Recorriendo Cracovia III – Barrio Judío y Guetto

Tras la visita a la colina, nos dirigimos a Kazimierz, el barrio judío de Cracovia. Aunque no siempre fue así, ya que antes del siglo XVIII era una ciudad próxima a Cracovia. Era totalmente independiente y contaba con su ayuntamiento, su plaza central, sus iglesias… Fue en 1495, cuando el rey Casimiro III de Polonia quiso ampliar la universidad, que los judíos que vivían en la parte occidental de Cracovia fueron forzados a mudarse allí para hacer sitio a las nuevas construcciones. En esta zona ya vivían cristianos, sin embargo, poco a poco fue convirtiéndose en asentamiento judío, pues fueron llegando no solo de Polonia, sino de todo el continente. En el siglo XIX ya lo era casi en exclusiva, pero sobre todo de aquellos de clases media y baja, ya que los más pudientes se fueron marchando.

Una de las que se marchó fue la famosa empresaria de cosméticos Helena Rubinstein. Aunque por aquel entonces no era rica, ni mucho menos. Nació en el barrio, y siendo la menor de 8 hermanas no parecía tener un buen futuro. Su padre se había quedado casi sin dinero al pagar las dotes de todas las anteriores, así que quería casar a Helena con un señor de 65 años que aceptaba desposarla gratis. A ella la idea no le pareció tan buena y huyó a Australia sin haber cumplido los veinte años. En su maleta llevaba la receta de una crema cosmética y eso le cambió la vida. Su casa hoy en día es un hotel.

Lógicamente Kazimierz fue uno de los lugares que más sufrieron la invasión nazi durante la II Guerra Mundial siendo sus habitantes trasladados al gueto de Podgórze. La zona quedó en decadencia y no fue recuperada hasta que se rodó La Lista de Schindler (aunque se supone que se ambientaba en el gueto). Hoy se ha convertido en un bar de moda entre la gente joven, tanto para vivir como para salir. También ha recuperado un poco de la cultura judía y surgen nuevos restaurantes kosher y galerías de arte.

En 1978 la UNESCO declaró Kazimierz Patrimonio de la Humanidad.

Aunque se ha perdido mucho, todavía se conservan algunos monumentos, de hecho es el segundo conjunto de monumentos judíos más grande de Europa, solo superado por el de Praga. La mayoría de los puntos de interés se concentran en torno a la Plaza Nowy y la Calle Szeroka, donde también abundan bares, restaurantes y lugares de ocio. Destaca el bar Singer, cuyas mesas cuentan con máquinas de coser de dicha marca.

En la Plac Wolnica, la plaza principal y donde se celebraba el mercado, se encuentra el Antiguo Ayuntamiento de cuando era ciudad independiente. En el siglo XIV tenía unas dimensiones similares a la principal de Cracovia, incluso con su mercado de paños.

En el barrio había siete sinagogas. La primera que nos encontramos al adentrarnos en sus calles fue la Sinagoga Tempel, que con un estilo que mezcla detalles neo-renacentistas con otros moriscos es la sinagoga más nueva de Cracovia. Fue construida en el siglo XIX por la Sociedad de Judíos Progresistas y durante las liturgias llevaron a cabo ciertos cambios que no fueron bien acogidos por los ortodoxos, quienes se manifestaron en diversas ocasiones.

Fue ampliada varias veces y renovada tras la II Guerra Mundial, pues quedó bastante dañada. Hoy apenas se celebran ceremonias en ella, aunque sí conciertos.

La Sinagoga Remuh es la única que sigue en activo de toda la ciudad, aunque es la más pequeña de todas ellas. Está dedicada a Remuh (Moses Isserles Auerbach), escritor, filósofo y erudito de la cultura hebraica, que fue rabino aquí. Fue construida en 1553 en madera, aunque fue sustituida por una nueva en la época del Renacimiento tardía. Durante los siglos XVII y XVIII pasó por varias renovaciones, aunque lo que se ve hoy en día pertenece a los cambios realizados entre el XIX y XX, sobre todo en el XX, tras ser recuperada de la ocupación nazi.

El acceso se realiza desde la calle Szeroka, en otros tiempos la avenida principal. Hoy está llena de locales y bares, así como pequeñas casas de colores.

También de fuentes improvisadas. Insisto: el calor era insoportable.

En los muros del patio hay inscripciones en recuerdo de los judíos de Cracovia masacrados durante el Holocausto. También se puede acceder al antiguo cementerio. Los nazis también lo destrozaron casi por completo. Usaron las piedras de las tumbas como adoquines para asfaltar las calles. Así que, se conservan más muertos que lo que dicen las pocas lápidas que han quedado. Incluso hay algunas escondidas bajo tierra para que no fueran vistas.

La tercera sinagoga que buscamos fue la Sinagoga Vieja (Stara Boznica), construida en el siglo XV por los judíos checos que llegaron a Cracovia y hoy en día es la sinagoga más antigua de toda Polonia. Para poder construirla tuvieron que aceptar que la altura no sería superior a la iglesia católica más alta del barrio, por eso está como metida en una plaza a diferente altura.

