Recorriendo Cracovia

Llegamos a la penúltima parada de nuestro viaje: Cracovia, una de las ciudades más grandes, antiguas e importantes del país.

Según los historiadores, parece que ya en el Paleolítico había asentamientos en la colina de Wawel. Aunque el nombre de la ciudad se cree que viene de Krakus (Krak, Grakch), el jefe de la tribu eslava de los vistulanos que se instaló en el siglo VI.

Cracovia ya aparece en escritos del año 966 como importante centro comercial y en el siglo XI también se había convertido en el primer foco del cristianismo en Polonia teniendo incluso obispo. Debido a la relevancia que había ido adquiriendo, Casimiro I en 1038 decidió que Cracovia fuera la capital y mandó construir la Catedral.

La ciudad tuvo que ser reconstruida en el siglo XIII después de quedar devastada como consecuencia de las invasiones tártaras. Pero recuperó su poderío en 1364 bajo el mandato de Casimiro III. No solo era importante centro comercial, político y científico, sino también cultural, pues se fundó la Universidad (la segunda universidad más antigua de Europa por detrás de la de Praga).

 

La Liga Hanseática también favoreció su crecimiento, así como el matrimonio de Eduviges con el gran duque de Lituania, de la dinastía Jagellón, que conllevará al nacimiento de la República de las Dos Naciones. Esta alianza convertirá tanto a Polonia como a Lituania en dos grandes potencias.

En el siglo XV, no obstante, Cracovia vivió tiempos difíciles con las guerras contra los alemanes, lo que la hizo perder fuerza y además debilitó al país. Así, en el siglo XVI el poder económico se trasladó a Poznań y Polonia comenzó a abrirse hacia el mar Báltico buscando otras alternativas. Cracovia ya no era importante y Segismundo III decidió trasladar la capitalidad en 1596 a Varsovia, que además estaba más céntrica. Aún así, Cracovia no perdió toda la relevancia, ya que siguió siendo el lugar para coronar a los monarcas del país.

En el siglo XVII los Vasa fueron derrocados y los rusos ocuparon Polonia. Más tarde llegarían los suecos que invadirían el país y saquearían Cracovia.

Polonia se fue recuperando poco a poco, pero en 1772 fue repartida entre Rusia, Austria y Prusia. En 1784 pasó a manos de Prusia, y en 1792 a las rusas. Un año más tarde sería de nuevo dividida, esta vez entre Rusia y Prusia, quedando Cracovia en el lado ruso. Pero lo peor llegó en 1795 cuando Polonia desapareció como país. Esta sucesión de guerras, repartos e invasiones conllevaron a que Cracovia, al igual que el país, quedara empobrecida y despoblada.

En el XIX Cracovia pasó a pertenecer a El Gran Ducado de Varsovia creado por Napoleón tras derrotar a Prusia. Sin embargo, con el Congreso de Viena en 1815, Polonia se volvió a dividir entre austriacos, prusianos y rusos, así que la ansiada independencia con la que soñaban los polacos no se hizo realidad. No obstante, Cracovia sí que consiguió ser reconocida como Ciudad Libre de Cracovia. Aunque lo cierto es que le duró poco, pues en 1846 volvió a Austria y después al Imperio Austrohúngaro. En esta etapa Cracovia recuperó relevancia y se convirtió en el principal centro cultural polaco.

Durante la I Guerra Mundial Cracovia fue la ciudad escogida por los alemanes para establecer su Cuartel General. Aunque tras esta, pasó a formar parte de la nueva Polonia independiente.

En la II Guerra Mundial quedó bajo dominio nazi, quienes intentaron germanizarla. Así, se expulsaron a los judíos y polacos de la ciudad y se renombraron nombres de calles y lugares para borrar cualquier pasado polaco y convertirla en una ciudad históricamente alemana. Gracias a esto quizá no quedó tan dañada como otras del país, pues no fue bombardeada.

En 1945 Cracovia quedó liberada cuando el ejército soviético entró en la ciudad y derrotó a los nazis. Nació así a República Popular de Polonia.

En la etapa soviética se convirtió en un importante centro industrial con la mayor planta siderúrgica del país, la fábrica Siderurgia Lenin, en el barrio Nowa Huta. Gracias a esta industria la población comenzó a crecer considerablemente.

