Recorriendo Gdańsk III – Vía Real y Calle Mariacka

Cuando estábamos cruzando el Puente Verde vimos un torreón, así que después de observar el margen del río, giramos a la izquierda y nos dirigimos hacia allí. Es una zona muy animada, con una noria, locales de ocio, restaurantes, terrazas…

Por supuesto, los edificios mantienen la armonía con el estilo de la ciudad. Son coloridos, estrechos y puntiagudos.

El torreón que habíamos visto es la Brama Stągiewna, de principios del siglo XVI y reconstruida un siglo más tarde. Quedó parcialmente destruida en el asedio de 1813 y, cómo no, gravemente dañada con la II Guerra Mundial. En 1945 el techo se cayó como consecuencia de un incendio.

El edificio fue usado desde 1972 por una cooperativa de artistas, la ARPO. En 2012 fue vendido y hoy es propiedad privada.

Retomamos nuestro camino atravesando la Puerta Verde.

Esta nos conduce a Ulica Długa, la principal de la ciudad. Es una calle muy transitada y animada. En ella se concentra lo mejor de la ciudad; no en vano es considerada la Vía Real, ya que por ella desfilaron los monarcas polacos cuando visitaban la ciudad. Era el eje urbanístico más largo de la Europa medieval y transcurre desde la Puerta Verde hasta la Puerta Dorada y en su recorrido destaca una hilera de casas burguesas de diferentes estilos y colores a cada uno de sus lados.

En esta Vía Real decidieron asentarse los ricos comerciantes, y cada uno decoraba su edificio de forma que destacara más que el de sus vecinos. Así pues, cada vivienda está ricamente ornamentada con ricos detalles. Cada familia intentaba mostrar su poderío económico, se trataba de toda una batalla por sobresalir más que los demás.

En esta alargada calle destacan, por su historia o belleza unas más que otras. Entre ellas está la Casa Dorada (Złota Kamieniczka):

Esta casa renacentista de grandes vidrieras fue construida a principios del siglo XVII para el alcalde Juan Speyman y su esposa Judyta de los Bahr. Cuenta con bajorrelieves que representan escenas de batallas y escudos de armas, y completado con varias estatuas de piedra que simbolizan los virtudes: prudencia, justicia, valentía y templanza. Coronando el tejado se erige la diosa Fortuna. En su fachada figuran las inscripciones en latín “Ama la virtud, te hará feliz, si deseas perseguirla, te derrotará” y “Obra con justicia, no temas a nadie”.

También es conocida como la “Casa de Speymann” (por el apellido del alcalde) o la “Casa de los Steffens” (propietarios entre 1786 y 1918).

Un poco más adelante se encuentra la imponente Casa de Arturo (Dwór Artusa).

Esta mansión de estilo gótico tardío de la segunda mitad del siglo XV fue un importante centro de la vida social y comercial de la ciudad, pues acogía las reuniones de gremios de mercaderes, artesanos y políticos de la ciudad entre los siglos XVI y XVII.

Sus miembros imitaban la vida de la corte y tomaban las decisiones en torno a una mesa redonda, de ahí que la casa reciba este nombre que alude a los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo. También hubo edificios con esta denominación en otras ciudades bálticas como Toruń, Elbląg, Królewiec, Riga o Tallín.

En la fachada destacan los medallones con las cabezas de los reyes de Polonia Segismundo III Vasa y su hijo Ladislao IV. Además cuenta con varias estatuas de guerreros, y en el pórtico a las diosas que representan la Justicia y la Fuerza. Como la Casa Dorada, la parte superior está coronada por la diosa Fortuna para que diera suerte a los comerciantes en sus negocios y travesías.

En 1742 se convirtió en mercado de granos. En la actualidad sirve como sede del Museo Histórico de la Ciudad de Gdańsk.

Frente a la mansión se encuentra la Fuente de Neptuno (Fontanna Neptuna).

Según las leyendas fue gracias a Neptuno que nació el Goldwasser, la famosa bebida de Gdańsk. Harto de que la gente tirara monedas a la fuente, dio un golpe con el tridente en el agua, lo que provocó el oro se rompiera en pepitas. Así, este oro decora desde entonces el licor de hierba.

La primera fuente fue construida por los habitantes de la ciudad en 1549. A principios del siglo XVII se renovó creando una nueva piscina, base y pedestal. También se fundió un nuevo dios. Sin embargo, al llegar la guerra con Suecia los trabajos quedaron a medias. Más tarde, en 1633 el alcalde promovió su conclusión. Un año más tarde se protegió con la reja de hierro adornada con los escudos de la ciudad y las águilas polacas. Tuvo que ser renovada años más tarde debido a que se descuidó su mantenimiento.

La fuente quedó dañada con la II Guerra Mundial y se desmanteló. Tras llevar a cabo trabajos de recuperación, se reinauguró en 1954. Con el paso del tiempo la Fuente de Neptuno se ha convertido en el símbolo de la ciudad.

Prácticamente al lado nos topamos con el Ayuntamiento (Ratusz).

Construido en el siglo XIV en estilo gótico fue la antigua sede de la rica y poderosa Gdańsk de la época. En 1556 sufrió un incendio y tuvo que ser reconstruido. Se aprovecharon estas obras para realizar una ampliación de estilo renacentista. En 1561 se coronó la torre con la estatua dorada del rey Segismundo Augusto, uno de los más importantes de la historia de Polonia. Cuenta con un carillón del siglo XVI. Hoy cuenta con 37 campanas que son réplicas de las originales.

A finales del siglo XVI la primera planta se convirtió en la parte más importante acogiendo las salas principales del Ayuntamiento: la Gran Sala del Consejo (Wielka Sala Rady), también llamada Sala Roja (sala Czerwona) cuenta con un techo decorado con 25 pinturas de Isaac van den Blocke; la Pequeña Sala del Consejo (Mała Sala Rady) o Sala de Invierno (Zimowa)  y la Gran Sala de Justicia (Wielka Sala Wety), también conocida como la Sala Blanca (Biała) por ser el techo de este color desde su reconstrucción de 1841-1842.

Tras la destrucción de la II Guerra Mundial y varios trabajos de recuperación, en 1970 el Ayuntamiento se reabrió como sede principal del Museo de la Historia de Gdańsk.

Vamos dejando atrás la Puerta Verde y nos adentramos en un nuevo tramo de la calle larga, pero continúan las casas señoriales a ambos lados.

Por ejemplo en este tramo se encuentra la Casa Uphagen, de estilo rococó.

Perteneció al concejal Johann Uphagen, de ahí su nombre, que la compró en 1775 y vivió en ella hasta 1802. En el siglo XIX pasó de propietario en propietario hasta que a principios del siglo XX se convirtió en el Museo de los Interiores burgueses. No obstante, en 1944 los alemanes se llevaron la decoración y el mobiliario y después, con la guerra, quedó destruida.

Se reconstruyó en apenas 10 años para recuperar el museo, pero no pudo completarse su función hasta finales de siglo. Hoy es la única casa que se puede visitar para admirar el interior de una casa burguesa del siglo XVIII y recordar la antigua gloria de la ciudad. Se pueden observar elementos representativos de la época como los revestimientos de madera, adornos de estuco, estufas o chimeneas originales, y muebles, claro.

Si la orilla del río ofrecía una buena panorámica de las típicas casas hanseáticas, esta calle abruma, el viandante no sabe adónde mirar. Una pena que se nos estaba haciendo de noche y no podíamos pararnos a observarlas con detalle. Y aún nos quedaba mucho por recorrer.

Llegamos al extremo opuesto de la Calle Larga, donde se alza la Puerta Dorada (Złota Brama).

La puerta se erigió donde se encontraba la puerta medieval Długouliczna entre los años 1612-1614. No fue construida con fines defensivos, sino como muestra del poder de la ciudad.

Se trata de un arco del triunfo de estilo renacentista tardío con influencia holandesa e italiana. Fue levantado a principios del siglo XVII y está dividido en dos pisos. El piso inferior tiene un arco que comunica ambos lados de la calle y cuenta con columnas jónicas en los laterales. Encima del paso se puede ver el escudo de la ciudad además de la inscripción en latín que reza “La concordia hace crecer a los pequeños estados, mientras que la discordia hace caer a los grandes”.

En el superior las columnas corintias se intercalan entre las ventanas. Desde la calle Długa la puerta está coronada con estatuas que simbolizan la Concordia, Justicia, Piedad y Prudencia. Sin embargo, por el lado opuesto destacan las alegorías de Paz, Libertad, Riqueza y Fama. Por lo demás, apenas hay diferencias entre las dos fachadas.

Entre 1803 y 1872, la Puerta Dorada funcionó como sede de la Escuela de Bellas Artes. En la II Guerra Mundial quedó dañada y tuvo que ser reconstruida en las décadas posteriores. Hoy en día está administrada por la Asociación de los Arquitectos Polacos junto con la adyacente Residencia de la Hermandad de San Jorge de estilo gótico tardío con elementos flamencos.

Se construyó entre 1487-1494 como sede de la hermandad de tiro de San Jorge donde en su día estaba el campo de tiro. En ella se celebraban reuniones de la hermandad, festejos, banquetes y ejercicios de esgrima. Esta hermandad fue uno de los gremios de comerciantes más ricos e influyentes de Gdańsk.

En la parte superior de la torre se alza San Jorge. No obstante, la escultura que vemos hoy en día es copia de la original del siglo XVI.

Con la puerta y la residencia a nuestras espaldas, de frente nos encontramos con la Antepuerta de la Calle Dlega (Przedbramie ulicy Długiej). 

El conjunto de la antepuerta perteneció en su día a las fortificaciones medievales de la ciudad. Está compuesto por la Casa de Torturas y la Torre de Prisión. La Casa de Torturas sirvió como antepuerta para defender la ciudad hasta la segunda mitad del siglo XVI. Después, se reconstruyó con este estilo gótico-renacentista que vemos hoy en día. Por su parte, la torre sirvió como cárcel municipal entre los siglos XVII-XIX. En su lado este había una picota en la que se celebraron numerosas ejecuciones.

Desde el año 2000 alberga el Museo de Ámbar, perteneciente al Museo Histórico de la Ciudad de Gdańsk. Se inauguró oficialmente en 2006 y permite conocer la historia de este fósil, cómo se ha trabajado artesanalmente, sus rutas comerciales, su uso como remedio terapéutico…Aunque el ámbar es muy importante en todo el Báltico, Gdańsk pretende ser la capital mundial de esta piedra semipreciosa. Y es que es aquí donde se localizaba o producía el 80% del ámbar mundial, lo que favoreció en el desarrollo económico de la ciudad.

