Recorriendo Wrocław II – Stare Miasto

Desde el enanito sonámbulo nos adentramos hacia el centro. Continuamos a la Plaza de la Sal (Plac Solny), que normalmente acoge el mercado de las flores, pero que parece que estaban preparando algún tipo de acto o evento, pues habían simulado una especie de playa.

Se cree que esta plaza se construyó en 1242 durante la invasión de los mongoles bajo el nombre de Polnischer Markt (Mercado Polaco), Salzring (Mercado de la sal) o Salzplatz (Plaza de la sal).

En 1827 se colocó en la plaza una estatua del marsical de campo Blücher y se renombró como Blücherplatz. Sin embargo, hoy no queda nada de este monumento, ya que se destruyó en la II Guerra Mundial. Pasó entonces a llamarse Plaza del Pueblo.

Pese a ser histórica, no es tan atractiva como pudiera ser una plaza principal. Sí que hay una parte con hilera de casitas de colores, pero sin más. Quizá destaca un poco más el edificio de la Antigua Bolsa (Stare Gieldy), de 1822 y estilo neoclásico.

En el siglo XV los ciudadanos de Breslavia quemaron objetos lujosos influenciados por los sermones de un franciscano. Y como recordatorio de aquel acto, en 1996 se erigió un obelisco en la plaza que simula una llama de fuego. O eso dicen.

Bajo la plaza hay un refugio con capacidad de 300 personas en unos 1000 metros cuadrados. Durante la guerra tenía sus propias letrinas, alcantarillado y dos salidas. Ahora una de ellas se ha convertido en un baño de mujeres.

La plaza nos conduce a la principal, la Plaza del Mercado (Rynek). Es el centro neurálgico. Y es que no podía faltar el lugar en torno al que se articula la ciudad. Wrocław perteneció a la Liga Hanseática y fue un importante centro comercial, así, era en ella donde confluían las principales rutas comerciales de Europa, entre ellas la Vía Regia y la Ruta del ámbar.

Esta plaza, que con sus dimensiones de 213 x 178 metros es una de las más grandes de Europa, sigue la misma tónica de las que estábamos viendo en el viaje. Está flanqueada por edificios de colores de diferentes estilos (renacentistas, góticos, barrocos…) y en su centro se erigen el ayuntamiento así como edificios de viviendas. No fue destruida durante la II Guerra Mundial, por lo que es una auténtica joya.

Hay uno de los lados de la plaza que es el que tiene las casas mejor conservadas.

En el número 2 se encuentra la la Pod Gryfami, que cuenta con una fachada renacentista y detalles manieristas.

En el 6, se alza la Pod Złotym Słońcem con una fachada de estilo barroco, que hoy en día es el Museo de Pan Tadeusz.

En ella fue donde se llevaron a cabo las conversaciones de paz en 1742 que condujeron al fin de la I Guerra Silesiana. También, en 1813 Federico Guillermo III, rey de Prusia, dio el discurso “A mi ejército”, llamando a los soldados y civiles a la lucha contra Napoleón.

Al lado, en el número 7 se encuentra el Pod Błękitnym Słońcem, que también es un pasaje comercial con techo de cristal.

A su izquierda, en el 8, se halla la Siedmiu Elektorów, que cuenta con una fachada ricamente decorada y un llamativo color amarillo.

En 1527, durante la visita del futuro emperador Fernando I de Habsburgo, las casas de los edificios 6, 7 y 8, fueron juntadas para establecer la sede de su corte.

Las casas originales de los números 9 al 11 fueron destruidas y en su lugar se construyó en 1931 un edificio que contrasta claramente con los anteriores. No solo por su altura, sino también por su diseño. Ahora está ocupado por un banco. Y en su fachada nos encontramos con un simpático enanito sacando dinero, el Krasnal Wypłatnik.

Pese a la relevancia de esa hilera de edificios, a mí no fue la que más me gustó. Y es que aunque haya un lado que conserve las casas más históricas, no hay que despreciar el resto de la plaza, que es espectacular.

Eso sí, lo único que choca es la Fontanna Zdrój demasiado moderna.

Frente a la fuente, delante de una tienda de recuerdos se encuentra el Krasnal Suverinek, el enanito que nos ha comprado un souvenir. ¡Más majo!

Se colocó en 1996 y en teoría solo iba a estar dos años en la plaza, sin embargo allí se quedó y hoy se ha convertido en punto de encuentro. También para refrescarse, como no podía ser menos teniendo en cuenta las temperaturas que estábamos encontrando.

Continuamos paseando por la plaza en dirección al Ayuntamiento, y nos topamos con el Monumento a Alexander Hr. Fredo.

Fue un escritor que luchó en el ejército polaco durante las Guerras Napoleónicas. Comenzó a su carrera literaria después, en 1817, dedicándose a comedias basadas en la nobleza polaca.

En una de las casas que se encuentran detrás, en la que hace esquina, se halla la tienda de los Krasnale.

