Nuevas series a la lista “para ver”: The Gifted y Marvel’s Runaways

Desde que se estrenó X-Men en 2008, las películas y series de superhéroes no han parado de estrenarse. Algunas con mejor suerte que otras, todo hay que decirlo. Hoy traigo una de cal y otra de arena.

The Gifted narra un mundo en el que la organización Sentinel Services persigue a aquellos que poseen el Gen X por considerarlos una gran amenaza para la humanidad. Puede que hayan cometido crímenes, puede que no, ya que también son detenidos como prevención, a lo Minority Report. Y así arranca el capítulo, con unos mutantes intentando escapar y con esta policía interrogándolos. Uno de estos hombres de negro del gobierno es el fiscal del distrito Reed Strucker.

Strucker tiene una familia típica americana residente en las afueras: mujer y dos hijos adolescentes. Todo muy normal. Pero de repente su tranquila vida da un giro de 180º cuando su hijo Andy descubre tener poderes en un momento de estrés tras el continuado acoso de sus compañeros. Lauren, la hija mayor, también es mutante, pero ella ya hace tiempo que lo descubrió. Para evitar problemas ha aprendido a dominarlos y a llevarlo en secreto, e intentará ayudar a su hermano. Sin embargo, no hay tiempo, ya que en el momento en que el estado se entera no les queda otra solución que huir en busca de un lugar seguro.

El fiscal, que sabe muy bien cómo va el asunto, no dudará en cambiar de bando y en hacer todo lo que esté en su mano para proteger a sus hijos. Incluso recurrir a una organización de mutantes que vive en la clandestinidad, Mutan Underground.

Reed se pone en contacto con Eclipse, uno de estos mutantes que huían a principio del capítulo, y le ofrece un quid pro quo. A partir de aquí se abre una colaboración y Strucker conoce la realidad que viven aquellos a los que se dedica(ba) a perseguir.

Aunque la serie tiene un toque adolescente, también cuenta con una buena historia detrás. Los personajes resultan interesantes y es visualmente atractiva gracias a los efectos especiales de los poderes. También es verdad que en un único capítulo no da demasiado tiempo para entrar en profundidad, pero deja un poso de curiosidad. Quizá los seguidores de todo el mundo Marvel estén más situados en cuanto a quién es quién, pero los no iniciados necesitamos algo más de tiempo.

En cierta medida me recordó al comienzo de Héroes, cuando cada uno de los personajes descubre sus poderes, el alcance y cómo manejarlos. Esperemos que no acabe como aquella, que la primera temporada empezó muy bien, pero después con las siguientes la serie terminó decayendo.

El piloto de The Gifted engancha y deja con ganas de ver cómo evoluciona la historia, qué poderes tiene cada personaje. Es tan rápido y presenta a tantos mutantes, que es difícil poder concentrar todo en apenas 40 minutos. Habrá que seguir visionándola para ver si consigue mantener este juego del gato y el ratón con cierta tensión.

La primera temporada consta de 10 episodios y ya ha sido renovada por una segunda.

Y había dicho que iba a traer la cal y la arena. Nunca sé cuál es la mala, pero la que sea, esa es Marvel’s Runaways.

Si The Gifted me mantuvo atenta, Marvel’s Runaways no terminó de engancharme. Para decir que ocurre algo interesante, habría que avanzar a los dos últimos minutos. Pero empecemos por el principio.

La serie comienza presentando a unos adolescentes que parecen no tener nada en común salvo que sus padres son amigos. Y esto lo vamos descubriendo poco a poco, ya que el capítulo piloto nos muestra un poco de la vida de cada familia.

Por un lado están los Wilder. Alex es el chico introvertido que pasa mucho tiempo jugando a las consolas. Lleva dos años sin salir desde que algo le ocurrió a una tal Amy y sus padres están preocupados por él.

Nico Minoru es la hermana de la misteriosa Amy. Desde la desaparición de esta se ha escondido en un aspecto gótico y no se relaciona mucho con la gente.

Chase Stein es el típico deportista popular que parece tener algún problema de maltrato por parte de su padre, ya que se palpa la tensión cuando se descubre que las notas no son tan buenas como esperaban de él.

Karolina Dean es la Mrs. Wonderful. Vive en un mundo de colores superfeliz (aunque quizá no tanto). Sus padres son los líderes de la Iglesia de Gibborim, una especie de secta, y ella es su prototipo.

Gert Yorks es la feminista, e intenta crear un club en el instituto para hablar sobre el tema, pero casi todo el mundo la ignora. Otro cliché: la típica chica rellenita, con gafas que es feminista, pero que está enamorada del típico chico deportista, guapo y popular.

Con ella vive Molly Hernández, cuyos padres murieron y ha sido adoptada por los Yorks. Es la benjamina del grupo.

Los personajes se han repetido hasta la saciedad en numerosas ficciones. Quizá como novedoso es que se habla de temas muy candentes como las sectas, la pérdida de un amigo, el acoso escolar, la violación, el feminismo y la regla y sus dolores.

Unos dolores que Molly confunde con unos poderes sobrehumanos. Parece que todos los protagonistas tendrán algún tipo de habilidad, pero de momento solo vemos a Molly descubriendo que tiene una fuerza impresionante.

La mayoría del tiempo del piloto me sentía viendo un capítulo de una serie adolescente de niños ricos tipo OC, Gossip Girl o One Three Hill. No convence. No tiene ritmo, ni diálogos interesantes, ni tensión. O quizá es que va dirigido a otro tipo de público en el que no me encuentro.

Durante todo el capítulo se juega con el misterio en torno a Amy, aquello que distanció a los jóvenes, y la intención de Alex por reunirlos de nuevo a todos. Aunque en un principio nadie acude a su casa, al final, todos acaban allí reunidos. Y es justo en el final de este primer episodio cuando llega el gancho. Los jóvenes descubren que esas reuniones misteriosas que hacen sus padres no son fiestas de adultos normales, sino que tienen una organización criminal secreta y que realizan rituales en un sótano oculto.

Poco más da de sí el metraje de este capítulo. Pero todo apunta a que en los 9 capítulos restantes la pandilla decidirá reunirse para así derrotar a estos villanos que además son sus padres. No sé si mejorará, pero no sienta las bases para enganchar lo suficiente.

Recorriendo Cracovia

Llegamos a la penúltima parada de nuestro viaje: Cracovia, una de las ciudades más grandes, antiguas e importantes del país.

Según los historiadores, parece que ya en el Paleolítico había asentamientos en la colina de Wawel. Aunque el nombre de la ciudad se cree que viene de Krakus (Krak, Grakch), el jefe de la tribu eslava de los vistulanos que se instaló en el siglo VI.

Cracovia ya aparece en escritos del año 966 como importante centro comercial y en el siglo XI también se había convertido en el primer foco del cristianismo en Polonia teniendo incluso obispo. Debido a la relevancia que había ido adquiriendo, Casimiro I en 1038 decidió que Cracovia fuera la capital y mandó construir la Catedral.

La ciudad tuvo que ser reconstruida en el siglo XIII después de quedar devastada como consecuencia de las invasiones tártaras. Pero recuperó su poderío en 1364 bajo el mandato de Casimiro III. No solo era importante centro comercial, político y científico, sino también cultural, pues se fundó la Universidad (la segunda universidad más antigua de Europa por detrás de la de Praga).

 

La Liga Hanseática también favoreció su crecimiento, así como el matrimonio de Eduviges con el gran duque de Lituania, de la dinastía Jagellón, que conllevará al nacimiento de la República de las Dos Naciones. Esta alianza convertirá tanto a Polonia como a Lituania en dos grandes potencias.

En el siglo XV, no obstante, Cracovia vivió tiempos difíciles con las guerras contra los alemanes, lo que la hizo perder fuerza y además debilitó al país. Así, en el siglo XVI el poder económico se trasladó a Poznań y Polonia comenzó a abrirse hacia el mar Báltico buscando otras alternativas. Cracovia ya no era importante y Segismundo III decidió trasladar la capitalidad en 1596 a Varsovia, que además estaba más céntrica. Aún así, Cracovia no perdió toda la relevancia, ya que siguió siendo el lugar para coronar a los monarcas del país.

En el siglo XVII los Vasa fueron derrocados y los rusos ocuparon Polonia. Más tarde llegarían los suecos que invadirían el país y saquearían Cracovia.

Polonia se fue recuperando poco a poco, pero en 1772 fue repartida entre Rusia, Austria y Prusia. En 1784 pasó a manos de Prusia, y en 1792 a las rusas. Un año más tarde sería de nuevo dividida, esta vez entre Rusia y Prusia, quedando Cracovia en el lado ruso. Pero lo peor llegó en 1795 cuando Polonia desapareció como país. Esta sucesión de guerras, repartos e invasiones conllevaron a que Cracovia, al igual que el país, quedara empobrecida y despoblada.

En el XIX Cracovia pasó a pertenecer a El Gran Ducado de Varsovia creado por Napoleón tras derrotar a Prusia. Sin embargo, con el Congreso de Viena en 1815, Polonia se volvió a dividir entre austriacos, prusianos y rusos, así que la ansiada independencia con la que soñaban los polacos no se hizo realidad. No obstante, Cracovia sí que consiguió ser reconocida como Ciudad Libre de Cracovia. Aunque lo cierto es que le duró poco, pues en 1846 volvió a Austria y después al Imperio Austrohúngaro. En esta etapa Cracovia recuperó relevancia y se convirtió en el principal centro cultural polaco.

Durante la I Guerra Mundial Cracovia fue la ciudad escogida por los alemanes para establecer su Cuartel General. Aunque tras esta, pasó a formar parte de la nueva Polonia independiente.

En la II Guerra Mundial quedó bajo dominio nazi, quienes intentaron germanizarla. Así, se expulsaron a los judíos y polacos de la ciudad y se renombraron nombres de calles y lugares para borrar cualquier pasado polaco y convertirla en una ciudad históricamente alemana. Gracias a esto quizá no quedó tan dañada como otras del país, pues no fue bombardeada.

En 1945 Cracovia quedó liberada cuando el ejército soviético entró en la ciudad y derrotó a los nazis. Nació así a República Popular de Polonia.

En la etapa soviética se convirtió en un importante centro industrial con la mayor planta siderúrgica del país, la fábrica Siderurgia Lenin, en el barrio Nowa Huta. Gracias a esta industria la población comenzó a crecer considerablemente.

Hoy es una ciudad moderna, una de las que más turistas recibe de toda Europa quizá gracias a su buena comunicación por ferrocarril con otras ciudades europeas como Praga, Viena y Budapest. Está reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978 y, como decía, conserva gran parte de su legado histórico y arquitectónico gracias a que en las dos guerras no sufrió grandes daños. La parte histórica de Cracovia se concentra en la Ciudad Vieja (Stare Miasto) y en Kazimierz, el barrio judío.