Antes de bordearla, giramos a la izquierda, donde se encuentra la Torre “Narożna” (Baszta Narożna), que se construyó en 1343 como refuerzo de la sección suroeste de las fortificaciones medievales de Gdańsk. Tiene una forma peculiar, siendo rectangular con las esquinas recortadas, pero cuando aún existían los muros, tenía todo su sentido.

En su origen estaba abierta del lado de la ciudad, sin embargo, al ser reconstruida fue reforzada y ha sido modificada.

Volvimos de nuevo a la antepuerta y la bordeamos para llegar a la Puerta Alta (Brama Wyżynna). Esta puerta construida en el siglo XVI con función defensiva se convirtió en el siglo XIX la entrada principal y más representativa de la ciudad. Se levantó en las modernas fortificaciones occidentales y delante de ella había un foso con agua que era sorteado con puentes levadizos. En 1895 este quedó cubierto y con la desmilitarización de Gdańsk en 1920, se convirtió en una oficina de viajes.

No sufrió muchos daños con la II Guerra Mundial y tras la contienda volvió a albergar una agencia de viajes y la oficina de información y turismo. En 2002 pasó a manos del Museo Histórico de la Ciudad y hoy es la sede del Centro Regional de Información Turística.

Así pues, para entrar a la ciudad, lo primero que se veía era la Puerta Alta, después la Antepuerta y finalmente la Puerta Dorada que conducía a la Vía Real.

Tomando la calle Targ Węglowy llegamos a la Torre “Słomiana” (Baszta Słomiana). 

Fue construida en 1346 para reforzar aún más las fortificaciones occidentales. Se trata de un edificio octogonal con un tejado en forma de cono que sirvió como torre de pólvora y hoy en día acoge salas de la Academia de Bellas Artes.

Junto a la torre se encuentra la Gran Armería (Wielka Zbrojownia).

Construida a inicios del siglo XVII, pasó a manos del ejército en 1793 y fue cerrada para los civiles siglo XIX. Su fachada de estilo manierista holandés es demasiado impresionante y ornamentada teniendo en cuenta que se concibió para almacenar cañones, balas y armas de todo tipo. Su creador es el famoso escultor y arquitecto Abraham van den Blocke, creador de la Puerta Dorada, la Casa Dorada, la Fuente de Neptuno y la fachada de la Casa Arturo.

Los portales están decorados con dos escudos de Gdańsk flanqueados por leones. En el centro se encuentra la estatua de Minerva y en la parte superior varias figuras que representan a guerreros.

Hoy pertenece a la Academia de Bellas Artes de Gdańsk y no se puede visitar el interior.

Siguiendo por la calle Piwna llegamos a la Iglesia de Nuestra Señora (Bazylika Mariacka), que, lamentablemente, encontramos en obras.

La Basílica de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, que tardó 159 años en ser terminada, es el templo de ladrillo rojo más grande de Europa. Asimismo, es la iglesia más grande de Gdańsk y de Polonia. En su interior puede acoger al menos 20 mil personas. Cuenta con una enorme torre sin punta que mide casi 80 metros y que permite observar la ciudad desde las alturas.

Cuando se construyó era católica, sin embargo, desde mediados del siglo XVI y hasta 1945 sirvió a los evangelistas. Hoy, como consecuencia de la guerra ha perdido gran parte de la decoración que añadieron estos y parece estar vacía, lo cual da la impresión de que es aún más grande de lo que es.

Bordeando la basílica se encuentra la Capilla Real (Kaplica Królewska), el único edificio sacro barroco construido en la Ciudad Principal (Główne Miasto).

Fue construida entre 1678 y 1681 para uso de la comunidad católica que se había quedado sin lugar de culto cuando los protestantes se hicieron con la propiedad de la basílica. Se llama “Real” porque el rey Juan III Sobieski aportó 20 mil zlotys de sus propias arcas para que se comenzara a construir.

En 1945 el interior se quemó y la parte oeste se derrumbó. Tan solo se conservaron los frescos de la cúpula que datan del siglo XIX. La capilla fue restaurada entre 1946 y 1948 y a finales de siglo se realizaron nuevos trabajos de recuperación de fachadas y tejados.

Frente a la capilla se encuentra la Fontanna Czterech Kwartałów, que estaba apagada. Cada una de sus partes simboliza los barrios históricos de la ciudad. Cuando se enciende, las 24 boquillas ofrecen un espectáculo acuático que queda acompañado por un juego de iluminación.

La fuente está flanqueada por el símbolo de Gdańsk: cuatro leones de bronce en sus esquinas, cada uno de ellos en una pose diferente.

Para finalizar nuestra visita a Gdańsk, tomamos la Calle Mariacka, donde abundan los talleres de joyería y galerías de arte.

En esta callejuela es donde vivían los antiguos ricos comerciantes y artesanos de la ciudad. Quedó destruida con la guerra, pero fue reconstruida intentando mantener el aspecto original. Así, las casas mantienen el estilo gótico y la típica terraza con escalinatas. Ese pequeño espacio al exterior era usado como lugar de reuniones o juego para los niños.

Además, abundan las gárgolas. Encontramos fauces de leones, dragones y criaturas mitológicas en lugares insólitos, pues no cumplen ya su función desde la llegada del sistema de desagüe. Son simples elementos decorativos en los edificios o incluso en la misma calle.

Los locales ya habían cerrado, pero comenzaba el trasiego de las terrazas, donde la gente se preparaba para cenar y músicos se colocaban en sus puestos para amenizar la noche.

Llegamos hasta la Puerta Mariacka y nos dimos la vuelta. Paramos en un supermercado a comprar la cena y nos dirigimos al hotel. Habíamos exprimido las horas de luz de la tarde al máximo, pero nos habían sabido a poco.

Recorriendo Gdańsk II – orillas del Motława

El atardecer junto al río estaba muy animado con las terrazas de los locales a un lado y los puestos de comida al otro. Así pues, el pasillo que quedaba para caminar era bastante limitado, por lo que apenas se podían ver los edificios históricos y tan característicos de la ciudad.

Llegamos a la Puerta Straganiarska (Brama Straganiarska), la más al norte de todas las que se conserva y que hoy es un edificio residencial.

En el margen contrario se encuentran el Museo Marítimo Nacional (Narodowe Muzeum Morskie w Gdańsku. Siedziba główna), el Hotel Królewski y la Sala de Conciertos Frederic Chopin (Polska Filharmonia Bałtycka im. Fryderyka Chopina).

Frente a la Sala de Conciertos se encuentra la Torre del Cisne (Baszta Labedz).

Se trata del último de los torreones de la muralla que rodeaba la ciudad. Fue construida sobre los cimientos de la Torre del Pescador ( Fischturm ), que fue erigida en la segunda mitad del siglo XIV por la Orden Teutónica. Esta fue destruida en 1454 y después reconstruida, añadiéndosele un piso más. Con el tiempo perdió su importancia defensiva.

Quedó seriamente dañada en 1945, aunque como los edificios próximos quedaron arrasados, volvió a destacar. Se reconstruyó en 1967 y hoy alberga el Club Marítimo Polaco.

Desde su plaza se obtienen unas buenas vistas de la parte que acabábamos de recorrer hasta la famosa Grúa (Żuraw), nuestra siguiente parada.

Se trata de uno de los monumentos más característicos de la ciudad, si no el que más. Además, era la grúa portuaria de madera más poderosa de Europa en el siglo XV. Se usaba para el trasbordo y levantamiento de mástiles de barcos siendo capaz de elevar cargas de más de 4 Toneladas.

La grúa consta de dos torres semicirculares y en el centro cuenta con una estructura de madera con un gancho. Su función era industrial, pero también defensiva, siendo una de las puertas de agua de la ciudad. En su interior se pueden ver los tambores reconstruidos que se usaban como mecanismos de elevación. La propulsión la ejercían los trabajadores caminando por las vigas del tambor, al que los visitantes pueden acceder desde 2003.

La grúa original acabó destruida en un incendio en 1442, y más tarde, en la guerra, la parte de madera se quemó y tan solo se conservó el 60% de los elementos de ladrillo. La reconstrucción que vemos hoy en día guarda el diseño de mediados del siglo XV.

Hoy alberga una sala de exposiciones que muestra la vida portuaria de la ciudad.

La siguiente puerta que nos encontramos fue la Puerta del Espíritu Santo (Brama Świętego Ducha).

Apenas queda gran cosa de lo que fue, pues la II Guerra Mundial acabó con ella y tan solo se conserva el arco de paso y algunos restos de las paredes. Se reconstruyó siguiendo una pintura que mostraba cómo era en el siglo XV. Es bastante austera.

Muy cerca se encuentra la Puerta Mariacka (Brama Mariacka).

Es la más bonita de todas, aunque quizá por los edificios que la flanquean. De forma rectangular, no es simétrica. Sobre el arco de paso están colocados los escudos de armas de la República Polaca, el escudo de la ciudad y el de Prusia Real.

En la otra cara, en el lado de la calle Mariacka tiene el escudo de la ciudad sujetado por dos leones.

A tan solo media docena de edificios se levanta otra puerta, la Chlebnicka (Brama Chlebnicka)

Su nombre hace referencia a los mercadillos medievales de pan que se colocaban a lo largo de la calle. Es de estilo gótico y data del siglo XV, lo que hace que sea una de las tres más antiguas de la ciudad. Sobrevivió a la II Guerra Mundial y mantiene el diseño original.

En el lado del río destaca el escudo de Gdańsk sobre el pórtico. Las dos cruces de plata sobre fondo rojo aún no poseen la corona, que fue añadida en 1457.

En el lado interior el escudo representado es el de los príncipes de Pomorskie de Gdansk, de dinastía Sobieslawic.

Un poco más adelante  se halla la Puerta Verde (Zielona Brama), que no es verde, sino que recibe su nombre por el puente que tiene enfrente.

De estilo manierista, se construyó entre 1564 y 1568 para ser la residencia de los reyes polacos cuando visitaran la ciudad. Sin embargo, tan solo se alojó en ella María Luisa Gonzaga de Francia para la boda con Ladislao IV. Hoy en ella se halla la oficina del primer presidente de la Tercera República de Polonia y premio Nobel de la Paz, Lech Walesa, Desde 1999 está reconocida como propiedad histórica y pasó a formar parte del Museo Nacional, aunque no tiene ni colecciona objetos, sino que sus salas principales sirven para las exposiciones temporales de arte antiguo y contemporáneo, polaco y extranjero. Además en sus instalaciones se celebran conferencias, reuniones y espectáculos.

