Crucero por el Mediterráneo. Día 3. Génova II

Habíamos llegado al centro histórico, al barrio que es patrimonio de la UNESCO desde 2006. Emprendimos rumbo a la Via Garibaldi, una calle plagada de edificios históricos, sobre todo palacios.

Refleja esa época de esplendor de la República de Génova a mediados del siglo XVI cuando era toda una potencia financiera y marítima. Al igual que ocurrió en otras muchas ciudades europeas, se proyectó una nueva zona residencial para la clase noble, que quería un lugar más exclusivo para sus residencias. Así nació este distrito señorial con sus Strade Nuove y el sistema de los Palazzi dei Rolli.

Todos estos palacios y edificios importantes datan del siglo XVI y principios del XVII y son de estilo renacentista y barroco. En total son unas 42 construcciones incluidas en el patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Destacan el Palazzo Rosso, el Palazzo Bianco y el Palazzo Tursi. Una pena que no se pueden apreciar bien, porque la calle es demasiado estrecha como para poder alejarse y contemplarlos (ya no digo fotografiarlos con un objetivo 18-55mm) en todo su esplendor.

El primero que nos encontramos que nos llamó la atención por su fachada azul decorada fue el Palazzo Podestà o Nicolosio Lomellino.

Fue construido entre 1559 y 1565 para una familia que había conseguido un importante capital en la primera mitad del siglo XVI gracias a la pesca de coral en la isla de Tabarka (la de Túnez, no la de Alicante). A principios del XVII cambió de manos y la nueva familia llevó a cabo una reestructuración interna. Posteriormente pasó a Andrea Podestà (alcalde de Génova entre 1866 y 1895) de quien toma el nombre hoy en día.

Seguimos paseando bajo la lluvia y nos encontramos con el Municipio, que se halla desde 1848 en el Palazzio Doria-Tursiun palacio que se comenzó a construir en 1565 para Niccolò Grimaldi, un importante noble genovés. Después fue comprado por Giovanni Andrea Doria, quien se lo pasó a su hijo Carlo, duque de Tursi.

Ocupa tres parcelas y cuenta con una fachada que combina el blanco mármol de Carrara con el gris de la pizarra y el rosa de la piedra finale. En su portal de mármol resalta el emblema de Génova.

Además de ser la sede municipal, es parte del complejo del museo genovés y alberga la ampliación de la galería del Palazzo Bianco, al que está conectado. En sus salas se pueden encontrar obras de la pintura genovesa de los siglos XVII y XVIII, así como la colección numismática y de cerámica del municipio de Génova. También cuenta con salas monumentales en las que se exponen piezas famosas.

Las dos plantas del edificio quedan abiertas a un patio por medio de unas galerías con arcadas, que fue donde nos resguardamos a tomar el tentempié de media mañana.

Tras el parón, continuamos recorriendo la Via Garibaldi. En la acera opuesta encontramos el Palazzo Rosso, cuya fachada es obviamente roja.

Fue construido en 1671 para la familia Brignole-Sale, quien en 1874 lo cedió a la ciudad con toda su decoración. Hoy en día es un museo que expone una rica colección con esculturas clásicas, el Ecce Homo de Caravaggio, retratos de Van Dyck, obras de Tiziano, Durero y Tintoretto, muebles señoriales y cerámicas de Liguria.

Un poco más adelante, de nuevo cruzando de acera, se erige el Palazzo Bianco, también conocido como Palazzo Luca Grimaldi.

Fue construido entre 1530 y 1540 y reconstruido en 1711. En 1892 se abrió como museo y hoy alberga una importante colección de pintura italiana y europea del siglo XVI al XVIII. En él podemos encontrar obras de Rubens, Caravaggio, Van Dyck, Murillo, Zurbarán o José de Ribera.

Justo al lado se encuentra el Palazzo Grimaldi della Meridiana, construido por Gerolamo Grimaldi Oliva, un banquero y comerciante genovés.

En el momento de su construcción, la zona no estaba urbanizada, sino que era una parte de la colina de Castelletto bastante empinada. Aún no se habían levantado los palacios de la Strada Nuova. Fue en la época de su hijo Battista a mediados del siglo XVI cuando se trazó la calle y comenzaron a erigirse los edificios que hoy en día conforman uno de los principales atractivos de la ciudad.

Génova siguió urbanizándose y a finales del siglo XVIII se abrió la Strada Nuovissima (hoy vía Cairoli), que conectaba con la Strada Nuova. Se creó también la Piazza della Meridiana y la fachada sur del palacio fue renovada.