Pero no todos los visitantes acuden para descubrir la arquitectura de la ciudad, sino que Karol Wojtyla mueve masas. Antes de convertirse en el Papa Juan Pablo II en 1978 (primer Papa no italiano desde 1522), había sido arzobispo de Cracovia, por lo que la ciudad se ha convertido en un lugar de peregrinación y hay numerosos lugares en los que se hace referencia a su figura. Aunque en realidad es raro no encontrar algún monumento por todo el país.

La zona más importante de Stare Miasto queda bordeada por el Parque Planty, un espacio verde que ocupa el lugar en que se erigía la muralla.

Esta fortaleza comenzó a construirse en el siglo XIII y se amplió y reforzó con el paso del tiempo. Llegó a tener 39 torres y un foso de más de 6 metros de ancho. Fue en el siglo XX, cuando la ciudad comenzó a crecer, que la muralla se sustituyó por este pulmón verde de 21 hectáreas y 8 kilómetros de longitud. En el parque podemos encontrar estatuas, fuentes, espacios de ocio, así como edificios históricos. Además, sirve como nexo de unión de más de 30 parques.

Comenzamos nuestra visita dirigiéndonos hasta este parque, para ello nos situamos en la Plaza Jana Matejki, que queda delimitada por la Iglesia de San Florián y la Barbacana.

La Iglesia de San Florián data del siglo XIII, aunque el aspecto actual se debe a varias reconstrucciones, una de ellas debido a un incendio en 1306. El aspecto barroco que tiene hoy en día se debe a la restauración de la segunda mitad del siglo XVII. Aunque en el siglo XVIII también se aportó algún detalle más.

Según la leyenda, los bueyes que tiraban del carro que llevaba el cuerpo del santo a la Catedral se detuvieron en las afueras y solo volvieron a moverse cuando el príncipe y el obispo prometieron construir una iglesia en ese lugar. Florián es el patrón de los bomberos, porque fue un soldado romano convertido en mártir por morir defendiendo la fe cristiana.

La plaza fue diseñada en el siglo XIX y en ella se encuentra la Academia de Bellas Artes, construida entre 1879 y 1880.

Pero sobre todo destaca el Monumento a Grunwald (Pomnik Grunwaldzki).

Se inauguró en 1910 con motivo del 500 aniversario de la Batalla de Grunwald, una de las batallas más importantes de la historia de Polonia en la que se venció a la Orden Teutónica. Se trata de un monumento ecuestre de Władysław II Jagiełło, el rey polaco y comandante jefe del ejército de aquella batalla de 1410. En su mano izquierda sostiene la brida del caballo y en la derecha, una espada.

En 1939 los alemanes volaron la base del monumento con dinamita. No fue reconstruido hasta 1972 siguiendo fotografías y un modelo en miniatura conservado en el Museo Histórico. Se volvió a colocar en 1976 con un helicóptero y se retransmitió incluso por televisión.

Frente a él se ubicó la Tumba del Soldado Desconocido, que, dadas las fechas que se conmemoraban, estaba llena de flores.

La plaza nos conduce, como decía más arriba, a la Barbacana (Barbakan), la parte más interesante que se conserva del antiguo sistema defensivo medieval de Cracovia. No en vano es una de las pocas construcciones de su estilo que se conservan en Europa.

Fue construida en 1499 en estilo gótico para salvaguardar la ciudad de los ataques otomanos. Cuenta con una planta circular de 25 metros de diámetro que está rodeada por un muro de piedra y ladrillo de 3 metros de ancho. A la vez, está aislada por un foso.

Originalmente, había un pasadizo que la conectaba con la Puerta de San Florián, probablemente la que fuera la principal de la muralla. Así, servía como punto de control de acceso a la ciudad. Hoy, la puerta se encuentra separada.

Tiene forma de torreón y data del siglo XIII, aunque con el paso del tiempo se le añadieron detalles. En el siglo XIV era de piedra caliza y más baja. En el siglo XV se le añadió la planta superior.

La parte exterior está decorada con un águila, mientras que la parte interior, la que da al casco histórico, está decorada con un bajorrelieve barroco de San Florián, que está extinguiendo un fuego que está arrasando un pueblo con una jarra de agua.

Tras cruzar la puerta, nos adentramos en la Vía Real, compuesta en primer lugar por la calle Florianska y, después, por la Grodzka. Al final de esta llegaríamos a la colina Wawel, donde se halla el castillo, por lo que era la ruta que recorrían los monarcas y distinguidos visitantes cuando entraban a la ciudad. Fue una de las primeras en ser pavimentadas en toda la ciudad.

Con tal relevancia histórica, podríamos decir que es probablemente la calle más famosa de Cracovia. Además, de las más caras del país. Eso sí, está llena de encanto. En ella abundan restaurantes, cafeterías y tiendas. Se conservan detalles de sus inicios, aunque la mayoría de los edificios están reconstruidos, sobre todo desde finales del XIX.

En el número 14 se encuentra el hotel más antiguo de la ciudad, inaugurado a principios del XIX, el Pod Różą. Al principio se llamaba de Russie, es decir “ruso”, para conmemorar la visita del Gran Duque Constantino y el zar Alejandro I.

En el 25 se halla el Museo de Farmacia de la Universidad Jaguelónica, el más grande de Polonia y uno de los pocos que hay en el mundo. Acoge objetos expuestos de 1200 farmacias de todo el país.

Un poco más adelante está la casa de Jan Matejko, en el número 41, donde nació, vivió gran parte de su vida y murió el famoso pintor. Hoy alberga un museo en su honor.

En el 45, está la cafetería Jama Michalika, lugar de encuentro de artistas y periodistas en los siglos XIX y XX.

Y entre los edificios de la calle Florianska asoma la Basílica de Santa María, que se encuentra, como no podía ser menos, en el centro neurálgico de la ciudad, en la Plaza del Mercado. Así que hacia allí que nos dirigimos.

 

La Plaza del Mercado de Cracovia (Rynek Główny) tiene unas impresionantes dimensiones. Cuenta con 40.000 metros cuadrados, lo que la convierte en la plaza medieval más grande de Europa. A cada lado de la plaza se repite un patrón de tres calles espaciadas, tan solo hay un lateral diferente, la cara sur. Y es que es la que conduce a la calle Grodzka que ocupa lo que dos.

Fue construida en 1257 y desde entonces ha sido el centro histórico, cultural y social. A lo largo de los siglos ha sido testigo de los más diversos acontecimientos, desde celebraciones hasta ejecuciones públicas. En la época nazi llegó a adoptar el nombre de Adolf Hitler Platz, lo cual indica que los alemanes también la consideraron la plaza más importante de Cracovia. Hoy se celebran desfiles y espectáculos artísticos. En verano es escenario del Festival Internacional de Teatros Callejeros. En invierno, antes de la fiestas navideñas, se celebra el concurso y exposición de belenes. Más tarde, en Nochevieja, sirve como lugar de reunión para despedir el año y dar la bienvenida al nuevo.

La plaza está flanqueada por ornamentadas casas burguesas y palacios de origen medieval, pero sobre todo, en ella destacan la Basílica de Santa María, la Lonja de los Paños, la iglesia de San Adalberto y la Torre del Ayuntamiento.

La Basílica de Santa María (Kościoł Mariacki), de estilo gótico, fue construida entre los siglos XIII y XV y pronto se convirtió en uno de los monumentos más importantes de Cracovia. Su fachada es peculiar, pues, como se puede observar, las torres no son simétricas. No solo son diferentes en diseño, sino que además lo son en altura.

Cuenta la leyenda que esto se debe a que cada una fue construida por un hermano arquitecto. El hermano mayor construyó la de la izquierda, acabando el primero. Por su parte, el pequeño iba más despacio, pero el mayor mientras esperaba a que terminara pensó que quizás al no haber terminado, podía construir una más alta y superarle, así que, para evitarlo, lo mató. Después se suicidó. Cosas de la testosterona y el querer dominarlo todo.

La torre más baja, de 65 metros, es de estilo renacentista. Mientras que la alta, de 81 metros, es gótica. Esta es conocida como la Torre Vígía, ya que antiguamente servía para informar de la apertura y cierre de las puertas de la ciudad, así como de los incendios, peligros o ataques enemigos.

Hoy en día suena a cada hora en punto en cada uno de los puntos cardinales una trompeta que deja la melodía inacabada en recuerdo del trompetista que fue asesinado por una flecha cuando trataba de avisar a sus vecinos de la invasión de la ciudad. Son bomberos de Cracovia quienes entonan esta canción conocida como hejnal. Nosotros tuvimos la oportunidad no solo de oír al trompetista, sino de verlo asomarse y saludar.

Este templo es uno de los monumentos de más valor del casco antiguo, pero no muy lejos se halla el otro edificio emblemático de la plaza: la Lonja de Paños (Sukiennice).

Localizada en el centro de la plaza, se inauguró a finales el siglo XIV como centro comercial municipal. En realidad no era más que un espacio techado en el que se aglutinaban diferentes puestos de especias, seda o cuero procedentes de Oriente. Tras un incendio en 1555 se reconstruyó en estilo renacentista.

Hoy se centra más en los recuerdos, artesanía y souvenirs.

En las arcadas sobre los puestos destacan los escudos de diferentes ciudades.

La lonja además de tener fin comercial, también lo tiene cultural, pues en el primer piso se encuentra el Museo Nacional de Cracovia, dedicado a la pintura y escultura polaca del siglo XIX.

Junto al edificio de la lonja se alza la Torre del Antiguo Ayuntamiento (Wieza Ratuszowa).

Fue construida en el siglo XIII en ladrillo y piedra y está ligeramente inclinada 55 centímetros como consecuencia de un fuerte temporal en 1703. Esta torre de 75 metros de altura y estilo gótico es lo único que se conserva del antiguo ayuntamiento de la ciudad, que fue demolido en 1820 con motivo del nuevo plan urbanístico que quería dotar de más espacio a la plaza.

Se puede subir hasta arriba tras ascender 110 escalones de piedra. En las plantas superiores se encuentra la maquinaria del antiguo reloj, así como algunas fotografías históricas de Cracovia. Nosotros no subimos, pues había leído que dado que el tamaño de las ventanas es minúsculo, el campo de visión se veía muy limitado.

En el sótano un teatro ocupa el lugar en el que antiguamente se encontraban las mazmorras de la ciudad, antiguas salas de tortura.

Frente a la torre se halla la estatua Eros Bendato, una cabeza sin ojos que representa que hay que mirar hacia dentro. Asimismo, el artista la ha colocado en posición horizontal para simbolizar el paso del tiempo y la destrucción que deja a su paso.

Tras dar una vuelta por la inmensa plaza lamiendo las sombras pues el sol atizaba bien (también aquí había aspersores para refrescarse), tomamos la calle Szczepańska que nos conducía a otra plaza, la Plac Szczepański.

Esta plaza se construyó a principios del siglo XIX tras demoler una iglesia medieval. En ella se celebraba uno de los mercados más grandes de Cracovia. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX se convirtió en un aparcamiento. En 2010 se modernizó y se añadió una fuente.

En ella destacan varios edificios de diferentes estilos, tanto secesión, como Art Nouveu, modernista o de estilo más soviético.

