Recorriendo Gdańsk III – Vía Real y Calle Mariacka

Cuando estábamos cruzando el Puente Verde vimos un torreón, así que después de observar el margen del río, giramos a la izquierda y nos dirigimos hacia allí. Es una zona muy animada, con una noria, locales de ocio, restaurantes, terrazas…

Por supuesto, los edificios mantienen la armonía con el estilo de la ciudad. Son coloridos, estrechos y puntiagudos.

El torreón que habíamos visto es la Brama Stągiewna, de principios del siglo XVI y reconstruida un siglo más tarde. Quedó parcialmente destruida en el asedio de 1813 y, cómo no, gravemente dañada con la II Guerra Mundial. En 1945 el techo se cayó como consecuencia de un incendio.

El edificio fue usado desde 1972 por una cooperativa de artistas, la ARPO. En 2012 fue vendido y hoy es propiedad privada.

Retomamos nuestro camino atravesando la Puerta Verde.

Esta nos conduce a Ulica Długa, la principal de la ciudad. Es una calle muy transitada y animada. En ella se concentra lo mejor de la ciudad; no en vano es considerada la Vía Real, ya que por ella desfilaron los monarcas polacos cuando visitaban la ciudad. Era el eje urbanístico más largo de la Europa medieval y transcurre desde la Puerta Verde hasta la Puerta Dorada y en su recorrido destaca una hilera de casas burguesas de diferentes estilos y colores a cada uno de sus lados.

En esta Vía Real decidieron asentarse los ricos comerciantes, y cada uno decoraba su edificio de forma que destacara más que el de sus vecinos. Así pues, cada vivienda está ricamente ornamentada con ricos detalles. Cada familia intentaba mostrar su poderío económico, se trataba de toda una batalla por sobresalir más que los demás.

En esta alargada calle destacan, por su historia o belleza unas más que otras. Entre ellas está la Casa Dorada (Złota Kamieniczka):

Esta casa renacentista de grandes vidrieras fue construida a principios del siglo XVII para el alcalde Juan Speyman y su esposa Judyta de los Bahr. Cuenta con bajorrelieves que representan escenas de batallas y escudos de armas, y completado con varias estatuas de piedra que simbolizan los virtudes: prudencia, justicia, valentía y templanza. Coronando el tejado se erige la diosa Fortuna. En su fachada figuran las inscripciones en latín “Ama la virtud, te hará feliz, si deseas perseguirla, te derrotará” y “Obra con justicia, no temas a nadie”.

También es conocida como la “Casa de Speymann” (por el apellido del alcalde) o la “Casa de los Steffens” (propietarios entre 1786 y 1918).

Un poco más adelante se encuentra la imponente Casa de Arturo (Dwór Artusa).

Esta mansión de estilo gótico tardío de la segunda mitad del siglo XV fue un importante centro de la vida social y comercial de la ciudad, pues acogía las reuniones de gremios de mercaderes, artesanos y políticos de la ciudad entre los siglos XVI y XVII.

Sus miembros imitaban la vida de la corte y tomaban las decisiones en torno a una mesa redonda, de ahí que la casa reciba este nombre que alude a los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Arturo. También hubo edificios con esta denominación en otras ciudades bálticas como Toruń, Elbląg, Królewiec, Riga o Tallín.

En la fachada destacan los medallones con las cabezas de los reyes de Polonia Segismundo III Vasa y su hijo Ladislao IV. Además cuenta con varias estatuas de guerreros, y en el pórtico a las diosas que representan la Justicia y la Fuerza. Como la Casa Dorada, la parte superior está coronada por la diosa Fortuna para que diera suerte a los comerciantes en sus negocios y travesías.

En 1742 se convirtió en mercado de granos. En la actualidad sirve como sede del Museo Histórico de la Ciudad de Gdańsk.

Frente a la mansión se encuentra la Fuente de Neptuno (Fontanna Neptuna).

Según las leyendas fue gracias a Neptuno que nació el Goldwasser, la famosa bebida de Gdańsk. Harto de que la gente tirara monedas a la fuente, dio un golpe con el tridente en el agua, lo que provocó el oro se rompiera en pepitas. Así, este oro decora desde entonces el licor de hierba.

La primera fuente fue construida por los habitantes de la ciudad en 1549. A principios del siglo XVII se renovó creando una nueva piscina, base y pedestal. También se fundió un nuevo dios. Sin embargo, al llegar la guerra con Suecia los trabajos quedaron a medias. Más tarde, en 1633 el alcalde promovió su conclusión. Un año más tarde se protegió con la reja de hierro adornada con los escudos de la ciudad y las águilas polacas. Tuvo que ser renovada años más tarde debido a que se descuidó su mantenimiento.

La fuente quedó dañada con la II Guerra Mundial y se desmanteló. Tras llevar a cabo trabajos de recuperación, se reinauguró en 1954. Con el paso del tiempo la Fuente de Neptuno se ha convertido en el símbolo de la ciudad.

Prácticamente al lado nos topamos con el Ayuntamiento (Ratusz).

Construido en el siglo XIV en estilo gótico fue la antigua sede de la rica y poderosa Gdańsk de la época. En 1556 sufrió un incendio y tuvo que ser reconstruido. Se aprovecharon estas obras para realizar una ampliación de estilo renacentista. En 1561 se coronó la torre con la estatua dorada del rey Segismundo Augusto, uno de los más importantes de la historia de Polonia. Cuenta con un carillón del siglo XVI. Hoy cuenta con 37 campanas que son réplicas de las originales.

A finales del siglo XVI la primera planta se convirtió en la parte más importante acogiendo las salas principales del Ayuntamiento: la Gran Sala del Consejo (Wielka Sala Rady), también llamada Sala Roja (sala Czerwona) cuenta con un techo decorado con 25 pinturas de Isaac van den Blocke; la Pequeña Sala del Consejo (Mała Sala Rady) o Sala de Invierno (Zimowa)  y la Gran Sala de Justicia (Wielka Sala Wety), también conocida como la Sala Blanca (Biała) por ser el techo de este color desde su reconstrucción de 1841-1842.

Tras la destrucción de la II Guerra Mundial y varios trabajos de recuperación, en 1970 el Ayuntamiento se reabrió como sede principal del Museo de la Historia de Gdańsk.