Hoy es una ciudad moderna, una de las que más turistas recibe de toda Europa quizá gracias a su buena comunicación por ferrocarril con otras ciudades europeas como Praga, Viena y Budapest. Está reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978 y, como decía, conserva gran parte de su legado histórico y arquitectónico gracias a que en las dos guerras no sufrió grandes daños. La parte histórica de Cracovia se concentra en la Ciudad Vieja (Stare Miasto) y en Kazimierz, el barrio judío.

Pero no todos los visitantes acuden para descubrir la arquitectura de la ciudad, sino que Karol Wojtyla mueve masas. Antes de convertirse en el Papa Juan Pablo II en 1978 (primer Papa no italiano desde 1522), había sido arzobispo de Cracovia, por lo que la ciudad se ha convertido en un lugar de peregrinación y hay numerosos lugares en los que se hace referencia a su figura. Aunque en realidad es raro no encontrar algún monumento por todo el país.

La zona más importante de Stare Miasto queda bordeada por el Parque Planty, un espacio verde que ocupa el lugar en que se erigía la muralla.

Esta fortaleza comenzó a construirse en el siglo XIII y se amplió y reforzó con el paso del tiempo. Llegó a tener 39 torres y un foso de más de 6 metros de ancho. Fue en el siglo XX, cuando la ciudad comenzó a crecer, que la muralla se sustituyó por este pulmón verde de 21 hectáreas y 8 kilómetros de longitud. En el parque podemos encontrar estatuas, fuentes, espacios de ocio, así como edificios históricos. Además, sirve como nexo de unión de más de 30 parques.

Comenzamos nuestra visita dirigiéndonos hasta este parque, para ello nos situamos en la Plaza Jana Matejki, que queda delimitada por la Iglesia de San Florián y la Barbacana.

La Iglesia de San Florián data del siglo XIII, aunque el aspecto actual se debe a varias reconstrucciones, una de ellas debido a un incendio en 1306. El aspecto barroco que tiene hoy en día se debe a la restauración de la segunda mitad del siglo XVII. Aunque en el siglo XVIII también se aportó algún detalle más.

Según la leyenda, los bueyes que tiraban del carro que llevaba el cuerpo del santo a la Catedral se detuvieron en las afueras y solo volvieron a moverse cuando el príncipe y el obispo prometieron construir una iglesia en ese lugar. Florián es el patrón de los bomberos, porque fue un soldado romano convertido en mártir por morir defendiendo la fe cristiana.

La plaza fue diseñada en el siglo XIX y en ella se encuentra la Academia de Bellas Artes, construida entre 1879 y 1880.

Pero sobre todo destaca el Monumento a Grunwald (Pomnik Grunwaldzki).

Se inauguró en 1910 con motivo del 500 aniversario de la Batalla de Grunwald, una de las batallas más importantes de la historia de Polonia en la que se venció a la Orden Teutónica. Se trata de un monumento ecuestre de Władysław II Jagiełło, el rey polaco y comandante jefe del ejército de aquella batalla de 1410. En su mano izquierda sostiene la brida del caballo y en la derecha, una espada.

En 1939 los alemanes volaron la base del monumento con dinamita. No fue reconstruido hasta 1972 siguiendo fotografías y un modelo en miniatura conservado en el Museo Histórico. Se volvió a colocar en 1976 con un helicóptero y se retransmitió incluso por televisión.

Frente a él se ubicó la Tumba del Soldado Desconocido, que, dadas las fechas que se conmemoraban, estaba llena de flores.

La plaza nos conduce, como decía más arriba, a la Barbacana (Barbakan), la parte más interesante que se conserva del antiguo sistema defensivo medieval de Cracovia. No en vano es una de las pocas construcciones de su estilo que se conservan en Europa.

Fue construida en 1499 en estilo gótico para salvaguardar la ciudad de los ataques otomanos. Cuenta con una planta circular de 25 metros de diámetro que está rodeada por un muro de piedra y ladrillo de 3 metros de ancho. A la vez, está aislada por un foso.

Originalmente, había un pasadizo que la conectaba con la Puerta de San Florián, probablemente la que fuera la principal de la muralla. Así, servía como punto de control de acceso a la ciudad. Hoy, la puerta se encuentra separada.

Tiene forma de torreón y data del siglo XIII, aunque con el paso del tiempo se le añadieron detalles. En el siglo XIV era de piedra caliza y más baja. En el siglo XV se le añadió la planta superior.

La parte exterior está decorada con un águila, mientras que la parte interior, la que da al casco histórico, está decorada con un bajorrelieve barroco de San Florián, que está extinguiendo un fuego que está arrasando un pueblo con una jarra de agua.

