Crucero por el Mediterráneo. Día 5. Sicilia II: Catania

Para llegar a Catania no hay mucha pérdida porque es línea recta como quien dice.

Pero claro, eso en teoría, porque en la práctica tienes que lidiar con el tráfico siciliano y sus conductores. Se puede llegar bien con la SI o con la Autoestrade.

Nosotros elegimos esta segunda esperando que fuera más rápida y así aprovechar mejor el tiempo, pero resultó que no era una autopista como habríamos esperado, al menos no con los estándares europeos. La carretera, más propia de una nacional, no tenía arcenes en la mayoría del trayecto, por no hablar de los tremendos baches y agujeros de la calzada. Lamentable para una autopista que además resultó ser de peaje (3.70€ de Mesina a Catania). Así que, por si fuera poco estrés tener que ir controlando a los sicilianos al volante, además has de ir con cuidado de no dejarte los amortiguadores por el camino. Incluso encontramos algún tramo con obras.

Catania, la segunda ciudad más grande de Sicilia, fue fundada en lo alto de una colina por los griegos en el año 729 a. C. De aquella época griega no quedan restos, pero sí de sus etapas posteriores.

En el 263 a. C. tras la primera guerra púnica fue declarada rápidamente colonia romana y de aquel período se conservan monumentos como el teatro, el anfiteatro, murallas, restos del foro, termas, sepulcros o el odeón. No obstante, se perdió gran parte como consecuencia de los numerosos terremotos que han sacudido Catania en su historia. Lo que ha llegado a nuestros días quedó sepultado bajo la ciudad actual y la lava de las siete erupciones del Etna que la asolaron.

Tras las invasiones bárbaras pasó a dominio bizantino y después fue controlada por los árabes, quienes llevaron a la ciudad nuevas técnicas agrícolas y cultivos.

En 1071 quedó en manos de los normandos, quienes llevaron a cabo reformas para estimular las actividades culturales de la isla. Fue en esta época cuando se construyó la catedral y se repartieron las tierras entre diferentes órdenes religiosas.

Más tarde llegarían los suavos y Catania se convertiría en punto estratégico. Más aún cuando Federico II Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Sicilia, mandó construir el Castillo Ursino entre 1239 y 1250.

En 1282 pasó a depender de la corona de Aragón y se convirtió en la residencia favorita de los reyes y capital del Reino de Sicilia.

En 1434 el rey Alfonso V de Aragón eligió Catania para fundar la primera Universidad de Sicilia, por lo que la ciudad se convertiría en punto de referencia de la cultura en la época. La decadencia de la ciudad llegó cuando se trasladó la sede real a Palermo.

La Catania que encontramos en la actualidad fue rediseñada en el siglo XVIII, ya que en 1693 quedó arrasada por un terremoto cuando aún no se había recuperado de la erupción del Etna en 1660. El nuevo diseño contemplaba una ciudad de calles anchas y rectas con amplias plazas con formas irregulares para prevenir futuros terremotos. La sintonía con el volcán es tal que la mayoría de sus edificios ha incorporado la lava negra como material de construcción.

En 2002 fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad dentro de la categoría “Ciudades del barroco tardío de Val di Noto” así que parece que merecía la pena una visita.

Intentamos aparcar cerca del centro, pero era imposible encontrar un hueco, además era de pago, por lo que tuvimos que alejarnos un poco e ir dando un paseo. De camino hasta la zona más histórica, nos encontramos con un mercado ambulante primero de libros y objetos varios, pero luego de alimentos (tanto con pescado y carne, como con fruta y verdura).

En esta primera toma de contacto la imagen que desprende Catania es de ciudad sucia y decadente. Parece estar olvidada con sus callejones grafiteados y edificios viejos.

Sin embargo, a medida que vamos acercándonos al centro, va mejorando gracias a sus edificios monumentales. Aunque le sigue faltando un poco más de lucimiento.

El mercado parecía concentrarse en la plaza Carlos Alberto de Saboya, frente a la Basílica Santuario del Carmine, una iglesia que data de 1729 y que el Papa Juan Pablo II elevó a basílica menor en 1988.

Se estructura en tres cuerpos y en el centro, sobre el portal, se alza la estatua de la Virgen. Tras ella se encuentra el campanario que consta de cuatro campanas. La más antigua y más grande data de 1525, la segunda se incorporó en 1833, la tercera en 1838 y la cuarta y más pequeña, de 1933.

Muy próxima está la Piazza Stesicoro, donde se hallan las ruinas del teatro romano, del año 21 a.C. Aunque solo es visible parte de uno de los semicírculos del anfiteatro, el resto se intuye que se quedó debajo de los edificios colindantes.

La plaza queda recogida entre el Palazzo del Toscano, el Palazzo Beneventano y la Chiesa di San Biago o Sant’Agata alla Fornace.