Ha sido renovada varias veces a lo largo de su historia. Obviamente una de ellas fue tras la II Guerra Mundial, ya que los nazis la usaron como almacén y quedó prácticamente derruida. Hoy acoge la colección judaica del Museo Histórico de Cracovia, que expone elementos litúrgicos y antiguos documentos que muestran la historia de los judíos en la ciudad.

Más nos costó encontrar la Sinagoga Wysoka (Nowa Boznica), también conocida como Sinagoga Alta por tener la sala de rezo en la planta superior y ser la más alta de la ciudad. Fue construida entre 1556 y 1563, convirtiéndose en la tercera de Kazimierz.

Quedó destrozada en la II Guerra Mundial y hoy tiene un aspecto bastante dejado. Actualmente alberga exposiciones sobre la historia y cultura judías.

La Sinagoga de Isaac (Synagoga Izaaka) es una de las más grandes de Cracovia. Fue construida en 1644 gracias a la financiación de un banquero que se llamaba Isaac, de ahí el nombre del templo. Por fuera es muy austera y, de no ser por google, habría pensado que se trataba de un edificio sin más. En el interior, por el contrario, sí que se conservan algunos frescos de textos en hebreo del siglo XVII. Hoy en día alberga exposiciones y antiguos documentales sobre el pasado de Kazimierz.

Y por último tenemos la Sinagoga Kupa (Boznica Kupa), la última que se construyó. Data de 1643 y no conserva nada de su estilo barroco original. Ahora es de un estilo muy sencillo. El interior sí que fue restaurado y alberga pinturas de la Tierra Santa. Tampoco funciona como templo salvo contadas ocasiones. La mayor parte de tiempo es espacio de conferencias, conciertos y exposiciones.

Pero como en Kazimierz también vivían cristianos, no es de extrañar que nos encontremos con un templo católico como la  la Basílica del Corpus Cristi (Kościół Bożego Ciała).

Data del siglo XIV y está construida en ladrillo. El interior fue saqueado en la invasión sueca y el templo quedó prácticamente destruido. Sin embargo, se logró restaurar y actualmente muestra una combinación de estilos gótico y barroco.

Alberga el mausoleo renacentista de Vladislao II y el órgano más grande de la ciudad.

Y como era ya la hora de comer, pero por la zona no veíamos muchas opciones, echamos mano de google, que todo lo sabe, y encontramos que había un centro comercial no muy lejos, la Galeria Kaziemierz. Así que allí nos fuimos en busca de comida y aire acondicionado.

Salimos a la ribera del río a la altura del puente Kładka Ojca Bernatka construido en 2010, una moderna construcción que separa los barrios, y está lleno de candados, para no variar.

Siguiendo el río llegamos al centro comercial, donde, tras ver las opciones que teníamos, acabamos comiendo en un local en que te preparaban la ensalada en el momento. También tenían wraps. Y cogimos uno de cada. Apetecía comer algo de verde después de días comiendo sándwiches y bocadillos (y sushi).

Después de comer, y dejando atrás Kazimierz, nos dirigimos al antiguo gueto, Podgórze, el auténtico gueto judío de Cracovia. Fue creado por el régimen nazi el 3 de marzo de 1941 para “limpiar” el centro de la ciudad.

Podgórze se convirtió durante los años de ocupación en un hervidero de gente, enfermedades y privación de derechos. Los nazis trasladaron a unas 15.000 personas en un recinto amurallado de apenas 30 calles. Los judíos vivían hacinados según la ley “5 por ventana”. De esta forma, si una casa tenía dos ventanas, vivían diez personas; si tenía tres, quince; y así sucesivamente. Pronto comenzarían a proliferar las enfermedades y los judíos levantarían la voz. Sin embargo, los militares los engañaban diciéndoles que pronto serían reubicados. Bajo esa promesa muchos iban a la plaza a esperar el tren. Lo que no sabían es que la reubicación sería a los campos de concentración, donde morirían igualmente.

A partir de 1942 los traslados a campos de concentración serían masivos. El 13 de mayo el guetto quedó desmantelado cuando 8000 judíos considerados “aptos para trabajar” fueron trasladados al Campo de Concentración de Plaszów, otros 2000 fueron asesinados por “inservibles” y el resto enviados a Auschwitz.

La primera parada que hicimos fue la fábrica de Oscar Schindler. Aunque tan solo por fuera, ya que no nos iba a dar tiempo y además solo sacan al día un número determinado de entradas, ya que es uno de los lugares más visitados de Cracovia.

Esta fábrica se hizo mundialmente conocida por la película de Steven Spielberg. Su dueño, Oskar Schindler, un hombre de negocios reclutado por las SS como informante, adquirió la fábrica de ollas Deutsche Emaillewaren. Durante la invasión de Polonia cambió las ollas por utensilios de campañas, pero la mano de obra alemana le salía muy cara, por lo que decidió traerse a judíos del campo de concentración de Plaszow.