En su historia ha sido arsenal, después desde 1746 hasta 1845 sirvió como sede de la Asociación de Ciencias Naturales. En 1880 se abrió el Museo de Ciencias Naturales. Con la II Guerra Mundial quedó seriamente dañada y solo sobrevivieron las paredes exteriores.

Cruzamos el puente para poder disfrutar de las vistas desde Gdanski Bowke, aunque se nos hacía de noche y no nos pudimos entretener mucho pues aún nos quedaba una buena parte por ver.

Una pena porque es una de las estampas más bonitas de Gdańsk. El río, poco más ancho que un canal, y las casitas de colores hanseáticas recuerdan en gran medida a Copenhague y Ámsterdam.

No soy un hombre fácil

Hace poco oí a Leticia Dolera en una entrevista decir que cuando da clases de guion recomienda a sus alumnos que, para hacer una revisión de sus textos y ver si están siendo sexistas, cambien de género los personajes y comprueben si el argumento y los diálogos siguen funcionando o, por el contrario, chirrían.

Y esta idea me vino a la mente cuando vi No soy un hombre fácil, de Eleonore Pourrait, actriz, escritora y directora francesa.

Todo empieza como cualquier comedia romántica. El protagonista es un hombre bien posicionado laboralmente (en este caso como publicista), atractivo y seguro de sí mismo. Tanto sus amigos como sus compañeros le ríen sus gracias mientras que sus compañeras tienen que soportar sus insinuaciones, miradas o comentarios sexuales. El estereotipo clásico del triunfador, vaya.

Sin embargo, su mundo se desmorona cuando se da un golpe con una farola y despierta en una distopía en que los roles de género se han intercambiado. En esta realidad paralela son los hombres quienes están oprimidos. Lo femenino sigue considerado inferior, pero ahora es una cualidad de los varones, no de las mujeres. Los tornos han cambiado.

Ahora es él quien tiene que soportar el acoso callejero o que sus compañeras hagan comentarios sobre su físico; en su trabajo sus ideas antes alabadas ahora no son escuchadas; es rechazado por una mujer en el momento en que esta descubre que no está depilado; su amigo ha quedado relegado al hogar y al cuidado de los niños… Las mujeres son quienes ocupan los puestos de liderazgo y deciden qué es lo relevante, mientras que los hombres quedan a segundo plano y él ve cómo su vida se desmorona. Todo lo que daba por sentado ha desaparecido y tiene que empezar de nuevo.

Sus privilegios se han desvanecido y ahora siente por todos lados la presión de la sociedad. Lo vemos en la actitud de sus padres cuando insisten en que se le va a pasar el arroz, pero también por supuesto cuando comienza a depilarse, maquillarse, a vestir con ropa más ajustada, con pantalones cortos para enseñar las piernas… Es una transición de un mundo en que lo tenía todo y nadie le cuestionaba, a otro en el que todo el mundo le dice lo que tiene que hacer, como si estuviese tutelado).

Sin su puesto de publicista sustituye a su amigo (de baja paternal) como secretario de una escritora exitosa (aunque endeudada), que va de amante en amante. Como si de cualquier comedia romántica se tratara, él se enamora de ella, pero ella por su parte lo utiliza y manipula. Los papeles tradicionales han quedado invertidos y ahora es ella quien lleva la voz dominante, la egoísta, conquistadora y arrogante, mientras que él es el que va detrás dejándose pisotear porque está enamorado.

El argumento no tiene más miga. No hay mucha más historia y la que hay es bastante previsible porque lo realmente importante es el ejercicio de reflexión sobre los roles impuestos y el comportamiento de ambos sexos al asumirlos y normalizarlos. Y qué mejor ejemplo que proponerlo a través de la típica comedia romántica que tanto perpetua estas construcciones arbitrarias. No se trata tanto de una crítica al machismo como de una ridiculización de los roles de géneros.

No soy un hombre fácil intenta plasmar la cantidad de actitudes sexistas que tenemos normalizadas y que si intercambiáramos los géneros, resultarían situaciones de lo más absurdas y surrealistas. Así que, parece que Leticia Dolera tenía razón: si no sabes si la situación es sexista, dale la vuelta.

 

Recorriendo Gdańsk

Llegamos a Gdańsk y era un pronto para ir al hotel aún, por lo que aprovechamos para parar a comer en un centro comercial que hay cerca de la estación. Habiendo hecho algo de tiempo, entonces sí que marchamos al hotel, donde hicimos el check-in, nos dimos una ducha y nos echamos la siesta. Apenas eran las dos, con lo que pensamos que un par de horas de sueño nos vendrían bien para reponer fuerzas y aprovechar el resto de la tarde y las horas de luz.

La habitación del hotel era bastante moderna y bien equipada, con un baño grande y una ducha amplia.

Después de haber recargado pilas, salimos a patear la famosa Gdańsk, también conocida en español (que toma su nombre del alemán) como Danzig.

La ciudad fue fundada en el año 997 y fue la puerta marítima de Polonia, puerto hanseático y Ciudad Libre. Gracias a estar situada en la Bahía de Gdańsk, junto a la desembocadura del río Vístula al Báltico, es el puerto principal y centro de construcción naval más grande del país.

A mediados del siglo XIV entró en la Liga Hanseática, como no podía ser menos, y se convirtió en una república mercantil autónoma. Así, la ciudad ganó poco a poco importancia y llegó a su esplendor a finales del siglo XVI cuando por su puerto pasaban el 75% de las exportaciones polacas.

Esta relevancia comercial atrajo a mercaderes de varios lugares de Europa, como alemanes, ingleses, escandinavos, rusos, checos, húngaros, franceses e italianos, quienes se establecieron en Gdańsk convirtiéndola en una ciudad multicultural.

Desde 1772 hasta 1920 perteneció a Prusia, por lo que la mayoría de sus ciudadanos eran alemanes. Sin embargo, todo cambió con el Tratado de Versalles, cuando quedó bajo la tutela de la Sociedad de Naciones con el nombre de la Ciudad Libre de Danzig en una suerte de protectorado polaco.

Gdańsk fue relevante para los acontecimientos del siglo XX. Al ser una ciudad tan próspera era objeto de deseo de Alemania, quien se la quiso anexionar en 1939. Cuando Polonia se negó, las tropas nazis atacaron Westerplatte con el acorazado alemán SMS Schleswig-Holstein. Esta ofensiva dio lugar al comienzo de la II Guerra Mundial.

La contienda bélica dejó una ciudad prácticamente en ruinas. No obstante, recuperó su esplendor gracias a que muchos de los edificios históricos fueron reconstruidos. También se mantuvo el trazado medieval con nueve calles paralelas que discurren hasta las compuertas del río. Los nuevos habitantes (polacos, alemanes, flamencos, hebreos, escoceses y holandeses) influyeron en la arquitectura de las nuevas construcciones cada uno con su estilo.

La calle principal es Ulica Dluga. Se trata de la Vía Real, la antigua ruta de los reyes. Inicia su recorrido en la Puerta Alta y finaliza en la Puerta Verde y entre medias se pueden encontrar una gran cantidad de edificios de la época hanseática con sus fachadas coloridas.

Pero comencemos desde el principio. Continuamos nuestra ruta desde donde la habíamos dejado a primera hora, desde el Gran Molino. Al lado se encuentra la Iglesia de Santa Catalina (Kościół św. Katarzyny).

Esta iglesia dedicada a Santa Catalina de Alejandría es la más antigua del casco histórico. Comenzó a construirse en 1227, y las obras duraron hasta los siglos XIV y XV porque tuvo varias ampliaciones. La torre es más tardía, comenzó a levantarse en 1450 y se terminó en 1634. El carillón fue colocado en 1738.

El 3 de julio de 1905 se incendió como resultado de un rayo. Incluso se quemó parte del tejado cuando algunas partes ardiendo cayeron sobre él. También afectó al carillón.

Al efecto producido por el metal fundido goteando sobre el edifico los testigos lo llamaron “las lágrimas de bronce de Santa Catalina”. Algunas de ellas se vendieron incluso para recaudar fondos para poder reconstruir la iglesia.

En 1910 se llevaron a cabo las tareas de reconstrucción y la instalación del nuevo carillón (que en 1942 fue confiscado y fundido).

Quedó totalmente destruida en 1945 por la guerra e incendios provocados. Fue reconstruida a finales de siglo, pasando ya a ser propiedad de la Orden de los Carmelitas (de 1555 a 1945 perteneció a los protestantes). Sin embargo, ya en este siglo, en 2006 volvió a ser reconstruida como consecuencia de un incendio que acabó con el tejado. Por suerte al derrumbarse se apoyó en la estructura del techo y no cayó dentro del templo, por lo que se pudieron salvar elementos históricos.

Desde 1996 alberga el Museo de Relojes de Torre que expone mecanismos de reloj trasladados de otros lugares de todo el país en los que ya no se podían conservar, bien porque la torre quedó destruida por guerra, incendio u otro incidente, pero también por reconstrucciones y cambio del espacio disponible. La colección ofrece una evolución de la relojería desde el siglo XV hasta el XX.

Junto a ella se encuentra la Iglesia de Santa Brígida (Bazylika Rzymskokatolicka Pw. św. Brygidy).

Fue construida entre 1394 y 1402 para albergar las reliquias de la santa que se habían traído de Roma unos años antes. Tuvo que ser reconstruida a principos del siglo XVII como consecuencia de un incendio. Se aprovechó para una ampliación y añadidos renacentistas.

Quedó destruida con la II Guerra Mundial y se pasó años en ruinas hasta que en la década de los 70 se decidió reconstruirla. En las huelgas de los años 80 acogió a algunos miembros del sindicato Solidaridad ya que era la iglesia más próxima al astillero y el párroco les permitía reunirse en ella para preparar sus manifestaciones.

Seguimos hasta la famosa oficina de correos (Poczta Polska).

El edificio no destaca especialmente por su arquitectura, sino por si simbología. Fue donde los empleados de Correos resistieron ante la ofensiva nazi el 1 de septiembre de 1939.

En su honor en el cuadragésimo aniversario se inauguró el monumento Nike Pocztowców.

Realizado en acero inoxidable, representa a la diosa Nike (que representa la Victoria en la mitología griega) entregando un rifle a un moribundo. Detrás de ella aparecen cartas volando por los aires.

