Recorriendo Wrocław

Nuestro tren salía a las 09:06 y teníamos el desayuno incluido en la reserva del hotel, por lo que madrugamos, bajamos a desayunar, recogimos nuestras cosas y salimos sobre las 8 y algo camino de la estación.

En el mobiliario y decoración de la habitación se notaba que el hotel tenía unos años, sin embargo, por el contrario, la recepción y el restaurante eran bastantes modernos. Imagino que habían renovado las zonas comunes para darle un nuevo aire al hotel.

El buffet aunque no muy extenso, sí que ofrecía bastantes opciones, tanto de comida caliente como fría; dulce y salado; ligero y más contundente; zumos, té y café.

Tras cargar pilas y recoger, partimos. Nuestro destino era Wrocław, que se encuentra al suroeste de Polonia, en el Voivodato de Baja Silesia. El trayecto en tren dura apenas dos horas, por lo que a las 11 ya estábamos allí. Sin embargo, como no íbamos a pasar noche en la ciudad, sino que teníamos el hotel en Cracovia, lo primero que hicimos al llegar, fue buscar unas taquillas para dejar las mochilas e ir más ligeros.

La estación es grande, por lo que aprovechamos también para comprar unos sándwiches y bebida y así tener algo que comer en ruta si nos entraba hambre.

El tren a Cracovia lo teníamos a las 5 de la tarde, con lo que contábamos con unas seis horas para recorrer Wrocław. O Breslavia, como se llama en español. Que parece que no tiene mucho que ver con el nombre polaco, y es verdad, pero tiene su sentido. En alemán medio, Preßlau evolucionó a Breslau en alemán actual. Y como la ciudad fue alemana hasta después de la II Guerra Mundial, para nosotros tiene sentido que se haya tomado como referencia el término germano. Igual que hacemos con Dánzig/Gdańsk.

En el siglo X el rey Vratislav de Bohemia erigió un castillo y se asentó en la zona. Y ya en el año 1000 ya existía constancia de la ciudad bajo el nombre de Wrotizlawa.

Durante su historia Wrocław ha pertenecido a diferentes países. En 1241 fue saqueada por los mongoles y la población se refugió en el castillo. Por aquella época el nombre había derivado en Wrezlaw, Prezla o Breslaw.

Se refundó bajo influjo alemán y para el siglo XV ya formaba parte del Sacro Imprerio Romano Germánico siendo parte del Reino de Bohemia (Habsburgo). Pero de manos austriacas pasó a prusianas cuando, tras varias guerras, Federico el Grande se hizo con Silesia en el siglo XVIII.

En la primera mitad del siglo XIX la ciudad cobró importancia gracias al desarrollo industrial y económico y para finales de siglo, con la unificación de Alemania, era la sexta ciudad más grande del país gracias a la industria metalúrgica, a sus manufacturas del algodón y ropa, al comercio y al ser un importante nudo ferroviario.

También destacaba su universidad, uno de los centros educativos y de investigación más destacados del país.

En el siglo XX volvió a Alemania, tal y como estableció el Tratado de Versalles. Fue una de las ciudades alemanas que más apoyó a Hitler, a pesar de tener una de las comunidades judías más importantes de Alemania. En 1933 se construyó el Campo de Concentración Breslau-Dürrgoy y se trasladó a la mayoría de población judía que residía en Breslavia.

Durante la II Guerra Mundial siguió creciendo, pues quedó fuera de los bombardeos, y para 1939 ya era la ciudad alemana más grande al este de Berlín. No obstante, en 1945 el Ejército Rojo sí que pudo asediar y conquistar la ciudad, quedando prácticamente destruida y mermada de población.

Después de la guerra, Silesia volvió a Polonia y la población alemana fue deportada. Como la región quedó despoblada, se trasladaron polacos de otras partes del país, así como los que a su vez habían sido expulsados de otros territorios, como lo que hoy es Ucrania. Comenzó una nueva etapa en la que se intentó borrar cualquier vestigio alemán e incluso se le cambió el nombre por Wrocław.