Y un poco más adelante de la tienda, junto a la maqueta del ayuntamiento, hay un grupo de enanitos discapacitados: el sordo, el ciego y uno en silla de ruedas. Son Ślepak i Głuchak.

Juntos patrullan la ciudad en busca de barreras arquitectónicas que les dificulten la vida. Intentan cambiar la forma de pensar sobre las personas con discapacidad y los alienta a ser más activos.

El Ayuntamiento (Ratusz), del siglo XIII y estilo gótico burgués, es espectacular.

Para su construcción se necesitaron 250 años, por lo que el proyecto sufrió varios cambios y se fueron modificando tanto la estructura como la planta.

En su día contaba con una una sola planta con sótanos y una torre. Entre 1328 y 1333 se le añadió una nueva planta para alojar la Sala del Consejo y la de los Concejales. Durante el siglo XIV se añadieron además nuevas estancias puesto que el ayuntamiento se estaba convirtiendo en un lugar esencial para el comercio y administración de la ciudad.

En los siglos siguientes siguieron las ampliaciones, puesto que Breslavia era cada vez más próspera y se precisaba de edificios que cubrieran sus necesidades. Entre 1470 y 1510 se añadieron nuevas salas, se colocó una nueva bóveda en el Salón de los Burgueses y se construyó el Gran Salón.

En 1536 se añadió el escudo de la ciudad. Y unos años más tarde, entre 1558 y 1589 se llevaron a cabo las obras para reconstruir la parte superior de la torre.

Pero la ciudad seguía creciendo y el ayuntamiento debía asumir más funciones administrativas, por lo que tendría que alojar nuevas oficinas. Así pues, en el siglo XVII se hizo una reasignación del espacio en la que la planta baja se dejó para uso militar mientras que el sótano era el único espacio al que podía acceder el público.

En la segunda mitad de siglo la ciudad cayó en decadencia y se notó en el ayuntamiento. Aunque para compensarlo, se realizaron trabajos de decoración en el interior. Con la pertenencia de Breslavia a Prusia el edificio se destinó a la Administración de Justicia.

En el siglo XIX se trasladaron los juzgados y se llevaron a cabo diversas renovaciones para recuperar el lustre que había tenido el edificio en épocas anteriores. Además se le añadió decoración escultórica neogótica.

Durante el siglo XX continuaron las renovaciones, reparaciones y adiciones, como por ejemplo la de la estatua del Pequeño Oso.

En 1930 dejó su función administrativa y se convirtió en museo.

La II Guerra Mundial lo dejó bastante tocado. Los techos se habían dañado seriamente y como consecuencia se habían perdido algunas esculturas. En 1950 se comenzó la reconstrucción que duró prácticamente todo el siglo.

Actualmente acoge el Museo de Arte Burgués y acoge la celebración de muchos eventos culturales.

Junto al Ayuntamiento se alza la Picota (Pręgierz), una columna de piedra en la que se exponía a los criminales y las cabezas o cuerpos de los condenados.

Realmente esta que vemos hoy en día es una réplica de la 1492. Originalmente se trataba de un poste de madera.

Junto a una farola se encuentra una estatua bastante reciente, la de Leszek Cichoński, que fue colocada en abril de 2017.

Con la guitarra en alto, representa al organizador de un festival que se organiza todos los años en la plaza.

Muy cerca de la plaza, en la calle Świdnicka, se encuentran dos enanitos empujando una bola desde lados opuestos. Son los Krasnale Syzyfki.

Al parecer están ayudando en las renovaciones urbanas, pero parece que no se dan cuenta de que se entorpecen el uno al otro.

También en la misma calle se localiza Capgeminiusz Programista, el enanito programador.

Como no podía ser menos, se halla cerca del Starbucks. Dónde iba a estar si no un gnomo con ordenador…

La misma calle nos conduce a la Catedral de Santa María Magdalena (Kosciol pw sw Marii Magdaleny).

De estilo gótico tardío, es bastante sencilla, tanto por fuera como por dentro. Se erige en el lugar en que ya existía una iglesia en el siglo XI. Esta, que fue destruida en 1241 con la invasión de los mongoles fue sustituida por otra de estilo románico-gótico que acabó quemada.

Esta que vemos hoy en día, más grande que aquellas, data de 1342, aunque las torres se añadieron ya en el siglo XV. Aunque sus cubiertas se cambiaron un siglo más tarde, cuando la iglesia ya pertenecía al ayuntamiento.

El 23 de de marzo de 1887, durante la celebración del 90 cumpleaños del emperador Guillermo I se encendieron fuegos artificiales desde la torre norte con tal mala suerte que destruyeron la torre y las campanas. La reconstrucción se realizó entre los años 1890 y 1892.

En el siglo pasado, durante la II Guerra Mundial, las torres sufrieron un nuevo incendio. se vieron dañadas como consecuencia del fuego. El 17 de mayo de 1945 la torre sur se partió, la campana acabó destruida y el puente entre las torres se derrumbó como consecuencia de una explosión. También sufrió el portal principal, lo que provocó que se perdieron valiosas esculturas que lo adornaban. Hasta la década de los 60 no se llevarían a cabo tareas de reconstrucción.