Al otro lado de la plaza se encuentra el Dom Dobroczynności, un antiguo refugio para personas sin hogar y huérfanos fundado en 1699.  En 1749 tuvo que ser ampliado porque se había quedado pequeño. Fue usado hasta 1906, cuando se trasladó la institución a Wrzeszcz. El edificio pasó a ser un centro de salud y en el período de entreguerras la sede del Partido Socialdemócrata de la ciudad, el Danziger Volksstimme.

Consiguió sobrevivir a la II Guerra Mundial y se registró como monumento histórico de la ciudad. Desde 2016 es un centro cultural, aunque su fachada parece algo abandonada.

Nos adentramos por un rastrillo de estos en los que cada cual se lleva todo aquello que tiene por casa de la abuela:

Había muñecos, sellos, porcelanas, monedas, ropa, objetos militares… de todo lo que se pueda imaginar. Lo que no sé es si venderán mucho.

Entre los puestos encontramos restos de la muralla medieval de la ciudad, en cuya esquina noroeste se alza la Torre de San Jacinto (Baszta Jacek). También era conocida como Kiek in de Kök (algo así como “ve a la cocina”), el actual lo tiene en honor al santo Jacek Odrowąza, quien llevó la orden dominicana a Gdańsk.

Esta torre de planta octogonal mide 36 metros de altura y se construyó a principios del siglo XV. Fue almacén y mazmorra, aunque en origen se levantó para ser usada como torre de vigía en caso de ataque desde el casco antiguo.

Sus paredes de ladrillo tienen un grosor de 2,5 m en la parte inferior y se van estrechando hacia la parte superior, quedándose en 1,2 m. El tejado se añadió en 1556, cuando dejó de usarse como torre de vigía.

En la II Guerra Mundial el tejado y la parte superior de la torre quedaron destruidos y su interior quemado. En 1955 se restauró siguiendo el diseño de 1556. Entre 2015 y 2016 se volvieron a realizar trabajos de recuperación.

Junto a ella se encuentra el Hala Targowa, el mercado.

En el emplazamiento en que se encuentra hubo un monasterio dominico que fue destruido en 1813 por las tropas rusas y prusianas. Las autoridades prusianas no permitieron su reconstrucción, por lo que se quedó en ruinas hasta que finalmente fue demolido entre 1839 y 1840. El espacio resultante se empleó para uso militar y después, a finales de siglo, la plaza se pavimentó y se decidió construir un Mercado Central y así concentrar los puestos en un mismo lugar en vez de desperdigados por las calles. Con su llegada se cerraron los mercados callejeros, excepto el de pescado. Abría seis días a la semana desde las 5:00 de la mañana (en verano) o las 6:00 (en invierno) hasta las 20:00 y los sábados hasta las 21:30.

Quedó ligeramente dañado en la II Guerra Mundial y fue restaurado a finales de siglo. Durante las últimas tareas de recuperación, en 1999 salieron a la luz los cimientos del monasterio y de la iglesia románica de San Nicolás, de 1170, así como el cementerio con más de 400 tumbas.

La Iglesia de San Nicolás (Bazylika św. Mikołaja) se erigió en un punto estratégico: en el cruce de dos rutas comerciales relevantes: la via mercatorum o de los comerciantes y la ruta desde el castillo hasta las inmediaciones de la residencia de los duques de Pomerania. Así pues, servía como templo local, pero también era muy visitada por los comerciantes y marineros que pasaban por la ciudad.

En 1227 el duque de Pomerania se la cedió a los frailes dominicos, quienes comenzaron su actividad eclesiástica y construyeron un monasterio en los aledaños donde llegaron a vivir casi 200 monjes.

Con los caballeros de la Orden Teutónica a principios del siglo XIV la ciudad está en período de esplendor y la iglesia se queda pequeña, por lo que los dominicos construyeron una nueva iglesia de estilo gótico, que es la que hoy vemos junto al mercado.

Fue saqueada varias veces y quedó destruida en el siglo XVI en la época de la Reforma, los monjes fueron expulsados del monasterio o asesinados. Los que pudieron, regresaron ya a finales de siglo, por 1578 e intentaron recuperar la labor pastoral católica en una población que se había convertido al protestantismo. Aún así, la iglesia volvió a tomar peso y era visitada por los reyes polacos cuando visitaban Gdańsk. Sin embargo, la decadencia del monasterio, de la iglesia y de la ciudad, llegó con las divisiones de Polonia.

La iglesia sobrevivió a la II Guerra Mundial. Hay una teoría que dice que se debe a que San Nicolás es patrón de los rusos ortodoxos, por lo que la respetaron. Otra, sin embargo, dice que el párroco directamente sobornó al Ejército Rojo con alcohol.

Muy cerca, entre las calles Świętojańska y Szeroka se encuentra el monumento a Swietlik Wielki, duque de Pomerania entre 1227 y 1266, también conocido como la estatua del vikingo.

En el pedestal reza la inscripción en casubio Zrzeszonëch naju nicht nie złómie (los unidos no se separan).

Se inauguró el 22 de agosto de 2010 y representa al duque portando un escudo y una espada, así como el acto de otorgar los derechos de feria dominica a la ciudad.

Esta feria se organiza en agosto y lleva ese nombre porque fueron los dominicos quienes le pidieron la bula papal a Alejandro IV en 1260 para celebrarla. El objetivo era que los fieles asistieran a una peregrinación el 4 de agosto. Después, se convirtió en una tradición, en todo un evento cultural y comercial.

En su origen se celebraba en la Plaza Dominikański, pero se quedó pequeña ya que llegaban centenas de barcos a la ciudad. Así pues, se mudó a calles más amplias. Además, fueron incorporándose nuevos mercados de madera, de pescado, vídrio checo, pieles orientales, alfombras, cerámica, telas inglesas, ámbar…

Con la II Guerra Mundial quedó unos años en el olvido y no fue hasta 1972 que se recuperó la tradición con un objetivo comercial.

Hoy es más que un simple mercado. También hay actuaciones artísticas y se concentran más de 1000 artistas, artesanos y coleccionistas y hay una calle dedicada a puestos de comida y bebida donde no falta la cerveza, la carne a la parrilla, patatas asadas, pescado frito o platos típicos polacos. En sus 3 semanas acoge a casi 100.000 visitantes diarios (duplicándose en fin de semana).

Siguiendo dirección al río, nos encontramos con la Iglesia de San Juan (Kosciol sw. Jana). 

En este emplazamiento había una pequeña capilla dedicada a San Juan. Entre el siglo XIV y XV se construyó una nueva de tres naves, sin embargo no se pudo levantar la torre porque los caballeros teutónicos prohibieron construir edificios altos próximos al castillo. Con el paso del tiempo la iglesia resultó demasiado pesada para los cimientos y tuvo que ser reforzada varias veces. A mediados del siglo XVI se convirtió en templo luterano.

La iglesia se quemó en la II Guerra Mundial, pero las paredes se han conservado prácticamente en su totalidad. También las obras de su interior, que se pudieron sacar con tiempo. Tras la guerra se usó como almacén para identificar las estatuas que se iban encontrando en las ruinas.

La torre se reconstruyó en los años sesenta, y veinte años más tarde las bóvedas. También se restauraron las lápidas del suelo.

La misma calle nos conduce a la Puerta de San Juan (Brama Świętojańska).

Esta es una de las puertas de agua de la ciudad. Nos lleva al río. Fue construida a finales del siglo XIV y reconstruida más tarde en el XIX, cuando se le añadió el frontón clasicista en la cara que enfrenta el río.

Quedó dañada en la II Guerra Mundial y tuvo que ser restaurada de nuevo entre 1976 y 1978. Hoy en día acoge a la sede de la Asociación Polaca de Ingenieros y Técnicos de la Construcción.

Y aquí terminamos nuestra primera parte de la ruta por Gdańsk.

Excursión a Sopot

En apenas un cuarto de hora estábamos en Sopot, una ciudad que nació en el siglo VII con el asentamiento de los eslavos. Hoy es un lugar muy exclusivo cuyo movimiento se debe al turismo de salud gracias a su balneario de renombre. Así, en los meses fríos acoge a viajeros que buscan el relax termal, mientras que en verano recibe a turistas que acuden a disfrutar de la playa.

Al salir de la estación nos encontramos con una especie de feria gastronómica española en la que vendían productos españoles así como paella o gazpacho. O eso decían.

Se notaba la hora, y nada más adentrarnos en Montecassino, la calle que lleva a la playa, nos vimos rodeados de veraneantes. Sopot tiene el ambiente de ciudad costera en la que la gente pasea en chanclas, con bolsos playeros y vestidos bajo los que asoman los tirantes del bikini.

En la calle principal abundan los locales de helados, cafeterías, salas de fiesta, galerías de arte, joyerías y tiendas de ropa de marcas no precisamente baratas.

Destaca La casa torcida (Krywy Domek), un peculiar diseño de los arquitectos Szotyński y Zaleski, que se inspiraron en los cómics de Jan Marcin Szancer y Per Dahlberg.

Esta animada avenida comienza en la iglesia neogótica de St. George y se extiende hacia el Molo, el muelle más antiguo del país.

Con más de 150 años de historia, es además el muelle de madera más largo de Europa con sus 515,5 metros. Eso sí, para recorrerlo hay que pagar unos 2€, al menos en temporada alta. Como el sol pegaba bastante, preferimos seguir caminando por la sombra. Estaba haciendo más calor del que habíamos esperado y aún era pronto.

Muy cerca de la playa se encuentra el Gran Hotel, de estilo barroco. Desde su construcción en los años veinte del siglo pasado ha alojado a personajes de lo más variopinto como Marlene Dietrich, Charles de Gaulle, Fidel Castro y Adolf Hitler.

Dimos un paseo tranquilamente por el paseo marítimo, nos asomamos a la arena y volvimos de nuevo a la zona comercial donde nos compramos un helado. Nos sentamos en un banco a la sombra a comerlo mientras observamos el trasiego de los veraneantes que bajaban a la playa cargados e ilusionados en busca del sol que tanto evitamos nosotros y cuando terminamos volvimos a la estación para volver a Gdańsk, comer y hacer el check-in.

Serie Terminada: The Catch

La última serie que hemos terminado de ver es la breve The Catch. La ficción de la productora de Shonda Rhimes fue cancelada tras dos temporadas de diez capítulos cada una, y bien podrían haberla dejado cerrada tras la primera entrega.