En el siglo XIX cambió varias veces de propietarios. En el siglo XX fue usado como Hospital Militar durante la I Guerra Mundial y después pasó al ayuntamiento de Génova en régimen de alquiler. El municipio lo convirtió en edificio público, por lo que lo reconstruyó y acondicionó.

En 2004 lo compró el Gruppo Viziano, que lo restauró y abrió al público.

Muy cerca se encuentra la Basílica de San Siro, una de las iglesias más antiguas de Génova y la primera catedral de la ciudad.

Fue construida en el siglo IV y, aunque recibió el nombre de los Doce Apóstoles, se le cambió por el del obispo Siro, que fue enterrado allí.

Hoy se encuentra en el centro histórico de la ciudad, sin embargo, cuando se levantó estaba a las afueras de las antiguas murallas de la época carolingia. Esta localización tan susceptible de ataques e invasiones influyó notablemente en el traspaso de la catedral.

En el siglo XI se erigió un nuevo templo de tres naves en el lugar de la iglesia original que fue consagrado en 1237 y dependía de los benedictinos. Cuando esta orden se marchó en 1575 pasó a los Padres Teatinos.

En 1580 el ala sur de la iglesia quedó arrasada por el fuego, por lo que hubo que reconstruir la iglesia en su totalidad. La restauración se llevó a cabo en un estilo barroco, aunque la fachada principal, construida en el XIX, es neoclásica.

En 1904, ante el peligro de derrumbamiento, se demolió el antiguo campanario románico de 50 metros de altura y ya no fue vuelto a construir. Más tarde, durante la II Guerra Mundial la iglesia quedó dañada como consecuencia de los bombardeos y tuvo que ser restaurada.

El interior está dividido en tres naves claramente barrocas. Este estilo siempre me abruma por la cantidad de detalles que tiene. Y no en el buen sentido, me resulta demasiado recargado.

El altar mayor está realizado en mármol negro y bronce por un artista marsellés, Pierre Puget. En el ábside destaca el grupo Pietà, que está inspirado en la famosa estatua de Miguel Ángel de la Basílica de San Pedro.

En los pasillos laterales se distribuyen seis capillas también extremadamente decoradas que llevan el nombre de las principales familias que contribuyeron a la decoración de la iglesia.

Tras el abrumador interior de la basílica, volvimos al exterior siguiendo nuestro paseo hacia la Chiesa di Santissima Annunziata del Vastato, una de las iglesias más representativas del arte genovés del Manierismo tardío y del Barroco de principios del siglo XVII.

Fue construida por los franciscanos en el lugar en que ya había desde 1228 un convento y la pequeña iglesia de Santa Marta del Prato. Las obras comenzaron en 1520 en gótico tardío siguiendo el estilo artístico de la Basílica de San Francisco de Asís, lo cual hizo que no tuviera mucho sentido con el resto de construcciones del momento.

Sin embargo, la construcción no se finalizó por razones económicas. También porque la fachada daba a la Piazza della Nunziata que no pertenecía a los frailes. En el siglo XVI tras el Concilio de Trento los monjes se vieron obligados a realizar una renovación casi total de la iglesia, sin embargo, para ello tuvieron que buscar financiación. Se encargaron de pagar las obras la familia de los Lomellini, quienes además la usaron como capilla familiar. En 1867 se construyó la fachada neoclásica con dos campanarios.

Con los bombardeos de la II Guerra Mundial la iglesia quedó dañada y se perdieron frescos de las capillas laterales, aunque la estructura y los pilares se mantuvieron en pie.

Continuamos por la Via Balbi, una calle del siglo XVII en la que se encuentra la Universidad y el Palazzo Reale. La Universidad, construida en cuatro niveles, data de 1634 y fue diseñada por Bartolomeo Bianco, el mismo que se encargó de casi toda la calle.

El Palazzo Reale también se conoce como el Palazzo Stefano Balbi y es uno de los edificios históricos más importantes de Génova.

Comenzó a construirse en 1618 por la familia Balbi. Una segunda fase se llevó a cabo entre 1643 y 1655, momento en que se planificó el cuerpo central del edificio y sus dos alas laterales. También se añadió el jardín y se renovó la planta interior.

En 1677 la familia Balbi se lo vendió a la familia Durazzo, que llevaron a cabo tareas de ampliación. En estas obras se modificaron varios aspectos arquitectónicos.

En 1823 pasó a los Saboya, quienes renovaron varias estancias para adecuarlo y convertirlo en su residencia oficial. En 1919 pasó finalmente al Estado.

Hoy, convertido en museo, constituye una de las principales colecciones de arte de la ciudad gracias a que conserva el mobiliario original desde mediados del siglo XVII hasta comienzos del XX, obras de arte (tanto pinturas como esculturas) y objetos cotidianos.