El Palazzo del Toscano comenzó a construirse a principios del siglo XVIII como residencia de los marqueses de Toscana, sin embargo, las obras se paralizaron cuando iban por el primer piso. En 1858 pasó a Antonino Paternò del Toscano, que pronto se convirtió en el primer alcalde de Catania y decidió continuar con la construcción. En esta nueva etapa el arquitecto se basó en corrientes de la época en otras ciudades italianas, sobre todo en los palacios napolitanos.

Frente al palacio, en el centro de la plaza, se alza la estatua del compositor siciliano Vincenzo Bellini.

Tomando la Via Crociferi sorprende ver la cantidad de iglesias concentradas en tan solo una calle. Destacan del siglo XVIII las de San Francesco Borgia, San Benedetto y San Giuluano. Si Italia de por sí es religiosa, parece que Sicilia aún más. De hecho, en la oficina de alquiler del coche no faltaba un cuadro de la virgen…

Poco antes de llegar al cruce con la Via Vittorio Emanuele II se encuentran los restos del Teatro Romano y del Odeón. Y no muy lejos las termas. Y si seguimos la calle en sentido opuesto llegamos al centro neurálgico de la ciudad, la Piazza Duomo. Esta plaza es un claro ejemplo del barroco de Catania. En ella se concentran imponentes edificios como el Palazzo del Municipio, el antiguo Palacio del Seminario de los Clérigos, la catedral y la Porta Uzeda.

El Palazzo del Municipio (Ayuntamiento) comenzó a construirse tras el terremoto de 1693. El proyecto original fue diseñado por Giovan Battista Longobardo, pero las fachadas este, sur y oeste corrieron a cargo de Giovanni Battista Vaccarini. La norte pertenece a Carmelo Batalla.

Como consecuencia de un incendio ocurrido el 14 de diciembre de 1944 se perdieron los archivos históricos de la ciudad. Poco se pudo hacer por ellos, sin embargo, sí que se intentó recuperar el edificio. Se llevaron a cabo tareas de restauración intentando mantener el estilo y diseño original y fue reabierto el 14 de diciembre de 1952.

Dejando a nuestra espalda el ayuntamiento, se encuentra el antiguo Palacio del Seminario de los Clérigos (Palazzo del Seminario dei Chierici), cuya fachada está realizada en piedra ispica blanca y arena volcánica. Data del siglo XVI, aunque fue reconstruido en el siglo XVIII porque quedó también destruido por el terremoto de 1693.

Cuenta con una compleja estructura que la conecta con la catedral por medio de un pasaje.

La Catedral de Catania fue construida originalmente entre 1078 y 1093 sobre la ruinas de las Termas Achilianas, sin embargo, ha sido reconstruida varias veces debido a terremotos y erupciones del Etna. Hoy en día poco queda del edificio de la época normanda, tan solo el crucero, las dos torres y los tres ábsides semicirculares. El aspecto externo en estilo barroco es del siglo XVIII y se lo debe también a Vaccarini.

La fachada, ricamente ornamentada, cuenta con una estatua de la patrona y protectora de la ciudad, Santa Ágata, una virgen que, según la tradición cristiana, fue sometida a grandes martirios por el cónsul romano y sacrificó su vida antes de renunciar a su fe. En el interior descansan sus restos además de los de varios soberanos de la corona aragonesa.

El campanario, de 70 metros de altura, fue erigido en 1387 y en 1662 se le añadió un reloj, lo que hizo que la torre llegara a los 90 metros. Fue reconstruido a finales del siglo XVII, momento en que se le añadió una campana de 7,5 toneladas (la tercera más grande en Italia, después de la de la Basílica de San Pedro y la del Duomo de Milán). La cúpula se incorporó en 1802.

Como eje central de la plaza se erige la Fontana del Elefante, esculpida en 1736 por Vaccarini.

El escultor intentó integrar en ella varios elementos que conformaran la esencia de la ciudad, así que no es de extrañar que se haya convertido en el símbolo de Catania.

Sobre un pedestal se alza un elefante de lava que representa la derrota de los cartagineses, ya que estos llegaron a lomos de dicho animal. Por su parte, el obelisco que porta encima simboliza a la civilización egipcia, mientras que los elementos que coronan el monumento recuerdan al cristianismo.

La leyenda dice que el elefante original era asexuado y que los hombres de Catania lo tomaron como una ofensa a su virilidad. Así, para calmar los ánimos, el escultor le añadió unos testículos más grandes de lo que correspondería a un animal de ese tamaño.

Frente a la fachada norte de la catedral se encuentra la Iglesia de la Abadía de Santa Águeda (Chiesa della Badia di Sant’Agata), que se levantó sobre las ruinas de la antigua iglesia y el monasterio de Santa Águeda, destruidos en el terremoto de 1693.

Desde su cúpula se pude obtener una vista 360º de la ciudad, aunque no subimos porque no contábamos con mucho tiempo.

Saliendo de la plaza nos dirigimos a la Puerta Uzeda (Porta Uzeda), abierta en los muros del siglo XVI de Carlos V. Recibe ese nombre por Juan Francisco Pacheco, Duque de Uceda, cuyo virreinato transcurrió entre 1687 y 1696.