No obstante, a pesar de la refundación de la ciudad y de este nuevo comienzo, en Breslavia se pueden apreciar influencias culturales y arquitectónicas de Bohemia, Austria, Hungría, Alemania y Polonia.

Comenzamos nuestra visita desde la estación tomando la calle Piłsudskiego, que nos lleva al Teatro Capitol, frente al que se encuentra el Monumento al Transeúnte Anónimo.

Es un conjunto escultórico que consta de varias personas a tamaño real en un paso de cebra. Sin embargo, el monumento no acaba ahí, sino que parece que estos misteriosos personajes caracterizados como en la década de los 70 se introducen bajo tierra y salen al otro lado de la calle.

Fue inaugurado en 2005 y ha recibido varios reconocimientos.

Muy cerca de allí, en la plac Kościuszki, buscamos el Krasnal Gazeciarz, y nos costó encontrarlo, pues estaba bien escondido.

Este simpático enanito de bronce es uno de los cientos que hay repartidos por la ciudad. Al parecer en la década de los 80 el movimiento Alternativa Naranja comenzó a grafitear enanitos como protesta política. Las autoridades los borraban, pero volvían a aparecer multiplicándose y se convirtieron en todo un símbolo que se extendió incluso a otras ciudades como Varsovia, Lodz o Lublin.

En 2005 Tomasz Moczek quiso rendir homenaje a este movimiento y colocó el primero de ellos. Desde entonces no han dejado de crecer y suponen una forma más de conocer la ciudad, pues están en cada rincón, generalmente caracterizados acorde con su geolocalización. Este, por ejemplo, está en un café.

Tienen web propia e incluso tienda, donde venden todo tipo de merchandising, incluido un mapa.

Sorprendidos por el tamaño del enanito, continuamos la calle hasta el río que bordea el centro de la ciudad. Junto a él transcurre el Promenade, construido en 1813 tras la demolición de las fortificaciones. Cuenta con un foso, tres avenidas y dos antiguos bastiones convertidos en puntos estratégicos: el Bastión Sakwowy y el Bastión Ceglarski.

En la plaza se alza el monumento ecuestre de Bolesław Chrobry.

Bolesław Chrobry fue el rey que consiguió que en el año 1000 se estableciera en Breslavia el obispado, convirtiendo así a la ciudad en capital de la región y acelerando su desarrollo.

Es el primer monumento de este estilo colocado en la ciudad tras la II Guerra Mundial y su ubicación no es fortuita. Se erige en el lugar en que hubo hasta 1945 uno del emperador Wilhelm I.

En la base de 10 metros de altura hay una inscripción en polaco, alemán y checo y un mapa de Europa del año 1000. Además está decorado con bajorrelieves. En su mano sostiene la lanza de St. Maurycego (símbolo del poder imperial).

Se supone que también en la plaza había otro enanito, pero después de minutos buscándolo, lo único que encontramos fue una marca en el suelo junto a la estación metereológica. No sé si es que se lo han cargado, o lo han retirado para algún tipo de arreglo.

Y buscando el enanito, en el parque Copérnico encontramos la otra estatua ecuestre, esta vez la de de Amor na Pegazie.

Es un monumento a Cupido montado sobre Pegaso portando el arco y el carcaj. Está hecho en bronce y se inauguró el 14 de junio de 1914.

Después del desvío en busca del enanito desaparecido, seguimos con nuestra ruta. Bordeamos la Iglesia Corpus Chisti y siguiendo la calle nos espera en la acera de enfrente el edificio de la Ópera.

Data de 1841, aunque tras un par de incendios tuvo que ser remodelada en 1865 y 1871.

No solo se ha usado para espectáculos operísticos, sino que entre 1945 y 1950 también sirvió como lugar de representaciones teatrales, de teatro de marionetas y operetas.