Parece que en principio solo buscaba su propio beneficio, la rentabilidad de su empresa con mano de obra barata, sin embargo, cuando descubrió detalles de las condiciones de los campos de concentración y el trato que los nazis daban a los judíos, comenzó a maniobrar para proteger a todos los que pudiera. Se dice que salvó a más de 1200 judíos dándoles cobijo en su fábrica y trasladándolos para evitar su asesinato en la cámara de gas.

Todas maniobras y sobornos que realizó en esos años le llevaron a la bancarrota, aunque recibió un dinero por sus gastos durante la guerra. Se mudó a Argentina y se dedicó a criar animales, aunque volvió a arruinarse, por lo que regresó a Alemania con nuevas ideas empresariales. Tampoco esto funcionó y logró sobrevivir gracias a judíos que él había salvado años antes. En 1963 fue nombrado Justo entre las Naciones por el gobierno de Israel. Falleció finalmente en 1974 y está enterrado en Jerusalén.

Su fábrica hoy en día pertenece al Museo Histórico de Cracovia y alberga la exposición “Cracovia bajo la Ocupación Nazi entre 1939 y 1945”.

En los alrededores parece que el barrio está renaciendo, pues encontramos un montón de edificios en construcción. Manzanas enteras de bloques de diseño moderno que contrastan con los restos de aspecto soviético.

Desde allí seguimos hasta la Plaza de los Héroes del Gueto (plac Bohaterów Getta), que está llena de esculturas de sillas en recuerdo de las víctimas que esperaban allí a que las llevaran a campos de concentración cuando creían que las iban a reubicar en mejores viviendas.

En esta misma plaza se encuentra la Farmacia del Águila (Apteka pod Orlem), la única que hubo en el guetto y que sirvió también como refugio. Cuando los nazis establecieron el guetto les recomendaron a los polacos marcharse de la zona, sin embargo, el dueño de la farmacia quiso quedarse. Los alemanes se lo permitieron por miedo a que si le obligaban a cerrarla se propagaran las epidemias.

Además de ayudar a los judíos a esconderse, daba sedantes a los niños o tintes de pelo para los ancianos para que parecieran más jóvenes y no “inservibles”. El dueño, al igual que Schindler, recibió el título de Justo entre las Naciones.

La farmacia cerró en 1967 y ahora es un museo que alberga una exposición permanente sobre aquellos años.

Poco queda de lo que levantaron los alemanes para aislar a los judíos, y nos volvimos un poco locos de acá para allá buscando los lugares donde alguna vez existió un muro. Es de esos barrios que mejor recorrer con un guía para que te enseñe y explique el contexto, pues si no, realmente no ves nada. Además, con el calor pegando fuerte, andar de un lado para otro sin saber muy bien qué buscábamos fue un poco frustrante. Tan solo encontramos un fragmento del muro y una casa con una placa en la calle Limanowskiego.

Esta construcción resultó ser una Casa de Ancianos Judíos que funcionó entre 1941 y 1942.

Así que, para terminar en la zona nos dirigimos hacia el último punto, la Iglesia de San José (Kościół św. Józefa).

Fue construida entre los años 1895 y 1909 en estilo neogótico. No me esperaba para nada una iglesia tan imponente con una fachada principal rodeada de esculturas de santos y combinando el ladrillo rojo típico del Báltico, con las cúpulas verdes tan alemanas y esos toques de blanco. Parece ser que está inspirada en la Basílica de Santa María, sin embargo a mí me parece que incluso la supera.

Se erige en la ubicación en la que ya existió un templo anterior que fue derruido. Cuenta con una torre de 80 metros y dos más bajas que enmarcan una gran vidriera sobre la puerta principal. Su planta de cruz se ve rodeada por varias capillas laterales.

Estábamos un poco lejos del centro, por lo que tomamos un tranvía en la Plaza de los Héroes del Guetto. Aunque no había ninguno que nos llevara exactamente donde queríamos, al menos nos acercaba al centro. Sacamos en la máquina de la marquesina el billete de 20 minutos, que nos costó 2.8 zl.

Una vez en el tranvía hay que pasarlo por el lector para que lo selle. Y aviso para navegantes: los revisores pasan. Fue cerrarse las puertas y dos señores que se habían montado como pasajeros, se sacaron de debajo de la camiseta la identificación que llevaban colgada del cuello, una máquina del bolso, y empezaron a pedir billetes.

De camino al hotel compramos algo de cena y nos retiramos a descansar. El sol y el calor hacían mella en nosotros.

Quizá con menos calor nos habríamos organizado mejor y podríamos haber ido a Nowa Huta (la ciudad a 10 kilómetros construida durante la época comunista para alojar a los trabajadores de Huta im. T. Sendzimira) o las Minas de Sal, pero lo cierto es que ya había pocas ganas de nada más. Así que a descansar, que al día siguiente partiríamos a Varsovia, nuestro destino final.