Crucero por el Mediterráneo. Día 2. Marsella

Nos despertamos temprano, pero frescos y renovados, dispuestos a patear Marsella. El buffet para el desayuno era tan variado como para la comida. Mil opciones donde elegir… bien fruta, bollería, tortillas, una especie de frittata, huevos, arroz cantonés, fideos salteados con verduras… Para todos los paladares, tanto dulces como salados. Además de cafés, tes y zumos.

Desayuno

Tras el desayuno y antes de desembarcar, pasamos por el restaurante para solicitar el cambio de turno. Y aunque lo conseguimos, no es que nos adelantaran mucho, ya que nos reasignaron las 21:30. Tan son 15 minutos de diferencia, pero es que no había a las 21 y los demás turnos eran muy tempraneros (¡¡¡nos querían cambiar a las 6 de la tarde!!! ¿Estamos locos? Si a esa hora habría días que ni estaríamos en el barco…).

Una vez modificado el turno, procedimos al desembarque. El puerto de Marsella está algo alejado del centro, ocurre algo similar al de Barcelona, si te asomas a cubierta tan solo ves muelles y otros cruceros. Allí estaba el Costa Fascinosa también.

Costa Fascinosa

Puerto Marsella

El puerto está en la propia ciudad, pero hay que tomar un bus desde la terminal náutica hasta la zona urbana. No obstante, no tiene pérdida y está todo muy bien indicado. Hay que seguir un camino verde en el suelo que nos conduce a un shuttle gratuito.

Indicaciones Marsella

Camino verde

Shuttle

No obstante, este servicio se suele colapsar, porque se unen varios cruceros a la vez, el bus tiene una frecuencia limitada y, claro, se forma buena cola.

Horarios shuttle

Sin embargo, si se continúa un poco más adelante, se encuentra la parada del 35T, un bus de la red local, la RTM.

35T

35T

En apenas unos 15 minutos deja en la última parada, en Joliette, muy próxima al centro.

Ruta 35T

El billete sencillo cuesta 1.7€, pero el integrado para todo el día cuesta 5.20€, así que, dado que íbamos a hacer al menos 4 trayectos, este último fue el que compramos.

Los billetes se pueden comprar en el mismo bus, aunque es mucho más rápido hacerlo en la caseta que hay justo al lado.

Tarifas

Y listos para conocer nuestra primera escala, por segunda vez en el año visitábamos territorio galo.

Bus Marsella

Marsella es la segunda ciudad en población de Francia y el puerto comercial más importante del país y del Mediterráneo (tercero de Europa tras Róterdam y Amberes). Esta relevancia como ciudad portuaria la convierte en una ciudad con una gran actividad económica e industrial. Dada su localización, es asimismo un importante nudo de comunicaciones en las rutas entre París, Italia, Suiza y España. A lo largo de su historia ha alternado épocas de prosperidad con otras de decadencia.

Marsella es la capital y ciudad más poblada de la región de la Provenza-Alpes-Costa Azul (también conocida como PACA), una de las más turísticas y conocidas de Francia. Esta región es la imagen del turismo de lujo, de los grandes yates y de las boutiques de marca. No obstante, también quedan pueblecitos con encanto y mucha historia.

PACA

En la Provenza se encuentran el valle del Ródano, con Orange, Aviñón, Arles y la Camarga; también Les Alpilles, les Baux de Provence y St Remy-de-Provence; el macizo del Luberon; Aix-en-Provence, Marsella, Les Calanques; Cassis y Tolón. El abanico de colores de sus poblaciones y sus vistas al mar ha atraído a numerosos artistas a lo largo de la historia, sobre todo a pintores (Renoir, Dufy o Cézanne).

En los Alpes es famosa la ruta de la lavanda y a medida que avanzamos hacia el interior la naturaleza gana más protagonismo. Apenas hay habitantes. Abundan los lagos y los dos grandes parques nacionales, el de Mercantour y el Parque Nacional des Ecrins.