De nuevo se realizaron trabajos de rehabilitación entre 1977 y 2006. Hoy está considerada como una de las mejores de Europa, aunque su edificio es un tanto anodino.

En la calle opuesta se encuentra el Hotel Monopol, y frente a su fachada de la calle Świdnicka nos topamos con un enanito que no llevábamos anotado, el Krasnal Recyclinek.

Es el enanito reciclador, y allá va con su cubo de basura.

Un poco más adelante está el Krasnal Florianek, encargado de limpiar chimeneas

Siguiendo por la misma calle, tras el cruce con la Kazimierza Wielkiego, enlazamos con un tercero que no es tan difícil de ver, aunque no pensaba que perteneciera a la misma colección, ya que es diferente a los que habíamos fotografiado hasta el momento. Se trata del Papa Krasnale.

Parece que representa al Presidente del Consejo de los enanitos, algo así como Papá Pitufo. Y es el que menos me gustó de todos.

Mientras nos comíamos un sándwich, continuamos hasta el Palacio Real.

Construido en 1717 en estilo vienés se convirtió en la residencia de Federico el Grande cuando en 1750 Silesia pasó a formar parte de Prusia. Entre 1751 y 1753 se llevaron a cabo trabajos de ampliación en estilo barroco con un interior rococó. Se añadieron un ala transversal, un pasillo, una sala del trono y los aposentos privados del rey.

A finales de siglo, entre 1795 y 1796, su sobrino Federico Guillermo II realizó una nueva ampliación añadiendo las alas del lado norte, así como alguna habitación. En este caso se eligió un estilo clásico.

El ala sur fue incorporada a finales del siglo XIX con inspiración en el renacimiento florentino.

Desde 1918 el palacio pertenece a la ciudad. Quedó dañado en el asedio de 1945 y en la década de los 60 se demolió parcialmente. Tras su última renovación, alberga el museo que recoge la historia de la ciudad.

Al lado se encuentra la Iglesia de la Divina Providencia (Kościół Opatrzności Bożej we Wrocławiu), antes conocida como la Iglesia de la Corte por su proximidad al Palacio.

Esta iglesia de estilo barroco tardío fue construida en 1750 y es la sede del obispo de la diócesis luterana de Breslavia.

Y no muy lejos tenemos otro palacio. Siguiendo la calle, y girando a la primera a la izquierda llegamos al Palacio de Justicia (Sąd Okręgowy we Wrocławiu), un edificio construido en ladrillo rojo que fue diseñado como una fortaleza neogótica.

A mediados del XIX se estudió levantar una nueva prisión, pues las existentes se habían quedado pequeñas. Se decidió construir una cárcel con el Tribunal Municipal y las obras se llevaron a cabo entre 1845 y 1852. En el siglo XX fue ampliada dos veces.

En la II Guerra Mundial se quemó y tuvo que ser restaurada. En los años siguientes se dotó de personal y equipo de oficinas y lleva funcionando desde entonces.

Volvimos por la calle Krupnicza, una vía en la que sorprenden varios edificios con porte regia como el polideportivo a la orilla del río que parece un palacio, o la Galería Platón, una galería de arte.

Justo entre ambos sale la calle Pawła Włodkowica, en cuyo número cuatro se encuentra el Palacio de Ballestrem (Pałac Ballestremów).

Este Palacio construido a finales del siglo XIX a petición del presidente del Reichstag, el conde Franz Xaver von Ballestrem, quien pertenecía a una familia rica de Silesia.

Tras la II Guerra Mundial albergó la Oficina de Seguridad y después se dividió en apartamentos. Sin embargo, en las décadas posteriores el edificio quedó en el abandono y se acabó derrumbando. En 2012 un nuevo propietario llevó a cabo la renovación y ampliación del edificio. Ahora los pisos superiores están ocupados por oficinas y bufetes y en la última planta hay una sala de conferencias.

