Crucero por el Mediterráneo. Día 5. Sicilia IV: Mesina

Volvimos a Mesina y, tras echar gasolina, devolvimos el coche en la oficina de alquiler. Teníamos la duda de si volver al barco a comer (pues habría que pasar por delante de la entrada a puerto) o directamente darnos el paseo. Pero como llevábamos algo de picoteo y no nos quedaba mucho tiempo de luz natural, decidimos optar por la segunda opción.

Mesina es la principal entrada de la isla y el punto de Sicilia que más cerca está de la punta de la bota, tan solo a unos 3 kilómetros de distancia. En 2006 se planteó la construcción de un puente colgante de seis carriles de tráfico que cruzara el estrecho y uniera la península con la isla. No obstante, el proyecto se abandonó en 2013 sin ni siquiera haberse empezado. En 2016 Matteo Renzi anunció que retomaría la idea, sin embargo, poco movimiento parece haber al respecto.

Mesina originalmente se llamaba Zancle (Ζάγκλη), que significaba “hoz”, en referencia a la forma natural de su puerto. Después pasó a llamarse Mesana (Μεσσήνη o Μεσσάνα).

En Mesina han ocurrido acontecimientos importantes gracias a haber sido un puerto estratégico. Su historia está ligada al estrecho y al mar, por donde llegaron griegos, romanos, bizantinos, normandos, españoles y franceses. También fue invadida por los cartagineses en la primera guerra púnica. Se cree que fue el puerto por el cual la peste negra entró en Europa en la Edad Media, traída por barcos genoveses que venían del mar Negro. En 1548, Ignacio de Loyola fundó aquí el primer colegio jesuita del mundo. Desde Mesina zarparon los barcos que ganaron en Lepanto y en su Gran Hospital se recuperó Miguel de Cervantes. El esplendor lo alcanzó a principios del XVII, bajo el dominio español, situándose entre las 10 ciudades más importantes de Europa.

En 1848 se rebeló contra los Borbones, lo que le causó represión. No sería liberada hasta 1860 por las tropas de Garibaldi. Seis años más tarde, una de las principales figuras de la unificación de Italia, Giuseppe Mazzini, fue elegido diputado en Mesina en las elecciones generales.

En la actualidad posee un importante puerto comercial y pesquero. Además de ser parada de cruceros y recibir miles de turistas cada día.

Mesina tiene mucha actividad sísmica, lo que ha provocado que quedara destruida varias veces en su historia y que no sea tan relevante como otras ciudades de la isla. El 28 de diciembre de 1908 un terremoto seguido de tsunami la arrasó y causó la muerte de 60.000 habitantes (de los 150.000 que tenía). Tras este trágico suceso la ciudad fue reconstruida, más moderna y funcional. Sin embargo, poco después sufrió los bombardeos de la II Guerra Mundial, por lo que tuvo que ser levantada de los escombros de nuevo.

A pesar de que tiene un diseño urbano moderno, aún se conservan huellas de su pasado. Podemos encontrar alguna iglesia interesante, algún palacio, fuentes ricamente ornamentadas, edificios majestuosos…

Nuestra primera parada fue la Iglesia de la Santa María de la Anunciación de los Catalanes, que viendo su trasera bien recuerda a una mezquita. Recibe este nombre por sus dueños, unos comerciantes catalanes que residían en Mesina.

Este templo fue construido en el siglo XII durante el reinado de los normandos en el lugar en que ya existía un templo dedicado a Neptuno. Fue remodelada en el siglo XIII, momento del que data su sencilla fachada. Es un gran ejemplo de mezcla entre estilos. En ella se pueden encontrar detalles bizantinos, románicos, árabes y normandos.

En el siglo XIV, durante la época de Luis II de Aragón, fue capilla real.

Su planta se podía apreciar bien desde el barco, pues la cubierta quedaba muy por encima.  Se veían claramente tanto su cúpula como sus ábsides.

Frente a ella se erige la estatua de Juan de Austria, a quien se considera vencedor de la batalla de Lepanto.

Y tomando la calle que recibe el nombre de dicha batalla, llegamos a la plaza más reseñable de la ciudad. La Piazza del Duomo, dominada por la Catedral.

Il Duomo comenzó a construirse a finales del siglo XI, una época en la que apenas había iglesias en la isla. Fue remodelada en los siglos XIV y XVI para recuperar las partes dañadas tras el incendio del siglo XIII. En estas tareas de recuperación se incorporaron cambios a su diseño original. En los siglos posteriores pasó por varios terremotos. Uno en el siglo XVII, otro en el XVIII y el último en 1908. Además, los bombardeos estadounidenses de la II Guerra Mundial casi la dejaron reducida a escombros.

Cuenta con una planta de basílica dividida en tres partes con tres portales que datan de los siglos XV y XVI. En su interior destaca el techo de madera, los 12 altares y un Juan Bautista. También es reseñable su tesoro, que alberga numerosos objetos de oro, plata y tejidos.