Volvimos por la calle paralela de nuevo a la Plaza del Mercado y terminamos de darle la vuelta. Además de la basílica, de la lonja y de la torre del ayuntamiento, también hay una pequeña iglesia que choca un poco con la estructura de la plaza. Se trata de la Iglesia de San Adalberto.

Fue construida en el siglo X en el lugar en que se dice que San Adalberto predicaba sus sermones. Es el templo más antiguo de la ciudad gracias a que sobrevivió a los ataques tártaros del XIII. Aunque lo que vemos hoy en día es una reconstrucción del siglo XVII, en la que se añadieron elementos barrocos.

Al parecer, el tal Adalberto se convirtió en mártir al ser decapitado por los rusos cuando intentaba convertirlos al cristianismo. Cuando Boleslao I, rey de Polonia, quiso recuperar su cuerpo, le pidieron el peso de este en oro.

Nuestra siguiente parada fue el Collegium Maius (Gran Colegio), el edificio más antiguo de la Universidad Jagellónica de Cracovia.

La Universidad fue fundada en 1364 por Casimiro III el Grande, aunque no tuvo sede hasta en 1400 cuando el rey Ladislao II Jagiełło compró un edificio en la calle Zydowska y se lo cedió. Pronto la universidad comenzó a crecer y necesitó más instalaciones. Una de ellas es este colegio de estilo gótico tardío.

El edificio gira en torno a un gran patio rodeado de arcadas construidas en ladrillo y piedra. En la primera planta vivían y trabajaban los maestros. En la baja, por su parte, era donde transcurrían los cursos y conferencias.

En el patio destaca el antiguo reloj. Al parecer, cada dos horas desfilan unas figuras de madera que representan personajes ilustres acompañadas de una melodía del siglo XVI. Lamentablemente no nos coincidió en nuestra visita.

A medida que la universidad crecía y se ganaba un nombre en el ámbito estudiantil, más alumnos querían estudiar en ella, por lo que siguió incorporando nuevos edificios. Entre sus alumnos ha tenido al conocido astrónomo Nicolás Copérnico, al querido Karol Wojtyla (Papa Juan Pablo II), al historiador Jan Długosz o al poeta Jan Kochanowski.

Entre 1840 y 1870 la universidad hizo una reestructuración de sus instalaciones y el Collegium Maius se convirtió en la Biblioteca Universitaria. Actualmente alberga el Museo de la Universidad Jagellónica y cuenta con una importante colección de objetos de astronomía, meteorología, cartografía, física y química usados a lo largo de la historia.

Entre 1883 y 1887 se erigió el Collegium Novum, un edificio neogótico con una fachada realmente bonita que recuerda a las construcciones hanseáticas.

En los frontones de las ventanas y justo encima destacan los escudos de armas de los mecenas de la universidad. Arriba del todo, en el centro, se halla el emblema de la universidad: San Estanislao sujetando un escudo con el águila del país.

Hoy es un edificio administrativo de la universidad. En él se encuentran el rectorado, los decanatos, oficinas de contabilidad así como algunos despachos de profesores y aulas.

La universidad se encuentra en un enclave muy bucólico, justo al lado del parque Planty. Y siguiéndolo llegamos a la Basílica de San Francisco de Asís (Bazylika Franciszkanów w Krakowie).

Data del siglo XIII, cuando fue construida para los llegados desde Praga. Así, es una de las iglesias más antiguas de la ciudad. Presenta una curiosa mezcla de estilos como consecuencia de varios incendios y posteriores reconstrucciones. Predomina el gótico con algún elemento neogótico como las paredes y vidrieras.

Se ha convertido en lugar de peregrinaje, pues era uno de los lugares favoritos de Karol Wojtyła antes de convertirse en Papa.

Bordeando la basílica, la calle nos conduce a la Plaza de Todos los Santos (Plac Wszystkich Świętych).

Recibe este nombre porque fue construida en el lugar en que había una iglesia del siglo XIII con ese nombre. Aunque entre 1955 y 1990 se le cambió por Plaza Primavera de los Pueblos.

La plaza se diseñó en 1838 y en aquel momento tan solo seguía en pie la torre de la iglesia, sin embargo, acabaron demoliéndola en 1842. En el lugar del templo en 1887 se colocó un monumento al presidente Nicholas Zyblikiewicza, que unos años más tarde, en 1953 fue retirado y almacenado. No volvería a ser colocado hasta 1985.

Dominando la plaza se encuentra el Palacio Wielopolski, convertido en sede del ayuntamiento. También se encuentra el Pabellón Wyspiański, inaugurado en 2007 y que alberga la oficina de información y turismo.

Siguiendo la calle nos sorprende la Basílica de la Santa Trinidad (Kościół Św. Trójcy).

También es conocida como la Iglesia de los Dominicos, ya que fue construida por monjes de esta orden tras la finalización de la invasión tártara. Originalmente no era tan grande, sino que era un pequeño templo. No obstante, con el tiempo, se fue ampliando añadiendo capillas laterales a lo largo del siglo XVII gracias a donaciones de familias adineradas.

Volviendo a la Ruta Real, esta vez bajo el nombre de Grodzka, nos dirigimos hasta la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Kosciol sw Piotra i Pawla).

De estilo barroco, fue construida por los Jesuitas entre 1597 y 1919. Contrasta la fachada tan ornamentada con el resto del edificio más sobrio en ladrillo. Esto se debe a que los monjes se pasaron de presupuesto con las esculturas de los doce apóstoles sobre la verja exterior y no les quedó más remedio que recortar en gastos.

Al lado está la Iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja), algo más austera.

Data del siglo XI y sobrevivió a las invasiones tártaras gracias a sus gruesos muros y estrechas ventanas características del estilo románico. Sirvió de refugio para muchos ciudadanos.

El interior es más nuevo, ya que fue renovado en el siglo XVIII en estilo barroco.

Un poco más adelante hay una iglesia más, la Iglesia de San Gil (Kościół pw. św. Idziego).

Es una de las iglesias más antiguas y pequeñas de Cracovia.

Y así llegamos al final de la Vía Real, que nos conduce a la colina de Wawel.

Recorriendo Wrocław III – Stare Miasto y Ostrów Tumski

Antes de marcharnos de la plaza de la Basílica de Santa Isabel buscamos más enanitos, y es que hay unos pocos en ella. Por un lado, bajo a la maqueta de la iglesia encontramos al Weteran.

Simboliza el valor de los soldados y el respeto por los que luchan en combate.

Más alejados se encuentran los Pożarki. Los encontramos al alejarnos para hacer la foto a la iglesia.

Son los enanitos bomberos y están listos con su manguera y escalera dispuestos a correr raudos y veloces a apagar el fuego.

Junto a ellos se halla la entrada subterránea de la ciudad y apoyado en ella se encuentra el Krasnal Śpioch.

En teoría es el guardia que supervisa la entrada, pero se pasa la mayor parte del tiempo dormitando. Aunque realmente, como las puertas son tan pequeñas, pocos intrusos cabrían por ella, por lo que poco tiene que vigilar.

Y de un dormilón a otro, y es que en la calle Kiełbaśnicza duerme Krasnal Chrapek.

Este enanito ha encontrado su lugar frente al Hotel Patio. Y un poco más adelante, ante el Art Hotel está su amigo Krasnal Podróznik.

Es el gnomo viajero, que cada dos por tres está empacando sus maletas y embarcándose en una nueva aventura.

Ahí dejamos a ambos y continuamos nuestro camino girando por la calle Jatki, un callejón lleno de galerías, donde está el Monumento a los animales sacrificados (Pomnik Pamięci Zwierząt Rzeźnych).

Este monumento colocado en 1997 está compuesto por un grupo de esculturas de animales y hace referencia a las carnicerías que hubo durante siglos en la calle. En su inauguración constaba del pavo, la cabra y los cerdos. Más tarde se añadieron el gallo y el conejo.

El desgaste del bronce se debe a que todo el mundo que pasa los frota, e incluso los niños se suben en los animales.

Y hablando de carnicerías, ¿qué enanito podíamos encontrar? El Krasnal Rzeźnik.

La profesión de carnicero es una de las más antiguas y aún quedan profesionales del gremio, aunque, al parecer, la mayoría de los enanitos ahora son vegetarianos. Por eso ahora este enanito tiene bastante tiempo libre para ver pasar a los turistas.

Tras saludarle, seguimos hacia la zona de la Universidad. En la Plac Uniwersytecki, se alza la fuente con el Espadachín.

Según la leyenda, el espadachín hace referencia a un estudiante que se emborrachó jugando a las cartas y además del dinero, también perdió la ropa. El resto de compañeros le dejaron portar una espada como símbolo de nobleza y honor masculino.

Hoy, esta fuente y monumento colocada en 1904 es uno de los lugares de encuentro preferidos por los estudiantes. Y también blanco de bromas y apuestas.

Muy cerca de la fuente se halla el Krasnal z parasolem.

Es uno de los primeros que se colocó en la ciudad, y no siempre ha tenido buena suerte, ya que ha sido robado un par de veces. La última vez que se colocó en su lugar fue en 2012.

A unos pasos de la plaza se halla la Iglesia de Jesús (Kościół Najświętszego Imienia Jezus).

Recibe este nombre porque fue construida por los jesuitas entre 1734 y 1755 y es una de las iglesias más ricas en decoración barroca, que se conserva gracias a que no sufrió grandes daños en 1945.

En el siglo XVIII se realizaron los frescos y se completó con esculturas, molduras, cornisas, lámparas y candelabros. A mediados de siglo, en 1748 quedó destruida como consecuencia de la explosión de la torre. Y en los años posteriores, durante la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) se transformó en el almacén de grano. En 1765 fue tomada por las autoridades prusianas. Y desde principios del siglo XIX pertenece a la Universidad Frederick William.

Entre 1879 y 1893 se llevaron a cabo grandes tareas de reconstrucción para recuperar las capillas laterales y sus elementos originales.

Junto a un cuidado jardín se encuentra la Parroquia de San Matías (Kościół pw św Macieja).

Esta parroquia de estilo gótico pertenecía a un convento construido en 1253. El convento se transformó entre los siglos XIV y XVII añadiendo primero torre y modificando la planta para que tuvera forma de cruz después.

Cuando desapareció la orden a la que pertenecía el convento, fue cuando se convirtió en parroquia.

En 1945 quedó seriamente dañada cuando la torre y las cubiertas se quemaron. En 1958 sufrió más daños aún cuando parte del brazo norte acabó derrumbándose. Tuvo que ser reconstruida en la década de los 60.

Seguimos hacia la Catedral de San Vicente y San Jacobo (Katedra Greckokatolicka pw. Świętych Wincentego i Jakuba).

Pertenecía a los franciscanos, pero cuando estos se marcharon de la ciudad o se convirtieron al protestantismo en el siglo XVI, pasó a manos de una orden de Ołbin. Con la secularización de esta a principios del XIX, la iglesia pasó a ser una parroquia y los edificios anexos, sede del Tribunal de Justicia.