Un poco más adelante, en la acera opuesta, adentrándonos en un patio interior en el que hay un par de locales de ocio llegamos la Sinagoga de la cigüeña blanca (Synagoga Pod Białym Bocianem).

De estilo neoclásico, fue inaugurada en 1829 cuando la ciudad pertenecía a Prusia. Poco se conserva de su interior, ya que fue destruido durante la Noche de los Cristales Rotos. Sin embargo, no fue quemada como otras sinagogas de la ciudad, porque los nazis tenían miedo a que el fuego se extendiera a edificios cercanos no judíos.

Esta ciudad era a la que acudían los judíos conservadores, mientras que los liberales visitaban la Nueva Sinagoga. Al quedar destruida esta última, la de la cigüeña blanca quedó como lugar de culto para todos.

Durante la ocupación nazi se usó como almacén de los bienes expoliados a los judíos y en el patio era donde reunían a aquellos que después mandarían a campos de concentración.

Tras la guerra la sinagoga fue devuelta a la comunidad judía y se reconvirtió como lugar de culto y centro comunitario. Sin embargo, dejó de usarse para ceremonias religiosas en 1968 cuando la mayoría de los judíos abandonaron el país.

A partir de ahí ha tenido diferentes usos. En 1974 se cedió a la universidad y sirvió como biblioteca. Más tarde, en 1989, esta se la traspasó a la Academia Musical. En 1995 pasó a manos privadas y finalmente en volvió a la comunidad judía, quien, tras obras de recuperación, la reabrió en 2010 convertida en museo.

La sinagoga se emplaza en el Barrio de los 4 templos (Dzielnica Czterech Świątyń). En realidad no es un barrio en el sentido administrativo, sino más bien simbólico. El nombre surgió en 1995 y representa la unión de judíos, católicos, ortodoxos y protestantes en una misma zona. En 2005 fue reconocido en la lista de monumentos históricos por su relevancia histórica y cultural.

Se ubica entre las calles Kazimierza Wielkiego, Św. Mikołaja, Pawła Włodkowica y Św. Antoniego y en apenas 300 metros están la iglesia ortodoxa del Nacimiento de Santa Madre de Dios, la católica de San Antonio de Padua, la Sinagoga pod Białym Bocianem y la iglesia evangélica de la Divina Providencia.

Continuamos callejeando hasta nuestra siguiente parada en la ruta y nos encontramos otro patio interior en el que había varios cines que parecían abandonados (o al menos reconvertidos en locales de ocio) y decorado con coloridos graffitis.

Paseando por el barrio llegamos al cruce con la avenida Ruska, que circunvala el centro. En ella se encuentra la estación Rynek, con un diseño modernista acristalado que contrasta con la hilera de casas de colores que tiene al lado.

Muy cerca, en la calle Nicolás, se encuentra el Krasnal Lunatyk, el enanito sonámbulo.

No fue fácil de ver, pues está en una repisa sobre la puerta de un hotel. Hasta ahora los habíamos visto a ras de suelo, así que lo de buscar por encima de nuestras cabezas no entraba en nuestro planteamiento. Pero no cejamos en el empeño por encontrarlo.

Tras este primer paseo en el que habíamos ido bordeando el centro, tocaba meterse de lleno en él.

5 comentarios en “Recorriendo Wrocław

  1. Pingback: Preparativos de nuestro viaje a Letonia, Lituania y Polonia | Una cosa te voy a decir
  2. Pingback: Datos sobre Polonia | Una cosa te voy a decir
  3. Pingback: Recorriendo Wrocław II – Stare Miasto | Una cosa te voy a decir
  4. Pingback: Conclusiones de nuestro viaje por Letonia, Lituania y Polonia | Una cosa te voy a decir
  5. Pingback: Resumen viajero 2017 | Una cosa te voy a decir

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .