Recorriendo Poznań III – Stare Miasto

Nada más llegar al centro lo que hicimos fue buscar un lugar donde comer, ya que el hambre se hacía notar. Cerca de la plaza principal había bastantes locales asiáticos, y elegimos el Kuro Sushi, un japonés. A esas horas estaba vacío, tan solo había una pareja de alemanes en la barra. La mayoría de los menús incluían sopa o fideos y a nosotros nos apetecía algo frío, así que elegimos una tabla con 36 piezas de sushi que venía variada y así tampoco teníamos que andar pensando mucho.

Cada bocado estaba más jugoso que el anterior. Era una explosión de sabor, además combinando elementos interesantes, como una salsa picante por encima de los rollitos california o los rebozados en tempura. Una gran elección. Pudimos comer tranquilos y refrescarnos un poco, pues el sol seguía pegando bien. La cuenta no llegó a 25€. Muy buena relación calidad-precio-ubicación.

Un poco más aclimatados y con las pilas cargadas, continuamos con nuestra ruta dispuestos a descubrir el centro de Poznań. Y cómo no, eso significaba dirigirnos a la Antigua Plaza del Mercado (Stare Rynek).

Como ocurre en la mayoría de las ciudades europeas, siempre hay una plaza que destaca por encima de las demás, la joya de la corona. Y la de Poznań es magnífica. Está flanqueada en todas sus caras por casitas de colores de múltiples estilos arquitectónicos que recuerdan a los diseños de los cuentos medievales.

Entre las numerosas terrazas destacan varias fuentes dispuestas en cada una de las esquinas de la plaza: la de Proserpina, la de Marte, la de Neptuno y la de Apolo. La primera de ellas del siglo XVIII y las tres restantes más recientes, aunque inspiradas en otras del XVI.

Además, entre la de Apolo y Marte se encuentra la estatua de San Juan Nepomuceno, el patrón de la ciudad.

Aunque hay edificios significativos e históricos a lo largo de la plaza, si hay uno que sobresale por encima de los demás es el Ayuntamiento (Ratusz).

Se alza en el centro de la plaza y la domina por completo. El actual edificio es de estilo renacentista tras la reconstrucción del siglo XVI. El anterior, gótico, era mucho más pequeño. Fue la residencia de las autoridades municipales hasta 1945, cuando quedó gravemente dañado. Hoy en día alberga elMuseo de Historia de Poznan (Muzeum Historii Miasta Poznania), en el que se muestra la historia de la ciudad desde el siglo X hasta el final de la II Guerra Mundial.

La parte inferior del ayuntamiento, de color blanco, contrasta con la torre de tres pisos que sale de la parte central y está coronada con el águila polaca. En la parte superior de esta torre hay un reloj y a las doce del medio día salen dos cabritos y se cornean siguiendo una leyenda de la época medieval que dice que dos machos cabríos escaparon de sus vendedores en la plaza del mercado para subir al campanario del ayuntamiento a batirse en un duelo de cabezazos.

Sin embargo esta visión de las fotos anteriores no se corresponden con lo que nos encontramos al bordearlo y enfrentar la fachada principal.

Su estilo es claramente italiano con una distribución en forma de logia de tres pisos y rematado por decoración pintada en la que se representa a diferentes reyes polacos. Frente a él se encuentra la ya mencionada Fuente de Proserpina y la picota.

Esta columna con la figura del verdugo data de 1535 y era donde se aplicaban penas y se realizaban ejecuciones.

En la parte trasera del ayuntamiento se encuentra la Waga, un edificio que en su origen servía para pesar mercancías.

El primer edificio se construyó en la segunda mitad del siglo XIII, sin embargo, fue sustituido por uno nuevo en estilo renacentista en 1534. En 1890 amenazaba con derrumbarse, por lo que fue preventivamente demolido y en su lugar se levantó un edificio que albergó la oficina del Registro y donde se celebraban bodas. Sin embargo, quedó destrozado con la II Guerra Mundial. Entre 1950 y 1960 se levantó uno nuevo siguiendo fotografías antiguas y hoy se usa como centro de cultura.

En la zona central, cerca del ayuntamiento, hay un grupito de casas que datan de la primera mitad del siglo XVI y que no tienen nada que envidiar a las casas señoriales que flanquean la plaza.