Frente al Palacio Real y junto al edificio de la Universidad se encuentra la Parrocchia dei Santi Vittore e Carlo, construida en el siglo XVII para los carmelitas descalzos. En 1798 los frailes la abandonaron y pasó a ser una iglesia parroquial.

En la II Guerra Mundial dos bombardeos la dañaron gravemente, así pues, tuvo que ser reconstruida.

La Via Balbi nos conduce al monumento a Colón, sito en la Piazza Acquaverde, frente a la estación Piazza Principe

La estación, también conocida como Génova Príncipe, es la estación central de la ciudad y data de 1860. Aunque ha sufrido varias modificaciones con el paso del tiempo, la fachada es la original.

Frente a la estación se erige el Hotel Colombia, el que fuera el hotel de los pasajeros de segunda y tercera clase de los Ocean Liners, aquellos que cruzaban el charco buscando un futuro.

Habíamos hecho una ruta circular y nos encontrábamos cerca del puerto. Aún nos quedaba alguna zona por recorrer, pero decidimos volver al barco, secarnos un poco, comer, y salir de nuevo después para otro corto paseo antes de zarpar.

Sin embargo, cuando terminamos de comer la lluvia se había vuelto más persistente y estábamos empapados al momento. No al nivel de Copenhague, pero sí que era incómoda, sobre todo para ir con la cámara y con un paraguas que no era capaz de rechazar tanta agua. Además, había que sumar el aire… Así que, después de llegar al Complejo de San Giovanni di Pré, decidimos volver al barco y dar por terminada la visita a una ciudad que de todas formas, no nos había gustado demasiado.

Nos cambiamos y montamos una estación de secado en el baño. Nos vino muy bien la cuerda de tender dentro de la ducha. Gracias a ella pudimos colgar los pantalones y el chubasquero. El calzado tardaría más en secarse y tendríamos que acabar recurriendo incluso al secador de pelo.

Ya cambiados, salimos a cubierta a despedirnos de Génova, aunque desistimos, pues hacía frío, estaba lloviendo y toda la cubierta encharcada.

Además, la salida – que estaba programada a las 6 – se estaba retrasando. Dado que no adelantábamos nada al descubierto, decidimos ponernos a resguardo y volver al pub.

Luego oímos por megafonía que estábamos esperando a que llegara un grupo de pasajeros para zarpar. Dado que el barco no espera nada más que a los viajeros que van en sus excursiones, pensamos que quizá aún no habían llegado los de la de Milán seguramente por el tráfico. Pero es mera especulación.

Siguiendo la rutina diaria, nos duchamos y preparamos para la cena. Esta vez teníamos para elegir de primero entre ceviche (entre la oferta gastronómica de Liguria no puede faltar el pesto, pero sobre todo el pescado), mozzarella con tomate, ensalada provenzal y sopa minestrone. Como llevábamos todo el día bajo el agua, nos decantamos por la sopa calentita.

Entre los segundos teníamos Mezzi paccheri con salsa de mar, risotto con alcachofas, filete de bacalao a la ligure (como no podía ser de otra forma estando en Liguria), pierna de ternera y estofado de legumbres. Aquí diferimos en nuestra elección y mientras que yo me decanté por el bacalao (que elegir pescado siempre era un acierto), él probó la ternera.

Los postres del día eran Tarta Ópera, Tarte Tatin (de manzana confitada), fruta fresca, postre sin azúcar o mousse ligera de frambuesa. Nos llamó la atención esta última.

La climatología se notaba también en la navegación, y durante la cena apreciamos cómo oscilaba ligeramente el barco. Era estable, pero había cierto vaivén, sobre todo en los extremos y en la cubierta, donde además se podía ver cómo se movía el agua de la piscina amenazando con salirse. Muy divertido, sobre todo para alguien a quien no le gustan demasiado los barcos.

Tras cenar nos fuimos al teatro, donde teníamos asiento reservado para Magic Friends. Y si el día antes la representación me había decepcionado, este me aburrió. Y es que no me gusta mucho la magia y este en concreto, aunque estaba amenizado por los bailarines, no dejaba de ser un espectáculo de magia. Empezaba a perder la fe en los show nocturnos.

Cuando finalizó, nos tomamos una copa. Esta vez elegimos el Edge Cocktail Bar, donde el mojito dejaba algo que desear.

Así que tras un rato nos dimos un paseo por la zona de animación, donde el tema de la noche era marinero y todo el equipo de animación estaba caracterizado como tal. También las pantallas del techo.

Pero tampoco nos quedamos mucho rato, pues ya rozábamos la medianoche y Nápoles nos esperaba a la mañana siguiente.