Dejamos Lituania y nos dirigimos a Polonia

De nuevo nos esperaba un autobús para cambiar de país. Eso sí, esta vez eran unas horas más, ya que unos 566 kilómetros separan a Vilna de Gdańsk. Del mismo modo que en el viaje de Riga a Vilna, no teníamos opción de tren, al menos no hasta que llegáramos a la frontera con Polonia, por lo que la mejor opción que encontramos fue por carretera. Y para conseguir aprovechar mejor el tiempo, elegimos una ruta nocturna.

La estación de Vilna no es muy grande, pero cuenta con tiendas, salas de espera con numerosas sillas, incluso hay un servicio de custodia de equipajes. Lo llamo así porque no son las típicas taquillas donde guardas tus bultos, sino que es una oficina en la que te los recogen. El precio varía en función del peso.

Nosotros no hicimos uso del servicio, ya que habíamos dejado las mochilas por la mañana en el hotel.

Esta vez viajaríamos con la compañía PolskiBus/Eurolines. La ruta es compartida, por lo que se puede sacar el billete en cualquiera de las dos empresas. Yo lo hice vía web en la de PolskiBus, pues salía algo más barata incluso con la conversión de moneda.

Nuestro autobús salía a las 9 de la noche y tenía la llegada prevista a las 6:40 de la mañana. Habíamos comprado la cena para tomárnosla en cuanto estuviéramos en movimiento y esperábamos poder dormir gran parte del resto del viaje. Llevábamos una almohada de viaje, el antifaz, tapones…

El autobús de Eurolines era algo más estrecho que el de LuxExpress y no contábamos con tablet. Aún así, era cómodo, con suficiente espacio, reposapiés, bandeja y enchufes. Teníamos conexión a internet y nos facilitaron una botella de agua. También teníamos baño, algo que viene muy bien en un viaje tan largo.

El trayecto fue un poco incómodo. Yo pensé que sería más directo, sin embargo, al poco de salir de Vilna hicimos una parada de unos cinco minutos. Una hora y media o dos horas después, cuando ya estaba cogiendo el sueño, paramos en uno de los últimos puestos fronterizos como 15 minutos, supongo que para descanso del conductor. Ahí pensé que quizás podría volver a dormir, pero no, nada más retomar la marcha hicimos otra parada para que subiera la policía fronteriza lituana. Montaron un par de agentes, se dieron el paseo por el autobús y volvieron a bajar. Volvimos a ponernos en movimiento y de nuevo, al pasar a Polonia, nos volvimos a detener. Esta vez fueron los guardas fronterizos polacos quienes subieron. Y estos sí que pidieron documentación, aunque la verdad es que nuestros pasaportes apenas los miraron.

No era la primera vez que nos encontrábamos con este tipo de control en la Unión Europea, sin embargo, hasta la fecha había sido siempre en tren y con este en movimiento, lo que los hace más fluidos. Pero nos encontrábamos además en un tramo de fronteras un tanto peculiar. Tiene por un lado a Bielorrusia y por otro al territorio de Kaliningrado (Rusia). Al parecer esta franja de 65 kilómetros, llamada corredor de Suwalki, preocupa a algunos expertos militares. Creen que si hubiera un conflicto armado en la zona, Rusia lo tendría demasiado fácil para invadirla y dejar aislados a los países bálticos. Este temor viene desde 2014 con la anexión de Crimea. Un año más tarde, la OTAN aseguró que Rusia tenía a miles de soldados en maniobras a ambos lados de la franja. Y, aunque no ha habido ataque, hay cierto recelo pues se estima que cuentan con potencial para ello y que en apenas 60 horas se habrían hecho con Tallín y Riga. El corredor de Suwalki es considerado un punto débil por diversos expertos, quienes han llegado a asegurar que sería el lugar en el que estallaría una hipotética III Guerra Mundial.

La zona de Suwalki está escasamente poblada y pertenece a la región conocida como el Polo norte de Polonia. Al clima hay que sumar que la vegetación es abundante, por lo que, en caso de enfrentamiento, el despliegue de tropas sería complicado. Así pues, con estas preocupaciones en mente, la OTAN ha reforzado la presencia de tropas en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia. Estas realizan ejercicios constantemente para estar preparadas ante cualquier eventualidad. Incluso EEUU llegó a desplegar misiles en Lituania para defensa antiaérea y consideró hacerlo en Estonia.