El planteamiento no era malo. Recordemos: una analista de fraudes experta en delitos de guante blanco ve cómo desaparecen sus ahorros cuando su supuesto prometido resulta ser un estafador. Mientras intenta que su reputación profesional no se vaya al garete, se guarda su orgullo herido y se pone manos a la obra para encontrarle y recuperar lo que es suyo.

Así pues, tiene un poco de acción, otro poco de juego del gato y ratón, retazos de intriga, un toque de historia romántica… Pero claro, el problema es que no tiene mucho recorrido. No puedes estar seis temporadas persiguiendo al estafador. Así que, esa trama se cierra en la primera temporada y ya en la segunda cambiamos de tercio con el prometido colaborando con el FBI a cambio de infiltrarse y así ayudarles a resolver casos de su perfil. ¿De qué me suena esto? Ah sí, como comenté tras el piloto, recuerda en cierta medida a Ladrón de guante blanco.

Técnicamente no está mal. Los capítulos tienen ritmo, juega con los planos y la pantalla partida (quizá en exceso), con una fotografía muy luminosa que automáticamente nos transporta a Los Ángeles, oficinas de diseño con mucho cristal y blanco, personajes impecablemente vestidos… Pero no termina de funcionar.

Normalmente en series de este estilo tenemos un arco que se alarga toda la temporada y que sirve como hilo conductor, y una trama más corta que se suele desarrollar en un capítulo o quizá dos. Sin embargo aquí tenemos tres ejes. Por un lado el temporal (la búsqueda del prometido), por otro el episódico (el caso de investigación de la empresa de Alice) y por último la trama del estafador junto con sus compañeros. Y al final, con tanta bifurcación, va todo demasiado rápido sin profundizar demasiado.

Parece que todo va de apariencias, de sonrisas, de pestañas postizas, de ropa o coches de alto nivel adquisitivo. Hay un toque muy clasista en sus guiones y resulta una serie muy superficial y banal. Tampoco me termina de cuadrar la pareja principal, no me resulta verosímil, no sé si por la química que no termina de cuajar o por tanto pasteleo romántico.

La primera temporada tiene un pase con la búsqueda, persecución, juegos y engaños; pero la segunda da un giro con tal de alargarla lo máximo posible incluso introduciendo la historia del hermano de la protagonista que no tiene ni pies ni cabeza o la hija perdida del estafador. No hay nada de thriller o acción y sí mucho de drama pasteloso.

Es una de esas series de verano para ver de fondo sin esperar grandes tramas o personajes. Lo bueno: que solo son 20 capítulos.

Excursión a Gdynia

Tras dejar las mochilas en el hotel y anotar las indicaciones de la recepcionista de cómo llegar a Gdynia y Sopot, nos dirigimos a la estación para tomar el tren.

Gdańsk, Sopot y Gydnia forman la Ciudad Triple (Trójmiasto). Están conectadas entre sí por la avenida que enlaza Gdańsk con Gdynia. Así pues, decidimos comenzar por lo más alejado: Gdynia, y de vuelta a Gdańsk hacer parada en Sopot. En la estación no nos complicamos con las máquinas de billetes y directamente en taquilla enseñamos la nota en la que la recepcionista nos había escrito los datos del tren.

Nos dio un billete por valor de 6.50 zl para los dos, que picamos en la máquina antes de subir al andén.

En apenas media hora llegamos a Gdynia, al sur del Golfo de Gdańsk. Es una ciudad que hasta 1918 era un pueblecito de pescadores. Sin embargo, tras la independencia, su puerto comenzó a crecer convirtiéndose en el más importante de la costa polaca y hoy en día es una de las 12 ciudades más grandes del país.

Gdynia surgió en el barrio de Oksywie, donde hubo asentamientos entre los años 65-500 a.C. Más tarde, entre los siglos VII – XII se estableció una ciudad fortificada y surgió una aldea en torno a una parroquia. Hoy en el barrio se encuentra la Academia de la Armada, antiguo cuartel, los edificios de la Central de Flota y el puerto militar. También se conservan búnkeres y refugios. Sin embargo, no fuimos tan lejos, nos quedamos en el otro lado del puerto.

Para llegar a él, tomamos una de las grandes avenidas en las que aún se pueden ver edificios que recuerdan a la época soviética. De hecho en muchos de ellos han desaparecido los detalles de las fachadas, pero se han quedado las marcas.

También nos encontramos con una iglesia en cuya plaza se erige un monumento a uno de los polacos más internacionales: Juan Pablo II.

En unos diez minutos estábamos en el puerto. Los astilleros, uno de los mayores del mundo, se pusieron en marcha en apenas 10 años, lo que convirtió a Gdynia en una de las ciudades más grandes del país. La vida en la ciudad gira en torno al mar, aunque también destacan construcciones modernistas, como por ejemplo las Sea Towers, dos rascacielos en los que se ubican tanto oficinas como viviendas. Además, en el piso superior hay un mirador.

Se construyeron entre 2006 y 2009 y son el duodécimo edificio más alto de Polonia y el segundo edificio residencial más alto del país tras la Sky Tower de Breslavia. Una de las torres tiene 38 pisos y otra 29.

La plaza más conocida de la ciudad es la Skwer Kościuszki, donde se encuentran el gran Hotel Gdynia y el Teatro Musical Danuta Baduszkowa.

En ella además hay un par de monumentos, uno dedicado al Marinero Polaco (1939-1945) y otro a las Fuerzas Armadas Polacas en el Oeste y al Ejército del Interior. También hay varios monumentos a ambos lados del paseo.

En los años 30 se construyó el Muelle Sur, un lugar que hoy se ha convertido en zona de ocio llena de locales de comida y recuerdos. En él se encuentran el buque de guerra Blyskawica y el velero Dar Pomorza. El ORP Błyskawica es un buque de guerra construido en el Reino Unido y considerado uno de los destructores más potentes del mundo. Se conservó gracias a que durante los ataques de la Luftwaffe se trasladó hasta Reino Unido.

En septiembre de 1939 luchó contra la Kriegsmarine, y un par de meses después recibió un ataque de los aviones alemanes, del que, sin embargo, salió indemne. Una explosión en la cámara de máquinas en los años 60 le causó daños severos que no salía rentable reparar, por lo que se trasnformó en batería estacionaria antiaérea hasta que en 1975 fue dado de baja y convertido en museo.

El Dar Pomorza por su parte es museo desde 1983. Se puede visitar la entrecubierta (donde vivían los aprendices), la sala de máquinas, el almacén de mástiles, el comedor de oficiales, el salón del comandante, la cabina de navegación, la cocina y las cubiertas superiores.

También en el muelle, en el lado opuesto, se localizan el Acuario y la Academia Naval.

Joseph Conrad Korzeniowski domina el final del muelle, donde también hay unas placas dedicadas a los pasajeros que llegan en barco a la ciudad.

Más adelante, se encuentra la Marina, el mayor puerto del país y también el más moderno.

Era tan pronto, que apenas había gente por la calle, aunque ya comenzaban a salir los más madrugadores cargados con toallas camino de la playa. Nosotros emprendimos el regreso a la estación para continuar la excursión a Sopot.

Datos sobre Polonia

Llegamos al plato fuerte del viaje, ya que era Polonia donde más días íbamos a pasar. Contábamos con visitar seis ciudades polacas, quizá las más importantes del país. Pero antes de entrar en materia, vamos a repasar unos datos sobre Polonia para entender la historia que hay en sus calles.

Situado en Europa Central, limita al norte con el mar Báltico y el territorio de Kaliningrado, al noreste con Lituania, al este con Bielorrusia, al sureste con Ucrania, al sur con la República Checa y Eslovaquia y al oeste con Alemania.

En Polonia han residido diferentes pueblos. Ya en el año 400 a. C. habitaban en el territorio los celtas, germánicos y baltos. En el siglo VIII varias tribus polacas formaron grandes estados y en el siglo X se unificaron dando lugar a Polonia. Se cree que Polonia como nación surgió en 966 cuando Mieszko I adoptó el cristianismo entrando en el ámbito de la cultura latina.

El Reino de Polonia nace el 18 de abril de 1025 con la coronación de Boleslao I el Bravo. Durante los siglos siguientes varios líderes consiguieron que el Reino fuera importante en el continente. Sin embargo, en el siglo XIII Polonia se fragmentó internamente y vio como la Orden Teutónica fue creciendo y ganando mucho poder.

Casimiro III el Grande reinó desde 1333 hasta 1370. Fue quien fundó la Universidad de Cracovia. A pesar de que se casó cuatro veces, no consiguió heredero, por lo que le sucedió su sobrino, Luis I de Hungría. Como este no tuvo hijo varón, heredó el trono Eduviges I de Polonia, quien se casó con Jagellón, duque de Lituania. Con este matrimonio se creó la unión dinástica de Polonia y Lituania y gracias a esta alianza en 1410 derrotaron a los Caballeros Teutónicos. En 1466 ambas partes firmarían la paz en el Tratado de Torun, con el cual Polonia ganó Prusia y Gdańsk.

En el siglo XVI, en 1569 Polonia se unió con Lituania proclamando la República de las Dos Naciones o Mancomunidad Polaco-Lituana. El poder de la mancomunidad decayó tras varias invasiones a Rusia. Esta ganó fuerza gracias a los aliados tártaros y a la anexión de Ucrania. Además, en 1655 llegaron los suecos con ayuda de Transilvania y Brandenburgo ocupando casi todo el país, excepto el este que estaba invadido por los cosacos y rusos como consecuencia de la guerra. La paz con los suecos no se firmaría hasta 1660.

En la segunda mitad del siglo XVI la mancomunidad se enfrentó a otro pueblo, al otomano. Bajo el reinado del rey Juan III Sobieski en alianza con el emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, Leopoldo I de Habsburgo, consiguieron vencer en la batalla de Viena (1683) poniendo fin a 250 años de conflictos.

En 1795 el territorio polaco fue repartido entre Rusia, Prusia y Austria. En 1815 con el Congreso de Viena se estableció el Reino de Polonia con su propia Constitución, aunque siendo dependiente de Rusia.

En 1830 hubo una insurrección para intentar liberarse de la dependencia rusa, sin embargo, fue sofocada un año más tarde y el Reino de Polonia se convirtió en parte del Imperio Ruso. El 22 de enero 1863 hubo una nueva sublevación. Como consecuencia, hubo fuertes represalias y se intensificó la rusificación y se abolió el polaco. En la parte que estaba ocupada por Prusia también hubo una situación similar y se sometió a la población a una germanización. La única zona algo más tranquila era la que dependía de Austria, ya que consiguieron autonomía, un Parlamento, un sistema educativo propio y autoridades locales polacas.