En 1945, con la guerra, acabaron derrumbadas la torre, las paredes laterales y las bóvedas. Como consecuencia también se destruyó parte del interior.

En 1977, gracias los esfuerzos del Papa Juan Pablo II , fue entregada a la Iglesia grecocatólica.

En el camino hacia la iglesia, y todo su perímetro, encontramos diversas placas que marcan grandes acontecimientos de la historia de la ciudad. Se trata del Trotuar historii miasta.

Los puntos más relevantes son:

Año 1000 creación del obispado

Año 1241 invasión de los Mongoles

Año 1242 La ciudad recibe derechos municipales

Año 1335 Incorporación al Reino de Bohemia

Año 1526 Incorporación en la Monarquía Habsburgo de Austria

Año 1530 la concesión de pertenencia de armas

Año 1633 Peste bubónica

Año 1702 creación de la Universidad

Año 1741 la entrada en Prusia

Año 1793 Revolución de los modistos

Año 1802 la ocupación de Napoleón

Año 1842 la primera línea del ferrocarril en territorio polaco

Año 1913 la construcción de Ayuntamiento

Año 1945 Festung

Año 1980 Solidaridad

Año 1997 la inundación y Congreso Eucaristía

Año 2012 EURO 2012

Año 2016 Capital Europea de la Cultura

Este paseo histórico nos conduce al Hala Targowa, el mercado.

Se levantó en el lugar en que hubo una mansión de los obispos Lubuski del siglo XIV, que posteriormente fue reconstruida como Arsenal Piaskowy y demolido en 1905.

Fue construido entre 1906-1908 para organizar el comercio en el centro de la ciudad. De esta forma, finalizadas las obras, se cerraron todos los mercados de las plazas importantes (Rynek, plaza Solny y plaza Nowy Targ (el mercado nuevo)) quedando trasladados los comercios a los dos nuevos pabellones del mercado.

Su diseño exterior está basado en la Bolsa de Ámsterdam, sin embargo, su interior es más moderno. Se trata de un espacio diáfano de 85 metros de largo por 37 de ancho y 21 metros de altura. Su techo está sostenido por unos arcos parabólicos de hormigón.

Quedó seriamente dañado por la II Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruido.

Y de nuevo habíamos llegado al río. Y esta vez nos íbamos a salir del anillo que bordea el centro, para continuar con nuestra visita.

Cruzamos al otro lado del río, hasta la isla Wyspa Piasek y después tomamos el Puente Tumski para cruzar a Ostrów Tumski.

Este puente fue construido en 1889. Pero mucho antes, ya hubo otros puentes en ese lugar, uno de ellos de madera.

Hasta 1945 fue llamado Dombrücke (Puente de la Catedral). En aquel año fue sometido a una importante revisión, ya que había quedado dañado durante el asedio. También se lo conoce como el Puente de los Enamorados por su gran cantidad de candados. Un día vamos a tener una desgracia por el peso de los candaditos.

Y cómo no, no podíamos dar dos pasos sin encontrar un nuevo enanito, este encaramado a una farola y lleno de candados y telarañas. Este se llama Gazuś y es el encargado de que el distrito histórico de la ciudad esté correctamente iluminado.

Ostrów Tumski es el lugar en que nació la ciudad y suponía el límite de la jurisdicción eclesiástica. En la zona se erigen iglesias monumentales, una iglesia gótica, las casas de los clérigos y el palacio arzobispal, de estilo neoclásico. Y no puede faltar una placa a Juan Pablo II.

En el Museo de la Archidiócesis se conservan objetos sacros de gran valor histórico y artístico. Entre ellos se encuentra el Libro de Henryków, en el que se halla la primera frase escrita en polaco en el siglo XIII-XIV.

La primera que nos encontramos tras cruzar el puente es la Iglesia de la Santa Cruz y San Bartolomé (Kościół Rzymskokatolicki pw. Świętego Krzyża).

Esta iglesia construida en dos pisos, es el segundo templo religioso más importante de la ciudad.

Muy cerca se encuentra el Drukarz Kacper.

Este enanito estudió el arte de la impresión en Colonia y después se mudó a Breslavia. En su mano tiene una hoja de papel con el Padre Nuestro. Además está acompañado de su imprenta y libros.

Más adelante de la Iglesia de la Cruz se erige la Catedral de San Juan Bautista, de estilo gótico.

Fue construida en el siglo XIV, aunque investigaciones arqueológicas parecen indicar que ya había un templo de piedra en el X. Lo que vemos hoy en día poco tiene que ver con la construcción original, ya que fue renovada y ampliada en numerosas ocasiones. La última de ellas tras la II Guerra Mundial.

Estas renovaciones le han dejado elementos renacentistas y barrocos, que contrastan con el pórtico medieval.

Está construida en ladrillo y cuenta con dos torres de 91 metros, las más altas de toda la ciudad.

Tampoco cerca de ella podía faltar otro enanito. En este caso se trata de Wrocławiak.

Porta en sus manos un libro titulado Urodzię się w Wrocławiu / Ich bin en Breslau geboren (Nací en Breslavia). Su objetivo es promover la ciudad y hablar sobre personajes importantes que nacieron en ella.

También en Ostrów Tumski se halla el Jardín Botánico (Ogród Botaniczny) de principios del XIX, pero nosotros no lo visitamos, sino que continuamos hasta el edificio del Seminario Metropolitano (Metropolitalne Wyższe Seminarium Duchowne), construido en ladrillo rojo y en un estilo que me recordó a la Academia de Arte de Letonia en Riga.

El cielo se estaba nublando y amenazaba tormenta, por lo que continuamos hasta el puente Pokoju para volver al centro de la ciudad. Desde esta pasarela se ve el siguiente puente, el Grunwaldzki (Most Grunwaldzki), el más conocido de la ciudad construido entre 1908 y 1910 y que mide 112,5 metros de longitud por 18 metros de ancho.

Cuando se inauguró, en presencia de Wilhelm II, se llamó Puente Imperial. Y, aunque después de la I Guerra Mundial se le cambió por Puente de la Libertad, con el tiempo recuperaría su nombre original.

En la II Guerra Mundial quedó totalmente destrozado y quedó inutilizable. Tras dos años de obras, se volvió a levantar ya con el nombre actual, Grunwaldzki.

El puente Pokoju nos condujo al Museo Nacional de Breslavia (Muzeum Narodowe we Wrocławiu), inaugurado en el año 1948 y ascendido al rango de Nacional en 1970.

Es el principal museo de la ciudad y cuenta con colecciones que incluyen pinturas, esculturas, artesanías, gráficos y fotografías con especial énfasis en el arte de Silesia. Antes de este museo las obras se encontraban en el Museo Real de Arte y Antigüedades, en el Museo de Bellas Artes de Silesia y en el Museo de Artesanía Artística y Antigüedades de Silesia. Durante la II Guerra Mundial muchas colecciones fueron trasladadas para protegerlas, pero aún así, muchas se perdieron y quedaron dañadas. Dado que muchos de los museos mencionados quedaron totalmente destruidos, se creó este nuevo edificio en estilo neo-renacentista holandés.

Este museo cuenta con una de las colecciones de arte medieval más importantes e interesantes de Europa. Además, dispone de ejemplares de arte polaco de los siglos comprendidos entre el XVII y el XIX, así como unas 20.000 obras de contemporáneo.

Contrastando con el museo y su bella fachada cubierta de verde, el otro lado del puente se halla el edificio gubernamental de marcado estilo soviético.

Quizá desde el puente no destaca tanto y se ve como una construcción de oficinas sin más, bastante anodino. Pero una vez que miramos desde su fachada, con el contraste del museo tan de cerca, resulta una mole horrible.

Tomando la calle Jana Ewangelisty Purkyniego llegamos al  Bastion Ceglarski, restos de las fortificaciones que existieron en su día en la ciudad.

El bastión fue construido en 1585 y constaba de tres plantas. Servía como almacén, pero también contaba con un hospital militar en época de contienda. En 1807 las autoridades napoleónicas quisieron echarlo abajo, pero al final se conservó, aunque perdiendo su carácter bélico.

Frente a él destaca un peculiar museo, el Panorama Raclawicka.

Se trata de un edificio circular, un tanto feo, que alberga un cuadro de 120 metros de ancho por 15 de alto y que permite una visión 360º de la batalla de Raclawiece (guerra ruso-polaca) del 4 de abril de 1794.

La obra data del año 1893 y Jan Styka y Wojciech Kossak tardaron 9 meses en completarla. Estuvo expuesta en Lvov hasta la II Guerra Mundial, momento en que se llevó a un almacén para protegerla. De nuevo fue recuperada en 1980 y se expuso en esta peculiar construcción.

Parece que es una de las atracciones turísticas más visitadas de la ciudad, sin embargo, ni había entradas para el día, ni es que a nosotros el tema bélico nos interesase mucho. Así que, lo vimos por fuera, y poco más.

Bueno, y nos encontramos con un enanito más, el Panoramik.

Es un enanito histórico, y como tal va vestido y montado a su caballo.

Continuamos nuestro camino dirigiéndonos hacia la estación y nos topamos con la Iglesia de San Adalberto (Kościół Św. Wojciecha), bastante sencilla, pero de gran valor, pues en su parte sur está enterrado el patrón de la ciudad.

Junto al río, en un pasaje bajo la carretera, nos encontramos con una maqueta de la ciudad amurallada y un cañón. Están un poco escondidos, la verdad es que podrían haber elegido una parte más visual, como por ejemplo en algún parque o zona verde más de paso.

Y finalizamos nuestra visita donde la habíamos empezado, en la estación central.

La original estación de Wroclaw Glowny casi parece un castillo.

No era así cuando se construyó entre 1855 y 1857. La antigua contaba con grandes ventanales, un único anden y un punto de información para los pasajeros. Sin embargo, el ferrocarril se desarrollaba rápidamente y a finales del siglo XIX la ciudad necesitaba una estación más grande.

La modernización se llevó a cabo entre 1899 y 1904. La vía férrea se trasladó y se subió el nivel de los andenes. De uno pasó a tener cuatro andenes, cubiertos con un techo de cristal. El antiguo edificio hoy ha quedado como servicio para el viajero: restaurantes, salas de espera, depósito de equipajes…

Con la II Guerra Mundial no quedó muy dañada, por lo que en junio de 1945 estaba dando servicio con normalidad. La última renovación data de este siglo, poco antes de la EURO 2012. En esas obras se construyó un aparcamiento, se renovó la fachada y se crearon nuevos espacios comerciales, así como restaurantes y cafeterías. La verdad es que es una estación muy grande y con muchos servicios. En algunos momentos da la sensación de estar paseando por un centro comercial.

En la estación, como no podía ser menos, hay también enanitos. El primero de ellos lo vimos en el exterior, sentado sobre una maleta.

El segundo, al parecer se encuentra tumbado en el césped, pero no lo vimos. Sí que encontramos al tercero, el que va, maleta y billete en mano, a tomar el tren.