Vamos dejando atrás la Puerta Verde y nos adentramos en un nuevo tramo de la calle larga, pero continúan las casas señoriales a ambos lados.

Por ejemplo en este tramo se encuentra la Casa Uphagen, de estilo rococó.

Perteneció al concejal Johann Uphagen, de ahí su nombre, que la compró en 1775 y vivió en ella hasta 1802. En el siglo XIX pasó de propietario en propietario hasta que a principios del siglo XX se convirtió en el Museo de los Interiores burgueses. No obstante, en 1944 los alemanes se llevaron la decoración y el mobiliario y después, con la guerra, quedó destruida.

Se reconstruyó en apenas 10 años para recuperar el museo, pero no pudo completarse su función hasta finales de siglo. Hoy es la única casa que se puede visitar para admirar el interior de una casa burguesa del siglo XVIII y recordar la antigua gloria de la ciudad. Se pueden observar elementos representativos de la época como los revestimientos de madera, adornos de estuco, estufas o chimeneas originales, y muebles, claro.

Si la orilla del río ofrecía una buena panorámica de las típicas casas hanseáticas, esta calle abruma, el viandante no sabe adónde mirar. Una pena que se nos estaba haciendo de noche y no podíamos pararnos a observarlas con detalle. Y aún nos quedaba mucho por recorrer.

Llegamos al extremo opuesto de la Calle Larga, donde se alza la Puerta Dorada (Złota Brama).

La puerta se erigió donde se encontraba la puerta medieval Długouliczna entre los años 1612-1614. No fue construida con fines defensivos, sino como muestra del poder de la ciudad.

Se trata de un arco del triunfo de estilo renacentista tardío con influencia holandesa e italiana. Fue levantado a principios del siglo XVII y está dividido en dos pisos. El piso inferior tiene un arco que comunica ambos lados de la calle y cuenta con columnas jónicas en los laterales. Encima del paso se puede ver el escudo de la ciudad además de la inscripción en latín que reza “La concordia hace crecer a los pequeños estados, mientras que la discordia hace caer a los grandes”.

En el superior las columnas corintias se intercalan entre las ventanas. Desde la calle Długa la puerta está coronada con estatuas que simbolizan la Concordia, Justicia, Piedad y Prudencia. Sin embargo, por el lado opuesto destacan las alegorías de Paz, Libertad, Riqueza y Fama. Por lo demás, apenas hay diferencias entre las dos fachadas.

Entre 1803 y 1872, la Puerta Dorada funcionó como sede de la Escuela de Bellas Artes. En la II Guerra Mundial quedó dañada y tuvo que ser reconstruida en las décadas posteriores. Hoy en día está administrada por la Asociación de los Arquitectos Polacos junto con la adyacente Residencia de la Hermandad de San Jorge de estilo gótico tardío con elementos flamencos.

Se construyó entre 1487-1494 como sede de la hermandad de tiro de San Jorge donde en su día estaba el campo de tiro. En ella se celebraban reuniones de la hermandad, festejos, banquetes y ejercicios de esgrima. Esta hermandad fue uno de los gremios de comerciantes más ricos e influyentes de Gdańsk.

En la parte superior de la torre se alza San Jorge. No obstante, la escultura que vemos hoy en día es copia de la original del siglo XVI.

Con la puerta y la residencia a nuestras espaldas, de frente nos encontramos con la Antepuerta de la Calle Dlega (Przedbramie ulicy Długiej). 

El conjunto de la antepuerta perteneció en su día a las fortificaciones medievales de la ciudad. Está compuesto por la Casa de Torturas y la Torre de Prisión. La Casa de Torturas sirvió como antepuerta para defender la ciudad hasta la segunda mitad del siglo XVI. Después, se reconstruyó con este estilo gótico-renacentista que vemos hoy en día. Por su parte, la torre sirvió como cárcel municipal entre los siglos XVII-XIX. En su lado este había una picota en la que se celebraron numerosas ejecuciones.

Desde el año 2000 alberga el Museo de Ámbar, perteneciente al Museo Histórico de la Ciudad de Gdańsk. Se inauguró oficialmente en 2006 y permite conocer la historia de este fósil, cómo se ha trabajado artesanalmente, sus rutas comerciales, su uso como remedio terapéutico…Aunque el ámbar es muy importante en todo el Báltico, Gdańsk pretende ser la capital mundial de esta piedra semipreciosa. Y es que es aquí donde se localizaba o producía el 80% del ámbar mundial, lo que favoreció en el desarrollo económico de la ciudad.

Antes de bordearla, giramos a la izquierda, donde se encuentra la Torre “Narożna” (Baszta Narożna), que se construyó en 1343 como refuerzo de la sección suroeste de las fortificaciones medievales de Gdańsk. Tiene una forma peculiar, siendo rectangular con las esquinas recortadas, pero cuando aún existían los muros, tenía todo su sentido.

En su origen estaba abierta del lado de la ciudad, sin embargo, al ser reconstruida fue reforzada y ha sido modificada.

Volvimos de nuevo a la antepuerta y la bordeamos para llegar a la Puerta Alta (Brama Wyżynna). Esta puerta construida en el siglo XVI con función defensiva se convirtió en el siglo XIX la entrada principal y más representativa de la ciudad. Se levantó en las modernas fortificaciones occidentales y delante de ella había un foso con agua que era sorteado con puentes levadizos. En 1895 este quedó cubierto y con la desmilitarización de Gdańsk en 1920, se convirtió en una oficina de viajes.

No sufrió muchos daños con la II Guerra Mundial y tras la contienda volvió a albergar una agencia de viajes y la oficina de información y turismo. En 2002 pasó a manos del Museo Histórico de la Ciudad y hoy es la sede del Centro Regional de Información Turística.

Así pues, para entrar a la ciudad, lo primero que se veía era la Puerta Alta, después la Antepuerta y finalmente la Puerta Dorada que conducía a la Vía Real.

Tomando la calle Targ Węglowy llegamos a la Torre “Słomiana” (Baszta Słomiana). 

