Recorriendo Varsovia III – Stare Miasto

Al final de la Ruta Real llegamos a Stare Miasto, el centro histórico de Varsovia. Se construyó a finales del siglo XIII alrededor del Castillo Real. Pese a que el 90% quedó arrasado como consecuencia de la II Guerra Mundial, una exhaustiva reconstrucción lo ha convertido en Patrimonio de la Humanidad.

Justo antes de meternos de lleno en el corazón de la ciudad, cuando ya comenzamos a ver monumentos por todos lados, a mano izquierda nos queda la Residencia Kamienica Prażmowskich (Kamienica Prażmowskich).

Este edificio, fue construido a mediados del siglo XVII como residencia de Joachim Pastorius, médico e historiador real de los reyes Władysław IV y Jan Kazimierz. Poco después pasó a Mikołaj Prażmowski, consejero mayor de la corona y Primado de Polonia y tomó su nombre.

Fue ampliado en 1754 por los nuevos propietarios, la familia Leszczynski. Así, se convirtió en un palacio de estilo rococó con inspiración de edificios de Dresde.

Aunque el interior quedó destrozado en 1944, la fachada se consiguió salvar. El edificio fue reconstruido entre 1948 y 1949 siguiendo el diseño del siglo XVIII. Entre 2002 y 2003 se llevaron a cabo nuevas tareas de restauración y alberga la sede de la Casa de la Literatura.

Continuando de frente, ya llegamos a la Plaza Zamkowy (Plac Zamkowy).

En ella se alza la columna de Segismundo.

Esta columna de 22 metros de altura se hizo en honor al rey Segismundo III Vasa, quien trasladó la capitalidad a Varsovia. La estatua del rey porta una espada en la mano derecha y una gran cruz en la izquierda. Según la leyenda, si se le cayera la espada, sería un presagio de un acontecimiento trágico en la ciudad.

Es el monumento no religioso más alto de toda Varsovia. También el más antiguo, pues data de 1644. Aunque la estatua que vemos es la original, no lo es la columna, que se encuentra en el suelo junto al castillo.

En el centro de la plaza, en unas casitas pintorescas de colores se encuentra el punto de información turística.

Y justo al lado vemos cómo asoma la muralla. En su perímetro hay varios puestos de artesanía y recuerdos.

Fuera de la muralla, a la izquierda nos quedan varios palacios, uno de ellos es el Palacio Branicki (Pałac Branickich). Es curioso, porque hay tres con el mismo nombre en Varsovia. El edificio original era una mansión del siglo XVII. La familia propietaria, que necesitaba dinero, la vendió en el siglo XVII a Stefan Mikołaj Branicki, de ahí su nombre.

De estilo rococó, estaba inspirado en los palacios franceses y la planta se proyectó como si fuera una herradura. Para acceder a él antes había que atravesar un patio simétrico. Tras la muerte de Branicki pasó a manos de Izabella Poniatowska, hermana del rey Stanisław August Poniatowski. Ella fue una importante mecenas de artistas, intelectuales y hombres de estado y recibía a sus ilustres invitados en el palacio.

En 1804 fue vendido al general Józef Niemojewski, quien emprendió obras de ampliación añadiendo dos dependencias laterales.

Durante la II Guerra Mundial fue quemado y posteriormente demolido por los alemanes. Tuvo que ser reconstruido en 1967 usando como muestra pinturas de épocas pasadas.

Un poco más adelante se encuentra el Monumento a Jan Kiliński (Pomnik Jana Kilińskiego).

Se trata de una escultura de bronce de 4 metros sobre un pedestal de granito de 3 metros. Representa a Jan Kilinski a punto de atacar, sable en alto, y un arma en su cinturón. Este personaje fue un zapatero, que se convirtió en un héroe nacional durante la insurrección de Kościuszko cuando invadió la sede del zar ruso. Fue declarado por ello Coronel del Ejército Polaco.