Y así estábamos nosotros también, con nuestras mochilas preparadas, a unos minutos de tomar el tren dirección a Cracovia tras un día bastante completo recorriendo Breslavia.

Esta vez el tren era más moderno. Habíamos dejado atrás los compartimentos estrechos de siglo pasado.

Había lugar para dejar el equipaje, los asientos eran cómodos, y además bastante espaciosos con su bandeja y reposapiés.

Así que nos preparamos para afrontar las tres horas y media que teníamos hasta que llegáramos a Cracovia. Allí pasaríamos dos noches en el Ibis Budget Stare Miasto, un hotel muy bien ubicado junto a la estación.

Este sí que lo reservamos aprovechando aquella oferta, y era del mismo estilo que el de Basilea en el que nos habíamos alojado en noviembre. Salvo que no tenía la litera.

Dado que en la estación había un supermercado y varios locales de comida, descargamos las mochilas y volvimos para hacernos con algo de cena y desayuno para los dos próximos días. Volvimos al hotel y tras ducharnos y cenar dimos por concluido el día, que había sido bien largo.

Serie Terminada: Orphan Black

Cuando vi el piloto de Orphan Black quedé enganchada automáticamente ante la historia de dobles idénticos y robos de identidades. Así que, cuando supe que habían puesto fecha final a la serie estaba deseando ver del tirón sus cinco temporadas para ver si cumplía las expectativas del primer episodio. Y vaya si cumple. Espectacular. Hacía tiempo que no veía una serie que me tuviera tan enganchada (The Good Wife me gustó, pero son de temáticas diferentes y no se pueden comparar).

Recordemos que el argumento gira en torno a Sarah Manning, quien ve cómo una mujer se tira a las vías del tren y que cuando se acerca a robarle el bolso descubre que es idéntica a ella. Dado que su vida es un auténtico caos (consecuencia de los trapicheos en los que está metida), decide suplantar la identidad de la suicida esperando cambiar así su suerte. Sin embargo, la fallecida (que resulta ser policía) no tenía una vida de rosas y Sarah acaba descubriendo que no es la única mujer que se le parece.

A partir de ahí Sarah intentará no solo averiguar quién era la detective Beth Childs, sino quién es ella misma, para quizás así encontrar el nexo de unión o descubrir si ella también es una copia. Por el camino conocerá a más clones y un peligro en ciernes: alguien las quiere muertas. La serie entra en una espiral trepidante plagada de acción y thriller mezclados con conspiraciones, secretos, sangre, humor, drama y ciencia ficción.

Acompañamos a la protagonista a desenredar la madeja. Pero en realidad la cosa no deja de complicarse a medida que avanzan los capítulos y vamos descubriendo nuevas clones como Alison o Cosima. La primera de ellas podría apellidarse Van de Kamp. Es la típica ama de casa de las afueras que colabora con la parroquia, con el equipo de fútbol de sus hijos, que hace manualidades y organiza la feria anual del pueblo. No tiene nada que ver con Sarah, que nació en Londres y fue adoptada por una irlandesa que se la llevó a vivir a Canadá. Cosima es científica y siendo lesbiana y hippie no podría ser de otro sitio que de San Francisco. Es la clon inteligente y tiene un aura de positivismo que también contrasta con el carácter de Manning, mucho más pasota y negativa.

Todas se parecen físicamente, claro, pues están interpretadas por la misma actriz, Tatiana Maslany, pero sus personajes no podrían ser más diferentes. Es impresionante el trabajo de Maslany para interpretar no solo a estos tres caracteres sino a los que vendrán. Apenas hay caracterización más allá del peinado o el estilismo de cada una, pero consigue dotar a cada clon de su manera de andar, de sus movimientos, de sus tics, de sus matices y peculiaridades, de sus expresiones, de su forma de hablar. Y no se trata solo de una cadencia, de poner la voz más aguda o grave, es que además se mueve en una buena variedad de acentos. Todos estos pequeños detalles otorgan a cada una su propia identidad y hacen que nos creamos todos y cada uno de los personajes.

Esta compleja serie es posible gracias a Maslany, en quien recaen fácilmente el 90% de las escenas. Y no siempre sola, pues muchas veces comparten espacio varias de las clones, momento en que se hace más patente aún lo bien configurado que está cada una de las clones, llegando a olvidar que es la misma actriz quien asume todos los roles. Y para rizar más el rizo aún, es capaz de interpretar a una de ellas haciéndose pasar por otra sin desdibujar a ninguna. Increíble e Impresionante.

Aunque Sarah encontrará un buen apoyo en Alison y Cosima para sus investigaciones, su principal hombro es Félix, que también fue adoptado por la Señora S. Félix vive en un loft y responde a muchos clichés de un artista estrafalario y extravagante pero se le puede perdonar porque la química que tienen ambos actores aporta frescura, humor y sarcasmo a la serie. Y no solo en el dúo Félix-Sarah, sino que alcanza sus mejores momentos cuando es Félix-Alison. Esta combinación consigue añadir una vis cómica en medio de tanta conspiración, de tanto momento sangriento y tanto drama. Aunque el tándem formado por el matrimonio Hendrix (Alison y Donie) le va quitando el puesto a medida que avanza la serie. Y es que los personajes crecen a medida que pasan los capítulos y que todo se va enredando más. Nunca decae, siempre mantiene al espectador en tensión sin saber qué giro vendrá a continuación.

Otro personaje de confianza de Sarah que va adquiendo protagonismo en la serie es Art Bell, el compañero de Beth en la policía. No empiezan del todo bien, pues él ve algo raro en Beth, pero una vez que Sarah le pone al tanto de la situación, se convierte en un buen aliado no solo suyo, sino de todas las clones.

En la primera temporada en realidad no se aclara nada, solo nos sirve para darnos cuenta de que hay algo mucho más complejo detrás de toda la historia de la clonación. Conocemos a Rachel, una nueva clon, aunque esta sin embargo se diferencia de las demás en qué sabe desde pequeña que lo es y pertenece a la corporación que va detrás de todas ellas.

Y aún nos queda por ver en acción a Helena, la taradísima (y fantástica) Helena, educada en un convento ucraniano y a la que han vendido la idea de que ellas es la original y el resto son sus copias.

La trama va ramificándose a lo largo de las temporadas y no hay que perder detalle para no salirse de la historia entre intereses empresariales, neolucionistas, sectas religiosas, proyectos militares-biológicos e investigación científica con el genoma humano. Las clones se ven inmersas en una enorme maraña corporativa de la que solo pueden salir si se unen. Y es que aunque la serie va de la ética y la moral en la experimentación científica, en el fondo, el tema destacado es la familia. Sarah lo daría todo por su familia. Por su madre adoptiva, esa Señora S. con un par de ovarios bien puestos; por su hermano Félix; y, sobre todo, por su hija Kira. Y no duda en ampliar esa red familiar incluyendo a sus hermanas y luchando por salvarlas.

La vida de Alison también gira en torno a su familia. A su matrimonio con un tipo soso y cobarde pero que en el fondo es buena persona, a sus hijos adoptivos y a la comunidad en la que vive. No duda en convertirse de alguna manera en la madre de todas contactando periódicamente con ellas y asegurándose de que están bien. Incluso las acoge en su casa.

Cosima tiene a sus padres lejos y su núcleo familiar es más pequeño, pero cuenta con Delphine, su novia y con Scott, compañero de investigaciones que se convierte en imprescindible.

Incluso la malvada Rachel tiene su red de seguridad en Dyad.

La más solitaria es Helena. Ella va por libre, es más de defender y ayudar a sus sestras que de dejarse ayudar. Pero también acaba arropada por todas las clones, pues pese a su carácter arisco, hay que quererla.

Viendo lo diferente que son cada una de las clones se pone sobre la mesa otra discusión filosófica interesante: la dicotomía entre lo innato en el ser humano y lo aprendido por el entorno. El carácter vs el condicionamiento social. Indudablemente cada una de ellas es un individuo independiente que ha tomado un camino y ha forjado una personalidad en función de sus experiencias vividas.

Sin embargo, a pesar de ser una serie original, de contar con una magnífica actriz protagonista y de plantear temas éticos que dan que pensar, también tiene algún punto flojo. Mientras que las clones y su entorno más próximo está muy bien dibujado, por el contrario hay algunos villanos que están menos trabajados. Supongo que porque tienen menos recorrido y los guionistas les han dedicado menos tiempo recurriendo en muchos casos a estereotipos.

También hay alguna trama secundaria cogida con pinzas, como la de Adele, la hermana biológica de Félix. Entiendo que quisieron ampliar el universo del personaje más allá de Sarah, pero realmente no aporta mucho.

Lo que no se le puede negar a la serie es que engancha, y, por si todo lo mencionado anteriormente fuera poco, en parte se lo debe al rimo sin descanso de cada uno de sus capítulos. Cuando tienes una serie de 10 episodios por temporada no te puedes entretener en minucias, sino que la trama tiene que avanzar sin descanso. Lo que no significa que la historia no cuente con su base y su coherencia. Parece que tenían bien claro en qué querían centrar cada temporada y cómo iba a ser el arco argumental durante todo el metraje.

Además tiene mucho trabajo de postproducción como consecuencia de escenas en las que intervienen varios clones. Hay veces que simplemente están en una misma estancia y no comparten plano, pero otras en las que sí y además se tocan. Y cuando tu serie se basa en esos personajes, tienes que saber hacerlo bien.

Cuesta dejar ir una serie así. Tan entretenida, dinámica, con acción y peligro, con drama y humor negro, con momentos tiernos, otros duros, sangrientos e incluso gores. Y sobre todo con momentos de amistad y sororidad. Porque detrás de todo está la lucha de las protagonistas por su supervivencia siendo libres e independientes. Cada una busca encontrar su propio camino superando sus miedos, adicciones, problemas o enfermedades.

Orphan Black apela a una “galaxia de mujeres” (como dice Félix) que toma las riendas de su vida. Sean buenas, malas, madres, hijas, amas de casa, científicas, heterosexuales, homosexuales o bisexuales, temerarias, dulces, responsables, peligrosas… Da igual, siempre están en primera línea de sus propias vidas. Los hombres que las rodean están para ayudar, colaborar y no para salvarlas cual damiselas en apuros.

Cuesta despedirse de una serie que era como una matrioshka, una serie con miniseries: la científica y conspiranoica, la comedia negra de la familia perfecta de clase media de barrio residencial, la policíaca, el thriller de barrio marginal… Pero sobre todo cuesta decir adiós a las sestras, a la impulsiva Sarah, a la neurótica Alison, a la salvaje Helena, a la dulce Cosima, a malvada Rachel e incluso a Tony, que apenas salió en un par de capítulos o a la hilarante Krystal.

Recorriendo Wrocław II – Stare Miasto

Desde el enanito sonámbulo nos adentramos hacia el centro. Continuamos a la Plaza de la Sal (Plac Solny), que normalmente acoge el mercado de las flores, pero que parece que estaban preparando algún tipo de acto o evento, pues habían simulado una especie de playa.