El 5 de noviembre de 1916 los emperadores Guillermo II de Alemania y Francisco José I de Austria proclamaron el Reino independiente de Polonia. Con el Armisticio de Compiègne, Polonia recuperó de facto la independencia. Y gracias a una sublevación en territorios alemanes llegó a ganar más terreno. Esta independencia quedaría reconocida internacionalmente en el Tratado de Versalles, donde además se definirían sus fronteras.

Entre 1919 y 1921 Polonia se vio involucrada en la Guerra Polaco-Soviética. Las regiones de Galitzia, Rutenia Transcarpática y Bukovina querían independizarse de Austria-Hungría y proclamarse República Nacional de Ucrania Occidental. Pero la República Popular Ucraniana había negociado ya esos territorios con los austro-húngaros. En la capital del nuevo estado hubo un levantamiento anti-ucraniano con una importante participación de población polaca y Polonia lo apoyó y en 1919 se anexionó los territorios de Ucrania Occidental. La República Popular Ucraniana reconoció la anexión, pero pidiendo a cambio a Polonia que les ayudaran en la Ofensiva de Kiev ante los bolcheviques. Tras las batallas de Varsovia y del Río Niemen se definieron las fronteras con la Paz de Riga. Polonia acabó absorbiendo los territorios que quería el estado ucraniano y nació la Ucrania soviética.

Polonia también luchó guerras cortas contra Checoslovaquia y Lituania. Durante la guerra con Lituania consiguió anexionarse Vilna y 20% del país.

En el período de entreguerras el país firmó varios pactos de no agresión con los países vecinos, entre ellos con Alemania en 1934. En estos años previos a la II Guerra Mundial había dos bandos y en medio estaba Polonia. Había un deseo mundial por derrotar al comunismo – sobre todo desde Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos – , por lo que el avance de los nazis hacia el este parecía un mal menor. La política era simplificarlo todo y dejarlo en un conflicto fascista-comunista. Sin embargo, no vieron el peligro que suponía para ellos mismos. Inglaterra y Francia entregaron Checoslovaquia a Alemania, pero Hitler quería más y exigió a Polonia la devolución del Corredor Polaco y Gdańsk. Y cuando esta se negó, Alemania anuló el pacto y planeó el contraataque. Pero no solo eso, sino que renunció al convenio naval anglo-alemán, y comenzó a reclamar las colonias que le habían sido arrebatadas por Francia e Inglaterra tras la I Guerra Mundial.

En julio de 1939 el Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética le propuso a Gran Bretaña y Francia que le enviaran una comisión militar a Moscú para intentar llegar a un acuerdo y así frenar los avances nazis. La URSS estaba dispuesta a enfrentarse a Alemania, pero para ello necesitaba pasar sus tropas por Polonia o Rumanía. Sin embargo, ambos países lo que realmente buscaban era debilitar a la Unión Soviética por lo que mandaron a personas que no tenían poderes suficientes para negociar ningún tipo de convenio o tratado.

La URSS no podía permitir un avance de los nazis, pues llegarían a sus propias fronteras, por lo que, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con británicos y franceses, se sentaron directamente con los alemanes. Y así, el 23 de agosto de 1939, nació el Pacto de no agresión (Ribbentrop-Mólotov) entre la Unión Soviética y Alemania por el que ambos países se comprometían a mantenerse neutrales si uno de los dos entrase en conflicto con un tercero así como no atacarse ni independientemente, ni en alianza con otros estados. Este pacto para 10 años tenía una cláusula por la que Alemania reconocía a Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania como territorios de interés soviético, y además se dividían Europa oriental, quedando Polonia dividida en dos.

El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia rompiendo el acuerdo de 1934. El 17 del mismo mes el ejército soviético invadió territorios polacos del este. Alemania avanzó rápidamente por el territorio polaco con devastadores bombardeos que destruyeron las ciudades y mataron a miles de personas. Polonia se rindió a comienzos de octubre dando inicio a la ocupación nazi del país. Se establecieron campos de concentración adonde eran enviados los judíos tanto polacos como de otros países ocupados. En ciudades como Varsovia y Lodz se crearon guetos donde la población semita vivía hacinada y luchando contra la hambruna y enfermedades. El 19 de abril de 1943, los judíos del gueto de Varsovia se levantaron en armas contra los nazis, sin embargo fue aplastado el 6 de mayo. Casi la totalidad de la población judía del país fue aniquilada por los nazis.

En agosto de 1944 comenzó el Alzamiento en Varsovia, una operación que pretendía liberar Polonia antes de que lo hiciera la Unión Soviética. Sin embargo, tras 63 días resistiendo al asedio alemán sin ayuda, finalmente no pudieron hacer nada frente a un ejército mejor preparado. Como consecuencia de la contienda, Varsovia quedó prácticamente destruida y murieron 250.000 civiles. Alemania se anexionó las regiones más occidentales, sin embargo, con la llegada del Ejército Rojo, los nazis tuvieron que retirarse. Polonia pasó a ser la República Popular de Polonia y se redibujaron las fronteras, aunque se perdieron territorios. Además, durante la II Guerra Mundial el país había quedado devastado. Las ciudades quedaron destruidas y la población mermada (bien asesinada a mano de los nazis, bien por los ataques). La reconstrucción del país les llevó hasta la década de 1980.

Tras la muerte de Stalin en 1953 Polonia tuvo un período de cierta estabilidad. Pero a mediados de los 60 comenzó a haber problemas económicos. En diciembre de 1970 el gobierno anunció una subida de los precios, lo cual provocó una oleada de movilizaciones. El gobierno proyectó un nuevo programa económico que recuperó un poco la economía, pero se vio de nuevo agravada con la crisis del petróleo en 1973. El gobierno volvió a subir los precios y surgieron nuevos levantamientos.

Durante la década de los 80 continuaron las manifestaciones. Las más significativas las encabezadas por el sindicato obrero independiente Solidaridad, con el electricista Lech Wałęsa como líder. Tras las presiones, en 1989, el Partido Comunista permitió que se organizaran elecciones libres y multipartidista. Wałęsa fue elegido presidente y Polonia pasó de ser la República Popular de Polonia a la República de Polonia.

Tras la caída del comunismo, Polonia se supone que se ha abierto al exterior y ha recuperado y afianzado las relaciones con sus vecinos, aunque el gobierno ultraconservador parece cerrar fronteras. En 2004 ingresó en la Unión Europea. Aunque no pertenece a la zona Euro y su moneda es el Zloty.

Con este pasado tan movido no es de extrañar que el territorio polaco haya variado tanto. Fue la nación más grande de Europa durante la época de la República de las Dos Naciones, después desapareció por completo quedando repartida. Y aunque recuperó su independencia, de nuevo fue dividida y sus fronteras cambiaron. Antes de que finalizara la II Guerra Mundial, Polonia tan solo tenía una pequeña línea de costa. Sin embargo, tras la guerra y el nuevo trazado de las fronteras al expulsar los soviéticos a los nazis conllevó a una ampliación de la zona costera, lo cual le permitió desarrollarse como nación industrializada.

Antes de la II Guerra Mundial la industria de Polonia se centraba en los sectores de carbón, textil, química, maquinaria, hierro y acero. Hoy se ha ampliado a obtención de hierro fundido, acero, aluminio, fundición de zinc y plomo, metalurgia del cobre y construcción de coches y barcos.

Durante la etapa comunista la economía se basaba en la agricultura. Polonia destaca incluso hoy en día como uno de los principales productores europeos de patatas, cereales, legumbres, hortalizas, remolacha, pepino, fibras textiles y frutas. También es uno de los principales exportadores de carne de cerdo y vaca. Las regiones más ricas del país son Mazovia, Alta Silesia y Baja Silesia. Por contra, las menos prósperas son Lublin y Subcarpacia, al este.

La geografía también varía de punta a punta del país. El norte de Polonia es una región llana en la que entre pintorescas colinas y bellos bosques se esconden cientos de lagos. Por su lado, Silesia y Mazovia se caracterizan por los valles y ríos. Más al sur se encuentra la región montañosa del país. Allí se encuentran las cordilleras de los Sudetes y los Cárpatos. Y hay bastante bosque, el 30,5% de la superficie del país es zona verde, lo que convierte a Polonia en el cuarto país más boscoso de Europa.

Tras la entrada en la Unión Europea el turismo ha ido en aumento, sobre todo enfocada a las principales ciudades, aunque también hay turismo rural que atrae a los agroturistas y senderistas. Además, es un país que se puede recorrer de diferentes formas, puesto que tiene una buena red de ferrocarriles, autopistas, transportes marítimos (con base en Szczecin, Świnoujście, Gdynia y Gdańsk) y varios aeropuertos (por ejemplo Aeropuerto Chopin de Varsovia, Aeropuerto de Cracovia-Juan Pablo II, Aeropuerto de Gdańsk-Lech Wałęsa, Aeropuerto Internacional de Katowice y el Aeropuerto de Breslavia-Copérnico). Dada su situación estratégica en medio de Europa supone un país clave en las importaciones, por lo que el ferrocarril ha sido siempre importante. En los últimos años se han renovado además las máquinas y se está trabajando para que en 2020 llegue la alta velocidad a las ciudades importantes.

Polonia ocupa un lugar alto en educación, con uno de los mejores sistemas educativos de Europa siendo la universidad gratuita. La educación ya era importante en el siglo XII, cuando Polonia se convirtió en uno de los países más cultos del continente. Además está muy valorada en el campo de la investigación y desarrollo gracias a la mano de obra altamente formada, a la presencia de las universidades así como el apoyo de las instituciones. Hoy, a lo largo del país hay 18 universidades, 20 universidades técnicas, 3 universidades pedagógicas, 9 universidades médicas independientes, 5 universidades para el estudio de la economía, 3 universidades marítimas, 9 academias agrícolas y 1 academia teológica. Además, hay unos 300 institutos de investigación y desarrollo.