La Costa Azul es el glamour. El clima templado favoreció que a partir del siglo XIX comenzaran a asentarse en la zona los ricos. Allí se hicieron sus segundas residencias para huir de las grandes ciudades y asegurarse respirar aire puro.

Esta región de la Provenza-Alpes-Costa Azul fue habitada en la Edad de Hierro por los ligures, después por los griegos y más tarde por romanos, ostrogodos, borgoñeses y francos. Ha pertenecido a diversas regiones (reino de Arles, reino de Aragón, casa de Anjou…).

Hoy la región consta de de seis departamentos: Var, Vaucluse, Altos Alpes, Alpes Marítimos, Bocas del Ródano y Alpes de Alta Provenza. Y comprende tanto zonas de alta montaña en su parte oriental, como otras de llanura en su parte occidental.

Marsella es la ciudad más antigua de Francia. En el 600 a. C. se convirtió en colonia comercial cuando se asentaron en ella un grupo de marineros y pasó a ser puerto de referencia facilitando el comercio entre Roma y la Galia. Asimismo, favoreció la propagación de la cultura griega hacia el interior del continente.

En el 49 a. C. fue anexionada a Roma y pasó a llamarse Massilia. La ciudad siguió prosperando gracias a los aportes romanos, como por ejemplo el alcantarillado público. Tras la caída del Imperio Romano en el siglo V, Marsella pasó a manos visigodas, después a ostrogodas y finalmente a francas. En el siglo IX Marsella fue atacada y saqueada por tropas venidas desde Al-Ándalus, y durante el siglo X perpetuó su decadencia económica.

Comenzó a recuperarse en los siglos posteriores, sin embargo, volvió a decaer de nuevo tras la peste de 1347 que acabó con más de la mitad de la población. Y no terminaba de recuperarse cuando volvió a ser saqueada en 1423 por la Corona de Aragón como respuesta a las pretensiones francesas de recuperar el dominio de los territorios del sur de Italia.

Marsella recuperó parte de su relevancia y el comercio volvió a florecer con la llegada del nuevo Rey de Sicilia y Duque de Anjou, Renato I de Nápoles. Este se estableció en la ciudad y mandó construir unas murallas que protegieran el puerto y dotaran a Marsella de unas nuevas defensas. También fundó la Corporación de Pescadores. En 1481 Marsella se unió a la Provenza y en 1482 al Reino de Francia.

En el siglo XVIII se mejoraron las murallas y el puerto ganó importancia en aspectos militares. Sin embargo, en 1720 la población volvió a disminuir como consecuencia de la Gran Peste de Marsella, variante de la Peste Negra. La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas también perjudicaron a la ciudad.

En el siglo XIX en Marsella prosperó. Surgieron fábricas y aumentaron las instalaciones portuarias. Se desarrolló la industria y se convirtió en ciudad industrial gracias a los sectores del hierro y el acero, los productos químicos, los de plástico y metal, los barcos, el petróleo, los materiales de construcción y la industria aeronaval entre otros. Además, el comercio se vio favorecido por las conquistas coloniales y la apertura del Canal de Suez. Se llevaron a cabo importantes obras de urbanismo y arquitectura, se diseñaron amplios bulevares y se construyeron edificios históricos.

Pero volvió a sufrir otro revés en la II Guerra Mundial, cuando fue ocupada por los alemanes y quedó parcialmente destruida. Después de la guerra, Marsella fue recuperándose y acogió a más de un millón de inmigrantes, muchos italianos, pero también españoles que huyeron de la Guerra Civil. Muchos más llegaron una década después con la independencia de Argelia, convirtiendo a la ciudad en una urbe multicultural. Aún así, en la década de los 70, la crisis provocó un descenso notable de la población. Hasta el último cuarto del siglo pasado Marsella no volvió a comenzar una lenta recuperación.