Se cree que esta plaza se construyó en 1242 durante la invasión de los mongoles bajo el nombre de Polnischer Markt (Mercado Polaco), Salzring (Mercado de la sal) o Salzplatz (Plaza de la sal).

En 1827 se colocó en la plaza una estatua del marsical de campo Blücher y se renombró como Blücherplatz. Sin embargo, hoy no queda nada de este monumento, ya que se destruyó en la II Guerra Mundial. Pasó entonces a llamarse Plaza del Pueblo.

Pese a ser histórica, no es tan atractiva como pudiera ser una plaza principal. Sí que hay una parte con hilera de casitas de colores, pero sin más. Quizá destaca un poco más el edificio de la Antigua Bolsa (Stare Gieldy), de 1822 y estilo neoclásico.

En el siglo XV los ciudadanos de Breslavia quemaron objetos lujosos influenciados por los sermones de un franciscano. Y como recordatorio de aquel acto, en 1996 se erigió un obelisco en la plaza que simula una llama de fuego. O eso dicen.

Bajo la plaza hay un refugio con capacidad de 300 personas en unos 1000 metros cuadrados. Durante la guerra tenía sus propias letrinas, alcantarillado y dos salidas. Ahora una de ellas se ha convertido en un baño de mujeres.

La plaza nos conduce a la principal, la Plaza del Mercado (Rynek). Es el centro neurálgico. Y es que no podía faltar el lugar en torno al que se articula la ciudad. Wrocław perteneció a la Liga Hanseática y fue un importante centro comercial, así, era en ella donde confluían las principales rutas comerciales de Europa, entre ellas la Vía Regia y la Ruta del ámbar.

Esta plaza, que con sus dimensiones de 213 x 178 metros es una de las más grandes de Europa, sigue la misma tónica de las que estábamos viendo en el viaje. Está flanqueada por edificios de colores de diferentes estilos (renacentistas, góticos, barrocos…) y en su centro se erigen el ayuntamiento así como edificios de viviendas. No fue destruida durante la II Guerra Mundial, por lo que es una auténtica joya.

Hay uno de los lados de la plaza que es el que tiene las casas mejor conservadas.

En el número 2 se encuentra la la Pod Gryfami, que cuenta con una fachada renacentista y detalles manieristas.

En el 6, se alza la Pod Złotym Słońcem con una fachada de estilo barroco, que hoy en día es el Museo de Pan Tadeusz.

En ella fue donde se llevaron a cabo las conversaciones de paz en 1742 que condujeron al fin de la I Guerra Silesiana. También, en 1813 Federico Guillermo III, rey de Prusia, dio el discurso “A mi ejército”, llamando a los soldados y civiles a la lucha contra Napoleón.

Al lado, en el número 7 se encuentra el Pod Błękitnym Słońcem, que también es un pasaje comercial con techo de cristal.

A su izquierda, en el 8, se halla la Siedmiu Elektorów, que cuenta con una fachada ricamente decorada y un llamativo color amarillo.

En 1527, durante la visita del futuro emperador Fernando I de Habsburgo, las casas de los edificios 6, 7 y 8, fueron juntadas para establecer la sede de su corte.

Las casas originales de los números 9 al 11 fueron destruidas y en su lugar se construyó en 1931 un edificio que contrasta claramente con los anteriores. No solo por su altura, sino también por su diseño. Ahora está ocupado por un banco. Y en su fachada nos encontramos con un simpático enanito sacando dinero, el Krasnal Wypłatnik.

Pese a la relevancia de esa hilera de edificios, a mí no fue la que más me gustó. Y es que aunque haya un lado que conserve las casas más históricas, no hay que despreciar el resto de la plaza, que es espectacular.

Eso sí, lo único que choca es la Fontanna Zdrój demasiado moderna.

Frente a la fuente, delante de una tienda de recuerdos se encuentra el Krasnal Suverinek, el enanito que nos ha comprado un souvenir. ¡Más majo!

Se colocó en 1996 y en teoría solo iba a estar dos años en la plaza, sin embargo allí se quedó y hoy se ha convertido en punto de encuentro. También para refrescarse, como no podía ser menos teniendo en cuenta las temperaturas que estábamos encontrando.

Continuamos paseando por la plaza en dirección al Ayuntamiento, y nos topamos con el Monumento a Alexander Hr. Fredo.

Fue un escritor que luchó en el ejército polaco durante las Guerras Napoleónicas. Comenzó a su carrera literaria después, en 1817, dedicándose a comedias basadas en la nobleza polaca.

En una de las casas que se encuentran detrás, en la que hace esquina, se halla la tienda de los Krasnale.

Y un poco más adelante de la tienda, junto a la maqueta del ayuntamiento, hay un grupo de enanitos discapacitados: el sordo, el ciego y uno en silla de ruedas. Son Ślepak i Głuchak.

Juntos patrullan la ciudad en busca de barreras arquitectónicas que les dificulten la vida. Intentan cambiar la forma de pensar sobre las personas con discapacidad y los alienta a ser más activos.

El Ayuntamiento (Ratusz), del siglo XIII y estilo gótico burgués, es espectacular.

Para su construcción se necesitaron 250 años, por lo que el proyecto sufrió varios cambios y se fueron modificando tanto la estructura como la planta.

En su día contaba con una una sola planta con sótanos y una torre. Entre 1328 y 1333 se le añadió una nueva planta para alojar la Sala del Consejo y la de los Concejales. Durante el siglo XIV se añadieron además nuevas estancias puesto que el ayuntamiento se estaba convirtiendo en un lugar esencial para el comercio y administración de la ciudad.

En los siglos siguientes siguieron las ampliaciones, puesto que Breslavia era cada vez más próspera y se precisaba de edificios que cubrieran sus necesidades. Entre 1470 y 1510 se añadieron nuevas salas, se colocó una nueva bóveda en el Salón de los Burgueses y se construyó el Gran Salón.

En 1536 se añadió el escudo de la ciudad. Y unos años más tarde, entre 1558 y 1589 se llevaron a cabo las obras para reconstruir la parte superior de la torre.

Pero la ciudad seguía creciendo y el ayuntamiento debía asumir más funciones administrativas, por lo que tendría que alojar nuevas oficinas. Así pues, en el siglo XVII se hizo una reasignación del espacio en la que la planta baja se dejó para uso militar mientras que el sótano era el único espacio al que podía acceder el público.

En la segunda mitad de siglo la ciudad cayó en decadencia y se notó en el ayuntamiento. Aunque para compensarlo, se realizaron trabajos de decoración en el interior. Con la pertenencia de Breslavia a Prusia el edificio se destinó a la Administración de Justicia.

En el siglo XIX se trasladaron los juzgados y se llevaron a cabo diversas renovaciones para recuperar el lustre que había tenido el edificio en épocas anteriores. Además se le añadió decoración escultórica neogótica.

Durante el siglo XX continuaron las renovaciones, reparaciones y adiciones, como por ejemplo la de la estatua del Pequeño Oso.

En 1930 dejó su función administrativa y se convirtió en museo.

La II Guerra Mundial lo dejó bastante tocado. Los techos se habían dañado seriamente y como consecuencia se habían perdido algunas esculturas. En 1950 se comenzó la reconstrucción que duró prácticamente todo el siglo.

Actualmente acoge el Museo de Arte Burgués y acoge la celebración de muchos eventos culturales.

Junto al Ayuntamiento se alza la Picota (Pręgierz), una columna de piedra en la que se exponía a los criminales y las cabezas o cuerpos de los condenados.

Realmente esta que vemos hoy en día es una réplica de la 1492. Originalmente se trataba de un poste de madera.

Junto a una farola se encuentra una estatua bastante reciente, la de Leszek Cichoński, que fue colocada en abril de 2017.

Con la guitarra en alto, representa al organizador de un festival que se organiza todos los años en la plaza.

Muy cerca de la plaza, en la calle Świdnicka, se encuentran dos enanitos empujando una bola desde lados opuestos. Son los Krasnale Syzyfki.

Al parecer están ayudando en las renovaciones urbanas, pero parece que no se dan cuenta de que se entorpecen el uno al otro.

También en la misma calle se localiza Capgeminiusz Programista, el enanito programador.

Como no podía ser menos, se halla cerca del Starbucks. Dónde iba a estar si no un gnomo con ordenador…

La misma calle nos conduce a la Catedral de Santa María Magdalena (Kosciol pw sw Marii Magdaleny).

De estilo gótico tardío, es bastante sencilla, tanto por fuera como por dentro. Se erige en el lugar en que ya existía una iglesia en el siglo XI. Esta, que fue destruida en 1241 con la invasión de los mongoles fue sustituida por otra de estilo románico-gótico que acabó quemada.

Esta que vemos hoy en día, más grande que aquellas, data de 1342, aunque las torres se añadieron ya en el siglo XV. Aunque sus cubiertas se cambiaron un siglo más tarde, cuando la iglesia ya pertenecía al ayuntamiento.

El 23 de de marzo de 1887, durante la celebración del 90 cumpleaños del emperador Guillermo I se encendieron fuegos artificiales desde la torre norte con tal mala suerte que destruyeron la torre y las campanas. La reconstrucción se realizó entre los años 1890 y 1892.

En el siglo pasado, durante la II Guerra Mundial, las torres sufrieron un nuevo incendio. se vieron dañadas como consecuencia del fuego. El 17 de mayo de 1945 la torre sur se partió, la campana acabó destruida y el puente entre las torres se derrumbó como consecuencia de una explosión. También sufrió el portal principal, lo que provocó que se perdieron valiosas esculturas que lo adornaban. Hasta la década de los 60 no se llevarían a cabo tareas de reconstrucción.

El Puente de Penitentes es una pasarela que conecta ambas torres a una altura de 45 metros. Según la leyenda por él caminaban en penitencia los espíritus de las mujeres jóvenes que, en vez de cuidar de sus niños y de su casa, habían preferido irse con hombres. Qué desvergonzadas, oye.

En las escaleras de la iglesia nos encontramos un nuevo enanito. Que viendo que todos guardaban relación con su localización, lo lógico sería que hubiera sido un enanito religioso. Pero no, se trata del Krasnal Motocyklista, el primer gnomo motorizado.

La idea de crear un enanito motorista partió de los Wratislavia Bikers, una asociación de moteros. Su autora es Matylda Mika.

En la acera de enfrente está el Krasnal Klucznik, quien porta una llave.

Es la llave del subsuelo, de la ciudad escondida bajo tierra y tan solo él puede usarla.

Girando a la izquierda, en la Wita Stwosza 1-2, se hallan otros dos enanitos, Ciastuś i Amorinek.

Uno de ellos ha trepado hasta el alféizar de la ventana de una heladería y su compañero le ha atado una bandeja de postres al otro lado de la cuerda para que los suba.

En la esquina de la calle Kuźnicza con Wita Stwosza, junto a la joyería, encontramos al siguiente, al enanito herrero, Krasnal Kowal.

