Serie Terminada: Orphan Black

Cuando vi el piloto de Orphan Black quedé enganchada automáticamente ante la historia de dobles idénticos y robos de identidades. Así que, cuando supe que habían puesto fecha final a la serie estaba deseando ver del tirón sus cinco temporadas para ver si cumplía las expectativas del primer episodio. Y vaya si cumple. Espectacular. Hacía tiempo que no veía una serie que me tuviera tan enganchada (The Good Wife me gustó, pero son de temáticas diferentes y no se pueden comparar).

Recordemos que el argumento gira en torno a Sarah Manning, quien ve cómo una mujer se tira a las vías del tren y que cuando se acerca a robarle el bolso descubre que es idéntica a ella. Dado que su vida es un auténtico caos (consecuencia de los trapicheos en los que está metida), decide suplantar la identidad de la suicida esperando cambiar así su suerte. Sin embargo, la fallecida (que resulta ser policía) no tenía una vida de rosas y Sarah acaba descubriendo que no es la única mujer que se le parece.

A partir de ahí Sarah intentará no solo averiguar quién era la detective Beth Childs, sino quién es ella misma, para quizás así encontrar el nexo de unión o descubrir si ella también es una copia. Por el camino conocerá a más clones y un peligro en ciernes: alguien las quiere muertas. La serie entra en una espiral trepidante plagada de acción y thriller mezclados con conspiraciones, secretos, sangre, humor, drama y ciencia ficción.

Acompañamos a la protagonista a desenredar la madeja. Pero en realidad la cosa no deja de complicarse a medida que avanzan los capítulos y vamos descubriendo nuevas clones como Alison o Cosima. La primera de ellas podría apellidarse Van de Kamp. Es la típica ama de casa de las afueras que colabora con la parroquia, con el equipo de fútbol de sus hijos, que hace manualidades y organiza la feria anual del pueblo. No tiene nada que ver con Sarah, que nació en Londres y fue adoptada por una irlandesa que se la llevó a vivir a Canadá. Cosima es científica y siendo lesbiana y hippie no podría ser de otro sitio que de San Francisco. Es la clon inteligente y tiene un aura de positivismo que también contrasta con el carácter de Manning, mucho más pasota y negativa.

Todas se parecen físicamente, claro, pues están interpretadas por la misma actriz, Tatiana Maslany, pero sus personajes no podrían ser más diferentes. Es impresionante el trabajo de Maslany para interpretar no solo a estos tres caracteres sino a los que vendrán. Apenas hay caracterización más allá del peinado o el estilismo de cada una, pero consigue dotar a cada clon de su manera de andar, de sus movimientos, de sus tics, de sus matices y peculiaridades, de sus expresiones, de su forma de hablar. Y no se trata solo de una cadencia, de poner la voz más aguda o grave, es que además se mueve en una buena variedad de acentos. Todos estos pequeños detalles otorgan a cada una su propia identidad y hacen que nos creamos todos y cada uno de los personajes.

Esta compleja serie es posible gracias a Maslany, en quien recaen fácilmente el 90% de las escenas. Y no siempre sola, pues muchas veces comparten espacio varias de las clones, momento en que se hace más patente aún lo bien configurado que está cada una de las clones, llegando a olvidar que es la misma actriz quien asume todos los roles. Y para rizar más el rizo aún, es capaz de interpretar a una de ellas haciéndose pasar por otra sin desdibujar a ninguna. Increíble e Impresionante.

Aunque Sarah encontrará un buen apoyo en Alison y Cosima para sus investigaciones, su principal hombro es Félix, que también fue adoptado por la Señora S. Félix vive en un loft y responde a muchos clichés de un artista estrafalario y extravagante pero se le puede perdonar porque la química que tienen ambos actores aporta frescura, humor y sarcasmo a la serie. Y no solo en el dúo Félix-Sarah, sino que alcanza sus mejores momentos cuando es Félix-Alison. Esta combinación consigue añadir una vis cómica en medio de tanta conspiración, de tanto momento sangriento y tanto drama. Aunque el tándem formado por el matrimonio Hendrix (Alison y Donie) le va quitando el puesto a medida que avanza la serie. Y es que los personajes crecen a medida que pasan los capítulos y que todo se va enredando más. Nunca decae, siempre mantiene al espectador en tensión sin saber qué giro vendrá a continuación.

Otro personaje de confianza de Sarah que va adquiendo protagonismo en la serie es Art Bell, el compañero de Beth en la policía. No empiezan del todo bien, pues él ve algo raro en Beth, pero una vez que Sarah le pone al tanto de la situación, se convierte en un buen aliado no solo suyo, sino de todas las clones.

En la primera temporada en realidad no se aclara nada, solo nos sirve para darnos cuenta de que hay algo mucho más complejo detrás de toda la historia de la clonación. Conocemos a Rachel, una nueva clon, aunque esta sin embargo se diferencia de las demás en qué sabe desde pequeña que lo es y pertenece a la corporación que va detrás de todas ellas.