El desarrollo de Marsella siempre ha ido ligado al puerto y a su importancia como ciudad portuaria, desde los inicios con los griegos, hasta el siglo pasado con la llegada de los ciudadanos de las excolonias. Ha sido lugar de paso y ha sido una urbe muy cosmopolita estando conectada con Grecia, Italia, España y el norte de África (Argelia, Marruecos y Túnez). Hoy en día el puerto es uno de los principales atractivos turísticos, aunque la pesca sigue teniendo un papel relevante en la economía local. Si hablamos de turismo costero, ocupa la primera posición, gracias a su clima, sus playas, su puerto marítimo y los numerosos edificios históricos. Y es en el centro donde se conservan gran parte de los atractivos de Marsella.

En este siglo la ciudad ha emprendido un plan de renovación así como de conservación y rehabilitación del casco antiguo, sobre todo cuando se preparó para ser Capital Europea de la Cultura en 2013. Uno de los ejemplos es el Puerto Viejo, que, con una nueva disposición, está pensado para los peatones. Con su forma de U queda delimitado por los Fuertes de San Juan y San Nicolás.

Es el principal puerto de Marsella (alberga unos 3.000 barcos) y punto neurálgico del turismo, pues en él se encuentran un buen número de cafeterías, tiendas, mercados y puestos. Está formado por los muelles des Belges, el muelle du Port (a derecha) y el muelle Rive Neuve (a izquierda).

Puerto

Marsella

Sin embargo, nosotros lo dejaríamos para el final. Primero iríamos a lo más lejano, así, si el tiempo apremiaba a última hora, estaríamos en la parte más próxima a la terminal de cruceros. El bus nos dejó en Joliette y allí cambiamos de parada para tomar el bus 55 que nos llevaría a la Notre Dame de la Garde, una iglesia que se encuentra en una colina dominando la ciudad. Aunque el bus va indicando las paradas, llevábamos la app moovit para saber cuándo bajarnos, y una señora, que hablaba muy bien español, nos preguntó si íbamos a la iglesia, que ella se bajaba allí y nos podía avisar. Así que, eso hicimos, nos bajamos cuando ella y seguimos sus indicaciones para subir hasta lo alto del cerro.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde es una basílica católica menor que se encuentra en el punto más alto de la ciudad, a 162 metros sobre el nivel del mar, por lo que es visible desde prácticamente toda la ciudad. El día había amanecido algo nublado, pero aún así desde allí se podía ver la costa y el archipiélago del Frioul.

Marsella

Marsella

Este archipiélago se compone de cuatro islas: Pomègues, Ratonneau, Tiboulen e If. Está protegido y forma parte del Parque nacional de las Calanques. Es un entorno en el que se pueden encontrar casi un centenar de aves marinas y más de 300 especies vegetales raras y protegidas.

El Chateau d’If, en la isla del mismo nombre, es una fortaleza que mandó construir Francisco I en 1527 para proteger a la ciudad de ataques marinos. De esta forma quedarían controladas las salidas y entradas de barcos, a tiro de los cañones. Sin embargo, a partir del siglo XVII se convirtió en prisión estatal y se hizo conocida gracias a Alejandro Dumas, que ambientó allí su novela El Conde de Montecristo. Desde entonces se ha convertido en atracción turística y es uno de los monumentos más visitados de Marsella. También transcurren en la prisión la leyenda de El hombre de la máscara de Hierro y la del Marqués de Sade. Además, alberga el Hospital Carlonie, de 1828, donde reposaban los marineros que regresaban con fiebre amarilla.

Para visitar el castillo hay que pagar un trayecto en barco, y la propia entrada. Nosotros al tener una escala tan corta, ni nos planteamos visitarlo. Nos conformamos con las vistas desde la colina. En 1892 se construyó un funicular para subir a la cima. Constaba de dos cabinas y tenía capacidad para 50 personas, pero cesó su actividad en 1967 y desde entonces no nos queda otra que subir a pie.