Polonia ha sido tradicionalmente un país en el que han destacado grandes investigadores en diversas disciplinas científicas. Hay cerca de 30 polacos que han recibido un Premio Nobel. En química y física: Marie Curie, Roald Hoffmann, Albert Abraham Michelson, Isidor Isaac Rabi, Ignacy Łukasiewicz o Frank Wilczek. En matemática, astronomía medicina y economía: Nicolás Copérnico, Johannes Hevelius, Aleksander Wolszczan, Jan Brożek, Marian Rejewski, Stefan Banach, Karol Borsuk, Emil Leon Post, Jędrzej Śniadecki, Stanisław Ulam, Andrew Schally, Józef Kosacki y Leonid Hurwicz.

Durante la primera mitad del siglo XX Polonia fue un importante centro de las matemáticas con la Escuela de Matemáticas de Lwów y la Escuela Matemática de Varsovia como principales exponentes, aunque con la II Guerra Mundial muchos matemáticos tuvieron que exiliarse.

El idioma oficial es el polaco, una lengua eslava cuya composición de consonante o la grafía con signos diacríticos ya nos lo pone difícil para leer.

A Ą B C Ć D E Ę F G H I J K L Ł M N Ń O Ó P R S Ś T U W Y Z Ź Ż
a ą b c ć d e ę f g h i j k l ł m n ń o ó p r s ś t u w y z ź ż

Hasta hace relativamente poco se estudiaba ruso como segunda lengua, sin embargo, hoy en día ha sido sustituido por el inglés y alemán.

Debido a su pasado, la población de Polonia ha ido cambiando con los períodos históricos. Fue un territorio en el que convivían diferentes lenguas, culturas y religiones. En el siglo XX, antes de la II Guerra Mundial, el 30% del país lo integraban grupos minoritarios. Al Oeste, alemanes, al este, ucranianos y bielorrusos. Además, había una gran comunidad judía, más de 3 millones de judíos.

Sin embargo, tras la guerra, Polonia fue el segundo país más perjudicado en cuanto a la pérdida de población (por detrás de la Unión Soviética). No solo se vio afectado por las muertes, sino también por la reestructuración de sus fronteras. Tras la entrada en la Unión Europea y con la libre circulación de personas hubo un aumento de la emigración, sobre todo a Reino Unido, Alemania e Irlanda. Además, la natalidad ha disminuido, por lo que la población sigue en descenso. Eso sí, tan solo hay un 1,3% de minorías tras la limpieza étnica del siglo pasado. Ese pequeño porcentaje lo componen alemanes, lituanos, ucranianos y bielorrusos. Dada la homogeneidad del país, no es de extrañar que la mayoría de la población comparta credo. Según el Eurobarómetro de 2012 el 91% de los polacos son católicos y la Iglesia ejerce gran influencia en la vida política. Hasta la II Guerra Mundial había otras religiones. Además de la católica y semítica también había importantes grupos de cristianos ortodoxos y protestantes.

Aún colea el problema diplomático como consecuencia de la Ley del Holocausto, aprobada en febrero por el gobierno. Andrzej Duda, presidente del partido ultraconservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS) ha promovido una reforma que establece que “Quien alegue, públicamente y en contra de los hechos, que la Nación Polaca o la República de Polonia es responsable o co-responsable de los crímenes nazis cometidos por el Tercer Reich … o por otros delitos que constituyen crímenes contra la paz, los crímenes de lesa humanidad o los crímenes de guerra, o quien de otra forma disminuya la responsabilidad de los verdaderos autores de dichos crímenes, serán castigados con una multa o una pena de prisión de hasta tres años”.

Según Duda, “no se puede hablar en ningún caso de una responsabilidad sistemática de Polonia en el Holocausto“, sino que los propios ciudadanos polacos fueron víctimas que lucharon contra la ocupación alemana. No obstante, hay documentados varios estudios en los que queda acreditado que también hubo polacos que participaron en las atrocidades nazis.

En Israel esta nueva norma se ve “como una posibilidad de acallar el testimonio de los supervivientes de Holocausto” y en Estados Unidos y en Ucrania se ha pedido al gobierno polaco que recule, pero lo cierto es que ya a principios de marzo el diario argentino Página 12 se convirtió en el primer medio denunciado al publicar una información sobre la masacre de judíos en el municipio polaco de Jedwabne en 1941. Una ONG ultraconservadora acusa al medio de dañar a la nación polaca y la imagen de sus soldados propagando la tesis del antisemitismo polaco.

Así, esta ley atenta contra la memoria histórica y la libertad de expresión, ya que acalla no solo a los medios, historiadores o a la ciudadanía en general, sino también a los pocos supervivientes de aquella época que no pueden contar su relato.

Parece un país complejo históricamente hablando. A ver qué nos deparan sus ciudades.

Escape Room: Asylum, Hermético

Después de la decepción con Casino, decidimos dar un giro y buscar una sala de escape con un mayor grado de dificultad. Elegimos Asylum, de Hermético, que cuenta con tan solo un 7% de éxito y es una de las salas más complicadas de Madrid.

Está recomendado para 8 personas, así que aprovechamos mezclar integrantes de ambas familias y así ser el máximo número de participantes posible. Conseguimos formar por primera vez un grupo de 7.

Como el nombre del escape ya da a entender, está basado en un manicomio. Y para conocer un poco de nuestra misión, me remito a la presentación de su propia web:

Bipolares, Depresivos, Dependientes, Antisociales, Narcisistas, Histriónicos, Trastornos Límite, Fobias, Pánico, Esquizofrenia, Psicóticos, Psicópatas, Paranoicos… Más de mil derivados de trastornos psicológicos convivían en este pequeño manicomio.

Algunos de los más prestigiosos psiquiatras y psicólogos del planeta lo presagiaron durante mucho tiempo:

“Es un lugar muy peligroso, no tiene las medidas de seguridad necesarias. Si algún día pasara algo… ¡Sálvese quien pueda!”

Y ocurrió. Como si de una maldición profetizada se tratase; una noche, un grito, dos, tres y luego cientos de gargantas en común comenzaron una terrible sublevación.

Los pocos trabajadores del centro que lograron escapar consiguieron, tras su huida, dejar todas las puertas y ventanas herméticamente cerradas.

Nunca jamás se ha vuelto a abrir la puerta. Nunca ha vuelto a entrar ni salir nadie. Desde entonces, solo se dispone la grabación de una cámara de seguridad. Las imágenes son tremendamente devastadoras.

Tú y tu equipo sois los primeros valientes que van a reabrir la puerta y entrar para recuperar la documentación de los experimentos que se llevaban a cabo en el manicomio. Ante todo, y pase lo que pase, muchas gracias valientes, sois una esperanza para mucha gente. Vuestro cometido es un reto heroico.

No sabemos qué os podéis encontrar… Ni siquiera sabemos si hay supervivientes, lo que si debéis ser es; muy precavidos, si queda alguno vivo, no tengáis ninguna duda de que es fuerte entre los fuertes, violento entre los violentos, monstruo entre los monstruos…

Tenéis 60 minutos. Es el tiempo que duran la batería de vuestros micrófonos ocultos y las cámaras que hemos instalado en vuestros trajes. Después de ese tiempo no podemos garantizar vuestra seguridad… Aunque siendo absolutamente sinceros, vuestra seguridad, desde el segundo cero que crucéis el umbral de la puerta, es solo una utopía.

Además, en su página indican que se trata de un juego de escape de terror por su ambientación, atrezzo e historia. Eso sí, salvo que se pida, no hay actores que entren a asustar, sino que se trata más de miedo psicológico.

Llegamos bastante entusiasmados con la idea de probar un juego tan complicado y de saber si conseguiría romper nuestra racha. Nos recibió Cristina, nuestra Game Master, quien, al descubrir que no éramos novatos, omitió las explicaciones genéricas y se centró en explicarnos algunos tipos de candados que íbamos a encontrarnos, así como en señalarnos los objetos que no formaban parte del desarrollo, sino de la habitación. También nos consultó el tema de las pistas, para ver cómo preferíamos que actuara, si que directamente nos las diera, o que fuéramos nosotros quienes las pidiéramos. Elegimos la segunda opción, puesto que nos da más libertad y podemos centrarnos en los detalles. Aún así, como siempre, le comentamos que en algún momento veía que nos habíamos quedado atascados y que nos íbamos quedando atrás, que nos ofreciera la ayuda. Pero nunca darla directamente.

Tras estas apreciaciones, nos hizo una breve introducción sobre nuestra misión y nos llevó frente a la puerta de la sala para que asistiéramos a la proyección de un vídeo en el que el comisario nos explicaba más detalladamente la misión. Cuando el vídeo concluyó, nos adentramos en la sala.

De primeras me recordó a The Museum Box, ya que es bastante minimalista, pero pronto nos pusimos a examinarla y detectar varios elementos significativos. No sé si por la motivación o porque éramos 7, pero lo cierto es que esta vez entramos de lleno en la dinámica desde el minuto 1 y en apenas 5 minutos habíamos cambiado de estancia. Luego nos comentó nuestra Game Master que normalmente la primera etapa suele llevar un cuarto de hora, así que parece que entramos enchufados.

En la segunda sala encontramos bastantes más objetos que en la primera, pero no por ello es fácil, sino que hay un buen nivel de variedad y creatividad en los retos así como un buen nivel de dificultad en la resolución. Hay varios candados, pero no abusa especialmente de ellos. Y aún así, para abrirlos antes hay que resolver enigmas. En Asylum se combinan tanto los juegos físicos y mecánicos con los de lógica y matemáticas. Hubo un par de pruebas en las que nos atascamos porque estábamos pensando de una forma un tanto enrevesada. Normalmente en las salas de escape funciona la navaja de Okham, pero al ir mentalizados de que iba a ser complejo, yo creo que nosotros mismos lo enredamos más.

En uno de los casos teníamos delante el elemento que nos daba la respuesta, pero pensábamos que este objeto aún no lo podíamos usar. Y es que nos basamos en la experiencia de otros escapes. Sin embargo aquí los tiros iban por otro lado y Cristina tuvo que echarnos una mano porque nos estábamos atascando los 7 en torno a un enigma. Aunque la primera vez que le pedimos pista nos dijo que íbamos bien de tiempo (nos quedaban 11 minutos) y que le diéramos otra vuelta. Pero nada, no veíamos lo evidente y nos tuvo que guiar un poco cuando quedaban unos 6 minutos.

Pero si algo es de vital importancia es la observación. Hubo un par de detalles que se nos pasaron así de primeras. Por suerte, al ser tantos, enseguida llegaba alguien que se daba cuenta. Y en el caso que no, la Game Master nos dio otra pista.

Finalmente conseguimos el reto y salimos en el minuto 56, formando parte de ese reducido 7% de grupos que lo logran.

