Escape Room: La Fórmula de Ramón y Cajal, Coco Room (Zaragoza)

A finales de junio cambié mi equipo habitual de escapismo por unas amigas con las que me fui a Zaragoza a pasar el fin de semana. De las cinco que íbamos tan solo una había hecho un par de juegos de escape y las demás sentían curiosidad de tanto oírme mencionarlos, así que buscamos una sala y reservamos.

Siendo Zaragoza había varias de Goya, pero yo venía de hacer una ya con esa temática. También está la de la cerveza Ámbar, pero necesitábamos algo para principiantes. Al final nos decantamos por Coco Room y  La Fórmula de Ramón y Cajal.

Llegamos al pequeño local donde nos recibió nuestra Game Master. Tras tomarnos los datos nos hizo una breve introducción. A pesar de que la mayoría del grupo no sabía casi ni lo que era una sala de escape, no profundizó mucho. Sí que nos enseñó un candado chino que no había visto hasta la fecha y nos dejó trastear con él para saber cómo usarlo después a lo largo del juego.

A continuación nos puso un vídeo en el que nos explicaba nuestra misión: Año 1934. Octubre. Han pasado pocos días desde que el ilustre médico y premio Nobel aragonés Don Santiago Ramón y Cajal nos dejó. Toda la comunidad científica llora su pérdida, pero casi nadie es consciente de la verdadera magnitud de la tragedia que se desencadenará si no culminamos su obra definitiva.

Así pues, no solo teníamos que salir, sino que además debíamos llevar con nosotras la fórmula.

Entramos con muchos nervios. Ellas por su inexperiencia y no saber qué se iban a encontrar en el otro lado y yo por ser la primera vez sin el equipo habitual y ejerciendo de alguna manera de lideresa. La primera sala es bastante pequeña y aparentemente con poco dónde buscar. Más de una preguntó ¿Y qué hay que hacer? Pero enseguida nos pusimos a buscar y pillaron el mecanismo del juego a medida que íbamos encontrando cosas y relacionándolas.

Cuando pasamos a la segunda sala se oyó algún ¿Y ahora qué? Pero de nuevo volvimos a coger el ritmo buscando y encontrando objetos. No obstante, nos atascamos y la game master tuvo que intervenir. Teníamos varios puzles, pero éramos 5, por lo que nos habíamos dividido para resolverlos. Pero no, el juego es lineal, así que primero teníamos que hacer uno para después pasar al siguiente. Esto me dejó algo fría, ya que suponía que todas teníamos que estar resolviendo algo que fácilmente se podía hacer entre dos y claro, tiempo que perdíamos.

Tras este enigma vino otro que de nuevo sacamos entre todas y otro con el famoso candado que nos había enseñado antes de comenzar. Con el siguiente de nuevo nos volvimos a atascar y la game master nos tuvo que asistir. Lo estábamos haciendo bien pero el sistema (por así decirlo) para descifrar el acertijo no estaba bien calibrado. Al final tuvo que ser ella quien nos dijera dónde apuntaba.

No se nos dio mal la resolución de esta sala, pero fue muy lenta por tener que estar todas juntas. Una o dos trabajando y el resto mirando o – en el mejor de los casos – asistiendo. Aún así, no parecíamos ir mal de tiempo, por lo que quizá está pensado así para no acabar demasiado pronto si el grupo es numeroso.

En la última sala encontramos mucho más donde buscar y sí que pudimos dispersarnos. Pero de nuevo solo fue en el repaso preliminar, ya que cuando teníamos varios objetos sobre la mesa tuvimos que colaborar todas a la vez. Además, teníamos unas indicaciones muy claras en un documento con los pasos a seguir. A lo enigma, sí, pero nos daba un orden en el que teníamos que ir resolviendo cada una de las pruebas. Nunca me había pasado esto y me descolocó. Y no solo eso, sino que además no estaban del todo bien y teníamos a lo mejor la parte 1, 2 y 4, pero no aún la 3.

Pedimos una pista y aquí teníamos parte de culpa, pues nos habíamos dejado partes por revisar. Ahora tenía todo más sentido y enseguida hilamos lo que nos quedaba. A falta de 13 minutos conseguí la fórmula, sin embargo la game master nos habló para comunicarnos que no podíamos salir aún, ya que esa no era la forma de conseguirla. La cuestión es que el mecanismo se activaba de la misma manera que otro y yo encajé las piezas en el lugar equivocado. No tiene mucho sentido que la prueba final se pueda resolver así, aunque sea por error.

Pero el caso es que tuvimos que hacer un par de pruebas más hasta llegar a la final, esa que nos iba a conducir a la pieza que, ahora sí, nos daría la fórmula. Nos quedaban como unos 6 minutos, así que sin problema, porque era resolver ese detalle, coger el botecito y salir. Peeeeeeeeero, de nuevo intervino la game master para comentarnos que deberíamos ser muy muy precisas a la hora de “introducir la clave” pues el mecanismo era algo sensible. Bueno, es una forma de decirlo, yo diría que estaba desgastado. Tuvimos que intentarlo varias veces. Yo lo intenté un par y me desesperé, lo intentó otra compañera una vez, de nuevo otra dos veces más y finalmente yo una sexta ya directamente con las pautas de la game master. Finalmente salimos a falta de 15 segundos.

Nos lo pasamos bien, pero tuvo más que ver con que era la primera vez juntas, el descubrimiento de los juegos de escape para la mayoría del grupo y que conseguimos salir. Nos reímos bastante y nos llevamos varias anécdotas de la hora que pasamos en la sala. Además, las novatas salieron satisfechas y con ganas de repetir a la vuelta en Madrid. Por tanto, no podemos decir que fuera mala experiencia.

Sin embargo, si vamos más allá, este escape parece que flojea por varios flancos. Los principales son el espacio en sí y por otro la continuidad.

En primer lugar,  aunque la ambientación no está mal, parece que le falta algo de mantenimiento, sobre todo a la hora de calibrar algunos mecanismos. También hay cierto desgaste en algunos objetos. Quizá es porque la sala lleva abierta mucho tiempo o tiene mucha tralla. No lo sé, pero deberían darle una vuelta.

Por otro lado, la cuestión del orden. He hecho juegos de escape más o menos lineales, pero siempre podías ir haciendo un par de cosas a la vez. En este nos quedamos varias veces atascadas por la continuidad. Si se trata de un equipo de dos da un poco igual, pero con cinco, tienes sensación de estar en una obra mirando cómo uno o dos trabajan. Además están los documentos que (mediante enigmas o jeroglíficos) te marcan el camino. Esto es un poco como en Casino que la llave que obtenías en un sitio tenía el dibujo de dónde lo tenías que usar. Solo que aquí despistaba bastante más de lo que ayudaba.

Para ser una sala de principiantes tiene un buen número de pruebas. Es verdad que los enigmas en general son sencillos y apenas hay mecanismos extraños. Pero quizá para ese nivel se echa en falta algún candado.

Está recomendada para grupos de 2 a 5 personas, pero yo creo que quizá 3-4 sería ideal. Sobre todo por aquello de no quedarse de mirandas.

No estuvo mal la experiencia, pero más por la compañía que por la sala en sí, que resulta bastante normalita, sobre todo viniendo del Enigma de la Quinta del Sordo. Para la siguiente ya volvería a Madrid y al equipo habitual.