Es el encargado tanto de la creación de joyas como de artesanía de orfebrería, utensilios de hogar o espadas y armaduras. No hay encargo de la ciudad que no pase por sus manos.

Y muy cerca, tomando la calle Kuźnicza, en el alféizar de la cafetería Mr. Croissant, se encuentra el Krasnal Rogalik, que, como no podía ser menos, va cargado de croasanes.

Volvimos sobre nuestros pasos y volvimos a la Plaza del Mercado para seguir bordeándola. Allí encontramos al Krasnal Obieżysmak.

Es el más glotón de los enanitos. Está extendido sobre un plato frente al Pizza Hut. Parece que se ha puesto hasta reventar, tal y como muestra su tripa. Una tripa que, por cierto, se dice que si se frota trae felicidad y el viaje de tus sueños, de ahí que muestre un color diferente al resto del cuerpo.

Aún nos quedaban un par más de Krasnale en la plaza. Por un lado el Krasnal Turysta, que, como no podría ser menos, está delante de Información Turística y lleva su mochila, su cámara y su mapa.

Frente a la Biblioteca Pública de la Baja Silesia se encuentra Lady Wolność, la Estatua de la Libertad en versión gnoma con su antorcha y su libro. Eso sí, este tiene escrita la palabra “libertad” escrita en tres idiomas: polaco, inglés y francés.

Además, hay otro enanito un poco camuflado en una fuente en modo aspersor. Perfecta para días calurosos.

Dejando atrás los enanitos, seguimos caminando y la calle nos conduce a Krasnal WrocLovek, ya fuera de la plaza.

Se encuentra a la entrada de la plaza en que se halla la Basílica de Santa Isabel (Kosciol sw Elzbiety).

Esta iglesia es una de las dos más antiguas de la ciudad. Ya en el siglo XIII había una de ladrillo y piedra en estilo románico. Pero la actual, de tres naves, se construyó a principios del XIV siguiendo la arquitectura gótica.

En 1525 se convirtió en la primera de las iglesias de Silesia, pero cuatro años más tarde sufrió grandes daños cuando una tormenta derrumbó la torre de madera y muchos creyentes lo vieron como un castigo de Dios. La torre fue reconstruida entre 1531 y 1535, pero esta vez más pequeña.

A finales de siglo se restauró el techo con unos azulejos que forman un patrón de tablero de ajedrez rojo y verde, sin embargo, no duró mucho, pues en 1649 se derrumbó parte de la estructura que lo sostenía.

Más tarde, a principios del XIX, en el asedio de Napoleón volvió a sufrir daños en tejado y torre, por lo que tuvo que ser reconstruida de nuevo. Pero la suerte no estaba de su lado, ya que durante las obras se derrumbó una pared llevándose parte de la bóveda con ella.

Se salvó de grandes daños en la II Guerra Mundial, no así de un rayo en 1960. Este quemó el techo y la torre, que tuvieron que ser de nuevo renovados. Pero de nuevo la torre se volvió a quemar en 1945 haciendo arder también los andamiajes de madera que la rodeaban. Un año más tarde se quemó la iglesia entera.

Se volvió a comenzar su renovación en 1981 y parece que desde entonces ha tenido mejor suerte. Juan Pablo II la bendijo el 31 de mayo de 1997 y poco después se le concedió el estatus de Basílica Menor.

Se puede subir a la plataforma de observación a unos 75 metros tras subir 300 escaleras para obtener unas panorámicas de la ciudad e incluso de la región.

Nosotros, sin embargo, continuamos con nuestro recorrido, pues aún nos quedaba mucha ciudad por ver y muchos enanitos por encontrar.

Recorriendo Wrocław

Nuestro tren salía a las 09:06 y teníamos el desayuno incluido en la reserva del hotel, por lo que madrugamos, bajamos a desayunar, recogimos nuestras cosas y salimos sobre las 8 y algo camino de la estación.

En el mobiliario y decoración de la habitación se notaba que el hotel tenía unos años, sin embargo, por el contrario, la recepción y el restaurante eran bastantes modernos. Imagino que habían renovado las zonas comunes para darle un nuevo aire al hotel.

El buffet aunque no muy extenso, sí que ofrecía bastantes opciones, tanto de comida caliente como fría; dulce y salado; ligero y más contundente; zumos, té y café.

Tras cargar pilas y recoger, partimos. Nuestro destino era Wrocław, que se encuentra al suroeste de Polonia, en el Voivodato de Baja Silesia. El trayecto en tren dura apenas dos horas, por lo que a las 11 ya estábamos allí. Sin embargo, como no íbamos a pasar noche en la ciudad, sino que teníamos el hotel en Cracovia, lo primero que hicimos al llegar, fue buscar unas taquillas para dejar las mochilas e ir más ligeros.

La estación es grande, por lo que aprovechamos también para comprar unos sándwiches y bebida y así tener algo que comer en ruta si nos entraba hambre.

El tren a Cracovia lo teníamos a las 5 de la tarde, con lo que contábamos con unas seis horas para recorrer Wrocław. O Breslavia, como se llama en español. Que parece que no tiene mucho que ver con el nombre polaco, y es verdad, pero tiene su sentido. En alemán medio, Preßlau evolucionó a Breslau en alemán actual. Y como la ciudad fue alemana hasta después de la II Guerra Mundial, para nosotros tiene sentido que se haya tomado como referencia el término germano. Igual que hacemos con Dánzig/Gdańsk.

En el siglo X el rey Vratislav de Bohemia erigió un castillo y se asentó en la zona. Y ya en el año 1000 ya existía constancia de la ciudad bajo el nombre de Wrotizlawa.

Durante su historia Wrocław ha pertenecido a diferentes países. En 1241 fue saqueada por los mongoles y la población se refugió en el castillo. Por aquella época el nombre había derivado en Wrezlaw, Prezla o Breslaw.

Se refundó bajo influjo alemán y para el siglo XV ya formaba parte del Sacro Imprerio Romano Germánico siendo parte del Reino de Bohemia (Habsburgo). Pero de manos austriacas pasó a prusianas cuando, tras varias guerras, Federico el Grande se hizo con Silesia en el siglo XVIII.

En la primera mitad del siglo XIX la ciudad cobró importancia gracias al desarrollo industrial y económico y para finales de siglo, con la unificación de Alemania, era la sexta ciudad más grande del país gracias a la industria metalúrgica, a sus manufacturas del algodón y ropa, al comercio y al ser un importante nudo ferroviario.

También destacaba su universidad, uno de los centros educativos y de investigación más destacados del país.

En el siglo XX volvió a Alemania, tal y como estableció el Tratado de Versalles. Fue una de las ciudades alemanas que más apoyó a Hitler, a pesar de tener una de las comunidades judías más importantes de Alemania. En 1933 se construyó el Campo de Concentración Breslau-Dürrgoy y se trasladó a la mayoría de población judía que residía en Breslavia.

Durante la II Guerra Mundial siguió creciendo, pues quedó fuera de los bombardeos, y para 1939 ya era la ciudad alemana más grande al este de Berlín. No obstante, en 1945 el Ejército Rojo sí que pudo asediar y conquistar la ciudad, quedando prácticamente destruida y mermada de población.

Después de la guerra, Silesia volvió a Polonia y la población alemana fue deportada. Como la región quedó despoblada, se trasladaron polacos de otras partes del país, así como los que a su vez habían sido expulsados de otros territorios, como lo que hoy es Ucrania. Comenzó una nueva etapa en la que se intentó borrar cualquier vestigio alemán e incluso se le cambió el nombre por Wrocław.

No obstante, a pesar de la refundación de la ciudad y de este nuevo comienzo, en Breslavia se pueden apreciar influencias culturales y arquitectónicas de Bohemia, Austria, Hungría, Alemania y Polonia.

Comenzamos nuestra visita desde la estación tomando la calle Piłsudskiego, que nos lleva al Teatro Capitol, frente al que se encuentra el Monumento al Transeúnte Anónimo.

Es un conjunto escultórico que consta de varias personas a tamaño real en un paso de cebra. Sin embargo, el monumento no acaba ahí, sino que parece que estos misteriosos personajes caracterizados como en la década de los 70 se introducen bajo tierra y salen al otro lado de la calle.

Fue inaugurado en 2005 y ha recibido varios reconocimientos.

Muy cerca de allí, en la plac Kościuszki, buscamos el Krasnal Gazeciarz, y nos costó encontrarlo, pues estaba bien escondido.

Este simpático enanito de bronce es uno de los cientos que hay repartidos por la ciudad. Al parecer en la década de los 80 el movimiento Alternativa Naranja comenzó a grafitear enanitos como protesta política. Las autoridades los borraban, pero volvían a aparecer multiplicándose y se convirtieron en todo un símbolo que se extendió incluso a otras ciudades como Varsovia, Lodz o Lublin.

En 2005 Tomasz Moczek quiso rendir homenaje a este movimiento y colocó el primero de ellos. Desde entonces no han dejado de crecer y suponen una forma más de conocer la ciudad, pues están en cada rincón, generalmente caracterizados acorde con su geolocalización. Este, por ejemplo, está en un café.

Tienen web propia e incluso tienda, donde venden todo tipo de merchandising, incluido un mapa.

Sorprendidos por el tamaño del enanito, continuamos la calle hasta el río que bordea el centro de la ciudad. Junto a él transcurre el Promenade, construido en 1813 tras la demolición de las fortificaciones. Cuenta con un foso, tres avenidas y dos antiguos bastiones convertidos en puntos estratégicos: el Bastión Sakwowy y el Bastión Ceglarski.

En la plaza se alza el monumento ecuestre de Bolesław Chrobry.

Bolesław Chrobry fue el rey que consiguió que en el año 1000 se estableciera en Breslavia el obispado, convirtiendo así a la ciudad en capital de la región y acelerando su desarrollo.

Es el primer monumento de este estilo colocado en la ciudad tras la II Guerra Mundial y su ubicación no es fortuita. Se erige en el lugar en que hubo hasta 1945 uno del emperador Wilhelm I.

En la base de 10 metros de altura hay una inscripción en polaco, alemán y checo y un mapa de Europa del año 1000. Además está decorado con bajorrelieves. En su mano sostiene la lanza de St. Maurycego (símbolo del poder imperial).

Se supone que también en la plaza había otro enanito, pero después de minutos buscándolo, lo único que encontramos fue una marca en el suelo junto a la estación metereológica. No sé si es que se lo han cargado, o lo han retirado para algún tipo de arreglo.

Y buscando el enanito, en el parque Copérnico encontramos la otra estatua ecuestre, esta vez la de de Amor na Pegazie.

Es un monumento a Cupido montado sobre Pegaso portando el arco y el carcaj. Está hecho en bronce y se inauguró el 14 de junio de 1914.

Después del desvío en busca del enanito desaparecido, seguimos con nuestra ruta. Bordeamos la Iglesia Corpus Chisti y siguiendo la calle nos espera en la acera de enfrente el edificio de la Ópera.

Data de 1841, aunque tras un par de incendios tuvo que ser remodelada en 1865 y 1871.