Fue construida en 1346 para reforzar aún más las fortificaciones occidentales. Se trata de un edificio octogonal con un tejado en forma de cono que sirvió como torre de pólvora y hoy en día acoge salas de la Academia de Bellas Artes.

Junto a la torre se encuentra la Gran Armería (Wielka Zbrojownia).

Construida a inicios del siglo XVII, pasó a manos del ejército en 1793 y fue cerrada para los civiles siglo XIX. Su fachada de estilo manierista holandés es demasiado impresionante y ornamentada teniendo en cuenta que se concibió para almacenar cañones, balas y armas de todo tipo. Su creador es el famoso escultor y arquitecto Abraham van den Blocke, creador de la Puerta Dorada, la Casa Dorada, la Fuente de Neptuno y la fachada de la Casa Arturo.

Los portales están decorados con dos escudos de Gdańsk flanqueados por leones. En el centro se encuentra la estatua de Minerva y en la parte superior varias figuras que representan a guerreros.

Hoy pertenece a la Academia de Bellas Artes de Gdańsk y no se puede visitar el interior.

Siguiendo por la calle Piwna llegamos a la Iglesia de Nuestra Señora (Bazylika Mariacka), que, lamentablemente, encontramos en obras.

La Basílica de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, que tardó 159 años en ser terminada, es el templo de ladrillo rojo más grande de Europa. Asimismo, es la iglesia más grande de Gdańsk y de Polonia. En su interior puede acoger al menos 20 mil personas. Cuenta con una enorme torre sin punta que mide casi 80 metros y que permite observar la ciudad desde las alturas.

Cuando se construyó era católica, sin embargo, desde mediados del siglo XVI y hasta 1945 sirvió a los evangelistas. Hoy, como consecuencia de la guerra ha perdido gran parte de la decoración que añadieron estos y parece estar vacía, lo cual da la impresión de que es aún más grande de lo que es.

Bordeando la basílica se encuentra la Capilla Real (Kaplica Królewska), el único edificio sacro barroco construido en la Ciudad Principal (Główne Miasto).

Fue construida entre 1678 y 1681 para uso de la comunidad católica que se había quedado sin lugar de culto cuando los protestantes se hicieron con la propiedad de la basílica. Se llama “Real” porque el rey Juan III Sobieski aportó 20 mil zlotys de sus propias arcas para que se comenzara a construir.

En 1945 el interior se quemó y la parte oeste se derrumbó. Tan solo se conservaron los frescos de la cúpula que datan del siglo XIX. La capilla fue restaurada entre 1946 y 1948 y a finales de siglo se realizaron nuevos trabajos de recuperación de fachadas y tejados.

Frente a la capilla se encuentra la Fontanna Czterech Kwartałów, que estaba apagada. Cada una de sus partes simboliza los barrios históricos de la ciudad. Cuando se enciende, las 24 boquillas ofrecen un espectáculo acuático que queda acompañado por un juego de iluminación.

La fuente está flanqueada por el símbolo de Gdańsk: cuatro leones de bronce en sus esquinas, cada uno de ellos en una pose diferente.

Para finalizar nuestra visita a Gdańsk, tomamos la Calle Mariacka, donde abundan los talleres de joyería y galerías de arte.

En esta callejuela es donde vivían los antiguos ricos comerciantes y artesanos de la ciudad. Quedó destruida con la guerra, pero fue reconstruida intentando mantener el aspecto original. Así, las casas mantienen el estilo gótico y la típica terraza con escalinatas. Ese pequeño espacio al exterior era usado como lugar de reuniones o juego para los niños.

Además, abundan las gárgolas. Encontramos fauces de leones, dragones y criaturas mitológicas en lugares insólitos, pues no cumplen ya su función desde la llegada del sistema de desagüe. Son simples elementos decorativos en los edificios o incluso en la misma calle.

Los locales ya habían cerrado, pero comenzaba el trasiego de las terrazas, donde la gente se preparaba para cenar y músicos se colocaban en sus puestos para amenizar la noche.

Llegamos hasta la Puerta Mariacka y nos dimos la vuelta. Paramos en un supermercado a comprar la cena y nos dirigimos al hotel. Habíamos exprimido las horas de luz de la tarde al máximo, pero nos habían sabido a poco.

Recorriendo Gdańsk II – orillas del Motława

El atardecer junto al río estaba muy animado con las terrazas de los locales a un lado y los puestos de comida al otro. Así pues, el pasillo que quedaba para caminar era bastante limitado, por lo que apenas se podían ver los edificios históricos y tan característicos de la ciudad.

Llegamos a la Puerta Straganiarska (Brama Straganiarska), la más al norte de todas las que se conserva y que hoy es un edificio residencial.

En el margen contrario se encuentran el Museo Marítimo Nacional (Narodowe Muzeum Morskie w Gdańsku. Siedziba główna), el Hotel Królewski y la Sala de Conciertos Frederic Chopin (Polska Filharmonia Bałtycka im. Fryderyka Chopina).

Frente a la Sala de Conciertos se encuentra la Torre del Cisne (Baszta Labedz).

Se trata del último de los torreones de la muralla que rodeaba la ciudad. Fue construida sobre los cimientos de la Torre del Pescador ( Fischturm ), que fue erigida en la segunda mitad del siglo XIV por la Orden Teutónica. Esta fue destruida en 1454 y después reconstruida, añadiéndosele un piso más. Con el tiempo perdió su importancia defensiva.

Quedó seriamente dañada en 1945, aunque como los edificios próximos quedaron arrasados, volvió a destacar. Se reconstruyó en 1967 y hoy alberga el Club Marítimo Polaco.

Desde su plaza se obtienen unas buenas vistas de la parte que acabábamos de recorrer hasta la famosa Grúa (Żuraw), nuestra siguiente parada.

Se trata de uno de los monumentos más característicos de la ciudad, si no el que más. Además, era la grúa portuaria de madera más poderosa de Europa en el siglo XV. Se usaba para el trasbordo y levantamiento de mástiles de barcos siendo capaz de elevar cargas de más de 4 Toneladas.

La grúa consta de dos torres semicirculares y en el centro cuenta con una estructura de madera con un gancho. Su función era industrial, pero también defensiva, siendo una de las puertas de agua de la ciudad. En su interior se pueden ver los tambores reconstruidos que se usaban como mecanismos de elevación. La propulsión la ejercían los trabajadores caminando por las vigas del tambor, al que los visitantes pueden acceder desde 2003.