Notre Dame de la Garde

El templo es conocido también como la Bonne Mère – la Buena Madre-, pero su nombre oficial se debe al nombre de la colina, ya que era un puesto de observación. Fue construida en 1853 sobre los cimientos de un fortín que había en el siglo XVI y se convirtió en lugar de culto de los pescadores marselleses, quienes siguen creyendo que les protege cuando están en alta mar. En la época en que se erigió se estaban construyendo muchas basílicas por todo el territorio francés siguiendo el programa de grandes construcciones impulsado por Napoleón III. Un caso claro es el Sacre Coeur.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde

Es de estilo románico-bizantino y está recubierta de mármol proveniente de Italia. Cuenta con una torre de planta cuadrada y 41 metros de alto cuya campana pesa más de 8 Toneladas y recibe el sobrenombre de Marie Josephine. El campanario está coronado por una efigie dorada de 11 metros de la Virgen María con el niño Jesús en brazos. Aunque es complicada de ver, pues hay que levantar mucho la cabeza.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde

Notre-Dame de la Garde se estructura en dos niveles: la parte inferior de estilo románico excavada en la roca – conocida como iglesia baja o cripta- con los altares laterales dedicados a Santa Filomena, San Andrés, Santa Rosa, Enrique II el santo, San Luis y San Benito Labre; y la superior o iglesia alta, que está dedicada a los marineros. Cuenta con motivos marinos y alusión a los pescadores, como no podía ser de otra forma en una ciudad como Marsella. Se pueden encontrar cuadros de barcos, timones, salvavidas… Las columnas y pilares de mármol están decorados en rojo y blanco.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde

La basílica tuvo que ser reconstruida a principios de este siglo pues la piedra utilizada para la construcción se deterioró como consecuencia de la contaminación industrial, sobre todo por las calefacciones de carbón. Las nuevas piedras se trataron antes de ser colocadas para que resistan más. También se restauraron los mosaicos interiores, que se habían dañado por los impactos de bala en 1944 y por el humo de velas y cirios.

Si subiendo las escaleras se podía ver la costa, en uno de los laterales de la iglesia hay una terraza donde se puede observar cómo se extiende la ciudad. Y me sorprendió, pues es inmensa. No es como Atenas, que no alcanzas a ver el fin, pero sí que se ve muy poblada.

Marsella

Marsella

Entre edificios de viviendas destaca la cúpula blanca del Stade Vélodrome, el segundo estadio más grande de Francia con capacidad para 67.000 personas. En él juega el Olympique de Marsella, el club local.

Stade Vélodrome

El primer estadio se construyó en 1937 para la Copa del Mundo de Fútbol de 1938 y mantuvo las pistas del velódromo hasta 1980. Se renovó y amplió para el Mundial de 1998, cuando acogió los partidos más importantes. Con estas obras se adaptó para que también pudiera servir para las competiciones de rugby y espectáculos como conciertos. Una tercera renovación tuvo lugar entre 2011 y 2014 para la Eurocopa de 2016. Fue entonces cuando se amplió hasta la capacidad actual y se cubrieron las tribunas.

Desde la terraza oíamos unos tambores y cánticos y al asomarnos nos encontramos con una celebración. Aunque no sabemos cuál era el evento.

Marsella

Tras dar una vuelta a la basílica, emprendimos la bajada hasta la parada de autobús más próxima donde tomamos un bus con dirección a la Abadía San Víctor. Fue fundada en el siglo V por Saint Jean-Cassien en unos terrenos próximos a una necrópolis medieval en la que se encontraban las tumbas de los mártires de Marsella, entre los que se encontraba San Víctor (de ahí toma su nombre) y es uno de los lugares más importantes de la cristiandad de la región.