No solo se ha usado para espectáculos operísticos, sino que entre 1945 y 1950 también sirvió como lugar de representaciones teatrales, de teatro de marionetas y operetas.

De nuevo se realizaron trabajos de rehabilitación entre 1977 y 2006. Hoy está considerada como una de las mejores de Europa, aunque su edificio es un tanto anodino.

En la calle opuesta se encuentra el Hotel Monopol, y frente a su fachada de la calle Świdnicka nos topamos con un enanito que no llevábamos anotado, el Krasnal Recyclinek.

Es el enanito reciclador, y allá va con su cubo de basura.

Un poco más adelante está el Krasnal Florianek, encargado de limpiar chimeneas

Siguiendo por la misma calle, tras el cruce con la Kazimierza Wielkiego, enlazamos con un tercero que no es tan difícil de ver, aunque no pensaba que perteneciera a la misma colección, ya que es diferente a los que habíamos fotografiado hasta el momento. Se trata del Papa Krasnale.

Parece que representa al Presidente del Consejo de los enanitos, algo así como Papá Pitufo. Y es el que menos me gustó de todos.

Mientras nos comíamos un sándwich, continuamos hasta el Palacio Real.

Construido en 1717 en estilo vienés se convirtió en la residencia de Federico el Grande cuando en 1750 Silesia pasó a formar parte de Prusia. Entre 1751 y 1753 se llevaron a cabo trabajos de ampliación en estilo barroco con un interior rococó. Se añadieron un ala transversal, un pasillo, una sala del trono y los aposentos privados del rey.

A finales de siglo, entre 1795 y 1796, su sobrino Federico Guillermo II realizó una nueva ampliación añadiendo las alas del lado norte, así como alguna habitación. En este caso se eligió un estilo clásico.

El ala sur fue incorporada a finales del siglo XIX con inspiración en el renacimiento florentino.

Desde 1918 el palacio pertenece a la ciudad. Quedó dañado en el asedio de 1945 y en la década de los 60 se demolió parcialmente. Tras su última renovación, alberga el museo que recoge la historia de la ciudad.

Al lado se encuentra la Iglesia de la Divina Providencia (Kościół Opatrzności Bożej we Wrocławiu), antes conocida como la Iglesia de la Corte por su proximidad al Palacio.

Esta iglesia de estilo barroco tardío fue construida en 1750 y es la sede del obispo de la diócesis luterana de Breslavia.

Y no muy lejos tenemos otro palacio. Siguiendo la calle, y girando a la primera a la izquierda llegamos al Palacio de Justicia (Sąd Okręgowy we Wrocławiu), un edificio construido en ladrillo rojo que fue diseñado como una fortaleza neogótica.

A mediados del XIX se estudió levantar una nueva prisión, pues las existentes se habían quedado pequeñas. Se decidió construir una cárcel con el Tribunal Municipal y las obras se llevaron a cabo entre 1845 y 1852. En el siglo XX fue ampliada dos veces.

En la II Guerra Mundial se quemó y tuvo que ser restaurada. En los años siguientes se dotó de personal y equipo de oficinas y lleva funcionando desde entonces.

Volvimos por la calle Krupnicza, una vía en la que sorprenden varios edificios con porte regia como el polideportivo a la orilla del río que parece un palacio, o la Galería Platón, una galería de arte.

Justo entre ambos sale la calle Pawła Włodkowica, en cuyo número cuatro se encuentra el Palacio de Ballestrem (Pałac Ballestremów).

Este Palacio construido a finales del siglo XIX a petición del presidente del Reichstag, el conde Franz Xaver von Ballestrem, quien pertenecía a una familia rica de Silesia.

Tras la II Guerra Mundial albergó la Oficina de Seguridad y después se dividió en apartamentos. Sin embargo, en las décadas posteriores el edificio quedó en el abandono y se acabó derrumbando. En 2012 un nuevo propietario llevó a cabo la renovación y ampliación del edificio. Ahora los pisos superiores están ocupados por oficinas y bufetes y en la última planta hay una sala de conferencias.

Un poco más adelante, en la acera opuesta, adentrándonos en un patio interior en el que hay un par de locales de ocio llegamos la Sinagoga de la cigüeña blanca (Synagoga Pod Białym Bocianem).

De estilo neoclásico, fue inaugurada en 1829 cuando la ciudad pertenecía a Prusia. Poco se conserva de su interior, ya que fue destruido durante la Noche de los Cristales Rotos. Sin embargo, no fue quemada como otras sinagogas de la ciudad, porque los nazis tenían miedo a que el fuego se extendiera a edificios cercanos no judíos.

Esta ciudad era a la que acudían los judíos conservadores, mientras que los liberales visitaban la Nueva Sinagoga. Al quedar destruida esta última, la de la cigüeña blanca quedó como lugar de culto para todos.

Durante la ocupación nazi se usó como almacén de los bienes expoliados a los judíos y en el patio era donde reunían a aquellos que después mandarían a campos de concentración.

Tras la guerra la sinagoga fue devuelta a la comunidad judía y se reconvirtió como lugar de culto y centro comunitario. Sin embargo, dejó de usarse para ceremonias religiosas en 1968 cuando la mayoría de los judíos abandonaron el país.

A partir de ahí ha tenido diferentes usos. En 1974 se cedió a la universidad y sirvió como biblioteca. Más tarde, en 1989, esta se la traspasó a la Academia Musical. En 1995 pasó a manos privadas y finalmente en volvió a la comunidad judía, quien, tras obras de recuperación, la reabrió en 2010 convertida en museo.

La sinagoga se emplaza en el Barrio de los 4 templos (Dzielnica Czterech Świątyń). En realidad no es un barrio en el sentido administrativo, sino más bien simbólico. El nombre surgió en 1995 y representa la unión de judíos, católicos, ortodoxos y protestantes en una misma zona. En 2005 fue reconocido en la lista de monumentos históricos por su relevancia histórica y cultural.

Se ubica entre las calles Kazimierza Wielkiego, Św. Mikołaja, Pawła Włodkowica y Św. Antoniego y en apenas 300 metros están la iglesia ortodoxa del Nacimiento de Santa Madre de Dios, la católica de San Antonio de Padua, la Sinagoga pod Białym Bocianem y la iglesia evangélica de la Divina Providencia.

Continuamos callejeando hasta nuestra siguiente parada en la ruta y nos encontramos otro patio interior en el que había varios cines que parecían abandonados (o al menos reconvertidos en locales de ocio) y decorado con coloridos graffitis.

Paseando por el barrio llegamos al cruce con la avenida Ruska, que circunvala el centro. En ella se encuentra la estación Rynek, con un diseño modernista acristalado que contrasta con la hilera de casas de colores que tiene al lado.

Muy cerca, en la calle Nicolás, se encuentra el Krasnal Lunatyk, el enanito sonámbulo.

No fue fácil de ver, pues está en una repisa sobre la puerta de un hotel. Hasta ahora los habíamos visto a ras de suelo, así que lo de buscar por encima de nuestras cabezas no entraba en nuestro planteamiento. Pero no cejamos en el empeño por encontrarlo.

Tras este primer paseo en el que habíamos ido bordeando el centro, tocaba meterse de lleno en él.

Nueva serie a la lista “para ver”: Counterpart

Reconozco que no soy muy fan de la ciencia ficción, pero cuando vi el trailer de Counterpart me gustó por su estética de thriller de espías. Y también por el giro de guion. Pero empecemos por el principio.

El piloto comienza con el día a día de Howard Silk, un hombre monótono y rutinario que cada mañana antes de ir a trabajar acude a una cafetería cercana para jugar una partida de Go. Después toma el transporte público y durante su trayecto lee una novela. Una vez en la agencia de espionaje de las Naciones Unidas en Berlín donde trabaja, entrega su móvil, se cambia de ropa y realiza sus tareas burocráticas siguiendo las pautas establecidas, por muy absurdo que parezca todo.

El espectador atiende a la sucesión de escenas sin saber muy bien a qué se dedica este anodino personaje. Todo tiene un cierto aire kafkiano. Pero lo cierto es que ni siquiera él sabe lo que hace ni por qué. Eso sí, después de treinta años siguiendo las normas cree que merece un mejor puesto, con más acción, y así se lo hace saber a su superior. Sin embargo, su jefe no lo considera lo suficientemente carismático como para ocupar un puesto en la sección de estrategia y le despacha rápido. Pronto descubre que ya han ascendido a uno de sus compañeros en su lugar.

Por tanto, continua con su vida y acude, como cada día, al hospital, a visitar a su mujer Emily, que lleva seis meses en coma tras sufrir un atropello.

Y así un día tras otro.

Sin embargo, a la jornada siguiente hay algo que pone patas arriba el mundo de Silk. A su llegada a la sede de las Naciones Unidas su pase no es válido y dos agentes de seguridad lo conducen a una sala en los sótanos donde se reunirá con su superior. Este le presenta una dimensión desconocida. Según le cuenta, durante un experimento fallido realizado en la Guerra Fría, quedó abierta una puerta a una realidad paralela a la que solo se puede acceder desde el edificio en el que trabajan. Y mientras Howard intenta asimiliar esta información, hacen entrar a un hombre encapuchado que resulta ser él mismo.

De repente el tipo gris al que le habían rechazado un ascenso por ser poco significativo se convierte en una pieza clave para el gobierno. Y es que hay alguien de una dimensión está matando a gente de la otra de forma indiscriminada y le necesitan para que su Doppelgänger ocupe su lugar y detener al fugitivo.

El otro Howard es totalmente opuesto al que ya habíamos conocido. Este tiene una personalidad más fuerte, es decidido y sí que ha ido escalando puestos, no se ha quedado en un mero subalterno. Y aquí tenemos Leit Motiv de la serie: el what if, el qué habría pasado si el primer Howard hubiera tenido algo más de arrojo que el del otro mundo, si hubiera tomado otro camino. Counterpart nos hace reflexionar en cómo nuestras decisiones y pasos condicionan nuestro futuro.

J. K. Simmons interpreta a ambos personajes con maestría. Tanto al taciturno que viste con tonos oscuros y se fija en los detalles, como al duro y directo. Asume a cada uno de los Howards dándole una porte y una actitud totalmente diferentes.

La ambientación de este universo de despachos y conversaciones secretas está muy conseguida con un tono apagado y opresivo que recuerda a los relatos clásicos de espías. Es un elemento más de la narración que sirve para introducirnos de lleno en el thriller.

Pero no hay que engañarse, no se trata solo de una serie de espionaje y conspiraciones gubernamentales con cierto toque de cine negro; sino que nos traslada a un drama humano al ahondar en la dualidad de los dos Howards.

Y es que si reflexionamos un poco tras el primer episodio nos damos cuenta de que ha sentado las bases de la serie, pero la información va apareciendo dosificada y nos deja con más preguntas que respuestas. Nos hemos metido de lleno en una intriga de la que apenas conocemos más que a sus protagonistas. Habrá que ver los 9 capítulos restantes de la primera temporada para ver si se van resolviendo las incógnitas.