La grúa original acabó destruida en un incendio en 1442, y más tarde, en la guerra, la parte de madera se quemó y tan solo se conservó el 60% de los elementos de ladrillo. La reconstrucción que vemos hoy en día guarda el diseño de mediados del siglo XV.

Hoy alberga una sala de exposiciones que muestra la vida portuaria de la ciudad.

La siguiente puerta que nos encontramos fue la Puerta del Espíritu Santo (Brama Świętego Ducha).

Apenas queda gran cosa de lo que fue, pues la II Guerra Mundial acabó con ella y tan solo se conserva el arco de paso y algunos restos de las paredes. Se reconstruyó siguiendo una pintura que mostraba cómo era en el siglo XV. Es bastante austera.

Muy cerca se encuentra la Puerta Mariacka (Brama Mariacka).

Es la más bonita de todas, aunque quizá por los edificios que la flanquean. De forma rectangular, no es simétrica. Sobre el arco de paso están colocados los escudos de armas de la República Polaca, el escudo de la ciudad y el de Prusia Real.

En la otra cara, en el lado de la calle Mariacka tiene el escudo de la ciudad sujetado por dos leones.

A tan solo media docena de edificios se levanta otra puerta, la Chlebnicka (Brama Chlebnicka)

Su nombre hace referencia a los mercadillos medievales de pan que se colocaban a lo largo de la calle. Es de estilo gótico y data del siglo XV, lo que hace que sea una de las tres más antiguas de la ciudad. Sobrevivió a la II Guerra Mundial y mantiene el diseño original.

En el lado del río destaca el escudo de Gdańsk sobre el pórtico. Las dos cruces de plata sobre fondo rojo aún no poseen la corona, que fue añadida en 1457.

En el lado interior el escudo representado es el de los príncipes de Pomorskie de Gdansk, de dinastía Sobieslawic.

Un poco más adelante  se halla la Puerta Verde (Zielona Brama), que no es verde, sino que recibe su nombre por el puente que tiene enfrente.

De estilo manierista, se construyó entre 1564 y 1568 para ser la residencia de los reyes polacos cuando visitaran la ciudad. Sin embargo, tan solo se alojó en ella María Luisa Gonzaga de Francia para la boda con Ladislao IV. Hoy en ella se halla la oficina del primer presidente de la Tercera República de Polonia y premio Nobel de la Paz, Lech Walesa, Desde 1999 está reconocida como propiedad histórica y pasó a formar parte del Museo Nacional, aunque no tiene ni colecciona objetos, sino que sus salas principales sirven para las exposiciones temporales de arte antiguo y contemporáneo, polaco y extranjero. Además en sus instalaciones se celebran conferencias, reuniones y espectáculos.

En su historia ha sido arsenal, después desde 1746 hasta 1845 sirvió como sede de la Asociación de Ciencias Naturales. En 1880 se abrió el Museo de Ciencias Naturales. Con la II Guerra Mundial quedó seriamente dañada y solo sobrevivieron las paredes exteriores.

Cruzamos el puente para poder disfrutar de las vistas desde Gdanski Bowke, aunque se nos hacía de noche y no nos pudimos entretener mucho pues aún nos quedaba una buena parte por ver.

Una pena porque es una de las estampas más bonitas de Gdańsk. El río, poco más ancho que un canal, y las casitas de colores hanseáticas recuerdan en gran medida a Copenhague y Ámsterdam.

No soy un hombre fácil

Hace poco oí a Leticia Dolera en una entrevista decir que cuando da clases de guion recomienda a sus alumnos que, para hacer una revisión de sus textos y ver si están siendo sexistas, cambien de género los personajes y comprueben si el argumento y los diálogos siguen funcionando o, por el contrario, chirrían.

Y esta idea me vino a la mente cuando vi No soy un hombre fácil, de Eleonore Pourrait, actriz, escritora y directora francesa.

Todo empieza como cualquier comedia romántica. El protagonista es un hombre bien posicionado laboralmente (en este caso como publicista), atractivo y seguro de sí mismo. Tanto sus amigos como sus compañeros le ríen sus gracias mientras que sus compañeras tienen que soportar sus insinuaciones, miradas o comentarios sexuales. El estereotipo clásico del triunfador, vaya.

Sin embargo, su mundo se desmorona cuando se da un golpe con una farola y despierta en una distopía en que los roles de género se han intercambiado. En esta realidad paralela son los hombres quienes están oprimidos. Lo femenino sigue considerado inferior, pero ahora es una cualidad de los varones, no de las mujeres. Los tornos han cambiado.

Ahora es él quien tiene que soportar el acoso callejero o que sus compañeras hagan comentarios sobre su físico; en su trabajo sus ideas antes alabadas ahora no son escuchadas; es rechazado por una mujer en el momento en que esta descubre que no está depilado; su amigo ha quedado relegado al hogar y al cuidado de los niños… Las mujeres son quienes ocupan los puestos de liderazgo y deciden qué es lo relevante, mientras que los hombres quedan a segundo plano y él ve cómo su vida se desmorona. Todo lo que daba por sentado ha desaparecido y tiene que empezar de nuevo.

Sus privilegios se han desvanecido y ahora siente por todos lados la presión de la sociedad. Lo vemos en la actitud de sus padres cuando insisten en que se le va a pasar el arroz, pero también por supuesto cuando comienza a depilarse, maquillarse, a vestir con ropa más ajustada, con pantalones cortos para enseñar las piernas… Es una transición de un mundo en que lo tenía todo y nadie le cuestionaba, a otro en el que todo el mundo le dice lo que tiene que hacer, como si estuviese tutelado).

Sin su puesto de publicista sustituye a su amigo (de baja paternal) como secretario de una escritora exitosa (aunque endeudada), que va de amante en amante. Como si de cualquier comedia romántica se tratara, él se enamora de ella, pero ella por su parte lo utiliza y manipula. Los papeles tradicionales han quedado invertidos y ahora es ella quien lleva la voz dominante, la egoísta, conquistadora y arrogante, mientras que él es el que va detrás dejándose pisotear porque está enamorado.