Abadía San Víctor

En el siglo XI el Abad Isarn mandó construir una nueva iglesia cuya influencia se extendió por la Provenza, Catalunya, Castilla, Italia e incluso Siria. Desde finales del siglo XII hasta el siglo XIII, se reconstruyó por completo la abadía y en el siglo XIV (durante la época del Papa Urbano V, antiguo abad de San Víctor) se añadieron modificaciones de carácter defensivo al monasterio por su proximidad al puerto. Fue fortificado con torres almendradas y se agrandó el coro.

Abadía San Víctor

A partir del siglo XV, la abadía empezó un declive irreversible. Para 1738 la iglesia fue secularizada y en 1751 se convirtió en colegiata. El monasterio quedó disuelto con la Revolución, pero la iglesia se convirtió en almacén de forraje, cárcel y cuartel, lo que la mantuvo en pie. En el siglo XIX fue restaurada y recuperó su función religiosa.

Cada 2 de febrero, el día de la Candelaria, una procesión sale del Puerto Viejo hasta la abadía. Después de que el arzobispo bendiga la virgen y dé misa, hace lo propio con las Navettes, unas típicas galletas marsellesas con forma de barco.

Abadía San Víctor

La iglesia actual es una obra maestra del arte románico provenzal como se puede observar en su sobriedad, tanto en la exterior, como en la interior.

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Además del altar y del órgano se puede encontrar la tumba de San Víctor, así como diferentes sarcófagos y reliquias que atraen a peregrinos de todo el mundo.

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Tras la breve visita volvimos al exterior, y nos dirigimos hacia el puerto. Desde allí quisimos acercarnos al Fuerte de San Nicolás, pero una pareja que bajaba nos comentó que estaba cerrado (al parecer se van a llevar a cabo tareas de restauración), así que tuvimos que verlo solo por fuera.

Luis XIV se enfrentó a un fuerte movimiento antimonárquico tras tomar la ciudad, así que, mandó tirar las murallas medievales y construir el fuerte con los cañones apuntando hacia el pueblo. Era su forma de mantener en orden a los marselleses en caso de rebelión. Es decir, no tenía finalidad bélica, sino garantizar el control de la ciudad gracias a su doble recinto, las fosas y los bastiones. Paradógicamente, esta fue la primera fortificación en ser incendiada durante la Revolución Francesa, cuando fue usada como prisión. Casi quedó destruida, pero se reconstruyó en 1833.

En la II Guerra Mundial los alemanes lo usaron de almacén de municiones y explotó, con lo que años más tarde hubo que rehabilitarlo. Después se declaró Monumento Histórico.

Fuerte de San Nicolás

El fuerte se divide en dos: Fuerte Alto y Fuerte Bajo. La parte alta cuenta con dos recintos entrelazados. La  baja sirve de patio y acogía una capilla medieval de la que ya no quedan restos. También había una torre que permitía manejar la cadena que cerraba el puerto. Cadena que por cierto se llevaron los aragoneses como trofeo tras su saqueo de 1423 y hoy está en la catedral de Valencia.

El fuerte pertenece al Ministerio de Defensa desde 2010.

En la roca encontramos un monumento con la inscripción Montee du souvenir français. Que no engañe lo de “souvenir”, al parecer es una asociación que organiza acciones para rendir homenaje a aquellos que murieron defendiendo el honor y el país. Esta placa conmemoraría a aquellos que lucharon contra el rey por defender la independencia de la ciudad.

Montee du souvenir français

Dado que no pudimos entrar al fuerte, continuamos caminando por el puerto, a un lado los veleros amarrados, y al otro bares, restaurantes, tiendas y locales de ocio.

Puerto de Marsella

Marsella

Puerto de Marsella

Uno de los ejemplos es el Teatro Criée, el Teatro Nacional de Marsella. Ocupa el edificio del antiguo mercado de pescado y aún conserva su fachada de hierro y cristal en la que se puede leer Criée Libre aux Poissons.