Tras cruzar la puerta, nos adentramos en la Vía Real, compuesta en primer lugar por la calle Florianska y, después, por la Grodzka. Al final de esta llegaríamos a la colina Wawel, donde se halla el castillo, por lo que era la ruta que recorrían los monarcas y distinguidos visitantes cuando entraban a la ciudad. Fue una de las primeras en ser pavimentadas en toda la ciudad.

Con tal relevancia histórica, podríamos decir que es probablemente la calle más famosa de Cracovia. Además, de las más caras del país. Eso sí, está llena de encanto. En ella abundan restaurantes, cafeterías y tiendas. Se conservan detalles de sus inicios, aunque la mayoría de los edificios están reconstruidos, sobre todo desde finales del XIX.

En el número 14 se encuentra el hotel más antiguo de la ciudad, inaugurado a principios del XIX, el Pod Różą. Al principio se llamaba de Russie, es decir “ruso”, para conmemorar la visita del Gran Duque Constantino y el zar Alejandro I.

En el 25 se halla el Museo de Farmacia de la Universidad Jaguelónica, el más grande de Polonia y uno de los pocos que hay en el mundo. Acoge objetos expuestos de 1200 farmacias de todo el país.

Un poco más adelante está la casa de Jan Matejko, en el número 41, donde nació, vivió gran parte de su vida y murió el famoso pintor. Hoy alberga un museo en su honor.

En el 45, está la cafetería Jama Michalika, lugar de encuentro de artistas y periodistas en los siglos XIX y XX.

Y entre los edificios de la calle Florianska asoma la Basílica de Santa María, que se encuentra, como no podía ser menos, en el centro neurálgico de la ciudad, en la Plaza del Mercado. Así que hacia allí que nos dirigimos.

 

La Plaza del Mercado de Cracovia (Rynek Główny) tiene unas impresionantes dimensiones. Cuenta con 40.000 metros cuadrados, lo que la convierte en la plaza medieval más grande de Europa. A cada lado de la plaza se repite un patrón de tres calles espaciadas, tan solo hay un lateral diferente, la cara sur. Y es que es la que conduce a la calle Grodzka que ocupa lo que dos.

Fue construida en 1257 y desde entonces ha sido el centro histórico, cultural y social. A lo largo de los siglos ha sido testigo de los más diversos acontecimientos, desde celebraciones hasta ejecuciones públicas. En la época nazi llegó a adoptar el nombre de Adolf Hitler Platz, lo cual indica que los alemanes también la consideraron la plaza más importante de Cracovia. Hoy se celebran desfiles y espectáculos artísticos. En verano es escenario del Festival Internacional de Teatros Callejeros. En invierno, antes de la fiestas navideñas, se celebra el concurso y exposición de belenes. Más tarde, en Nochevieja, sirve como lugar de reunión para despedir el año y dar la bienvenida al nuevo.

La plaza está flanqueada por ornamentadas casas burguesas y palacios de origen medieval, pero sobre todo, en ella destacan la Basílica de Santa María, la Lonja de los Paños, la iglesia de San Adalberto y la Torre del Ayuntamiento.

La Basílica de Santa María (Kościoł Mariacki), de estilo gótico, fue construida entre los siglos XIII y XV y pronto se convirtió en uno de los monumentos más importantes de Cracovia. Su fachada es peculiar, pues, como se puede observar, las torres no son simétricas. No solo son diferentes en diseño, sino que además lo son en altura.

Cuenta la leyenda que esto se debe a que cada una fue construida por un hermano arquitecto. El hermano mayor construyó la de la izquierda, acabando el primero. Por su parte, el pequeño iba más despacio, pero el mayor mientras esperaba a que terminara pensó que quizás al no haber terminado, podía construir una más alta y superarle, así que, para evitarlo, lo mató. Después se suicidó. Cosas de la testosterona y el querer dominarlo todo.

La torre más baja, de 65 metros, es de estilo renacentista. Mientras que la alta, de 81 metros, es gótica. Esta es conocida como la Torre Vígía, ya que antiguamente servía para informar de la apertura y cierre de las puertas de la ciudad, así como de los incendios, peligros o ataques enemigos.

Hoy en día suena a cada hora en punto en cada uno de los puntos cardinales una trompeta que deja la melodía inacabada en recuerdo del trompetista que fue asesinado por una flecha cuando trataba de avisar a sus vecinos de la invasión de la ciudad. Son bomberos de Cracovia quienes entonan esta canción conocida como hejnal. Nosotros tuvimos la oportunidad no solo de oír al trompetista, sino de verlo asomarse y saludar.