El argumento no tiene más miga. No hay mucha más historia y la que hay es bastante previsible porque lo realmente importante es el ejercicio de reflexión sobre los roles impuestos y el comportamiento de ambos sexos al asumirlos y normalizarlos. Y qué mejor ejemplo que proponerlo a través de la típica comedia romántica que tanto perpetua estas construcciones arbitrarias. No se trata tanto de una crítica al machismo como de una ridiculización de los roles de géneros.

No soy un hombre fácil intenta plasmar la cantidad de actitudes sexistas que tenemos normalizadas y que si intercambiáramos los géneros, resultarían situaciones de lo más absurdas y surrealistas. Así que, parece que Leticia Dolera tenía razón: si no sabes si la situación es sexista, dale la vuelta.

 

Recorriendo Gdańsk

Llegamos a Gdańsk y era un pronto para ir al hotel aún, por lo que aprovechamos para parar a comer en un centro comercial que hay cerca de la estación. Habiendo hecho algo de tiempo, entonces sí que marchamos al hotel, donde hicimos el check-in, nos dimos una ducha y nos echamos la siesta. Apenas eran las dos, con lo que pensamos que un par de horas de sueño nos vendrían bien para reponer fuerzas y aprovechar el resto de la tarde y las horas de luz.

La habitación del hotel era bastante moderna y bien equipada, con un baño grande y una ducha amplia.

Después de haber recargado pilas, salimos a patear la famosa Gdańsk, también conocida en español (que toma su nombre del alemán) como Danzig.

La ciudad fue fundada en el año 997 y fue la puerta marítima de Polonia, puerto hanseático y Ciudad Libre. Gracias a estar situada en la Bahía de Gdańsk, junto a la desembocadura del río Vístula al Báltico, es el puerto principal y centro de construcción naval más grande del país.

A mediados del siglo XIV entró en la Liga Hanseática, como no podía ser menos, y se convirtió en una república mercantil autónoma. Así, la ciudad ganó poco a poco importancia y llegó a su esplendor a finales del siglo XVI cuando por su puerto pasaban el 75% de las exportaciones polacas.

Esta relevancia comercial atrajo a mercaderes de varios lugares de Europa, como alemanes, ingleses, escandinavos, rusos, checos, húngaros, franceses e italianos, quienes se establecieron en Gdańsk convirtiéndola en una ciudad multicultural.

Desde 1772 hasta 1920 perteneció a Prusia, por lo que la mayoría de sus ciudadanos eran alemanes. Sin embargo, todo cambió con el Tratado de Versalles, cuando quedó bajo la tutela de la Sociedad de Naciones con el nombre de la Ciudad Libre de Danzig en una suerte de protectorado polaco.

Gdańsk fue relevante para los acontecimientos del siglo XX. Al ser una ciudad tan próspera era objeto de deseo de Alemania, quien se la quiso anexionar en 1939. Cuando Polonia se negó, las tropas nazis atacaron Westerplatte con el acorazado alemán SMS Schleswig-Holstein. Esta ofensiva dio lugar al comienzo de la II Guerra Mundial.

La contienda bélica dejó una ciudad prácticamente en ruinas. No obstante, recuperó su esplendor gracias a que muchos de los edificios históricos fueron reconstruidos. También se mantuvo el trazado medieval con nueve calles paralelas que discurren hasta las compuertas del río. Los nuevos habitantes (polacos, alemanes, flamencos, hebreos, escoceses y holandeses) influyeron en la arquitectura de las nuevas construcciones cada uno con su estilo.

La calle principal es Ulica Dluga. Se trata de la Vía Real, la antigua ruta de los reyes. Inicia su recorrido en la Puerta Alta y finaliza en la Puerta Verde y entre medias se pueden encontrar una gran cantidad de edificios de la época hanseática con sus fachadas coloridas.

Pero comencemos desde el principio. Continuamos nuestra ruta desde donde la habíamos dejado a primera hora, desde el Gran Molino. Al lado se encuentra la Iglesia de Santa Catalina (Kościół św. Katarzyny).

Esta iglesia dedicada a Santa Catalina de Alejandría es la más antigua del casco histórico. Comenzó a construirse en 1227, y las obras duraron hasta los siglos XIV y XV porque tuvo varias ampliaciones. La torre es más tardía, comenzó a levantarse en 1450 y se terminó en 1634. El carillón fue colocado en 1738.

El 3 de julio de 1905 se incendió como resultado de un rayo. Incluso se quemó parte del tejado cuando algunas partes ardiendo cayeron sobre él. También afectó al carillón.

Al efecto producido por el metal fundido goteando sobre el edifico los testigos lo llamaron “las lágrimas de bronce de Santa Catalina”. Algunas de ellas se vendieron incluso para recaudar fondos para poder reconstruir la iglesia.

En 1910 se llevaron a cabo las tareas de reconstrucción y la instalación del nuevo carillón (que en 1942 fue confiscado y fundido).

Quedó totalmente destruida en 1945 por la guerra e incendios provocados. Fue reconstruida a finales de siglo, pasando ya a ser propiedad de la Orden de los Carmelitas (de 1555 a 1945 perteneció a los protestantes). Sin embargo, ya en este siglo, en 2006 volvió a ser reconstruida como consecuencia de un incendio que acabó con el tejado. Por suerte al derrumbarse se apoyó en la estructura del techo y no cayó dentro del templo, por lo que se pudieron salvar elementos históricos.

Desde 1996 alberga el Museo de Relojes de Torre que expone mecanismos de reloj trasladados de otros lugares de todo el país en los que ya no se podían conservar, bien porque la torre quedó destruida por guerra, incendio u otro incidente, pero también por reconstrucciones y cambio del espacio disponible. La colección ofrece una evolución de la relojería desde el siglo XV hasta el XX.

Junto a ella se encuentra la Iglesia de Santa Brígida (Bazylika Rzymskokatolicka Pw. św. Brygidy).

Fue construida entre 1394 y 1402 para albergar las reliquias de la santa que se habían traído de Roma unos años antes. Tuvo que ser reconstruida a principos del siglo XVII como consecuencia de un incendio. Se aprovechó para una ampliación y añadidos renacentistas.