A su lado izquierdo se alza el campanario, que acoge el reloj astronómico más grande del mundo, fabricado en 1933 en Estrasburgo. La torre mide 65 metros y se puede subir a ella para divisar la ciudad, sin embargo, solo de 9:00 hasta las 13:00, por lo que llegábamos tarde. Aunque lo cierto es que el barco tenía una altura considerable y nos ofreció también una buena panorámica de Mesina.

Cada uno de sus cuatro cuadrantes está decorado con numerosas figuras animadas que indican las horas, los días, los meses, los planetas y las fiestas religiosas. Recuerda en cierta medida (salvando las distancias) al Reloj de Praga.

El león del cuarto piso mide 4 metros de altura y representa a la ciudad y su fortaleza. Para simbolizarlo, agita tres veces el asta con la bandera de Mesina, a la vez que mueve la cola y ruge.

Un piso más abajo, frente a las campanas, un gallo de 2,20 metros personifica la inteligencia y la laboriosidad. Bate tres veces las alas y canta. Lo flanquean las estatuas de Dina y Clarenza, dos heroínas que durante la revuelta de los Vespri salvaron la ciudad.

En el siguiente estadio podemos ver representadas cuatro escenas bíblicas que van cambiando según la etapa del año: la Navidad con los pastores; San José, María y la llegada de los Reyes magos; la Pascua de Resurrección y Pentecostés con los doce apóstoles y la paloma, símbolo del espíritu santo.

Finalmente, en el cuadrante inferior van rotando cada cuarto de hora las diferentes etapas de la vida: infancia, adolescencia, madurez y vejez. Mientras que las figuras van moviéndose, quedan observadas por la Muerte, quien sube y baja la guadaña.

Justo debajo quedan representados los días de la semana. Cada día es un dios el que tira de su carro, así Apolo simboliza el domingo; Diana, el lunes; Marte, el martes;  Mercurio, el miércoles; Júpiter, el jueves; Venus, el viernes y Saturno, el sábado.

En la cara sur una esfera simboliza la luna que se actualiza diariamente mostrando las diferentes fases lunares.

En el segundo piso hay un gran anillo de 3,50 metros que representa el sistema solar y los signos zodiacales.

Justo debajo, se representa el calendario perpetuo alrededor del sol. El ángel de su izquierda señala la fecha actual (día, mes y año). El 7 del 2017 empezaba ya a subir para dar el paso al 8.

A las 12 del mediodía se pueden ver en funcionamiento los mecanismos de la torre. Durante el espectáculo aparecen un león, un gallo, santos y ángeles y van desfilando en círculo. Lamentablemente eran más de las 4 de la tarde, así que nos lo perdimos.

Junto a la catedral se alza la Fuente de Orión, fundador mítico de Mesina.

Fue construida en 1551 para conmemorar la construcción del primer acueducto de la ciudad. El autor fue el escultor florentino Giovanni Angelo Montorsoli, ayudante de Miguel Ángel en la Capilla Médici. Se convirtió en la fuente más amplia y alta de Italia. Se alza sobre unos escalones en los que reposan ocho monstruos marinos realizados en piedra negra. En el centro se encuentra la pileta ricamente decorada con historias mitológicas relacionadas con el agua. Sobre ella descansan cuatro figuras que representan al Tíber, el Nilo, el Ebro (Hiberus) y elCamaro (de donde venía el agua de la fuente).

En lo alto del poste central se alza la estatua de Orión, con su perro Sirio. Bajo él varias figuras mitológicas y delfines que sostienen dos vasos más.

Muy cerca, en una zona ajardinada se halla un monumento al trabajo.

Abandonando la plaza de la catedral y saliendo al Corso Cavour, desde donde se alcanza a ver el Santuario de la Madonna di Montalto.

Girando a la derecha nos encontramos con varios edificios monumentales, el primero el Palazzo dei Leoni o Palazzo della Provincia.

Da a la Piazza Antonello, donde tenemos también la Galleria Vittorio Emanuele III y el edificio del Ayuntamiento de Mesina.

La galería fue construida entre 1924 y 1929 siguiendo el diseño de Camillo Puglisi Allegra. Se inauguró el 13 de agosto de 1929, a la vez que la reconstrucción de la catedral. Se estructura en tres alas confluentes. Su parte central con forma de hexágono está coronada por una bóveda acristalada.

En 2000 fue declarado activo histórico y artístico.

El Ayuntamiento, sito en el Palazzo Zanca es la sede del municipio de Mesina. Data del siglo XVII, aunque sufrió daños graves en el terremoto de 1783 y más tarde quedó destruido en el de 1908. Se reconstruyó entre 1914 y 1924. Es de estilo neoclásico y en su fachada quedan representadas figuras que simbolizan la ciudad. También hay placas que recuerdan efemérides.