Aunque está recomendado de 2 a 8 jugadores, sin duda creo que el número óptimo de participantes está más cerca del 8 que del 2. No es una sala con excesivas pruebas, pero sí que requieren atención y darle un poco a los sesos, así que cuanto más cabezas pensantes, mejor. Además, hay espacio suficiente para moverse. También es verdad que en determinados momentos se vuelve lineal y sin resolver una prueba no se puede pasar a otra, por lo que hace que todos los miembros del equipo estén a una. Cuando se trata de algo mecánico aquello parece como una obra: uno trabajando y el resto mirando. Sin embargo, cuando nos encontramos ante un enigma lógico o matemático, viene bien tener varios puntos de vista porque no todo el mundo realiza el mismo análisis.

En contraste con nuestro anterior escape, Casino, aquí prácticamente todo se podía tocar y usar, salvo un par de detalles. Eso sí, aunque la ambientación como manicomio era buena con apoyo además de la luz y la música, quizá le faltaba algún detalle más. Sobre todo si se pretende que sea una sala de terror. Yo desde luego no sentí ni claustrofobia ni miedo, de hecho, me olvidé de la música.

En general es una buena sala para grupos numerosos cuyos integrantes tengan ya cierta experiencia y prefieran ir más allá de los candados. Es todo un reto para poner a prueba la observación, los cálculos y la lógica.

Además, Hermético parece tomárselo en serio, pues ya desde que entramos en el local nos sorprendió la decoración de sus zonas comunes: Photocall, pasillos, taquillas… Quizá en la línea de The Rombo Code. Pero no sólo cuidan lo estético, también las redes sociales, ya que realizan un resumen personalizado de cada grupo cuando publican la foto en Facebook como también hacen los chicos de Alcatrax.

Tras salir victoriosos, solo nos quedaba pensar en el próximo. ¿Qué temática elegiríamos?

Dejamos Lituania y nos dirigimos a Polonia

De nuevo nos esperaba un autobús para cambiar de país. Eso sí, esta vez eran unas horas más, ya que unos 566 kilómetros separan a Vilna de Gdańsk. Del mismo modo que en el viaje de Riga a Vilna, no teníamos opción de tren, al menos no hasta que llegáramos a la frontera con Polonia, por lo que la mejor opción que encontramos fue por carretera. Y para conseguir aprovechar mejor el tiempo, elegimos una ruta nocturna.

La estación de Vilna no es muy grande, pero cuenta con tiendas, salas de espera con numerosas sillas, incluso hay un servicio de custodia de equipajes. Lo llamo así porque no son las típicas taquillas donde guardas tus bultos, sino que es una oficina en la que te los recogen. El precio varía en función del peso.

Nosotros no hicimos uso del servicio, ya que habíamos dejado las mochilas por la mañana en el hotel.

Esta vez viajaríamos con la compañía PolskiBus/Eurolines. La ruta es compartida, por lo que se puede sacar el billete en cualquiera de las dos empresas. Yo lo hice vía web en la de PolskiBus, pues salía algo más barata incluso con la conversión de moneda.

Nuestro autobús salía a las 9 de la noche y tenía la llegada prevista a las 6:40 de la mañana. Habíamos comprado la cena para tomárnosla en cuanto estuviéramos en movimiento y esperábamos poder dormir gran parte del resto del viaje. Llevábamos una almohada de viaje, el antifaz, tapones…

El autobús de Eurolines era algo más estrecho que el de LuxExpress y no contábamos con tablet. Aún así, era cómodo, con suficiente espacio, reposapiés, bandeja y enchufes. Teníamos conexión a internet y nos facilitaron una botella de agua. También teníamos baño, algo que viene muy bien en un viaje tan largo.

El trayecto fue un poco incómodo. Yo pensé que sería más directo, sin embargo, al poco de salir de Vilna hicimos una parada de unos cinco minutos. Una hora y media o dos horas después, cuando ya estaba cogiendo el sueño, paramos en uno de los últimos puestos fronterizos como 15 minutos, supongo que para descanso del conductor. Ahí pensé que quizás podría volver a dormir, pero no, nada más retomar la marcha hicimos otra parada para que subiera la policía fronteriza lituana. Montaron un par de agentes, se dieron el paseo por el autobús y volvieron a bajar. Volvimos a ponernos en movimiento y de nuevo, al pasar a Polonia, nos volvimos a detener. Esta vez fueron los guardas fronterizos polacos quienes subieron. Y estos sí que pidieron documentación, aunque la verdad es que nuestros pasaportes apenas los miraron.

No era la primera vez que nos encontrábamos con este tipo de control en la Unión Europea, sin embargo, hasta la fecha había sido siempre en tren y con este en movimiento, lo que los hace más fluidos. Pero nos encontrábamos además en un tramo de fronteras un tanto peculiar. Tiene por un lado a Bielorrusia y por otro al territorio de Kaliningrado (Rusia). Al parecer esta franja de 65 kilómetros, llamada corredor de Suwalki, preocupa a algunos expertos militares. Creen que si hubiera un conflicto armado en la zona, Rusia lo tendría demasiado fácil para invadirla y dejar aislados a los países bálticos. Este temor viene desde 2014 con la anexión de Crimea. Un año más tarde, la OTAN aseguró que Rusia tenía a miles de soldados en maniobras a ambos lados de la franja. Y, aunque no ha habido ataque, hay cierto recelo pues se estima que cuentan con potencial para ello y que en apenas 60 horas se habrían hecho con Tallín y Riga. El corredor de Suwalki es considerado un punto débil por diversos expertos, quienes han llegado a asegurar que sería el lugar en el que estallaría una hipotética III Guerra Mundial.

La zona de Suwalki está escasamente poblada y pertenece a la región conocida como el Polo norte de Polonia. Al clima hay que sumar que la vegetación es abundante, por lo que, en caso de enfrentamiento, el despliegue de tropas sería complicado. Así pues, con estas preocupaciones en mente, la OTAN ha reforzado la presencia de tropas en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. Estas realizan ejercicios constantemente para estar preparadas ante cualquier eventualidad. Incluso EEUU llegó a desplegar misiles en Lituania para defensa antiaérea y consideró hacerlo en Estonia.

Ajenos a este conflicto geopolítico, continuamos dirección Gdańsk. Esta vez sí que conseguí dormitar alguna hora y me desperté cuando estaba amaneciendo. Me sorprendió ver en los paneles informativos de la carretera que apenas faltaban kilómetros para llegar a Gdańsk, pues eran poco más de las 5 y la llegada era a las 6:40. Pensé que quizá teníamos alguna parada más prevista. Pero no, lo que ocurría es que la compañía había calculado la hora en función del huso horario lituano (1 hora más), y no según el polaco. Así que, llegamos a las 5:40.

Antes de ir en busca del hotel, decidimos buscar algún sitio donde desayunar cerca de Gdańsk Główny, pero estaba todo cerrado por ser demasiado pronto. Tan solo encontramos un KFC, donde la oferta no era muy amplia, pero al menos nos tomamos un té/café y una galleta.

Frente a la estación nos encontramos el Pomnik Kindertransportów, un monumento que se inauguró en 2009 y que está dedicado a los niños judíos que fueron trasladados desde Gdańsk hasta Londres poco antes de que estallara la II Guerra Mundial. Se trataba de niños entregados en adopción a familias británicas ya que sus padres no podían abandonar la ciudad. El segundo monumento se encuentra en Berlín, estación que servía de tránsito, y el tercero en la estación Liverpool Street de Londres, donde terminaba el viaje.

Tras el frugal desayuno, y con Gdańsk aún despertando, nos fuimos dando un paseo hasta nuestro hotel. De camino pasamos por las Iglesias de Santa Isabel y San José, reconstruidas tras el incendio de 1753.

La de San José data del siglo XV. Se construyó un poco después que el monasterio anexo. Tuvo que ser reconstruida varias veces puesto que además del incendio mencionado, también quedó dañada en 1670 durante las guerras religiosas. Por supuesto en la II Guerra Mundial quedó arrasada, incluso un centenar de personas perdieron la vida entre sus muros.

Muy cerca de allí se halla el Antiguo Ayuntamiento (Ratusz Staromiejski).

Fue construido entre 1587 y 1594 como nueva sede de la Ciudad Vieja y en él trabajó Jan Heweliusz, reconocido astrónomo, como miembro del jurado y concejal. De ahí que haya un parque con su nombre, así como una estatua y un mural del mapa del cielo.

El Ayuntamiento fue el único edificio de la calle Korzenna que sobrevivió a la II Guerra Mundial, arrasados quedaron las casas circundantes, entre ellas la de Heweliusz, donde tenía el observatorio y su estudio.

El parque Jan Heweliusz es un agradable entorno con fuentes, el río y casitas estrechas y alargadas de colores al estilo alemán.

Hacía tanto calor (y aún no eran ni las 7 de la mañana), que las fuentes se habían convertido en piscinas improvisadas. Nosotros pensábamos que en Polonia iba a hacer frío y nos pilló la ola de calor (o cambio climático directamente, porque vaya 2017), y esta fuente sería una pequeña señal de lo que veríamos durante el resto del viaje.

En el parque también hay un reloj de sol y monumentos relacionados con el astrónomo.

El parque nos conduce al Gran Molino (Wielki Mlyn).

En el siglo XIV se creó una isla en el canal Radunia para levantar este molino que fue la mayor fábrica de la Europa de la época. Además funcionaba como granero y panadería.

El molino funcionó hasta el siglo XIX con 18 ruedas que permitían mover una gran cantidad de agua. Después se modernizó y siguió funcionando hasta finales de la II Guerra Mundial, llegando a producir hasta 200 Toneladas de harina al día.

En el piso superior estaba el almacén y en un anexo del edificio la tienda donde se vendía el pan.

Alrededor del molino fueron surgiendo en sus días establos y hornos de pan, pero no han llegado hasta el presente.

Muy cerca de allí teníamos el Ibis Gdansk Stare Miasto Hotel. Aunque era de la cadena Ibis, este no entraba dentro de los que tenían descuento, aún así, lo elegimos porque no estaba mal de precio y se encontraba a 10 minutos de la estación y 15 del centro.

Era muy pronto para que nos dieran la habitación, pero ya contábamos con ello. Nuestra idea era dejar las mochilas e irnos a dar un paseo por Gdynia y Sopot y volver a medio día para hacer el check-in. Así que descargamos, le pedimos consejo a la recepcionista sobre cómo llegar y nos pusimos en marcha.