Quedó destruida con la II Guerra Mundial y se pasó años en ruinas hasta que en la década de los 70 se decidió reconstruirla. En las huelgas de los años 80 acogió a algunos miembros del sindicato Solidaridad ya que era la iglesia más próxima al astillero y el párroco les permitía reunirse en ella para preparar sus manifestaciones.

Seguimos hasta la famosa oficina de correos (Poczta Polska).

El edificio no destaca especialmente por su arquitectura, sino por si simbología. Fue donde los empleados de Correos resistieron ante la ofensiva nazi el 1 de septiembre de 1939.

En su honor en el cuadragésimo aniversario se inauguró el monumento Nike Pocztowców.

Realizado en acero inoxidable, representa a la diosa Nike (que representa la Victoria en la mitología griega) entregando un rifle a un moribundo. Detrás de ella aparecen cartas volando por los aires.

Al otro lado de la plaza se encuentra el Dom Dobroczynności, un antiguo refugio para personas sin hogar y huérfanos fundado en 1699.  En 1749 tuvo que ser ampliado porque se había quedado pequeño. Fue usado hasta 1906, cuando se trasladó la institución a Wrzeszcz. El edificio pasó a ser un centro de salud y en el período de entreguerras la sede del Partido Socialdemócrata de la ciudad, el Danziger Volksstimme.

Consiguió sobrevivir a la II Guerra Mundial y se registró como monumento histórico de la ciudad. Desde 2016 es un centro cultural, aunque su fachada parece algo abandonada.

Nos adentramos por un rastrillo de estos en los que cada cual se lleva todo aquello que tiene por casa de la abuela:

Había muñecos, sellos, porcelanas, monedas, ropa, objetos militares… de todo lo que se pueda imaginar. Lo que no sé es si venderán mucho.

Entre los puestos encontramos restos de la muralla medieval de la ciudad, en cuya esquina noroeste se alza la Torre de San Jacinto (Baszta Jacek). También era conocida como Kiek in de Kök (algo así como “ve a la cocina”), el actual lo tiene en honor al santo Jacek Odrowąza, quien llevó la orden dominicana a Gdańsk.

Esta torre de planta octogonal mide 36 metros de altura y se construyó a principios del siglo XV. Fue almacén y mazmorra, aunque en origen se levantó para ser usada como torre de vigía en caso de ataque desde el casco antiguo.

Sus paredes de ladrillo tienen un grosor de 2,5 m en la parte inferior y se van estrechando hacia la parte superior, quedándose en 1,2 m. El tejado se añadió en 1556, cuando dejó de usarse como torre de vigía.

En la II Guerra Mundial el tejado y la parte superior de la torre quedaron destruidos y su interior quemado. En 1955 se restauró siguiendo el diseño de 1556. Entre 2015 y 2016 se volvieron a realizar trabajos de recuperación.

Junto a ella se encuentra el Hala Targowa, el mercado.

En el emplazamiento en que se encuentra hubo un monasterio dominico que fue destruido en 1813 por las tropas rusas y prusianas. Las autoridades prusianas no permitieron su reconstrucción, por lo que se quedó en ruinas hasta que finalmente fue demolido entre 1839 y 1840. El espacio resultante se empleó para uso militar y después, a finales de siglo, la plaza se pavimentó y se decidió construir un Mercado Central y así concentrar los puestos en un mismo lugar en vez de desperdigados por las calles. Con su llegada se cerraron los mercados callejeros, excepto el de pescado. Abría seis días a la semana desde las 5:00 de la mañana (en verano) o las 6:00 (en invierno) hasta las 20:00 y los sábados hasta las 21:30.

Quedó ligeramente dañado en la II Guerra Mundial y fue restaurado a finales de siglo. Durante las últimas tareas de recuperación, en 1999 salieron a la luz los cimientos del monasterio y de la iglesia románica de San Nicolás, de 1170, así como el cementerio con más de 400 tumbas.

La Iglesia de San Nicolás (Bazylika św. Mikołaja) se erigió en un punto estratégico: en el cruce de dos rutas comerciales relevantes: la via mercatorum o de los comerciantes y la ruta desde el castillo hasta las inmediaciones de la residencia de los duques de Pomerania. Así pues, servía como templo local, pero también era muy visitada por los comerciantes y marineros que pasaban por la ciudad.

En 1227 el duque de Pomerania se la cedió a los frailes dominicos, quienes comenzaron su actividad eclesiástica y construyeron un monasterio en los aledaños donde llegaron a vivir casi 200 monjes.

Con los caballeros de la Orden Teutónica a principios del siglo XIV la ciudad está en período de esplendor y la iglesia se queda pequeña, por lo que los dominicos construyeron una nueva iglesia de estilo gótico, que es la que hoy vemos junto al mercado.

Fue saqueada varias veces y quedó destruida en el siglo XVI en la época de la Reforma, los monjes fueron expulsados del monasterio o asesinados. Los que pudieron, regresaron ya a finales de siglo, por 1578 e intentaron recuperar la labor pastoral católica en una población que se había convertido al protestantismo. Aún así, la iglesia volvió a tomar peso y era visitada por los reyes polacos cuando visitaban Gdańsk. Sin embargo, la decadencia del monasterio, de la iglesia y de la ciudad, llegó con las divisiones de Polonia.

La iglesia sobrevivió a la II Guerra Mundial. Hay una teoría que dice que se debe a que San Nicolás es patrón de los rusos ortodoxos, por lo que la respetaron. Otra, sin embargo, dice que el párroco directamente sobornó al Ejército Rojo con alcohol.

Muy cerca, entre las calles Świętojańska y Szeroka se encuentra el monumento a Swietlik Wielki, duque de Pomerania entre 1227 y 1266, también conocido como la estatua del vikingo.

En el pedestal reza la inscripción en casubio Zrzeszonëch naju nicht nie złómie (los unidos no se separan).

Se inauguró el 22 de agosto de 2010 y representa al duque portando un escudo y una espada, así como el acto de otorgar los derechos de feria dominica a la ciudad.