Ajenos a este conflicto geopolítico, continuamos dirección Gdańsk. Esta vez sí que conseguí dormitar alguna hora y me desperté cuando estaba amaneciendo. Me sorprendió ver en los paneles informativos de la carretera que apenas faltaban kilómetros para llegar a Gdańsk, pues eran poco más de las 5 y la llegada era a las 6:40. Pensé que quizá teníamos alguna parada más prevista. Pero no, lo que ocurría es que la compañía había calculado la hora en función del huso horario lituano (1 hora más), y no según el polaco. Así que, llegamos a las 5:40.

Antes de ir en busca del hotel, decidimos buscar algún sitio donde desayunar cerca de Gdańsk Główny, pero estaba todo cerrado por ser demasiado pronto. Tan solo encontramos un KFC, donde la oferta no era muy amplia, pero al menos nos tomamos un té/café y una galleta.

Frente a la estación nos encontramos el Pomnik Kindertransportów, un monumento que se inauguró en 2009 y que está dedicado a los niños judíos que fueron trasladados desde Gdańsk hasta Londres poco antes de que estallara la II Guerra Mundial. Se trataba de niños entregados en adopción a familias británicas ya que sus padres no podían abandonar la ciudad. El segundo monumento se encuentra en Berlín, estación que servía de tránsito, y el tercero en la estación Liverpool Street de Londres, donde terminaba el viaje.

Tras el frugal desayuno, y con Gdańsk aún despertando, nos fuimos dando un paseo hasta nuestro hotel. De camino pasamos por las Iglesias de Santa Isabel y San José, reconstruidas tras el incendio de 1753.

La de San José data del siglo XV. Se construyó un poco después que el monasterio anexo. Tuvo que ser reconstruida varias veces puesto que además del incendio mencionado, también quedó dañada en 1670 durante las guerras religiosas. Por supuesto en la II Guerra Mundial quedó arrasada, incluso un centenar de personas perdieron la vida entre sus muros.

Muy cerca de allí se halla el Antiguo Ayuntamiento (Ratusz Staromiejski).

Fue construido entre 1587 y 1594 como nueva sede de la Ciudad Vieja y en él trabajó Jan Heweliusz, reconocido astrónomo, como miembro del jurado y concejal. De ahí que haya un parque con su nombre, así como una estatua y un mural del mapa del cielo.

El Ayuntamiento fue el único edificio de la calle Korzenna que sobrevivió a la II Guerra Mundial, arrasados quedaron las casas circundantes, entre ellas la de Heweliusz, donde tenía el observatorio y su estudio.

El parque Jan Heweliusz es un agradable entorno con fuentes, el río y casitas estrechas y alargadas de colores al estilo alemán.

Hacía tanto calor (y aún no eran ni las 7 de la mañana), que las fuentes se habían convertido en piscinas improvisadas. Nosotros pensábamos que en Polonia iba a hacer frío y nos pilló la ola de calor (o cambio climático directamente, porque vaya 2017), y esta fuente sería una pequeña señal de lo que veríamos durante el resto del viaje.

En el parque también hay un reloj de sol y monumentos relacionados con el astrónomo.

El parque nos conduce al Gran Molino (Wielki Mlyn).

En el siglo XIV se creó una isla en el canal Radunia para levantar este molino que fue la mayor fábrica de la Europa de la época. Además funcionaba como granero y panadería.

El molino funcionó hasta el siglo XIX con 18 ruedas que permitían mover una gran cantidad de agua. Después se modernizó y siguió funcionando hasta finales de la II Guerra Mundial, llegando a producir hasta 200 Toneladas de harina al día.

En el piso superior estaba el almacén y en un anexo del edificio la tienda donde se vendía el pan.

Alrededor del molino fueron surgiendo en sus días establos y hornos de pan, pero no han llegado hasta el presente.

Muy cerca de allí teníamos el Ibis Gdansk Stare Miasto Hotel. Aunque era de la cadena Ibis, este no entraba dentro de los que tenían descuento, aún así, lo elegimos porque no estaba mal de precio y se encontraba a 10 minutos de la estación y 15 del centro.

Era muy pronto para que nos dieran la habitación, pero ya contábamos con ello. Nuestra idea era dejar las mochilas e irnos a dar un paseo por Gdynia y Sopot y volver a medio día para hacer el check-in. Así que descargamos, le pedimos consejo a la recepcionista sobre cómo llegar y nos pusimos en marcha.

4 comentarios en “Dejamos Lituania y nos dirigimos a Polonia

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