Estas casas pertenecían a gente de menor nivel adquisitivo pero tienen cierto encanto con sus arcadas renacentistas y las tiendas de artesanía y recuerdos en sus bajos. Quedaron destruidas casi por completo durante la II Guerra Mundial y tuvieron que ser reconstruidas en las décadas siguientes.

Sin duda la plaza merece más de una vuelta, pues con un primer vistazo es imposible de abarcar todos los detalles que esconde. Es un lugar emblemático de la ciudad.

Pero no nos podíamos quedar toda la tarde en ella, aún nos quedaba mucho por ver de Poznań, así que seguimos nuestra ruta encontrándonos con la Colegiata de Fara, una iglesia de estilo barroco y con un interior muy muy recargado.

 

Es jesuita y fue construida entre 1651 y 1705. Está dedicada a la Virgen del Perpetuo Socorro.

Muy cerca de ella, en la Plac Kolegiacki, se encuentra el monumento dedicado a los dos cabritos, el Pomnik Koziołków.

Fue colocado en 2002 frente a la Oficina Municipal y representa a los mismos cabritos que mencionaba de la torre. Se ha convertido en un símbolo de la ciudad, por lo que no es raro encontrar a gente haciéndose fotos con ellos.

Retrocedimos para dirigirnos al Castillo Real (Zamek Królewski).

Fue construido en el siglo XIII en lo alto de una colina y sirvió como residencia de los gobernadores de la Gran Polonia. El último rey de Polonia que vivió en la ciudad fue Premyslao II.

Ha sido destruido y reconstruido varias ocasiones, la última tras la II Guerra Mundial. Hoy alberga el Museo de Artes Aplicadas.

La columna que se ve en la foto es el monumento al décimo quinto Regimiento de Uhlans. Conmemora una acción armada de los soldados de dicho regimiento contra los bolcheviques en 1920 y 1930. El dragón tenía una estrella roja en la cabeza para simbolizar al Ejército Rojo, sin embargo, lo perdió tras la II Guerra Mundial. En su origen se encontraba junto a un cuartel, pero por petición popular se movió a un lugar más representativo.

Frente a la calle que nos conduce al castillo vemos una placa en el suelo que nos indica por dónde transcurrían las murallas de la ciudad. Junto al histórico Hotel Bazar y a la oficina consular estadounidense.

Enfrente se encuentra el Museo Nacional de Poznań (Muzeum Narodowe w Poznaniu).

El museo como tal nació como Museo Mielżyński en 1857 combinando varias colecciones históricas que se abrieron al público en 1882.

Poco más tarde, en 1894 los alemanes fundaron el primer museo alemán, el Museo Provincial, que en 1902 pasó a llamarse Museo Kaiser Friedrich (Museo del Emperador Federico III).

En 1919, tras recuperar Polonia la independencia, este museo se renombró como Museo Wielkopolska y comenzó su crecimiento. Se trasladaron las colecciones del Mielżyński y se adquirieron nuevas obras pictóricas y escultóricas. Para el período de entreguerras se dividió en tres secciones: Galería de Pintura y Escultura en el edificio del Museo Fryderyk III, el Museo Arqueológico en el edificio PTPN (antigua sede del Museo Mielżyński) y el Museo de la Naturaleza en el Jardín Zoológico.

Con la II Guerra Mundial los alemanes recuperaron su nombre originario y se apoderaron de muchas de las obras. El edificio sufrió bastante hasta 1945, lo que le hizo perder colecciones. Tras la guerra comenzaron las tareas de restauración. Así, en 1950, el Museo Wielkopolska se convirtió en Museo Nacional y en las décadas siguientes se ampliaron las colecciones y las sedes.

El edificio fue reconstruido en los años setenta y se le añadió el mosaico principal.

Bordeando el edificio se nos abre la plac Wolności, una plaza en la que destaca la Biblioteca de los Raczyński (Biblioteka Raczyńskich).

Nacida a principios del siglo XIX, se trata de la primera biblioteca pública de la ciudad.

También en la plaza se encuentra la moderna Fontanna Wolności, que, cómo no, estaba llena de gente refrescándose.

Mide aproximadamente 9 metros y pesa 700 toneladas.

Y a partir de aquí emprendimos la retirada. Aún había horas de luz, pero el calor hacía mella en nosotros, así que, buscamos un sitio donde comprar la cena y nos volvimos tranquilamente al hotel para descansar.