Este templo es uno de los monumentos de más valor del casco antiguo, pero no muy lejos se halla el otro edificio emblemático de la plaza: la Lonja de Paños (Sukiennice).

Localizada en el centro de la plaza, se inauguró a finales el siglo XIV como centro comercial municipal. En realidad no era más que un espacio techado en el que se aglutinaban diferentes puestos de especias, seda o cuero procedentes de Oriente. Tras un incendio en 1555 se reconstruyó en estilo renacentista.

Hoy se centra más en los recuerdos, artesanía y souvenirs.

En las arcadas sobre los puestos destacan los escudos de diferentes ciudades.

La lonja además de tener fin comercial, también lo tiene cultural, pues en el primer piso se encuentra el Museo Nacional de Cracovia, dedicado a la pintura y escultura polaca del siglo XIX.

Junto al edificio de la lonja se alza la Torre del Antiguo Ayuntamiento (Wieza Ratuszowa).

Fue construida en el siglo XIII en ladrillo y piedra y está ligeramente inclinada 55 centímetros como consecuencia de un fuerte temporal en 1703. Esta torre de 75 metros de altura y estilo gótico es lo único que se conserva del antiguo ayuntamiento de la ciudad, que fue demolido en 1820 con motivo del nuevo plan urbanístico que quería dotar de más espacio a la plaza.

Se puede subir hasta arriba tras ascender 110 escalones de piedra. En las plantas superiores se encuentra la maquinaria del antiguo reloj, así como algunas fotografías históricas de Cracovia. Nosotros no subimos, pues había leído que dado que el tamaño de las ventanas es minúsculo, el campo de visión se veía muy limitado.

En el sótano un teatro ocupa el lugar en el que antiguamente se encontraban las mazmorras de la ciudad, antiguas salas de tortura.

Frente a la torre se halla la estatua Eros Bendato, una cabeza sin ojos que representa que hay que mirar hacia dentro. Asimismo, el artista la ha colocado en posición horizontal para simbolizar el paso del tiempo y la destrucción que deja a su paso.

Tras dar una vuelta por la inmensa plaza lamiendo las sombras pues el sol atizaba bien (también aquí había aspersores para refrescarse), tomamos la calle Szczepańska que nos conducía a otra plaza, la Plac Szczepański.

Esta plaza se construyó a principios del siglo XIX tras demoler una iglesia medieval. En ella se celebraba uno de los mercados más grandes de Cracovia. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX se convirtió en un aparcamiento. En 2010 se modernizó y se añadió una fuente.

En ella destacan varios edificios de diferentes estilos, tanto secesión, como Art Nouveu, modernista o de estilo más soviético.

Volvimos por la calle paralela de nuevo a la Plaza del Mercado y terminamos de darle la vuelta. Además de la basílica, de la lonja y de la torre del ayuntamiento, también hay una pequeña iglesia que choca un poco con la estructura de la plaza. Se trata de la Iglesia de San Adalberto.

Fue construida en el siglo X en el lugar en que se dice que San Adalberto predicaba sus sermones. Es el templo más antiguo de la ciudad gracias a que sobrevivió a los ataques tártaros del XIII. Aunque lo que vemos hoy en día es una reconstrucción del siglo XVII, en la que se añadieron elementos barrocos.

Al parecer, el tal Adalberto se convirtió en mártir al ser decapitado por los rusos cuando intentaba convertirlos al cristianismo. Cuando Boleslao I, rey de Polonia, quiso recuperar su cuerpo, le pidieron el peso de este en oro.

Nuestra siguiente parada fue el Collegium Maius (Gran Colegio), el edificio más antiguo de la Universidad Jagellónica de Cracovia.

La Universidad fue fundada en 1364 por Casimiro III el Grande, aunque no tuvo sede hasta en 1400 cuando el rey Ladislao II Jagiełło compró un edificio en la calle Zydowska y se lo cedió. Pronto la universidad comenzó a crecer y necesitó más instalaciones. Una de ellas es este colegio de estilo gótico tardío.

El edificio gira en torno a un gran patio rodeado de arcadas construidas en ladrillo y piedra. En la primera planta vivían y trabajaban los maestros. En la baja, por su parte, era donde transcurrían los cursos y conferencias.

En el patio destaca el antiguo reloj. Al parecer, cada dos horas desfilan unas figuras de madera que representan personajes ilustres acompañadas de una melodía del siglo XVI. Lamentablemente no nos coincidió en nuestra visita.