Esta feria se organiza en agosto y lleva ese nombre porque fueron los dominicos quienes le pidieron la bula papal a Alejandro IV en 1260 para celebrarla. El objetivo era que los fieles asistieran a una peregrinación el 4 de agosto. Después, se convirtió en una tradición, en todo un evento cultural y comercial.

En su origen se celebraba en la Plaza Dominikański, pero se quedó pequeña ya que llegaban centenas de barcos a la ciudad. Así pues, se mudó a calles más amplias. Además, fueron incorporándose nuevos mercados de madera, de pescado, vídrio checo, pieles orientales, alfombras, cerámica, telas inglesas, ámbar…

Con la II Guerra Mundial quedó unos años en el olvido y no fue hasta 1972 que se recuperó la tradición con un objetivo comercial.

Hoy es más que un simple mercado. También hay actuaciones artísticas y se concentran más de 1000 artistas, artesanos y coleccionistas y hay una calle dedicada a puestos de comida y bebida donde no falta la cerveza, la carne a la parrilla, patatas asadas, pescado frito o platos típicos polacos. En sus 3 semanas acoge a casi 100.000 visitantes diarios (duplicándose en fin de semana).

Siguiendo dirección al río, nos encontramos con la Iglesia de San Juan (Kosciol sw. Jana). 

En este emplazamiento había una pequeña capilla dedicada a San Juan. Entre el siglo XIV y XV se construyó una nueva de tres naves, sin embargo no se pudo levantar la torre porque los caballeros teutónicos prohibieron construir edificios altos próximos al castillo. Con el paso del tiempo la iglesia resultó demasiado pesada para los cimientos y tuvo que ser reforzada varias veces. A mediados del siglo XVI se convirtió en templo luterano.

La iglesia se quemó en la II Guerra Mundial, pero las paredes se han conservado prácticamente en su totalidad. También las obras de su interior, que se pudieron sacar con tiempo. Tras la guerra se usó como almacén para identificar las estatuas que se iban encontrando en las ruinas.

La torre se reconstruyó en los años sesenta, y veinte años más tarde las bóvedas. También se restauraron las lápidas del suelo.

La misma calle nos conduce a la Puerta de San Juan (Brama Świętojańska).

Esta es una de las puertas de agua de la ciudad. Nos lleva al río. Fue construida a finales del siglo XIV y reconstruida más tarde en el XIX, cuando se le añadió el frontón clasicista en la cara que enfrenta el río.

Quedó dañada en la II Guerra Mundial y tuvo que ser restaurada de nuevo entre 1976 y 1978. Hoy en día acoge a la sede de la Asociación Polaca de Ingenieros y Técnicos de la Construcción.

Y aquí terminamos nuestra primera parte de la ruta por Gdańsk.

Excursión a Sopot

En apenas un cuarto de hora estábamos en Sopot, una ciudad que nació en el siglo VII con el asentamiento de los eslavos. Hoy es un lugar muy exclusivo cuyo movimiento se debe al turismo de salud gracias a su balneario de renombre. Así, en los meses fríos acoge a viajeros que buscan el relax termal, mientras que en verano recibe a turistas que acuden a disfrutar de la playa.

Al salir de la estación nos encontramos con una especie de feria gastronómica española en la que vendían productos españoles así como paella o gazpacho. O eso decían.

Se notaba la hora, y nada más adentrarnos en Montecassino, la calle que lleva a la playa, nos vimos rodeados de veraneantes. Sopot tiene el ambiente de ciudad costera en la que la gente pasea en chanclas, con bolsos playeros y vestidos bajo los que asoman los tirantes del bikini.

En la calle principal abundan los locales de helados, cafeterías, salas de fiesta, galerías de arte, joyerías y tiendas de ropa de marcas no precisamente baratas.

Destaca La casa torcida (Krywy Domek), un peculiar diseño de los arquitectos Szotyński y Zaleski, que se inspiraron en los cómics de Jan Marcin Szancer y Per Dahlberg.

Esta animada avenida comienza en la iglesia neogótica de St. George y se extiende hacia el Molo, el muelle más antiguo del país.

Con más de 150 años de historia, es además el muelle de madera más largo de Europa con sus 515,5 metros. Eso sí, para recorrerlo hay que pagar unos 2€, al menos en temporada alta. Como el sol pegaba bastante, preferimos seguir caminando por la sombra. Estaba haciendo más calor del que habíamos esperado y aún era pronto.

Muy cerca de la playa se encuentra el Gran Hotel, de estilo barroco. Desde su construcción en los años veinte del siglo pasado ha alojado a personajes de lo más variopinto como Marlene Dietrich, Charles de Gaulle, Fidel Castro y Adolf Hitler.

Dimos un paseo tranquilamente por el paseo marítimo, nos asomamos a la arena y volvimos de nuevo a la zona comercial donde nos compramos un helado. Nos sentamos en un banco a la sombra a comerlo mientras observamos el trasiego de los veraneantes que bajaban a la playa cargados e ilusionados en busca del sol que tanto evitamos nosotros y cuando terminamos volvimos a la estación para volver a Gdańsk, comer y hacer el check-in.

Serie Terminada: The Catch

La última serie que hemos terminado de ver es la breve The Catch. La ficción de la productora de Shonda Rhimes fue cancelada tras dos temporadas de diez capítulos cada una, y bien podrían haberla dejado cerrada tras la primera entrega.

El planteamiento no era malo. Recordemos: una analista de fraudes experta en delitos de guante blanco ve cómo desaparecen sus ahorros cuando su supuesto prometido resulta ser un estafador. Mientras intenta que su reputación profesional no se vaya al garete, se guarda su orgullo herido y se pone manos a la obra para encontrarle y recuperar lo que es suyo.

Así pues, tiene un poco de acción, otro poco de juego del gato y ratón, retazos de intriga, un toque de historia romántica… Pero claro, el problema es que no tiene mucho recorrido. No puedes estar seis temporadas persiguiendo al estafador. Así que, esa trama se cierra en la primera temporada y ya en la segunda cambiamos de tercio con el prometido colaborando con el FBI a cambio de infiltrarse y así ayudarles a resolver casos de su perfil. ¿De qué me suena esto? Ah sí, como comenté tras el piloto, recuerda en cierta medida a Ladrón de guante blanco.