El Puente de Penitentes es una pasarela que conecta ambas torres a una altura de 45 metros. Según la leyenda por él caminaban en penitencia los espíritus de las mujeres jóvenes que, en vez de cuidar de sus niños y de su casa, habían preferido irse con hombres. Qué desvergonzadas, oye.

En las escaleras de la iglesia nos encontramos un nuevo enanito. Que viendo que todos guardaban relación con su localización, lo lógico sería que hubiera sido un enanito religioso. Pero no, se trata del Krasnal Motocyklista, el primer gnomo motorizado.

La idea de crear un enanito motorista partió de los Wratislavia Bikers, una asociación de moteros. Su autora es Matylda Mika.

En la acera de enfrente está el Krasnal Klucznik, quien porta una llave.

Es la llave del subsuelo, de la ciudad escondida bajo tierra y tan solo él puede usarla.

Girando a la izquierda, en la Wita Stwosza 1-2, se hallan otros dos enanitos, Ciastuś i Amorinek.

Uno de ellos ha trepado hasta el alféizar de la ventana de una heladería y su compañero le ha atado una bandeja de postres al otro lado de la cuerda para que los suba.

En la esquina de la calle Kuźnicza con Wita Stwosza, junto a la joyería, encontramos al siguiente, al enanito herrero, Krasnal Kowal.

Es el encargado tanto de la creación de joyas como de artesanía de orfebrería, utensilios de hogar o espadas y armaduras. No hay encargo de la ciudad que no pase por sus manos.

Y muy cerca, tomando la calle Kuźnicza, en el alféizar de la cafetería Mr. Croissant, se encuentra el Krasnal Rogalik, que, como no podía ser menos, va cargado de croasanes.

Volvimos sobre nuestros pasos y volvimos a la Plaza del Mercado para seguir bordeándola. Allí encontramos al Krasnal Obieżysmak.

Es el más glotón de los enanitos. Está extendido sobre un plato frente al Pizza Hut. Parece que se ha puesto hasta reventar, tal y como muestra su tripa. Una tripa que, por cierto, se dice que si se frota trae felicidad y el viaje de tus sueños, de ahí que muestre un color diferente al resto del cuerpo.

Aún nos quedaban un par más de Krasnale en la plaza. Por un lado el Krasnal Turysta, que, como no podría ser menos, está delante de Información Turística y lleva su mochila, su cámara y su mapa.

Frente a la Biblioteca Pública de la Baja Silesia se encuentra Lady Wolność, la Estatua de la Libertad en versión gnoma con su antorcha y su libro. Eso sí, este tiene escrita la palabra “libertad” escrita en tres idiomas: polaco, inglés y francés.

Además, hay otro enanito un poco camuflado en una fuente en modo aspersor. Perfecta para días calurosos.

Dejando atrás los enanitos, seguimos caminando y la calle nos conduce a Krasnal WrocLovek, ya fuera de la plaza.

Se encuentra a la entrada de la plaza en que se halla la Basílica de Santa Isabel (Kosciol sw Elzbiety).

Esta iglesia es una de las dos más antiguas de la ciudad. Ya en el siglo XIII había una de ladrillo y piedra en estilo románico. Pero la actual, de tres naves, se construyó a principios del XIV siguiendo la arquitectura gótica.

En 1525 se convirtió en la primera de las iglesias de Silesia, pero cuatro años más tarde sufrió grandes daños cuando una tormenta derrumbó la torre de madera y muchos creyentes lo vieron como un castigo de Dios. La torre fue reconstruida entre 1531 y 1535, pero esta vez más pequeña.

A finales de siglo se restauró el techo con unos azulejos que forman un patrón de tablero de ajedrez rojo y verde, sin embargo, no duró mucho, pues en 1649 se derrumbó parte de la estructura que lo sostenía.

Más tarde, a principios del XIX, en el asedio de Napoleón volvió a sufrir daños en tejado y torre, por lo que tuvo que ser reconstruida de nuevo. Pero la suerte no estaba de su lado, ya que durante las obras se derrumbó una pared llevándose parte de la bóveda con ella.

Se salvó de grandes daños en la II Guerra Mundial, no así de un rayo en 1960. Este quemó el techo y la torre, que tuvieron que ser de nuevo renovados. Pero de nuevo la torre se volvió a quemar en 1945 haciendo arder también los andamiajes de madera que la rodeaban. Un año más tarde se quemó la iglesia entera.

Se volvió a comenzar su renovación en 1981 y parece que desde entonces ha tenido mejor suerte. Juan Pablo II la bendijo el 31 de mayo de 1997 y poco después se le concedió el estatus de Basílica Menor.

Se puede subir a la plataforma de observación a unos 75 metros tras subir 300 escaleras para obtener unas panorámicas de la ciudad e incluso de la región.

Nosotros, sin embargo, continuamos con nuestro recorrido, pues aún nos quedaba mucha ciudad por ver y muchos enanitos por encontrar.

4 comentarios en “Recorriendo Wrocław II – Stare Miasto

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