Teatro Criée

Muy cerca podemos encontrar el Museo del Jabón, donde se puede ver la historia de este producto, así como participar en algún taller y hacer una pastilla. También tiene tienda. El famoso Jabón de Marsella consiste en una mezcla de aceite y sosa triturada a la que se le añade miel, esencias y perfumes.

El jabón de Marsella nació en el siglo XII. Más tarde, en el XVI, se abrieron las fábricas y se dejó atrás el proceso artesano. Se convirtió en un producto muy valorado y para 1660 ya había 7 fábricas en la ciudad que producían más de 20.000 toneladas de jabón. Un siglo más tarde la producción ascendió a 76.000 toneladas y se convirtió en denominación de origen.

A comienzos del siglo pasado había 90 fábricas de jabón, pero la I Guerra Mundial y la falta de comunicaciones marítimas provocaron que para 1918 tan solo se fabricaran 52.817 toneladas. Sin embargo, veinte años más tarde consigue aumentar a las 12.000 gracias a la mecanización. Después, tras la II Guerra Mundial, con la aparición de los detergentes, su producción descendió drásticamente.

No obstante, hoy en día el Jabón de Marsella se ha recuperado gracias a los ecologistas y gente que busca recuperar una tradición menos contaminante.

Mussee du Savon

Continuamos por el puerto, pero no hicimos la U completa, sino que nos dirigimos hacia el interior. Nos adentramos en el corazón de la ciudad y paseamos por plazas con sus mercadillos y locales que preparaban sus terrazas. Las fachadas de los edificios estaban ennegrecidas, algo típico de las ciudades portuarias.

Marsella

Marsella

Marsella

Marsella

En la Calle Molière se encuentra la Ópera. Aunque el edificio que vemos hoy en día no es el original, ya que este se incendió en 1919 y tuvo que ser reconstruido. El nuevo teatro, inaugurado en 1924, se realizó en estilo Art Decó. Tan solo se han conservado las paredes maestras y la fachada principal con su columnata jónica.

Ópera

Desde 1945 es municipal, ya que se considera un elemento fundamental de la cultura de los marselleses, y no como algo exclusivo de las élites como pudiera ocurrir en otras ciudades o países.

Muy cerca nace la calle Paradis, la más larga de Marsella. Se extiende por tres distritos a lo largo de 2,8 kilómetros y tiene un cierto aire burgués. En ella se pueden encontrar tiendas de decoración, salones de té, floristerías, tiendas de ropa de lujo, sedes de bancos y empresas.

Rue Paradis

Paralela es la Rue Saint-Ferréol, una calle peatonal llena de tiendas que recuerda a Preciados. En lugar de El Corte Inglés, tiene las famosas Galerías Lafayette. Y sus balcones tienen cierto toque parisino.

Rue Saint-Ferréol

Rue Saint-Ferréol

Esta calle nos conduce al Palacio de la Prefectura.

Palacio de la Prefectura

Este imponente edificio fue construido entre 1862 y 1866, durante el Segundo Imperio. En la fachada, sobre la puerta principal, había una estatua ecuestre de Napoleón III, pero fue destruida en 1870.

En el lateral que da a la Plaza de Roma hay un monumento en recuerdo a la Justicia, el Derecho y la Libertad del Trabajo.

Pax

Siguiendo por la calle llegamos al Cours Julien (conocido localmente como Cours Ju’), el barrio bohemio. Es un barrio con mucho color salpicado de graffitis y muy animado gracias a sus locales y terrazas. Destacan las tiendas artísticas, de anticuarios, de libros usados, de discos…

Cours Julien

Cours Julien

Cours Julien

Cours Julien

Hacia 1960, para descongestionar el centro de la ciudad, se unió a todos los vendedores de frutas y verduras en esta zona. En el barrio se encontraban los almacenes mayoristas y en la calle se establecían puestos semimayoristas y otros minoristas. Se vendían mercancías que llegaban al puerto desde África (alcachofas de Túnez, naranjas de Argelia o Marruecos).