Técnicamente no está mal. Los capítulos tienen ritmo, juega con los planos y la pantalla partida (quizá en exceso), con una fotografía muy luminosa que automáticamente nos transporta a Los Ángeles, oficinas de diseño con mucho cristal y blanco, personajes impecablemente vestidos… Pero no termina de funcionar.

Normalmente en series de este estilo tenemos un arco que se alarga toda la temporada y que sirve como hilo conductor, y una trama más corta que se suele desarrollar en un capítulo o quizá dos. Sin embargo aquí tenemos tres ejes. Por un lado el temporal (la búsqueda del prometido), por otro el episódico (el caso de investigación de la empresa de Alice) y por último la trama del estafador junto con sus compañeros. Y al final, con tanta bifurcación, va todo demasiado rápido sin profundizar demasiado.

Parece que todo va de apariencias, de sonrisas, de pestañas postizas, de ropa o coches de alto nivel adquisitivo. Hay un toque muy clasista en sus guiones y resulta una serie muy superficial y banal. Tampoco me termina de cuadrar la pareja principal, no me resulta verosímil, no sé si por la química que no termina de cuajar o por tanto pasteleo romántico.

La primera temporada tiene un pase con la búsqueda, persecución, juegos y engaños; pero la segunda da un giro con tal de alargarla lo máximo posible incluso introduciendo la historia del hermano de la protagonista que no tiene ni pies ni cabeza o la hija perdida del estafador. No hay nada de thriller o acción y sí mucho de drama pasteloso.

Es una de esas series de verano para ver de fondo sin esperar grandes tramas o personajes. Lo bueno: que solo son 20 capítulos.

Excursión a Gdynia

Tras dejar las mochilas en el hotel y anotar las indicaciones de la recepcionista de cómo llegar a Gdynia y Sopot, nos dirigimos a la estación para tomar el tren.

Gdańsk, Sopot y Gydnia forman la Ciudad Triple (Trójmiasto). Están conectadas entre sí por la avenida que enlaza Gdańsk con Gdynia. Así pues, decidimos comenzar por lo más alejado: Gdynia, y de vuelta a Gdańsk hacer parada en Sopot. En la estación no nos complicamos con las máquinas de billetes y directamente en taquilla enseñamos la nota en la que la recepcionista nos había escrito los datos del tren.

Nos dio un billete por valor de 6.50 zl para los dos, que picamos en la máquina antes de subir al andén.

En apenas media hora llegamos a Gdynia, al sur del Golfo de Gdańsk. Es una ciudad que hasta 1918 era un pueblecito de pescadores. Sin embargo, tras la independencia, su puerto comenzó a crecer convirtiéndose en el más importante de la costa polaca y hoy en día es una de las 12 ciudades más grandes del país.

Gdynia surgió en el barrio de Oksywie, donde hubo asentamientos entre los años 65-500 a.C. Más tarde, entre los siglos VII – XII se estableció una ciudad fortificada y surgió una aldea en torno a una parroquia. Hoy en el barrio se encuentra la Academia de la Armada, antiguo cuartel, los edificios de la Central de Flota y el puerto militar. También se conservan búnkeres y refugios. Sin embargo, no fuimos tan lejos, nos quedamos en el otro lado del puerto.

Para llegar a él, tomamos una de las grandes avenidas en las que aún se pueden ver edificios que recuerdan a la época soviética. De hecho en muchos de ellos han desaparecido los detalles de las fachadas, pero se han quedado las marcas.

También nos encontramos con una iglesia en cuya plaza se erige un monumento a uno de los polacos más internacionales: Juan Pablo II.

En unos diez minutos estábamos en el puerto. Los astilleros, uno de los mayores del mundo, se pusieron en marcha en apenas 10 años, lo que convirtió a Gdynia en una de las ciudades más grandes del país. La vida en la ciudad gira en torno al mar, aunque también destacan construcciones modernistas, como por ejemplo las Sea Towers, dos rascacielos en los que se ubican tanto oficinas como viviendas. Además, en el piso superior hay un mirador.

Se construyeron entre 2006 y 2009 y son el duodécimo edificio más alto de Polonia y el segundo edificio residencial más alto del país tras la Sky Tower de Breslavia. Una de las torres tiene 38 pisos y otra 29.

La plaza más conocida de la ciudad es la Skwer Kościuszki, donde se encuentran el gran Hotel Gdynia y el Teatro Musical Danuta Baduszkowa.

En ella además hay un par de monumentos, uno dedicado al Marinero Polaco (1939-1945) y otro a las Fuerzas Armadas Polacas en el Oeste y al Ejército del Interior. También hay varios monumentos a ambos lados del paseo.

En los años 30 se construyó el Muelle Sur, un lugar que hoy se ha convertido en zona de ocio llena de locales de comida y recuerdos. En él se encuentran el buque de guerra Blyskawica y el velero Dar Pomorza. El ORP Błyskawica es un buque de guerra construido en el Reino Unido y considerado uno de los destructores más potentes del mundo. Se conservó gracias a que durante los ataques de la Luftwaffe se trasladó hasta Reino Unido.

En septiembre de 1939 luchó contra la Kriegsmarine, y un par de meses después recibió un ataque de los aviones alemanes, del que, sin embargo, salió indemne. Una explosión en la cámara de máquinas en los años 60 le causó daños severos que no salía rentable reparar, por lo que se trasnformó en batería estacionaria antiaérea hasta que en 1975 fue dado de baja y convertido en museo.

El Dar Pomorza por su parte es museo desde 1983. Se puede visitar la entrecubierta (donde vivían los aprendices), la sala de máquinas, el almacén de mástiles, el comedor de oficiales, el salón del comandante, la cabina de navegación, la cocina y las cubiertas superiores.

También en el muelle, en el lado opuesto, se localizan el Acuario y la Academia Naval.

Joseph Conrad Korzeniowski domina el final del muelle, donde también hay unas placas dedicadas a los pasajeros que llegan en barco a la ciudad.

Más adelante, se encuentra la Marina, el mayor puerto del país y también el más moderno.

Era tan pronto, que apenas había gente por la calle, aunque ya comenzaban a salir los más madrugadores cargados con toallas camino de la playa. Nosotros emprendimos el regreso a la estación para continuar la excursión a Sopot.