El monumento fue inaugurado en la plaza Krasińskich el 19 de abril de 1936. En marzo del 42 fue desmantelado por los alemanes e iba a ser destruido, pero consiguieron negociar con las autoridades alemanas y salvarlo. Así, se guardó en los almacenes del Museo Nacional hasta la liberación de Varsovia en 1945. No obstante, había sufrido algún daño y le faltaba el sable, por lo que tuvo que ser restaurado.

Volvió a colocarse en su sitio el 1 de septiembre de 1946, sin embargo, en el 59 se movió a la ubicación actual. Volvió a ser restaurado entre 1993 y 1994 fortaleciendo su base.

Detrás de la plaza destaca el Reloj de Segismundo.

Se trata de un curioso reloj situado en una pared y que incluye los signos del zodiaco y las fases lunares.

Seguimos bordeando la muralla, hasta la estatua de El Pequeño Insurrecto (Mały Powstaniec).

Se trata de un niño con casco que porta una metralleta y conmemora a los niños soldado que lucharon y fallecieron durante el Levantamiento de Varsovia de 1944. Tras la estatua hay una placa con los versos de una canción de la época:

Somos los niños de Varsovia, yendo a la batalla

para cada piedra nuestra, vamos a dar nuestra sangre.

Muy triste.

Volvimos a la Plaza Zamkowy, donde se encuentra el Castillo Real (Zamek Królewski w Warszawie).

Fue usado como residencia real desde que se estableció la capital en Varsovia hasta 1795, año en que desapareció la Mancomunidad Polaco-Lituana. Sin embargo, ya antes, en el siglo XIV existía la Torre de la Unión (hoy torre Grodzka), construida por orden del duque Casimiro I de Mazovia. Cuando Segismundo III decidió mudarse en 1526, mandó que se ampliaran las instalaciones pasando a tener 5 alas. Además de su residencia, estableció allí también la sede del Parlamento. Asimismo, se convirtió en centro cultural del país.

En el siglo XVII quedó destruido por las invasiones suecas, pero sería reconstruido en la segunda mitad del siglo XVIII con la llegada del rey Estanislao Augusto Poniatowski. En esa época se renovaron las estancias del palacio y se crearon la Sala Grande y la Sala Real. Fue el período de mayor esplendor.

En 1939 se incendió como consecuencia de los bombardeos alemanes, y lo poco que quedó en pie acabaría arrasado en 1944 tras el Levantamiento de Varsovia. La última reconstrucción completa se llevó a cabo entre 1971 y 1988 con una mezcla de estilos barroco y neoclásico. Como Polonia es una república, se ha reconvertido en la sede de la Fundación Polaca de Historia y Cultura, que ha acondicionado parte del castillo como un museo.

El edificio principal del castillo, de planta casi rectangular, está construido a base de ladrillos. La fachada más imponente es la occidental, la que da a la plaza. Mide casi 90 metros y en el centro se alza hasta una altura de 60 metros la Torre del Reloj, coronada por una cúpula verde.

El recinto se distribuye en torno a un gran patio central que daba acceso a las estancias reales, hoy salas del museo.

La fachada oriental da al Vístula. Si nos asomamos por un lateral podemos ver el Palacio del Techo de Cobre (Pałac Pod Blachą).

Este edificio de estilo barroco tardío se levantó entre 1720 y 1730 en el lugar en que en su día estuvo un edificio del herrero y armero del rey. Fue transformado en palacio y remodelado varias veces a lo largo de los años. Sobrevivió bastante bien a la II Guerra Mundial, aunque pasó por una restauración entre 1948 y 1949 para poder albergar oficinas. Desde 1989 forma parte de las dependencias del Castillo Real.

Abandonamos la plaza y nos adentramos por un callejón hasta la Basílica Archicatedral del Martirio de San Juan Bautista Mártir (Bazylika Archikatedralna pw. Męczeństwa św. Jana Chrzciciela).