Y aún nos queda por ver en acción a Helena, la taradísima (y fantástica) Helena, educada en un convento ucraniano y a la que han vendido la idea de que ellas es la original y el resto son sus copias.

La trama va ramificándose a lo largo de las temporadas y no hay que perder detalle para no salirse de la historia entre intereses empresariales, neolucionistas, sectas religiosas, proyectos militares-biológicos e investigación científica con el genoma humano. Las clones se ven inmersas en una enorme maraña corporativa de la que solo pueden salir si se unen. Y es que aunque la serie va de la ética y la moral en la experimentación científica, en el fondo, el tema destacado es la familia. Sarah lo daría todo por su familia. Por su madre adoptiva, esa Señora S. con un par de ovarios bien puestos; por su hermano Félix; y, sobre todo, por su hija Kira. Y no duda en ampliar esa red familiar incluyendo a sus hermanas y luchando por salvarlas.

La vida de Alison también gira en torno a su familia. A su matrimonio con un tipo soso y cobarde pero que en el fondo es buena persona, a sus hijos adoptivos y a la comunidad en la que vive. No duda en convertirse de alguna manera en la madre de todas contactando periódicamente con ellas y asegurándose de que están bien. Incluso las acoge en su casa.

Cosima tiene a sus padres lejos y su núcleo familiar es más pequeño, pero cuenta con Delphine, su novia y con Scott, compañero de investigaciones que se convierte en imprescindible.

Incluso la malvada Rachel tiene su red de seguridad en Dyad.

La más solitaria es Helena. Ella va por libre, es más de defender y ayudar a sus sestras que de dejarse ayudar. Pero también acaba arropada por todas las clones, pues pese a su carácter arisco, hay que quererla.

Viendo lo diferente que son cada una de las clones se pone sobre la mesa otra discusión filosófica interesante: la dicotomía entre lo innato en el ser humano y lo aprendido por el entorno. El carácter vs el condicionamiento social. Indudablemente cada una de ellas es un individuo independiente que ha tomado un camino y ha forjado una personalidad en función de sus experiencias vividas.

Sin embargo, a pesar de ser una serie original, de contar con una magnífica actriz protagonista y de plantear temas éticos que dan que pensar, también tiene algún punto flojo. Mientras que las clones y su entorno más próximo está muy bien dibujado, por el contrario hay algunos villanos que están menos trabajados. Supongo que porque tienen menos recorrido y los guionistas les han dedicado menos tiempo recurriendo en muchos casos a estereotipos.

También hay alguna trama secundaria cogida con pinzas, como la de Adele, la hermana biológica de Félix. Entiendo que quisieron ampliar el universo del personaje más allá de Sarah, pero realmente no aporta mucho.

Lo que no se le puede negar a la serie es que engancha, y, por si todo lo mencionado anteriormente fuera poco, en parte se lo debe al rimo sin descanso de cada uno de sus capítulos. Cuando tienes una serie de 10 episodios por temporada no te puedes entretener en minucias, sino que la trama tiene que avanzar sin descanso. Lo que no significa que la historia no cuente con su base y su coherencia. Parece que tenían bien claro en qué querían centrar cada temporada y cómo iba a ser el arco argumental durante todo el metraje.

Además tiene mucho trabajo de postproducción como consecuencia de escenas en las que intervienen varios clones. Hay veces que simplemente están en una misma estancia y no comparten plano, pero otras en las que sí y además se tocan. Y cuando tu serie se basa en esos personajes, tienes que saber hacerlo bien.

Cuesta dejar ir una serie así. Tan entretenida, dinámica, con acción y peligro, con drama y humor negro, con momentos tiernos, otros duros, sangrientos e incluso gores. Y sobre todo con momentos de amistad y sororidad. Porque detrás de todo está la lucha de las protagonistas por su supervivencia siendo libres e independientes. Cada una busca encontrar su propio camino superando sus miedos, adicciones, problemas o enfermedades.

Orphan Black apela a una “galaxia de mujeres” (como dice Félix) que toma las riendas de su vida. Sean buenas, malas, madres, hijas, amas de casa, científicas, heterosexuales, homosexuales o bisexuales, temerarias, dulces, responsables, peligrosas… Da igual, siempre están en primera línea de sus propias vidas. Los hombres que las rodean están para ayudar, colaborar y no para salvarlas cual damiselas en apuros.

Cuesta despedirse de una serie que era como una matrioshka, una serie con miniseries: la científica y conspiranoica, la comedia negra de la familia perfecta de clase media de barrio residencial, la policíaca, el thriller de barrio marginal… Pero sobre todo cuesta decir adiós a las sestras, a la impulsiva Sarah, a la neurótica Alison, a la salvaje Helena, a la dulce Cosima, a malvada Rachel e incluso a Tony, que apenas salió en un par de capítulos o a la hilarante Krystal.