Marca la entrada al casco histórico y une la Via Etnea con el puerto. Cruzándola se llega a la via Dusmet, donde encontramos las antiguas murallas de la ciudad y otro mercado.

Tras las murallas hay un agradable parque en el que también había algún puesto, aunque estos eran de artesanía.

Volviendo por la Piazza Duomo nos dirigimos a la Piazza dell’Università, donde obviamente se localiza la universidad.

Fundada en 1434 en la época del rey Alfonso V de Aragón, recibió la bula papal para poder enseñar teología especulativa, dogmática y moral, derecho civil, derecho canónico y feudal, instituciones romanas, medicina, cirugía, filosofía, lógica, matemática y artes liberales.

Sin embargo, el emplazamiento original se encontraba en la Piazza Duomo, cerca del actual Palacio del Seminario de los Clérigos. En 1684 se trasladó al hospital San Marco. Pero el terremoto acabó con el edificio, por lo que en 1696 se construyó en el lado oeste de esta plaza el Palazzo dell’Università según el proyecto de los arquitectos Francesco Battaglia, Antonino Battaglia y Giovanni Battista Vaccarini.

Una nueva reconstrucción se tuvo que llevar a cabo tras el seísmo de 1818. El encargado fue el hijo de Francesco Battaglia, quien introdujo cambios en el diseño, como la modificación de las fachadas laterales.

El edificio está estructurado en torno a un patio interior a modo de claustro, similar al Municipio de Génova.

Frente a él se alza el Palazzo San Giuliano, que fue construido en 1738 por Vaccarini para los marqueses de San Giuliano.

Aunque ha sido remodelado varias veces, sigue conservando prácticamente intactas sus fachadas. En la parte superior del arco de la puerta hay dos escudos el de los Paternò Castello, dueños del palacio y el de Asmundo, otra importante familia patricia de Catania.

A principios del siglo XX albergó el Teatro Machiavelli y el Hotel Bristol. Hoy es sede de las oficinas administrativas de la Universidad.

A la plaza da también la parte posterior del ayuntamiento así como los palacios Gioeni d’Angiò y La Piana.

Continuamos nuestra visita por la Via Etnea, muy próxima a la plaza anterior, donde se encuentra la Basílica Maria Santissima dell’Elemosina, también conocida como la Basílica Collegiata.

Se emplaza en un lugar en que hubo un templo pagano dedicado a Proserpina. Con la llegada de la cristiandad se erigió una pequeña iglesia que después en época bizantina pasaría a ser en honor de la Virgen de la Almsina. En 1396 fue elevada a Regia Cappella y era frecuentada por los aragoneses.

Fue reconstruida y movida a principios del siglo XVIII. De estilo barroco, cuenta en su segundo piso con las estatuas de San Pedro, San Pablo, Santa Águeda y Santa Apolonia.

Fue elevada a basílica menor en 1946.

Era imposible pararse en cada iglesia de la ciudad, por lo que seguimos nuestro paseo hasta la Piazza Vincenzo Bellini, una plaza peatonal en donde se halla el Teatro Massimo Bellini, un relevante elemento del patrimonio arquitectónico de Catania.

La ciudad cuenta con una importante tradición teatral en diversos estilos (tragedias griegas, teatro clásico, ópera lírica, ballet, de títeres y marionetas…), pero este de la ópera es el más prestigioso de todos ellos por delante de otros como el Metropolitan, el Verga, el Musco, el Piccolo Teatro, el Nuovo Teatro, el della Città, el Piscator, el degli Specchi o el Stabile dell’Opera dei Pupi.

Tras el famoso terremoto de 1693 nació la idea de dotar a Catania con un gran teatro de ópera, sin embargo, no fue hasta 1812 cuando se colocó la primera piedra. Y aún así, el proyecto llevó su tiempo por falta de fondos. Finalmente fue inaugurado el 31 de mayo de 1890 con la ópera Norma, obra maestra de Bellini.

Es de estilo barroco siciliano, aunque bebe del estilo Segundo Imperio de Charles Garnier, el mismo que proyectó la Ópera de París, que si recordamos, lleva su nombre. Aunque el Palais Garnier, en mi opinión, es más majestuoso que este teatro.

En la plaza, en la cara opuesta tenemos el Palazzo delle Finanze.

Desde allí tomamos la Via dell Finanze para volver al coche, pues si queríamos visitar Taormina y Mesina, tampoco nos podíamos entretener mucho. De vuelta pasamos por el Tribunal de Justicia, un edificio que es más funcional que otra cosa.

Fue construido en los años 40 del siglo pasado y es una mole de cemento. Quizá lo único reseñable es la estatua de bronce que hay a la entrada que representa a la Justicia. Aunque no sostiene la típica balanza, sino un par de hombres.

Y con esto terminamos nuestra breve visita a Catania y volvimos a la carretera rumbo a Taormina.

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