En 1972 los comercios se trasladaron al Mercado Nacional y el Cours Julien se transformó en barrio de la cultura. Aunque también sigue habiendo mercado, en este caso los miércoles por la mañana, y especializado en comida orgánica.

Cours Julien

Cours Julien

En el barrio se encuentra también la Savonnerie de la Licorne, otra jabonería en la que se puede visitar el taller y aprender el proceso de fabricación de estas pastillas.

Savonnerie de la Licorne

La tienda es más un garaje abierto, pero huele de maravilla y tiene un montón de jabones de todo tipo y olores. Se pueden comprar las pastillas sueltas, una cesta, o hacer tu propia combinación.

Continuamos bajando dirección a la Iglesia de San Vicente de Paúl, también conocida como la iglesia de los Reformados, pues fue construida en 1855 sobre el emplazamiento del santuario de los Agustinos Reformados.

Iglesia de San Vicente de Paúl

De estilo neogótico, en los años 80 del siglo pasado se consideró su demolición, pues no había muchos católicos en el barrio y no se usaba prácticamente. Tan solo se abría los domingos para misa. A partir del 2005 se cambió el rumbo y el nuevo párroco abrió sus puertas doce horas al día, celebrando misa diaria. Desde aquel momento el número de fieles ha subido.

En el bulevar de la Rue Saint-Bazile, justo frente a la iglesia, se encuentra el Monument des Mobiles.

Monument des Mobiles

Fue inaugurado en 1894 con gran expectación. Es un monumento patriótico que consta de una columna coronada por la figura de una mujer que porta una espada representando a Francia. Abajo, cuatro soldados que personifican cuatro cuerpos militares.

La localización de este monumento se ha convertido en simbólica. El hecho de que mire a la iglesia hay quien lo ha visto como un reivindicación del ambiente anticlerical del momento y de la separación de la Iglesia y del Estado.

Seguimos por la avenida La Canebière, una de las arterias principales de Marsella y después tomamos la paralela Rue Thubenau, pues en el número 25 se encuentra el Memorial de la Marsellesa, un museo que sirve de viaje a la Revolución Francesa gracias a efectos especiales y realidad virtual. Aunque estaba cerrado, por lo que no lo visitamos. No tiene mucha pérdida, ya que la bandera que ondea en su fachada se ve desde varios metros antes.

Memorial de la Marsellesa

La Marsellesa, himno nacional, era la canción que iban entonando los 500 voluntarios marselleses que marcharon a París para unirse a la causa del gobierno revolucionario. En la época del Imperio y de la Restauración fue prohibida, aunque en 1830 se volvió a instaurar. De nuevo durante la ocupación alemana quedó prohibida porque se consideraba que promovía la resistencia. En 1958 se recuperó como himno nacional, y así aparece en la Constitución. Se han hecho intentos de adaptarla, pues algunas frases o expresiones son demasiado violentas o incluso racistas. Sin embargo, se mantiene como era, aunque no se cantan todas las estrofas.

El museo se ubica en la antigua sala del juego de Paume, donde se constituyó el cuerpo de federados que hicieron famoso el cántico.

La calle Thubenau se encuentra además en el distrito de las artes, una iniciativa que nació a principios de 2017 en la que los estudiantes del Liceo Thiers recuperan el alma artística y estética de las calles por medio de sus pinturas. Así, nos encontramos con muchos cierres de locales decorados con grandes retratos de personalidades importantes del barrio, así como galerías al aire libre en las zonas peatonales.

Rue des Arts

Marsella

Y desde aquí comenzamos la vuelta al puerto y a la otra mitad que nos faltaba. No paramos para comer, sino que nos comimos unos bocadillos de tortilla francesa que nos habíamos preparado en el desayuno y seguimos gastando suela. No había tiempo que perder.

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4 comentarios en “Crucero por el Mediterráneo. Día 2. Marsella

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