A medida que la universidad crecía y se ganaba un nombre en el ámbito estudiantil, más alumnos querían estudiar en ella, por lo que siguió incorporando nuevos edificios. Entre sus alumnos ha tenido al conocido astrónomo Nicolás Copérnico, al querido Karol Wojtyla (Papa Juan Pablo II), al historiador Jan Długosz o al poeta Jan Kochanowski.

Entre 1840 y 1870 la universidad hizo una reestructuración de sus instalaciones y el Collegium Maius se convirtió en la Biblioteca Universitaria. Actualmente alberga el Museo de la Universidad Jagellónica y cuenta con una importante colección de objetos de astronomía, meteorología, cartografía, física y química usados a lo largo de la historia.

Entre 1883 y 1887 se erigió el Collegium Novum, un edificio neogótico con una fachada realmente bonita que recuerda a las construcciones hanseáticas.

En los frontones de las ventanas y justo encima destacan los escudos de armas de los mecenas de la universidad. Arriba del todo, en el centro, se halla el emblema de la universidad: San Estanislao sujetando un escudo con el águila del país.

Hoy es un edificio administrativo de la universidad. En él se encuentran el rectorado, los decanatos, oficinas de contabilidad así como algunos despachos de profesores y aulas.

La universidad se encuentra en un enclave muy bucólico, justo al lado del parque Planty. Y siguiéndolo llegamos a la Basílica de San Francisco de Asís (Bazylika Franciszkanów w Krakowie).

Data del siglo XIII, cuando fue construida para los llegados desde Praga. Así, es una de las iglesias más antiguas de la ciudad. Presenta una curiosa mezcla de estilos como consecuencia de varios incendios y posteriores reconstrucciones. Predomina el gótico con algún elemento neogótico como las paredes y vidrieras.

Se ha convertido en lugar de peregrinaje, pues era uno de los lugares favoritos de Karol Wojtyła antes de convertirse en Papa.

Bordeando la basílica, la calle nos conduce a la Plaza de Todos los Santos (Plac Wszystkich Świętych).

Recibe este nombre porque fue construida en el lugar en que había una iglesia del siglo XIII con ese nombre. Aunque entre 1955 y 1990 se le cambió por Plaza Primavera de los Pueblos.

La plaza se diseñó en 1838 y en aquel momento tan solo seguía en pie la torre de la iglesia, sin embargo, acabaron demoliéndola en 1842. En el lugar del templo en 1887 se colocó un monumento al presidente Nicholas Zyblikiewicza, que unos años más tarde, en 1953 fue retirado y almacenado. No volvería a ser colocado hasta 1985.

Dominando la plaza se encuentra el Palacio Wielopolski, convertido en sede del ayuntamiento. También se encuentra el Pabellón Wyspiański, inaugurado en 2007 y que alberga la oficina de información y turismo.

Siguiendo la calle nos sorprende la Basílica de la Santa Trinidad (Kościół Św. Trójcy).

También es conocida como la Iglesia de los Dominicos, ya que fue construida por monjes de esta orden tras la finalización de la invasión tártara. Originalmente no era tan grande, sino que era un pequeño templo. No obstante, con el tiempo, se fue ampliando añadiendo capillas laterales a lo largo del siglo XVII gracias a donaciones de familias adineradas.

Volviendo a la Ruta Real, esta vez bajo el nombre de Grodzka, nos dirigimos hasta la Iglesia de San Pedro y San Pablo (Kosciol sw Piotra i Pawla).

De estilo barroco, fue construida por los Jesuitas entre 1597 y 1919. Contrasta la fachada tan ornamentada con el resto del edificio más sobrio en ladrillo. Esto se debe a que los monjes se pasaron de presupuesto con las esculturas de los doce apóstoles sobre la verja exterior y no les quedó más remedio que recortar en gastos.

Al lado está la Iglesia de San Andrés (Kościół św. Andrzeja), algo más austera.

Data del siglo XI y sobrevivió a las invasiones tártaras gracias a sus gruesos muros y estrechas ventanas características del estilo románico. Sirvió de refugio para muchos ciudadanos.

El interior es más nuevo, ya que fue renovado en el siglo XVIII en estilo barroco.

Un poco más adelante hay una iglesia más, la Iglesia de San Gil (Kościół pw. św. Idziego).

Es una de las iglesias más antiguas y pequeñas de Cracovia.

Y así llegamos al final de la Vía Real, que nos conduce a la colina de Wawel.