Continuamos por Corso Cavour hasta la Chiesa di Sant’Antonio Abate, construida entre 1928 y 1930 en el lugar en que antes del terremoto de1908 se erigía la iglesia de la Anunciación dei Teatini, del siglo XVII.

Desde allí continuamos ascendiendo hasta llegar a la Iglesia de Cristo Rey, lo cual no es fácil, ya que se encuentra en un balcón y hay que rodear varias calles hasta llegar a su plaza. Así que, aunque hay un momento en que parece que la tienes cerca, realmente no es así.

Eso sí, una vez que consigues llegar, no solo tienes la iglesia frente a ti, sino que ves cómo se abre la ciudad y el puerto (y el MSC Meraviglia) a tus pies. En nuestro caso además estaba atardeciendo, con lo que el cielo empezaba a colorearse de tonos morados.

También se ven próximos el Santuario della Madonna del Montalto y restos de la muralla de Carlos V.

La iglesia se construyó en 1937 sobre las ruinas de un castillo fortificado de la época de los normandos. De aquella época se ha conservado una de las torres, que se ha incorporado a la base del templo. En ella hay una campana de 2,80 metros obtenida del bronce de los cañones enemigos de la I Guerra Mundial y que suena cada atardecer en memoria de los caídos en las guerras.

En la escalera de su entrada se erige una estatua de Cristo Rey y en el portal las alegorías de Europa y Mesina.

El santuario es de estilo barroco y cuenta con una planta octogonal irregular. Está coronado por una cúpula que queda rodeada por ocho estatuas que representan la Fe, la Esperanza, la Caridad, la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza, la Templanza y la Religión, que engloba a todas las anteriores. Sobre la cúpula se alza una linterna de seis metros de altura y una bola con un diámetro de un metro sobre la cual se eleva la cruz.

En el interior alberga los restos de 110 soldados caídos en la I Guerra Mundial, 1288 de la II Guerra Mundial y 161 personas desconocidas (la mayoría de los cuales fueron asesinados durante la defensa de Sicilia).

Con esto dimos por concluida nuestra visita a Mesina y a Sicilia y emprendimos la bajada al puerto. Esta vez no hubo que correr para el embarque.

Nada más pasar los controles del barco nos dirigimos al buffet para comer algo. Aunque solo estaba abierta la zona infantil y nos tuvimos que contentar con hamburguesa, perrito y patatas.

No es la mejor opción alimentaria, pero no había más. Y dentro de lo malo, la hamburguesa era aceptable, pues el filete no parecía una mole congelada, sino que sabía a carne. Tras comer nos volvimos al camarote para echarnos una siesta y así compensar el madrugón.

Para esa noche teníamos la cena elegante, las fotos con el capitán y el desfile de los oficiales. Sin embargo, a las 8 de la tarde nos comunicaron por la megafonía (incluso en los camarotes) que se había encendido un piloto en los controles del barco y como precaución íbamos a volver a puerto para que pudieran revisarlo antes de continuar con nuestra ruta. Que no era nada grave y que no alteraría nuestras escalas (nos recordó a la incidencia aérea en el vuelo a Basilea), pero que se pasaba la noche festiva al jueves.

Claro, realmente suspendieron las fotos con el capitán y demás actos, pero la gente de los primeros turnos ya estaba engalanada, así como los menús preparados y las mesas vestidas para la noche elegante, por lo que había un contraste peculiar con gente demasiado arreglada y otra muy informal.

El restaurante, como digo, estaba preparado para la noche elegante, tal y como se veía en la mesa y en el menú. Esta vez elegimos de primero una ensalada de langostinos y como segundo filete de dorada con eneldo y filete de buey asado.

Para los postres nos decantamos por una Tarta Royal y un Pudin de coco.

Todo delicioso, aunque, para mi gusto, la tarta de chocolate demasiado contundente.

Tras cenar, fuimos a ver el espectáculo Way. La música que nos hace felices.

Y la verdad es que el espectáculo de magia no me había gustado mucho, pero este desde luego me aburrió. Quizá la selección musical estaba hecha teniendo en cuenta otra franja de edad o incluso nacionalidad, pero yo desde luego no conocía la mitad de las canciones. Y más que hacerme felices, me dieron sueño. Por suerte no duró más de 40 minutos.

Nos dimos un paseo por el barco a ver qué tal la fiesta temática y después subimos al bar. De camino nos encontramos en la pista multiusos una exhibición de cómo hacer masa de pizza. Sin embargo, era muy lento y nos fuimos directamente al Attic Club.

Aún seguíamos en puerto y todos especulábamos con qué habría ocurrido y cuándo saldríamos; si nos darían más información y si perderíamos la escala de Malta. Sin embargo, a las 12 y media, cuando ya nos íbamos a dormir, nos asomamos a cubierta para ver el puerto y justo dejábamos tierra atrás. Así que parecía que sí que íbamos a llegar a La Valeta. Salvo que se diera la vuelta de nuevo.

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