el ábside semicircular y las cinco capillas. De finales del siglo XVII datan los tres pórticos. Pero sobre todo es gótica.

Tuvo que ser reconstruida en 1721 como consecuencia de un rayo y de nuevo en 1941 tras los bombardeos de la II Guerra Mundial. Una de las bombas destrozó su aguja de madera, que era la más alta de Europa. Hoy en día en su lugar se alza una réplica de acero de 122 metros, colocada en 1973 y que permite obtener unas magníficas vistas de la ciudad.

Íbamos a entrar, pero había un horario limitado. Al parecer había una boda, así que recorrimos su exterior mientras hacíamos tiempo. Y en la parte posterior encontramos una estatua de los músicos de Bremen (Brēmenes muzikanti), regalo de la ciudad alemana en 1990.

Riga y Bremen están hermanadas ya que Albrecht von Buxthoeven, el obispo que fundó la capital letona en 1201, era originario de la ciudad alemana.

Se dice que si se frota el hocico del burro y se pide un deseo, se cumplirá. Pero además, los letones tienen el dicho “tres es bueno, pero cuatro son mejor”, así que no es de extrañar que el resto de animales también tengan la marca. Aunque a los más altos no es tan fácil llegar, de ahí que el degradado sea menor.

Alrededor de la iglesia había varios puestos de ámbar y artesanía, y en la acera contraria un pasaje que lleva a la Plaza del Convento, que alberga tiendas, galerías y el Museo de la Porcelana.

Terminamos de rodear la iglesia y nos pusimos a la cola para entrar, pues aún faltaban unos minutos para poder subir. Una vez pagada la entrada, hay que subir un tramo de escaleras hasta el ascensor. Este está continuamente en movimiento: se llena, sube, se vacía, se vuelve a llenar y baja. Todo ello controlado por una señora que aprieta el botón de subida o bajada entre sudoku y sudoku.

El espacio para moverse no es muy amplio, obliga a moverse en función de cómo lo hagan los de delante, y cuando alguien se para a hacer fotos o para esperar al ascensor, se crea tapón. Sin embargo, merece la pena la panorámica que ofrece. Se ven los márgenes del río Dauvaga y sus puentes, la Torre de la Televisión, el Mercado Central, el casco histórico y barrios en los que se alzan modernos rascacielos.

Aunque es un poco cara la entrada, merece la pena sin ninguna duda.

El interior es bastante sobrio y parecía más un museo que una iglesia, ya que había objetos y estatuas expuestos, como la de Roland.

En sus muros y columnas de ladrillo apenas hay decoración, salvo varios escudos.

Una vez abandonamos la iglesia, continuamos nuestra visita dirigiéndonos al Barrio de Moscú (Maskavas Forštate), que se extiende alrededor de Maskavas iela, al sur de la ciudad vieja de Riga. En este barrio al este del Mercado Central surgió en el siglo XIV, cuando los rusos no tenían permitido vivir en el interior de las murallas. Así pues, los comerciantes que venían de Rusia comenzaron a asentarse en torno a la carretera que unía Riga con Moscú, de ahí el nombre.

Así pues, es la zona más antigua de la ciudad por detrás del casco histórico. En sus calles aún se pueden encontrar edificios antiguos, como las típicas casas de madera.

Tiene un aire decadente y no ha perdido el aspecto soviético de las calles, y además, es aquí donde se erige el edificio más soviet de toda la ciudad: la Torre Stalin.

Fue construido entre 1953 y 1957 y se convirtió en el primer rascacielos de la capital letona. Hoy es la sede de la Academia de las Ciencias de Letonia (Latvijas Zinātņu akadēmija).

Este imponente edificio de hormigón aún luce los símbolos comunistas. Al contrario de lo que habíamos visto en Sofía, aquí aún se podía ver la hoz y el martillo decorando las fachadas del edificio.

Se puede subir a su mirador en el número 17, desde donde se obtiene una buena panorámica del casco histórico, del río y de los barrios menos turísticos con sus bloques de viviendas de la época soviética. Nosotros no teníamos mucho tiempo y como ya habíamos subido a San Pedro, decidimos continuar paseando por el barrio.

Destacan en la zona varias iglesias: la ruso ortodoxa de la Anunciación (Tserkva blagoveshtenya), la Grebenshchikov (Grebenščikova baznīca) y la luterana de Jesús (Jēzus luterāņu baznīca), de madera y con forma octogonal.

Además, quedan los restos de la Sinagoga Coral, que fue incendiada por los alemanes después de meter a cientos de familias judías dentro.

Durante la II Guerra Mundial el ejército alemán había establecido un gueto judío delimitado por las calles Kalna, Lauvas, Ebreju, Jersikas y Daugavpils. Allí vivieron 30.000 judíos, que más tarde serían asesinados.

Donde se encontraba la sinagoga se inauguró un monumento en 2007 en el que se hace honor a los 270 letones que rescataron a judíos durante la guerra.

Es el típico barrio auténtico en el que nos gusta perdernos, fuera de los lugares más conocidos. Y, aunque había leído que no es un barrio muy seguro, lo cierto es que apenas encontramos gente por la calle salvo algún lugareño que volvía de hacer sus recados.

De vuelta hacia el centro paramos antes en el Mercado Central de Riga (Rīgas Centrāltirgūs) cuyos locales están dispuestos en cinco antiguos hangares para zepelines que usaba el ejército alemán durante la I Guerra Mundial. Estos hangares se trasladaron en 1920 a Riga desde Kurzeme, donde habían sido abandonados.

La verdad es que es una gran idea aprovechar estos gigantescos pabellones en lugar de construir un nuevo edificio. Aunque el interior es algo oscuro, lo cierto es que da sensación de amplitud gracias a la altura de la construcción.

Es uno de los más grandes de Europa y está incluido en el conjunto protegido por la UNESCO debido a su importancia histórica y a la relevancia arquitectónica.

Cada uno de los hangares está especializado en un producto: carne, pescado, frutas, verduras y lácteos.

Además, en el exterior y en las calles colindantes hay un gran número de puestos de ropa, electrónica, alimentación, flores, artículos de cocina, etc.

Se acercaba la hora de tomar el bus, y dado que teníamos la estación al lado, decidimos echar un ojo para localizar la dársena de la que íbamos a partir y así no dar luego vueltas cargados.

Volvimos al hotel a recoger las mochilas y de nuevo a la estación, donde compramos la cena y nos sentamos a esperar que llegara el bus que nos llevaría a Vilna.

Esta fue nuestra última parte de la ruta:

5 comentarios en “Recorriendo Riga IV – Barrio de Moscú y Mercado Central

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