No parece muy imponente, escondida entre edificios. Data del siglo XIV y en su origen era una iglesia parroquial. Con el tiempo fue ganando importancia celebrando bodas, coronaciones y sepelios reales.

Alberga las tumbas del último rey de Polonia, Estanislao Augusto Poniatowski; de Gabriel Narutowicz de Henryk Sienkiewicz y del cardenal Stefan Wyszyński.

Junto a ella se alza la pequeña Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia (Sanktuarium Matki Bożej Łaskawej), que fue construida entre 1609 y 1626 por la Orden de los Jesuitas, para establecerse cerca del castillo. Luego, al estar junto a la catedral, ganó más importancia aún. Fue saqueada y destruida en 1656 con las invasiones suecas.

Cuando la orden se disolvió en 1773, el templo se convirtió en iglesia escolar. Un siglo más tarde sería usada como almacén de la catedral y almacén de lana. Ya en 1834 recuperaría su función original gracias a los Escolapios. Cuando en 1864 también desapareció la Orden de los Escolapios, la iglesia sirvió como auxiliar de la catedral.

Volvió a los jesuitas en 1918, pero quedó destruida en 1944 por un incendio.

Combina elementos de la arquitectura italiana con otros propios del norte de Europa. Cuenta con una única nave y una capilla lateral. En su parte trasera se alza una torre de 65 metros. Sin embargo, lo que llama la atención es la puerta de entrada, colocada en 2009 con motivo del 400 aniversario de la iglesia.

Realizada en bronce, representa la Anunciación. La Virgen se encuentra sobre las dos hojas, y dos ángeles en cada una de ellas.

Siguiendo la calle llegamos a un espacio que no puede faltar: la Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta).

Es la parte más antigua de la ciudad. En ella han tenido lugar grandes celebraciones, ferias y las ejecuciones de los condenados. Por supuesto, era donde tenía lugar el mercado, que además tenía bastante relevancia por la situación de Varsovia en medio de la ruta de comercio fluvial por el río Vístula y de la ruta comercial este-oeste

Aunque la II Guerra Mundial la dejó severamente dañada, en la década de los 40 y 50 se trabajó para recuperar el diseño original del siglo XVII. El resultado es una combinación de bellos edificios renacentistas y barrocos.

En el centro de la plaza se erige el símbolo de la ciudad, la Sirena de Varsovia. Pero, ¿la sirenita no estaba en Copenhague? Pues sí, y, según la leyenda, la varsoviana y la copenhaguesa llegaron juntas al Báltico desde el Océano Atlántico. Una de ellas, atraída por unas rocas, se quedó junto al puerto de Copenhague, y la otra siguió hasta el Golfo de Gdańsk, tomó el Vístula y llegó a Varsovia.

Los pescadores enseguida notaron cómo había alguien que enredaba las redes y liberaba a los peces, pero sorprendidos por el canto, no la atacaron. Sin embargo, hubo un mercader que vio que podía hacer dinero con su voz y la secuestró. Fue el hijo de un pescador quien la liberó y la llevó de nuevo a la ciudad. Como agradecimiento, la sirena prometió defender siempre la ciudad. Por eso está representada con un escudo y una espada.

Tras bordear la plaza, tomamos la calle Nowomiejska, que nos conduce a la Barbacana (Barbakan).

Es la parte más antigua de las fortificaciones de la ciudad. Levantada en 1548, se trata de una construcción redonda reforzada con cuatro torres defensivas.

Era una de las puertas de entrada a la ciudad, sin embargo, nunca se usó como defensa. De hecho, cuando los suecos invadieron la ciudad, los habitantes de la ciudad se vieron obligados a tener que sortear las murallas que ellos mismos habían construido.

Su aspecto actual data de las tareas de restauración llevadas a cabo en 1954. Hoy alberga una galería de arte.

Al atravesarla dejamos atrás Stare Miasto y nos adentramos en Nowe Miasto.